Brian Fincheltub, autor en Runrun

Brian Fincheltub

La inmunidad de los impunes, por Brian Fincheltub

Maduro sí tiene inmunidad, o “inmunología”, como dijo. Foto Jhonander Gamavia REUTERS en El Mundo.es (Interv. por N. Silva / Runrunes).

@BrianFincheltub

Durante el último año desde los órganos de propaganda del régimen no cesaron de repetir hasta el cansancio que la dictadura había logrado “contener” la pandemia en Venezuela. Una mentira que tuvo tanto eco que hasta en algunos medios de comunicación internacionales llegaron al extremo de hablar la “fórmula venezolana” frente a la COVID-19. Una fórmula “exitosa” si nos fiábamos de las cifras de contagios, fallecidos y el número récord de “recuperados” anunciados diariamente en transmisiones de radio y televisión. Todo era extraño. Pese a que la mayoría dudaba de las cifras oficiales, era la primera vez en años que veíamos a voceros de la dictadura ofrecer balances. Una señal que, viniendo de donde venía, lejos de generar tranquilidad inmediatamente generó suspicacia.

La pregunta que se hacía mucha gente era: ¿a cuenta de qué la dictadura quería dar señales de transparencia? Total, si así lo hubieran querido, con adoptar la política de opacidad total de Corea del Norte tenían. Nada ni nadie se los hubiese impedido. La estrategia elegida fue otra: optaron por hacerle creer al mundo, pues poco les importa la opinión interna, que manejarían la crisis sanitaria con responsabilidad y diligencia. Todo, con el único objetivo de ganar legitimidad internacional que les permitía recuperar el acceso a los fondos del Estado resguardados en la banca europea. La prueba de ello es que no habían pasado dos meses de la declaración de los primeros casos en el país y ya los cabecillas de la dictadura pedían el levantamiento de las llamadas “sanciones”.

La verdad es que no habían contenido nada. Venezuela, como ningún otro país de la región, tuvo condiciones propicias para controlar la pandemia. Y es que ningún otro país latinoamericano tiene el nivel de aislamiento interno y externo que vive Venezuela hoy. Con una escasa conexión aérea internacional y una movilidad interna sensiblemente reducida producto de la escasez de gasolina, nuestro país tuvo el cerco sanitario perfecto para contener el número de casos importados y evitar la propagación de los casos comunitarios. Pero sin ninguna sorpresa, no fue así y las consecuencias están a la vista de todos.

La explosión del número de contagios y muertes en el país es el resultado de la inacción de una élite que jamás le ha interesado la vida de los venezolanos.

Hablo de inacción y no de incapacidad porque no tengo dudas de que se trate de un plan deliberado de exterminio de la población venezolana. Mientras todos los gobiernos del continente negociaban para conseguir vacunas para sus poblaciones, en Venezuela Nicolás Maduro presentaba las llamadas “gotitas milagrosas”.

Mientras en todo el mundo iniciaban sendas campañas de vacunación, aquí nos enterábamos de que toda la banda criminal se había vacunado en pleno antes que el personal médico y sanitario.

Cuesta creer que la misma dictadura que dice contar con el apoyo incondicional y la amistad de China y Rusia, haya recibido apenas 250.000 dosis de la vacuna Sputnik V. Lo que quiere decir que Rusia ha enviado más fusiles que vacunas al país y no precisamente por culpa de las sanciones, porque al menos que yo sepa, ni Rusia ni China han sancionado a Venezuela. Tampoco se trata de un problema de liquidez, porque así como Venezuela paga la cooperación militar con estos dos países con nuestro petróleo y oro, bien pudiera pagar las millones de vacunas que se necesitan para proteger la vida de los venezolanos.

El plan es otro. Lo muestra también la intención criminal de bloquear a toda costa el ingreso al país de las más las más de dos millones de vacunas obtenidas bajo al acuerdo de cooperación COVAX, para lo cual la legítima Asamblea Nacional ya desembolsó los recursos, pero que la dictadura se ha encargado de boicotear.

Mientras tanto, las redes sociales están inundadas de campañas de recaudación de fondos; venezolanos que piden desesperados altas sumas en dólares para salvarles la vida a los suyos recurriendo a la medicina privada, en un país donde ir a un hospital es prácticamente una condena a muerte. Y no precisamente por el valiente personal médico que expone sus vidas para salvar las de otros, sino porque toda la infraestructura hospitalaria está desmantelada.

Hoy, como nunca antes, exigir la vacunación masiva es asunto de vida o muerte.

No es posible que la vida de millones esté en manos de secuestradores sin ningún tipo de escrúpulo y ningún sentido de humanidad. La solución no es encerrar de nuevo a millones en sus casas. Sin vacunación masiva no habrá confinamiento ni cuarentena radical que evite lo inevitable: que miles de venezolanos pasen a engrosar la lista de víctimas.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La dictadura y las FARC le declararon la guerra a los venezolanos, por Brian Fincheltub

Imágenes sup.: izq. familia del estado Apure, cuyos 5 miembros fueron asesinados por presuntos efectivos de las Faes; centro: FANB en la zona; der. comunidad 5 de Julio, de Apure; inferior: venezolanos desplazados en un refugio de Arauquita, Colombia.

@BrianFincheltub

Venezuela tuvo una vez una Fuerza Armada Nacional cuya principal misión fue la defensa de la soberanía. Cuando hablamos de soberanía nos referimos esencialmente al resguardo de nuestras fronteras marítimas y terrestres, con el objetivo de neutralizar cualquier tipo de intrusión al territorio nacional por parte de factores externos que pudiesen amenazar nuestros recursos naturales y/o vulnerar nuestra sagrada integridad territorial.

Aunque el chavismo manoseó el término soberanía como ningún otro gobierno en nuestra historia republicana, la realidad muestra que hoy Venezuela dista mucho de encajar en la definición clásica de lo que significa ser un país soberano. Nunca antes en nuestra historia fuimos tan dependientes, nunca antes nuestras fronteras estuvieron tan vulneradas, nunca antes el pillaje de nuestros recursos naturales, patrimonio de todos los venezolanos, fue tan descarado. Ni hablar de la integridad territorial.

Fragmentaron el territorio venezolano para entregárselo a mafias criminales y al narcotráfico, con la absoluta complicidad de la cúpula política y militar.

Nuestros enemigos históricos hoy son los aliados de la dictadura. Grupos criminales, terroristas de toda índole y calaña hacen vida en toda Venezuela, repartiéndose el territorio venezolano y los recursos con los que la naturaleza bendijo nuestro suelo como si se tratase de un botín de guerra.

En el medio, millones de venezolanos, especies de rehenes de un conflicto que nunca buscaron y en el que fueron metidos por un régimen entreguista y criminal capaz de todo para sobrevivir. Lo hemos visto esta semana, arrasan a una población entera del estado Apure para que su facción aliada de las FARC opere sin inconvenientes y siga llenando de terror a Colombia.

Desde la óptica del derecho internacional, este ataque contra población civil, que incluye niños y mujeres embarazadas, califica como un crimen de guerra. Un crimen que debería engrosar el expediente del régimen madurista ante la justicia internacional. Desde el punto de vista interno, el abominable hecho de aliarse con los enemigos históricos de nuestro país para atacar nacionales, es un acto de alta traición que deshonra aun más la institución militar venezolana. Esa institución dirigida por quienes, mientras se montaban en una tarima a lanzar cuatro arengas con el “imperialismo”, dejaban nuestras fronteras, por acción u omisión, a la merced de las FARC, el ELN, el Hizbulá y hasta el cártel de Sinaloa.

La comunidad internacional debe voltear su mirada hacia Venezuela, la protección de los miles de desplazados que han huido a territorio colombiano es urgente. Para muchos de ellos no hay posibilidad de regresar, de sus hogares no quedan más que cenizas, el recuerdo de los bombardeos sigue como llama viva en sus memorias, memorias de una guerra que les declaró su propio país. El país que secuestró hace más de dos décadas el chavismo.

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TPS, alivio migratorio para los venezolanos, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

La reciente designación de Venezuela al Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) por parte de administración del presidente, Joe Biden, representa un verdadero alivio para cientos de miles de venezolanos que vinieron a los Estados Unidos escapando de la tragedia socialista. Pero también demuestra que nuestra nación, sin importar la agrupación política que dirija las riendas de la Casa Blanca, sigue siendo un tema prioritario para el gobierno estadounidense.

Un tema que lejos de limitarse a la sola política exterior, hoy también se convierte en un asunto de política interna; como de hecho se ha convertido la masiva migración venezolana para prácticamente todo el continente.

Aunque la realidad es suficientemente grave para permanecer indiferentes, esta medida es el resultado del trabajo conjunto, en primer lugar, de la comunidad venezolana en los Estados Unidos. Con esta he tenido la oportunidad de conversar en varias ocasiones y puedo dar fe del admirable el trabajo de organización que ha logrado para construir redes de solidaridad y ayuda con nuestros connacionales.

También de todo el equipo de la Embajada del gobierno legítimo de Venezuela, quienes siempre entendió que era primordial entablar buenas relaciones con todos los sectores políticos en Washington y garantizar que Venezuela siga siendo unos de los temas donde hay consenso bipartidista. A los Estados Unidos siempre les estaremos agradecidos por tomar la decisión correcta que hoy beneficia a cientos de miles de venezolanos que en su mayoría está acá no porque quieren, sino porque representan muchas veces la garantía de supervivencia de su familia en Venezuela.

La designación de un país al TPS significa que los Estados Unidos reconoce que, en las condiciones actuales, las personas de dicho país no pueden regresar a casa de manera segura.

Estas condiciones pueden ser, por ejemplo, una guerra o un desastre natural. De allí que en la lista de naciones que también han sido designadas con el mismo estatus figuran Siria, Yemen, Sudán del Sur y Haití. Venezuela se une al grupo por representar la tragedia humanitaria más grande que haya vivido nación alguna sin sufrir un desastre natural ni contar con un conflicto armado declarado. Una tragedia humanitaria causada por la imposición del modelo socialista y el saqueo de un país por una élite corrupta que pulverizó los indicadores macroeconómicos que ubicaban a Venezuela entre las naciones más prósperas de la región antes de la irrupción del chavismo.

Debo decir que ver a Venezuela en esta lista no me llena precisamente de orgullo, más allá de que me alegre por tantos miles de venezolanos honestos que, mientras dure esta protección, podrán continuar sus vidas en suelo estadounidense sin miedo a ser deportados; teniendo derecho a un Documento de Autorización de Empleo (EDA, por sus siglas en inglés). Personalmente, hubiese preferido vivir la época donde era nuestro país el que recibía migración de todas partes del mundo. Y cuando nuestro pasaporte nos abría puertas y no nos las cerraba como sucede hoy.

Pero son los tiempos que nos tocaron afrontar y, lejos de desmoralizarnos, queda de nosotros levantar no solo nuestro gentilicio, sino trabajar desde nuestro espacios para que todos y cada uno de los venezolanos que quiera regresar a Venezuela, lo haga sin miedos y sabiendo que serán recibidos con los brazos abiertos.

Se calcula que aproximadamente unos trescientos veintitrés mil venezolanos pudieran ser elegibles para al TPS.

Esto significa también un poderoso mensaje enviado por la administración Biden al resto del mundo, principalmente Latinoamérica, donde se ha concentrado la mayor parte de la migración venezolana. Una que por cierto vive en condiciones de mayor vulnerabilidad que las que se pudieran vivir en otras latitudes. Venezolanos que también necesitan protección y que no exigen un estatus de privilegio, sino un trato igualitario que les permita obtener un empleo. No por representar mano de obra barata, sino porque así lo permitan sus calificaciones profesionales.

Los venezolanos no escapamos a robarles oportunidades a otros; salimos a creárnoslas con esfuerzo y dedicación. El respeto de las leyes debe ser nuestro norte para lograr lo que queremos. Seamos nosotros mismos los primeros en condenar a quienes delinquen, pero también los primeros en rechazar la generalización que cruza los límites de la estigmatización y la xenofobia y pretende meternos a todos en el mismo saco. Los venezolanos vamos a superar esta etapa y con trabajo continuaremos buscando razones para sentirnos orgullosos de donde venimos.

Atención: si vives en los Estados Unidos y tienes cualquier pregunta sobre el TPS, escríbenos a [email protected]. Estamos a la orden para orientar a todos nuestros hermanos venezolanos en este proceso.

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El castrismo y la alcahuetería latinoamericana, por Brian Fincheltub

Fidel Castro y Hugo Chávez. Foto archivo Diario Las Américas (Interv. por N. Silva / Runrunes)

@BrianFincheltub

La relación de Latinoamérica con el régimen castrista ha sido históricamente una relación de contradicciones. El mejor ejemplo de ello es lo que sucede siempre que toca evaluar el estado de la democracia en la región. Para desdicha de los cubanos, Cuba pareciera constituir un caso especial; uno donde reina el doble rasero, la hipocresía y la complicidad. La posición de Latinoamérica respecto a Cuba pasó, con el transcurrir del tiempo, de la tímida condena a la admiración. Admiración no solo por el líder histórico que pudo confrontar a la principal potencia mundial a tan solo unas cuentas millas de distancia, sino por el sistema que este edificó en medio del muy cacareado “bloqueo económico”.

Detrás de la construcción épica y el relato propagandístico, queda relegada la realidad de un pueblo que ha vivido oprimido por más de sesenta años.

Poco o nada se habla de innumerables violaciones a los derechos humanos que han vivido y siguen viviendo diariamente los cubanos, un país cuya existencia parece condenada de manera indefinida al atraso y al olvido de un continente que, salvo honrosas excepciones, prefirió tenderle alfombra roja al dictador antes que condenar sus desmanes.

Para algunos presidentes latinoamericanos, la figura de Fidel Castro representaba la figura del hermano mayor rebelde con el que decidían juntarse cuando necesitaban llamar la atención de los Estados Unidos. Aunque estos presidentes creían que utilizaban a Castro en su juego de geopolítica infantil, la realidad es que eran ellos los utilizados.

El castrismo supo aprovechar cada una de las puertas que se le abrían en la región para expandir su proyecto ideológico y formar cuadros políticos capaces de responderle directamente.

Un replanteamiento de la estrategia intervencionista de la isla tras el fracaso de los movimientos insurrecciónales, financiados durante la década de los sesenta y los setenta por Fidel Castro.

De allí que el devenir de los venezolanos hoy dependa de lo que pase con Cuba. Aquí también se le recibió con honores, por cierto, mucho antes que lo hiciera Chávez. Las consecuencias las estamos viviendo. Nunca antes nuestra historia estuvo tan atada a la de otro país y aunque en esta última etapa hemos contado con la solidaridad de muchas naciones, falta más determinación de parte de algunos. Es complejo pero a la vez sencillo, la verdad es que nada cambiará sin que se decida antes desde Cuba.

No somos más que rehenes de un sistema que no dejará de expandirse; todo lo contrario, que aspira a recuperar, a través de las oportunidades que le permite la democracia, los espacios que ha ido perdiendo en la región.

Frente a esta avanzada no hay respuesta común, muchos siguen pensando que es posible convivir con dictaduras sin que eso amenace a sus democracias. Si alguien quiere confirmar lo contrario, solo tiene que mirar al norte del sur.

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Brian Fincheltub Feb 26, 2021 | Actualizado hace 2 meses
La Venezuela VIP, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

La pandemia de la COVID-19 no solo ha cobrado millones de vidas humanas en todo el planeta. En el balance final del letal virus tendremos, sin duda, que considerar a todos aquellos funcionarios cuyo cuestionado manejo de la emergencia sanitaria les ha costado sus propios cargos. La lista es larga y en ella se cuentan desde presidentes hasta ministros. Ciertamente, no en todos lados se castiga al funcionario ineficiente o corrupto; en algunos lugares, contrariamente a lo que la mayoría pudiera aspirar, los premian o los ascienden. Pero ese es otro tema del que hablaremos más adelante.

En las últimas semanas hemos sido testigos de una serie de escándalos en los que se han visto involucrados varios gobiernos latinoamericanos. Nada es fortuito. Mientras en los llamados países del primer mundo se anuncian sendas campañas de vacunación, en los países en vías de desarrollo las contradicciones se hacen cada vez más evidentes. Lamentablemente, no todos los Estados tienen la misma capacidad, no solo de lograr un aprovisionamiento rápido y seguro de vacuna, sino de garantizar que, una vez recibidas, cada una de las miles de dosis serán administradas bajo un mínimo criterio de transparencia.

La altísima demanda de vacunas y la reducida oferta exigen que se fijen prioridades. Evidentemente, uno pensaría que cualquier campaña de vacunación debería comenzar con el personal médico sanitario, línea de frente durante toda la pandemia y que necesita, para continuar su heroico trabajo, algo más que aplausos. Adivinen ¿cuál es la sorpresa? Que esto no siempre es así.

Hay algunos países donde los primeros en vacunarse son los políticos y su entorno. Aunque cause mucha indignación, no es nada es extraño, las vacunas son hoy un bien preciado y como bien preciado esto hace que los incentivos para traficar con las mismas sean enormes. Aunque sean compradas con dinero público, el aparato clientelar del Estado, tan presente en nuestra región, se apodera de ellas para administrarlas con criterio particular. En este contexto, siempre que estés más cerca del poder, más chance tienes de sobrevivir.

Ustedes dirán que eso es precisamente lo que pasa en Venezuela. Yo respondería: sí, pero no. Aunque es indiscutible que los primeros en vacunarse fueron quienes integran la llamada Asamblea Nacional al servicio de la dictadura de Nicolás Maduro, la realidad es que en Venezuela el sistema de privilegios de la élite que usurpa el poder tiene tiempo instalado en nuestra sociedad.

Comenzó con muy poco, primero nos trancaban el tráfico para que pasara el funcionario de turno, pero con el tiempo esto se perfeccionó al punto en el que estamos hoy en día.

La burbuja en la que vive la élite chavista es digna de una sociedad de castas, donde en lo bajo de la pirámide se encuentra el venezolano común, para quien hacer mercado en un bodegón es absolutamente imposible y la dolarización de facto lo hace cada día más miserable.

Que de esa Venezuela sean ellos los primeros en salvarse no es extraño, tanto así que se atreven a hacerlo público. Ellos saben que nada pasará, pero adicionalmente tienen otro objetivo más allá de la simple provocación: le envían un mensaje al resto del país que los ve por televisión, básicamente para decirnos que no somos iguales, pues ellos representan la nueva Venezuela, la Venezuela VIP. Esa a la que unos pocos tienen acceso.

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Socialismo en remate, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

La historia del chavismo es una historia de contradicciones. Hugo Chávez Frías, quien venía de una familia de clase media, se fabricó una historia con el fin de vendérsela al votante promedio venezolano, cuya mentalidad conocía y supo interpretar como nadie. Chávez no solo sabía que el venezolano tenía un cierto fetiche por el uniforme militar, sino que también le encantaba las telenovelas rosas donde el pobre siempre era el bueno y el rico el villano.

Así fue como le dijo al país que él, hijo de dos educadores, era un “pata en el suelo” que había crecido en una casa de baharaque vendiendo arañitas para ganarse su pan diario y el de su abuela.

Una historia llena de clichés, drama y victimización, que mucha gente le compró a pesar de representar el primer gran fraude de quien poco tiempo después se convertiría en presidente. Digo fraude porque todo aquel que vive o ha vivido en un pueblo sabe que un hijo de un maestro en la mal llamada “cuarta república”, era todo menos un “pata en el suelo”. Las mejores cosas del pueblo eran la de los maestros. No era nada extraño, al menos para los educadores antes de 1998, quienes históricamente habían tenido buenos sueldos, acceso a créditos, seguro médico y otro gran número de beneficios que hoy quedaron en el pasado.

Pese a alimentar sus arengas políticas con un discurso clasista contra los ricos, fueron precisamente los grandes grupos económicos y particularmente la clase media quienes llevaron a Chávez al poder. Empresarios con apellidos de renombre y los principales medios de comunicación arroparon al candidato antisistema que venía para poner fin a 40 años de gobiernos de AD y COPEI.

Era la venganza del poder económico contra el poder político. Pero como bien dijo Confucio “antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas”.

Con la democracia, también fueron sepultadas miles de empresas, cuyos años de esfuerzo y tradición hoy forman parte del recuerdo.

Con el transcurrir de los años el chavismo asumió un discurso mucho más radical frente a lo privado, adoptando al pie de la letra el modelo castrista, donde el Estado pasó a ser dueño de todo. Se confiscaron cientos de empresas, otras tantas, sobre todo las de capital extranjero, fueron expropiadas. El Estado pagó millones para compensar a sus dueños, bajo la promesa que una vez nacionalizadas, estas empresas pasarían a ser de servicio público y tener una vocación social. Los ejemplos más conocidos son la CANTV, Agroisleña o las redes de cadenas Éxito y Cada. Aunque durante cierto tiempo estas empresas siguieron generando dividendos, la desinversión y manejo ineficiente las destruyeron al punto en el que están hoy.

Pero las contradicciones no han dejado de aparecer. Aunque mucha gente pensó que el chavismo jamás abandonaría sus dogmas, hoy vemos cómo el madurismo, que en principio parecía muy débil como para atreverse a traicionar el “legado de Chávez”, ha sacrificado los dogmas en nombre de la supervivencia.

La demonización de lo privado, el Estado dueño de todo, la gratuidad de todo y la filosofía del “ser rico es malo” han quedado en el pasado. En la Venezuela de hoy donde hubo abastos Bicentenarios, aparecen bodegones, donde hubo una empresa estatizada salen unos misteriosos inversionistas interesados en comprar, las empresas recientemente nacionalizadas son vendidas a precios de gallina flaca, en la oscuridad, sin ningún tipo de licitación.

Mientras tanto, una nueva oligarquía toma más y más poder en lo que se ha convertido la economía venezolana, una nueva clase económica encargada de guindar en la corroída fachada de lo que nos queda como país un cartelito con la frase: SOCIALISMO EN REMATE.

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Si no me meto en política…, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

Hagamos un ejercicio de memoria. Un ejercicio quizás difícil para quienes tengan poco más de veinte años, pero para quienes como yo, que pasamos (¡¡aunque sea por poco!!) de los treinta, estoy seguro de que no será tan complicado. Recordemos qué se decía antes de la llegada del chavismo al poder sobre lo que, para entonces, era considerada la última dictadura militar de Venezuela. Recordemos qué era lo que el venezolano común decía del régimen del general Marcos Pérez Jiménez.

Si rebobinamos un poco, estoy seguro de que dos frases saldrán de manera casi inmediatamente de nuestra memoria, la primera: “la gente podía dormir con la puertas abiertas”. Otra muy conocida era: “quien no se metía en política vivía muy bien”. Aquellas frases eran repetidas sin cesar cada vez que el tema Pérez Jiménez salía a relucir. Y no solo de la boca de quienes pudieron haber vivido durante aquellos años, sino de mucha gente que había nacido y crecido en democracia.

Frente a lo que sin duda se había enraizado en la cultura política y popular nacional, el sistema educativo edificado a partir de 1958 prefirió abordar nuestra historia adoptando una narrativa consensuada, alejada de lo que podía dividirnos como venezolanos. Y sin duda Pérez Jiménez, y lo que representó su régimen, era uno de esos temas que nos dividían. Fue así que el valor de lo que representaba la democracia para el país fue perdiendo cada vez su plaza frente a lo que podría calificarse como la nostalgia por el pasado, por el orden, por la llamada “mano dura”. Un pasado en el que no entraba el sistema naciente, incapaz de ofrecer orden y de responder eficientemente a la crecientes demandas ciudadanas, cada vez más visibles, pues la democracia también era eso, libertad de expresión.

Todo aquello fue caldo de cultivo para lo que hoy vivimos, para que algunos prefirieran el militar que gritaba revolución que el civil que prometía transformación pacífica.

Para la generación que llevó a Chávez al poder, el tiempo de los civiles había pasado. Y aunque los asesores del otrora candidato del MVR-200 le sugirieron abandonar el uniforme militar en campaña y vestir de flux y corbata, la gente votó por el militar radical, no el fallido ensayo de hombre moderado vestido de Giovanni Scutaro.

Si todo aquello sucedió así, fue en parte por los errores del sistema de Puntofijo, que lejos de limitarse a la corrupción y la captación de los todos los espacios de la sociedad por los partidos, le debe su desplome a su incapacidad de lograr que los venezolanos valoran la libertad antes que cualquier otra cosa.

Y es que sin libertad política no hay gran cosa que puede ir bien, al menos no por mucho tiempo.

Lo que escribo tiene mucho que ver con el estado de las cosas en nuestro país. Una inmensa mayoría de los venezolanos no está contenta con lo que sucede en nuestra nación; en ese grupo muchos se han opuesto desde el inicio a lo que el chavismo y el madurismo representan, han protestado de todas las formas posibles, pero hoy eligen el aislacionismo, como gran parte de los venezolanos.

Algunos han llegado a pensar que es posible la supervivencia en este sistema, que simplemente basta con “no meterse en política”, como si una cosa parecida fuese posible, como si la política hace mucho no estuviera metida en todo, como si ser indiferente a lo que pasa con las libertades públicas, con nuestra democracia, representa un salvoconducto. En mi opinión no lo es ni lo será. No estamos frente a una dictadura clásica, sino algo mucho peor, que tiene vocación hegemónica y totalitaria.

En regímenes como este no hay apertura real, sino repliegue táctico para arrasar con todo con más fuerza.

Y para que se emocionen con el llamado “modelo chino”, les digo que la única receta china que fue adoptada con éxito en Venezuela es el arroz frito con camarones; así que no esperen mucho tiempo para que los dogmas vuelvan a marcar la agenda del madurismo. Lamentablemente de esta política no escapa nadie, aunque haya algunos que no se quieran meter en ella…

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Vacúnate contra el madurismo, por Brian Fincheltub

@BrianFincheltub

Mientras la pandemia avanza, son cada vez más los gobiernos en todo el planeta que buscan garantizar que sus poblaciones sean inmunizadas a través de las vacunas que han sido aprobadas por la comunidad científica mundial para combatir la covid-19. En la propia Latinoamérica ya son siete las naciones que han iniciado campañas de inmunización de sus poblaciones. Pero no en todas partes la prioridad pareciera ser salvar vidas. Hay países como Venezuela donde la élite en el poder nunca le ha interesado la integridad de sus ciudadanos y lejos de buscar soluciones para enfrentar una situación excepcional de la cual no escaparemos y que amenaza con agravarse, hace lo que siempre ha hecho: mentir y burlarse de los venezolanos.

La reciente presentación de las llamadas “gotitas milagrosas de José Gregorio Hernández”, anunciadas en cadena voluntaria de radio y televisión como la “cura definitiva” contra el virus chino, no es más que un nuevo episodio de esta tragicómica historia llamada madurismo.

Lamentablemente, lejos de dar risa, causa mucha preocupación que se trate de jugar con la fe y la desesperación de quienes tienen a alguien cercano padeciendo las consecuencias de este letal virus. La propia iglesia católica ha rechazado el uso del nombre José Gregorio Hernández para estos fines. Pienso que en su lugar hubiesen podido llamar sus “gotitas milagrosas” Hugo Chávez Frías, el nombre les hubiese quedado perfecto.

No es la primera vez que el usurpador de Miraflores dice un disparate en televisión a propósito de la pandemia. Hace apenas unos meses había presentado junto con el autoproclamado murciélago de Carabobo, Rafael Lacava, la llamada “molécula DR1”, que también se había anunciado como la “cura” contra el coronavirus. Esa misma noche dijo que comenzaría a producir y exportarla a todo el mundo. Hoy nada se sabe en qué quedó ese anuncio. Lo que sí sabe es que el número de contagios en Venezuela no ha parado de aumentar y que miles de venezolanos se ven obligados a adquirir tratamientos a precios exorbitantes en divisas extranjeras para salvar a los suyos.

Hasta ahora, el impacto de la covid-19 en un país como Venezuela, donde la infraestructura hospitalaria ha sido desmantelada, se ha visto mitigado por la desconexión aérea, la ínfima cantidad de venezolanos que puede costearse un viaje al exterior y la escasez de gasolina que impide los desplazamientos internos; pero eso no quiere decir que la transmisión comunitaria no amenace a gran parte de la población, que por cierto, no tiene acceso a test y que teme declarar síntomas por miedo a represalias. Urge entonces actuar, porque cada día que se pierde puede costar miles de vidas. Mientras llega una solución real, no queda más que vacunarse contra la mentira y la manipulación, vacunarse contra el madurismo. Eso también salva vidas.

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