Fraude y mandamientos, por Armando Martini Pietri - Runrun
Fraude y mandamientos, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

La marcha silenciosa del fraude y violación de los mandamientos arrancó, está en camino y avanza. El régimen desespera por parecer legítimo, ambiciona reconocimiento y busca aprobación. Por eso, voten quienes voten y luego que se adjudiquen los nombres de parlamentarios, el castrismo cubano-venezolano se afianzará asignándose la mayoría de la Asamblea Nacional. Y, para que parezca decisión popular creíble, democrática, libre y cristiana, algunos curules serán obsequio y limosna de la dictadura para la “oposición” colaboradora, cada día más cómplice y encubridora.

La usurpación continuará, sin reconocimiento ni aprobación, pero siguiendo la ruta hacia el sainete estafador de los sufragios para gobernadores y alcaldes, invitando compinches del Foro de Sao Paulo como “testigos ecuánimes e imparciales”. Mientras se desarrolla la comedia bufa, quienes controlan el territorio harán cadenas con ofertas engañosas donde el papel del gracioso predomina.

Para que no queden dudas, desde el exilio, se informa estar de acuerdo, atestiguando participación con agrado y deleite de ganador. Sin importar un bledo la palabra empeñada del cese de la usurpación. Eso sí, disfrutando de un gobierno asociado y compartido con voraces devastadores. Los otros socios no han dicho mucho, aunque se presume su complacencia y felicidad.

Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump y la Europa guabina han dejado claro que no aceptan un proceso electoral con el castrismo en el poder. Se sospecha que con Joe Biden y Obama cambiaría esta política. Los participantes en los negociados sufragios aplicarán impunidad total, amnistía general. Ese es el arreglo que se busca acordar. Quien resultare presidente y su gobierno no tendrán el fastidio de lidiar con sanciones estadounidenses o europeas. Ni contener denuncias y aguantar juicios que serán cerrados, desestimados.

Robaste, quédatelo; torturaste olvídalo; duerme tranquilo y que repose la conciencia. Censurable, vergonzoso, absurdo, inmoral e inaceptable. ¿Buenos muchachos, no importa cuánto hayan robado, malogrado, mortificado, perseguido? Washington y Bruselas romperán sanciones. Todos felices y a comer perdices. Con dólares y carteras abultadas la vida no es progreso, sino satisfacción.

Esta parece la propuesta para vergüenza de los ciudadanos venezolanos decentes, de principios éticos y morales, la inmensa mayoría sacrificada; mientras que de los supuestos antagonistas lo único que se ha escuchado es beneplácito y participación. Cualquier elección con el usurpador, es dolo, simulación, bribonada. Y en Venezuela, salvo honrosas excepciones, aturde la vergüenza del silencio.

Se puede ser ateo y dejar de lado un par de ellos, pero los mandamientos llamados “la Ley de Dios” entregados en una tabla de piedra a Moisés, no son caprichos religiosos, sino auténticas normas de conducta del ser humano en sociedad.

La traición a los mandamientos

Amarás a Dios sobre todas las cosas; No tomará el nombre del Señor tu Dios en vano; Santificarás las fiestas; Honrarás a tu padre y madre; No matarás; No cometerás actos impuros; No robarás; No darás falso testimonio ni mentirás; No consentirás pensamientos ni deseos impuros; No codiciarás los bienes ajenos. Son pautas que se han convertido en fundamentos. Y que han originado las leyes, deberes, derechos de las mujeres y hombres solos o en familia que conviven en las distintas sociedades.

Por la exigencia de esos derechos, y el cumplimiento de esos deberes, la humanidad ha venido creciendo, ajustándose hasta los tiempos actuales. Cuando incluso viejas injusticias como la esclavitud, discriminación por motivos raciales y la desigualdad de la mujer -con excepciones que han identificado sus antiguas religiones con la política- han sido superadas.

Hasta no hace demasiado tiempo las mujeres estaban en segundo plano, independiente de su talento y formación; hasta no hace muchos años en Estados Unidos había puestos para negros diferentes al de los blancos en el transporte público y uso de sanitarios. Hoy, afortunadamente gracias a Dios, todo ha cambiado; especialmente por el empeño de la misma humanidad.

Sin embargo, hay sociedades obstinadas en vivir con hábitos, privilegios y discriminaciones del pasado; han hecho de religiones duras y exigentes su propio entramado de leyes y costumbres.

En el mundo actual conviven sociedades prósperas que defienden la plena libertad religiosa junto con las libertades constitucionales. Por algo no es casualidad que sean las más adelantadas. Hay otras que, teológicas o no, son sometidas por el poder político a la represión y miseria.

Son estos los regímenes que violan mandamientos como no mentirás, no robarás, no levantarás falso testimonio, no matarás. Gobiernos que, como violadores de las leyes, se fundamentan en la mutua complicidad. Se alcahuetean unos a otros los delitos y solo dan a sus pueblos desgracia, indigencia, reprimenda. Sabemos bien cuáles son y cómo reprimen para permanecer más tiempo como dueños de pueblos sojuzgados.

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