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Ebrahim Raisí y sus tres años al frente de Irán bajo la lupa

Sobre el recientemente fallecido presidente iraní Ebrahim Raisí recaían acusaciones por violaciones de derechos humanos desde el año 1988, cuando se le responsabilizó de participar en la ejecución de cientos de personas. Por estos hechos, había sido sancionado por EEUU en 2019, antes de ascender al poder 

Ebrahím Raisí Irán
Yakary Prado
21/05/2024

 

Este lunes 20 de mayo se confirmó la noticia de la muerte del presidente iraní, Ebrahim Raisí, junto con la del ministro de Exteriores y otros funcionarios en un accidente de helicóptero ocurrido un día antes en el noroeste del país.

El trágico hecho se produjo en el marco de constantes denuncias sobre violación a los derechos fundamentales en el país que presidía y en medio de unas relaciones internacionales complejas, luego de que el el mandatario, fallecido a los 63 años, ordenara a mediados de abril un ataque con más de 300 drones y misiles contra Israel, lo que le valió una amplia condena internacional. 

El gobierno de Israel ha denunciado en reiteradas ocasiones que Hamas “es uno de los brazos terroristas del régimen de Irán” y en octubre de 2023, consideraron que el ataque “barbárico” perpetrado por esa organización en su territorio era “otro intento del régimen iraní de asesinar civiles israelíes”.

 

A Raisí lo sucede provisionalmente en el poder Mohamad Mojber, pero se convocaron nuevas elecciones presidenciales para el 28 de junio, aunque esos comicios tienen pocas probabilidades de ser libres, debido a que  los candidatos deberán superar el veto del  “Consejo de los Guardianes”. 

A continuación, algunos hitos del gobierno de Raisí, cuya figura muchos veían que se perfilaba como el  posible sucesor del actual líder supremo de Irán. 

Un pasado ejecutorio a cuestas

A Raisí algunos medios de comunicación lo calificaron como “el juez de la horca” por formar parte de un grupo de clérigos que aprobó las ejecuciones de miles de presos políticos ordenadas en 1988 por el entonces líder supremo, el ayatolá Ruhollah Jomenei. 

El ultraconservador figuró como jefe adjunto de la Autoridad Judicial que, tras la guerra entre Irán e Irak, fue responsable de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. El papel estelar que jugó el fallecido mandatario en estos hechos le valió en el año 2019 una sanción del gobierno de Estados Unidos, convirtiéndose así en el primer presidente de Irán que fue sancionado por EEUU antes de asumir el poder. 

 

 

 

Por estas y otras denuncias sobre violaciones a derechos humanos, el portavoz de la Casa Blanca, John Kirby, expresó tras fijar posición sobre la muerte del presidente iraní, que este tenía “las manos machadas de sangre” y que era responsable de “abusos atroces” a los derechos humanos en su país, así como de apoyar a grupos terroristas de la región como Hamas.

El “ungido” del líder supremo de Irán

En el añ0 2017 Raisí intentó llegar al poder de Irán, pero sus aspiraciones cedieron ante el ascenso del relativamente moderado Hassan Rouhani. Cuatro años más tarde, se convertiría en el octavo presidente de la nación iraní desde que la monarquía respaldada por Estados Unidos fuera derrotada por la Revolución Islámica de 1979. 

En junio de 2o21,  logró escalar hasta la primera magistratura de Irán en unos comicios en los que el denominado  “líder supremo” de ese país, el ayatolá Alí Jamenei, usó todas sus influencias para sacar del paso a cualquier candidato opositor relevante.

La mayoría de la comunidad internacional cuestionó el carácter libre de las elecciones porque los candidatos debieron recibir el visto bueno de 12 teólogos y juristas que forman el Consejo de Guardianes. Aunque este órgano no es electo por los ciudadanos tiene en sus manos la decisión final sobre quién puede o no presentarse en una elección.

Para estos comicios, tal y como lo explicó en un trabajo BBC Mundo, este grupo ultraconservador y religioso prohibió a la mayoría de los candidatos reformistas o moderados competir. De entre más de 600 aspirantes, solo siete fueron aprobados. Por esta misma razón, en los comicios en los que triunfó Raisí, casi el 50% de los iraníes se abstuvieron de participar.

Prometió “muerte” a Trump y sus funcionarios

En enero de 2022, se produjo la muerte por un bombardeo de un dron estadounidense del general Qasem Soleimaní, quien estaba al frente de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución iraní (IRGC).

Después del suceso, Ebrahim Raisí pidió aplicar la ley del talión para el entonces saliente mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, el exsecretario de Estado, Michael Pompeo y otros altos cargos estadounidenses. 

“El violador, asesino y criminal, el expresidente de EEUU debe de ser juzgado, debe de ser sometido a la ley de “ghesas” (talión)”, afirmó Raisí en la principal ceremonia en memoria del exmilitar, celebrada en la mezquita Mosala de Teherán.

Violaciones de DDHH a la carta 

Como promesa central de campaña, Raisí aseguró que llevaría a cabo un estricto cumplimiento de la ley islámica, que abarcaba la segregación de sexos en espacios públicos. Una vez en el poder, intensificó la obligatoriedad de uso del velo islámico.

En marzo de 2024, la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Islámica de Irán de la Organización de las Naciones Unidas denunció la “represión violenta de protestas pacíficas y la discriminación institucional generalizada contra mujeres y niñas” en ese país, que alertaron, derivó en “graves violaciones de los derechos humanos por parte del Gobierno de Irán, muchas de las cuales constituyen crímenes de lesa humanidad”.

Los hechos a los que se refieren fueron las intensas protestas que se desataron en septiembre de 2022 bajo el lema  “Mujer, Vida, Libertad” . Las manifestaciones masivas se originaron  por la muerte de  Mahsa Amini, una joven de 21 años que había sido detenida por no usar el hijab y que murió en un hospital tras estar bajo custodia de la “policía de la moral” por presuntas torturas.

Las manifestaciones por este suceso se extendieron durante meses y se saldaron con el asesinato de al menos 500 personas y la detención de más de 20.000 iraníes. La Misión de la ONU documentó que la represión  incluyó  “asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, uso innecesario y desproporcionado de la fuerza, privación arbitraria de la libertad, tortura, violación, desapariciones forzadas y persecución por motivos de género”.

Uno de los casos más sonados de esta oleada represiva fue el del futbolista Amir Nasr Azadani, a quien las autoridades iraníes querían aplicar la pena de muerte. Pero, ante la ola de advertencias de organizaciones de defensores humanos y la presión que se ejerció en todo el mundo,  al futbolista lo sentenciaron a 26 años de prisión por participar en las protestas. El gobierno iraní lo procesó por cometer delitos contra “el orden público”, reunirse y conspirar contra la seguridad del país y por un “delito contra Dios”. 

Aún ante el fuerte  escrutinio internacional, Amnistía Internacional denunció que solo en 2o23 Irán ejecutó a 853 personas. Uno de los sentenciados recientemente a esta condena es el rapero Toomaj Salehi, famoso por denunciar en sus canciones y en redes sociales la corrupción y la represión del régimen iraní. 

Asimismo, en abril de 2024, la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos denunció una violenta ola represiva en Irán contra mujeres y niñas y hombres que las defienden en aplicación de las “estrictas normas” relativas al uso del hijab o pañuelo islámico. En esa ocasión alertaron de  “numerosas detenciones de mujeres y niñas, muchas de ellas de edades comprendidas entre los 15 y los 17 años”. 

En ese mes se anunció la creación de un nuevo órgano destinado a aplicar las leyes vigentes relativas al hijab. Se advirtió que los miembros de esa organización habían sido entrenados para “hacerlo de manera más enérgica” en los espacios públicos, así como también se adelantó información sobre un anteproyecto de ley que buscaba imponer penas de cárcel, multas y hasta latigazos a quienes transgredieran el código vestimentario. 

El beso al Corán ante la ONU

Uno de los episodios públicos más comentados del fallecido presidente de Irán ocurrió en septiembre de 2023, cuando Raisí pronunció un largo discurso religioso ante la Asamblea General de la ONU mientras sostenía un Corán en sus manos. Al término de la alocución, besó su “libro sagrado”.

En sus palabras,  llamó a tomar medidas contra la quema del Corán por parte de ciudadanos de naciones libres, denunció la “islamofobia y el apartheid” y expresó que defendía la familia “sacrosanta” entre un hombre y una mujer.

 

Sus vínculos con Maduro

Los vínculos entre Venezuela e Irán que promovió el fallecido Hugo Chávez se potenciaron aún más con el gobierno de Maduro, que vio en esa nación un aliado para enfrentar la escasez de  gasolina en el año 2020.

Fue precisamente el gobernante venezolano  uno de los primeros en expresar sus condolencias por la muerte de su homólogo iraní, con quien se reunió en un par de ocasiones. 

En un mensaje en la red social X, Maduro  tildó a Raisí de “persona ejemplar, un extraordinario líder del mundo (…) un excelente ser humano, defensor de la soberanía de su pueblo y amigo incondicional de nuestro país”. 

Maduro y Raisí se encontraron por primera vez en junio de 2022 en Irán, en donde firmaron acuerdos bilaterales que se extenderían por dos décadas.  En junio de 2023, se produjo la segunda reunión entre ambos mandatarios, esta vez en Caracas.  Raisí llegó al país acompañado de una amplia delegación política, económica y científica, reseñaron medios oficiales. 

Raisí enfatizó en esa oportunidad que sus relaciones con Caracas y La Habana “eran estratégicas” y anunció que se profundizarían. 

 

 

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