El mensaje final de Alexéi Navalni: “No os rindáis” - Runrun
El mensaje final de Alexéi Navalni: “No os rindáis”
El legado de Alexéi Navalni jamás será olvidado, como lo anunciara su viuda, Yulia Navalnaya: «Putin y todos los que le rodean, sus amigos y el gobierno, sepan que tendrán que rendir cuentas por lo que hicieron…”

 

@froilanbarriosf

El mensaje que el opositor ruso dejó a su pueblo en caso de que le matasen se resume en sus últimas palabras, citando a Edmund Burke padre del liberalismo conservador británico: “Escucha, tengo algo que decirte que es muy obvio, no está permitido rendirse. Si ellos deciden matarme es porque somos increíblemente fuertes…”.

Era obvio, él conocía perfectamente al monstruo que enfrentaba. Un implacable perseguidor de la oposición rusa que intentó envenenarlo en 2020 y que lo apresó en varias oportunidades fabricando falsos expedientes. Finalmente lo condenó a décadas en la tenebrosa prisión de Siberia.

El delito de Alexéi Navalni fue denunciar al régimen corrupto de Putin y sus entramados para mantenerse eternamente en el poder. Determinación que ha demostrado el llamado “nuevo zar” al invalidar recientemente a sus principales competidores en las elecciones presidenciales del 15/3/2024: Yekaterina Duntsova y Boris Nadezhdin, ambos opuestos a la guerra del dictador contra Ucrania. Y al reprimir las manifestaciones masivas en rechazo de la injustificada guerra contra Ucrania, infundiendo el miedo.

El comportamiento del tirano ruso es digno de un asesino en serie. Envía al patíbulo en forma solapada a quienes no acaten sus diktats. Ha ocurrido con decenas de “suicidios” de oligarcas rusos mediante aventones desde edificios, muerte de sus familiares, envenenamiento a opositores o sicariato, como el perpetrado en el sur de España contra el piloto desertor de la guerra en Ucrania. Su mensaje es que nadie, en ningún país, está a salvo de los servicios secretos de seguridad de la Federación Rusa.

Alexéi Navalni, víctima de la escuela del horror

¿De dónde proviene tanta maldad? Se trata de un ser que, desde su juventud, se entrenó en la KGB. Fundada en 1954, fue una de las policías secretas más aterradoras del mundo y cuyos antecedentes en tortura y crimen vienen de la Ojrana zarista, luego la checa, la GPU y la NKVD, esta desde 1920. Como vemos, de esta saga del horror fue de donde egresó Putin, convertido hoy en el mandamás de la Federación Rusa para mal de la humanidad.

No por casualidad su organismo antecesor, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética (NKVD), conducida por Lavrenti Beria, fue el brazo ejecutor de los Procesos de Moscú en 1936 que impuso Stalin para liquidar a todo el Comité Central del Partido Bolchevique, en cuyo seno se destacaban, entre otros, Kamenev, Zinoviev y Bujarin, quienes mediante torturas se autocalificaron como agentes hitlerianos antes de su muerte. Fue esta la antesala de su operación mayor: el asesinato de Leon Trotski en México en 1940. Curiosamente su verdugo, Laurenti Beria, mano derecha de Stalin, murió ejecutado en 1953 por el aparato policial que dirigió.

El radio de acción de estas policías secretas no solo era la persecución a opositores. En forma extensa desarrollaron una vasta red de espionaje utilizando sus embajadas en el exterior; mientras que en el interior de la URSS aplicaron deportaciones masivas y masacres como la del bosque de Katyn en Polonia, donde fuera exterminada la oficialidad del ejército polaco como parte del pacto germano soviético firmado en 1939 por Joachim von Ribbentrop y Molotov para repartirse Polonia.

Ese mundo soviético tornado en ruinas se derrumbó en 1991, determinando una realidad jamás aceptada por el gris agente de la KGB Vladímir Putin. Entonces juró confrontar a Occidente y restablecer la «majestuosidad» de la URSS.

Putin pudo haber aprendido de las lecciones de la perestroika y del glásnost de Mijaíl Gorbachov, o de la primera gestión de Boris Yeltsin como primer presidente electo de la recién creada Federación Rusa. Mas no fue así. Prefirió seguir el curso de la vieja escuela estalinista infundiendo el terror y el asesinato de sus oponentes, desechando los valores democráticos para mantenerse en el poder.

Hoy cobra una nueva víctima en Alexéi Navalni, el mártir del siglo XXI de la Federación Rusa. Su legado jamás será olvidado, como lo anunciara su viuda, Yulia Navalnaya: «Putin y todos los que le rodean, sus amigos y el gobierno, sepan que tendrán que rendir cuentas por lo que hicieron a nuestro país, a mi familia y a mi marido».

La muerte de Nalvani no será en vano. Ya es el camino a seguir para el pueblo ruso en la búsqueda de su libertad y democracia. Y también para todos los pueblos del mundo oprimidos por regímenes dictatoriales.

*Movimiento Laborista.

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