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Influencia rusa en Venezuela: Menos económica y más geopolítica

La alianza ha venido perdiendo fuerza en varios ámbitos de acción y de ser un nexo vivo con diversas áreas estratégicas de acción e inversión en lo financiero, energético, militar y geopolítico, hoy lo que representa mayor importancia es este último plano

@Reyestheis

El nexo entre Rusia y Venezuela ha estado lleno de altibajos. Ha pasado de ser solo una relación cordial diplomática, a convertirse en un nexo con grandes intereses en distintos frentes y luego, con la crisis económica y sanciones de los Estados Unidos, su trascendencia se ha resentido.

Antes de 1999 Venezuela formaba parte del área de influencia geopolítica y económica de los Estados Unidos. Pero Hugo Chávez llegó al poder y los intereses de Moscú y Caracas comenzaron a coincidir.

Rusia buscaba tener un pie en América Latina distinto a la relación con Cuba y vio en el presidente Chávez un líder con quien tener esa relación especial”, explica el doctor en Ciencias Políticas Carlos Romero, autor del libro Jugando con el Globo. La Política Exterior de Hugo Chávez.

Agrega que la llegada de la Revolución Bolivariana al poder coincide con la vuelta al activismo de la política exterior rusa, luego de pasar lo que ellos mismos llaman una década perdida, a raíz de la disolución de la Unión Soviética cuando perdieron interés geopolítico.

“A partir de 2001 Putin comienza a hablar de que el mundo es multipolar, que Rusia y China tienen un papel que jugar con los EEUU. Rusia comienza con una política exterior activa de expansión en su territorio y en los territorios que formaron parte de la Unión Soviética y activa también con países de Europa occidental para colocarse como un actor fundamental en el escenario internacional y coincide con el presidente Chávez, que busca afanosamente deslindarse de Estados Unidos y de occidente””, dice Romero.

Los nexos se estrecharon con las visitas a Venezuela de los presidentes rusos Vladimir Putin y Dmitri Medvédev, mientras Chávez viajó varias veces a Moscú a reunirse con sus homólogos. Entonces se concretaron acuerdos en distintas áreas: Energéticos, con la asignación de amplios ámbitos en el área petrolera a Rusia, financiera: con préstamos importantes a Petróleos de Venezuela, militar, con millonarias compras de equipamiento para la Fuerza Armada y hasta nuclear, con un acuerdo en 2010 que nunca llegó a materializarse para estudiar la instalación de plantas de este tipo de energía en territorio venezolano.

Pero las cosas cambiaron. Evan Ellis, profesor de investigación de América Latina en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de los EEUU, en un artículo reciente sobre la influencia rusa en Latinoamérica describió la situación bajo el gobierno de Nicolás Maduro.

 “A medida que se profundizaba la crisis política y fiscal del régimen venezolano y disminuía su capacidad para pagar sus cuentas, el compromiso militar de Rusia pasó de la compra de nuevos artículos finales al mantenimiento, las actualizaciones, la capacitación y otros tipos de apoyo”, comentó.

Agrega que en el sector del petróleo, “aunque prácticamente todas las compañías petroleras de Rusia buscaron posiciones en el país durante la era de Hugo Chávez, incluidas Gazprom, TNK, Lukoil y Surgutneftegas, los problemas en el sector finalmente llevaron a todas a retirarse”.

Giovanna De Michele es internacionalista y magíster en Seguridad y Defensa. Señala que desde el punto de vista económico, no cree que Rusia sea muy importante para Venezuela.

«Rusia no está en las condiciones de adoptar a Venezuela como lo hizo la Unión Soviética con Cuba”, opinó.

Pero sí considera que Venezuela es una pieza importante para los intereses geopolíticos de Rusia en la medida que ayuda a Vladimir Putin a aproximarse a uno de sus grandes retos, “que es reposicionar a su país con el poder y la presencia que en otras épocas tenía la Unión Soviética”.

“Venezuela será importante para Rusia en la medida que le permita llegar cerca de los intereses de EEUU. Posicionarse en un espacio natural de los EEUU en un país como Venezuela, con una ubicación privilegiada”, asegura De Michele.

Añade que, para Venezuela, desde el punto de vista político, Rusia puede representar votos favorables, por ejemplo en las Naciones Unidas, mientras ayuda a la administración de Nicolás Maduro a disminuir la percepción internacional de aislamiento. “Para un gobierno que se ha ido deslegitimando, contar con el apoyo de Rusia no es poca cosa”, asevera.

De la venta al mantenimiento

Andrei Serbin Pont es analista internacional y director de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES) un tanque de pensamiento regional constituido por centros de investigación, organizaciones no-gubernamentales, asociaciones profesionales y fundaciones, que promueven la investigación económica y social en América Latina y el Caribe

Explica que Venezuela fue uno de los primero compradores de equipamiento militar ruso durante varios años consecutivos. Ese era un beneficio muy importante para la industria militar rusa que necesitaba posicionar productos y tener los contratos para el mantenimiento y sostenimiento del sistema de armas.

Según el profesor Ellis, desde 2006 hasta la muerte de Hugo Chávez en 2013, Rusia vendió más de $11 mil millones en armas a Venezuela, incluidos tanques T-72, vehículos blindados BMP-3 y BTR-80, cazas Su-30, Mi-17 y helicópteros Mi-35, y otros artículos militares finales, lo que convirtió a Venezuela, con mucho, en el mayor socio militar de Rusia en la región.

Para Serbin Pont, Venezuela le permitió a Rusia la posibilidad de mantener una presencia molesta para los EEUU a bajo costo, ya que hizo buenos negocios con Caracas en materia de equipamientos militares y todavía sigue pagando por el mantenimiento y servicios a los mismos, además de los acuerdos en el ámbito extractivo como el petrolero.

Sobre la presencia de militares rusos en el país, señala que desde que se hizo la adquisición del armamento, hay personal ruso en Venezuela dedicado a las tareas de mantenimiento, que por los contratos firmados han convertido a Venezuela en dependientes de Rusia en esta labor.

Agrega que lo que hemos visto más reciente es la presencia de personal en tareas de soporte técnico para las Fuerzas Armadas, como la puesta en funcionamiento del sistema de misiles antiaéreos S300 hace 2 años, que estaba inoperativo. Dice que la necesidad del apoyo ruso en la materia se incrementa por la falta de recurso humano capacitado de la Fuerza Armada venezolana, porque parte del mismo se fue del país.

Pero ahora, según el director de CRIES, se ha visto alguna presencia militar operativa. “Cuando en Apure el año pasado vimos que se estaban usando los drones rusos o que había personal ruso en la unidad de los Caribes (en La Victoria, población del mismo estado)”.

Agrega que la provisión de medios y la capacitación se vuelve importante este año en la medida en que es prioridad establecer nuevamente el apresto operacional de la Fuerza Armada.

Muchas reservas y poco petróleo

En el área petrolera ocurrió algo similar al tema militar. Un inicio de muchas expectativas con fuertes inversiones rusas, que fueron desapareciendo en el tiempo.

El economista Francisco Monaldi, doctor en Ciencias Políticas y director del Programa de Energía para América Latina de Rice University, explica que si bien Rusia es el accionista extranjero principal de Pdvsa en términos de reservas internacionales, lo que producen las empresas chinas y Chevrón están por encima de las rusas.

Explica que cuando China empezó a dejar de prestar dinero a Venezuela, el presidente de la empresa rusa Rosneft, Igor Sechin, se “metió de cabeza en el país”. Entonces, le dieron unos créditos muy importantes a Pdvsa y dos participaciones en la Faja de Orinoco y otro proyecto de crudo convencional. También se le asignó parte del Proyecto Cristóbal Colón de gas. “Rosneft pasó ser un socio muy importante”, señala.

En febrero de 2020 una filial de Rosneft Trading fue sancionada por los Estados Unidos por comercializar el crudo venezolano y un mes después la empresa anunció en un comunicado su decisión de vender todos su activos en el país a una empresa del Estado ruso: Roszarubezhneft.

“Esa empresa es de papel, no tiene capacidad. Lo que me dicen es que sigue siendo manejada por la misma gerencia de Rosneft y que los proyectos de gas no se los entregaron a esa empresa”, dice Monaldi.

El analista explica que, a pesar que los rusos son los principales tenedores de reserva de hidrocarburos en Venezuela después de Pdvsa, están haciendo muy poco en términos de producción. “El mejorador de Petromonagas que es el que ellos manejan, entiendo que hasta diciembre no estaba operando y la producción en ese campo está muy por debajo de su capacidad. Produjo 64 mil barriles el año pasado, menos de la mitad de lo que debería producir”.

Sobre las razones por las cuales Rusia no está invirtiendo para elevar la producción en Venezuela, Monaldi tiene dos hipótesis: “Hay una versión de que Putin le dijo a Sechin ´te metiste en un desastre en Venezuela por lo que pasó en la industria petrolera con la sanciones. Cuando termines de cobrar esa deuda no metes un dólar más en Venezuela´. Esa es una versión que he escuchado de fuentes bien informadas”, señala el experto.

La otra versión es que, cuando se dieron las sanciones, los rusos, preocupados por las consecuencias de las mismas, decidieron no hacer más inversiones.

“Pero era una decisión que tenía bajo costo porque la producción de ellos en Petromonagas perdía plata en operaciones, porque se vendía el crudo en menos de 10$ y no se cubría los costos de producción. Entonces, tenía sentido que abandonaran el proyecto. No tenía sentido meterse en problemas con los americanos para perder plata. Este año la historia es diferente, porque el precio del petróleo ha estado alto y si producen y venden sería un buen negocio”.

Por otra parte, Monaldi explica que buena parte del petróleo venezolano termina en China por los caminos vedes y en refinerías independientes. “Entonces, es difícil para la empresa cobrarse su parte por todo ese mecanismo corrupto y opaco”.

Acota que también los rusos han estado impulsando reformas a la Ley de Hidrocarburos y facilidades tributarias en Venezuela, que no han conseguido.

“Ellos entraron más por una oportunidad geopolítica, porque Chávez los estaba invitando. Los rusos no necesitan petróleo, son el segundo productor más grande del mundo. Chávez le estaba ofreciendo un negocio muy atractivo porque los quería de socios y porque para Rusia, Venezuela es importante para meterle el dedo en el ojo a EEUU y decirles a los americanos ´si se meten en Ucrania, nosotros estamos en Venezuela, Cuba, y Nicaragua´. Eso es lo que hace que los rusos no se vayan en la parte petrolera de Venezuela. Pero por otro lado, no parecieran estar interesados en invertir. Si se dieran los cambios legales y tributarios y los precios del petróleo siguen altos es posible que veamos algo de inversión en las áreas que antes tenía Rosneft”, explicó.

Los rusos también han obtenido algunas concesiones en el arco minero para la exploración y explotación de oro y diamantes.

El manual del autócrata

Un ámbito de acción del que se habla menos en esta alianza Rusia-Venezuela es el del tema comunicacional para soportar los Gobiernos autoritarios que dirigen estos países. Un sector que si bien no es productivo en términos de dinero, sí es estratégico para el Kremlin y Miraflores.

Iria Puyosa es investigadora en comunicación política, especializada en estudios sobre desinformación y guerra informativa en redes sociales y aplicaciones de mensajería. Actualmente, es Investigadora Senior en el Digital Forensic Research Lab del Atlantic Council.

Comenta que Venezuela y Rusia han estado colaborando en temas de comunicación, ligados a diplomacia pública y narrativas políticas desde 2005 y que al menos entre 2005 y 2014 hubo coincidencias en las líneas informativas de los canales Telesur y Russia Today (RT) de ataque a Estados Unidos y a la democracia liberal.

Considera evidente que «ha habido un intercambio de know-how en desinformación y guerra informativa”, aunque no resulte tan evidente que exista una coordinación operativa.

“Rusia ha desplegado campañas favorables a Maduro en sus medios oficiales, especialmente en RT en Español y en Twitter, en momentos puntuales de crisis política en los cuales el régimen chavista estaba bajo fuerte presión, como fueron Mayo-Junio de 2017 y Enero-Febrero 2019”, explica.

También se ha podido observar –apunta- un amplio despliegue del aparato comunicacional del chavismo (incluyendo sus redes en Twitter y el canal Telesur) para favorecer a Rusia en la «guerra de las vacunas», apoyando el uso de la vacuna Sputnik contra el covid-19 y difundiendo información que cuestionaba la eficacia de las vacunas desarrolladas en Europa y Estados Unidos.

Puyosa destaca además la “coordinación en las comunicaciones de Rusia y Venezuela en relación con el conflicto armado en la frontera entre Colombia y Venezuela, que involucra al ELN y a las disidencias de las FARC” y dice que es posible que “veamos más colaboración comunicacional entre Rusia y Venezuela en la medida en que agrava el conflicto en Ucrania”.

En este sentido, la experta indica que “Rusia continúa insistiendo en poner en agenda la posibilidad de despliegue militar ruso en el Caribe, usando Venezuela y Nicaragua como bases, si Estados Unidos actúa en apoyo a Ucrania” y que aunque “No parece que estén dadas las condiciones para un inmediato despliegue militar ruso en nuestros países, sí es probable que se siga manejando comunicacionalmente como amenaza”.

El uso de las redes sociales con la presencia de noticias falsas e intervención en el debate público, así como el uso de mecanismos para bloquear portales electrónicos con contenido incómodo para estos regímenes, parece formar parte de esta especie de manual compartido, incluso con alguna coordinación.

La experta recuerda que Twitter hizo públicas evidencias de que cuentas venezolanas actuaron en una campaña en esa red coordinada por la Agencia de Internet de Rusia que buscaba acentuar la polarización entre activistas de Black Lives Matter y la población blanca de Estados Unidos, durante la campaña electoral para el Congreso de 2018. “Pero, esa fue una campaña pequeña y de poca incidencia real. Pareciera haber sido más bien un ejercicio o experimento de coordinación”, aclara.

Por otra parte, portales electrónicos de noticias en Venezuela como Runun.es han sido objeto de bloqueos debido a múltiples intentos de acceso que han provenido de Rusia. Uno de estos casos ocurrió en mayo de 2019, cuando el sitio web sufrió un ataque después de publicar un estudio sobre el desempeño de las Fuerzas de Acción Especial de la Policía Nacional Bolivariana.

La intervención de los hackers rusos para favorecer los intereses de los aliados del Kremlin ha sido bien documentada en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, Rusia se valió de herramientas de microsegmentación, big data y fake news a través de las redes sociales, fundamentalmente en Facebook, para aprovechar los temores y dudas subyacentes en el estadounidense y así beneficiar las aspiraciones de Donald Trump. Además, a los rusos se le atribuye la filtración de miles de correos electrónicos de la entonces aspirante demócrata Hillary Clinton, que afectaron sus posibilidades de triunfo a pocos días de la elección.

Un estudio realizado por el Gobierno chileno detectó que muchos de los mensajes que se divulgaron por las redes sociales durante las intensas protestas que se vivieron en esa nación en 2019 provinieron de Moscú y de Caracas.

El estudio, divulgado por la Tercera de Chile, explica que 43.129 tuits surgieron desde Venezuela, impulsando etiquetas como #RenunciaPiñera y que “de diez tuits generados fuera de Chile, aproximadamente seis provienen de Venezuela”.

El Gobierno de Estados Unidos también llevó un seguimiento del asunto, y puso su lupa sobre el comportamiento de Rusia. El informe de Washington, en manos del Gobierno chileno, detectó que de los 64.838 tuits revisados en torno a las protestas antigubernamentales en ese país, un 9% se originaron en cuentas “probablemente vinculadas” al Estado ruso.

Por otra parte, un estudio de la Universidad de Oxford, con el título “ The Global Disinformation Order 2019 Global Inventory of Organised Social Media Manipulation” (La Orden Mundial de Desinformación 2019 Inventario Global de Manipulación Organizada de Redes Sociales), aseguró que Rusia y Venezuela se suman a China, India, Irán, Pakistán y Arabia Saudita como los líderes en el uso de Twitter y Facebook para desinformar.

¿Reanimación del nexo?

En plena crisis que amenaza con un desenlace bélico en Ucrania, el viceprimer ministro ruso Yuri Borísov llegó este 16 de febrero a Caracas y se reunió con Nicolás Maduro y otros altos funcionarios de Venezuela.

Tras el encuentro, Maduro señaló: «Hemos ratificado el camino de una poderosa cooperación militar entre Rusia y Venezuela para la defensa de la paz, de la soberanía, de la integridad territorial, una poderosa cooperación militar».

Sin dar detalles al respecto, dijo que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, «tiene instrucciones precisas», así como «todo el estado mayor superior».

Sobre el conflicto con Ucrania, Maduro mostró su solidaridad plena: «Rusia cuenta con todo el apoyo de la República Bolivariana de Venezuela en la lucha que está dando para disipar las amenazas de la OTAN y del mundo occidental. Rusia cuenta con todo el apoyo de Venezuela para disipar todas las amenazas y para que Rusia siga siendo un territorio de paz», comentó.

En la sede de Petróleos de Venezuela se reunió la Comisión de Alto Nivel de los dos países. El ministro de Petróleo y presidente de Pdvsa, Tareck El Aissami, aseveró que sostuvieron una “fructífera” reunión de trabajo con la delegación rusa que viajó al país que les ha permitido “seguir evaluando y ensanchando” los alcances de la cooperación “virtuosa” con Moscú.

A pesar de la falta de inversión de Rusia en el sector petrolero, Borisov indicó que actualmente la cooperación entre los dos países es “más importante que nunca”.

 

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