Gobernar no es agredir - Runrun
Antonio José Monagas Feb 10, 2024 | Actualizado hace 1 semana
Gobernar no es agredir
Las consideraciones emanadas de las instancias judiciales internacionales dejan al descubierto la descompensada compostura ideológica y fáctica del régimen

 

@ajmonagas

Debajo de las realidades que por estos tiempos se viven, se esconde un serio problema. Un problema que muchos desprecian al suponerlo insustancial. No solo por quienes tienen algún protagonismo en la conducción de organizaciones e instituciones, sino también por el resto de la sociedad.

El problema que seguidamente será abordado es una gruesa y pesada contradicción que pone de cabeza al mundo: el falso, precario o indebido manejo cognitivo, recursivo e instrumental del ejercicio de la política.

Para muchos, la política no es más que el modo de salvaguardar y favorecer apetencias, gustos, necedades, arrebatos, intereses o proyectos de coyuntura. Incluso estructurales, elaborados con base en meras narrativas, excusas o discursos infundados. También, irracionalidades argumentadas en situaciones estremecidas por conmociones y avaricias personales.

Pareciera no haber nadie que no presuma de la apariencia que le concede el hecho de “dominar” la situación que envuelve al ejercicio de la política. O supuestamente, “conociéndola” por algún lado o de alguna parte.

Entre falseadas presunciones

No hay quien falte al hecho de pretender ser una persona versada en materia política. La calle lo revela. Sobre todo, quienes fungen como candidatos a cargos de elección popular. Bien sea en espacios gremiales, sindicales, empresariales, educacionales o institucionales. Y hasta en ambientes eleccionarios de juntas de condominio y organizaciones vecinales y administrativas de todo tenor.

Aunque peor sucede en quienes son investidos de alguna autoridad luego de transitar procesos eleccionarios. O simplemente, el ascenso desmesurado, por influencia o imposición mediante el nombramiento de gerentes, directores, presidentes, coordinadores, gobernantes. Y en general, jefes o patrones.

El nombramiento o arribo al cargo o puesto pretendido, es razón suficiente para inducir en esa persona a presumir de sabérselas todas por creerse superior ante todos y en todo.

Al cierre

Lo que esta disertación busca poner de bulto es el problema político que recubre el ejercicio de gobierno en cuanta instancia inimaginable de poder. Este problema revienta por cualquier lado y sin mayor tiempo de espera.

A la improvisación suelen disfrazarla de política de gestión gubernamental, pues así resulta algo sencillo suplir el ordenamiento de la sociedad en concordancia a lo que establecen las pregonadas pautas normativas constitucionales. Especialmente cuando invocan alegremente, como si fuera una copla: “Todo dentro de la Constitución, nada fuera de la Constitución”.

Igual sucede para imponer cuantos desaforos convienen a los intereses políticos del régimen opresor. Quizás, realizado a manera de ensayo. Posiblemente, es el modo que le rinde mayor ventaja al régimen toda vez que juega con las medidas tomadas a instancia del espacio político arriesgado. Siempre mal calculado por el espurio tribunal “supremo”.

Nuevas inferencias

Ante lo que acontece, no cabe duda de que el régimen está siendo bombardeado por la presión de gobiernos extranjeros, organismos internacionales y reconocidas personalidades de talante democrático. Situación esta favorecida por el acorralamiento padece el régimen por causa no solo de los errores cometidos, sino también por las acusaciones que recaen sobre sus gobernantes.

Las consideraciones emanadas de las instancias judiciales internacionales, dejan al descubierto la descompensada compostura ideológica y fáctica del régimen. En consecuencia, esta situación lleva a dudar de la condición de “gobierno” del actual régimen político en su exacto sentido.

Así deja verse por qué el régimen ha retrocedido por causa de maliciosas y perversas prácticas asumidas con el único fin de mostrar sus recursos de gobierno cuales son: egoísmo, negocios turbios, resentimiento, revanchismo, obstinación odio y alevosía. Aunque igualmente, actúa apostando a ganar el tiempo necesario para mantenerse en el poder.

La embarazosa maniobra tiene asustados a gobernantes, gobierneros y aduladores. O sea, como dice la jerga popular: “está acabándose el pan de piquito”. Más, al reconocer que gobernar no es agredir.

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