En Venezuela, menstruar sigue siendo un desafío marcado por la desigualdad. Lejos de ser solo un proceso biológico, la menstruación representa un reto mensual para millones de mujeres y personas menstruantes en el país, afectadas por la pobreza, la escasez de productos de gestión, la desinformación y los prejuicios sociales.
En el marco del Día de la Menstruación Digna, también conocido como Día de la Salud Menstrual —establecido por la ONU para visibilizar esta problemática—, se vuelve necesario subrayar las barreras estructurales que lo hacen difícil y así comprender en contextos de crisis compleja, como en Venezuela, la dimensión más amplia que recoge el término gestión menstrual, que abarca todas las herramientas e información que las mujeres y personas menstruantes deben tener a disposición para experimentar este proceso.
Pensar desde el concepto “gestión menstrual” marca diferencias con el concepto “higiene menstrual” porque mientras este refiere a un conjunto de prácticas y cuidados higiénicos de la menstruación, la gestión menstrual incluye aspectos como disponibilidad de productos (tampones, toallas sanitarias, copas menstruales y/o cualquier otro con la función de contener el sangrado); acceso a agua potable, instalaciones sanitarias, educación y salud menstrual libre de estigma y prejuicios. La gestión menstrual incorpora un enfoque socioeconómico, educativo, de garantía de derechos, acceso a oportunidades, sostenibilidad y gestión ambiental.
Según el informe 2024 de la Red de Mujeres Constructoras de Paz, titulado “Mujeres que resisten: el alto precio de la desigualdad”, 34 % de las mujeres encuestadas en 16 estados del país ha tenido que ausentarse de su trabajo o estudios durante la menstruación. Las razones van desde la falta de recursos para adquirir productos menstruales, hasta el dolor físico o la carencia de condiciones básicas como agua potable.
El daño de lo casero
Muchas mujeres, ante la imposibilidad de adquirir productos adecuados, se ven obligadas a recurrir a métodos caseros durante su periodo. Figueroa, quien también dirige la Escuela de Bienestar Integrativo de la Mujer, cita un estudio de Acción Solidaria que revela el uso frecuente de materiales como “trapitos viejos, franelas, telas o sacos”. En contextos con escaso acceso al agua potable, mantener estos métodos en condiciones higiénicas adecuadas resulta casi imposible.
“Esto las expone a un sinfín de infecciones urinarias, vaginales, candidiasis”, señala Figueroa. La encuesta incluso documenta el uso de cartones de huevo por parte de algunas mujeres como método improvisado para contener el sangrado.
Más allá del impacto físico, las consecuencias emocionales y sociales también son profundas. “La situación afecta la autoestima y el bienestar emocional. Muchas niñas dejan de ir a la escuela durante su menstruación, y hay mujeres que se aíslan de entornos laborales y familiares”, advierte Figueroa.
Un estudio de Acción Solidaria, del año 2022, detalla que una de cada cuatro mujeres en Venezuela no cuenta nunca o solo algunas veces con toallas sanitarias desechables en su hogar. En el caso de otros productos menstruales, como toallas reutilizables, copas menstruales o tampones, la cifra es aún más alarmante: tres de cada cinco mujeres no tienen acceso regular a estos insumos.
Iniciativas comunitarias
En medio de un contexto marcado por la precariedad económica y la falta de políticas públicas en materia de salud menstrual, diversas organizaciones feministas en Venezuela han asumido la tarea de visibilizar la problemática y brindar apoyo directo a las comunidades más vulnerables. Entre ellas destacan el Centro de Estudios de Derechos Sexuales y Reproductivos (CEDESEX), la iniciativa Parir por Placer y la colectiva Uquira.
Desde Cedesex, su directora ejecutiva, Suzany González Zambrano, explica que han desarrollado iniciativas en comunidades de Caracas y Miranda, con presencia permanente, centradas en el acceso y la educación menstrual. “Trabajamos la salud menstrual desde un enfoque de derechos humanos. Abordamos la menstruación como un proceso natural, biológico y poderoso de los cuerpos de las mujeres, niñas y personas menstruantes”, señala.
En estas actividades, Cedesex distribuye toallas sanitarias, copas menstruales y productos reutilizables acompañados de material educativo. Cada entrega está vinculada a procesos de sensibilización, donde se abordan los ciclos menstruales desde un enfoque científico e integral.
Por su parte, Parir por Placer ha desarrollado talleres comunitarios que abordan los ciclos menstruales y desmontan mitos alrededor del tema. También distribuyen productos de gestión menstrual y han diseñado la primera agenda menstrual del país, una herramienta pedagógica que permite rastrear el ciclo menstrual y educar sobre los cambios del cuerpo. Además, elaboran y comercializan toallas de tela reutilizables, lo que les permite autofinanciar donaciones a mujeres en situación de vulnerabilidad.
Otra organización que ha incorporado la salud menstrual en su agenda es Uquira, una colectiva feminista interseccional que trabaja especialmente con personas trans y no binarias, una población que enfrenta barreras aún mayores.
“No solo donamos kits menstruales; también ofrecemos espacios seguros donde estas personas pueden hablar de sus experiencias sin prejuicios”, explica Nohelia Urbina, integrante de la colectiva. Urbina advierte que la experiencia de menstruar en este contexto “puede ser muy dura” y representa una constante vulneración de los derechos sexuales y reproductivos, especialmente para hombres trans y personas no binarias.
En ausencia de políticas estatales efectivas, estas organizaciones sostienen con esfuerzo propio una red de apoyo que intenta responder a una necesidad básica: gestionar la menstruación con dignidad.
*Puede leer este trabajo completo en Redsonadoras.com



