Una de las variables más importantes de la economía venezolana es el precio del dólar, un activo que siempre es más caro que el día anterior y que mantiene en vilo los presupuestos de empresas, familias y personas.
El precio del dólar respecto al bolívar es el indicador económico más seguido por todas las personas en el país, pues sus cotizaciones diarias son la verdadera referencia para el resto de los precios de bienes y servicios que por aquí se transan al ritmo de la inflación más alta del mundo.
Hay un problema adicional: existen al menos cuatro tipos de cambio, del dólar, y al menos uno del euro, en una economía que vive una dolarización informal y desordenada.
Todo esto provoca distorsiones adicionales en las relaciones económicas y a la hora de determinar el valor de las cosas y propiedades, desde un kilo de cambures, cuánto cobra el plomero por cambiar una llave, o hasta cuánto vale una casa.
Desde el 2 de enero hasta el cierre de mayo el precio del dólar en el mercado oficial medido por el Banco Central de Venezuela (BCV) aumentó 85,37%. Esto supuso que el malogrado bolívar perdiera otro 46% de su valor frente a la divisa verde.
En el mundo hay pocos casos en los que una economía esté sujeta a este ritmo constante y marcado de devaluaciones diarias, semanales y mensuales.
Depreciación a paso de vencedores
En los 12 meses terminados al cierre de mayo, el precio del dólar oficial ha aumentado casi cinco veces (es decir, 467%) al pasar de Bs 96,85 el 30 de mayo de 2025, a 549,37 bolívares el 29 de mayo de 2026. Esto también representa una depreciación interanual de 82%.
Pero ese tipo de cambio que el BCV publica de lunes a viernes como resultado del promedio de operaciones diarias de los bancos no es ni siquiera el más relevante entre las tasas oficiales.
Por ese lado hoy es más importante la referencia de la “tasa de intervención cambiaria”, es decir, el precio al cual el Central le vende directamente las divisas a los bancos para que a su vez se las vendan a sus clientes (personas o empresas).
La intención es frenar la velocidad del paralelo. Para junio esa tasa de intervención del BCV arranca en 615 bolívares por dólar, o de 716 bolívares por euro.
Pero esa política tampoco logra contener el precio del paralelo. De hecho, hay testimonios de empresas y personas que adquieren divisas mediante ese mecanismo y después las venden en el paralelo, ganando con el arbitraje (diferencia) entre ambas tasas.
Y claro, como a nadie le han subido los ingresos ordinarios a ese ritmo, ni las propiedades se revalorizan con tanta velocidad, eso significa que todos somos más pobres y todos hemos sufrido daños en nuestro patrimonio.
A tasa Binance
Pero las cosas se ponen peor si vemos el mercado paralelo, que es el que en realidad fija los precios de referencia para todo lo que se compra y se vende por aquí.
Ese es un mercado informal y arbitrario, que responde con nerviosismo a señales políticas, a medidas tomadas por el gobierno, a pagos de bonos a los trabajadores públicos, a los flujos de liquidez en bolívares en el mercado, el aumento del circulante de dinero, temporadas festivas y de vacaciones y hasta a fechas fiscales como los cierres de ejercicios de empresas y de pagos de impuestos.
Hay varias tasas de referencia para los precios del paralelo, entre ellas el tipo de cambio dólar peso en Cúcuta, Colombia; la de transferencias vía PayPal; el precio de las criptomonedas, especialmente la negociada en la plataforma internacional Binance, y el promedio de todas esas tasas.
Desde hace algunos meses, en la calle, la cotización Binance se ha convertido en la referencia reina del mercado paralelo.
Pero hay un problema adicional que cada día está flotando en el ambiente y está por detrás de cada transacción: la brecha cambiaria, es decir, la diferencia entre esa tasa, digamos la Binance, con respecto a la tasa oficial reportada por el BCV.
En la primera semana de junio esa brecha rondaba el 35%. Esto significa que si a usted le pagan un bono, una pensión, o un servicio informal a la tasa del BCV, cuando vaya a gastar esa plata en un supermercado del mundo real, tendrá un tercio menos de lo que logró cobrar.
Es que los agentes económicos, desde el dueño del abasto hasta el pescadero, el mecánico y los contratistas, saben que el dólar BCV está muy por debajo de la tasa real. Entonces, a la hora de marcar los precios en los anaqueles, o de pasarte la factura por el cambio del tren delantero del carro, ya le están sumando, “embutida”, esa diferencia…aunque uno no siempre se dé cuenta.
Y esto es uno de los combustibles de la inflación.
La brecha se ha moderado un poco respecto al 45% en febrero y al estrafalario pico del 132% que alcanzó el 6 de enero, cuando la tasa Binance se elevó a 714 bolívares, más del doble del oficial de ese día, en medio de la zozobra y la incertidumbre desatadas por lo que pasó el 3 de enero.
La tasa Binance es como ahora mayormente se llama al paralelo entre una parte de creciente de los venezolanos. Se refiere al valor expresado en bolívares de la criptomoneda estable USDT, que se negocia en Binance.
Brecha cambiaria e inflación
“La gente quiere utilizar un tipo de cambio diferente al tipo de cambio oficial porque éste es irrelevante en el proceso de toma de decisiones de consumo”, resume el economista Efraín Velásquez, socio de la firma AGPV Consultores Económicos.
La brecha, observa, seguirá siendo importante, asumiendo que no hay cambios relevantes en la política monetaria y cambiaria.
Y la inflación está impulsada por la brecha cambiaria. Las empresas tienen que emitir sus facturas al tipo de cambio oficial, pero deben reponer sus inventarios de materias primas al tipo de cambio más elevado, como el paralelo, y para cubrirse tienen que aumentar sus precios finales, resume Velásquez.
“Lo que necesitamos es que el tipo de cambio oficial se mueva más rápido para que se acerque al tipo de cambio de intervención”, agrega este reconocido economista.
Pero hay otra mala noticia desapercibida: por mucho que se devalúe a diario la moneda, todavía el tipo de cambio está por debajo de lo que debería ser, si se considera el ritmo de la inflación, calculada por AGPV en 113% acumulada hasta el cierre de mayo.
Según los cálculos de AGPV el tipo de cambio oficial cerró en mayo con una sobrevaluación del 53,7% y el paralelo la tuvo de 38%, si se compara ese precio del dólar respecto a la inflación.
Esto significa que para que estuviera equilibrado, el “tipo de cambio de paridad” debió cerrar mayo en 1.196,9 bolívares, calcula AGPV.
¿De dónde salen las tasas paralelas?
En Venezuela hay al menos dos plataformas autorizadas por el gobierno chavista: Crixto y Kontigo (esta última trabaja con USDC, otra “stablecoin”, o moneda estable) y ambas nos conectan directamente con el universo Binance, con información pública, notoria y comunicacional.
Tanto USDT como USDC están vinculadas al valor del dólar estadounidense en una relación 1 a 1. Ambas son vías de intercambio para comprar y vender divisas en operaciones directas de los interesados, para transacciones con otros valores, o de ahorro o pagos de compras con estos activos digitales.
A comienzos de junio la tasa de referencia estaba en Bs 743 por dólar, con una brecha del 34% respecto a la tasa oficial BCV, según Monitor Dólar Venezuela.
Pero, ¿cuál es el impacto de esa brecha y por qué distorsiona tanto?
Llámese Binance, Paralelo, Dólar Cúcuta o el recordado Dólar Today, el tipo de cambio del mercado real es una expresión simplemente de expectativas y desconfianza de los agentes económicos (todo el que compra y vende algo) en la economía nacional, en quienes hacen la política económica y en el futuro.
La gente sabe que el dólar seguirá subiendo de precio y que la tasa oficial no es real. Esa cotización, aunque también nos atormente a diario, sigue estando por debajo del ritmo de aumento de los precios, es decir, de la inflación.
Lo cierto es que el precio del dólar sigue subiendo, pese a los esfuerzos del propio Banco Central por inyectarle –y quemar- divisas al mercado oficial para intentar elevar la oferta disponible y atender las demandas de la economía.
Un asunto de confianza
Solamente en junio el BCV intervendrá ofreciendo $1700 millones al mercado oficial, lo que supondrá un aumento respecto a mayo, cuando la oferta fue de 1580 millones, según datos recabados por el portal Banca y Negocios, de la consultora Aristimuño y Asociados.
La tasa que ofrece el emisor a los bancos en junio es de 615,52 bolívares, contra la de Bs 611 en mayo, lo que es considerado por esa consultora como “una señal de estabilidad en el sistema cambiario”.
Lo cierto es que en mayo el tipo de cambio aumentó otro 13,76%, con un 12% más de devaluación del bolívar. La constante quema de divisas no logra mayor efecto, básicamente porque el país no tiene otras fuentes importantes de moneda dura.
La demanda de dólar ha sido tan firme históricamente que esa es una de las razones por las cuales el gobierno ha intentado frenar el circulante usando como recurso el encaje bancario (porcentaje de los depósitos del público que obligatoriamente deben ser esterilizados en el BCV).
Ese porcentaje neutralizado es del 73% y es una herramienta usada por los pensadores económicos chavistas para frenar la liquidez, con el entendido de que si sueltan dinero a la calle esos bolívares se irán a al mercado cambiario a comprar más dólares y con ello subirá más la moneda y se impulsará más la inflación.
Recuerde este dato cuando lamente que su banco no le sube el límite de tarjeta de créditos, ni ofrezca créditos hipotecarios ni a la pequeña y mediana industria, o a los emprendedores. Es un asunto de confianza y desconfianza, simplemente el mercado sabe que sin una economía estable y sin un gobierno con credibilidad en cuanto a sus políticas económicas, la gente prefiere resguardarse en divisas en vez de arriesgar inversiones en bolívares.
A los agentes económicos les importa poco lo que digan la copiosa y mendaz propaganda chavista y los más optimistas economistas o candidatos a inversores. Todavía no se ve el prometido flujo enorme de inversiones petroleras que ayuden a reactivar la economía, generar empleo, aumentar con fuerza el ingreso de divisas por exportaciones, cerrar la brecha cambiaria y doblegar la inflación.
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