Fidel, incómoda evocación, por Armando Martini - Runrun
Fidel, incómoda evocación, por Armando Martini
Fidel quedó como un parásito que prometió redenciones que no cumplió porque, como sus discípulos venezolanos, no sabía cómo

 

@ArmandoMartini

Nació hace 96 años, en la “isla de la felicidad”, de la cual surgieron invasiones, agresiones, sangre derramada, torturados y muertos, en vez de libertad y democracia. Lo recuerda con empalagosa ternura y excesivo halago el régimen que destroza a Venezuela. Se conmemora un 13 de agosto. Apareció en un territorio llamado Birán, aunque no aparezca en mapa, región oriental de las profundidades de Cuba. Dicen los incondicionales que pudo ser líder de América Latina, Fidel Castro Ruz. Pero quedó como un parásito guerrillero, chulo, hablador de tediosas pendejadas, que ingresó en ciudades huérfanas, abandonadas por el dictador Batista, vociferando, berreando consignas, prometiendo mejorías sociales y progreso que nunca cumplió. Ni tuvo intención de hacerlo, entre otras cosas, como sus discípulos venezolanos, porque no sabía cómo.

La ignorancia necia, cretina y adulante se pregunta: ¿quién se acuerda hoy de Kennedy, Reagan, Adenauer, Charles de Gaulle, Churchill, Thatcher, Gorbachev y tantos otros? ¿Cuáles fueron sus enseñanzas o legado? Los lisonjeros se responden: ninguno. En cambio, el jalabolismo insolente y atrevido expresa con jactancia indocta que el discípulo de Martí dejó un acervo de conocimientos y experiencias, un ejemplo moral inmarcesible. Luz que sigue orientando la lucha inconclusa de los condenados de la tierra para poner fin a la dominación imperialista y sus peones oligárquicos en la periferia. ¡Habrase visto semejante estulticia e indignante admiración!

Un asunto es tener la cortesía diplomática de enviar un par de amabilidades al país cuyo régimen opresor, violador de los derechos humanos arrincona a sus ciudadanos y los arruina entre prostitución, miseria y prohibiciones. Y otra, hacerse cómplice de una “grandeza” que es grosera propaganda; que ha engañado a ingenuos de media humanidad. En eso son exitosos los asesinos comunistas, castristas, rusos, fanáticos islámicos y, cada día menos, los castro-chavistas a los cuales Venezuela se les disuelve entre las manos.

Fidel envolvió a los cubanos en una vorágine de sueños e ilusiones que no sabía cómo cumplir; convirtió a su pueblo en rehén del imperialismo soviético, el cual, mientras se derrumbaba, lo utilizó como elemento de discusión sin consultar siquiera un momento con aquel dechado de “virtudes”. Un ser que, desafortunadamente para el mundo, abrió los ojos hace 96 años. Que derrochó millones enviando cubanos a morir en África y se recuperó después fusilando a quienes habían obedecido sus órdenes de traficar. Con ello, atiborró de satisfacciones, deleites y riqueza a hermanos, hijos y nietos a costa del hambre, desnutrición y esclavitud de los cubanos. Ese es su único perverso legado y nociva enseñanza.

Dicen que pudo ser un líder que inspirase el avance de los pueblos dejados atrás. Pero solo fue un portavoz de falsedades creídas por ignorantes y tontos. Borradas por las victorias de Japón, Corea del Sur, la China libre de Taiwán, India, casi toda la Asia del Pacífico, salvaguarda de terroristas y asesinos, propulsor de violadores de los derechos humanos, protector e instructor de ladrones, mentirosos y asesinos.

Un pueblo idiotizado, asqueado por la politiquería, clase socioeconómica ignorante y una sociedad libidinosa es receta para arruinar cualquier país. La falta de educación es el mayor daño que se le puede hacer a la nación. En consecuencia, felicitar a Cuba por ser la patria de un delincuente, malhechor, bandido y forajido como Fidel Castro es tan inmoral, impúdico y deshonesto como congratular a Austria por el nacimiento de Adolfo Hitler.

Es por eso la imperiosa necesidad de preservar la paz, y que ninguno se tome el derecho de matar a seres humanos. Como el maldito comunismo, asesino serial que lleva en su haber más de 150 millones de asesinados.

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