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Las manos de Víctor Jara, por Isaac Abraham López*

90 años estaría cumpliendo por estos días Víctor Jara. Su voz es conciencia y sensibilidad, la vida nos reclama no olvidarla jamás. Unirla a nuevas realidades y reclamos

 

@IsaacLpez

A Emiro Graterol y Franklin Martínez

«El verso es una paloma que busca donde anidar. Estalla y abre sus alas para volar y volar».

Era otro tiempo y éramos otros nosotros. El mundo tenía el dulce sabor de días transparentes, gestos simples, miradas llenas de nobleza. Aún el eco de los años rebeldes y los gritos inconformes era parte de la vida. Prestigiaba ser de izquierda, parecerse, aunque fuera un poco al mítico guerrillero. La Revolución cubana gastaba los últimos cartuchos de su empaque seductor. Queríamos conocer luchas, trayectorias, heroísmos. Teníamos 16 años.

«El pueblo unido, jamás será vencido. El pueblo unido, jamás será vencido. De pie cantad, que vamos a luchar. Millones ya imponen la unidad. Y tú y yo con la revolución…». «Para hacer esta muralla juntemos todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos. Una muralla que vaya desde el monte hasta la playa, desde la playa hasta el monte, allá sobre el horizonte…»

1979-1980 marcó el inicio de nuestras clases del tercer año de bachillerato. De los primos mayores habíamos escuchado sobre Víctor Jara y la resistencia chilena ante la bota militar dirigida por Augusto Pinochet. Allende había sido el líder civil, la primera llegada del socialismo al poder en América Latina mediante elecciones. Un prisma de esperanza y belleza coloreaba esa aurora. Septiembre era sol, volantín y banderas.

Un día 11 cayeron bombas sobre La Moneda y el sueño culminó en muertos, desaparecidos, torturados. La noche lo cubrió todo. Un caballo blanco, enloquecido, partió los adoquines en su carrera, perseguido por metrallas y tanquetas. Proscribieron la risa, el azul, la poesía. La infamia abrió sus fauces e instaló el Estado de sitio. Santiago de Chile fue desde entonces un hito de nuestras hondas querencias.

«Allí supe que amar era terrible, llorando por el humo sempiterno de aquella ciudad acorralada por símbolos de invierno.» «Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes…».

Víctor Jara era el cantor de aquella gesta de la Unidad Popular. La canción del Grupo Ahora, «Su voz no será callada«, dramatizaba el acto de su entrega a los verdugos por una causa de justicia, equidad, libertad y dignidad para su pueblo. Valores que el ardor juvenil asumía eran los blasones a cargar en el alma para enfrentar cada mañana.

«La vida es eterna en cinco minutos», y entonces nosotros nos creíamos eternos. Chile significaba himnos, solidaridad, grito destemplado denunciando las atrocidades de una dictadura siniestra. No habíamos descubierto, todavía, que Cuba también lo era, pero ya empezábamos a sospecharlo. Allí el centro de las polémicas con profesores, compañeros y amigos, en los pasillos del liceo o en los sitios de reunión con las primeras cervezas.

Muchos años después me hice profesor universitario e, incentivado por un grupo de alumnos, coordinamos una cátedra sobre «La Nueva Canción Latinoamericana como registro de una época», que duró varios semestres y de donde salieron dos tesis de grado y varios artículos. La época de esa canción fue aquella del arte instrumentado para el cambio político, la de la canción como un arma de la revolución. Apasionada, vehemente, arriesgada, creativa, cuestionadora, soberbia… Una época que inexorablemente murió y de nada sirve la melancolía. Solo vale para enseñanzas, sabidurías, experiencia.

A sus 90, el legado de Víctor Jara

90 años estaría cumpliendo por estos días el cantor de Plegaria de un labrador, Manifiesto, Las casitas del barrio alto, Deja la vida volar, El arado, Vamos por ancho camino, Vientos del pueblo, Cai cai vilú… Nació el 28 de septiembre de 1932 en San Ignacio, Comuna de Bulnes, Región de Nuble, Víctor Jara fue asesinado en el Estadio Nacional aquel septiembre de 1973. Legado de una generación entera de latinoamericanos. No hay nada que justifique ni ese, ni ninguno de los crímenes cometidos.

El profesor Luis Caraballo Vivas, ferviente en su compromiso con Acción Democrática, me comenta: «Lo conocí personalmente aquí en Mérida. Nos echamos una gran palazón en el Hotel Prado Río. Sería 1972. Estuvo como tres días. Esa noche en el Prado Río había un Congreso de Enfermeras. Enloquecieron oyéndolo cantar. Un amigo chileno, que todavía vive en San Cristóbal, nos contaba que él entró detenido al Estadio Nacional con Víctor, y oyó al capitán cuando le dijo: «Tu eres el que toca la guitarra», y remedaba tocar la guitarra. Delante de ellos, con una ametralladora, le disparó como siete tiros. Aquí lloramos varios el martirio de Víctor Jara. Yo tendría 22 años cuando lo conocí. Una voz potente.»

El hombre de teatro, el joven humilde que cantaba a obreros y campesinos, amas de casa y estudiantes, estuvo en dos oportunidades en el país. «No me considero cantante de protesta. Soy un cantor popular, trabajador de la guitarra», «Canto porque cada vez, cada minuto siento más profundamente en mí que los dolores y las esperanzas de la gran mayoría, no solo de mi país sino del continente golpeado por siglos de explotación tienen que alcanzar por fin su camino que lo lleve a la alegría de vivir, a la justicia, a la libertad» expresó en una entrevista de 1971 en Caracas, donde ese año se presentó en noviembre en la Sala Cantaclaro (Tribuna Popular, Caracas, 23 de noviembre de 1971, última página).

Víctor Jara (der.) con Gustavo Machado (segundo de la izq.) y miembros de la redacción de Tribuna Popular en visita del cantautor a Venezuela, en 1971.

La fotografía que acompaña esta nota es en la redacción del periódico del Partido Comunista de Venezuela, y en ella se puede ver al intérprete de Te recuerdo Amanda junto al dirigente Gustavo Machado, su representante, Américo Díaz Núñez y Esther Lucía Quintero.

«Levántate y mira la montaña. De donde viene el viento, el sol y el agua. Tú, que manejas el curso de los ríos. Tú, que sembraste el vuelo de tu alma. Levántate… Hoy es el tiempo que puede ser mañana.» Las manos ensangrentadas volvieron a integrarse al cuerpo para tañir las cuerdas de una melodía amorosa. Su voz es conciencia y sensibilidad, la vida nos reclama no olvidarla jamás. Unirla a nuevas realidades y reclamos. En ese mandato somos consecuentes. Vuele una mariposa azul hasta su eterna canción libertaria. Aquí y allá las alamedas siguen esperando.

Vídeo: Víctor Jara – Te Recuerdo Amanda (audio oficial) | Canal en Youtube de Víctor Jara – Música

Septiembre de 2022

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Categorías: Opinión

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