Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

La foto que hace falta, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Se atribuye a Tierno Galván, el icónico alcalde de Madrid en los años 80, la frase: “el que se mueva, no sale en la foto”. Hacía referencia a que hay momentos en la política en los que es necesario posar para una foto y hacerlo con la mejor cara, aun cuando no estés completamente de acuerdo con estar en el retrato en cuestión.

La frase también pone de manifiesto que hay actitudes “plásticas”, es decir, expresadas en imágenes, gestos y actitudes que comunican una idea que puede servir en ocasiones para provocar sensaciones y emociones colectivas que se conviertan en motor o catalizador de movimientos sociales.

En Venezuela ha habido muchas de esas fotos. Ahora nos hemos familiarizado con ellas porque los #tbt de Instagram de los jueves, nos las muestran a cada rato. No queremos, sin embargo irnos muy lejos, al mundo de los blancos y negros que corresponden a la democracia que nacía en el 58 y menos al de los sepias y mates de los posados de la generación del 28.

Queremos referirnos a épocas más recientes, cuando ya había comenzado la pesadilla que hoy vivimos y cuya primera foto fue la que acompañó al famoso “por ahora” de un Hugo Chávez derrotado y fatigado y a quien, por cierto, permitieron acicalarse para su comparecencia ante los medios.

Luego de esa imagen, obviamente que vinieron muchas más y de todas las procedencias, pero sobre las que nos interesa hablar aquí es de las que recogen el esfuerzo de las fuerzas políticas venezolanas para entenderse y tratar de poner fin al predominio chavista.

Valdría la pena, entonces, recordar tres fotos:

1) La de los participantes en las primarias que definió a Henrique Capriles como candidato unitario,

2) la que recogió el acuerdo para ir unidos a las parlamentarias del 2015, y

3) la de enero del 2019, cuando Juan Guaidó se juramentó como presidente interino.

Todas fueron momentos que jalonaron la esperanza y la voluntad de lucha de millones de compatriotas para lograr un cambio. En los periodos de tiempo que hubo entre ellas ocurrieron muchas cosas: aciertos y errores, ilusión y desilusión; euforia y desencanto, en resumen: la montaña rusa que ha caracterizado los sentimientos colectivos de los venezolanos, desde hace tiempo y también lo voluble de eso que llaman la opinión pública.

Desgraciadamente, aquellas fotos no pueden repetirse exactamente igual. Como era fácil suponer, no haber tenido éxito en lograr un cambio político, como queríamos la mayoría de los venezolanos, ha provocado defecciones, desencuentros y controversias. Los personajes comenzaron a moverse. Y así no se puede tomar nunca una buena foto.

Unos se fueron detrás de las tentaciones del régimen; otros porque sacan sus cuentas personales o grupales; unos de buena fe, otros no tanto; algunos se cansaron, otros siguen en la lucha. De todo hay, como el la viña del Señor.

Lo cierto del caso es que la necesidad de producir un cambio sigue estando vigente. Como era de esperarse, igualmente, cada uno está en su juego. Quienes aspiramos a un cambio, buscando una nueva foto que entusiasme a los venezolanos; y desde Miraflores, los que no lo quieren, conspirando para que esa foto no se tome nunca.

La perspectiva de unas elecciones regionales y la elección de un CNE por parte de una AN que no reconoce el grueso de la oposición e importantes factores de la comunidad internacional, es la baza que hoy se juega y que seguramente será determinante en el posado de esas nuevas imágenes de las que hablamos.

Llegado este punto, hay que decir que es evidente que una parte el espectro político venezolano que ha venido adversando (con distintos matices e intensidades) a Maduro se ha adelantado a negociar con él la participación en esas elecciones y la designación de ese CNE. En muchísimas notas anteriores hemos dicho que negociar adelantado y en desunión es lo que el régimen siempre ha deseado para batirnos al detal.

El 6D lo intentó y no logró convencer sino a un sector muy minoritario. Esta vez, la iniciativa ha involucrado a Henrique Capriles y a otros sectores de la sociedad civil y ello, obviamente, debilita las posibilidades de una negociación y de una foto más importante y significativa.

Es verdad que la argumentación de quienes han acompañado la decisión de Capriles ha recurrido a afirmaciones como: “se trata de un primer paso”; “hay que darle el beneficio de la duda al CNE”; “seguimos exigiendo nuevas condiciones” etc. Obviamente, que son argumentos teóricamente razonables. Sin embargo, como dijimos en el párrafo anterior, ello no significa que su proceder no haya debilitado la capacidad de negociación de toda la oposición en su conjunto.

En este punto es muy importante señalar que el punto central de las negociaciones ha sido siempre lograr unas elecciones libres. Libres significa con garantías y verificables. Y, además, con condiciones políticas para realizarlas.

Este es el objetivo INTEGRAL (mayúsculas ex profeso) De allí que aquí cabe la máxima que funciona en este tipo de negociaciones, de acuerdo con la cual NADA ESTÁ RESUELTO SI TODO NO ESTÁ RESUELTO. Desde este punto de vista, es clave que un cronograma electoral se pueda consensuar. Un cronograma sugiere la idea de que se pueden planificar y distribuir eventos en el tiempo pero que se debe concluir con el compromiso de lograr el objetivo que es el único capaz de lograr la verdadera reconciliación entre los venezolanos, que no es otro que podamos revalidar todos los mandatos públicos, los cuestionados y los no cuestionados por ambas partes. Es allí donde casi todos queremos llegar. Es ese el destino y por tanto, no tendría sentido desviarse, ni darlo por logrado, habiendo conseguido solo una posta en el camino.

Solo de esta manera sería comprensible la tesis del “primer paso”; que es el argumento central de quienes se han adelantado en una negociación.

Dicho esto, es igualmente menester señalar que, independientemente, de que esta gestión para la foto unitaria sea posible o no, en el corto plazo, lo importante es que solo haya líneas rojas para aquellos que voluntariamente y por los peores motivos, se han colocado del lado del régimen para ayudarle conscientemente. Aquí, es bueno decir que no todos aquellos que no piensen como nosotros son necesariamente alacranes y colaboracionistas. Tampoco, no todos los que cuestionan la negociación adelantada son enemigos de las elecciones, y partidarios de una salida no democrática. Con unos y otros, necesitamos seguir bregando esa foto y sobre todo fabricando momentos políticos y sociales que sean una excelente locación.

Nuestro trabajo es perseverar. No importa lo difícil que parezca el camino. Maduro solo tiene el  de apoyo del 15 % de los venezolanos. Lo peor para él es que no sale de ese hueco. Nadie se regresa al chavismo aunque no esté satisfecho con lo que pasa en la oposición. Esta es nuestra gran fortaleza. Los momentos de la lucha seguirán pareciéndose a una montaña rusa. Nadie dijo que esto sería fácil.

Ese monstruo que llaman opinión pública en cualquier momento vuelve a asumir su papel de definidor de la agenda. La historia nos ha mostrado que es siempre voluble. El mismo pueblo de Jerusalén, que recibió a Jesús con vítores y palmas el domingo de Ramos, pidió que lo crucificaran el viernes siguiente. El mismo público que aplaude al bateador que batea un jonrón con tres en base en el primer inning, lo pita cuando se poncha en el tercer inning en la misma situación.

Nuestro trabajo es lograr una nueva foto y un nuevo propósito unitario para volver a entusiasmar. La responsabilidad de buscar la locación y un buen fotógrafo es del liderazgo de la oposición.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Los rusos también juegan, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Todos conocemos la expresión que sirve de título a este artículo. Se comenta que la hizo el mítico Garrincha a Feola, el director técnico del Brasil en aquel mundial de Suecia, en el que los cariocas y Pelé deslumbraron al mundo con la primera exhibición del “jogo bonito”. Un performance que casi todo muchacho con un balón en los pies quiso imitar luego. Cuentan que Feola dibujaba en un pizarrón la estrategia de juego contra la URSS, en el partido del día siguiente. El entrenador daba instrucciones a los jugadores pareciendo que los contendores jamás iban a tocar el balón. Fue allí cuando Garrincha le espetó: “pero bueno, acuérdate de que los rusos también juegan”.

Desde entonces, se suele usar la expresión para indicar que no es una buena estrategia pensar que un adversario en la política, en el deporte o en los negocios, se va a quedar de brazos cruzados dejando que tú desarrolles el juego que pretendes y que ya tienes planificado.

Los hackers del imperio

Sin embargo, no solo de ese significado va esta nota, también queremos poner de relieve aquí cómo Rusia ha venido desempeñando un rol beligerante en la geopolítica mundial que, aunque no se corresponde con su potencia económica (Rusia es una economía más pequeña que España y casi del mismo tamaño de la de California) ha podido hacerlo, gracias a la importancia que ha acordado a su fuerza militar convencional y a los nuevos medios de guerra de cuarta y quinta generación. Medios baratos y eficaces, como los que despliegan sus legiones de hackers y robots mediáticos, para desorientar al enemigo.

A diferencia de China, cuyo papel comentamos en la nota anterior, Rusia si tiene en su ADN nacional la vocación imperial de gran potencia.

No han tenido que construir ninguna Gran Muralla, porque sus extensísimas tundras heladas durante más de la mitad del año, le han defendido siempre de cualquier intruso. El mismo general: “el general invierno”, derrotó a dos de las maquinarias bélicas más poderosas en su época: los ejércitos de Napoleón y los de Adolfo Hitler.

Rusia, un puerto en cada océano

De manera que sus fuerzas militares han sido concebidas siempre para la expansión y para la creación de un espacio vital “Gran Ruso”. Su geopolítica y militar ha sido obsesiva en tener acceso a puertos de aguas calientes, por eso la península de Crimea, en el Mar Negro, es una de sus joyas estratégicas.

El Mar Negro baña también las costas de Turquía y de allí, se sale al Mediterráneo, su más cercano “mar caliente”. Catalina la Grande lo entendió así y la arrancó al Imperio Otomano, deteniendo, con ello, la expansión musulmana de la época. Siglos después, la Guerra de Crimea, reafirma esta importancia y, aunque ingleses y franceses toman su control, se retiran y la dejan en manos rusas por el Tratado de Paris, luego de que la respuesta de las fuerzas zaristas, amenazara el interior de Turquía.

Hoy, con la retirada de Estados Unidos de Siria y el abandono de los kurdos que luchaban en esa zona y en Turquía e Irak,contra el Estado Islámico, Rusia ha consolidado su posesión del estratégico Puerto de Tartus, cedido por Bashar Al Asad. Ya, con esta base en “aguas calientes”, avanza en su proyecto secular de “un puerto en cada océano”

Venezuela, peón en el ajedrez mundial

Por esta razón, a Rusia hay que jugarla en todas las quinielas de la nueva realidad geopolítica mundial, incluyendo la situación de Venezuela, en la que juega un papel de primer orden.

En nuestro país ha logrado, también, otra avanzada de su plan estratégico: tener un puerto en el Caribe. Solo que, en este caso, comparte su influencia con Irán, China y una Cuba que actúa de croupier de casino, repartiendo las cartas y cobrando caro su conocimiento del terreno.

En efecto, somos un Oriente Medio del hemisferio occidental, con todas las consecuencias que ello puede traer.

Sin embargo, paradójicamente, y eso es lo que tratamos de explicar en esta y otras líneas que hemos escrito sobre el particular. Este hecho que es fuente de muchas de nuestras desgracias y padecimientos, puede convertirse hoy en una llave que abra la puerta de una eventual solución a nuestra tragedia.

¿Por qué? Pues porque Chávez y Maduro –lo repetimos- nos convirtieron en un peón de ese ajedrez mundial de todas estas potencias y sus intereses y es, en ese terreno, donde nuestra suerte se va a jugar. Veamos: ha quedado demostrado, efectivamente, que quienes enfrentan a los Estados Unidos nos han escogido no para ocupar nuestro territorio y asumir la obligación de gobernarlo, como se hace en las guerras tradicionales de conquista, sino para propiciar una desestabilización en la región que es su verdadero interés. Es por esa razón que en Venezuela se añade, en esta lucha geopolítica tradicional, el ingrediente de la influencia del narcotráfico, de los grupos irregulares y el uso de la delincuencia como método de control social.

Un puerto en la Somalia del Caribe

Dicho en pocas palabras, una parte de los intereses mundiales están interesados en la “somalizacion” de Venezuela. Un país en el norte de la América del Sur, con una ubicación tan importante como la de Somalia a la entrada del Golfo de Adén y, por consiguiente, del Mar Rojo y el Canal de Suez.

Pero, atención. Siempre hay otra cara de la moneda. Hay un mundo distinto al que juega a esa entropía satánica y es el de las democracias occidentales, que deberían estar interesadas en oponerse a este plan y que ya han apostado por ello, ejerciendo presión individual y multilateral al régimen de Maduro en procura de restaurar la democracia en Venezuela y apoyar los esfuerzos que la mayoría de los venezolanos hacemos en ese sentido.

Hay, entonces, un margen de posibilidades (los próximos meses dirán de qué tamaño es) para que esta nueva realidad geopolítica del mundo nos pueda ayudar en ese camino.

Hay signos evidentes de que la rueda de la diplomacia y la política vuelve a ponerse en movimiento y eso es bueno. Pero ¡Ojo!, también debemos decir que no cualquier gestión será positiva.

En efecto, como hemos dicho en notas anteriores, creemos que, el formato de una nueva ronda de negociaciones sobre Venezuela, no debería repetir el de las anteriores. Hay que decir al respecto que así como hay gente con la que no se puede hacer negocios sin un fiador, con el régimen de Maduro no se puede negociar sin garantes. Es decir, sin países aliados del régimen y de los demócratas, que se comprometan a ejercer presión para que las partes cumplan lo acordado. Sería una ingenuidad que los negociadores se saquen una foto en la firma de un acuerdo y que se vayan luego a sus casas como Chamberlain y Daladier, agitando en las manos un papel cuya tinta aún estaba húmeda cuando Hitler invadió a Polonia, violándolo. Alguien tiene que garantizar que esa chapuza no se repita en nuestra contra.

Tampoco podemos dejarnos “guaralear”. Maduro quiere seguir comprando tiempo. Espera usar una negociación eventual para ayudar a Castillo en el Perú y a Petro en Colombia. Mientras más largas se le den al asunto, mejor para él. Hay que exigir, entonces, que cualquier negociación sea pronto y sea rápida. Hay que saber con prontitud si hay o no resultados y a qué debemos atenernos. No estamos para ingenuidades, ni para perder el tiempo.

Termino esta nota con una cita de Tucídides, en su estudio sobre la Guerra del Peloponeso y que ha hecho circular Pérez Reverte, últimamente: “Debemos hacer siempre nuestros cálculos frente a los enemigos pensando que estos tomarán decisiones acertadas, pues no hay que basar nuestras esperanzas en que los enemigos se vayan a equivocar”.

Mientras tanto, los rusos avanzan con su puerto en la Somalia del Caribe.

¡Garrincha lo tenía claro!

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Desde el jardín, en memoria de Chris Baasch, por Julio Castillo Sagarzazu

A Chris Baasch

@juliocasagar

Jerzy Kozinsky, sabía de lo que hablaba cuando escribió DESDE EL JARDÍN, su maravillosa novela. Míster Chance, un adorable y pretendidamente distraído personaje, terminó pasando por sabio porque las respuestas sencillas y cándidas que daba a cada pregunta sobre temas complejos y escabrosos, tenían todas que ver con su única experiencia de vida: era jardinero.

Y es que un jardín es, ciertamente, un crisol de todas las sabidurías del mundo. Solo que, como El Principito nos enseña, hay que verlos, más allá de nuestros ojos, es decir, con el corazón.

Los que tenemos la fortuna de tener un jardín, lo entendemos mejor, aunque basta tener un pequeño huerto, algunas macetas con plantas vivas, para saberlo también.

La pandemia ha abierto estos horizontes a dimensiones desconocidas. Ahora tienes más tiempo para caminar entre tus plantas; puedes verlas crecer, desarrollarse, enfermarse y a veces hasta morir. Ahora puedes descubrir que eres capaz de recordar cada brote, cada flor nueva. Te contentas del esfuerzo de la lechosa por sobrevivir, de la gratitud de la guanábana en ofrecerte su regalo; te sorprende la tacañería del caimito y la fragancia del jazmín y los azahares de los naranjos. Te haces igualmente amigo de los pájaros que pueblan tus árboles, aprendes a identificarlos y vuelves a dejarte hipnotizar con el canto de soprano de las paraulatas y a asombrarte de que entiendes lo que dice el cristofué. El tucusito te sigue maravillando con su energía y vuelo peculiar, terminas aceptando a la reinita que te roba tallitos para sus nidos y también y de buen grado el estruendo anarquizado de los loros reales y los pericos que te previenen que la tarde está cayendo.

El gringo Chris, el mejor venezolano

Un jardín es igualmente un maravilloso escenario de entendimiento y de dialogo. Es un tema de conversación con tu pareja, con tu vecino. Quien tiene un jardín es capaz de entender que el viandante pase y se lleve una estaca para sembrarla en su casa: no hay un vecino que te niegue un retoño y todos vemos con sana envidia los éxitos de los otros patios. Qué contundente razón la de Kozynski, que se aventuró a crear un personaje cuya única sabiduría era que había desentrañado los misterios de un jardín, para postularlo como resolvedor de los entuertos de los hombres y las ramas torcidas del mundo.

Ahora bien, si tener un jardín es un privilegio extraordinario, lo es aún más haber tenido un amigo y un vecino como Chris Baasch.

¿Quién era Chris? Un musiú, un gringo jardinero que quería más a Venezuela que muchos de nosotros. Un ser humano extraordinario que jamás quiso irse y que sembró miles de jardines con sus propias manos no solo en muchos terrenos, sino en muchos espíritus de quienes le conocimos.

Chris era mi vecino, vivía a unos cuantos metros de la casa en una parcela a la vera del río que nos surte de agua a todos desde hace más de 40 años. Su jardín nos cautivó siempre a todos. Mis nietos se sentían exploradores de tierras desconocidas en él y, cada vez que llegaban, había que programarles una visita a remontar las piedras de la quebrada y a escuchar de su parte las respuestas de jardinero sobre cada curiosidad de las plantas.

Aplauso póstumo para Chris

Hace unas horas, todos lo perdimos. Mientras colaba el café, el que me tomaba siempre viendo mi montaña mágica y en medio de las plantas amigas (muchas de las cuales fueron su regalo), tuve el reflejo de abrir el teléfono y revisar los mensajes. En ese instante se me heló la sangre. Los vecinos informaban que a eso de las dos de la mañana se escucharon unos gritos y a los perros ladrar. Como siempre, uno de ellos llamó a la policía. No pudieron venir, “no tenían gasolina”. Llegaron a las dos horas, cuando consiguieron dos litros para la patrulla, solo para encontrarlo sin vida.

Corrí a su casa, ya decenas de vecinos se arremolinaban. Esperamos por horas la llegada del CICPC y debimos agenciar otros litros de gasolina para los que habían llegado. No hubo furgoneta y al amigo debieron llevarlo en el cajón de su propia camioneta. Aquella camioneta inconfundible, llenas de plantas y abono en las que, tantas veces, mis hijas y las suyas fueron o regresaron del colegio, pues compartimos por años el transporte escolar.

Espontáneamente, mientas su cuerpo pasaba en medio de sus vecinos, le aplaudimos, como se aplaude a la gente buena.

Allí se iba nuestro amigo, el gringo que logró el milagro de resolvernos el problema del agua consensuando con todas las comunidades con las que compartimos la fuente; el organizador de las parranditas en Navidad; el artífice de los sancochos paras fraternizar con la gente de los barrios, el pueblo de La Entrada y las urbanizaciones; el guardabosque de nuestra montaña mágica; el ciudadano que pateó incansablemente kilómetros de asfalto defendiendo nuestra democracia. El mejor de todos nosotros. Sin duda alguna.

La siembra de la Venezuela buena

Mientras escribimos estas líneas, las autoridades anuncian haber capturado al asesino. Ojalá se haga justicia. Aunque en realidad solo habrán capturado al dueño de las manos que le quitaron la vida, lo que los jueces llamaran el “autor material”. En realidad a Chris se lo llevó una sociedad enferma que se ha acostumbrado a odiar y a desarraigar.

Nuestro mejor homenaje, querido amigo, será seguir sembrando. No solo esas plantas en las que sabemos estarás en espíritu, sino también sembrando tu incansable voluntad de unirnos y de conquistar una mejor Venezuela, esa que amaste tanto y cuya tierra te cubrirá en horas.

Y por favor, síguenos cuidándonos DESDE EL JARDÍN, donde ahora te encuentras.

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La NEP, Lenin y Venezuela, por Julio Castillo Sagarzazu

Imagen original: afiche de propaganda de V. Lenin, en la URSS. Bajada de la web historiageneral.com (Comp. Runrunes).

@juliocasagar

En 1921, la mano invisible del mercado abofeteó a Lenin. Luego de 4 años de colectivismo forzoso, de expropiaciones, de monopolio del comercio exterior, la naciente Unión Soviética estaba en medio de una terrible tragedia humanitaria. Una hambruna recorría el país; escenas de canibalismo tuvieron lugar en muchas ciudades y casi 4 millones de muertos por hambre se registraron en aquellos espantosos años. Fue esa bofetada lo que le llevo a proclamar una Nueva Política Económica, conocida como NEP (los comunistas siempre han sido especialistas en proclamar una “novedad” después de cada fracaso)

Esa Nueva Política Económica consistía en abrir sectores de la economía a un mercado rudimentario y permitir que la pequeña propiedad privada volviera a surgir de entre las cenizas del incendio que ellos mismos habían provocado. Especialista en eufemismos también, aquel primer régimen comunista del mundo llamó a ese mamarracho: “Capitalismo de Estado”. Y una de las consignas (otra especialidad comunista) para darle forma a aquel viraje, que Lenin lanzó a los cuatro vientos, fue la de “KULAKS ENRIQUECEOS”. Los kulaks eran los antiguos propietarios de tierras que habían dejado de producir y abandonado el campo a causa de la absurda regimentación económica socialista.

Este cambio de rumbo, obligado por el sentido común y por el temor a un pueblo hambriento, que puede llegar a devorar a sus dirigentes, es mutatis mutandi, muy parecido a lo que Nicolás Maduro intenta hoy en Venezuela.

Este intento, empero, como tampoco lo logró en la URSS, no tiene ninguna posibilidad de enderezar la tragedia económica del país. Primero porque, en realidad el plan de Maduro no es que la economía funcione. De hecho su “éxito” es que no funcione y que las pocas grietas por donde alguna pequeña libertad económica pueda colarse, esta esté bajo su control o bajo el control de sus amigos de siempre.

En realidad el gran plan político y estratégico de este régimen, como bien lo apuntó George Eickoff, en un reciente artículo, es dirigir y comandar el desorden, debilitar o extinguir todas las instituciones (incluso las que ellos han creado) y tratar de flotar como un éter sobre el desmadre nacional.

Todos los “acercamientos” e intentos de diálogo que propone, son en realidad abrazos de la viuda negra, caramelos envenenados. Ninguna institución que se le acerque logrará sobrevivir, o al menos se tendrá que resignar a vivir con el estigma de haberle servido a sus propósitos, luego de dejarlas en una cuneta en la mitad del camino. Así ha ocurrido con la Mesita y con las organizaciones gremiales que, por ingenuidad, se le han acercado.

Es también necesario decir que ninguna “apertura” podrá resultar exitosa si no va acompañada de una democratización de la sociedad y de una reconstrucción de las instituciones.

La libertad es más importante que las libertades de cada uno o de cada grupo particular, por más legítimas que están sean. El ejemplo de la URSS nos demuestra incluso que, ni con una apertura completa en la economía, la sociedad progresa en su conjunto. La destrucción de la sociedad civil en Rusia hizo que las oportunidades en la economía solo beneficiaron a pequeños grupos afectos al régimen. Los oligarcas rusos cercanos a Putin son los verdaderos dueños de un país, que sigue siendo pobre y de enormes desigualdades. El desastre de Lenin aún no ha sido superado. Los nuevos kulaks han sido los únicos beneficiados.

En Venezuela, es sumamente importante tener en cuenta esta realidad. Jugar adelantado, pensar que alguien se puede beneficiar en el terreno político o gremial porque negocie por su lado con el régimen, es, para decir lo menos, una ingenuidad.

Como lo hemos dicho, en notas anteriores, negociar y tener contactos con los adversarios es natural en las guerras, en la política y en los negocios, pero en Venezuela (lo repetimos infinitamente) es una torpeza, o mejor dicho, es criminal que tratemos de sacar ventajas individuales.

Cualquier negociación debe hacerse en el marco de un plan estratégico; debe tener en cuenta a nuestros aliados en el mundo que han sido consecuentes con la reconquista de la democracia en el país; e igualmente con el liderazgo político y social que día a día se enfrenta al régimen, asumiendo los riegos que ellos implican. Es en el marco de un plan estratégico global que cualquier negociación tiene sentido y que puede dar frutos. Hoy no se vale jugar para el promedio individual, sino jugar para el equipo.

Lenin y su Nueva Política Económica y la Nueva Política Económica de Maduro nunca funcionarán. En realidad son subterfugios, fintas, sombras chinas, juegos de guerra. Lo único que les interesa es mantenerse en el poder. Para ello jugarán, como dice el tango que “juega el gato maula con el mísero ratón” y una vez que obtengan lo que quieran, les desecharán como bagazo de caña después de exprimido.

Lo necesario entonces es jugar en equipo con dos objetivos: uno, hacer lo necesario para aliviar la espantosa situación humanitaria, agravada por la pandemia y hacer que entren y se administren las vacunas con un plan racional; y, el otro, unir esfuerzos para presionar con nuestros aliados por conseguir una salida democrática a la crisis del país.

Lo demás, ¡no va a funcionar!

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El aleteo de la mariposa, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Todos conocemos el ejemplo didáctico con el que se explica la llamada Teoría del caos, postulada por Henri Poincaré. “El aleteo de una mariposa en Hong Kong, puede provocar una tormenta en Nueva York”. La teoría y, obviamente el ejemplo, lo que tratan de postular es que uno, o varios pequeños acontecimientos pueden provocar efectos mucho mayores que ellos mismos y que tales eventos son, por esa misma razón, impredecibles e incuantificables, antes de que se produzcan.

Posteriormente, Nassin Taleb nos ofreció una versión, en clave de politología, a la que denominó “Teoría del cisne negro” y en la que dijo que acontecimientos políticos y sociales inesperados pueden convertirse en catalizadores o propulsores de cambios en la situación y en el statu quo. Argumentaba, además, que la imprevisibilidad de tales acontecimientos no era óbice para que no nos aprovecháramos de ellos.

Hoy en Venezuela estamos asistiendo a una situación particular. La pandemia del coronavirus nos está mostrando su más espantoso rostro. El sistema de salud, que se ha venido destruyendo por años, está colapsado y la angustia de todos los venezolanos, sin excepción, ha tocado limites desconocidos. En medio de esta tragedia, todos vimos como una pequeña puerta de esperanza se abría con el acuerdo suscrito entre funcionarios de Juan Guaidó y Nicolás Maduro, para acceder al mecanismo COVAX con el que todos los países están accediendo a las vacunas. Esa acuerdo fue saludado, como era de esperarse, por tirios y troyanos y, tenemos que decir, que significó un alivio en medio de tantas malas noticias.

Pues bien, Maduro decidió, por su cuenta, romper el acuerdo para que las vacunas ingresaran. Y no solo eso, sino que de una manera obscena, cínica y cruel, restregándonos en la cara “su inmunología”, nos dijo que ya él se había vacunado. A la par de que nos enteramos que “sus diputados” y militares, sin ningún protocolo y criterio, lo habían hecho también.

Como era de esperarse, el mercado negro de vacunas hizo su aparición; los negocios como el “laboratorio de Maiquetía” donde cobran 60 $ por PCR; los espacios VIP en hospitales públicos, donde por $300 te vacunan y por $400, te hacen el delivery, se vinieron a sumar a los agravios contra el pueblo, al que como única respuesta se le da es que se encierre en su casa a morirse de hambre, para no morirse del virus chino. Todo esto ocurre después de las “góticas milagrosas”; de la molécula mágica y las promesas tempranas de vacunación.

Esta es una gaffe de Maduro, no sabemos si sugerida por el G2 para aumentar la desmoralización entre los venezolanos. Pero, lo cierto, es que no le ha salido bien. Su propia gente, la tropa, los policías de a pie y sus los funcionarios están indignados. Es posible que trate de recoger el agua derramada y se nos presente ahora con un plan de vacunas rusas u otra insólita “solución” a las que nos tiene acostumbrados. Argumentalmente no le será fácil recuperarse. Pero (siempre hay un pero) las dictaduras no necesitan ser simpáticas. Y no les importa si son mayoría o minoría en la población; al fin y al cabo, mientras ellos cuenten los votos, estos temas no les preocupan.

No obstante, lo que Maduro no puede controlar (aunque sí pueda reprimirla) es la indignación que ha producido en la gente y todos sabemos que la indignación es un disparador de la voluntad, incluso más que la rabia y el odio. Pudiéramos, incluso, decir que la indignación es una rabia racionalizada.

Este acontecimiento, podría entonces convertirse en un cisne negro para Venezuela pero, (otro pero) hay que decirlo claramente, para que ello tenga lugar, y para que todo desemboque en el cambio que queremos, es necesario que concurran muchas cosas.

Primero: hay que convertir la indignación en voluntad organizada, a lo largo y ancho del país;

segundo: el presidente Guaidó debe encabezar un vasto movimiento de defensa de la  salud de todos los venezolanos y porque se respete el acuerdo para traer las vacunas;

tercero: se debe consensuar una agenda entre TODOS (mayúscula ex profeso) los que estén porque el derecho a nuestra salud y a nuestras vacunas se respete, sin pedir más condiciones que compartamos el justo reclamo a Maduro por su conducta y la aspiración de que se nos vacune a todos conforme a un protocolo de prioridades definido por los científicos y los académicos.

Ya sabemos que el objetivo final de los demócratas venezolanos es salir de la pesadilla de este régimen, pero hoy es un error interponer consignas políticas, electorales o particulares, antes de esta lucha humanitaria por la vida. Es más, la única manera de que nuestro pueblo haga el “link” entre su tragedia y la necesidad de salir de este régimen de oprobio es que le acompañemos de manera consecuente, sincera y valiente en esta lucha por la vida. Cada quien se irá dando cuenta de quién es consecuente y quién no.

No sabemos si el aleteo de esta mariposa pueda provocar la tormenta democrática que queremos, pero es una oportunidad única para hacerlo.

Unión en la lucha, determinación del liderazgo, agenda de iniciativas concretas y sinceridad en el acompañamiento serán claves para definir el destino de Venezuela en los próximos meses.

Nota bene: al terminar de escribir estas líneas, Delcy Rodríguez anuncia que se ha pagado el primer tramo del acuerdo COVAX. Una gran victoria que demuestra dos cosas: a) que sintieron la repulsa general por su conducta, y 2) que el cuento del bloqueo y las sanciones es como el virus: “chino”.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Sobre simetrías y asimetrías, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

En los lejanos estudios de Derecho penal, recuerdo con interés toda la doctrina en relación con la proporcionalidad en la defensa, en cómo se dictaminaba que el exceso (siempre el exceso) incluso en la defensa, hacia desparecer los atenuantes y hasta la no imputabilidad en algunos casos. También nos enseñaron cómo la saña, la alevosía, la premeditación, la ventaja y actuar investido de autoridad eran agravantes a la hora de imponer una pena.

Todo el derecho civilizado consiste en establecer equilibrios en una sociedad en donde no los hay. No en balde la justicia se representa con una mujer de ojos vendados con una balanza en la mano y una espada en la otra.

La evolución de los normas en el mundo civilizado ha llegado a establecer que hay débiles y fuertes jurídicos en una relación. Considera, por ejemplo, débil al reo cuando se establece que la irretroactividad se le aplique si se trata de disminuir o eliminar una pena. La máxima: “in dubio, pro reo” o “in dubio, pro operario” o “in dubio, pro súbdito”, supone que, en caso de dudas, la justicia debe optar por el más débil.

En Venezuela creemos que en la relación regimen-oposicion hay una asimetría indiscutible; y una relación que no podemos calificar sino de agresor con agravantes y su víctima.

De allí que resulta difícil entender posiciones de cierto sector que se reclama de la oposición, de acuerdo con la cual la responsabilidad y en consecuencia las demandas a la dictadura y a la oposición pueden equipararse. ¿Cómo es posible que pensemos que es igual la víctima que el verdugo; los perseguidores que los perseguidos; los carceleros que los presos? ¿Cómo podemos equiparar las responsabilidades sobre el desastre de país que tenemos?

¿La oposición ha cometido errores? ¡Sí!, demasiados para mi gusto. Pero ello solo nos debe llevar a sugerir, presionar, exhortar, exigir (el verbo que más nos cuadre) a que esos errores se debatan y se superen. Por cierto que en este tema (el de los errores), como en casi todos en la vida, es muy difícil que alguien pueda tirar la primera piedra con solvencia y justificación. Vamos a recurrir al tópico y al socorrido argumento de “pasar la página” y al no menos infausto lugar común del “la historia nos juzgará”.

Pero en este tema, es decir, en el de la consideración igualitaria entre dictadura y oposición sí hay un hiato, una diferencia de método.

No es una diferencia táctica como el tema de ir o no ir a votar. Se trata de un tema de la mayor importancia para poder labrar caminos de entendimiento entre quienes nos llamamos opositores.

Vamos a analizar, por ejemplo, el caso de las vacunas que es explicativo de lo que queremos señalar. Veamos:

Todos saludamos con entusiasmo que se hubiese llegado a un acuerdo. Lo celebramos, como hubiéramos celebrado que Maduro hubiese dejado entrar la ayuda humanitaria por el Táchira; que no hubiese saboteado el programa de Héroes de la Salud y tantos otros episodios relacionados con la ayuda humanitaria. En todas las guerras se producen acuerdos para que la Cruz Roja recoja los heridos, deje pasar suministros, se atienda a la población civil, etc. Cosas con las que este régimen es absolutamente insensible e indiferente.

Pues bien, con el tema de las vacunas se LLEGÓ A UN ACUERDO (mayúsculas ex profeso) para activar el mecanismo COVAX con el que el mundo entero ha logrado hacerlas entrar en los países. Es el caso que, una buena mañana, nos despertamos y nos enteramos de que el régimen ROMPÍA (otra vez mayúsculas ex profeso) el acuerdo y no dejaría entrar las vacunas, con el argumento estúpido de que eran de la farmacéutica AstraZeneca. Ese mismo día nos enteramos igualmente de que las cubanas (que no están aprobadas por nadie porque están en experimentación) y las rusas sí entrarían por iniciativa del propio gobierno, burlándose del acuerdo.

Está bien, hasta aquí, nada sorprendente. La crueldad de un régimen que le ha importado poco la suerte de los ciudadanos ya no nos asombra. Sus frases: “no pateo perro muerto”; “Franklin Brito huele a formol” “el Cardenal Castillo Lara se debe estar pudriendo en el infierno” siempre nos han dado la medida de cuánto nos desprecian.

Lo que no podemos comprender es cómo, haciendo caso omiso de esta realidad, una parte de la oposición regresa inexplicablemente a la tesis de que “hay que ponerse de acuerdo para que entren las vacunas”; o peor aun: “no se debe politizar el tema de las vacunas”, pasando por alto, o mejor dicho, aun más grave, pasando por debajo de la mesa el gesto inaceptable del gobierno y sin hacer mención de la patada a la mesa donde nos habíamos acordado.

Esta es la versión en “modo vacuna” de la tesis que promulga (y que nos separa de manera ostensible) que, en el fondo, somos culpables de la conducta del régimen porque siempre estamos exigiendo algo. Que nos tratan mal porque no nos portamos bien. Es el síndrome que desgraciadamente acompaña a la mujer maltratada que piensa que es su culpa que el marido la maltrate. Que si cocinara más sabroso y planchara mejor las camisas, entonces no le pegaría.

Hacer acuerdos. Por supuesto, todos los que haya que hacer. No solo sobre la emergencia humanitaria, sino también sobre temas políticos y sociales. La política es el arte de lograr acuerdos para hacer prevalecer el bien común.

Pero de allí a “pedir una tregua”, cuando quienes agreden están armados y reprimen sin escrúpulo alguno, hay un trecho muy grande. Los episodios de violencia indeseada, como todas las violencias, se desencadenan normalmente desde el poder y luego vienen las espirales que nadie puede parar.

Claro que es necesario el acuerdo humanitario de las vacunas. Y ese acuerdo está concluido. No hay que hacerlo de nuevo. Ya lo hicimos. Lo que hay que pedir con fuerza es que el régimen regrese a él y no pedirlo, como si no se hubiera hecho.

En este caso, la simetría es una gran injusticia.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Un poquito de futuro ¡por favor!, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Estamos enfermos de presente y es natural. Lo está el mundo, asombrado con los efectos de la pandemia. Y lo estamos mucho más los venezolanos que no solo debemos enfrentar, a pecho descubierto, al coronavirus, sino que tenemos que vivir en la pesadilla que los jenízaros que nos gobiernan han creado de manera cruel, consciente y premeditada.

Hace horas no más nos despertábamos escuchando decir, con el mayor desparpajo, que se rompía el acuerdo que había sido suscrito entre los técnicos del Ministerio de Salud y los comisionados de Guaidó para traer las vacunas a Venezuela. Lo hacían con el argumento palurdo de que la AstraZeneca no iba a entrar a Venezuela. A la par, nos han dicho que sí entrará la cubana para que experimenten con los venezolanos y que comprarán la rusa con un sobreprecio del 150 %. Mientras esa declaración se hacía, nuestros médicos, que aún no han sido vacunados, seguían cayendo en su campo de batalla.

La verdad, debemos decirlo, hay demasiado presente, demasiado presente cruel y horroroso para pensar en el futuro. Y lo entendemos. Pero es justamente en este punto que debemos preguntarnos: ¿todo esto es casual? ¿Toda esta conducta del régimen es el resultado de un comportamiento sádico o disparatado? ¡Definitivamente no!

La siembra de la desesperanza ha sido siempre la mejor táctica para ganar una guerra o cualquier confrontación.

Sembrar la idea de que no podemos derrotarlos; hacer crecer la idea de que “son capaces de todo”, y de cualquier crueldad, es en realidad su mejor arma junto con la división de los adversarios. Eso, y no otra cosa, es lo que les mantiene en el poder de Miraflores.

Si estamos de acuerdo en que sus dos armas son esas, deberíamos estarlo también en que esas son las armas que hay que neutralizar. ¿Es posible? La respuesta es, ¡sí!

Para fundamentar esta respuesta con datos objetivos, y no con puro feeling y con conjeturas, remitámonos a todas las encuestas y a los estudios de opinión. Repasemos en las redes y medios digitales las reseñas diarias de los pequeños y grandes conflictos y protestas que COTIDIANAMENTE (mayúsculas a propósito) se desarrollan en el país.

Si hacemos esto, nos convenceremos de dos cosas:

a) Maduro no crece en apoyo popular. Es muy posible que su 15 % de aceptación sea ya su lecho de rocas y

b) la gente no se ha cansado de luchar y protestar.

Resulta obvio entonces que hay un margen inmenso de posibilidades para lograr un cambio en el país, a condición, como decimos arriba, que las fuerzas democráticas actúen en unión y que ofrezcamos un país distinto y un futuro posible.

Sobre lo primero se han vertido ríos de tinta y hay que seguir haciéndolo. Hay que presionar a nuestro liderazgo para que haya grandeza en la acción y menos peleas por botellas vacías y pequeñeces.

En esta prédica hay que perseverar y presionar. Pero esta nota no va de eso, que ya bastante lo hemos tratado. Esta nota pretende hablar de lo otro, del marketing sobre el futuro que debemos hacer, no solo como terapia social para salir del charco de la cotidianeidad espantosa, sino para usarla como un mecanismo moralizador y sembrador de esperanzas.

En Venezuela la apuesta por el futuro tiene una dimensión particular. ¿Cuál? Pues la de rebuscar en nuestro pasado las estupendas realidades que una vez tuvimos. No es esta una búsqueda nostálgica, no es un ejercicio de saudade, como se dice en portugués, o de guayabo como se dice en nuestro latín vulgar.

¡No! se trata justamente de afincarse en una parte de aquella realidad, tomar impulso y saltar hacia el futuro.

¿Cuál es esa parte? En realidad es extensa, pero limitémonos a señalar que una vez fuimos el país con mayor crecimiento económico del planeta y un ejemplo de democracia y de construcción de consensos reflejados, entre otras cosas, en el Pacto de Puntofijo y la Constitución de 1961. De esas realidades, nació una particular idiosincrasia nacional: la de ser el más igualitario país de la América Latina.

No busquemos cifras. Trasladémonos a una panadería en la mañana (si estaba en una zona cercana a una construcción, aun mejor). Allí veíamos congregados a los viandantes normales con los dueños del desarrollo, los obreros, los ingenieros y los curiosos, volviendo loco al portugués pidiendo la gama más extraordinaria de tipos de café que ha existido en la historia de la gastronomía mundial: un tetero, un blanquito, un con leche tibio, uno bien caliente, un cerrero.. Terminaba aquel barista martirizado con una solución mágica y democrática. “marroncito para todo el mundo”.

Allí no se escuchaba la palabra “su merced”, ni había inclinaciones de cabeza para hablar. Había que ser muy entrado en años para que te trataran de usted. Ese crisol, ese melting pot criollo fue nuestra ventaja competitiva y comparativa por muchos años.

Cometimos muchos errores. La elite política se separó de la gente. La corrupción (comparada con la de hoy, robo de gallinas) sentó sus reales y se sirvió la mesa para que un charlatán, vendedor de baratijas, aprovechando la siembra de la antipolítica y la frivolidad frente a ella, viniera retrotraernos a la edad media en calidad de vida.

De manera que parte de nuestro futuro es regresar a lo bueno que perdimos, pero también a superar lo malo.

Un nuevo régimen no solo debe recuperar la democracia formal. Debe resolver el tema del tamaño del Estado; confiar de nuevo en la iniciativa privada y no solo devolver lo expropiado, sino privatizar lo que no debe estar en manos del Estado, que solo debe quedar para regular los excesos. Esa es la clave de la mayoría de los países desarrollados. Todos tienen leyes draconianas contra los monopolios, la cartelización y  las prácticas que impiden la libre competencia. Debemos construir una salud y una educación públicas robustas, que son insustituibles. La pandemia ha demostrado que son más necesarias que nunca.

Pero, sobre todo, necesitamos un liderazgo que nos devuelva a aquella maravillosa panadería de los “marroncitos para todo el mundo”. Y para eso hay que ir practicando y ensayando como hacen los deportistas y los artistas antes de las competencias y los eventos: hay que derrotar la polarización y la división. Hay que pensar en el equipo y la orquesta y no en los averages individuales y el virtuosismo personal.

Hay que resembrar la esperanza del cambio. Como nos lo recuerda Julio Cortázar, “la esperanza le pertenece a la vida, es la misma vida defendiéndose”.

¡Vamos a entrarle al futuro!

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Vacunas y política, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

El acuerdo para traer las vacunas contra el coronavirus ha sido saludado dentro y fuera del país por muchos actores relevantes. Es natural que haya sido así. No obstante, siempre será bueno recalcar que este gesto, en manera alguna exculpa al régimen de Maduro del manejo irresponsable de la crisis originada por la pandemia. Y mucho menos del desastre asistencial del país que ha cobrado muchas más vidas que la COVID-19. Sin embargo, no agüemos la fiesta, saludemos también el acuerdo.

Lo que nos interesa en esta nota es preguntarnos si este acuerdo pueda ser extrapolado a otras esferas de la vida nacional y particularmente a la política. Para responder esta interrogante, habría que hacer previamente otra: ¿tiene Maduro incentivos para negociar otras cosas? La respuesta de este escribidor es que sí tiene. ¿Cuáles serían entonces? Pues nos aventuramos a señalar los que siguen:

1. Maduro no tiene seguridad de que en algún momento no le estalle en la cara un conflicto social de gran envergadura. La burbuja de la dolarización forzada y obligada por la propia gente, y su viraje sobre el tema del control de precios, ciertamente ha llenado los anaqueles de productos. Pero también es verdad que, cada vez, menos gente puede comprarlos.

Paradójicamente, los venezolanos que siempre han vivido de un pequeño negocio, los mecánicos, los plomeros, los jardineros, algunas profesiones liberales como médicos u odontólogos que han dolarizado sus servicios, están capeando la situación con menos dramatismo.

No obstante, los empleados públicos, los profesores universitarios y quienes viven de un salario fijo, han conocido el horror de la depauperizacion.

Estas capas medias informadas, activas, son un foco permanente de inconformidad que en cualquier momento puede hacer masa crítica. Maduro nunca tuvo miedo de las marchas de Altamira a Miraflores, porque supo que en Chacaíto las paraba con cuatro ballenas de la Guardia Nacional. Parar una turba enardecida que baje de los cerros cercanos, es otra cosa. Su “vanguardia” está armada y son bandas salvajes, dispuestas a todo.

2. Maduro sabe igualmente que sus mecanismos de control social están mellados. Quitarle una caja CLAP, un bono, un salario, ya no intimida a nadie. Ya esa forma de presión la perdió.

3. Maduro sabe que el apresto operacional de sus fuerzas represivas está en niveles peligrosísimos. Las tropas y las policías están sufriendo en primera línea la crisis social, incluyendo la covid-19.

4. Maduro no tiene confianza en su entorno. Las sanciones le están impidiendo satisfacer todas las apetencias. Su gobierno es en realidad un sindicato de intereses de gente con mucho poder.

5. Las sanciones y las recompensas por las cabezas de personeros del régimen serían siempre una espada de Damocles pendiendo sobre ellos.

6. La mayoría de los miembros de la “nomenclatura” oficial están deseosos de obtener garantías, impunidades y vías de escape si estas son necesarias. Hay muchos nietos con ganas de conocer Disney y muchos abuelos quieren campanear un buen escocés en Miami Beach.

7. Maduro, que ha logrado mantener el campo opositor dividido, no ha podido, sin embargo, subir en el apoyo popular. Y tampoco ha logrado hacer que la presión internacional sobre él decrezca o que el apoyo de los principales factores democráticos del mundo a Guaidó desaparezca.

Si estas premisas son ciertas, que creemos que lo son, pueden estar reuniéndose las condiciones para que la comunidad internacional (incluyendo aliados de Maduro) consigan el milagro de que una negociación que lleve a unas elecciones libres, justas y verificables, tenga lugar en el mediano plazo.

Esta negociación debería superar el formato de Oslo y Barbados. Es decir, una parte de buena fe mediando entre dos factores que no se creen lo que hablan, por un formato de países interesados en la solución de la crisis geopolítica que es Venezuela y que sean GARANTES de eventuales acuerdos.

Desde ese punto de vista y para que el catarro de esa gripe no nos agarre sin pañuelo, lo que los demócratas venezolanos deberían estar debatiendo, en lugar de candidaturas, cuotas y liderazgos, es cuáles serían nuestras condiciones aceptables para ser puestas sobre la mesa. Ponerle nombre y apellido a cada una de ellas y presionar para que se instale esa mesa de negociación.

Esa sería la vacuna contra la crisis que tanto estamos esperando.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es