Apuntes de otoño II | Más vale caer en gracia que ser gracioso, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
Apuntes de otoño II | Más vale caer en gracia que ser gracioso, por Julio Castillo Sagarzazu

Fotos izq. y cen., en mis encuentros con las comunidades, llamados “Café con Julio”; der.: como alcalde de Naguanagua (Valencia).  Apuntes de otoño II.

Esta semana proseguimos nuestros “Apuntes de Otoño”, esta vez hablaremos de la experiencia de una elección y de una reelección. Veamos:

 

@juliocasagar

Más vale caer en gracia que ser gracioso

Despuntaba el milenio, había llegado el año 2000 y el mundo no se había acabado, como decían que profetizaban los mayas; las computadoras tampoco se volvieron locas, pero la destrucción de Venezuela había comenzado. Chávez daba sus primeros pasos en esa dirección. El Congreso se había disuelto tras la entrada en vigencia de la nueva Constitución.

En los días previos nos había tocado momentos duros y estresantes. Era el primer vicepresidente de la Cámara de Diputados, cuya presidencia ostentaba Henrique Capriles. Me tocó estar al frente de sus debates muchas veces, saltar la verja para evitar que arbitrariamente cerraran las sesiones. Todo eso lo contaremos en otro apunte, pues hay importantes lecciones sobre el particular.

En este apunte nos referiremos a la importancia de la política cara a cara; del contacto directo y personal con los votantes, tan relegado ahora a un segundo plano gracias a que lo hemos sustituido por los contactos virtuales. Asilamiento exponenciado ahora, y quién sabe por cuánto tiempo por la pandemia que nos asola.

Como decíamos, recalábamos en la casa y todo parecía que podríamos dedicarnos por un tiempo a un cierto retiro a los cuarteles de invierno para regresar a la universidad con mayor dedicación. A la formación personal, al posgrado tantas veces postergado, a la familia y a un poco de sosiego.

No obstante, una cosa piensa el burro y otra quien lo arrea. La vida nos tenía una sorpresa. Esta vino en la forma de una especie de pequeña poblada que tocó la puerta de la casa, un día antes de vencerse el lapso para presentar candidaturas a las elecciones municipales de aquel año.

Eran casi 40 personas, encabezadas por nuestra querida amiga Vestalia Sampedro. Había dirigentes vecinales de Naguanagua y de Proyecto Venezuela de la región. Fueron a proponerme que presentara mi candidatura a la alcaldía de Naguanagua. Les expliqué que no estaba entre mis planes, que prefería dedicarlo a lo que antes conté. Se retiraron con la misma promesa de Scarlet O ́Hara, “lo pensaré mañana” les dije.

Al día siguiente y luego de una conversación telefónica con Henrique Salas Romer, decidí inscribir mi candidatura. El siguiente paso fue ir donde el gurú en quien confiaba. Miguel Bello, el fundador de la encuestadora Pronóstico, para que hiciéramos una encuesta y explorar las posibilidades que tendría aquel disparate que acababa de decidir. Cinco días después me daba la mala noticia: “Estás de cuarto en las preferencias. Quien encabeza te lleva 19 puntos por encima”. Para amortiguar el mazazo me dice: “no todo es tan malo, no tienes rechazo y te conoce más del 55 % de la gente”.

Ya estaba montando en el burro, había que arrearlo. Desempolvé un viejo estudio que otro gran amigo, Roberto De Vries, me había regalado en alguna de mis aventuras electorales. Allí decía cuál era la imagen que, de acuerdo con sus investigaciones, yo proyectaba. Lo resumo con esta expresión coloquial: “tienes muy mal lejos, nadie que no llegue a conocerte va a votar por ti”; “proyectas una imagen de lejanía”. “Para que alguien vote por ti, tiene que conocerte y tocarte”. “Acuérdate de que más vale caer en gracia que ser gracioso”.

Pues bien, conseguimos una camioneta pick up, montamos unas mesas y sillas de festejo y varios termos con café. Programamos unas jornadas, llamadas “UN CAFÉ CON JULIO”. Hicimos una lista de los barrios de Naguanagua en orden de dificultad electoral creciente; los que creíamos más fáciles primero y luego los que nos parecían más difíciles. Cuando habíamos hecho 85 reuniones y contactado a casi 1200 personas, Miguel regresó con sus encuestadoras. Habíamos subido 15 puntos y nuestra principal contendora ya solo nos superaba por 4.

Ya sabíamos que el mandado estaba hecho. ¿Qué logró este milagro? Una sola cosa: el contacto directo y la radio bemba multiplicadora.

Logramos la elección y venía el desafío de la reelección. El ambiente era mucho más hostil. El gobernador nos adversaba y jugaba duro en contra. Nuestros adversarios tenían apoyo logístico y político importante. Naguanagua es un municipio pobre. Hace 20 años no existían los grandes centros comerciales y de recreación de hoy. Solo había un comercio local incipiente. No había recursos para grandes obras. Decidimos poner el acento en lo social, cultural y deportivo.

Había guardado afortunadamente el cuaderno donde estaban anotados todos los “Cafés con Julio” y, apenas tomamos posesión, comenzamos, con el mismo orden, a realizar “Cafés con el Alcalde”.

Explicábamos cuántos recursos teníamos disponibles e incentivamos a las comunidades se “arroparan hasta donde llegaba la cobija” Hubo interesantísimas discusiones sobre las prioridades de inversión. En otro Apuntes de otoño daremos cuenta de los programas sociales, culturales y deportivos que lograron poner a este municipio pobre en el paisaje regional con particular énfasis.

Como nos ocupa el tema de la política directa y cara a cara, pasaremos a relatar la estrategia que al final nos llevó a la reelección en medio de aquel panorama complicado y hasta peligroso. Diseñamos un cronograma de “almuerzos con el Alcalde” con los siguientes criterios:

a) Haríamos dos o tres a la semana;

b) Serían sorpresivos. A las 10 de la mañana, comunicaba a los responsables dónde sería el almuerzo. Uno de nuestros activistas visitaba la casa, escogida entre gente que no fuese partidaria de nosotros, pero tampoco hostil;

c) Si la persona era muy necesitada le ayudábamos con los ingredientes para el almuerzo, pero lo ideal es que no fuera así;

d) Llegaba a las 12 y 30 p. m. a comer con la familia que estuviera presente. Invariablemente, se corría la voz de que estaba en la casa y un grupo de vecinos se acercaban a la puerta de aquella casa;

e) Al salir, invitaba a los vecinos reunidos a recorrer la comunidad para ver los problemas y a eso de las 3 o 4 de la tarde, ya estábamos de regreso.

Lo verdaderamente interesante fueron los hallazgos que hicimos cuando investigamos el efecto de la actividad. Yo escribía una columna en el diario de mayor circulación de la región y la usábamos para averiguar la efectividad de la comunicación a través de los medios versus la comunicación personal.

Al día siguiente de la visita, realizábamos una encuesta en la comunidad. Los resultados eran sorprendentes. Los resumo aquí:

1) Nunca subió de un 4 % las personas que habían visto el artículo.

2) A la pregunta de si habían visto al alcalde en el barrio, la respuesta estuvo siempre entre el 12 y el 15 %. Pero a la pregunta, ¿supo usted que el alcalde estuvo en el barrio ayer?, la respuesta nunca bajó del 85 %.

¿Qué quería decir esto? Pues que la llamada “Radio Bemba” en los barrios populares es casi 100 veces más efectiva que la de los medios de comunicación. ¿Por qué ocurre esto? Muy sencillo: la gente se levanta entre 5 y 6 a. m. y se va a pie hasta la parada del autobús, en el camino habla con los vecinos; al llegar a la parada ocurre otro tanto. Lo mismo en el autobús y de regreso se repite la rutina. Como suele no haber aire acondicionado, los vecinos salen a las puertas de sus casas hasta que refresque o hasta que la inseguridad o la novela de las 9 p. m., recomendaban entrar. Allí seguían hablando y comunicándose.

Nada de esto ocurre en las urbanizaciones de clase media, y mucho menos en los edificios. Todos sabemos que pueden pasar años sin que nos enteremos de quién es el vecino y qué hace todo el día.

Nuestra conclusión fue que el contacto personal hacía prodigios. Se comunicaba empatía, se demostraba que estamos en sintonía con los problemas. En una palabra, nacía el afecto que te puede hacer prácticamente invulnerable frente a los ataques políticos de los adversarios.

Desgraciadamente, una mezcla del uso exagerado de las redes sociales, con una falta de experticia en la comunicación humana, terminaron creando burbujas que engañan al liderazgo político. Los algoritmos sustituyeron el instinto y nos metieron en espacios de gente que piensa parecido, que tiene hábitos parecidos y construyen un árbol que impide ver el bosque de la realidad. La política es analógica, no es digital.

La pérdida de contacto con las personas de carne y hueso ha distorsionado la percepción de la realidad y los nexos que se crean entre el dirigente y la gente común, son frágiles y sin alma, sin afectos de por medio.

Este es uno de los temas a resolver por parte de la nueva dirigencia del país. Ojalá este apunte de otoño, sustentado en hechos medidos y comprobados, sirva de algo para que esa reflexión se haga.

 

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