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El primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en Falcón. Una valoración general

Carlos Andrés Pérez (izq.) junto con Leoncio López (der), gobernador de Falcón durante la gestión presidencial 1974 – 1979 del primero. Foto: Colección Leoncio López.

Tras la defenestración de Carlos Andrés Pérez y tras el interinato triste de Ramón J. Velásquez volvió Rafael Caldera por su cacicazgo. La democracia no se renovó, tampoco la ciudadanía. Aquí andamos 22 años después

 

@IsaacLpez

A Maribel López Arnáez

Carlos Andrés Pérez, presidente de Venezuela en dos oportunidades, falleció en el Mercy Hospital, de Miami, Florida, el 25 de diciembre de 2010. Durante su primera gestión administrativa, de 1974 a 1979, designó como gobernador del estado Falcón al médico pediatra Leoncio López Geerman, líder cercano a Antonio Leydenz y a Pablo Saher, destacados jerarcas regionales del partido Acción Democrática. A Leydez, lo consideraba CAP su padre político.

Aquel diciembre de 2010, treinta y un años después de haber sido su hombre en la dirección del gobierno en Falcón, fue Leo López quien pronunció el discurso en la plaza Bolívar de Coro para tributar homenaje a uno de los más carismáticos, polémicos y controversiales guías de la Venezuela contemporánea. Consecuencia, lealtad y camaradería de un disciplinado hombre de partido con el dirigente mayor, pero también lazos de fraternidad y amistad.

En aquel país que los estudiosos de la política y la historia nacional han llamado la Gran Venezuela, nación de excesos y desenfrenos de toda índole, la vorágine de unos años enloquecidos, desbordamiento del populismo derrochador, Leoncio López parece ser una de las excepciones de la regla.

La revista Polémica del 1.° de febrero de 1979 recoge la entrevista que el periodista Juan Orlando Aguilar le hizo poco antes de entregar el ejecutivo regional a Raúl Valeri Salvatierra, designado por el presidente Luis Herrera Campíns.

Allí el médico prestado a la política señalaba que tenía entre sus objetivos “recorrer el estado, conversar con su gente y permanecer alerta, para justificar y defender la obra de gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, y la mía en Falcón” (Polémica, Año IX, N° 370, Coro, 1° de febrero de 1979, p. 14). Refería también en esa comparecencia el gobernador saliente que: “La imagen del gobierno se proyecta en obras y servicios.”

Foto de la izq.: Condecoraciones y entregas de bandas en los actos de los 450 años de Coro, Julio de 1977. Fotos de la Colección Leoncio López.

López protege su imagen y la de su partido. Se cuida de responder directamente a preguntas capciosas sobre el apoyo del liderazgo regional de Acción Democrática a su labor; y con habilidad contesta a las críticas sobre su gestión. El temor a caer en medio de la turbulencia que signó aquel quinquenio pareció una constante, lo cual lo muestra ante algunos como excesivamente moderado y como un gobernante arisco a asumir riesgos.

Vaya a saber cómo se manejaban y manejan los mecanismos íntimos del poder en Venezuela, las relaciones entre jefes y subordinados. El papel del partido en los gobiernos regionales ayer y hoy. Los intríngulis de lo que significa ser un gobernador de estado. Eso que no se ve sino desde adentro, desde los recovecos de la torre del Leviatán y las intrigas de la corte de El príncipe.      

Uno de los pocos mandatarios en permanecer los cinco años de la primera gestión del presidente Pérez, la administración de Leoncio López exhibe obras de efectivo impacto en el bienestar falconiano.

“El Gobernador del Agua” lo llamó su amigo monseñor Francisco José Iturriza. Pero si entre las realizaciones pueden mencionarse sistemas de aguadas en todos los distritos del estado y construcción de las represas de Maticora en Mene de Mauroa, Barrancas en la sierra de Coro, Camare en Pedregal, Cristo en Mirimire y Mamito en Dabajuro; también habría que enumerar entre otras obras: decreto de creación de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda; inicios de los trabajos de la sede y ampliación de estudios del Núcleo de LUZ en Punto Fijo; instauración del Núcleo de la Orquesta Juvenil de Venezuela; adecuación de la sede del Ateneo de Punto Fijo en la calle Arismendi de esa localidad; apoyo al plan caprino de Falcón con la estación de Zambrano; y mejoras en la vialidad del estado, entre otras la carretera Coro-Churuguara y la terminación de la cuarta etapa de la Coro-Punto Fijo.

Se adelantó asimismo el proyecto de sedes para las escuelas rurales r1, r2 y r3, las cuales dieron infraestructura a centros educativos que funcionaban en locales inadecuados o debajo de los árboles en sitios apartados de la geografía falconiana. Durante aquel gobierno se construyeron liceos en Mene de Mauroa, Dabajuro, San Luis, Mapararí, Mirimire, Cumarebo y Píritu, entre otros. Críticas, basadas en mayor acopio testimonial, habrán de hacerse en otro momento. 

Al ser nombrado en 1974 como gobernador del estado Falcón, a los 40 años de edad, Leoncio López Geerman había expresado: “Trabajaremos con energía, entusiasmo y empeño creador”.

Era el entusiasmo, la energía, de aquel primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, el jefe político que imprimiría un halo modernizador a Venezuela a partir de los importantes ingresos de la nacionalización del petróleo, pero cuyo mandato también significó el gasto desordenado y dispendioso junto con el crecimiento del Estado y de la deuda externa, como lo han juzgado muchos analistas.

Aquella Gran Venezuela finalizó en resaca bochornosa. Herrera Campíns expresó en su discurso de toma de posesión recibía un país hipotecado. Pronto arribaríamos al famoso Viernes Negro de la devaluación, desde entonces una constante de nuestra economía. Tanto dinero no sirvió para crear bases sostenidas de desarrollo y bienestar.

Luego de Herrera, vino Lusinchi, y después otra vez Carlos Andrés, el presidente. Aunque el triunfo se basó en un pueblo que esperaba volver a vivir el tiempo del primer gobierno, la implementación de una nueva visión económico-política causó rechazo, el cual aprovecharon también sus múltiples enemigos de derechas e izquierdas.

Aceptó la defenestración y la expulsión de su partido por un proyecto que parecía romper la tradición implementada por los mismos adecos desde los años cuarenta y se convirtió en un fantasma de la política. Después del interinato triste de Ramón J. Velásquez volvió Rafael Caldera por su cacicazgo. La democracia no se renovó, tampoco la ciudadanía. Y para modernizarnos, romper con la política corrupta, lograr mayor bienestar para amplias capas poblacionales y ampliar las bases democráticas decidimos optar en mayoritario voto por un proyecto de tono civil-militar. Aquí andamos 22 años después.

Esta es una valoración incompleta, en un momento del país que nos exige reflexión y serenidad, mirarnos hacia adentro y hacia fuera, en nuestras creencias de lo político, en nuestras formas de entender deberes y derechos, en la responsabilidad de ser ciudadanos, en el camino que nos trajo hasta aquí. Más allá del revanchismo y la reacción inmediatista.

Con 88 años, apreciado y respetado en muchos sectores del pueblo falconiano, Leoncio López nos sintetiza su visión sobre Pérez: “Líder político, ejecutivo y democrático. Lo que le pasó a él fue por su apego a la Constitución, las leyes y la democracia”. 

Reconociendo la existencia de importantes contribuciones de estudio y análisis del período, a cien años del nacimiento de Carlos Andrés Pérez, la valoración cabal y ajustada de su obra en Falcón y en Venezuela en general está aún por realizarse.  

Septiembre de 2022.

* El autor es historiador y profesor de la Universidad de Los Andes, en Mérida. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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