Todos los fines de semana apenas se comienza a subir por el Pasaje Linares, en pleno casco histórico de Caracas, se percibe en el ambiente que algo pasa o va a pasar porque toda la gente, en su mayoría adultos mayores y también no tan mayores, caminan hacia una misma dirección: el eco de una música que, a lo lejos, parece ser una salsa brava.
Siguiendo el origen del sonido de “Las Caras Lindas”, interpretada por el fallecido cantante Ismael Rivera, ahí estaban los “abuelos bonchones”, como ellos mismos se autodenominan, hombres y mujeres de avanzada edad que se reúnen para bailar, compartir, divertirse y olvidarse de la rutina en la plaza El Venezolano.
La pista de baile no es una cualquiera: es al aire libre y bordeada de mucha historia, pues además de ser uno de los espacios públicos más antiguos de Caracas, está justo al frente de la Casa Natal del Libertador Simón Bolívar, el Museo Bolivariano y otras edificaciones de la época colonial.
Al ritmo de salsa, merengue y bachata, los abuelos bonchones se juntan de viernes a domingo desde las cuatro hasta las ocho de la noche para disfrutar de buena música, compañía, pasar un momento agradable y hasta encontrar el amor.
“Somos amigos y hermanos”
La tarde transcurre entre risas, música y abrazos y unos pasos de salsa característicos de la década de los 60 y 70. también otros más alegres y atrevidos, se sientan solo a contemplar a los demás bailar, pero en compañía de una botellita que parece ser algún licor.
Rafaela Useche tiene 65 años, de los cuales 25 los ha dedicado a visitar la plaza El Venezolano religiosamente. Pertenece a la directiva del Club del Adulto Mayor y se encarga de que todo se desarrolle de manera organizada y en paz. Con mucha alegría, detalla que la pasan muy bien, celebran todos los cumpleaños, el Día de la madre y también el Día del padre.
“Aquí estamos todos los fines de semana, me gusta bailar joropo, salsa, merengue, bachata, menos reggaeton. Hasta ponemos la hora loca. Aquí somos como una familia, somos amigos y hermanos”, dijo.
Mariana Pérez es conocida por todos como la “Bella Bella” de la plaza. Afirma que le gusta visitar el espacio porque se pasa un rato agradable. “Yo vengo todos los fines de semana temprano porque tengo que irme temprano a mi casa, lo que más me gusta es bailar salsa y todos los bailarines son buenos, todos tienen su estilo”, comentó.
“Es un lugar hermoso”
Cuando llega la noche, los ánimos están al máximo y cualquier música es buena para “echar un pie” con cualquier bailarín o bailarina y también entre amigas que se abrazan para celebrar la vida.
Mary Sequea tiene aproximadamente unos 66 años, le encanta bailar, y también forma parte de la directiva. “Este es un lugar de esparcimiento y lo más hermoso es llegar aquí a compartir”.
Enfatizó que los adultos mayores no deben estar esclavizados en la casa: “Deben salir a compartir y qué mejor que un lugar tan maravilloso como este”.
La señora Carmen, como la conocen en la plaza, baila sola. A pesar de que la sacan a bailar, ella prefiere bailar sola porque le parece mejor.
“Vengo para acá porque me gusta bailar, siempre he bailado, me encanta la música y la paso muy bien. Vengo todos los fines de semana”, contó a Runrun.es.
“No podemos costear otros espacios”
Oswaldo Morales es el hombre más aclamado del lugar, pues es quien pone a sonar las dos cornetas que ponen el sazón en la plaza. Dice que a los abuelos lo que más les gusta es bailar salsa, aunque también disfrutan del merengue, danzones y la bachata.
Oswaldo es electricista y llegó a la plaza antes de la pandemia porque la gente que ponía música antes de él necesitaba hacer las conexiones para que el sonido siguiera vibrando. Se integró a la iniciativa porque también le gusta la salsa y sabe bastante del género.
“Después de la pandemia no había corneta, humildemente invertí en dos cornetas y comenzamos otra vez, otra etapa, ya llevamos tres años tratando de mantener vivo el espacio porque son gente humilde que no pueden ir a tascas ni a restaurantes a divertirse”, dijo.
Orlando Suárez, otro adulto mayor, coincide con Oswaldo en que las personas de la tercera edad que visitan la plaza no pueden costear otros espacios de esparcimiento por la situación económica del país.
“Es un disfrute, es otra interpretación de lo que es la recreación que es un derecho que tenemos adquirido, aquí disfrutamos y reivindicamos los espacios por donde anduvo nuestro libertador”, dijo.
Desde hace varios años, las pensiones de vejez dejaron de tener relevancia en el presupuesto de los adultos mayores. Actualmente los que están pensionados por el Seguro Social venezolano reciben mensualmente 130 bolívares, unos 3.5 dólares, más un bono por concepto de “Guerra Económica”, por un monto de 900 bolívares, o 24 dólares. En total, 28 dólares mensuales, y que no todos reciben.
Según la última medición de la Encovi, la pobreza en Venezuela se ubicó en 50%.
Otros programas al servicio de los adultos mayores
La psicóloga clínico Yorelis Acosta afirmó que los adultos mayores son un grupo en Venezuela que, en su mayoría, viven solos, ya no trabajan y tienen problemas de salud física y mental, además de tristeza y ansiedad.
La experta explicó que la recreación y el esparcimiento en los adultos mayores son de vital importancia. A su juicio lo ideal es que la persona que llegó a una edad avanzada esté acompañada, tenga servicios de salud física y psicológica, realice actividades y llegue lo más funcional posible a la vida adulta.
Acosta explicó que así como los abuelos se van a la plaza El Venezolano a distraerse, en la Alcaldía de Baruta ofrecen opciones para el cuidado de los adultos mayores y también para quienes cuidan de ellos.
Destacó que actualmente en Venezuela hay personas muy longevas, que superan los 90 años, que son cuidadas por sus hijos que ya están en los 70 años, es decir, adultos mayores cuidando de otros adultos mayores que igual tienen carencias, problemas económicos, dificultades físicas y problemas emocionales.
La psicóloga explicó que en la Alcaldía de Baruta ofrecen dos programas bandera: además de la atención psicológica dictan un curso o taller para ser cuidadores de adultos mayores y así evitar el síndrome del cuidador.
“Estamos haciendo encuentros presenciales en grupos más pequeños en urbanizaciones y barrios, además nos apoyamos en las asociaciones de vecinos para convocarlos a encuentros que son catárticos, pero además la gente se va con información importante sobre qué está pasando con la persona mayor, cómo la ayudo y, a la vez, cómo me protejo yo como cuidador”, explicó Acosta.
Insistió en que la prevención es fundamental para todo. “Tenemos que cuidarnos, tener hábitos saludables, hacer ejercicio, puede ser una caminata breve todos los días”.



