La presencia de Nicolás Maduro en el poder puede atender a otros llamados, que superan el balance entre los costos y los beneficios, y algunos de ellos -el fanatismo político, por ejemplo- a veces no son percibidos a simple vista por el campo democrático. La democracia
“Crear incentivos para obligar a Nicolás Maduro a negociar”. Es una de las frases que más se le escucha a María Corina Machado en sus comparecencias a la prensa. “Buscar un equilibrio en el cual los costos de permanecer en el poder sean superiores a sus beneficios”.
Es un razonamiento que parece abarcar satisfactoriamente los extremos del nudo planteado con la crisis de estado que existe en el país, aunque claro que la presencia a todo evento de Nicolás Maduro en el poder puede atender a otros llamados, que superan el balance entre los costos y los beneficios, y algunos de ellos -el fanatismo político, por ejemplo- a veces no son percibidos a simple vista por el campo democrático.
María Corina Machado no acepta la idea de que el objetivo de una genuina transición a la democracia parece por ahora estancado, o incluso pospuesto, a pesar de la marcha al exilio del candidato ganador.
Todo lo contrario: en su tono de voz, en la expresión de su rostro y en el contenido de sus reflexiones, Machado se esmera en ofrecer la idea de que la transición política hacia la democracia es una operación que está en pleno desarrollo. El marco de gestiones parece estar funcionando fuera de la vista del público. “Esto lo vamos a lograr y Edmundo González Urrutia va a juramentarse el 10 de enero”, afirmó María Corina Machado en una rueda de prensa virtual que ofreció el 1 de octubre.
Es cierto que la fundadora de Vente Venezuela ha llegado hace rato más lejos de lo que muchos han supuesto, adelantado una brillante estrategia política que llevó la causa del cambio democrático a lugares insospechados, inconcebibles de concebir hace apenas un año.
Lo que cabría preguntarse es si no se está topando con el mismo muro infranqueable que han encontrado todos los esfuerzos anteriores para restaurar el criterio de la alternabilidad política, para convertir la circunstancia en un tema estático. Para el politólogo Jhon Magdaleno, “es un momento delicado para la oposición, el primer reto es tratar de validar el cambio, y eso va a imponer en lo sucesivo una serie de subtramas, el desafío de la oposición es mantenerse cohesionada, para cobrar se requiere unión y desde luego la dirección opositora tiene que replantear su estrategia”
Tiempos de baja exposición
La dirigente opositora parece muy consciente de que no es este, precisamente, tiempo de multitudes: si la población ya se ha manifestado el pasado 28 de julio y tantas personas han sido llevadas a la cárcel, la peligrosidad de la situación actual exige medidas especiales en contra de la sobreexposición. Motivo por el cual no parece muy probable que se convoquen nuevas manifestaciones en las calles.
Los potenciales instrumentos disuasivos que pueda tener consigo María Corina Machado para obligar a un gobierno como este a aceptar negociar los términos de su salida del poder -luego de imponerle al país, sin que nadie pueda impedirlo, la actual encrucijada que vive la sociedad venezolana- siguen formando parte de un misterio en torno a los secretos del estado nacional.
Un misterio que es similar al misterio de la muerte, y que, con alta probabilidad, consista en que, en realidad, en torno a la naturaleza de las cosas, no hay ningún misterio. Zonas insondables en el campo del análisis político.
Machado trabaja tesoneramente para sumar aliados internacionales y fundamentar una percepción consensuada en torno a la victoria de Edmundo González sobre Maduro, objetivo que viene concretando. La exposición hecha por la jefa de la misión electoral del Centro Carter en Venezuela, Jennie Lincoln ante la Organización de Estados Americanos (OEA) este miércoles, 2 de octubre con las actas de votación de las elecciones presidenciales del 28 de julio permite confirmar la victoria de Edmundo González el 28 de julio.
Adicionalmente, los progresivos contactos que adelanta la líder de la oposición con gobiernos de la región, actores bilaterales, foros académicos, espacios multilaterales tienen carácter político y económico. A diferencia de lo que ocurrió en los retos electorales de los tiempos de Hugo Chávez, es el relato de la oposición el que ha tomado cuerpo como verídico y ganador en los espacios subregionales, en la opinión pública internacional, en los círculos diplomáticos, en la mayoría de los gobiernos de la región, e incluso en Naciones Unidas.
Esta agenda de contactos y alineamientos en torno a un diagnóstico sobre lo que ocurre en Venezuela debería ser orientada en una dirección conforme se acerca la fecha de la toma de posesión. Los nubarrones sugieren más sanciones. Todo indica que la pugna política que se plantea de nuevo sobrepasa con facilidad la llegada de enero, y eso aumenta la posibilidad de que aumente la represión dentro del país.
Sin hambre de poder
Sin embargo -todo hay que decirlo- la marcha forzada -y silente- del candidato ganador, Edmundo González Urrutia, envía una señal que va en el sentido opuesto a cualquier idea de transición a la democracia, y ha dejado abiertas algunas diferencias de criterio y de procedimiento entre ambas personalidades. Machado ha pasado parte de este tiempo haciendo control de daños en torno a las consecuencias de una decisión sobre la cual no tuvo incumbencia.
La mecánica para recomponer definitivamente un funcionamiento mutuo y complementario entre ambos dirigentes -el afuera, ella adentro- seguramente se irá consolidando con el paso de los días, pero claro que agosto fue un mes en el cual las comunicaciones entre ambos se cruzaron.
Desplazándose sólo, evadiendo persecuciones, presionado hasta el extremo, sin certeza sobre su seguridad, entrando en contacto con actores desconocidos para él en el país y en el exilio, González Urrutia pisó varios peines, y uno de ellos probablemente fue haber aceptado firmar las cartas que pusieron bajo su rostro los hermanos Rodríguez en la embajada de España como condición y acuerdo general para su salida del país.
Sus helados pronunciamientos políticos posteriores en el exterior evidencian en ocasiones una cierta ausencia de hambre de poder. Algunos de ellos, particularmente el primero que hizo público después de su partida, cayeron como una bomba en el ánimo de muchas personas.
Es completamente cierto que la mayoría de la población parece comprender el carácter atípico, independiente y alejado de la política que tiene Edmundo González Urrutia, y le agradece el enorme esfuerzo personal hecho. Asumiendo, finalmente, el desenlace con cierta naturalidad y discreción.
El país camina hacia un fin de año con una aparente normalidad navideña en las calles, pero con una contínua, y muy peligrosa acumulación de tensiones en las zonas de poder del estado nacional. Los organismos y oficinas del Estados fueron adornadas y en el caso de la sede de PDVSA, en La Campiña, hubo lanzamientos de fuegos artificiales mientras en otra parte de la ciudad, los adultos mayores protestaban por la reivindicaciones de sus pensiones y jubilaciones.
Podría ser verdad que Machado concrete la sorpresa, y consiga el milagro de liberar las claves de acceso a la legalidad democrática, con una estrategia que claramente está buscando apoyarse en una consensuada indignación internacional sobre lo lejos que ha llegado el chavismo con su obsesión de poder en el marco de una costosa crisis migratoria, concretando la idea de que “es hora de actuar”.
Parece más probable que Maduro decida asumir y convivir con esos, y otros mecanismos internacionales de presión, para hacer de ellos su bandera de protesta, legítimo para aquel que quiera reconocerlo, apadrinado por Rusia y China, sin que nada pueda impedir su presencia en el poder.
Asumirá el relato de la legalidad en sus términos, independientemente de los argumentos y las observaciones que le tienen tantos venezolanos al recién finalizado proceso electoral, y se abrirán las compuertas a tiempos de mayor inestabilidad y tensiones.



