Antonio José Monagas, autor en Runrun

Antonio José Monagas

Nuevo Ideal Nacional, cuando la economía relegó la política, por Antonio José Monagas
El Nuevo Ideal Nacional dejó ver una economía de boyante dinámica y firme ascenso. Sin embargo, aquel noviembre de 1957 fue el inicio de su fin

 

@ajmonagas

Intentar una disertación que refiera la situación de cuando la economía relegó la política, lleva a historiar las causas que motivaron al estudiantado universitario venezolano a tomar las calles el 21 de noviembre de 1957. Ello fue en protesta contra el régimen político del general Marcos Pérez Jiménez.

La dictadura militar de Pérez Jiménez, para el segundo semestre del año 1957, ya había comenzado a “hacer aguas” como modelo de gestión gubernamental. Había entrado en un periplo donde los desequilibrios políticos venían trastornando los procesos económicos. Estos, hasta entonces, dejaban ver una economía de boyante dinámica y firme ascenso anclada en la doctrina del Nuevo Ideal Nacional. Sin embargo, aquel noviembre fue el inicio de su fin.

En aquel momento económico el Banco Central de Venezuela registraba indicadores –como el Producto Territorial Bruto, el ingreso per cápita y el PIB–, que mostraban una movilidad de la economía superior a las del resto de los países de América Latina.

El Producto Interno Bruto venezolano, PIB, llegó a crecer de 18.000 millones de dólares norteamericanos, en 1950, a casi el doble, o sea, a más de 32.000 millones en 1957.

De acuerdo a la Organización de Naciones Unidas, ONU, la renta media por persona era la mayor de América Latina, y la cuarta del mundo detrás de Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Por tanto, Venezuela apuntaba a convertirse en una respetuosa potencia regional.

Sin embargo, el ejercicio político que venía dejándose ver durante ese mismo período desembocó en serios problemas que hartaron la paciencia y tolerancia del venezolano. Desde el forzado arribo del general Pérez Jiménez en 1952 a la presidencia del país, se acentuaron problemas sociales y políticos. La creación de organismos que respondieran por la seguridad política terminó recrudeciendo la opresión que venía arrastrándose años atrás.

Nuevo Ideal Nacional en desencuentro con la política

La férrea manera de gobernar hizo ver a Pérez Jiménez cual mero dictador. Su estilo de ejercer el poder no tuvo reparos en medidas tomadas para controlar a la población, lo que supuso una cruenta represión.

El Nuevo Ideal Nacional, que derivó en la doctrina del Bien Nacional, sirvió para de cimiento de decisiones de orden político y económico. Desde un principio, no hubo mayor imbricación entre ellas, no solo en cuanto a los conceptos que asentaron su conversión en hechos. Sino también en cuanto a los procedimientos emprendidos, toda vez que los mismos ocasionaron serios conflictos políticos, cuyas molestias justificó el aumento de sus protestas.

Los partidos políticos que se atrevieron a impugnar públicamente las medidas políticas fueron víctimas de fuertes abusos. Sus dirigentes se vieron furiosamente perseguidos, incluso se acometió la eliminación física de muchos de ellos. La represión recrudeció en todo el país y se enfiló además contra líderes sindicales y estudiantiles.

La Universidad no escapó de la represión

Las universidades nacionales fueron objeto de frecuentes allanamientos, perpetrados sin escrúpulo alguno. Se hostigó y acusó a estudiantes que expresaran su disentir respecto del régimen dictatorial. Tan abusivas prácticas se acentuaron a lo largo de la década de los cincuenta, dominada por la dictadura perezjimenista.

Tan dura fue la represión ejercida por organismos gubernamentales, como la temida Seguridad Nacional o los toscos pelotones de las Fuerzas Armadas Nacionales y de las Policías regionales y locales, que la decepción y el malestar cundió entre la población. Incluso pese a la gratitud por el progreso material que ciertamente vino impulsándose al ritmo de una ambiciosa política de infraestructura. La misma se tradujo en obras públicas de gran envergadura que comenzaron a darle una nueva imagen al país. Particularmente, a la capital.

Entrado el mes de noviembre de 1957, el alto gobierno tomó la decisión de realizar un plebiscito. Se hizo con la idea de legitimar al dictador en el poder durante cinco años más. Pero resultó ser la “gota que derramó el vaso”. No hay duda de que dicha determinación, anunciada el 4 de noviembre de 1957 por el mismo presidente ante el Congreso Nacional, fue la causa que indujo un descontento nacional. Con ello, la dictadura cruzó una línea, que la población no estuvo dispuesta a aceptar.

Del 21 de noviembre (Día del Estudiante)

Días más tarde, los estudiantes de la UCV se declararon en huelga y organizaron fuertes protestas públicas contra el plebiscito, lo que generó reiterados despliegues de la Seguridad Nacional. A las marchas se suman liceístas, lo cual les da un giro más sonoro a las protestas. Otras universidades situadas en ciudades como Mérida, emulan las acciones de protesta.

La represión emprendida contra el estudiantado superó los límites acostumbrados. Incluso, constituyó una soez intrusión a los predios de la Universidad Central de Venezuela. Fueron detenidos más de 200 estudiantes.

Un día antes del 21 de noviembre, la represión alcanzó cuotas de sangre entre los estudiantes participantes de las protestas en los alrededores de la UCV y en su propio recinto. Entonces el Consejo Supremo Electoral dicta tajantemente la medida del plebiscito para el 15 de diciembre.

Desde el 21 de noviembre, el país ardió extendidamente en respuesta a la arbitraria decisión, organizada con la intención de darle el beneplácito del poder político al dictador. Pero la población, acicateada por la Junta Patriótica que venía ejerciendo un importante papel de convocatoria nacional, hizo un llamado al Ejército venezolano a velar por la obediencia a la Constitución nacional ante lo que se consideraba una violación a la misma.

Pocos advirtieron que la vía expedita de salir de aquella dictadura la habían esbozado los estudiantes en las calles. Así que, en adelante, fueron días duros para Venezuela, aun cuando el país se benefició del aventón económico y modernización alcanzados en el quinquenio de férrea dictadura militar. Fueron tiempos contradictoriamente vividos, como cuando la economía relegó la política.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Al borde de la nada, por Antonio José Monagas
Con el auge del autoritarismo y la laxitud de los partidos, la democracia ha sido arrimada o arrinconada casi al borde de la nada

 

@ajmonagas

Podría decirse que la política se asemeja a la naturaleza en cuanto al modo de reaccionar ante los agravios que recibe de quienes injusta y caprichosamente se abalanzan en su contra. El ejemplo del cambio climático que hoy acontece como fenómeno reactivo, de riesgosas secuelas, podría ser -comparativamente- el hecho que mejor daría cuenta del carácter de la política en cuanto al modo de reaccionar.

A decir de las consecuencias del cambio climático, sus efectos están desolando importantes cuotas de territorios sin que las tecnologías puedan contrarrestar la devastación en curso. Algo parecido sucede con la política. La democracia, expresión de la política entendida como exaltación de las libertades que encauzan el desarrollo humano, está amenazada por la centralización del totalitarismo político. Valga decir, de lo que se ha dado por llamarse: “globalismo”. O sea, el efecto de la inercia causada por la sumatoria de antivalores que pretenden erosionar y corromper las bases fundacionales de ideologías sustentadas en los valores fundamentales del hombre.

Mientras la confianza, la verdad, la justicia, la honestidad y la dignidad mantengan las tensiones que equilibran sus acciones y funciones, la democracia no podría fragmentarse.

Sin embargo, se han argumentado equivocaciones que acompañan el ejercicio de la democracia como sistema político. Incluso, desde el mismo momento en que la política idealizó su praxis basada en la convicción de que siempre han existido inmensas posibilidades de hacer de la misma un “gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”, como lo refirió Abraham Lincoln para consolidar la construcción de la Unión de los Estados Americanos. 

Muchos intentos en superar ciertas debilidades de la democracia como fuentes de problemas de índole orgánico (la dependencia de la articulación político-administrativa a estamentos y decisiones de corte coyuntural, por ejemplo) han sido repetidas veces caminos cegados por la búsqueda del contenido sustantivo de la democracia.

Revelaciones sustanciales

El intento del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas de acusar la crisis del capitalismo tardío en la incapacidad de generar estructuras normativas capaces de legitimar el sistema económico-político, evidenció una falla estructural de la democracia.

Su acusación evidenció la presencia de una democracia cuya supuesta virtud “participativa”, se hallaba empañada por la desideologización creciente de los propios partidos políticos, en teoría democráticos. Apostaron al poder sin sustancia humana.

Si bien no puede negarse que la democracia indujo un cambio de paradigma político ideal, también fue portadora de distorsiones que potenciaron la codicia y avaricia de muchos. Son esos quienes se apoyan en glamorosos discursos con la intención de ganar prosélitos-ilusos para sus propios intereses.

Así la democracia permitió un ejercicio político que desconoció libertades y derechos. En ausencia de tan necesarias determinaciones, los gobiernos dispusieron normativas como dictámenes constitucionales, que disfrazaron importantes derechos y libertades. Con el paso del tiempo, comenzaron a generar una institucionalidad que decía ser democrática en su acepción más laxa. Pero que, en el fondo, servía para maquinar engaños y enmascarar delitos.

Tendencias y doctrinas ideológicas de toda especie inundaron el terreno político de cuya naturaleza siguen valiéndose miserables, charlatanes, egoístas y mezquinos para hacer de las suyas desde posiciones de poder. Más ahora cuando tristemente han arrimado a la democracia casi al borde de la nada.

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Desastres naturales, la culpa no es de la naturaleza, por Antonio José Monagas
Los últimos desastres naturales soportados por venezolanos tiene que ver más con la falta de planificación que con la furia de al naturaleza

 

@ajmonagas

Una buena parte de la historia de la humanidad está perfilada por los desastres naturales. Estos no solo afectan lo material, sino también el desarrollo humano. Thomas Sowell, economista y teórico social norteamericano, refiere que en los últimos tiempos el mundo ha estado empeñado en reemplazar “(…) lo que funciona con lo que suena bien”. Por supuesto, a los oídos de los políticos, quienes escurren la responsabilidad de los efectos de los desastres con ejercicios de populismo.

Lo asombroso de todo es que esos desastres no han dejado de producirse. En realidad, ha empeorado con el cambio climático y pese a la implantación de nuevas teorías sobre sistemática, optimización y economía de riesgos. Una larga historia de catástrofes que no ha desanimado a quienes, azuzados por conveniencias políticas, se arrogan el papel de planificadores urbanos sin la menor asesoría técnica sobre morfologías de ríos, cálculos de la sedimentación posible, prevención de riesgos, etc. En Venezuela, ni siquiera se planifica.

Por tanto, la causa que explica su incidencia ha de recaer en razones como la incultura, la improvisación, el inmediatismo, la desorganización urbanística, la desobediencia a pautas formuladas por consideraciones y recomendaciones provenientes del ordenamiento del territorio.

Desde luego, el conjunto de estos problemas deriva de apremios, pesadumbres y carencias, particularmente. Aunque los mismos tienen su origen en las mediocridades que comprometen una oferta política engañosa, frívola, impensada e improvisada.

Una causalidad oculta en el populismo

Los últimos reveses soportados por venezolanos con viviendas ubicadas en zonas de alto riesgo tienen como escenario un paisaje natural reactivo a los abusos y excesos cometidos por los asentamientos por el uso de territorios inadecuados en términos de la perspectiva de un desarrollo habitacional, industrial y comercial que sobrepasa y satura capacidades físicas de todo orden y magnitud.

Por las razones arriba aludidas y otras que implican el nivel educativo y de información sobre riesgos latentes, puede inferirse lo siguiente: el venezolano promedio ha demostrado una conducta de indiferencia ante distintos peligros anunciados como de riesgo inmanente. A pesar del esfuerzo por hacer que sean identificados como tales, no son entendidos, concienciados o internalizados. La vivacidad del venezolano, o la presunción de “saberlo todo”, ha sido una causa que lo ha llevado a desafiar situaciones para las cuales no dispone del conocimiento sistemático mediante el cual podría evitarlas.

Su conducta cotidiana, deja ver trazas de inconsciencia frente a situaciones azarosas. De esa forma, tiende a buscar pretextos que consigue justificar en la pobreza que caracteriza su entorno de vida. Se sirve de cualquier argumento para sobrevivir. Aun cuando en el fondo reconoce que omitir tales peligros representa una mentira “piadosa”.

Construir una vivienda, una urbanización o cualquier edificación en lo que fue una cañada, aunque seca por el tiempo, o al borde de una viva quebrada o cauce, significa no medir el peligro que en todo momento acecha. Ese venezolano que así procede, desconoce que algún día la naturaleza buscará recobrar sus cursos de agua. Aunque tarde años. Y ahí, precisamente, sobrevendrá una tragedia. Quizás, de impredecible respuesta.

Indiscutiblemente, esto evidencia un absurdo desafío en el que la gente las lleva todas a perder. Esto implica un desastre. Ojalá, estas líneas inciten a deducir la razón de muchos de los desastres que han acontecido recientemente.

Especialmente, en lugares donde la intemperancia de las aguas somete la orografía del paisaje a su poderosa fuerza. Situaciones así llevan implícito el desastre. Así que cuando se tienen realidades que lucen excedidas por el factor humano, cabe decir que ante alguna calamidad que intempestivamente surja alrededor de ocupaciones improvisadas, la culpa no es de la naturaleza.

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La inspiradora historia de MamaDulce, por Antonio José Monagas
MamaDulce (QEPD) fue la querida docente que supo inculcar durante 35 años valores de respeto, solidaridad, amor y entereza a los niños en el Kínder Tío Conejo, en Mérida

 

@ajmonagas

In memoriam de MamaDulce, mi adorada madre

El universo es un vivero de imágenes y símbolos que inspiran actitudes y creencias. Y también motiva historias de esperanzas. Es una razón para pensar cómo la vida se torna fascinante y al mismo tiempo tan perfecta. Así se concibe como todo un aprendizaje. Aunque sus lecciones no siempre sean bien entendidas, la vida es un perpetuo movimiento cuyo vaivén incita a valorar el camino que cada persona va recorriendo en aras de sus anhelos.

Quizás por eso ha llegado a decirse que hay historias de vida únicas e irrepetibles. Aun cuando muchas puedan semejarse, hay historias sugerentes, emocionantes y que difieren en el fondo. Y hay historias inspiradoras, que aleccionan. Sobre todo, cuando su testimonio vital se convierte en ejercicio espiritual y ejemplo de vida. Es exactamente la historia que describe la vida de MamaDulce.

Referir ¿quién fue “MamaDulce”? es un desafío a ser afrontado en la brevedad de este espacio. De comienzo, cabe decir que recibió el nombre de Dulce María Uzcátegui quien nació el 10 de septiembre de 1928 en la agraciada y bucólica población del páramo merideño: Timotes. Desde entonces tuvo una vida colmada de amor y arte.

MamaDulce, amor, arte y docencia

Arte, pues así entendió su formación de educadora que la preparó para potenciar en sus alumnos, casi siempre de edad preescolar, la capacidad de pensar. Siempre mostraba la seguridad del maestro convencido del poder de la educación para modelar, en la etapa escolar, a la ciudadanía democrática como energía inspiradora de moral, luces y conciencia.

Amor, pues fue la manera de expresar lo que conjuga tan hermoso sentimiento. Bien supo ella conjugar los valores de la amistad, la tolerancia, la constancia y la probidad en la actitud de sus niños.

De modo que convertía sus clases en jornadas de honestidad, unión y conocimiento, valores que juntaba para infundirle armonía a la mirada que del mundo hace el ser humano desde que comienza a comprender las bondades y enredos de la vida. Asimismo, en su condición de madre.

MamaDulce percibió la vida como un afluente lleno de posibilidades que aprovechó para hacer de cada oportunidad una realidad que bien tradujo en su accionar diario. También, en cada uno de sus “sueños de tela” como fueron así llamadas por el eximio maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa en la oportunidad de exhibir, ante el público nacional, sus trabajos de telas. Sus telas eran dibujadas por retazos de fieltro a los cuales dio vida al convertirlos en personajes característicos de un lugar, momento, evento, condición o situación geográfica.

Sus “sueños de tela”, plasmados de colores, siluetas y alegorías, colmaron incontables paredes de las casas de sus hijos, amigos y familiares. Así, en las mismas, se ha mantenido viva la alegría que le inducían sus dedos ayudados de hilos de distintos matices y agujas de diferentes proporciones para crear lo que su amor y su arte le inspiraban.

La maestra más querida

MamaDulce fue una merideña que enseñó con la nobleza de mujer entregada a la educación, que entendió y enseñó la correspondencia entre el hacer y el querer. Así, se entregó en ejemplo a la ciudad que le conoció y reconoció como la primera maestra de tantos hombres y mujeres que hoy valoran su labor como conductora y formadora de generaciones de profesionales capaces de crecer y progresar por esfuerzo propio.

Tanta verdad hay en la magia que derrochaba en cada conversación, que su apodo lo ganó en la dedicación que brindó como madre de ocho hijos. Que expuso en el magisterio como líder de maestros. Y representó en sus telas hechos y personajes retratados con trazos de hilo y retazos de diminuto tamaño. Sus principios familiares la consagraron como compañera de vida de quien fuera su esposo, José Miguel Monagas (+), combativo venezolano igualmente entregado a la docencia y hombre enamorado de la perseverancia de esta maestra de vida.

Estas, y otras tantas virtudes, la consagraron como la querida docente que bien supo inculcar valores de respeto, solidaridad, amor y entereza a los niños que fueron sus alumnos en el Kínder Tío Conejo. Durante más de treinta y cinco años formó más de mil preescolares.

“En el Kínder Tío Conejo / aprendemos cosas lindas / y nos guía MamaDulce / hacia el patrio porvenir / Jugamos… tralá… / Cantamos… tralá… / y unidos a un mundo mejor”. Era la canción que los niños entonaban a diario cada mañana de la mano dulce de “MamaDulce”.

Repasar las infinitas acciones que ella emprendía, no solo es una forma de valorar su alma y corazón de abnegada docente. Sino, también, de valorar su ejemplo en tanto que es digno de ser comprendido como quien supo dar cuenta de que el espíritu de la educación es el conocimiento de los valores trascendentales del ser humano.

Valgan estas líneas para honrar en la eternidad el recuerdo de MamaDulce. De igual manera, para invitar a que estas palabras, asentidas gracias este medio de comunicación, se vean como fuente primigenia para seguir ahondando en su inspiradora historia. QEPD.

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“Política”, el concepto que desafía la vida, por Antonio José Monagas
La política está dirigida a reivindicar el espacio público. Su comprensión exalta el sentido de dignidad humana

 

@ajmonagas

De “política”, mucho se ha dicho y escrito. Aunque hay momentos en que poco se percibe la diferencia entre la oralidad y la escritura. Mas, cuando se tiene a la política como razón de análisis y existiendo aun alguna concordancia lógica entre las referidas acciones.

Todo ello tiende a fijar en el individuo las implicaciones que irradian concepciones del mundo. Por ejemplo, el concepto de “política” en su ejercicio ordinario. Quizás por eso, el actor ítalo-francés Ives Montand dijo que “aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti”

Mientras, el dramaturgo y poeta inglés, William Shakespeare, algo a este respecto logró advertir cuando refirió que “la política está por encima de la conciencia”.

En consecuencia, resulta casi imposible dudar de la “política” en su condición de pivote de la vida. O sea, desde el mismo instante en que se avizora como la condición que lleva a considerar su esencia como aquella parte del hombre que lo hace escoger entre una opción u otra. Sin embargo, ahí radica la confusión que su comprensión induce. Por eso, hay personas que despotrican de su significación toda vez que se sienten manipulados por sus efectos. O porque equivocan su manejo al considerarla como única razón de poder. 

Política y politiquería

Esta situación, ha provocado su desnaturalización. Ahí se habla de “antipolítica”. No solo respecto de su ejercicio e implicaciones. Sino ante la realidad en medio de la cual se contextualiza su comprensión. Esas ambigüedades han conducido a confundir conceptos que relacionan la política con distintos haberes fundamentales para la vida del ser humano.

Por ejemplo, confusiones entre “Estado y República”, “gobernabilidad y gobernanza”, “política de Estado” y “política de gobierno”. Confusiones estas entre otras, que animan conflictos de gobierno y problemas de autonomía, de descentralización de poderes y dificultades de desarrollo.

No obstante, más allá de esas circunstancias se erige un primer problema que constriñe la vía para entender el concepto de “política”. Causado el mismo por la gruesa similitud que ha venido creciendo entre “política” y “politiquería”. Y la forma de disipar los enredos que habitualmente se han arraigado en el lenguaje popular, es precisando los contextos de comparación en cuanto a los siguientes ámbitos. 1. De referencia. 2. Del momento situacional. 3. De la ideología como sustrato operacional. 4. De la cultura de base social. 5. De la cultura de base socioeconómica.

Un concepto debutante

Luego de superar estos escollos descriptivos, es posible intentar un concepto de “política”. Este supone una relación en la que la praxis desempeña un papel fundamental ya que solo a través de la acción el individuo deja ver su identidad, su relato particular. Es decir, sus intereses o necesidades que lo mueven en sus propias realidades. Mas, al apostar a la libertad que existe en un ámbito de democracia, ciudadanía y pluralidad.

Tan oportuno concepto está dirigido a reivindicar el espacio público. Su comprensión exalta el sentido de dignidad de la política. Sobre todo, al entenderse como una actividad que constituye un fin en sí misma toda vez que tiene como contenido la acción conjunta entre ciudadanos, lo que destaca la necesidad de “estar juntos”, de “compartir” y de “convivir”.

A decir de la alemana Hannah Arendt, teórica política nacionalizada estadounidense, para consumarse o realizarse, la “política” debe integrar libertad, acción e igualdad en un mismo tiempo.

En síntesis, esta representa toda actividad asociada a la toma de decisiones o relaciones de poder que se establecen entre individuos. Ante esta explicación, que involucra lo que compromete al hombre en la búsqueda de las verdades que fundamentan la vida, adquiere razón admitir que es la “política” el concepto que desafía la vida.

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Del esbirro que salió del revoltijo político-dictatorial, por Antonio José Monagas
Acá tiende a fortalecerse el concepto de esbirro. El régimen lo necesita para mantenerse

 

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Referir la palabra “esbirro”, exige indagar el tejido político. El repulsivo término se afinca en la naturaleza del totalitarismo. Junta razones políticas de la más indecente calaña, con disposiciones de fuerza.

El hecho de contar con sinónimos como “policía, represor, secuaz, seguidor, sicario y torturador”, según el Diccionario Panhispánico de la Real Academia Española, revela el carácter de su etimología. El DRAE asienta que el significado de “la persona que ejecuta las órdenes de otra o de una autoridad, si para ello debe emplear la violencia”.

Para ahondar la materialización del término por estas tierras, quizá luzca pertinente la revisión de la teoría sociológica del “gendarme necesario”, expuesta por el asesor principal del gobierno del general Juan Vicente Gómez, quien condujo a Venezuela durante las tres primeras décadas del siglo XX. Fue el general Gómez quien hizo que Venezuela se administrara bajo la sombra de la tiranía.

Durante su gobierno el término “esbirro” le fue endilgado a funcionarios de la seguridad política cuyas actuaciones comportaban la violencia que mejor habla del torturador, del represor, del policía intransigente e injusto.

El esbirro como hijo del militarismo

El militarismo consiguió en el “caudillismo” el aliado que mejor justificaba la imposición de la fuerza como recurso de gobierno para “civilizar la población”. Este “militarismo” se convirtió en razón que cuadraba con la necesidad de “ordenar” la sociedad.

Fue así como el “militarismo” adquirió fuerza política. Así, logró cambiar intenciones de crecimiento económico con el apoyo de una estructura cívico-policial donde la figura del “esbirro” no podía faltar. Con ello mantendría a raya todo factor disidente que pusiera en riesgo la estabilidad del régimen tiránico.

En el plano político, el “militarismo” hegemónico, visto en el curso de la historia política contemporánea, se ha arrogado atribuciones al voleo. Así le ha restado importancia a la institucionalidad sobre la cual descansa el ordenamiento jurídico que sirve de fundamento al discurrir de la sociedad.

¿Cómo se afianzó el concepto de esbirro?

Acá tiende a fortalecerse el concepto de “esbirro”. Su aparición se ha valido de estructuras gubernamentales que, en su oficio, buscaron afianzar el totalitarismo como sistema político. De ahí que someter la sociedad bajo la fuerza de este personaje significaba instaurar un régimen político suficientemente opresivo para sembrar el terror y consolidar el poder.

Por eso el sistema político actual, en contrario con postulados que exaltan libertades y derechos humanos, actúa apegado a esquemas dictatoriales con un barniz de postulados democráticos.

En aras pues de dominar circunstancias generadas por la barbarie, el caos y la anarquía, había que aducir alguna figura de poder que calzara con la necesidad de sofocar la disidencia a realidades convulsivas. Había que pensar en quién podría ejercer la autoridad dictatorial, en representación del régimen político. Fue entonces cuando adquirió razón la figura del esbirro quien, en el contexto del autoritarismo tiránico, fue el personaje que fungía como el “hombre fuerte” sin que sus acciones tuvieran mayor repercusión. Era la figura que se corresponde con las intenciones perversas del totalitarismo en curso.

La impunidad, su plataforma

La impunidad de la cual se ha valido el régimen autoritario para imponer su fuerza facilita la acción de este personaje siniestro. Y que indistintamente de lucir un uniforme y actuar a nombre de la autoridad, o vestido de paisano, garantiza los intereses políticos del autoritarismo.

Además, su labor es infiltrada por el odio. A decir de algunos postulados reivindicados por líderes totalitarios, el odio es un “factor de lucha”. Como recurso sociológico, permite forzar acciones políticas dirigidas a anular al adversario. El esbirro, entonces, busca actuar contra toda manifestación que atente contra la ideología y praxis política sobre la cual descansa el discurrir dictatorial.

La necesidad de echar mano de la represión obliga a las dictaduras a dotarse de artilugios de movilidad y de fuerza (vehículos y armas) que facilitan la labor opresora de sus esbirros. Esto ha hecho que organismos policiales y militares avalen el indigno trabajo del torturador en su condición de verdugo, sicario, mercenario o servil del autoritarismo hegemónico y tiránico.

El esbirro se adapta a las coyunturas sociales y políticas. En consecuencia, las organizaciones de seguridad “política” de los regímenes autoritarios cambian sus fachadas a conveniencia del régimen y su dominio absoluto. Detrás de tanta indecencia, aparece camuflada la figura de esos personajes. O sea, del “esbirro” que salió del revoltijo político-dictatorial.

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Autoritarismo político y cromático, por Antonio José Monagas
La dinámica social que un régimen político autoritario puede desarrollar, no tiene más límites. Ahora les ha dado por hacer un colorinche de los iconos de Mérida

 

@ajmonagas

La dinámica social que un régimen político autoritario puede desarrollar, no tiene más límites que los definidos por las tropelías y petulancias de gobernantes encaprichados por imponer criterios al gusto de antojos que ordenen la ignorancia y las finanzas públicas a su cargo. Todo lo cual es decidido a desdén de criterios artísticos, culturales e idiosincráticos.

El autoritarismo, según la escritora y teórica política alemana Hannah Arendt, persigue la transformación de la naturaleza humana mediante la combinación de una estructura absolutamente totalitaria “de ideología y terror” (Orígenes del totalitarismo, 1951, Madrid, Taurus).

No obstante, la dinámica del llamado “socialismo del siglo XXI” fractura el sentido y contenido de la historia política contemporánea. Se sirve de una narrativa que distorsiona la histórica y hasta los hechos empíricos. Así se permite construir un mundo ficticio el cual provee la ilación de acontecimientos necesaria para argumentar un desarrollo histórico a conveniencia. Y busca legitimarlo mediante acciones conformes hechos seleccionados a instancia de sus intereses políticos.

Bajo tan deformada “lógica”, el autoritarismo se desarticula de realidades irrebatibles a toda vista. Esa situación le vale la arrogancia suficiente para actuar según criterios impuestos a la fuerza con el propósito de construir supuestos teóricos utilizados para validar la arbitraria toma de decisiones.

Es el caso que caracteriza al autoritarismo hegemónico venezolano. Esto hace que sus ejecutorias de gobierno se subordinen a la arbitrariedad de los actores políticos.

Un caso de patéticas consecuencias

La ciudad de Mérida es patético ejemplo de todo cuanto el mundo ficticio de la ideología socialista persigue para afianzarse tanto en su contenido, como en su “lógica” (de absurda naturaleza). Es así como el gobierno citadino, tanto regional como municipal, lesionó no solo conceptos históricos que exaltan la valentía de los próceres merideños de la independencia de Venezuela. De igual forma, abofeteó el gentilicio con la excusa de imponer lo que más inmediatamente le viene en gana a estos gobernantes chavistas. Aunque se dicen socialistas, exhiben groseras e inmoderadas apetencias de corte capitalista.

Resulta que convirtieron la ciudad de Mérida en un laboratorio de “forjamiento cromático” cuyas prácticas optaron por ensayar el cambio de imágenes de edificaciones de uso público. Dicho ejercicio burló la historia de la ciudad, sus tradiciones, el gentilicio e idiosincrasia que se corresponden con el sentimiento de merideñidad.

El régimen político regional, en confabulación con el régimen municipal, asumió la decisión de cambiar el patrón visual de la ciudad. Cuestión que hizo sin medir consecuencias, ni mediar juicios que habrían llegado a un punto de equilibrio entre apreciaciones y expectativas de distinta facturación.

Tal decisión, tomada sin consultar la opinión de investigadores universitarios, expertos académicos y la voz popular, consistió en afectar mediante un vulgar juego colorimétrico la fachada de edificios tan emblemáticos y concurridos como el Mercado Principal y la Terminal de Pasajeros de Mérida.

El impacto visual de estos cambios, con base en un repugnante juego de colores, ha sido contraproducente. Tanto a nivel de la relación cromática utilizada, como por el castigo que ello ha significado para una ciudad cuya historia habla de una urbe regida por visuales que se articulan con la geografía que domina la Sierra La Culata y la Sierra Nevada. La naturaleza coronada por el blanco de las nieves. Y el azul, color contrastante marcado por el techado celeste que irriga su calor a la ciudad de frías ventiscas.

Estos hechos, que dañan la ciudad, no reflejan otra cosa que la trastornada “lógica” revolucionaria de cultivar su fanatismo; convencidos de conseguir en la ideología del autoritarismo socialista hasta la “politización del color”. Lo que lleva a inferir que el autoritarismo no es solo político. También es cromático.

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¿Dónde quedó el desarrollo anunciado?, por Antonio José Monagas
Vale aludir la mutación del concepto de desarrollo, particularmente bajo la dinámica de la tecnología

 

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En principio, es necesario referir el concepto de “desarrollo” para tener una idea algo justa de su significación e implicaciones. Vale comenzar aludiendo a la mutación de tan manido concepto. Particularmente por la dinámica de los tiempos, moldeados la tecnología.

Ello desde luego, en virtud de múltiples avatares que han delineado tendencias de la sociedad de cara a necesidades impulsadas por un mercado compulsivo y desordenado. Carente de brújula en cuanto a criterios mercantilistas disociados respecto de lo que sus factibilidades inducen en la vida económica, cultural y política del hombre en comunidad.

Así se tiene que los rezagos de la Segunda Guerra Mundial motivaron distintas teorías que buscaban describir el “subdesarrollo” como consecuencia de la ausencia de estrategias ordenadas. Y, en consecuencia, el “desarrollo” apuntaría teóricamente a un mundo más organizado, eficiente y eficaz en muchos aspectos.

Las teorías del desarrollo

Se discutieron teorías que configuraban procesos específicos que debía comportar el crecimiento económico y social de naciones. Pero que demostraran además capacidades de adaptación a nuevos paradigmas de productividad. Igualmente, que tuvieran niveles aceptables de educación conjugados a potencialidades económicas y sociales.

En el fragor de estas realidades se crearon organismos multilaterales cuyos manejos institucionales respondían a intereses de espectro internacional, es decir, a llamados geopolíticos y económicos. Sus objetivos apuntaban, y siguen así dirigiendo sus respectivos esfuerzos, a impulsar el desarrollo económico y social de naciones esperanzadas en mejorar sus niveles de crecimiento y progreso.

De esa forma, se adelantaron conceptos de desarrollo diferenciados, especialmente, a partir de múltiples manifestaciones fácticas. Sin embargo, en principio esos conceptos consideraban escasamente el nivel de pobreza de los países menos capacitados para alcanzar un grado superior de su desarrollo.

La distorsión política

La dinámica política hizo que el concepto de “desarrollo” se comprendiera de distinta forma. Particularmente, al darle más importancia a la integración de factores dirigidos a compenetrar más la población en problemas sociales y económicos enmarañados. Así, “desarrollo” comenzó a posicionarse como una condición de trascendental importancia.

Por ejemplo, en círculos académicos ha venido hablándose de razones que enfatizan en la interpretación de las realidades. De cómo sortear las dificultades que atascan el liderazgo, la creatividad, el emprendimiento y la competitividad, fundamentalmente. Estos son más integradores que factores de interés meramente economicistas y administrativistas.

En virtud de interesantes enfoques que han tendido a construir un nuevo paradigma sobre el cual podrá sustentarse un nuevo concepto de “desarrollo”, se han planteado consideraciones que tocan intereses y necesidades de razón cultural, ambiental, política y social. Todas, arraigadas en las comunidades del territorio objeto de desarrollo.

La responsabilidad de los líderes

De atenderse estas consideraciones, sería posible alcanzar alguna cota de desarrollo que supere estadios anteriores. Aunque frente a situaciones asediadas por precariedades como las arriba descritas, cualquier esfuerzo de desarrollo se torna imperceptible. Incluso, confuso. Por tanto, se convertiría en un pesado factor de atraso que se enraizaría aun más al subdesarrollo como condición, donde quedan aprisionados cuantiosos esfuerzos.

De marginarse la incidencia que actores sociales connotados puedan realizar ante el trazado de propuestas de “desarrollo” como objetivo sociopolítico, basadas las competencias de esos actores en experiencias, visiones, iniciativas y expectativas, entonces el “desarrollo” será una realidad más temprana que tarde.

Asimismo, lo referente a programas de transferencia de tecnología. Las inversiones que demanda el asunto en cuestión incidirán favorablemente en la determinación del “desarrollo” planteado. De lo contrario, seguirá el ciudadano preguntándose: ¿dónde quedó el desarrollo anunciado?

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