La opción de una dupla de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez a la cabeza de los poderes ejecutivo y legislativo, cuyos mandatos de facto duren todo lo que tengan que durar, es un escenario que complace a varios. El “malo conocido” se ha vuelto en una excusa muy usada por Tirios y Troyanos. ¿Para qué agitar el panal de avispas si ellas están tranquilas haciendo su paciente trabajo de “adecentar” el régimen? Son varios los grupos que prefieren a “Delcy Forever” en compañía de su hermano Jorge. El mismo sistema de nepotismo y privilegios, negocios opacos, cinismo al tope y mediocridad asegurada.
Los primeros interesados en la extensión sin fin de este dúo dinámico en el poder son los chavistas, civiles, policías y militares, que apuestan a que, con la ley de amnistía, la reformada ley de hidrocarburos y algún que otro cambio cosmético, como la transformación de El Helicoide en un centro cultural-deportivo para la familia, todo permanecerá más o menos igual. Ese chavismo insertado en la nomenclatura cívico-militar seguirá con las suyas. Seguro que con más dólares circulando en la economía (y en sus bolsillos), menos sanciones, vuelos directos a Miami y visas para entrar a EE. UU. a quienes se porten bien. Podrán volver a Disney World.
Otros que sueñan con “Delcy Forever” son periodistas e intelectuales a quienes les produce comezón en el cuerpo que se hable de transición hacia la democracia y elecciones. ¿Cómo se pretende que la ciudadanía se exprese en unas elecciones democráticas? Según sus análisis habrá que esperar al menos un cuarto de siglo para que se pueda convocar el voto de los ciudadanos por un nuevo gobierno y una nueva Asamblea Nacional. Primero, argumentan, habría que “purgar” el alma de los venezolanos de las supuestas taras que han dejado 27 años de chavismo y otros tantos de lo que ellos llaman la oposición contaminada de mesianismo (apuntan, claro, a María Corina Machado, el blanco de sus ataques). Estos periodistas e intelectuales serán los que nos reeduquen a todos para que votemos “bien” la próxima vez.
En el grupo de los fanáticos de “Delcy Forever” están los petroleros de medio pelo. No se trata de las grandes corporaciones petroleras mundiales, las que ya le dijeron a Donald Trump que por ahora no invertirán en Venezuela. Se trata de las petroleras que ya están en el país. Ellas quieren sacar provecho de lo que invirtieron y cobrarse las deudas que PDVSA tiene con ellas. También quienes han recibido contratos de explotación les gusta la presidencia dual de los Rodríguez. Son empresas de papel que aspiran a negociar esos contratos y sacarle una buena tajada de dólares.
Los petroleros de medio pelo, así como sus lobistas internacionales y nacionales, prefieren el statu quo para mantener la calma y evitar cualquier disrupción. Les encanta la paz chavista sin aspiraciones de justicia y democracia. Todo puede esperar mientras ellos protegen sus intereses petroleros y los de sus contratistas. Y prometen una recuperación económica que complace igualmente a lavadores de activos producto de operaciones ligadas al narcotráfico, corrupción y financiación del terrorismo.
Estirar el mandato de facto
El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) hará todo lo necesario para alargar el mandado de la presidenta interina y de la Asamblea Nacional. Los magistrados ya han demostrado que están dispuestos a obedecer las órdenes de los hermanos Rodríguez. Cuando se cumplan los seis meses sin Nicolás Maduro en la presidencia, a principios de julio de este año, el TSJ sentenciará que no hay realmente ausencia permanente del presidente depuesto. Dirá que ha sido “secuestrado”. Así que poniendo a un lado lo que establece la Constitución (a los seis meses de vacante definitiva del presidente hay que convocar nuevas elecciones), dictaminará el tribunal que Delcy Rodríguez podrá terminar el periodo presidencial.
El chavismo ha sabido manejar los vacíos de poder. Ya lo hizo cuando Hugo Chávez fue obligado a renunciar por los militares en abril de 2002 después de los asesinatos ocurridos en Caracas en las manifestaciones que pedían su salida de la presidencia. También en la oportunidad en la que Chávez, ya muy enfermo, “gobernaba” a distancia desde Cuba en 2011. Y como lo hizo el chavismo cuando Chávez se fue a La Habana en diciembre 2012, dejando designado como sucesor a Nicolás Maduro. Después vendrían el fallecimiento del “comandante eterno” (hay dudas sobre la fecha de su deceso), y las elecciones fraudulentas que amarraron a Maduro en la presidencia hasta que se produjo la extracción del 3 de enero por parte de fuerzas de los Estados Unidos.
A “Delcy Forever” se la puede querer por acción u omisión. Lo más llamativo es que inteligentes observadores de la vida nacional terminan jugando a favor del “Rodrigato”. Según ellos, Venezuela necesita estar bajo tutela de los EE. UU. lo más posible. Esto complace mucho a los chavistas reconvertidos en mansos corderillos, aunque a veces muestren sus sangrantes colmillos.
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