Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

A la búsqueda del centro perdido, por Julio Castillo Sagarzazu
Romper la polarización, desplazarse hacia el sentimiento de las grandes mayorías con una oferta creíble, sin concesiones de principios, pareciera ser el desafío de hoy

 

@juliocasagar

Pareciera útil parodiar el nombre de la novela de Marcel Proust para adentrarse un poco en la realidad política y social de Venezuela. En la obra de Proust, el narrador da un bocado a una magdalena (ese ponquecito tan típico para desayunar en Europa) y el sabor le hace evocar su niñez y los pasajes que sirven de columna vertebral al relato.

Las elecciones de medio término en los Estados Unidos, pero también las que han ocurrido en el entorno de Venezuela en los últimos meses, son una suerte de magdalena que podría permitirnos evocar algunas de las falencias de la oposición venezolana. Y aportar pistas sobre cómo podrían superarse.

Veamos:

En los Estados Unidos, todas las encuestas vaticinaban una marea roja republicana que dejaría en serios aprietos a los demócratas en el Congreso, el Senado y varias de las gobernaciones de estados importantes, para encarar la próxima elección presidencial. Ya todos sabemos que no ocurrió. Biden, el presidente de más baja popularidad en la historia norteamericana que ha enfrentado estas elecciones, ha sido el menos castigado en ellas.

Estos fenómenos tienen causas plurales, pero en el caso que nos ocupa no es descabellado señalar uno como el más importante: se trata de la entrada en escena de Donald Trump. ¿Por qué? Pues porque Trump es una figura polarizante. No hay duda de que su actitud y su discurso sacaron de su poltrona tanto al votante demócrata promedio, decepcionado de Biden, como al republicano más liberal y los movilizó para ir a votar en su contra. Su imagen particular, la evocación del asalto al Congreso y el clima crispado de los días de la elección, tuvieron la suficiente fuerza en el inconsciente colectivo norteamericano para transformarse en fuerza electoral.

En el caso de Brasil, fue igualmente evidente que Lula no tenía la fuerza electoral por sí mismo para derrotar a Bolsonaro. Fue su desplazamiento hacia el centro, e incluso hacia la centroderecha, lo que logró es 1 % definitivo para que pudiera imponerse a su rival, igualmente, un personaje polarizador.

Mutatis mutandi, fue lo mismo que hizo Petro en la segunda vuelta colombiana y Macron en Francia para vencer a Le Pen.

Esta reciente evidencia pareciera indicar que los candidatos obviamente deben partir de sus propias posiciones, sus visiones, sus cualidades y sus liderazgos labrados a pulso, pero que, para conquistar victorias electorales, deben desplazarse hacia el centro para poder crecer.

Es igualmente obvio que esto no ha sido siempre así. Ha habido momentos en los que los pueblos se van detrás de líderes extremistas, mesiánicos y populistas. Pero lo que pareciera estar operando en la conciencia política y electoral de los pueblos es una reacción ante las disrupciones de opinión publica que han constituido la pandemia, la guerra de Ucrania, la recesión mundial y sus consecuencias que tienden a alejarlos de las zonas de conflicto, a buscar seguridad, evitar la confrontación y las salidas violentas.

En Venezuela, la polarización ha sido la zona de confort del chavismo. El enfrentamiento entre pobres y ricos, patriotas y apátridas, escuálidos y revolucionarios, ha sido la trampa en la que ha caído, no pocas veces, la oposición democrática. Los problemas de la gente, el planteamiento “transversal” de las necesidades sociales se ha dejado en un segundo plano. Como siempre ha ocurrido en la historia de las transformaciones sociales, los pueblos llegan a conclusiones políticas cuando entienden que sus problemas concretos y cotidianos no se resolverán sin un cambio en la dirección del país.

Ello no implica, en modo alguno, caer en el pedestre ofrecimiento de que la oposición tapara todos los huecos de las calles y limpiara todas las alcantarillas, como si Venezuela fuera un “país normal” porque no lo es. Lo que pareciera un deber de la dirección política opositora es justamente hacer ese link entre situación social y necesidad del cambio político.

Romper la polarización, desplazarse hacia el sentimiento de las grandes mayorías con una oferta creíble, responsable, sin concesiones de principios y de la ética, pareciera ser el desafío de hoy.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

No todas las comisiones diseñan un camello, por Julio Castillo Sagarzazu
Hay una importante oportunidad de que la designación de la comisión para las primarias se convierta en un acelerador del sentimiento de volver a luchar

 

@juliocasagar

Nos dice una expresión proverbial que “Un camello es un caballo diseñado por una comisión”. Es una manera decir que cuando no se quiere resolver un problema o cuando da lo mismo que se resuelva de cualquier manera, el asunto “se pasa a una comisión”.

Este, por cierto, no ha sido el caso de la comisión que recientemente ha designado la Plataforma Unitaria de la oposición, para ejercer la rectoría de las primarias.

En efecto, las primeras reacciones del mundo opositor han sido favorables, dada la calidad de las personas que se han escogido.

La decisión ha tenido igualmente el mérito de hacer que muchos que se manifestaban, o siguen manifestándose en contra del método de primarias, hayan morigerado su posición. No han faltado, entre estos quienes se han unido a la felicitación y al reconocimiento de los designados. Como decía Víctor Hugo: “Nada tiene más fuerza que una idea a la que llegó su momento”. Quizás es el momento de esta idea; quizás esta propuesta ha llenado un vacío y quizás esta es la razón por la cual ha generado estas reacciones.

El nombramiento de la comisión ha producido también la sensación de que el proceso se dinamiza. Ello se convierte en un poderoso atractor de simpatías y verlo como algo posible y lograble. Todo esto sube el costo político del saboteo del proceso a todos aquellos que, diciendo que están de acuerdo con las primarias, cruzan los dedos para que no se realicen.

Es justamente sobre este último punto sobre el cual se debería llamar la atención. En la política siempre es bueno escuchar a los abogados del diablo y no dar por hecho lo que aún no está hecho.

¿Por qué?

Pues sencillamente porque los voceros del chavismo han anunciado, en numerosas ocasiones, que podrían adelantar las elecciones y porque, si se produce este adelanto, el argumento de que “no hay tiempo para las primarias” permitiría a muchos desecharla y proponer decantarse por un acuerdo de cúpulas para resolver un problema tan importante.

De allí que una de las principales obligaciones de la comisión es aprovechar el aliento y el empuje inicial para dinamizar el proceso y acelerarlo.

Habría que crear las condiciones para que las primarias prendieran en el ánimo y en el espíritu del mundo opositor venezolano. En esta vía sería positivo que, al interior de la plataforma opositora, se formasen coaliciones y acuerdos cuya base sea la defensa irrestricta del respeto a los acuerdos de realizar el proceso. Así, todo venezolano que se ha identificado con esta iniciativa sabrá que hay factores apoyándola y dispuestos a no permitir que se burle su conclusión.

Hay una importante oportunidad de que este paso de designación de la comisión se convierta en un revulsivo, un catalizador y acelerador del sentimiento de volver a luchar de nuestros compatriotas. Los hombres y mujeres que han sido encargados de esta responsabilidad, todos venezolanos de bien, tienen un compromiso grande. No podemos darnos el lujo de fallar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

En política, lo que parece... es, por Julio Castillo Sagarzazu
Si es verdad que en la política “lo que parece, es”, entonces estamos atrasados con las presidenciales

 

@juliocasagar

Diosdado Cabello, medio en serio, medio en broma, pareciera haber cantado lo que el chavismo está pensando sobre el proceso electoral: en primer lugar, que es muy probable que la fecha de las elecciones sea una que sirva para descolocar a las fuerzas que han resuelto convocar unas primarias para dirimir la candidatura presidencial. Consumar un adelanto del proceso no solo agarra a la oposición sin pañuelo para el catarro, sino que acentúa las condiciones para sea más complejo constituir un frente competidor frente al 25 % del oficialismo.

¿Por qué esto es así? Pues porque si no hay tiempo para realizar las primarias, se estaría llevando agua al molino de quienes han sugerido que, en esa eventualidad, habría que decantarse por un consenso de partidos. Con la actual desafección de los venezolanos hacia las organizaciones políticas no es difícil imaginar el inmenso peso del plomo en el ala con el que se partiría a la contienda electoral.

No es descartable que esta política pudiera conseguir afectos en el frente opositor. Como anillo al dedo les vendría a aquellos que no están de acuerdo con las primarias porque se ven un chance limitado, pero también a otros que se darían por bien servidos, apostando por la prolongación del status quo actual, del que han tirado no pocos beneficios.

La papeleta es todo un desafío y planteará la necesidad de un plan de emergencia, si esta especie llegara a confirmarse: Así las cosas, la oposición tendría frente a si varios retos: definir cuanto antes las cuestiones cruciales del voto en el exterior; la designación del Comité Rector de las primarias y un mecanismo para reevaluar la fecha en caso de que efectivamente se adelanten.

Paralelamente a ello, porque en la política, el arte de mascar chicle y caminar debe ser dominado a la perfección, las organizaciones y eventuales candidatos estrían compelidos a activarse inmediatamente.

No hay duda que una asignatura pendiente es volver a conectar emocionalmente con los millones de venezolanos que acompañaron la protesta y la lucha por recuperar la democracia.

Conectar igualmente, como ocurrió el 2015, con los millones de compatriotas que usaron el voto para protestar por el deterioro de las condiciones de vida. Es evidente que una campaña electoral, sea esta de primarias o directamente las presidenciales, tiene que conjugar sabiamente estos dos elementos.

De la misma manera, habría que evaluar que las elecciones que se convoquen no sean solamente para la presidencia de la República. Es altamente probable que Maduro no quiera ir solo a este proceso. Una manera de asegurar que todo el activo del chavismo participe es involucrando, al menos a los gobernadores, para ponerlos a todos a trabajar en la misma dirección.

Esto va a obligar a que los factores democráticos comiencen, desde ahora, a plantearse alianzas y reagrupamientos. Si hay elecciones regionales, habrá que incorporar a las negociaciones a decenas de factores sociales, organizaciones independientes y liderazgos locales con peso específico en sus regiones. Esto podría ser una gran oportunidad para alargar las fronteras de la oposición, más allá de los partidos.

Unas primarias pueden igualmente convertirse en una excelente ocasión para volver a entusiasmar al activismo local y poder presentar opciones competitivas. Esto es esencial. El resultado de una consulta popular (por más compromiso que haya de que los vencidos apoyen al vencedor) donde los ganadores lo hagan con un pequeño porcentaje, no abona en el terreno de presentar a ese candidato como competitivo.

De allí que sería importante que las alianzas se perfilasen desde ahora. Hay alternativas afines que podrían reagruparse y establecer el compromiso de que los mejores colocados en la opinión pública recibirían el apoyo de los menos favorecidos. Lo repetimos, si hay elecciones regionales, hay un amplio espacio para negociaciones y para conformar frentes y acuerdos. Que las primarias se hagan entre alternativas que se han ido decantando y reagrupando sería una buena noticia para tener opciones fuertes y creíbles.

Si es verdad que en la política “lo que parece, es”, entonces estamos atrasados.

Había que comenzar ayer a trabajar en todos estos complejos, pero fascinantes desafíos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Una ayudita por el amor de Dios, por Julio Castillo Sagarzazu
La ayudita que hoy aceptan los cubanos de la USAID es, mutatis mutandi, un aviso de que el régimen venezolano se puede estar preparando también para aceptar algunas concesiones

 

@juliocasagar

Las autoridades cubanas han confirmado que aceptaron un donativo de la USAID por dos millones de dólares para atender las emergencias humanitarias de la isla. El dinero será ejecutado por la Cruz Roja, pero su origen son los fondos gubernamentales del “imperio mesmo”.

Se trata de una suma irrisoria, pero su solicitud y aceptación nos develan un mundo de realidades que van más allá de lo simbólico y la normal cooperación diplomática en casos de calamidades naturales.

Están lejos los días en los que Chávez se daba el lujo de devolver la ayuda norteamericana, en medio de la vaguada de Vargas y en los que Fidel hacia acopio de orgullo revolucionario para proclamar que no necesitaban a los gringos. Las cosas no están para escupir hacia arriba.

La pandemia y la salvaje aventura de Putin en Ucrania están produciendo cambios geopolíticos que se acompasan con los del cambio climático y que sincronizan sus velocidades.

Es en este contexto de nuevas realidades como hay que ver la aceptación por parte de Diaz Canel (contrariando la doctrina castrista) de esta ayuda del vecino del norte.

Si, como parece previsible, Putin pierde la guerra, Rusia quedará acotada por unas nuevas fronteras de la OTAN porque Suecia y Finlandia (que ya han celebrado tratados de mutua defensa con varios países) entrarían en la alianza atlántica. Europa se habrá desvinculado de su dependencia energética y la economía rusa se encontrará postrada ante China, que le comprará, a precios de extorsión, los combustibles que necesite.

Si Putin sobrevive en el Kremlin, lo hará al alto precio de endurecer la represión y la pérdida de influencia sobre sus satélites, cuyos líderes ya se dan el lujo de regañarlo en público; y quienes tratarán de salvarse individualmente, si el barco se viene a pique.

Si esto ocurre con sus satélites fronterizos, ocurrirá con más fuerza en los que, como Venezuela, están más distantes.

La ayudita que hoy aceptan los cubanos es, mutatis mutandi, un aviso de que el régimen venezolano se puede estar preparando también para aceptar algunas concesiones.

Es, en este contexto, que hay que mirar su acercamiento con los Estados Unidos para una eventual negociación directa de sus relaciones, que están en suspenso desde hace muchos años.

Esta negociación es bien particular porque no solamente involucra las eventuales relaciones entre los dos países, sino que está amarrada, por razones de política interna y electoral norteamericana, a la actitud de Maduro sobre permitir una apertura para que se realicen elecciones libres en Venezuela. Cualquier negociación, entonces, está obligada a “pagar este peaje”.

Por supuesto que, para alinear y llevar ese barco a puerto seguro, hay que superar el nada despreciable escollo de reconstruir los consensos y acuerdos perdidos al interior de la oposición venezolana. Las reuniones de Panamá y las de Washington de estos últimos días, sugieren tener ese objetivo.

Resulta obvio que para los Estados Unidos, y para el mundo democrático, es un objetivo apetecible sacar a Maduro de la esfera de Putin y seguirán trabajando en ello. Solo que, lo repetimos, sería demasiado costoso hacerlo al precio de desentenderse de la lucha por la recuperación de la democracia venezolana, luego de que se ha andado tanto tiempo comprometido con ese proceso. La oposición venezolana, como se está viendo, también tendrá que prepararse para pagar el precio de reformular todo, mucho o poco, la estrategia desarrollada desde el gobierno interino.

Para la oposición venezolana hay también una oportunidad de avanzar, luego de tantos meses de atasco y diferencias. Los acuerdos logrados recientemente sobre las primarias, en la Plataforma Unitaria, son una muestra de que las diferencias pueden minimizarse y que los intereses contrapuestos podrían lograr un área común de coincidencias.

Todavía es pronto para lanzar el sombrero al aire, porque el chavismo seguirá jugando a exacerbar esas diferencias y aún tiene recursos para hacerlo.

Todavía no le crecen todos los enanos del circo, pero mucha preocupación debe de tener observando que el movimiento hacia las primarias se ha robustecido con el anuncio de participación de importantes sectores. Así como con el debilitamiento de los “antiparticipacionistas” en las últimas semanas.

La oportunidad de las fuerzas democráticas está consiguiendo una rendija importante al día de hoy. Esta en sus manos aprovecharla y convertir estas coincidencias (así sean a juro y obligados) en una oportunidad para avanzar.

Maduro aún no está en la situación de pedir una ayudita a la USAID. Pero que lo esté Diaz Canel, es una buena noticia.

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¿Ana karina rote o acuerdos?, por Julio Castillo Sagarzazu
El mestizaje de nuestra raza debería guiarnos en los acuerdos que necesitamos. Enarbolar de nuevo el ana karina rote sería una tragedia nacional

 

@juliocasagar

Cada 12 de octubre tiene lugar en el mundo hispano un recurrente y absurdo debate sobre si la fecha debe ser celebrada o no. Quizás, procediendo políticamente incorrectos hacia Hispanoamérica, los españoles escogieron como su fiesta nacional la llegada de Colon a la isla de Guanahani y con ello el comienzo de la colonización. De niños, lo celebrábamos como el Día de la Raza. Ahora, con peor gusto (pero políticamente correcto de acuerdo con la moda), algunos lo celebran como el Día de la Resistencia Indígena.

En realidad, toda la quincalla ideológica que se ha montado sobre la fecha esta sacada del baúl de los reconcomios y los enfrentamientos sin los cuales no puede desarrollarse una política extremista en el continente. Entre nosotros, varios episodios de esta tragicomedia han llevado al derribo de estatuas de Colon, para sustituirlas por la de caciques indígenas de latón y de un kitsch insoportable.

La verdad sea dicha: ni los españoles nos trajeron cataratas de desgracias, ni los indios aborígenes eran figuras angelicales.

Nuestros antimperialistas y reivindicadores del indigenismo olvidan que la frase “ana karina rote”, que sirve de título a esta nota, significa “solos los caribes somos humanos”. Y que estos consideraban como normal arrasar con las tribus enemigas y comerse a los vencidos. El genocidio de los imperios precolombinos pasa por debajo de la mesa y sus tropelías son mimetizadas como usos y costumbres.

No se sabe de cuál pureza de raza se reclaman y como aún se cae en el despropósito de hablar de “nosotros” para referirse a los aborígenes americanos y de “ellos” para referirse a los españoles.

Por las venas de cada hispanoamericano corre tanta sangre española, como india y de la de los negros traídos del África. A su vez, por las de los españoles corre sangre árabe, romana, fenicia, ibera, celta y pare usted de contar.

La verdad es que no nos queda nada bien, a quienes tenemos la hallaca como plato nacional, seguir con la necedad de estas diferenciaciones.

Nuestra verdadera riqueza es el mestizaje y el ana karina rote es una frase para el olvido y no para el orgullo.

Ahora bien, cayendo en la política, valdría la pena también poner en valor el mestizaje y el verdadero melting pot que ha sido siempre nuestra manera de ver esta actividad tan vieja como el ser humano mismo.

En efecto, fueron los blancos de orilla, los mestizos más acomodados de la época, quienes, influenciados por las ideas de la Ilustración, comienzan a oponerse, por legítimos intereses de clase, a la Guipuzcoana que tenía el monopolio del comercio exterior de la colonia.

Nuestra independencia, consecuencia de la situación geopolítica de la época, fue el escenario donde nacionalidades y guerreros de todas las proveniencias se encontraron para aliarse o para luchar entre ellos.

Nuestra historia política es la historia del liderazgo de venezolanos mestizos en el ejercicio del poder. Nunca nos gobernaron emperadores como en México o Brasil, ni piratas como en varias islas del Caribe cercano. Desde nuestros padres fundadores, hasta hoy, todos han sido mestizos, a mucha honra. El más cosmopolita de todos: Francisco de Miranda, fue rechazado varias veces en la academia militar de la metrópoli, por no tener claro su origen. Tuvo su padre que comprar una

Pero este mestizaje no solo tiene que ver con el origen étnico. También tiene que ver con la proveniencia de las ideas.

Tomemos el ejemplo del más paradigmático de nuestros líderes democráticos: Rómulo Betancourt, nacido de inmigrante canario y madre venezolana. Este guatireño fue fundador del Partido Comunista de Costa Rica y funda el ARDI en Colombia (Alianza Revolucionaria de Izquierdas), precursor de Acción Democrática.

Si leemos el Plan de Barranquilla, primer documento que intenta dar una interpretación política del gomecismo y sentar las bases de una estrategia democrática en el país, no podemos sino calificarlo de programa de inspiración marxista, pero que propone salidas democráticas.

En el lenguaje del marxismo, se trata de un texto “revisionista”. Y no cabe duda de que todo el proceso político venezolano en la lucha contra la dictadura gomecista, y sus etapas posteriores, estuvieron influenciados por estas ideas. El Plan de Barranquilla se convirtió, efectivamente, en una suerte de tapón doctrinario que bloqueó la influencia del Partido Comunista de Venezuela. Obviamente, también colaboro en ello el apoyo a Medina sugerido por el “browderismo” estalinista. Pero esta es otra historia).

De manera que podemos decir, y faltando a la rigurosidad académica, que el comunismo revisionista nos salvó del comunismo estalinista.

El caso de Betancourt es notorio y paradigmático, como se dijo, pero el liderazgo político venezolano está integrado por personas que vienen de los más distintos orígenes y las más variadas ideologías.

Muchos han pasado por diferentes corrientes y muchos convergen, hoy día, en la necesidad de recuperar la democracia y las libertades en Venezuela.

Se aproxima un proceso electoral. Aún no conocemos los detalles y las condiciones. Pero allí está el desafío y el compromiso para llegar a acuerdo que permita una opción competitiva para enfrentar al chavismo.

No pensamos igual (gracias a Dios) todos aquellos que creemos que hay que salir de este atolladero, pero estamos compelidos a propiciar este acuerdo.

De nada vale plantarse en temas que podremos discutir en su momento. Hay fuego en el bosque y el tigre y el conejo corren juntos para escapar de las llamas. Ya veremos cuando se apague el incendio.

El mestizaje de nuestra raza debería guiarnos en los acuerdos que necesitamos. Enarbolar de nuevo el ana karina rote sería una gran tragedia nacional.

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¿Y la fecha?, por Julio Castillo Sagarzazu
Ya Maduro anda hablando de fechas. ¿Qué esperamos para hacerlo nosotros?

 

@juliocasagar

Tener una agenda es prácticamente una de las pocas cosas de las que se es dueño. Eso es verdad desde el punto de vista personal y también lo es en la política. Normalmente decidimos libérrimamente lo que escribimos en ella.

Una agenda en la política es una estrategia con fechas y tareas asignadas. Sin eso, la política es pastoreo de nubes, discursos, arengas y calorías gastadas y perdidas.

En estos momentos, en la política venezolana hay dos fechas que son necesarias de definir. Una, es la de las elecciones presidenciales. En los países normales, ese día está fijado en la Constitución y todo el mundo sabe a qué atenerse. Pero Venezuela no es un país normal y aquí los eventos electorales se fijan a real saber y entender y a ojo de buen cubero del poder. De allí que es tan importante que la presión nacional e internacional se fije como objetivo lograr esa fecha para que todos trabajen con un horizonte definido.

La otra fecha importante es la de unas primarias o la de un mecanismo para que las fuerzas democráticas definan una opción y un liderazgo a presentarle al país.

Si no hay fecha, sencillamente no hay estrategia.

En la Plataforma Unitaria se habla de avances en el tema de las primarias. Pero solo “se habla”, porque decisiones básicas como la de designar al comité rector de un eventual proceso, se ha pospuesto, luego de que se había fijado una fecha.

No hay que ser muy perspicaz para deducir que no se trata de problemas con el zoom y las comunicaciones lo que no permiten los acuerdos. Es evidente que la falta de entendimiento entre los integrantes de la plataforma es lo que está retrasando las decisiones.

Una vez más, la falta de decisiones afecta la vida de la oposición venezolana. Si se tratara de un tema menor, las cosas pasarían sin consecuencias y podríamos atribuirla a lo que la sabiduría popular ha reseñado en el conocido proverbio “cada cabeza es un mundo”. Pero ya esa falta de decisión, que paraliza iniciativas, se ha convertido en una práctica que amenaza la viabilidad del proyecto opositor mismo.

Una de las “leyes” de la dialéctica nos explica que “la cantidad se convierte en calidad”, o sea, que “bueno es cilantro, pero no tanto”. Y aquí, efectivamente, la cantidad de la parálisis se está convirtiendo en una fuerza que desnaturaliza y deteriora la calidad de los esfuerzos y los sacrificios que se hacen en otros terrenos.

¿No habrá llegado, entonces, la hora de una posición disruptiva de todo esto? ¿No hará falta un golpe en la mesa para dar un viraje?

Sería bueno saber cuál es la posición de TODAS (mayúsculas ex profeso) las fuerzas políticas y de todo el liderazgo opositor del país, sobre este tema de las fechas y las iniciativas concretas para enfrentar los desafíos de hoy. Saber igualmente quién retrasa y quién no las decisiones.

Conocidas las posiciones, sería igualmente deseable que se formaran, alrededor de estos temas, los polos y reagrupamientos concretos de organizaciones que compartan la misma conducta y las mismas propuestas. Y que propongan mecanismos para agilizarlas. No todo tiene que ser tratado con la camisa de fuerza de la unanimidad (siempre tan difícil como sospechosa).

Ya bastante caro hemos pagado con nuestros aliados internacionales el espectáculo de la falta de decisión y acuerdos por razones fútiles, para que tengamos que pagar también la factura del crecimiento interno de la desafección de miles de compatriotas que no entienden la trama que tienen delante sus ojos.

Ya Maduro anda hablando de fechas. ¿Qué esperamos para hacerlo nosotros?

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¿Dónde estamos parados?, por Julio Castillo Sagarzazu
La necesidad de “vengarse” de las élites tradicionales hará que los ciudadanos terminen dando su confianza, a los más estridentes y a los que postulan salidas milagrosas

 

@juliocasagar

Sería pretencioso y, también fantasioso, tener una respuesta clara a la pregunta ¿dónde estamos parados? No obstante, lo que sí podría afirmarse es que quizás nunca antes, como ahora, han tenido tanto peso en las definiciones de política interna de los países, las determinantes externas y la realidad geopolítica internacional.

Comparemos nada más que corrieron casi dos años entre las abdicaciones de Bayona y los sucesos del 19 de abril de 1810, que llevaron a conformar una Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, depuesto por la fuerza.

Ahora, “el aleteo de una mariposa en Hong Kong, puede provocar una tormenta en Nueva York” casi de inmediato. Los acontecimientos los vivimos en tiempo real. Y la geopolítica deviene en un ingrediente de la situación interna, sin filtros y sin dilaciones.

El mundo viene de conocer dos acontecimientos de resonancia mundial: la pandemia y la guerra en Ucrania. Ambos están provocando crisis profundas, grandes transformaciones y cambios internos en los países. Casi podría asegurarse que muy pocos gobiernos quedarán incólumes. Al que no lo agarre el chingo de la pandemia, lo estará agarrando el sin nariz de la guerra.

La incertidumbre genera temores inseguridades sociales y quizás promueva una peste común: el fortalecimiento de los populismos de toda orientación.

La necesidad de “vengarse” de las élites tradicionales hará que los ciudadanos terminen volteando a ver, y dando su confianza, a los más estridentes y a los que postulan salidas milagrosas para salir de la crisis. La pérdida de democracia y libertades de todo género es una de las consecuencias más importantes de todo este este proceso.

Estos populismos tienen en común el autoritarismo, el nacionalismo exacerbado (postizo o no) y el desprecio patente por los derechos sociales y políticos de las mayorías. Las manifestaciones populares, la movilización social, tienen, frente a estos regímenes, un margen muy estrecho de llegar a lograr los cambios políticos. La falta de escrúpulos, de sensibilidad social y la represión organizada y persistente les restan valor a los que otrora fueron grandes mecanismos de cambios sociales. El poder de las armas y su decisión de usarlas contra la gente hace más difícil el accionar social.

No obstante, todos los autoritarismos y los regímenes populistas tienen grietas. Los que hoy están gobernando (de cualquier signo), como ya dijimos, experimentarán la erosión de las crisis de la pandemia y la guerra. Son esas grietas justamente los que las fuerzas democráticas están en la obligación de aprovechar.

La negación de las libertades, incluyendo las políticas y las electorales, hemos dicho que es una de las características de estos regímenes. Sin embargo, de tanto en tanto están en la obligación de “relegitimar” sus mandatos. Los procesos electorales que tienen lugar en esos momentos son una oportunidad de aprovechar esas grietas. Por más regimentada que esté una sociedad (al menos hasta ahora ha sido así) las campañas electorales dan la oportunidad de encauzar políticamente la protesta y señalar al cambio político como una meta social a alcanzar.

En Bielorrusia y en Barinas (¡vaya que ejemplos más disimiles!) esas campañas tuvieron una resonancia importante y fueron una oportunidad para “politizar” la ciudadanía. Otra cosa muy distinta, obviamente, es cobrar la victoria. En Bielorrusia el fraude fue impuesto por la fuerza de las armas. Y en Barinas se logró concretar.

Todo, entonces, dependerá del contacto y del papel que juegue el liderazgo en trenzar alianzas orgánicas (no virtuales) con la población para que el entusiasmo que puedan despertar candidatos o liderazgos no se los lleve el viento.

De allí que, con todas las limitaciones que tenemos en Venezuela, vale la pena jugarse el quintico de tratar de usar un proceso, y unas eventuales elecciones, para intentar una respuesta eficaz frente al régimen y en la recuperación de la democracia y las libertades.

Ya hay un botón de muestra, pequeño pero significativo: los precandidatos a unas posibles primarias están recorriendo el país. Por allí por donde pasan dejan una semilla sembrada y algún grado de entusiasmo están generando.

Se trata de profundizar este fenómeno para que la semilla pueda ser cosechada.

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Ucrania, de nuevo Ucrania…, por Julio Castillo Sagarzazu
Una posible derrota de Putin en Ucrania, los problemas de Irán, los desvaríos de Petro y la falta de ‘solidaridad automática’ de gobiernos como los de Boric, son un cóctel de dificultades para Maduro

 

@juliocasagar

Una decisión personal de Volodímir Zelenski ha cambiado el curso de los acontecimientos geopolíticos del mundo. Ello ocurrió cuando le respondió a los Estados Unidos, cuando comenzaba la invasión rusa, que no aceptaba su ofrecimiento de apoyo para abandonar el país junto con su familia. Al contrario, le dijo a Biden que lo que necesitaba no era un Uber que lo sacara de Kiev, sino armas y apoyo para rechazar la incursión de Putin.

Si hubiese aceptado aquella propuesta, hoy estaríamos presenciando una dictadura, como la rusa, ensoberbecida, amenazando a Finlandia y a los países bálticos y a un Lukashenko cualquiera en el palacio de gobierno de Kiev.

Es una demostración de cómo la voluntad de un liderazgo (que fue denostado por algunos llamándolo comediante, payaso y provocador), puede transformar las realidades y, a la vez, propiciar cambios sustanciales en el statu quo. De ello, deberían tomar nota muchos dirigentes en el mundo y en Venezuela también.

Hoy, todas las miradas se vuelven de nuevo a Ucrania luego de que una espectacular contraofensiva militar haya arrebatado, a un ejército ruso desmoralizado, más de 10 000 kilómetros cuadrados que habían sido ocupados desde el inicio del conflicto.

Ahora bien, ¿Qué novedades tiene la situación de Ucrania hoy en día?

En realidad, son muchas. Aquí van las que podrían considerarse como las más importantes:

  1. Se ha acentuado el aislamiento de Putin. En efecto, que aliados tan importantes como China y Turquía hayan tomado distancia de sus últimas posiciones públicas (sobre todo las amenazas abiertas del uso de armas nucleares) son un cambio notable.
  2. El anuncio de la movilización de más de 300 000 reservistas pone de manifiesto el fracaso de la “operación especial” en Ucrania y convierte el conflicto, “técnicamente” hablando, en una guerra abierta con todas las consecuencias geopolíticas que ello implica. Este es quizás el anuncio de mayores consecuencias. A lo interno, ya la sociedad rusa comienza a dar señales de resquebrajamiento de esa unidad nacional que todos los conflictos bélicos necesitan. La estampida de todos los susceptibles de movilización, que ya se ve en los medios del mundo entero, va a crear problemas fronterizos y a perturbar las relaciones con otros Estados. Como todo éxodo (y los venezolanos sabemos de eso) provocará desestabilización en ambos lados de las fronteras.
  3. Ya hace meses, la OTAN había anunciado la creación de una fuerza de respuesta rápida de 100 000 efectivos. No cabe duda de que la movilización decretada por Putin acelerará la implementación de esta decisión. ¿Qué significa, además de lo militar, esta iniciativa? Pues ella tiene una significación social y política muy grande: crear esa fuerza implicará poner en marcha mecanismos logísticos que impactarán la vida de Europa. Una de las consecuencias previsibles es que atraerá a miles de jóvenes migrantes que, con la promesa de regularización de su situación para ellos y sus familias, seguramente se ofrecerán para alistarse, como ocurrió en los Estados Unidos en las guerras de Corea y Vietnam.
  4. El anuncio de Putin va a acelerar igualmente el desarrollo de la industria armamentista que será la otra gran beneficiada.
  5. El uso de los combustibles, esencialmente del gas, como arma de guerra por parte de Putin, va a acelerar igualmente el desarrollo de las energías renovables en Europa en el mediano plazo. Pero, en el corto, fortalecerá el uso de las nucleares y de los fósiles, para reducir la dependencia energética rusa. Se trata de otro gran impacto en la economía y en la sociedad de Europa. Aquí saldrán beneficiados los Estados Unidos y China. El primero, porque tendrá mercado para su LPG (gases licuados de petróleo, por sus siglas en inglés) y su petróleo; no se descarta que Biden se decante por reanudar la explotación masiva de esquistos y se especula que, incluso, podría retomarse el proyecto del gasoducto de Alaska); y China, porque comprará combustibles rusos a precio de descuento y porque crecerá la dependencia de ese país respecto de la potencia asiática. Rusia, con su economía seriamente tocada, podría terminar “colonizada” por China.
  6. Una eventual derrota militar total de Putin en Ucrania no es descartable. En efecto, no es descartable que hasta la ocupación de Crimea se ponga en el debate. Ya Zelenski lo señaló y hasta Erdogan ha utilizado el eufemismo de un “fin digno” de la guerra, asomando que el tema de Crimea debería ser resuelto. Una derrota de esta naturaleza, aunque no tenga necesariamente consecuencias directas e inmediatas sobre su permanencia en el Kremlin, va a trastocar la ecuación del poder político en el mundo. El caso de Venezuela puede ser paradigmático. De todos los aliados de Maduro, el único que podía partir una lanza en su favor, asomando una aventura militar, es Vladimir Putin. Un Putin derrotado queda amarrado para una iniciativa de esa naturaleza y le quita a Maduro la posibilidad de “bluffear” en esa materia.

Es sobre este último aspecto sobre el que interesa puntualizar. Luego del informe de la Misión de la ONU sobre la determinación de responsabilidades en la violación de los derechos humanos en el país y de la declaración formal del gobierno norteamericano sobre los límites de su paciencia si no hay avances en una negociación en Venezuela, el margen de Maduro para maniobrar, y hacerse el policía de Valera, se reduce.

Los problemas internos de Irán, los desvaríos de Petro y la falta de “solidaridad automática” de gobiernos como el de Boric, vienen a añadirse al cóctel de sus dificultades.

Se trata de un buen momento para la presión internacional y nacional y lograr avances internos que hagan más fácil el cambio político que desea más del 80 % de los venezolanos. Hay condiciones para que decisiones firmes, como la de Zelenski, abonen en ese camino.

Para decisiones como esa, hay autobuses que solo pasan una vez.

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