El ilustrador Lucas GarcÃa ParÃs, junto a la ONG Provea y otras asociaciones civiles, cronstruyen relatos gráficos de no ficción para retratar las distintas violaciones a los derechos humanos que suceden en Venezuela a lo largo de los años
Texto: AFP. Foto: Federico Parra (@federicoparra) / AFP
Ni Spider-Man ni Superman salvan el dÃa. No hay final feliz en los cómics con los que el ilustrador Lucas GarcÃa ParÃs da voz a vÃctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela.
Sus viñetas, con altos contrastes entre luces y sombras, son crudas: una gigantesca bota militar amenaza con aplastar a manifestantes en las protestas de 2017 contra el presidente Nicolás Maduro; pescadores confundidos con «guerrilleros» son atravesados por balas disparadas por soldados y policÃas en la masacre de El Amparo (en el estado Apure), ocurrida hace más de 35 años en un pequeño pueblo fronterizo con Colombia; un hombre es ejecutado por un agente con una máscara de calavera en un barrio de Caracas.
Los cómics de GarcÃa ParÃs nacieron en colaboración con organizaciones de derechos humanos como el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA) ante «la necesidad» de «un lenguaje, una iconografÃa, que fuera más cercana» a la gente, comenta a la Agencia Francesa de la Prensa (AFP) este artista de 50 años, en el pequeño estudio que tiene en su departamento en Caracas.
«Si tú me hubieses dicho hace diez años que este era el género con el cual Ãbamos a tratar temas centrales de lo que está pasando en el paÃs, no lo hubiera creÃdo», confiesa.
Venezuela tiene larga tradición en la caricatura, con grandes exponentes del humor polÃtico en América Latina como el fallecido Pedro León Zapata (1929-2016) o Rayma, pero el cómic ha sido un territorio poco explorado.
«Aquà no se hicieron cómics de superhéroes» o «grandes novelas gráficas de ficción», repasó GarcÃa ParÃs.

Maduro, que buscará la reelección el año próximo, enfrenta graves acusaciones de violaciones de derechos humanos, que se han cristalizado en una investigación en curso ante la Corte Penal Internacional (CPI).
«Una buena experiencia»
«¿Cómo le explicamos lo que está pasando a estos jóvenes que están frente a las protestas de una manera que sea más sencilla, más cercana?», fue la pregunta que según Marino Alvarado, directivo de PROVEA, impulsó la serie «Cómics de la Rebelión» en 2017.
Se buscaba con estas historietas de distribución gratuita, aunque no masiva, sortear un sofocante clima de censura que denuncian otras ONG como Espacio Público y el Instituto de Prensa y Sociedad Venezuela desde inicios del año 2000, con la presidencia de Hugo Chávez FrÃas.
Su impacto llevó a nuevas colaboraciones entre PROVEA y GarcÃa ParÃs en los años siguientes: «Camino a la Justicia» resume los informes de las investigaciones de los fiscales de la CPI y «Lo que se cuenta no se olvida» lleva a las páginas de los cómics testimonios emblemáticos de vÃctimas en un libro del mismo nombre.

«El Amparo», publicado este año, rememora la masacre de 14 pescadores el 29 de octubre de 1988. Los dos únicos sobrevivientes, aún hoy, piden justicia en un caso en el que no hay ni un detenido.
GarcÃa ParÃs ha colaborado igualmente con otras organizaciones de derechos humanos como REACIN (Red de Activismo e Investigación por la Convivencia), asà como con webs informativas; y acaba de publicar un libro propio: «El Tema. Una memoria gráfica sobre los derechos humanos».
«EmpatÃa»
GarcÃa ParÃs recuerda que cuando migró temporalmente a España en 2012, en medio del masivo éxodo por la crisis de Venezuela, regaló todos los libros de su biblioteca, salvo los cómics que atesoraba desde su adolescencia.
«Es un medio súper interesante (…). Yo escribÃa y ahorita ya no escribo, porque me he dado cuenta de que lo que me gusta es hacer cómics», explica el ilustrador, cuyas primeras aproximaciones con organizaciones de derechos humanos se dieron como diseñador o asesor de comunicación.

«Te vuelves más empático hacia el otro (…). De verdad, lo que le pasa al otro, te empieza a doler a ti», narra, esperando que sus lectores vivan esa misma metamorfosis. «La gente tiende a ver que (el tema de los derechos humanos) es un problema que pasa en otro lado y le pasa a otra gente y realmente lo que le está pasando al otro, te está pasando a ti».



