La democracia es lo más difícil, por Armando Martini Pietri - Runrun
La democracia es lo más difícil, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Los tiranos son básicamente demagogos y charlatanes. Embaucadores que se han ganado el favor del pueblo a partir de la calumnia. Cualquiera puede ser déspota y opresor con algo de elocuencia y la complicidad de las bayonetas.

Muchos han sido reflejados en la historia de la humanidad con sus múltiples matices, orígenes sociales y perversiones. Arbitrarios e injustos desde los emperadores romanos -Tiberio se engrandeció en la guerra y envileció en el poder-, hasta los tiempos de la decadencia absoluta, cuando el mando imperial se entregaba a quien pagaba más a los soldados.

Autocracia, forma de gobierno en la que el gobernante tiene un poder total o absoluto, no limitado por leyes; especialmente cuando se obtiene por medios ilícitos. Los reyes españoles y franceses lo fueron hasta avanzado el siglo XIX, porque a Luis XVI, a quien le cortaron la cabeza en París, fue sustituido por la tiranía de los revolucionarios.

Hasta que el fastidio francés y las sangrientas glorias militares establecieron el peor régimen político: la degradación de la monarquía que resulta de una mezcla de vicios oligarcas y argucias. Como fueron tiranos despiadados los zares rusos hasta que los comunistas cambiaron la realeza represora y esclavizante por el capricho absolutista, grosero e incivil de Josef Stalin y su controlado Partido Comunista de la Unión Soviética.

En África y Medio Oriente, en pleno siglo XXI, hay países donde la religión es ley. Y existen monarquías tan absolutas como en la Edad Media, reconociendo que asesinos brutales como el ugandés Idi Amín Dadá cada vez viven menos.

En América Latina los tiranos han sido parte integral de nuestra historia. Continente de militares argentinos derrotados por la economía, torpeza en el mando y una mujer soberbiamente demócrata en Inglaterra, o los feroces bombardeos del Palacio de la Moneda en Santiago, casi todo el continente de la esperanza ha sufrido largos años de persecuciones, cárceles, torturas, asesinatos y violaciones de todo tipo de derechos humanos. Hasta Simón Bolívar tuvo su momento, con la salvedad de que lo fue en duros períodos de guerra y siempre bajo mandato del Congreso.

La tiranía puede ser sinónimo de dictadura, autocracia, despotismo, autoritarismo o totalitarismo. Los tiranos pueden acceder al poder bien por vías legales, mediante la victoria en unas elecciones democráticas, o por la fuerza a través de golpes de Estado. Suelen ser populistas y astutos; mandan a voluntad, sin respeto por las leyes, incurriendo en violación de las libertades individuales. De allí que sea común que el concepto de tiranía se atribuya a gobiernos que se caracterizan por ser fuertemente demagógicos y arbitrarios.

La tiranía no es más que la renuncia ciudadana al compromiso de defender sus derechos y cumplir cabalmente sus deberes. Los pueblos aceptan a los tiranos confiando, liviana e irresponsable, en que se resolverán sus problemas… desde el orden ciudadano y de las calles y hasta las infidelidades conyugales.

La democracia es compleja, complicada, difícil porque depende del compromiso ciudadano.

Elegir es el primer paso, después viene la perseverancia, el diario cumplir tanto como el permanente vigilar, controlar no solo que se cumpla o se rindan cuentas, sino que cada ciudadano cumpla sus obligaciones y el gobierno con todos. La democracia no es votar y que el elegido de la forma que sea hable y arregle -si es eficiente y honesto-, o prometa falsamente semana tras semana si es incompetente y deshonesto.

La democracia es un ideal reconocido mundialmente, uno de los valores básicos y principios de las Naciones Unidas. Suministra un medio para la protección y ejercicio efectivo de los derechos humanos. Valores que se han incorporado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y han sido afinados en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles en los que se basan las democracias significativas.

Un sistema que empieza por la convicción de que mi derecho termina donde comienza el del otro, así como en la conducta de cumplir deberes, para que el gobierno haga su trabajo de ofrecer al ciudadano oportunidades, futuro, bienestar, servicios públicos, seguridad, etc. Los impuestos e ingresos del Estado no son para recompensar a los funcionarios gubernamentales, sino para darles el financiamiento necesario con el que que cumplan sus obligaciones.

La democracia no es fácil porque es la suma de deberes y derechos de acuerdo al pacto nacional que es la Constitución. La misma que pocos escriben y menos leen con atención. Y que demasiados ignoran; excepto cuando, por cualquier causa, real o alegada, se sienten perjudicados.

Que haya políticos y partidos es muestra, pero no certeza ni convicción activa de democracia. Porque la democracia, dígase lo que se diga, no se delega.

 

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