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El mensaje militar a un mes de las elecciones

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Alonso Moleiro
Hace 2 semanas

Con las declaraciones ofrecidas por el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, el pasado 24 de junio, podría afirmarse que el Estado revolucionario chavista -un sujeto político rupturista del orden constitucional actual, y diferente a él- ha fijado posición definitiva ante el actual estado de cosas en el país.

Habiendo tenido una buena oportunidad para enviar un mensaje equidistante y conciliador a todas las tendencias políticas, que proyecte entre la población lo que debe ser el propósito cívico del Plan República, Padrino ha decidido hacer lo mismo que el resto de los integrantes de la clase política chavista al mando: negar la existencia del descontento, y seguir aferrado a las consignas que se han entronizado en el Estado venezolano actual como una verdad revelada.

Mucho más grave: sus afirmaciones le plantean un entredicho al derecho constitucional a la alternabilidad política, una conquista adquirida el 23 de enero de 1958, que debería poder ser ejercida con totales garantías ofrecidas por parte de las autoridades, como corresponde a cualquier nación civilizada, y que, en las semanas actuales, de manera equivocada, tiende a ser interpretada por la burocracia revolucionaria como un intento de sedición.

“Este ejército esplendoroso, luminoso como está aquí, saldrá a las calles el día de las elecciones”, dijo Padrino en el Campo de Carabobo, con un Nicolás Maduro vestido con traje de campaña. “En unas manos el fusil para proteger al pueblo en estas elecciones. Y en la otra, nuestra fuerza, nuestro deber cívico, nuestro derecho político de ejercer el sufragio. Y allí, queridos hermanos, tendremos que despejar el dilema de volver al colonialismo, al entreguismo, al proimperialismo o estar del lado de la patria insurgente, valiente, corajuda, bolivariana, antiimperialista”.

El Ministro de la Defensa invita a todos a votar, pero le hace al país una advertencia que es imposible subestimar, según la cual, podemos ejercer “nuestro deber cívico”, pero sin decidir nada que no le vaya a gustar a los que ejercen hoy el poder. “Los facciosos que fracasaron ayer y vuelven a cometer los mismos errores, deben saber que Venezuela y sus FANB fueron refundadas por la revolución bolivariana, y que mantendremos la patria digna, soberana e independiente”.

Padrino, en lugar de asumir el lugar equidistante, apolítico y republicano que le exigen las circunstancias, llega a este extremo declarativo, ignorando los artículos de la Constitución Nacional y el mandato expreso que tienen sobre estos temas.

Las Fuerzas Armadas venezolanas han naturalizado el hecho de tomar partido por uno de los actores políticos en pugna, haciendo propias sus consignas, y llamando “facciosos” a los que no las comparten.

Adoctrinamiento de larga data

Aunque el modelo de dominación de la autocracia chavista es más blando que el ensayado por otras dictaduras venezolanas en el pasado, y por otras dictaduras globales del presente, el trabajo de adoctrinamiento adelantado en los cuarteles por Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha sido muy penetrante y ambicioso, y no debe ser pasado por alto a un mes de las elecciones.

Hugo Chávez ha sido deificado en las entrañas del cuerpo castrense en el mismo olimpo donde está Simón Bolívar, a unos extremos no vistos en Venezuela ni en la más feroz de sus dictaduras. Con él, sus valores personales, su interpretación de la política y la historia del país, del orden social, del hecho cultural. Para el chavismo, Chávez es un personaje de culto.

Ha sido un mito cultivado a espaldas de lo que piense la sociedad civil, y es el alimento de la unión cívico militar, la fuente de poder por excelencia del oficialismo, un principio que está presente desde el 4 de febrero, y que le da soporte a la hegemonía actual.

Es decir: las Fuerzas Armadas no están alineadas con los intereses de Nicolás Maduro y el chavismo exclusivamente porque le conviene, o porque estén recibiendo dádivas, como suele afirmarse. Hay un cemento ideológico poderoso en el problema. En la formación de los oficiales, junto con la creación de la Milicia Bolivariana, se trabaja para crear un soldado revolucionario, obligado a proceder en torno a unas cuantas ideas fijas. Esta realidad se ha enraizado luego del fallecimiento de Hugo Chávez.

Hay un trabajo persuasivo que tiene soporte conceptual, que lleva tiempo en desarrollo, y que ha sido inoculado con mucha impunidad en el seno del cuerpo castrense. Estructurado en torno a varias ideas, pero con un nudo muy relevante: al ser bolivarianos, los militares venezolanos no están obligados a interpretar de manera literal la letra de la Constitución nacional, sino a atender la doctrina antimperialista, revolucionaria, antioccidental, zamorana, antioligárquica.

“No creo que el trabajo del chavismo en las Fuerzas Armadas haya tenido un anclaje ideológico tan hondo”, matiza el historiador y analista político Pedro Benítez. “Hay unos elementos conceptuales de la identidad chavista que han penetrado el cuerpo castrense. Lo que pasa es que son categorías que están en crisis. Algunas son anteriores a la llegada de Chávez al poder.”

Durante unos años, la vocería militar, de la mano de Padrino, había intentado ensayar un equilibrio institucional, cultivando un tono neutro y una distancia del debate electoral que confundió a muchas personas.

Desde 2016 en adelante, a toda Venezuela le fue quedando claro qué es lo que opinan los militares sobre la alternabilidad política, los gobiernos civiles, el fuero legislativo, el principio de rendición de cuentas, la autonomía y equilibrio de los poderes públicos, la propiedad privada, la política exterior y la democracia representativa, es decir, las banderas de la oposición.

El país democrático camina a una consulta electoral para encararse con un monstruo de mil cabezas llamado el chavismo: un ente civil y militar, que cuando quiere es civil y cuando lo necesita es militar, que se ha empotrado en las entrañas del estado venezolano, y pretende adueñarse de la voluntad de la sociedad nacional bajo el argumento de que le dan continuidad a la gesta independentista que dejó inconclusa Simón Bolívar, una obsesión que tiene una larga tradición el en pensamiento militar venezolano.

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