El problema con la hipocresía, por Armando Martini - Runrun
El problema con la hipocresía, por Armando Martini
La razón por la que la hipocresía desagrada es por la moralización abierta que señala falsamente la propia virtud

 

@ArmandoMartini

¿Cuál es el conflicto cuando se condena el comportamiento ajeno? ¿Por qué encontramos tan objetable al que se comporta de la misma manera que a quien censura? La respuesta puede parecer sencilla. No practicar lo que predicas o carecer de la voluntad para estar a la altura de tus ideales o hacer algo a sabiendas de que está mal son fallas morales.

La razón por la que los hipócritas desagradan e incomodan es por su moralización abierta que señala falsamente su propia virtud e integridad. El ciudadano indignado se opone principalmente a la implicación engañosa, no a la falta de arrojo o debilidad de carácter.

Imagínense un político dirigiéndose a la ciudadanía, prometiendo siempre rendir cuentas del dinero público administrado, cacareando a los cuatro vientos su honestidad, vanagloriándose de su actuación y proceder. Exhibiéndose como defensor incondicional de los derechos humanos y haciendo alarde de su obediencia a la ley para, finalmente, traicionar sus principios. En esa defensa a ultranza de libertad, democracia, derechos y deberes, puede lucir autoritario, pero estás de acuerdo con todo lo que defiende.

Hipocresía, un disgusto intuitivo

Sin embargo, descubres que cuando el servidor público está en su casa, regularmente no hace ninguna de las cosas de las que alardea, que es un hipócrita. De inmediato, revocas e invalidas el crédito moral que le otorgaste. De hecho, su hipocresía ahora hace que su discurso no solo parezca vano, sino negativo: ¿cómo se atreve a decirle a otros que deben respetar la justicia, cuando él la quebranta y desobedece?

El disgusto y el enojo por la hipocresía es emocional e intuitivo. Pero al pensarlo con detenimiento, constituye un difícil crucigrama moral. Convencidos de la importancia en proteger compromisos, obligaciones, autonomía e independencia, ¿deberías alegrarte de que el político esté promoviendo los valores correctos, incluso si él los infringe? Hablando con pura lógica, no hay nada deshonesto en condenar una acción y también participar en ella. Entonces, ¿por qué criticar algo que uno mismo hace peor?

La ofensa de un hipócrita no es que viole principios, sino el uso de proclamas morales que implica falsamente su comportamiento. La idea tiene sentido si piensas en la condena moral no como herramienta para reprochar a los demás, sino como una forma de mejorar tu propia reputación.

Los ciudadanos tienden a tomar las declaraciones normativas, por ejemplo: «Es moralmente incorrecto no rendir cuentas», como indicación de cómo actuó el hablante. De hecho, sería más probable que las personas creyeran en el orador si expresara: «Está mal no rendir cuentas», que simplemente dijera: «No rinden cuentas». El reproche moral parece actuar como señal poderosa de comportamiento, más fuerte y vigorosa incluso que las declaraciones directas sobre la conducta.

La doblez del político

Entendiendo la crítica moral de esta manera, podrás comprender por qué el ciudadano se siente engañado por hipócritas. Algunos los ven como deshonestos e incluso más impúdicos que quienes pronuncian mentiras descaradas. Los hipócritas son indignos de confianza, menos éticos que aquellos que mienten sin rubor ni pudor.

El ciudadano juzga a los hipócritas que señalan a otros. De hecho, puede ser hasta benévolo con los que no señalan, aunque se hayan involucraron en el mismo mal comportamiento. Cuando se aparenta tener sentimientos o cualidades que no se poseen es lo que ofende, insulta y humilla de la hipocresía.

La hipocresía, fingimiento y doblez del político es irritante, vejatoria. ¿Por qué? A pesar de tener un impacto positivo al estimular valores y principios de respetabilidad y pundonor, no practica lo que predica o critica. Señala transgresiones que él también comete. Es la moralización que transmite falsamente de su propia virtud, ganándole beneficios de reputación indebida e injusta, a expensas de quienes avergüenza de manera pública o privada. Estaría mejor si admitiera que a veces él mismo no alcanza estos ideales.

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