¡Estamos recalientes!, por Juan Eduardo Fernández “Juanette” - Runrun
¡Estamos recalientes!, por Juan Eduardo Fernández “Juanette”
Hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor en Argentina

 

@SoyJuanette

Son las 7 de la mañana de un domingo y estoy tecleando frente a la computadora ya con las últimas fuerzas que le quedan a mi cuerpo. Y es que estos días no han sido nada fáciles porque, desde el jueves pasado, Argentina se convirtió en el punto más caliente del mundo. Y aunque por todos los medios de comunicación, las redes sociales y los canales de YouTube vaticinaban que serían días difíciles, no teníamos idea de los efectos que traerían las altas temperaturas.

El primer indicio de que se venían días difíciles fue cuando salí a comprar unas frutas y vi a mi verdulero julio, que es misionero, es decir de la provincia de Misiones, abanicándose con un cartón. Quiero aclarar que antes de este día, eso sería imposible porque: 

  • Misiones es una provincia donde hace mucho calor y los misioneros, que son las personas que nacieron allá (y no los curas), no sufren por las altas temperaturas.
  • Todos los que vivimos en Buenos Aires sabemos que, si agarras un cartón para abanicarte, los cartoneros, que son quienes recolectan este material para venderlo, no te dejarían vivo.

Luego de hacer las compras, cuando volvía a mi casa vi como ante mí se desmayó un hombre como de dos metros de alto y cuatro de ancho. Al verlo varias personas fuimos a socorrerlo y cuando volvió en sí dijo en perfecto acento maracucho: “Vergación mi hermano qué pasó”. Sí, ¡era un maracucho! Imagínense el calor que hacía que un maracucho (*) se deshidrató. Yo obviamente al ver esto corrí despavorido porque hay algo que marca el Apocalipsis, y es justamente que un maracucho se desplome por el calor. (*) Maracucho: dícese del nacido en Maracaibo, el lugar más cálido de Venezuela, y creo yo del mundo.

Y por si la ola de calor no fuera suficiente, comenzaron a faltar los servicios de agua, electricidad e Internet; algo que enloqueció a mucha gente que salió a las calles a protestar. Cabe destacar que acá son tan organizados que no hizo falta que nadie les dijera “Mire, mire, mire, tome la sartén y péguele con arrechera”; acá la gente se arrechó sola al pasar hasta 48 horas sin luz ni agua. Los venezolanos que vivimos en Buenos Aires los veíamos con ternura y empatía como diciéndoles “amigos, yo estuve ahí”. 

Pero ¿cómo se convirtió Argentina en el lugar más caluroso del mundo por dos días? ¿Acaso Dios nos odia? ¿Los otros países nos envidian y nos hicieron una brujería porque tenemos a un papa y a Messi? Por lo visto yo no fui el único que se hizo estas preguntas. Incluso el mismo presidente Alberto Fernández dijo: “Ya no sé qué más nos va a pasar en la Argentina”.

Esos días traté de buscar el origen de las altas temperaturas. Quiero aclarar que creo que fue consecuencia del cambio climático, pero había algo más. Así que me puse a tejer otras hipótesis. Tenía que descubrir por qué mi nuevo hogar, la Argentina de mis amores, se había convertido en un horno. Fue entonces cuando comencé a descartar a los sospechosos. El primero que descarté fue al Fondo Monetario Internacional, porque si nos morimos todos de calor ¿quién les va a pagar? (aunque acá entre nos, no sé si se le pueda pagar a esa gente).

Fueron noches muy largas, donde dormí con una manzana en la boca, para que cuando los bomberos llegaran a rescatarme, me encontraran crujiente por fuera y doradito por dentro.

Finalmente, en una de aquellas noches terribles llegó la luz, solo por unas horas, así que puse a cargar mi celular y descubrí quiénes eran los verdaderos causantes de todo aquello: ¡los chinos! Y cómo a mí no me gusta acusar sin pruebas, dejo acá un video que lo demuestra:

Vídeo: El sol artificial de China comienza a operar para encontrar energía más barata | Canal en Youtube de CGTN en Español

Develado el misterio y los culpables, ahora en Argentina estamos fabricando el congelador más grande del mundo para devolverles “el favor” a Xi Jinping y sus amigos. Ya verán, se les van a congelar hasta las… ideas.

Solo esperamos que cuando esté listo el supercongelador no vengan los chinos y lo desenchufen (son expertos). O, peor, se vuelva a cortar la luz.

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