Madres, familiares y amigos de presos políticos celebraron una vigilia la noche de este miércoles, 17 de junio, en honor a la señora Carmen Teresa Navas, quien falleció hace un mes. La señora Carmen era madre del preso político Víctor Hugo Quero Navas, cuyo deceso fue confirmado por el Estado venezolano casi 10 meses después que ocurrió.
Cerca de las 7:00 de la noche cuando caía la luz del día, el campamento de familiares instalado en las cercanías de la Embajada de Estados Unidos se convirtió en un lugar de oración, donde los presentes rezaron un rosario para honrar a una madre que luchó por encontrar a su hijo durante sus últimos meses de vida.
Con flores, pancartas, velas y un globo blanco que lleva su nombre, una de las familiares manifestó la importancia de la actividad por la señora Navas. “Para que su nombre no se olvide y para que su partida sea el último dolor de este tipo que tengamos que llorar. Su memoria nos acompaña hoy y nos da la fuerza para seguir exigiendo lo justo”.
Otra de las parientes recordó lo difícil que es para ellos dormir en un campamento, en condiciones que incluso han afectado la salud de algunas de ellas. “El cuerpo de las madres, esposas y abuelas que estamos aquí, está llegando al límite. Exigimos se entienda que nuestra salud no puede seguir siendo el precio a pagar por la burocracia y la falta de soluciones”, expresó una de ellas desde la vigilia.

Así recordaron el caso de la señora Francis Quiñones, madre del preso político Jonathan Franco Quiñones. En días pasados, ella tuvo que ser trasladada a Salud Chacao para una revisión médica, ya que tuvo una subida de tensión en el campamento.
“Somos en su mayoría mujeres mayores, abuelas y madres que deberíamos estar descansando en nuestros hogares. En lugar de eso, pasamos los días y las noches a la intemperie, bajo el sol y la lluvia, en vigilia permanente por la libertad y los derechos de los nuestros”, expresó Francis Quiñones.
A la vigilia acudió la joven Aranza Hernández, que fue excarcelada de La Crisálida el pasado viernes 12 de junio. A pesar de no tener libertad plena, manifestó su apoyo a todos los familiares. “Siempre que me toque venir, los voy a acompañar. Siempre que me toque hablar, voy a hablar”, dijo.

Para finalizar, los familiares caminaron hacia la entrada de la Embajada estadounidense. Desde allí, la señora Francis Quiñones pidió al encargado de Negocios, John Barret, interceder por la liberación de su hijo y de todos los presos políticos. “Nosotros no pedimos vivir así”, dijo la señora Quiñones, quien posteriormente dejó una flor blanca en la entrada de la sede diplomática.

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