La Venezuela que no es, por Armando Martini - Runrun
La Venezuela que no es, por Armando Martini
Nada justifica el deterioro democrático; ni la represión, pobreza, familias separadas o corrupción de la Venezuela que no es 

 

@ArmandoMartini

No es democracia y se deleita en procederes dictatoriales. Puede llamarse régimen. O sin medias tintas, castrismo tiránico. Convoca a “elecciones”, y la oposición alcahueta las reconoce a cambio de limosnas y espacios asignados.

Tras su tramposa “victoria” e infeliz “reconocimiento”, viola derechos humanos: miseria, malnutrición infantil, carestía y búsqueda de comida entre desechos. Es investigado en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. Y no conformes, infringen derechos políticos: mordaza, abuso militar y policial, detonaciones, gases lacrimógenos y palizas que dejan a manifestantes maltratados; activistas sociales arrestados, ultrajados, exiliados y presos políticos vejados. Manipulan medios públicos y privados afines, para desacreditar y criminalizar a la verdadera oposición. A la vez que elogian a chantajeados, enaltecen a sobornados y glorifican a traidores.

Se conocen casos de agravio, tortura, cierre de medios, periodistas detenidos, páginas de opinión digitales bloqueadas, inhabilitación de políticos e ilegalización de partidos. Y como cualquier dictadura, es corrupta. El gobierno saquea sin misericordia y la justicia, controlada, aparenta independencia, cuando en realidad la norma es la impunidad.

La de los párrafos anteriores, es la verdadera Venezuela. Sin embargo, el relato aturde, rechina en pendejos e incómoda a los cobardes que desean pertenecer. Quizás sea el lenguaje riguroso, áspero, a lo mejor faltan matices, y muchas cosas que no se cuentan que también ocurren. Quizás es una mirada parcial y sesgada.

Esta es la Venezuela que no es

Las Mercedes, Valle Arriba, Los Palos Grandes, La Castellana, Altamira, Lagunita, El Rosal entre otras, son zonas atractivas, seductoras y agraciadas de Caracas, pero a su vez, un augurio tramposo, engañoso, embaucador de prosperidad. Son alegría y sonrisa para el Distrito Capital, pero no es Caracas. Son parte, pequeña, ínfima, pero no la totalidad de Venezuela.

No se trata que en ellos pueda verse bienestar, difícil de probar en la cual insiste el régimen castro-comunista, sin que nadie lo crea. Además, de los preocupados vecinos y residentes que comprueban el deterioro en su calidad de vida y la indiferencia administrativa. Permisos de construcción -Dios sabe cómo y por qué-, sin estudio ni previsión de instalaciones y adaptaciones para exigencias de los servicios públicos, cambios de zonificación sin considerar el impacto ambiental y urbanístico; resultando en anarquía, a la vista y sin control de las autoridades.

Alcaldías que hacen caso omiso ni atienden reclamos de la comunidad. Síntoma evidente de conducción perversa. Y llama más la atención, porque son autoridades electas por ciudadanos y partidos que se supone enfrentan, al menos en alardes, al desolador castro-madurismo.

Municipios estratégicos con realidades socioeconómicas diferentes; sede de compañías, áreas residenciales de alto, medio y bajo nivel, donde se asienta una Venezuela que parece empeñada en desmentir a la oposición y ciudadanía crítica en sus actitudes de reclamos al régimen, muchas de ella una Venezuela que se derrumba en las eternas fallas de carencia, previsión y distorsión corrompida de los intereses ciudadanos.

Venezuela no es miembro de OTAN, ni pertenece a la Unión Europea, tampoco a la OEA, tampoco está inserta en el capitalismo global. Todo lo contrario: es porfiada en flagelarse, testaruda en el camino de la ruina comunista-socialista, asociado con idolatría a regímenes de mala fama y peor reputación. Por si fuera poco, la falsa oposición cohabitante y el poder económico sin ética ni valores, empeñados en burlarse, entregar y traicionar al ciudadano, proponiendo amancebarse con delincuentes.

Tengan la seguridad de que la imagen de Venezuela en los medios de comunicación internacionales no comprometidos con el Foro de Sao Paulo y Grupo Puebla sería la de los primeros párrafos. Mucho peor.

Nada justifica el deterioro democrático; ni la represión, pobreza, familias separadas o corrupción de esta Venezuela devastada. Ni el juego sucio, nauseabundo de quienes se rinden por honorarios. Nada servirá para excusar fracasos de ese imaginado gobierno, tampoco para absolver fiascos políticos y financieros. A menos, que se cometa la estupidez imperdonable del consenso, en negar la renovación del liderazgo opositor, y se prefiera una simplificación caricaturesca y bufona. ¡Ustedes deciden!

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