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Runrunes de Bocaranda: BAJO – ¿SANCIONES?

 ¿SANCIONES?

Con la victoria del candidato demócrata Joe Biden ya hay empresas moviendo fuertemente su lobby para tratar de levantar algunas sanciones impuestas al régimen de Maduro por el gobierno de Trump. No quiere decir que vayan a levantarlas así nomás, pero hay que estar alertas ante ese cabildeo. Sobre todo en el área de petróleo, gasolina y energía eléctrica. Mueven sus piezas en Europa y Estados Unidos viendo que respecto a Rusia e Irán han tenido posibilidades de burlarlas en las triangulaciones y en los envíos redireccionados por otras rutas.

Sin embargo las razones que provocaron el sancionamiento siguen vigentes. Entre ellas el llamado a que se convoque una elección libre, justa, transparente y con observación internacional legitimada por Unión Europea, OEA y otros entes de observación electoral globales.

Todos esos países han reiterado su posición de no aceptar como válida la farsa electoral que Maduro insiste en montar el 6 de diciembre. Igualmente reiteran que su gobierno debe respeto a la democracia, los medios de comunicación y las libertades que establece la Constitución venezolana.

 JOSEP BORRELL

El encargado de las relaciones exteriores de la Unión Europea manifestó en una entrevista con el diario El País algunas consideraciones sobre Venezuela:

Pregunta: Donald Trump mantuvo una política de mano dura con Venezuela. ¿Esperan un cambio de la Administración de Joe Biden? Respuesta: En una negociación con alguien siempre debe haber un ‘win-win’. Todos deben conseguir algo. En los últimos intentos de negociar con el régimen de Venezuela bajo el paraguas del Gobierno noruego, los americanos no tenían la voluntad de participar en ningún tipo de flexibilidad, ni de suavizar las sanciones, por ejemplo, como contrapartida a un mejor entendimiento entre Maduro y la oposición. No ofrecían nada, solo querían mantener la línea dura. Para negociar, hay que mostrar flexibilidad. Si no, eso no va a ninguna parte, que es más o menos lo que pasó. Espero que la nueva Administración, si hay un nuevo intento de negociación, mostrará más flexibilidad, teniendo presente que, como nosotros, continuará con el mismo objetivo de la democratización de Venezuela y de unas elecciones presidenciales y legislativas libres y justas”…

 INSÓLITO

Copio unos párrafos del artículo de Alberto Barrera Tyzka aparecido en el New York Times hace solo 5 días y titulado Rambo Trump y la fanaticada venezolana, por considerarlos de sumo interés para entender lo que les ha pasado a muchos compatriotas tras las recientes elecciones estadounidenses:

“El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comparte con el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez dos características esenciales: como líderes mediáticos, ambos tienen un enorme talento publicitario. Como gerentes de mercadeo de sí mismos, ambos no tienen ningún tipo de escrúpulo. Son capaces de hacer cualquier cosa para ganar, para no perder. La ideología solo es una estrategia de ventas que, en estos años, además, ha demostrado una eficacia letal. Basta ver la manera en que los venezolanos seguidores de Trump descalifican a cualquiera que piense distinto, para reconocer de inmediato el mismo tono, el mismo tipo de trato despreciativo con que Chávez y los chavistas empezaron un nuevo proceso de exclusión política en Venezuela. El término ‘progre’ ahora funciona como antes, para el chavismo, funcionaba el término ‘escuálido’. En las redes, su simple mención sirve para desacreditar y anular cualquier idea o postura diferente a la propia…”. 

“La ficción de que solo Trump ha enfrentado radicalmente al chavismo se nutre de varias fuentes distintas. Una viene por supuesto del propio relato de Trump, capaz decir lo que sea, capaz de acusar a cualquiera de comunista para sembrar pánico mientras mantiene relaciones con Rusia y con China. Es un vendedor nato. Se presenta como Rambo pero, en rigor, más que una amenaza real parece un juego de seducción. Otra fuente viene del gobierno anterior, del aparente descuido de Barack Obama ante lo que sucedía en la región, de su postura frente al bloqueo en Cuba (que flexibilizó hacia el final de su gestión) y su histórica visita a La Habana. Otra, por supuesto, se sustenta en las sanciones que —aunque ya habían empezado con Obama— el gobierno de Trump ha ido sumando de forma creciente y asfixiante sobre el país. Y, finalmente, algunos de los líderes de la oposición venezolana, en estos dos últimos años, se alinearon bajo el protagonismo de Trump, reforzando la idea de que el presidente estadounidense representaba la única solución posible para el país”…

“Cuatro años después, el liderazgo opositor está diezmado y es casi invisible, la población se encuentra desmovilizada, controlada por el Estado mediante la pobreza. Y el chavismo no muestra ningún indicador de resquebrajamiento. Por el contrario: cada vez ejerce la violencia con mayor impunidad y, a partir de su control mediático, fortalece e impone la narrativa que afirma que toda la crisis económica y que todos los problemas del país tienen su causa en el bloqueo. Aunque en varias ocasiones, desde Washington se afirmó que ‘todas las opciones están sobre la mesa’, aludiendo obviamente a una alternativa militar, el personaje de Rambo Trump nunca llegó a las costas de Venezuela. Las sanciones tampoco han logrado la esperada ‘implosión interna’ del chavismo. Ahora, cualquiera de los escenarios de posibles soluciones al conflicto están más lejos”.

Barrera cierra con estas líneas: “El final del ciclo de Trump representa también el final de una quimera para un sector de quienes adversan al chavismo: se acaba la ilusión de que hay una salida exprés, un instantáneo desembarco de marines, una probable invasión bajo pedido. Los venezolanos ya deberíamos ser expertos y estar inmunizados ante las promesas mágicas, ante el encantamiento farsante de los Chávez y de los Trump que siempre tratan de convertir la historia de todos en su espectáculo privado”.