Mujeres y niñas afrontan el impacto más severo de la emergencia causada por los sismos 

Un informe de ONU Mujeres publicado el pasado 6 de julio alerta de que los sismos que afectaron a Venezuela el pasado 24 de junio acentuaron de inmediato las brechas de género preexistentes y pusieron a casi tres millones de mujeres, adolescentes y niñas en una posición de extrema vulnerabilidad dentro de las zonas de mayor impacto. 

Según el documento, la interrupción de los servicios básicos y la destrucción de la infraestructura hospitalaria limitaron drásticamente el acceso a la atención médica sexual y reproductiva. Advierte que esta situación golpea con especial fuerza a los hogares monomarentales, donde las mujeres asumen en soledad la protección y el sustento de sus familias. 

Un diagnóstico elaborado por ONU Mujeres junto con cinco organizaciones nacionales defensoras de los derechos de las mujeres señala que la falta de alojamientos seguros y la hacinada estancia en los campamentos transitorios dispara los riesgos de protección en las zonas afectadas. En estos espacios, la escasez de iluminación en las áreas sanitarias y la ausencia de controles rigurosos aumentan la exposición de las mujeres y las niñas a la violencia basada en género, el abuso sexual, la explotación y la trata de personas. 

Ante este escenario, las organizaciones exigen la aplicación inmediata de protocolos de protección contra la explotación y los abusos sexuales, así como la habilitación de rutas de denuncia efectivas que resguarden la integridad física de la población femenina.

El informe también destaca cómo la suspensión de clases y la destrucción de espacios de cuidado obligan a las madres a multiplicar sus jornadas de trabajo no remunerado para atender a niños, personas mayores, familiares heridos y personas con discapacidad. Esta sobrecarga deteriora la salud mental de las cuidadoras e impide que se reincorporen a sus empleos o acudan a los puntos de distribución de ayuda humanitaria.

Asimismo, el colapso del suministro de agua potable y de la infraestructura de saneamiento generó también una emergencia sanitaria específica para la población femenina. Las organizaciones locales participantes en el informe reportaron un acceso restringido a kits de profilaxis posexposición para sobrevivientes de violencia sexual, insumos para la gestión de la menstruación, anticonceptivos y atención prenatal y posnatal. La falta de agua segura y la dificultad para el lavado de manos también incrementan la incidencia de infecciones vaginales y enfermedades de la piel. 

Doble emergencia para embarazadas y lactantes

La organización Save the Children alertó, asimismo, el pasado 23 de julio que mujeres embarazadas, personas cuidadoras y sus hijas e hijos que perdieron sus hogares por los terremotos viven ahora en refugios temporales con acceso limitado a la atención prenatal, alimentación nutritiva, agua potable y saneamiento. Todo esto mientras muchas afrontan la pérdida traumática de seres queridos.

Las proyecciones de las Naciones Unidas citadas por la organización señalan que el desastre afectó a unas 36 700 mujeres embarazadas, y calculan que 4000 de ellas darán a luz en el transcurso del próximo mes, lo que representa un promedio de 130 nacimientos diarios en condiciones extremadamente precarias.

Save the Children también lamentó que la muerte de especialistas en obstetricia y pediatría durante la catástrofe dejó a numerosas familias sin profesionales de confianza para el seguimiento de sus embarazos y el cuidado de sus hijos. En La Guaira, la zona con mayores daños, la paralización del principal hospital de maternidad obliga a derivar los casos complejos hacia Caracas, mientras que las clínicas móviles de organizaciones sociales intentan cubrir la atención básica y el triaje médico en las comunidades más golpeadas.

La directora de Save the Children en Venezuela, Fátima Andraca, reveló que la organización ha recibido informes de bebés muy pequeños que “enferman en campamentos donde las familias duermen sobre colchones húmedos, expuestos a la lluvia y a deficientes condiciones de saneamiento”. 

“Al mismo tiempo, muchas mujeres están llorando la pérdida de seres queridos, afrontando traumas y preocupándose por cómo acceder a la atención sanitaria después de haber perdido a profesionales de confianza de obstetricia y pediatría”, añade Andraca.

Save the Children considera imprescindible que las mujeres embarazadas, en posparto y lactantes, así como sus hijas e hijos, sean una prioridad en la respuesta humanitaria y en la recuperación de Venezuela, mediante una coordinación urgente, financiación suficiente y acciones específicas.

Refugios: impacto psicológico y convivencia prolongada

Transcurrida la fase inicial de rescate, las necesidades en los refugios han mutado hacia la garantía de condiciones de vida dignas durante un periodo de estancia que aún resulta incierto y podría prolongarse por meses. En este contexto, la psicóloga clínica y directora de la ONG Avesa, Magdymar León, advierte que los campamentos replican e intensifican las desigualdades preexistentes.

“El refugio, como ningún lugar en la sociedad, es un espacio neutro. Las desigualdades de género existen y se van a trasladar también a los campamentos. Estas desigualdades suelen aumentar o intensificarse porque las mujeres asumen sobrecargas de cuidado mucho mayores y, además, se enfrentan a situaciones de violencia”, declara León en entrevista con Runrun.es. Advierte que el hacinamiento, la falta de privacidad y el estrés del desplazamiento forzado disparan las agresiones.

La especialista destaca que una de las demandas más críticas de la población afectada es la atención psicológica especializada, pues muchas personas han sufrido pérdidas familiares y económicas, lo cual “genera un impacto emocional psicológico muy importante en todas las personas”.

León subraya, además, que la salud sexual y la protección frente a la violencia deben ser catalogadas como servicios esenciales y no como atenciones complementarias. En este sentido, aboga por la implementación rigurosa del paquete inicial mínimo de servicios para salud sexual y reproductiva (MISP, por sus siglas en inglés) en crisis humanitarias.

Según León, este protocolo exige contar con “personal capacitado en salud sexual y reproductiva, violencia basada en género, primeros auxilios psicológicos, que haya una disponibilidad de anticonceptivos e, incluso, de anticoncepción de emergencia, preservativos, prueba de embarazo, pruebas para infecciones de transmisión sexual, mecanismos de referencia ante partos o emergencias obstétricas”. Además, se debe garantizar el acceso inmediato a la profilaxis posexposición para las víctimas de violencia sexual.

León hace un llamado a las instituciones del Estado y a los funcionarios denominados “padrinos” de los campamentos a recibir formación obligatoria en protocolos de actuación y prevención. Además, recuerda que los refugios deben estar bien iluminados, contar con baños diferenciados, espacios privados para cambiarse, mecanismos de vigilancia y protocolos claros sobre qué hacer ante las situaciones de violencia.

ONG apoyan en terreno

Para responder a esta vulnerabilidad en los refugios, diversas organizaciones de la sociedad civil han adaptado su infraestructura para llevar asistencia directa. Es el caso de la Fundación Santa en las Calles, una ONG con dos décadas de trayectoria en Caracas dedicada a la atención integral de poblaciones vulnerables mediante iniciativas de salud, asistencia psicosocial y reinserción.

A través de su programa móvil Panarosa —unidad especializada en salud y acompañamiento integral para la mujer—, la fundación ha desplegado sus servicios en los albergues temporales para atender a las damnificadas por el sismo. Allí distribuye insumos de higiene personal y kits de aseo íntimo y de gestión menstrual, y ofrece consultas gineco-obstétricas gratuitas.

María Angélica Rodríguez, gerente general de la Fundación Santa en las Calles, explica que la unidad médica brinda evaluaciones físicas completas, tomas de citología, ecografías, pruebas de detección de VIH y tratamientos para patologías básicas.

“Esta atención nos ha permitido confirmar embarazos y dar un seguimiento de emergencia a aquellas mujeres que ya estaban gestando al momento del terremoto, verificando que los bebés estén sanos. Ofrecemos ginecología a mujeres de escasos recursos en estos refugios que, muchas veces, no cuentan con un acceso fácil o constante a la medicina especializada“, destaca Rodríguez.

En cuanto al perfil epidemiológico observado en los refugios, la vocera precisa que no han detectado patologías asociadas de forma directa al sismo, sino que se mantiene la prevalencia de las afecciones habituales en sus rutas comunitarias, tales como infecciones vaginales y virus del papiloma humano (VPH). Sin embargo, resalta la importancia del seguimiento a la gestación en las condiciones actuales.

“Atendemos a un número significativo de mujeres embarazadas a quienes les hacemos monitoreo continuo gracias al programa Panarosa. Esperamos ir sumando paulatinamente otros servicios esenciales, como la educación en planificación familiar y la prevención de la violencia de género”, indica la representante.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Transcurrida la fase inicial de rescate, las necesidades en los refugios han mutado hacia la garantía de condiciones de vida dignas durante un periodo de estancia que aún resulta incierto y podría prolongarse por meses
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Un informe de ONU Mujeres publicado el pasado 6 de julio alerta de que los sismos que afectaron a Venezuela el pasado 24 de junio acentuaron de inmediato las brechas de género preexistentes y pusieron a casi tres millones de mujeres, adolescentes y niñas en una posición de extrema vulnerabilidad dentro de las zonas de mayor impacto. 

Según el documento, la interrupción de los servicios básicos y la destrucción de la infraestructura hospitalaria limitaron drásticamente el acceso a la atención médica sexual y reproductiva. Advierte que esta situación golpea con especial fuerza a los hogares monomarentales, donde las mujeres asumen en soledad la protección y el sustento de sus familias. 

Un diagnóstico elaborado por ONU Mujeres junto con cinco organizaciones nacionales defensoras de los derechos de las mujeres señala que la falta de alojamientos seguros y la hacinada estancia en los campamentos transitorios dispara los riesgos de protección en las zonas afectadas. En estos espacios, la escasez de iluminación en las áreas sanitarias y la ausencia de controles rigurosos aumentan la exposición de las mujeres y las niñas a la violencia basada en género, el abuso sexual, la explotación y la trata de personas. 

Ante este escenario, las organizaciones exigen la aplicación inmediata de protocolos de protección contra la explotación y los abusos sexuales, así como la habilitación de rutas de denuncia efectivas que resguarden la integridad física de la población femenina.

El informe también destaca cómo la suspensión de clases y la destrucción de espacios de cuidado obligan a las madres a multiplicar sus jornadas de trabajo no remunerado para atender a niños, personas mayores, familiares heridos y personas con discapacidad. Esta sobrecarga deteriora la salud mental de las cuidadoras e impide que se reincorporen a sus empleos o acudan a los puntos de distribución de ayuda humanitaria.

Asimismo, el colapso del suministro de agua potable y de la infraestructura de saneamiento generó también una emergencia sanitaria específica para la población femenina. Las organizaciones locales participantes en el informe reportaron un acceso restringido a kits de profilaxis posexposición para sobrevivientes de violencia sexual, insumos para la gestión de la menstruación, anticonceptivos y atención prenatal y posnatal. La falta de agua segura y la dificultad para el lavado de manos también incrementan la incidencia de infecciones vaginales y enfermedades de la piel. 

Doble emergencia para embarazadas y lactantes

La organización Save the Children alertó, asimismo, el pasado 23 de julio que mujeres embarazadas, personas cuidadoras y sus hijas e hijos que perdieron sus hogares por los terremotos viven ahora en refugios temporales con acceso limitado a la atención prenatal, alimentación nutritiva, agua potable y saneamiento. Todo esto mientras muchas afrontan la pérdida traumática de seres queridos.

Las proyecciones de las Naciones Unidas citadas por la organización señalan que el desastre afectó a unas 36 700 mujeres embarazadas, y calculan que 4000 de ellas darán a luz en el transcurso del próximo mes, lo que representa un promedio de 130 nacimientos diarios en condiciones extremadamente precarias.

Save the Children también lamentó que la muerte de especialistas en obstetricia y pediatría durante la catástrofe dejó a numerosas familias sin profesionales de confianza para el seguimiento de sus embarazos y el cuidado de sus hijos. En La Guaira, la zona con mayores daños, la paralización del principal hospital de maternidad obliga a derivar los casos complejos hacia Caracas, mientras que las clínicas móviles de organizaciones sociales intentan cubrir la atención básica y el triaje médico en las comunidades más golpeadas.

La directora de Save the Children en Venezuela, Fátima Andraca, reveló que la organización ha recibido informes de bebés muy pequeños que “enferman en campamentos donde las familias duermen sobre colchones húmedos, expuestos a la lluvia y a deficientes condiciones de saneamiento”. 

“Al mismo tiempo, muchas mujeres están llorando la pérdida de seres queridos, afrontando traumas y preocupándose por cómo acceder a la atención sanitaria después de haber perdido a profesionales de confianza de obstetricia y pediatría”, añade Andraca.

Save the Children considera imprescindible que las mujeres embarazadas, en posparto y lactantes, así como sus hijas e hijos, sean una prioridad en la respuesta humanitaria y en la recuperación de Venezuela, mediante una coordinación urgente, financiación suficiente y acciones específicas.

Refugios: impacto psicológico y convivencia prolongada

Transcurrida la fase inicial de rescate, las necesidades en los refugios han mutado hacia la garantía de condiciones de vida dignas durante un periodo de estancia que aún resulta incierto y podría prolongarse por meses. En este contexto, la psicóloga clínica y directora de la ONG Avesa, Magdymar León, advierte que los campamentos replican e intensifican las desigualdades preexistentes.

“El refugio, como ningún lugar en la sociedad, es un espacio neutro. Las desigualdades de género existen y se van a trasladar también a los campamentos. Estas desigualdades suelen aumentar o intensificarse porque las mujeres asumen sobrecargas de cuidado mucho mayores y, además, se enfrentan a situaciones de violencia”, declara León en entrevista con Runrun.es. Advierte que el hacinamiento, la falta de privacidad y el estrés del desplazamiento forzado disparan las agresiones.

La especialista destaca que una de las demandas más críticas de la población afectada es la atención psicológica especializada, pues muchas personas han sufrido pérdidas familiares y económicas, lo cual “genera un impacto emocional psicológico muy importante en todas las personas”.

León subraya, además, que la salud sexual y la protección frente a la violencia deben ser catalogadas como servicios esenciales y no como atenciones complementarias. En este sentido, aboga por la implementación rigurosa del paquete inicial mínimo de servicios para salud sexual y reproductiva (MISP, por sus siglas en inglés) en crisis humanitarias.

Según León, este protocolo exige contar con “personal capacitado en salud sexual y reproductiva, violencia basada en género, primeros auxilios psicológicos, que haya una disponibilidad de anticonceptivos e, incluso, de anticoncepción de emergencia, preservativos, prueba de embarazo, pruebas para infecciones de transmisión sexual, mecanismos de referencia ante partos o emergencias obstétricas”. Además, se debe garantizar el acceso inmediato a la profilaxis posexposición para las víctimas de violencia sexual.

León hace un llamado a las instituciones del Estado y a los funcionarios denominados “padrinos” de los campamentos a recibir formación obligatoria en protocolos de actuación y prevención. Además, recuerda que los refugios deben estar bien iluminados, contar con baños diferenciados, espacios privados para cambiarse, mecanismos de vigilancia y protocolos claros sobre qué hacer ante las situaciones de violencia.

ONG apoyan en terreno

Para responder a esta vulnerabilidad en los refugios, diversas organizaciones de la sociedad civil han adaptado su infraestructura para llevar asistencia directa. Es el caso de la Fundación Santa en las Calles, una ONG con dos décadas de trayectoria en Caracas dedicada a la atención integral de poblaciones vulnerables mediante iniciativas de salud, asistencia psicosocial y reinserción.

A través de su programa móvil Panarosa —unidad especializada en salud y acompañamiento integral para la mujer—, la fundación ha desplegado sus servicios en los albergues temporales para atender a las damnificadas por el sismo. Allí distribuye insumos de higiene personal y kits de aseo íntimo y de gestión menstrual, y ofrece consultas gineco-obstétricas gratuitas.

María Angélica Rodríguez, gerente general de la Fundación Santa en las Calles, explica que la unidad médica brinda evaluaciones físicas completas, tomas de citología, ecografías, pruebas de detección de VIH y tratamientos para patologías básicas.

“Esta atención nos ha permitido confirmar embarazos y dar un seguimiento de emergencia a aquellas mujeres que ya estaban gestando al momento del terremoto, verificando que los bebés estén sanos. Ofrecemos ginecología a mujeres de escasos recursos en estos refugios que, muchas veces, no cuentan con un acceso fácil o constante a la medicina especializada“, destaca Rodríguez.

En cuanto al perfil epidemiológico observado en los refugios, la vocera precisa que no han detectado patologías asociadas de forma directa al sismo, sino que se mantiene la prevalencia de las afecciones habituales en sus rutas comunitarias, tales como infecciones vaginales y virus del papiloma humano (VPH). Sin embargo, resalta la importancia del seguimiento a la gestación en las condiciones actuales.

“Atendemos a un número significativo de mujeres embarazadas a quienes les hacemos monitoreo continuo gracias al programa Panarosa. Esperamos ir sumando paulatinamente otros servicios esenciales, como la educación en planificación familiar y la prevención de la violencia de género”, indica la representante.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.