Se desarrolla en Caracas la segunda ronda de diálogo político entre las delegaciones del chavismo y la oposición. Se trata de un proceso promovido por los Estados Unidos, que ya tuvo unas primeras sesiones iniciales de trabajo en agosto. Son jornadas que se ocurren con discreción, enhebrando una especie de correlato que ocupa su lugar junto al ruido del debate sobre los acuerdos petroleros y los intereses económicos de la Casa Blanca en el país.
Del propio núcleo de las mesas de trabajo en Caracas se filtra información: la atmósfera de las conversaciones ha sido llevadera; se han ido produciendo acuerdos a una velocidad interesante, y no parecen existir -hasta ahora- grandes obstáculos que franquear para irse aproximando a los puntos más delicados. Un nuevo Consejo Nacional Electoral, o una fecha definitiva para unas elecciones, son temas que aún no aparecen en el radar, pero son asumidos como la consecuencia natural de todo este esfuerzo.
Quedan, de acuerdo a los reportes, unas cuatro jornadas de trabajo. Se presume que a comienzos del año que viene se puedan presentar anuncios concretos en materia de reinstitucionalización.
En ese encuadre, se han ido concretando acuerdos para la recuperación de activos de la República, en principio del oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra (31 lingotes, equivalentes a 4 mil millones de dólares). Estados Unidos no ha querido colocar un centavo de sus contribuyentes para financiar la atención de los problemas venezolanos en todo el marco de sucesos del país, como consta en muchos reportes informativos.
Tarifa mínima
Bajo la presunción de que se trata de una nación con recursos, que después de todo tiene algunos instrumentos para atender sus problemas, los acuerdos en torno a los activos en el extranjero también han ido cobrando prioridad. El restablecimiento de las relaciones con el Reino Unido, anunciado por Caracas y confirmado por Londres, parece indicar que los británicos comienzan a desprenderse de este problema. El oro nacional será trasladado al Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Todavía no se escucha nada sobre Citgo y otros activos nacionales comprometidos en costosos litigios.
Voceros involucrados en este proceso, coinciden en señalar que, en esta ocasión, y a diferencia de otras, la presión de los Estados Unidos está haciendo la diferencia. Miraflores ha puesto algunas condiciones, pero en esta ocasión no ha escogido ni el lugar de las negociaciones, ni su fecha, ni siquiera todos los temas que se van a discutir. Washington presiona y está pidiendo resultados.
El terreno que se ha avanzado en torno a temas modulares -absolutamente necesarios en cualquier cartografía hacia la transición a la democracia- , como las reformas en el sistema de justicia y el nombramiento de un nuevo TSJ, tienen mucho que ver con la intervención estadounidense. Puede afirmarse lo mismo de la restitución de derechos constitucionales, como las garantías para el ejercicio de la política y la libertad de expresión, que ya está la zona de debate.
Historia conocida
El país conoce la mecánica de estos procesos, porque ya se han vivido varios: en las primeras de cambio se cuelan versiones alentadoras sobre la posibilidad de acuerdos y un desenlace afortunado. Con el paso de los meses, la voluntad de los actores se va entumeciendo entre las medias verdades, el ánimo especulativo y los intereses creados. Y si los contenidos de los acuerdos ya firmados pesa demasiado, como sucedió en Noruega y en Barbados, pues sencillamente no se cumplen.
Asumiendo como inevitable el escepticismo aprendido, quizás sea necesario observar la dinámica de las jornadas de diálogo de Caracas dentro del marco general de la presencia estadounidense en el país. Washington ciertamente ejerce una tutela irritante sobre asuntos domésticos del país, e impone sin disimulos la agenda de sus intereses económicos para explotar los recursos locales.
Pero la presión que se imprime en el escenario de las negociaciones paritarias chavismo-oposición acaso podría estar configurando la cara añadida del plan para la transición que ha enunciado públicamente el secretario de estado, Marco Rubio. Mientras las cosas estén en este contexto, el chavismo tiene una sola opción para retener el poder: retroceder.
Sentados por necesidad
Un dirigente político próximo al equipo político de la oposición en la mesa de Caracas que ha preferido no identificarse, comenta: “El 3 de enero produjo un antes y un después en Venezuela, tendemos a olvidarlo. El régimen ha quedado sobrepasado. Los chavistas no quisieran estar en esa mesa, ni que los Estados Unidos estén presentes en el país, ni tener que hacer concesiones a la oposición. Lo hacen porque tienen que hacerlo. Nosotros sabemos que aquí no hay ninguna vocación democrática. Lo hacen por obligación.”
El desembarco de funcionarios estadounidenses; la llegada de empresas para explotar recursos; la luna de miel entre Miraflores y la Casa Blanca; la promesa del crecimiento económico; la necesidad urgente de atraer capitales; el repliegue de las consignas y los grandes objetivos del chavismo y la consolidación del descontento podrían consolidar un entorno que potencie la transición.
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