El periodismo primero - Runrun
Juan E. Fernández Feb 11, 2024 | Actualizado hace 1 semana
El periodismo primero
La frase “el periodismo primero” era una invitación a no claudicar, a no dejarse pisar por el poder. Y mucho menos traicionar nuestros valores y convicciones

 

@SoyJuanette

Una mañana de 2013 llegué a la Redacción Única (RÚ) de Últimas Noticias (ÚN) en Caracas y descubrí que el rumor de que la Cadena Capriles, el conglomerado de medios al que pertenecían no solo ÚN, sino también El Mundo Economía y Negocios, Líder en Deportes, y algunas otras marcas, había sido vendido era cierto.

Aquella mañana voceros del Sindicato de Trabajadores de La Prensa nos informaron que la banca de inversión británica Hanson Asset Management había comprado el grupo. Aunque extraoficialmente todos sabíamos que detrás de la venta estaba algún funcionario del gobierno de Nicolás Maduro… Algo que con el tiempo se confirmó.

Y mientras los compañeros nos informaban lo que estaba ocurriendo, en el piso 14, donde funcionaba la oficina de Miguel Ángel Capriles (quien había sido hasta el día anterior el dueño del grupo de medios), los directivos estaban reunidos con “Michu” y con los dueños nuevos.

Luego de esperar algunos minutos, que pudieron ser entre 30 y 60 –la verdad no lo recuerdo– los directivos bajaron a la redacción. Y Nathalie Alvaray, quien era la gerente general de Marcas Informativas, dirigió unas palabras a todos los periodistas que nos encontrábamos en la RU. Natha nos anunció que había renunciado y dijo una frase que se convertiría en el mantra de todos los que nos fuimos yendo con el paso del tiempo: “El periodismo primero”.

La frase «el periodismo primero» era una invitación a no claudicar, a no dejarse pisar por el poder y mucho menos traicionar nuestros valores y convicciones.

Aquella venta acabó no solo con una de las mejores usinas periodísticas de Venezuela, sino también con la posibilidad de hacer un periodismo cada vez más digital, acorde con los nuevos tiempos. Ya los documentales, especiales, video columnas y trabajos de investigación no se producirían. Con el tiempo el diario se llenaría de publicidad oficial.

Cuando me fui de Venezuela, ya no quedaba casi ningún medio donde poder trabajar, pues eran pocas las webs independientes, mientras que los diarios grandes ya estaban en manos del gobierno. Además, que, por haber trabajado en CNN y en Globovisión (en la vieja Globovisión), cargaba yo con una especie de estigma.

Por eso desde que llegué a la Argentina pisé muy poco una redacción periodística. En casi 8 años solo fui a dos entrevistas televisadas y estuve por un año como productor de contenidos audiovisuales para YouTube en un canal de TV. Pero, por elección propia, decidí hacerme a un lado y preferí dedicarme al periodismo corporativo. De hecho, mi único acercamiento a los medios hoy en día es a través de esta columna semanal que llevo casi una década escribiendo.

Pero la semana pasada, 11 años después de la venta de Cadena Capriles, y mientras en las afueras del Congreso de Argentina se registraban disturbios y agresiones contra periodistas, la frase de Nathalie retumbó en mis oídos.

¿Qué hace que algunas personas (casi siempre mal pagadas), arriesguen la vida solo para informar lo que está pasando? Sinceramente lo había olvidado, y no me enorgullezco de eso. Viendo cómo compañeros periodistas seguían registrando todo lo que pasaba, mientras paralelamente la policía los golpeaba y les arrojaba gas, me hizo recordar que el periodismo no es solamente una profesión, sino también una vocación.

En un mundo donde reina la posverdad y donde los gobiernos, de izquierda o derecha, hacen de la noticia una moneda de cambio que agrade a sus audiencias, el periodismo debe ser, como siempre, ese lente por donde podemos asomarnos para ver la realidad.

Mucho me temo que en Argentina se comenzarán a usar el chaleco antibalas y la máscara antigás para poder hacer las coberturas periodísticas. Ojalá me equivoque, pero cuando el poder comienza a ver la comunicación como una actividad ilegal, lo que se viene es el tiempo de la única verdad permitida: la que ofrecen los canales estatales.

Amanecerá y veremos.

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