Reuben Morales, autor en Runrun

Reuben Morales

Pertenezco a la minoría DLQNB, por Reuben Morales
Nosotros, los de la minoría DLQNB (o “De Los Que No Bebemos”) hacemos un llamado para ser respetados

 

@ReubenMoralesYa

Hoy propongo un brindis (pero con té verde) para celebrar que nosotros, la minoría DLQNB (o “de los que no bebemos”), finalmente nos hacemos visibles en la agenda pública. Una minoría que por años ha sido maltratada y privada de sus derechos a rumbear, salvajemente, hasta las nueve de la noche. Que por años ha sido dejada de lado cuando se despierta un primero de enero a las siete de la mañana, para ver televisión porque ya no tiene sueño. Una minoría que se ha quedado socialmente aislada porque recuerda todas las imprudencias que han hecho sus amigos al estar borrachos y por eso ya no lo invitan a ningún lado.

Esta minoría, de quienes no bebemos, está compuesta por personas que, a simple vista, se ven normales.

De hecho, nadie los identifica sino hasta el momento en que es sábado en la noche, estás en un local y de repente escuchas que alguien dice: “Y a mí me trae una limonada”.

Por ello, nosotros, los de la minoría DLQNB (o “De Los Que No Bebemos”) hacemos un llamado para ser respetados. Ya son años que llevamos siendo vejados con frases como: “¿Y a ti qué te pasa? ¿Te metiste a evangélico?” o “Pero bueno, ¿tú eres marico?”. Sin contar que incluso grandes mentes de la humanidad, como Charles Baudelaire, nos estigmatizaron con frases como: “Un hombre que no bebe, oculta un secreto”. Y sí, Charles, ocultamos secretos. Como el secreto para no tener barriga de cervecero, el secreto para tener más dinero a fin de mes y el secreto para amanecer sin dolor de cabeza.

Es que la gente no sabe lo que sufrimos. Ni imaginan lo que es pasar una fiesta bebiendo solo agua. Sí, agua, porque si nos servimos una Coca-Cola, es que nos vamos a terminar la Coca-Cola del ron y si bebemos jugo de naranja, es que se van a quedar sin jugo para el vodka.

Tampoco hablar de cuando nos toca vivir ese incómodo momento de ser interpelados en medio de la fiesta cuando nos dicen: “Ya va, pero cuéntanos con confianza: ¿por qué tú no bebes?”. Ocasión cuando sacamos a relucir ese cuento prediseñado que hemos usado por años para que nos dejen en paz: “No, es que yo tenía un padrastro alcohólico que, cuando llegaba borracho, nos maltrataba obligándonos a escuchar todos los discursos de Chávez”.

Y ante esto, ¿qué nos queda en una fiesta? Pues llevarnos nuestras propias bebidas a escondidas y meternos en el baño para prepararlas. Nos podemos servir un jugo de manzana para luego decir que es un güisqui. Si no, mezclamos jugo de naranja con agua para decir que es vodka. También esperamos que a nuestro vaso de Coca-Cola se le derrita un poco el hielo para decir que es un Cuba Libre. Y si no, es acudir a la medida más extrema de todas: echar agua mineral en un vasito de shot para fingir que es tequila.

Por eso, desde hoy queremos pedir que nos dejen de etiquetar con esos prejuicios que siempre tienen hacia nosotros, los miembros activos de la minoría DLQNB:

  • No somos tu conductor designado. De hecho, hay gente que no bebe y tampoco sabe manejar.
  • No todos somos evangélicos (ni católicos, porque no nos gusta la hostia mojada en vino).
  • No todos somos homosexuales (aunque sabemos de machos que cuando beben, comienzan a disfrutar de ese otro yo que llevan por dentro).
  • No le digan a su pareja que van a salir con nosotros, los bien portados. Es una excusa muuuy vieja para ocultar que van a salir con otra.
  • Cuando decimos “veámonos para tomar un café”, sí: nos referimos literalmente a un café.
  • Para seducirnos no recurran al alcohol. Con una avena caliente, tendrán más chance.

Y si tú eres miembro de esta minoría y te sientes solo (o conoces a un no bebedor enclosetado), invítalo a que nos contacte. De hecho, estamos preparando la marcha del Orgullo No Bebedor para el próximo primero de enero a las ocho de la mañana. Es que como no bebemos, tendremos energía suficiente para marchar ese día a esa hora.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

No le ponga estos nombres a un hijo, por Reuben Morales y Napoleón Rivero
Un buen nombre puede ser una bendición, pero un nombre raro puede ser razón de bullying de por vida

 

@ReubenMoralesYa y @NapoleonRivero

Hay momentos sumamente importantes en la vida, como salirse de un grupo de Whatsapp, que un telecajero le dé dinero y el ponerle el nombre a un hijo. Un momento que puede representar horas interminables para encontrar ese nombre único e ideal que represente el apellido y la estirpe. Un nombre que cuando la maestra pase la lista de asistencia, retumbe en todo el salón. La cosa es que, en ese afán, a veces se mezcla Gucci con alpargatas y se termina sentenciando al hijo a un bullying de por vida. Por ello, si desea darle una vida tranquila a su recién nacido, por favor evite colocarle las siguientes categorías de nombres.

La primera es la de nombres anglosajones que despiertan admiración debido a que representan algún poder o simplemente suenan chéveres. De allí vienen nombres como Yusnevy (de la naval estadounidense US Navy), Email (que viene del correo electrónico), Dansisy (que viene de Dance easy o “baila fácil”), Miladys (que viene de My Lady o “mi dama”) o incluso Ángeles Lakers (que viene del equipo donde jugó Mayiyonson José).

Luego tenemos los nombres bíblicos o de próceres históricos. Aunque pensar que su hijo va a ser un santo porque se llame Jesús, suele ser un error común. El problema con dichos nombres es que no terminan concordando con quien los lleva. Para ejemplos, quienes aquí escribimos. Reuben es un nombre hebreo y lo único que sospechamos, es que el del registro civil estaba «hebreo» cuando lo escribió. Por su parte, Napoleón fue un militar y conquistador francés. Y el Napoleón que aquí escribe lo que tiene de francés es que come mucho croissant con tostadas francesas.

También está la manía de ponerle al recién nacido ese nombre que está de moda. Así tenemos a las Camilas, los Tomases y los Lucas. Lo cual puede derivar en dos problemas: en que su hijo desarrolle paranoia de tanto escuchar su nombre en la calle o que usted no pueda llamar a su hijo de un grito en un parque porque cuando diga “¡Lucas, ven a comer!” se le acerquen treinta y cinco Lucas esperando su respectiva papa (o lo que es peor, que le ignore bajo la excusa de que la vaina no era con él).

Existe otra que es la de inventar nombres como Xionix o Chleiver, que son escogidos luego de lanzar las fichas del Scrabble sobre la mesa para que salga lo que Dios quiera. De hecho, en algunas barriadas populares el nombre se escoge según como sonaron los resortes del colchón la noche de la concepción. Ejemplo de ello es Wílkimi (incluso haga el ejercicio de repetirlo varias veces para que vea).

Aunque el ápice de esta categoría se logra cuando se combinan los nombres de los padres. De esta forma, si los padres son Lucía y Fernando, el hijo podría llamarse Lucifer.

Por último, está la de usar nombres de estrellas famosas. Nombres que señalan aspiraciones de grandeza y prosperidad, pero que muchas veces no coinciden con quien los lleva. Así podríamos encontrarnos a un Brad Pitt Contreras negrito y gordito, un Arnold Schwarzenegger Quintero que odie los gimnasios, una Kim Kardashian Gutiérrez que no tenga plata ni carisma corporal o un Michael Jordan Espinoza blanco y chaparro.

Por eso, cuando llegue ese importante momento de ponerle nombre a un recién nacido, puede hacer tres cosas igual de importantes: leer este artículo, googlear el significado del nombre que piensa ponerle a su bebé o leerse Robinson Crusoe y hacer como él, que no se complicó y a su ayudante le puso Viernes. La otra opción es más laboriosa, pero es que emigre a los Estados Unidos para que así los nombres Jeffelson, Estiwuar, Bényamin, Brayan y Maykel encuentren su lugar al lado de los padres fundadores y finalmente pasen a ser nombres normales y corrientes.

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El mariachi mero, mero, ¿es mexicano?, por Reuben Morales y Víctor Ochoa
Ante una serenata de mariachis siempre surge una duda: El mariachi mero, mero, ¿es mexicano?

 

@ReubenMoralesYa y @Victor_8a

Mariachi que se respeta tiene cualquier nacionalidad, menos la mexicana. Por poner un ejemplo, quienes aquí escribimos somos venezolanos y como tal, sabemos que en Venezuela el mariachi es típico… típico que es colombiano. Tanto así, que alguna vez hubo un conjunto que no lo disimulaba llamándose “Mariachis de Guadalacúcuta”.

De hecho, el fenómeno de las migraciones ha internacionalizado tanto al mariachi, que en el mismísimo México hay dos tipos de mariachis: el oriundo de México y el venezolano que acaba de llegar y debe resolver cantando “Cucurrucucú paloma” (a riesgo de que otro compatriota lo mire raro por la inspiración con la que grita “paloma”).

Aunque dicha internacionalización de seguro debe tener sus límites. No imaginamos a un mariachi dando una serenata en predios talibanes. Seguramente no le perdonarían lo “mero macho” de su atrevimiento. Aunque sí nos imaginamos a un tenor alemán interpretando La malagueña, a todo gañote, para luego enterarnos de que el cuate ni siquiera ha probado una enchilada.

Pero tampoco se es mariachi por ejecutar bien sus instrumentos musicales o por no tener nacionalidad mexicana. Lo que realmente termina de hacer a un mariachi, es el dominar a la perfección el arte de entrar a la camionetica del conjunto sin que sus compañeros le ensucien el traje; a la vez que evita meterle el sombrero en el ojo a otro o asfixiarlo mientras le pone el guitarrón en la barriga. Aunque un mariachi realmente se gradúa, es cuando logra sobrevivir una tormenta tropical usando como paragua solamente su sombrero.

Otra cosa que hace a un mariachi es el tiempo que dura metido en la casa de quien le contrata. Porque dicho tiempo debe tener esa duración exacta mejor conocida bajo el nombre de “visita de médico”. Un tiempo especialmente acordado en el gremio mariachístico para cumplir con dos medidas sanitarias. La primera, que ninguno del conjunto vaya a incurrir en la vergonzosa necesidad de pedirle el baño prestado al dueño de la casa. La segunda, pues que el trompetista no se vea en la imperiosa necesidad de vaciar el chorro de saliva que acumula su instrumento. Por ello, si usted o uno de los suyos contrata un mariachi, evite esa práctica de dárselas de próspero pagando una ñapa para otra canción más. Le podrían terminar dejando una ñapa en la casa.

Aunque lo realmente común que tienen todos los mariachis -vengan de donde vengan- es que parecen superhéroes. De día tienen una personalidad como la de Bruno Díaz, pero basta que les llegue la batiseñal de “acaba de salir un toquecito”, para que saquen su traje de gala y se transformen no en Batman… sino en un doble de Vicente Fernández.

Además de que tienen superpoderes que no tiene ningún superhéroe. Uno de ellos se evidencia cuando alguien de la fiesta tiene una borrachera de esas que de lejos hiede a frasco de Listerine y, apenas llegan las trompetas al son de un jarabe tapatío, el hombre inmediatamente recobra la sobriedad. Un fenómeno que aún no se explica ni la misma Organización Mundial de La Salud.

Aunque bueno, como todo superhéroe, el mariachi también tiene su limitación. Una vez supimos de un mariachi a quien contrataron para dar una serenata callejera a una mujer que vivía en un piso quince. Como era de esperar, el gañote no le dio para tanto y le tocó dar la serenata por el intercomunicador. Obviamente, ese amor murió aquella noche.

Es por todo esto que el mariachi cuenta con un encanto particular que le hace tan apetecible a cualquier ser humano. Un encanto que va más allá de su música o sus trajes. El encanto de que, sea donde sea la serenata, cualquier integrante de ese conjunto podría ser su compatriota. Así que, si le falta platica, toca un instrumento y no nació en México, llámenos que le tenemos una oportunidad de negocio. Consiste en ser integrante de un nuevo conjunto de mariachis que estamos armando nosotros y que ya hemos bautizado como el “Mariachi Tradicional Echateuntalco”.

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¿Cómo saber si usted es orejón?, por Reuben Morales
Con este test podrá saber si usted es oficialmente orejón

 

@ReubenMoralesYa

Como orejón innato y experto que he sido por 41 años de mi vida, le haré unas preguntas clave para que usted sepa si es orejón, está cerca de serlo o se salvó de esa. Una misión dedicada a que usted termine de salir de ese clóset orejero o simplemente confirme que es normal. Aquí el test:

  1. Cuando se sentaba en la primera fila del salón de clases, ¿el hobby de sus compañeros era darle golpes en las orejas?
  2. ¿En algún momento de la vida le pusieron el sobrenombre “Dumbo”?
  3. Si usted es venezolano, ¿también le pusieron el sobrenombre Raquety?
  4. Cuando alguien en su casa echa un chisme en un cuarto, con la puerta cerrada, ¿usted es capaz de escucharlo estando en la sala?
  5. Cuando escucha ese chisme y se lo comenta a su familia, ¿ellos dicen que usted tiene unas parabólicas?
  6. Al montar patineta, ¿usted no frenaba con el pie, sino que la oreja le servía de freno cual alerón del ala de un avión?
  7. ¿Tiene suficiente oreja como para ponerse 67 piercings (y solamente en el lóbulo)?
  8. Cuando se encuentra a un bebé en la calle y quiere jugar con él, ¿el bebé ineludiblemente le agarra una oreja pensando que es un juguete?
  9. Si usa lentes, ¿jamás ha tenido que comprar la tira aseguradora que va por detrás del cuello porque sus orejas son como unas anclas para las patas de sus lentes?
  10. ¿Lo que más le molesta del tapabocas no es usarlo, sino que el elástico le hala las orejas y le hace ver más orejón?
  11. ¿Jamás se pondría túneles en las orejas para evitar que los lóbulos después se le vean como dos hamacas recogidas?
  12. Cuando le hablan sucio a la pata de la oreja, ¿usted disfruta más que nadie porque capta todas y cada una de las cochinadas que le están diciendo?
  13. ¿Evita usar gorra para no parecer un Volkswagen Escarabajo con las puertas abiertas?
  14. ¿Y si la usa mete la punta de sus orejas dentro de la gorra para que nadie se dé cuenta de que es orejón?
  15. Cuando ha tratado de comprar audífonos de DJ modelo “tapa de olla”, ¿las orejas siempre se le salen por algún lado?
  16. ¿Evita tomar selfis en grupo porque sus orejas siempre tapan al resto?
  17. Cuando está en una fiesta, ¿trata de siempre bailar porque si se detiene lo confunden con un perchero y le comienzan a guindar cosas en las orejas?
  18. ¿Alguna vez lo expulsaron de clases por usar sus orejas como catapultas para lanzar papelitos?
  19. Tiene un amigo que alguna vez le dijo “Cuando tu mamá te parió, ¿el médico te sacó por las orejas?”.
  20. ¿Alguna vez le dijeron a su mamá “si lo va a regañar, no le jale las orejas que se le ponen más grandes”?
  21. ¿Las veces que se pone pasamontaña, las orejas se le doblan y termina pareciendo un pitufo o el enano Mudito de Blancanieves?
  22. Cuando se está poniendo una franela, ¿el cuello se detiene a juro en la alcabala de sus orejas?
  23. ¿Ponerse un gorro de natación es una misión tan imposible como tratar de ponerse sus pantalones favoritos en enero?
  24. Cuando está hablando por celular, ¿su oreja es tan grande que sin querer activa el altavoz y el modo avión?

Si respondió que sí a todas, es que tiene las orejas grandes y salidas. Si dijo sí en la mayoría, solamente las tiene salidas. Pero si solo respondió que sí ocasionalmente, es que las tiene grandes mas no salidas. Y si no se sintió identificado con ninguna de las preguntas, entonces usted es el “amigo” que nos hace bullying.

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Cómo despertar a su hijo para ir al colegio, por Reuben Morales
Quienes tenemos hijos, sabemos que despertarlos en la mañana para ir al colegio es una tarea tan complicada como negociar con un secuestrador

 

@ReubenMoralesYa

Despertar a un hijo para ir al colegio es un difícil arte que solo han logrado dominar muy pocas personas en la historia. Un ejemplo de ello es la Madre Teresa de Calcuta, cuyo gran secreto fue aplicar una sencilla técnica mejor conocida como “nunca tengas hijos”.

Pero quienes tenemos los nuestros, sabemos que despertarlos en la mañana para ir al colegio es una tarea tan complicada como negociar con un secuestrador (que además esté tratando de despertar a su propio hijo). Sin embargo, con los escasos años que llevo levantando a mi hijo en las mañanas para ir al colegio, he conseguido una pequeña fórmula un poquito compleja, pero que nunca me falla. Mire:

Si quiere despertar a su hijo para ir al colegio, debe comenzar por ser muy sigiloso y delicado; abordando su cama con mucho tacto mientras susurra un amoroso “Buenos díaaaaaas”. Si esto no funciona, pase a la segunda fase, que consiste en decir el mismo “Buenos díaaaaaas”, pero con una leve caricia en la cabeza de nuestro hermoso hijo. Si no funciona, entonces diga “Buenos díaaaaaas”, le soba la cabeza y le da un besito en el cachete (pero le clava los cañones de la barba disimuladamente a ver si se despierta). Si no ve ningún resultado, entonces exclame “¡¡Buenos díaaaaaas!!”, mientras le hace cosquillas en la planta de los pies.

Si su hijo ni se inmuta, grite “¡¡¡Buenos díaaaaaas!!!”, mientras le arranca la sábana de encima para que se muera de frío. Si el condenado ese no se levanta, préndale la luz del cuarto y después póngale la linterna de su celular en la cara. ¿Se hace el loco? Entonces ponga un video de YouTube de Nicolás Maduro a todo volumen. ¿¿¿Nada todavía??? Entonces jálele las patas para que piense que entró un espanto al cuarto.

¿Aún sigue falto de tacto con usted, que se levantó una hora antes para prepararle el desayuno? Entonces empape sus manos y salpíquele gotas de agua en la cara para que crea que está en una tormenta en altamar y se despierte. Si ahora comenzó incluso a roncar, entonces móntese en la cama y salte sin miedo, como si estuviera en la cama elástica de una fiesta de cumpleaños. ¿¿Sigue inmóvil?? Entonces agarre las medias sucias con las que usted hizo ejercicios ayer y colóqueselas en la nariz. Aún como la bella durmiente, ¿no? Entonces martille la pared que está al lado de su cama para ver si el dulce sonido de los martillazos rompe el hechizo de su abrazo con Morfeo.

Si ahora se da la vuelta y se vuelve a arropar, entonces meta los timbales que compró para aprender a tocar salsa y ejecute el solo del tema Cuero na’ má’. Si luego de esto comenzó a babearse dormido, entonces infle una bolsa de plástica de supermercado y explótela. ¿¿¿Todavía sigue como una piedra??? Entonces llame a los bomberos con la excusa de que hay un incendio en el cuarto de su hijo para que lleguen de inmediato, metan la manguera en el cuarto y le echen un chorro de agua a alta presión.

¡Ahora sí! Verá cómo su hijo despierta con el mejor de los ánimos posibles (y, además, bañadito). Claro, pero como después de bañarse hay que cepillarse los dientes, tranquilo, no se preocupe. No hay que rezarle a la Madre Teresa de Calcuta, ni nada de eso. Para ese caso en especial, le tengo otra fórmula muy facilita y sencilla. Y lo mejor de todo es que nunca me ha fallado. ¿Tienen cinco minutos?

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Entrevista a la señora Inflación, por Reuben Morales
Gracias por aceptar la entrevista, señora Inflación. Aunque se nos hizo fácil conseguirla porque, después de la pandemia, usted aparece por todos lados

 

@ReubenMoralesYa

Antes de presentarla, debemos aclarar que la presente entrevista nos fue concedida bajo la condición de que pagáramos tres mil dólares por los derechos exclusivos de la información. Y como nosotros estamos dispuestos a hacer lo que sea por llevarles la información de primera mano, llegamos a un acuerdo con la señora Inflación y he aquí la entrevista:

REUBEN: Gracias por aceptar la entrevista, aunque se nos hizo fácil conseguirla porque, después de la pandemia, usted aparece por todos lados.

SEÑORA INFLACIÓN: ¿Y acaso no viste las predicciones de los videntes que hablaban de otra pandemia?

R: Sí.

SI: Bueno, se referían era a mí.

R: ¡Aaah!… ahora entiendo todo.

SI: Es que las pandemias más fuertes de la humanidad hemos sido dos.

R: ¿Cuáles?

SI: El comunismo y yo.

R: ¿Pero a usted ya no le hacen mucha prensa?

SI: Obvio, porque soy una pandemia vieja y pasada de moda, pero ya nadie se recuerda de que a los dinosaurios no los extinguió ningún meteorito.

R: Ah, ¿no?… ¿Y entonces qué los extinguió?

SI: Una subida inflacionaria que los mató de hambre a todos.

R: ¿¿En serio?? Pero siendo así la cosa, díganos cuáles son los síntomas que uno empieza a tener cuando se contagia de inflación.

SI: Son varios, como ataques de pánico, por ejemplo.

R: ¿En la noche, en el día…?

SI: No, en el supermercado al ver los precios.

R: ¡Es verdad! Me ha pasado.

SI: Otro síntoma son los episodios de mitomanía.

R: ¿Y eso?

SI: Porque la gente comienza a mentirle a todo aquel con el que tiene una deuda.

R: Cosa que por cierto no pasará con el dinero de sus derechos de exclusividad, que ya lo tengo en el bolsillo.

SI: ¡Qué bueno, gracias!

R: Mire, señora Inflación, y si alguien efectivamente padece de inflación, ¿cómo termina evolucionando esta enfermedad en el organismo?

SI: Mire, es muy fácil. Yo funciono bajo el fenómeno de la Viuda Negra.

R: ¿Como la araña?

SI: Igualito. Al principio, los productores y comerciantes se enamoran de mí, porque me ven como la excusa perfecta para subir los precios.

R: Claro.

SI: Después, se enamoran de mí los asalariados porque les empiezan a subir los sueldos, pero lo que no ven es que apenas se los están nivelando.

R: O sea que mi jefe me engaña.

SI: Váyase enterando… Y después, cuando todo el mundo tiene las defensas abajo pensando que la cosa se arregló… ¡plaf!… les doy la estocada final.

R: ¿Y cuál es esa?

SI: Decreto de aumento del salario mínimo.

R: ¡Uy!… duele escuchar eso, pero bueno… es mejor ser sincero.

SI: Sincero no… con cero porque los precios aumentan sin parar.

R: ¿Y este fenómeno se focaliza en algún país en especial?

SI: Mira, yo normalmente no salía de Zimbabue, Venezuela y Argentina, pero últimamente he montado sucursales en Chile, Colombia y Estados Unidos.

R: ¿Y a Estados Unidos entró de ilegal por México?

SI: ¡No, vale! Si me invitó el mismísimo gobierno.

R: ¡Ay, Dios!… ¿Y cree que salgan mutaciones de usted, como el COVID?

SI: ¡Claro! Prepárense porque todo comienza conmigo, pero después viene la variante devaluación, más adelante la variante reconversión y finalmente, la variante dolarización.

R: ¡Uy!… ¿Y qué recomienda para evitar su enfermedad?

SI: Vacunarse lo antes posible.

R: ¿¿¿Hay una vacuna???… Ah, no, entonces dejemos esto hasta aquí para ir a vacunarme ya.

SI: Mire, pero antes recuerde darme el dinero de los derechos.

R: Por supuesto, los tres mil dólares.

SI: Aunque bueno, ahora son tres mil quinientos porque acabo de tener que subir mis propios honorarios por culpa de mí misma.

R: ¡Ah, pero no se preocupe! Porque mire, antes de venir, los cambié a euros.

SI: ¿En serio?

R: Sí, tome.

SI: Ah, no, entonces sigamos hablando porque usted… ya está vacunado.

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Mamás y papás de colegio, por Reuben Morales
En el colegio no solo se hace la clasificación de las plantas y los animales. También se hace la de los tipos de representantes

 

@ReubenMoralesYa

Los vi cuando era estudiante y ahora, que soy un papá más, me doy cuenta de que estos roles siguen intactos (con la diferencia de que ahora yo soy uno de ellos).

La mamá de la junta de padres

Dice que ejerce este rol para abogar por el buen funcionamiento del colegio, aunque en el fondo todos sabemos que lo hace para no despegarse de su consentido. Por ello, todos le agradecemos que esté haciendo esta labor todas las mañanas (en especial, la mejor amiga de su marido).

La mamá presumida

O también conocida como la “mamá de telenovela”, porque su estilo de vida cambió tras casarse con un millonario. Es por ello que aprovecha las conversaciones en la entrada del colegio para comentar cosas banales, como que pasó el fin de semana en las Bahamas. Por cierto, esta mamá siempre finge que olvidó darle algo a su hijo para luego tener que llamarlo en inglés frente a todos: “Don’t forget your sandwich, Christopher!”.

El papá aventurero

Es ese papá que llega a dejar a su hijo en una gran moto usando lentes de sol. Este papá tiene a todas las maestras y a las mamás babeadas. Sin embargo, evita socializar para no meterse en problemas mayores, porque las otras que están babeadas por él, son las alumnas. El hijo de este papá aventurero suele ser un dolor de cabeza para las maestras, pero ninguna lo expulsa para así poder seguir disfrutando de ver a este papacito todas las mañanas.

La mamá buenota

No solo está más buena que todas las otras mamás, sino que está más buena que su propia hija. Consecuencia de este apabullamiento psicológico, su hija suele tener el mismo carisma de un ñame. Sin embargo, la niña siempre sale bien en los estudios porque la mamá vive coqueteándoles a los profesores y la hija siempre hace grupos de estudios con todos los varones de la clase que están muy motivados a estudiar anatomía (sobre todo la anatomía de la mamá).

La mamá de cafetín

Pareciera que esta mamá no trabajara, pero no se deje engañar. Ella está abogando por el futuro académico de su hijo, porque mientras todos nosotros estamos en nuestros trabajos, ella brinda una empanadita al profesor de física, brinda un cafecito al profesor de química y luego brinda porque su hijo pasó todas las materias.

El papá profesor

Es aquel cuyo hijo estudia en el mismo colegio. Lamentablemente, este niño queda rechazado de cualquier grupo de amigos porque los otros compañeritos saben que cualquier travesura que le cuenten, podría ser usada en su contra. Es por ello que este hijo goza de una bendición única durante su etapa escolar: nadie le puede hacer bullying.

El millonario silencioso

Es ese papá inmigrante que viste a su hijo igual que él: feo y con marcas de imitación. Aunque todo eso es parte de un entrenamiento secreto para inculcarle a su hijo los valores de austeridad y trabajo duro que él mismo vivió cuando llegó al país sin un céntimo. La gran sorpresa para todos es que después de graduado, este muchacho es el primero en tener carro y casa propia.

El papá vecino

Es ese papá que vive justo al lado del colegio. Viene a ser la envidia de todos ya que se despierta cinco minutos antes de que suene el timbre. Sus hijos suelen ser fácilmente reconocibles porque todos tienen un rasgo distintivo: no se han limpiado las lagañas y tienen el uniforme arrugado.

Y esta lista no termina aquí, porque a lo largo de los años siempre ha existido otro tipo de papá. Ese que es humorista y que, cuando ve a todos los otros papás del colegio, se queda callado, observa y recoge toda esa materia prima indispensable para luego escribir su próximo artículo de humor.

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Lo que callamos quienes hacemos “home office”, por Reuben Morales
Un trabajador en home office no rinde más por estar en casa y no salir a trajinar por la ciudad, no…

 

@ReubenMoralesYa

¿Pensaban que nuestro secreto más grande era trabajar en pijamas? Por favor, eso es parte del nivel básico. Por eso –y en contra de la voluntad de muchos colegas “homeofficeros”– hoy saco a la luz pública una serie de secretos clasificados que durante meses mantuvimos celosamente guardados, para evitar la catástrofe más grande de todas: que nos enviaran nuevamente a trabajar a nuestras oficinas. Se trata de un código de conducta oculto que habría establecido hace un tiempo el sindicato de trabajadores en home office. He aquí el estatuto:

Un “homeofficero” no almuerza más temprano que los trabajadores de planta por estar cerca de su cocina, no. En realidad, almuerza más temprano porque después de comer suele tener agendada una de las reuniones más importantes de su jornada: la reunión con su cama para darse una buena siesta.

Un trabajador en home office no rinde más por estar en casa y no salir a trajinar por la ciudad, no. Por el contrario, rinde más porque si debe comenzar a trabajar a las 8:00 a. m., se despierta a las 7:59.

Un “homeofficero” aprovecha sus descansos para tomar pausas activas (pero porque se pausa él y se activa su perro que se está reventando de las ganas de ir al baño). Es por ello que, a golpe de diez de la mañana, muchas ciudades del planeta ahora son inundadas con un ejército de perros que son paseados por humanos en pijamas (que además son mal vistos por otros trabajadores normales que piensan que son multimillonarios desocupados).

Un trabajador en home office tiene dos y tres trabajos al día. Pero esto no es porque tenga dos o tres clientes. Es porque mientras atiende una reunión virtual de trabajo, también lava los platos que dejó sucios la noche anterior.

Un “homeofficero” es un trabajador más concentrado. Pero eso no se debe a que tiene menos distractores que alguien que vaya a la oficina; para nada. Se debe a que debe concentrarse más porque a veces atiende reuniones virtuales al mismo tiempo que está vaciando el carrito del supermercado para pasar las compras por la caja registradora.

Un trabajador en home office es un buen gestor de crisis. Porque mientras lo ves muy sonriente y presentable en su cuadrito de video de una reunión virtual, con una mano está haciéndole señas a su hijo para que se quede tranquilo, en las piernas tiene acostada a su mascota, en la cocina tiene montado un arroz y si tiene el micrófono silenciado, es porque el vecino está taladrando. ¡Ah! Y si en la reunión virtual pone un fondo detrás de sí de una aurora boreal en Islandia, es porque tiene la casa más desordenada que el cabello de Carlos Vives.

Y sí… probablemente muchos colegas “homeofficeros” me crucifiquen públicamente tras leer este artículo. Pero qué más da. Son secretos que tarde o temprano todos iban a descubrir. Sobre todo, porque ya son varios los que me vieron en mi entrenamiento de natación con mi celular metido en una bolsita para que no se mojara mientras escribía este artículo.

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