El otro día estábamos en un evento donde pusieron el himno nacional y, al terminarse, mi hijo aplaudió y alguien le dijo: “El himno no se aplaude”. Ante lo cual me pregunté si a los autores de los himnos en verdad les gustaría eso.
El himno nacional de Venezuela, por ejemplo, tiene letra de Vicente Salias y música de Juan José Landaeta. Ahora imaginemos que ellos dos fuesen artistas hoy. Serían algo así como “Vic y Juanjo”. Un dúo engominado, con lentes de sol, camisas abiertas hasta el ombligo, cadenas en el cuello y las muñecas llenas de pulseras budistas y rosarios enrollados.
Así, un buen día los citaría la oficina de la presidencia de la República:
―Los hemos contactado para informarles que su nuevo hit, Gloria al bravo pueblo, ha sido seleccionado como himno nacional de la república.
―¿Qué?… ¡Wuooow!… ¡Brutal!…
―Sí, ¿no? Y ahora su canción será reproducida en todo evento nacional a todo volumen.
―¡Increíble!
―Van a tener garantizados, de por vida, los primeros lugares de Billboard y Spotify.
―¡Ufff!… Me lo dices y se me paran los pelos, mira.
―Y cada vez que suene, la gente tendrá que ponerse de pie y hacer silencio.
―¿¿¿Quééé???… ¿¿¿En serio???… ¡Alucinante, bro, qué honor!… Me imagino después la ola de aplausos.
―Eh… bueno… Justamente ahí hay un detallito.
―¿Por qué?
―Es que no se va a poder aplaudir. Está prohibido.
―¿¿¿Prohibido???… ¿Y eso?
―No sé, así me notificaron.
―Pero, o sea, WTF… Si nosotros vivimos es de los aplausos.
―Los entiendo y créanme que, aquí entre nos, yo soy fan de ustedes y si fuera por mí, que hasta lo bailen, pero no sé qué decirles. Ustedes saben… son órdenes de arriba. Yo solo cumplo con informarles.
―Ajá… ¿y si alguien no se la sabe y solo mueve la boca como cuando uno no se sabe las canciones en la misa?
―No, eso sí está permitido porque la idea es que se vea bonito.
―Bueno, pero si nos van a prohibir los aplausos a nosotros, entonces prohíban aplaudir cuando aterrice un vuelo.
―Luego me imagino a Vic y Juanjo saliendo de la reunión y que:
―Bro, ¿y la invitación que teníamos para el medio tiempo del Super Bowl?
―Bueno, tendremos que ir, pero cuando comiencen a aplaudir, yo me voy y los callas tú.
―¡No, tú!
―¡Ah, tú sí eres arrecho!
Incluso, unos días después llegarían Vic y Juanjo a una reunión de panas y todos empezarían:
―¡Sh, sh, sh!… ¡Párense y no hablen ni se muevan!… ¡Llegaron los mismísimos autores del himno!
―¡Dejen la vaina, pues!
―Disculpa, Vic, pero se metió un zancudo aquí en la sala… ¿Será que lo puedo matar de una palmada?
Es por eso que la próxima vez que mi hijo y yo escuchemos un himno, seguiremos la norma. Nos pondremos de pie, haremos silencio y no aplaudiremos. Eso sí… al final chiflaremos, lanzaremos flores y hasta sostenes. Porque de eso último, la norma no dice nada.
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