Querido San Pedro:
Te escribo pues, como sabrás, a tu puesto de trabajo llegaron miles de mis compatriotas venezolanos y colombianos tras los terremotos que vivimos en junio y agosto. Imagino que tenías tiempo sin recibir tantas almas a la vez.
Debe ser duro revisar tantos antecedentes de personas que no tuvieron tiempo de enmendar algunos de sus errores, como comerse una luz roja o copiarse en un examen. Cualquier cosa, no te compliques y deja que lo haga la IA. Tú bien sabes que ahora todo está en la nube.
Aunque también te pediría que por favor te pongas en los zapatos de todas esas almas, querido San Pedro. Eran personas que no estaban ni cerca del túnel y de repente, ¡plum!… la luz al final del túnel los encandiló. Y sin velorio para despedirlos.
Por eso te quisiera pedir algo, si tú me lo permites, claro. Porque me disculpas la confianza, San Pedrito, pero es que aquí entre nos: tú tienes las llaves del cielo. Además de que todos sabemos que eres la mano derecha de Jesús. ¿No crees que por esta única vez podrías mover tus influencias allá arriba para que todas estas almas entren por palanca?
Además, mira todo el trabajo que te ahorrarías. Nada de revisar expedientes, historiales, ni de estar restando actos buenos menos actos malos para ver si un alma merece entrar al cielo.
Aunque si quieres que la cosa no sea tan caótica, podrías darles a esas almas una figura de asilo, residencia, TPS, permiso de trabajo o visa de refugiado. No sé… hasta podrías darles estatus de ángeles a algunos para que te ayuden en el puesto de control de la puerta, pero eso sí: por favor no construyas un muro ni vayas a dejar todo esto en manos de una policía migratoria celestial.
Porque tú con solo decir unas palabritas mágicas, nos darías la paz a todos. Tampoco te estoy pidiendo algo muy elaborado como “Ábrete, sésamo”. A ver… somos venezolanos y colombianos. Todo se arregla con que pongas un equipo de sonido a todo volumen con Héctor Lavoe cantando: “¡Entren, que caben cien!”.
Porque si llegas a hacernos ese milagrito, San Pedro, también aprovecha y diles a todas esas almas que acá abajo los queremos, los extrañamos y oramos por ellos todos los días para que descansen en paz. Aunque si tú les dices que llegaron al único sitio en donde no cortan la luz, el agua y no existe inflación, inseguridad, pago de arriendo, ni corrupción; ahí sí es verdad que alcanzan el descanso eterno por los siglos de los siglos, amén.
El balón está en tu cancha, San Pedro. Muchas gracias por sacar tiempo de tu día para leerme y que sea lo que tu jefe quiera. Ojalá y todos puedan entrar al cielo de la misma forma que tú: como Pedro por su casa.
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