La primera vez que Oriana Uzcátegui bajó a La Guaira después del terremoto todavía no sabía cuánto iba a durar la búsqueda.
Era 25 de junio. Había pasado apenas un día desde que dos movimientos sísmicos estremecieron al país y hundieron parte de Residencias Club Bahía Mar., en Caraballeda. Allí estaba su prima Yurbis Durán, de 50 años, junto a su esposo, Pedro Ancheta, y sus hijas Natalia y Fiorella.
44 días después, Oriana sigue haciendo el mismo recorrido.
Caracas-La Guaira. La Guaira-Bahía Mar. Una y otra vez.
“Desde el día 25 de junio bajamos todos los días a buscar a mi prima”, cuenta.
A comienzos de julio encontraron a Pedro, Natalia y Fiorella. Yurbis no estaba entre ellos.
El terremoto terminó. La búsqueda de Oriana, no.
El viaje aún sin destino
El 25 de junio comenzó una rutina que Oriana no había elegido.
Cada día baja desde Caracas hasta La Guaira. Su destino sigue siendo Residencias Club Bahía Mar, donde vivía Yurbis junto a su esposo y sus hijas.
El edificio se hundió durante el doble terremoto. La familia estaba en un apartamento del primer piso. En los primeros días, según cuenta Oriana, la falta de maquinaria dificultó las labores para excavar entre los restos. Luego comenzaron a aparecer los cuerpos, entre ellos, los de Pedro, Natalia y Fiorella. Yurbis seguía sin aparecer.
Para Oriana, la emergencia no entró en otra fase. Siguió siendo la misma.
“Desde el día 25 de junio bajamos todos los días a buscar a mi prima”, contó.
En una frase cabe la dimensión de esos 44 días: no hay teoría sobre la recuperación, no hay calendario institucional ni cambio de nombre para la emergencia. Hay un trayecto que se repite porque todavía falta una persona.
La búsqueda que desapareció del balance
El 3 de agosto, después de diez días sin publicar reportes, el Gobierno reapareció con un boletín denominado “Etapa de Reconstrucción”.
La cifra de fallecidos pasó de 5546 a 6125: 579 más que en el último reporte difundido el 24 de julio. Pero el nuevo balance no informó cuántas personas permanecen desaparecidas.
El dato tampoco fue sustituido por una explicación sobre las familias que continúan buscando. Simplemente no aparece.
La reconstrucción, en cambio, sí tiene números.
El Gobierno informó que ha evaluado 43 679 viviendas. De ellas, 41 624 presentan algún nivel de afectación: 25 325 son habitables, 9866 tienen uso restringido y 6433 están en alto riesgo.
También informó la entrega de 287 viviendas. Sobre los escombros, el balance registra 346 755 toneladas recogidas: apenas 16,51 % del total estimado.
Otros datos que aparecían en el reporte anterior también desaparecieron: 16 740 heridos, 17 907 damnificados, 107 campamentos transitorios con 23 811 personas refugiadas, familias atendidas, agua y alimentos distribuidos y voluntarios movilizados.
“La Guaira necesita ayuda”
La búsqueda de Oriana ocurre en una comunidad que tampoco siente que la emergencia haya quedado atrás.
“La ayuda ha bajado demasiado. Todo está desolado. No hemos recibido ayuda ni del Gobierno. La Guaira necesita ayuda”, fue el reclamo transmitido desde la zona.
La frase llega cuando la respuesta empieza a cambiar. Durante los primeros días, la urgencia estaba en rescatar personas, atender heridos, llevar agua y alimentos y habilitar espacios para quienes habían perdido sus viviendas.
Ahora aparecen otras necesidades: rehabilitar inmuebles, recuperar empleos, mantener tratamientos médicos y acompañar a quienes atraviesan duelos.
La emergencia dejó de ser solamente una montaña de concreto. También se convirtió en una casa que ya no se puede habitar, un trabajo que desapareció, un tratamiento que se interrumpió, una familia que perdió a alguien. O una persona que todavía no ha logrado ubicar a su ser querido.
Oriana cuenta que no es la única. En la zona hay otras familias que continúan buscando a los que aman entre los escombros. Una madre busca a su hija. Otra mujer también busca a la suya. Son siete, según el testimonio recibido, quienes permanecen vinculados a estas búsquedas.
Cuando la gente responde antes que las instituciones
La encuesta Verdad Venezuela, elaborada por Meganálisis entre el 18 y el 28 de julio, muestra hasta qué punto la respuesta institucional quedó bajo sospecha.
El 80,2 % de los encuestados dijo sentir indignación después de los terremotos. El 73,8 % manifestó impotencia y el 70,5 %, tristeza.
La evaluación del Gobierno fue todavía más severa: 91,6 % calificó como mala o muy mala la respuesta del gobierno interino de Delcy Rodríguez y 95,9 % consideró que las autoridades pudieron haber hecho más.
La información oficial tampoco consiguió recuperar confianza.
El 93 % consideró insuficiente o inexistente la información entregada por las autoridades y 94,1 % dijo no confiar en los datos proporcionados por el Gobierno.
Hay un dato que funciona casi como respuesta a todo lo anterior: el 90,3 % de los encuestados consideró la solidaridad ciudadana como el aspecto más admirable de la emergencia. El 88,4 % destacó la generosidad de la población.
La ayuda que sí llegó
Hasta el 1 de agosto, Cáritas Venezuela había recibido 22 391 toneladas de ayuda humanitaria. De ellas, 19 141 toneladas, 85 % del total, ya habían sido distribuidas.
La organización reportó 2 .144 kits entregados: 15 370 de alimentación y 10 774 de higiene y uso personal. La cobertura alcanzó a más de 26 000 familias, con un impacto estimado de 130 720 personas.
También fueron distribuidas 102 326 unidades de medicamentos e insumos médicos.
La operación movilizó a 7860 voluntarios directamente en las zonas de emergencia y contó con el respaldo de una red de alrededor de 10.000 voluntarios en todo el país.
Cáritas también advirtió en su quinto boletín que la emergencia entró en una etapa “menos visible, pero igual de dolorosa”. La organización pidió mantener el flujo de alimentos y agua y avanzar hacia la rehabilitación de viviendas, el restablecimiento de empleos, la atención de la salud física y emocional y la recuperación de los medios de vida.
Dos años de respuesta para una emergencia que no cabe en 44 días
La Cruz Roja Venezolana ya trabaja con un horizonte de 24 meses.
Su director general, Simón Pestano, explicó en una conversación con Runrun.es que la institución contempla cuatro fases: asistencia humanitaria, estabilización y recuperación temprana, recuperación prolongada y fortalecimiento de la preparación comunitaria.
“Estamos observando mucho duelo”, dijo Pestano. La organización ha brindado acceso a agua segura a más de 12 500 personas y apoyo psicosocial a más de 2300. El hospital de campaña instalado después del terremoto permanecerá operativo seis meses más y la institución trabaja en la construcción de un centro logístico humanitario en La Guaira.
La recuperación, entonces, ya tiene un calendario. Pero no todos los afectados tienen el mismo reloj. Para una organización, 24 meses es un plan. Para una familia que busca a un desaparecido, 44 días pueden sentirse como una sola jornada que nunca termina.
Luis Ernesto Blanco, director editorial de Runrun.es, lo resumió durante la conversación en la que Pestano explicó la estrategia de la Cruz Roja:
“La recuperación va más allá de los escombros. Será lenta por su magnitud, pero será progresiva”.
Una Venezuela “feliz” que todavía necesita ayuda
Aún a pesar de esta Venezuela que todavía cuenta sus muertos, sus viviendas dañadas y sus necesidades, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el país era “muy feliz de nuevo”, pese a reconocer que había sufrido un terremoto “muy malo”.
Entre enero y julio de 2026, la imagen positiva de Trump entre los venezolanos cayó 70,6 %. Además, 77,5 % de los consultados manifestó decepción ante el respaldo de su administración a figuras vinculadas con la cúpula chavista.
La Venezuela feliz que describió Trump no parece ser la que aparece en los datos de Meganálisis. Tampoco es la que se encuentra en La Guaira. Allí hay viviendas en riesgo, familias que necesitan reconstruir sus medios de vida, personas que cuestionan la respuesta del Gobierno, organizaciones humanitarias que piden que la ayuda no se detenga.
Y, principalmente, están las personas como Oriana Uzcátegui, que no pueden pasar la página hasta no encontrar a sus familiares, y que siguen intentándolo sin ayuda estatal.
En Bahía Mar todavía falta una. Se llama Yurbis. Y Oriana sigue bajando a diario a La Guaira con la esperanza de, por lo menos, encontrar su cuerpo.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.



