Julio Castillo Sagarzazu, autor en Runrun

Julio Castillo Sagarzazu

Releyendo a Almagro y esperando a Godot, por Julio Castillo Sagarzazu
Quizá la indefinición es lo que ha motivado a un amigo de la democracia venezolana como Luis Almagro a enviar un mensaje (no exento de imprecisiones) a las fuerzas democráticas venezolanas

 

@juliocasagar

Esperando a Godot es quizás la más conspicua pieza del llamado teatro del absurdo. En ella, su autor, Samuel Beckett, nos muestra a Vladimir y Estragón, dos personajes con apariencia de vagabundos, que pasan toda la obra esperando a Godot. Entre ellos se desarrollan las más variadas discusiones y son, de alguna manera, las víctimas de un manipulador que se divierte alentándolos a que sigan esperando al desconocido.

En realidad, el autor nunca nos presenta a Godot y Vladimir y Estragón se quedan sentados esperando que aparezca. Al final, cuando ambos se convencen de que no vendrá, se dicen a sí mismos: “Vámonos”, pero, ninguno de los dos se mueve. El telón se cierra con las imágenes de los dos hombres esperando a quien nunca va a llegar.

Se trata de una verdadera hipérbole sobre la indecisión humana, pero también sobre lo frágil que se va haciendo la voluntad cuando esta no se ejercita.

Quizás, esta parábola de la indefinición es lo que ha motivado a un amigo de la democracia venezolana como Luis Almagro a usar otra gran historia, la del Jardín de los senderos que se bifurcan, del siempre irónico y erudito Jorge Luis Borges, para enviar un mensaje (no exento de imprecisiones) a las fuerzas democráticas venezolanas.

Esta obra es también una extraordinaria representación, bajo la forma de una novela policial y de intrigas, de la gran paradoja del tiempo y el espacio. Borges, en su eterna ironía, pone a los personajes a morir y reaparecer en circunstancias de tiemplo y espacio que nos desconciertan. Algunos han insinuado que se trata de un juego (Borges también es un bromista) que “plantea, con argumentos literarios, la enorme disrupción que represento en el mundo de la ciencia, la aparición de la física cuántica, en relación con la física newtoniana. Es decir, entre el mundo perceptible y el que no lo es”.

Resumida por un lego, como quien esto escribe, es la demostración de que la materia y el espacio no se comportan igual dependiendo de su masa. Y que, además, los maravillosos secretos que esta materia guarda, en dimensiones subatómicas o en dimensiones siderales, son absolutamente imperceptibles para la mirada del observador común.

Tal vez Almagro (esto tendrá que confirmarlo o negarlo él mismo) esté enviando un mensaje críptico en su artículo. Quizás también está siendo vocero de algunos que han visto cómo la situación en Venezuela y el mundo ha cambiado y que, entonces también, la estrategia de la oposición venezolana debe atender esos cambios. Esto lo sabremos, lo repetimos, de su propia pluma o boca cuando resuelva hacerlo.

Almagro, disquisiciones aparte, lo que sí ha hecho es incurrir en el error en el que solemos caer los hispanoparlantes cuando usamos palabras o expresiones que son bien tenidas en un país, pero que en otros resultan gruesos tacos o expresiones vulgares. Un venezolano, por ejemplo, que diga “concha” en Chile y “pito” en España, se expone a que le malentiendan.

Extrapolando el asunto tenemos que, por ejemplo, en Venezuela la palabra cohabitación, tiene una connotación polémica. Cohabitar es convivir con otros de acuerdo al diccionario; pero aquí tiene mala prensa porque evoca la complicidad con el régimen político instalado.

En Francia por ejemplo la cohabitación en política es el nombre que se le da a la más que posible situación (de hecho, ha ocurrido varias veces) en la que el presidente de la república electo popularmente debe gobernar el país con un primer ministro que es designado por la Asamblea Nacional y que no es necesariamente de su partido. Esto lo entienden los franceses y no se escandalizan por ello. Lo que jamás habrían entendido es que De Gaulle y Pétain hubieran cohabitado durante la ocupación nazi. De hecho, la historia habría sido otra.

De manera que a Almagro habría que aclararle, como cuando se le aclara a un amigo que viaja a Chile o a España, que se cuide de decir “concha” o “pito”, no vaya a ser que se encuentre con la sorpresa de que le estén dando lo que no ha pedido.

Pero dejemos de un lado la relectura de Almagro y la labor de descifrar su críptico jardín de los senderos que se bifurcan. Al fin y al cabo, es el error de un amigo.

Lo importante es ahora centrarse en la “espera a Godot”. En la necesidad imperiosa de que las fuerzas democráticas venezolanas diseñen una agenda (una agenda, en política, bien podría definirse como una estrategia con fechas y desafíos) que nos permita salir de esta entropía tan parecida a ese magma informe que existía antes del Big Bang originario.

Aquí sí valdría la pena tomar de Borges el mensaje de la disrupción del tiempo y el espacio y recordar que una millonésima de segundos antes de esa gran explosión iniciática, hubo un instante de desequilibrio de temperaturas y fuerzas que rompió el statu quo. Esa es la teoría de la segunda ley de termodinámica. Esa reflexión pertenece a la astrofísica. Sin embargo, cuando nos referimos a las sociedades, esa fracción de segundos que cambia la situación política y social ocurre cuando se junta la situación objetiva de malestar social, con la dirección política esclarecida que pone en la mesa consignas y voluntad para que tales cambios ocurran.

Hoy podríamos esquematizar estas iniciativas de manera concreta y partiendo de la realidad social y política de la siguiente manera: en primer lugar, hay que dar respuesta a esta tímida, pero decidida, irrupción en la escena social y política de los trabajadores públicos contra las ominosas decisiones de la fulana ONAPRE contra nuestros sueldos y salarios. Un acompañamiento consecuente (y no solo de selfis) a ese movimiento para aportar la experticia de la organización y sobre todo para dar perspectivas al movimiento; para ayudar a tender el puente, en la conciencia social, entre las justas reivindicaciones y el cambio político.

Igualmente, se impone clarificar el camino hacia este cambio político: en ese sentido es necesaria una galvanización del liderazgo sobre el eventual desafío electoral. Afortunadamente, ya quedan muy pocos focos que desprecian la salida política y eso es positivo.

Desde ese punto de vista, dos iniciativas parecieran indispensables: en primer lugar, declarar enfáticamente que la diáspora venezolana tiene derecho a participar en unas eventuales primarias y obviamente en la selección presidencial; y segundo, e importantísimo, poner fecha a las primarias para que lo que es una consigna, se convierta en una tarea.

Son decisiones importantes y urgentes.

No estamos para seguir esperando a Godot.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Barinas y la UCV, por Julio Castillo Sagarzazu
En las elecciones de Barinas y la UCV operó una misteriosa inercia que suele funcionar en los procesos políticos. Esa lógica que va dejando sin argumentos a los partidarios de ciertas exquisiteces

 

@juliocasagar

¿Qué tienen en común las elecciones de gobernador en Barinas y la de los egresados de la UCV?

  1. En primer lugar, que en ambos sitios se “venció a las sombras”
  2. En ambas ocasiones hubo una operación política del régimen para “dividir” a la oposición.
  3. Se realizó un esfuerzo colosal en movilización y empleo de recursos del Estado para tratar de ganar el desafío electoral.
  4. En cuarto lugar, que hubo una opción unitaria (que no única) que, con el discurso adecuado, logro movilizar espontáneamente el sentimiento opositor y que polarizo las fuerzas, haciendo fracasar la operación oficialista de división de la oposición.

La vida real suele darnos mejores lecciones que las teorías sociológicas y las disquisiciones de los analistas. En ambos acontecimientos, están retratadas las guías que deberían orientar a las fuerzas democráticas para hacer frente al eventual desafío electoral que podría convocarse para el año que viene. Ciertamente, no habría que andar buscando a Dios por los rincones.

En ambos eventos ocurrió también un hecho singular, la escogencia de los candidatos unitarios no fue el producto de ninguna operación de prestidigitación: tampoco la precedieron acuciosos procesos de discusión de plataformas, de programas que siempre suelen sugerirse como “previos” para la designación de los candidatos.

En el caso de Barinas hubo una negociación (sí, una negociación) de los factores políticos que estaban representados en la tarjeta de la Unidad (la de la manito) para escoger al candidato. Como todos sabemos, de esa negociación surgió el nombre de Freddy Superlano quien ganó la elección democráticamente. El cuento ya lo conocemos. Al fraude siguió su inhabilitación y la de su esposa. En pocas horas, hubo que tomar la decisión y, sin grandes consultas, la dirección política IN SITU, tomo la decisión de postular a Sergio Garrido.

Los resultados también los conocemos: sin recursos, en medio de la sorpresa del fraude, frente al más abusivo uso de recursos del Estado, los factores democráticos convirtieron aquella elección regional en un tema nacional. Y, en el mismísimo feudo de Chávez, se les propino una estruendosa derrota.

De la UCV y sus elecciones de egresados, se sabe un poco menos. Allí, una mayoría opositora silenciosa, seguramente liderada por dirigentes con experiencia en las lides, logró, casi que espontáneamente, montar una opción unitaria (que no única) que también derroto a una movilización y empleo de recursos desde los más altos niveles del Estado.

Como se dice arriba, y queremos recalcarlo, en ninguno de los dos casos precedió un debate sobre si las candidaturas deberían escogerse por consenso o por primarias o si antes de escoger al candidato debería preceder un proceso de elaboración de una plataforma o de la definición de un modelo de país.

En ambas situaciones operó una misteriosa inercia que suele funcionar en los procesos políticos. Esa lógica de los acontecimientos y el sentido común (el menos común de los sentidos) van dejando sin argumentos a los partidarios de ciertas exquisiteces.

Leyendo así las cosas, lo importante es crear las condiciones para que los próximos eventos políticos se parezcan lo más posible a estas dos ricas experiencias. Y hagamos un esfuerzo para que el árbol de la creatividad no nos oculte el bosque de la necesidad.

Para salir airosos también hay que admitir que los intereses de los grupos y personalidades en pugna existen y que existirán siempre. Que no son los llamados a “deponer esos intereses en nombre de la patria” los mensajes que serán eficaces. Lo que hay que hacer es crear el terreno en el que esos intereses (muchos de ellos legítimos, y otros no tanto) puedan convivir por el espacio de tiempo que nos interesa.

Todas las propuestas y los razonamientos que vemos y oímos en favor y en contra de las primarias; sobre si se deben hacer una o dos vueltas de las mismas; sobre acuerdos y plataformas previas, están regularmente referidos a esos distintos intereses. Lo repetimos, no hay en ello ningún escándalo y ninguna insania. Esto hay que aceptarlo y metabolizarlo.

Afortunadamente, con todas las limitaciones y todas las carencias, las fuerzas democráticas avanzan, más homogéneamente que en otros momentos, hacia el desafío político electoral del año que viene o el 2024.

Falta mucho, pero falta menos.

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El santo grial y la unidad, por Julio Castillo Sagarzazu
El oficialismo invertirá recursos políticos y financieros sin medida para lograr que el santo grial de la unidad no se logre nunca en ningún terreno

 

@juliocasagar

De acuerdo con la tradición, el santo grial es el cáliz usado por el propio Jesús en la última cena. En la catedral de Valencia se venera (con arreglo a esa misma tradición) un vaso que incluso ha sido usado por Juan Pablo II y Benedicto XVIII en la celebración de la eucaristía en su visita a la ciudad española.

Hasta donde se conoce, no hay una evidencia bíblica que apoye la certeza de la existencia real del cáliz. Al punto de que, durante muchísimos años, se ha seguido buscando sin tener la convicción, ni referencias arqueológicas o paleontológicas de que el mismo exista.

Se trata, como muchas cosas en la religión, de una cuestión de fe y tradición.

Esa es la misma fe con la que, con la mejor buena intención, muchos siguen buscando la unidad completa de la oposición venezolana para enfrentar al régimen de Maduro.

No obstante, por más fe que se ponga, hay que decir, con toda la crudeza que el tema requiere, que tal unidad no se producirá nunca.

Las razones son muy variadas: obviamente hay miopía en algunos sectores; falta de generosidad; intereses personalistas; errores de apreciación del momento político. Pero la verdadera, y más importante, es que el oficialismo no dejará nunca que se esa unidad se concrete.

La razón es tan obvia que no vale siquiera la pena analizarla: una unidad completa, electoral, política o social, significaría que sus días están contados. De manera que invertirán recursos políticos y financieros sin medida para lograr que el santo grial de la unidad no se logre nunca en ningún terreno.

¿Esto es una tragedia? ¡No, por supuesto que no! Es solamente una realidad con la que hay que bregar y para la que hay que prepararse.

Parte de esa preparación consiste precisamente en anticipar esa realidad y estar prevenidos sobre las formas y las circunstancias en la que ocurrirán tales operaciones políticas.

Ya Timoteo Zambrano anuncia, en unas declaraciones a Mario Villegas, que la alianza a la que pertenece no participara en las primarias de la oposición. Se trata, muy probablemente, de un órdago lanzado a Bernabé Gutiérrez quien, horas antes, decía lo contrario pidiendo unas primarias abiertas y con “participación del CNE” (siempre hay que dejar una puerta abierta para salir del brete).

De manera que tirotear las primarias, por mampuesto, a discreción o con la sibilina paciencia del francotirador, será una de las conductas a las que se dedicará mayor atención y mayor soporte.

También es necesario señalar que veremos un desbocamiento en el lenguaje “opositor” de quienes de dediquen al tiroteo en cuestión. La razón es muy sencilla: “chirulí se coje con chirulí”; de manera que, para influenciar en el votante opositor, o para confundirlo, hay que hablar su mismo lenguaje.

Asimismo, hay que decir que el régimen no necesita, no le conviene (tampoco tiene como hacerlo), fabricar una opción “ganadora” de la oposición. Lo que necesita es que la división (o la abstención) sea lo suficientemente importante para convertir su 20 o 25 % en un 45 % de los que voten.

En las recientes elecciones a gobernadores proliferaron candidaturas que sacaron el 1 % de los votos. Quizás, ese 1 % tampoco habría hecho una gran diferencia si se sumaban al candidato opositor. Pero es que ese no era el único objetivo. El principal objetivo era influir en la conciencia del opositor promedio, desanimarlo, desmoralizarlo por la “falta de unidad”. Y hacer que se quedara en su casa. Es con ese objetivo, veremos en el próximo proceso, candidatos sin chance, con discursos opositores o con el discurso de la Argentina de De La Rúa: “Que se vayan todos”.

Lo que pareciera entonces inevitable, con los datos que se tienen hoy en la mano, es que unas eventuales elecciones presidenciales o las “megalecciones” que se realicen, no contarán con un candidato ÚNICO de la oposición. Los deudos ingenuos, o de buena fe de la Unidad, pueden comenzar a lamentarse.

El votante opositor tendrá ante sí la necesidad de definirse. Muy probablemente habrá un candidato escogido en unas primarias y otros candidatos que habrán decidido lanzarse sin participar en ellas.

Es obvio que sería absurdo hacer un planteamiento moralista, o maniqueo, sobre cómo debería escogerse ese día. En la política suelen hacerse “las peores cosas por los mejores motivos”; y quizás no todos participen de mala fe en el proyecto divisionista del régimen, pero eso será secundario. La realidad objetiva es que, lo repetimos, habrá ineluctablemente que escoger entre varias opciones.

El papel del liderazgo opositor es hablar claro. Debatir hasta el fondo hasta que se vea el hueso de todas las intenciones, para que ese día “D”, el venezolano de a pie tenga herramientas para tomar la mejor decisión.

El santo grial no aparecerá, habrá que bregar con lo que hay.

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Sobre los partidos políticos, por Julio Castillo Sagarzazu
Toca a los factores democráticos ayudar a que se recuperen los partidos políticos y las organizaciones sociales. Serán necesarios para reconstruir la democracia

 

@juliocasagar

Los partidos políticos, tal como los conocemos, son hijos de la revolución industrial. Y particularmente de la necesidad para las formaciones marxistas que nacían de tener “una correa de trasmisión de la ideología revolucionaria” entre los trabajadores que comenzaban a agruparse en los grandes centros industriales.

Posteriormente, incluso después de la división entre socialistas y comunistas, con la fundación de la segunda internacional (llamada también socialdemócrata) casi todos los partidos copiaron las tesis organizativas leninistas del centralismo democrático. De acuerdo con estas, la minoría se somete a la mayoría, los organismos inferiores a los organismos superiores y hay derecho al debate. Pero una vez tomadas las decisiones, se ejecutan por toda la organización.

Todas estas reglas son aparentemente neutras e incluso de sentido común. Tanto es así, que han perdurado en el tiempo en casi todas las organizaciones políticas e incluso en organizaciones de toda naturaleza.

Lo cierto del caso es que lo que ha variado sustancialmente, desde entonces hasta ahora, es la manera como se cumple el papel de “correa de trasmisión” de las posiciones políticas entre las grandes masas sociales.

En efecto, no cabe duda que desde la aparición de los medios de comunicación social, los organismos de base de los partidos han ido perdiendo progresivamente peso y pertinencia. La reunión de la célula, del comité de base o cualquier núcleo social primario, es cada vez menos necesario y prescindible. No se diga ahora con la aparición de Internet y de las redes sociales. Un chat de WhatsApp es más útil y expedito que cualquier comité de base; un tweet tiene más difusión que un panfleto a puerta de fábrica o facultad; y un correo electrónico puede contener un debate sobre los temas más importantes. Asimismo, un evento de Zoom puede, perfectamente, sustituir al congreso del partido.

No obstante, como ocurre con las armas y las herramientas, depende de en qué manos están y cómo se usen. En el caso de las redes sociales y el internet, pareciera que su uso por parte de los partidos ha contribuido mucho (paradójicamente) en la separación entre estas organizaciones y las grandes mayorías. De hecho, mientras más se gana en cantidad, más se pierde en la calidad de la relación con la militancia y las bases sociales. En algún momento hemos llegado a decir que “la política es analógica y no digital”.

Y es que hay, ciertamente en la actividad política, una dimensión del trabajo que solo puede hacerse con el calor de la cercanía personal. Asuntos como la solidaridad, la empatía, el cariño y el afecto hacia el liderazgo difícilmente se pueden lograr, o al menos mantener, desde la lejanía de un medio o en el espacio cibernético.

Pues bien, los partidos venezolanos se enfrentarán a estos temas, como muchos partidos en el mundo que hoy padecen de esta misma lejanía con la gente. Y deberán, como aquellos, resolverlo para continuar con la pertenencia y su ineludible necesidad en las sociedades democráticas.

Es sobre este último aspecto, donde pensamos que debemos detenernos. Habría que preguntarse, en ese sentido: ¿es que ha llegado entonces el momento de prescindir de los partidos? ¿Puede la sociedad civil, no partidista, reemplazar a las organizaciones políticas?

En primer lugar, deberíamos recordar que la organización de una causa es imprescindible tanto para asegurar su triunfo o su pervivencia en el tiempo. Las ideas se las lleva el viento. Ya Jesús nos lo demostró cuando no dejo solos, ni a la Providencia, ni al Espíritu Santo conducir a su legado. Le encargó a Pedro encabezar una organización, diciéndole. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”

Lo que es válido para una empresa espiritual, lo es también para una causa política. Su fin último es llegar al poder y para ello, hace falta una organización y además una dirección política. Debe tener un ideario político y su forma de organizarse y de comunicar ese ideario y sus propuestas, aunque cambie en el tiempo y se enfrente de numerosos desafíos, deben igualmente ser políticos.

Pero es que además de ello, la política, como muchas otras actividades tiene un know how. Hay unja experiencia acumulada, un mecanismo, casi rutinario, de cómo desenvolverse en el terreno electoral, que es el natural campo de acción en las democracias. Y en países como Venezuela, donde es cada vez más difícil y riesgoso estar presente en las mesas y centros y desarrollar campañas. Estas cosas no vienen “dadas por añadidura”. De hecho, aunque sea duro decirlo, hemos presenciado experimentos de suplir a los partidos en estas tareas, que no han resultado bien. De manera que, si el asunto no está en sustituir el papel de los partidos, será entonces el de tratar de transformarlos y adaptarlos para que cumplan sus verdaderos fines.

En estos días, por cierto, hemos visto una interesante reacción en la convocatoria interna para la renovación de las principales organizaciones opositoras. PJ, UNT y VP han cumplido jornadas importantes. Familiarizados con lo ocurrido en VP, podemos afirmar que una ola de entusiasmo real recorrió la organización en todo el país y se logró hacer estructura organizada en prácticamente todas las parroquias. UNT hizo también un esfuerzo importante en remozar su visión doctrinaria. Y PJ unas elecciones abiertas que les permitió desplegarse a lo largo y ancho del país. Son signos, repetimos, en la buena dirección.

Toca a todos los factores democráticos, de frente a los compromisos y retos que tenemos, ayudar a que este proceso se profundice y se recuperen los partidos y las organizaciones sociales. No hay duda de que serán necesarios para reconstruir la democracia y recuperar la libertad.

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Dibujando escenarios, por Julio Castillo Sagarzazu
Valdría la pena tratar de imaginar cuál sería el mejor escenario para Maduro en este juego de equilibrios que hay en el mundo

 

@juliocasagar

La guerra de Ucrania, la Cumbre de la OTAN; las elecciones de “mid term” en Estados Unidos; la gira de Maduro por Asia y el escenario interno de Venezuela, están unidos, aunque no lo parezca, por el hilo invisible de la geopolítica.

Veamos:

La guerra de Ucrania ha colocado a Putin en una situación comprometida y sus consecuencias hay que analizarlas en conjunto con la Cumbre de la OTAN en España. En efecto, independientemente de la situación militar en el campo de batalla, ya Rusia ha logrado que las potencias occidentales hayan dado un paso trascendental en su nueva política de defensa. Ese inmenso país es señalado ya, como la “principal amenaza para la seguridad occidental. Si “los ladridos de la OTAN en la frontera rusa”, como impropiamente señaló el papa Francisco, fue una de las razones de la invasión, ahora se verán amplificados con la incorporación de Suecia y Finlandia.

La organización atlántica, prevé ahora la constitución de una fuerza de acción rápida de 300.000 efectivos y un aumento exponencial del gasto militar. Las consecuencia políticas y sociológicas de esta decisión e, incluso, el impacto económico de la reanimación de la industria militar, serán de profundo calado.

Asimismo, lo que pudiera llamarse la “doctrina” que sale de Madrid, ha incorporado una frase, nada inocente, sobre la integridad y seguridad fronteriza de las naciones. Esta, inevitablemente, evoca el asalto a la valla de Melilla que terminó con varias decenas de muertos por parte de la policía marroquí y que ha contado con el silencio del gobierno socialista y el reclamo de sus socios de PODEMOS y ERC.

España, incluso, ha expuesto sus relaciones con Argelia y su solidaridad con el pueblo saharaui en el altar de la seguridad de su frontera con el norte de África. Esta seguridad de la frontera sur de Europa (y no solo de España) será clave en el abordaje común de temas como la inmigración ilegal y el control del terrorismo. Un tema y un viraje nada secundario.

En este marco, es natural que los aliados de Putin y China, en cualquier parte del mundo recibirán el coletazo de esta nueva concepción adoptada en Madrid. Maduro se encontrará en la encrucijada de resolver cómo se alinea en este nuevo juego de tronos y poderes. Su gira a Asia, revela la preocupación por la materia y su intención de buscar una posición de control de daños de esta realidad. Por un lado, tratará de apoyarse (junto con Irán) en la necesidad de más petróleo para Europa para hacer un guiño a Occidente; y, por la otra, sopesará la lealtad a sus tradicionales aliados.

Así las cosas, valdría la pena tratar de imaginar cuál sería el mejor escenario para Maduro en este juego de equilibrios que se ha señalado.

En este particular lo primero que pareciera obligado para sus intereses es obrar con rapidez. La situación política descrita antes lo sugeriría, pero también la situación interna. Esta situación interna está dominada por la volatilidad que pueda tener la situación política, económica y social del país.

En efecto, será imposible que la amenaza de la recesión mundial no afecte a Venezuela. Por otro lado, ya la sostenibilidad de la economía de puertos y bodegones está emitiendo señales de alarma. Hay estudios que revelan cómo el crecimiento de la economía se ha concentrado en muy pocos sectores y cómo otros se rezagan y se hunden. Tampoco hay señales de que el Estado pueda hacer frente con éxito a la demanda de funcionarios públicos, universitarios y jubilados que se movilizan (aun de manera incipiente, pero constante) en reclamo de salarios dignos para salir de la pauperización a las que están condenados.

En este marco volátil, Maduro podría “sorprender” con el planteamiento de unas MEGALECCIONES con las que daría respuestas en varios terrenos: se adelantaría o haría control de daños anticipados a las elecciones de noviembre que seguramente ganarán los republicanos. Y ofrecería esa “rama de olivo” a Europa necesitada, más que nunca, de la energía fósil que a Venezuela le sobra y no tiene cómo extraerla, por ahora…

Unas elecciones de todos los mandatos le permitirían, igualmente, alinear a todo, absolutamente a todo, el liderazgo regional y local del PSUV detrás de su candidatura. Y pondrá a la oposición a reeditar el camino, no exento de obstáculos, que enfrentó en las recientes elecciones a gobernadores.

Como todos los dibujos de escenarios futuros, el que se describe está hecho en el aire y copiando un modelo absolutamente vaporoso e inexistente hoy.

Se trata de una apuesta hecha con los pocos datos disponibles a esta fecha, pero apoyada, no obstante, en el aroma que se respira en el ambiente.

Dibujo libre, pues. Y abstracto de paso…

Allí queda.

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Nosotros, los petrólogos, por Julio Castillo Sagarzazu
Si Petro tiene intenciones de arrasar con las instituciones en Colombia, será muy difícil impedírselo. Sobre todo, si escoge, como Chávez, no actuar con las reglas de la democracia

 

@juliocasagar

Así, como todos fuimos especialistas en COVID-19 y en Ucrania; ahora todos somos especialistas en Gustavo Petro. Los más variados análisis sobre lo que hará o no y sobre por qué ha ganado las elecciones, han formado ya verdaderos lagos de tinta.

Esta nota engrosará el caudal de los arroyos que tributan en ese lago. ¿Qué le vamos a hacer?

Primero, una confesión de prejuicios personales: la figura de Petro me desagrada, la de Hernández comunicaba una cándida compasión, la misma que se tiene a los viejitos medio tostados. Era evidente que no parecía una persona que pudiera hacerse cargo de un país como Colombia, sobre todo si no formaba un gabinete capaz de eludir sus chocheras y sus metidas de pata. Sin embargo, hubiera votado por él, como, con el mismo pañuelo en la nariz habría votado por Keiko y hasta por el rival de Boric, cuyo nombre ni siquiera recuerdo.

Petro me parece insincero, taimado y de esos tipos que son capaces de cualquier cosa. No obstante, repito, es puro feeling y puro prejuicio.

Sobre lo que hará, es preferible esperar algunos de sus anuncios. Sobre todo su primer gabinete y, un tema clave, si anuncia o insinúa una Constituyente. Ese sí será un dato objetivo para afirmar que algo está podrido en Dinamarca.

Por lo pronto, no queda más que hilvanar hipótesis y rezarle a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (seguramente prima y vecina de La Chinita) y patrona de Colombia, para que los peores augurios no se cumplan. Y para que nuestros compatriotas emigrados en el hermano país no tengan que sentir en sus carnes, por segunda vez, la persecución, la miseria y la incertidumbre.

Cerrado el capítulo de la profecía y dejando, como lo hemos invocado, en buenas manos, el futuro de Colombia, sí valdría la pena pasearse por un tema, también masticado y manoseado, de las razones que llevaron a la victoria de Gustavo Petro.

Veamos:

La primera, obviamente que tiene que ver con el sustrato objetivo de las profundas divisiones de la sociedad colombiana y las grandes grietas que secularmente han separado a sus clases sociales. Petro, encarnando esa sed de revancha, logro cautivar a los más pobres y a los jóvenes con su mensaje de vindicación y de cambio. Esta afirmación ya es un tópico y un lugar común “universalmente” aceptado.

También está el hartazgo común, a casi todos los pueblos de mundo, por la dirigencia tradicional y las elites políticas desgastadas. En esta elección se cumplió, más que nunca, el conocido aforismo que nos recuerda el coronel Aureliano Buendía: “La única diferencia es que los liberales van a misa de 5 y los conservadores van a misa de 8”. Petro, en el imaginario popular colombiano es, aunque no sea verdad, una reacción contra las castas y sus partidos que les han gobernado por muchos años.

Finalmente, hay otro elemento, que podría catalogarse como el más importante: Petro terminó siendo un punto de confluencia (como lo fue Chávez aquí) de intereses variadísimos que van desde sectores de la oligarquía colombiana, pasando por liderazgos como el de Santos y Gaviria, hasta Piedad Córdoba y los restos de grupos insurgentes que aún tienen fichas para jugar en Colombia. E incluso, que no nos extrañe, también de grupos de presión y lobbies, con importante influencia en los Estados Unidos.

En Venezuela esa confluencia de intereses nos trajo a Chávez. Basta recordar la alianza empresarial de apellidos de los Amos del Valle; de bancos españoles y multinacionales que apostaron por él y que financiaron su proyecto. Casi todos los grandes medios de comunicación le apoyaron. Igualmente, directa, o indirectamente, Alfaro Ucero e Irene Sáez (quien luego sería candidata chavista en Nueva Esparta) remaron en la misma dirección.

La frivolidad política jugó un papel muy importante entonces. ¿Cuántas personas votaron y activaron por Chávez con argumentos como: “Aquí hace falta un militar que arregle esto”; “Salas Romer es un catire sifrino que no me cae bien”; “Hace falta un cambio para que la clase política aprenda?”.

El cálculo político de muchos también obró en el mismo sentido. Y lo ha hecho ahora en Colombia. Al respecto es necesario mencionar un brillante análisis de nuestro apreciado amigo Pedro Benítez, quien ha puesto de manifiesto cómo Juan Manuel Santos ha sido clave en la elección de Petro.

Esa habilidad y las filigranas que tejió, con el cálculo de enterrar al uribismo y a cualquier eventual heredero de él, como Fico Gutiérrez, no necesariamente le va a salir bien. Como no le salió en Venezuela a quienes se la jugaron con Chávez, con la esperanza de hacerse un camino luego de enterrar a Salas.

La apuesta de “domesticar” a Petro es peligrosa. Quizás no imposible porque habría que esperar si tiene intenciones de arrasar o no con las instituciones en Colombia; pero si las tiene, será muy difícil impedírselo. Sobre todo, si escoge, como Chávez, no actuar con las reglas de la democracia.

Petro no tiene dilemas fáciles: Colombia está afiliada a la OTAN, tiene bases militares norteamericanas y aunque la bandera de las barras y las estrellas no se ice en ellas, sus soldados gozan de inmunidad penal en territorio colombiano. Los militares que combatieron su guerrilla no están retirados o muertos como estaban en Venezuela cuando llegó Chávez. Tendrá que resolver el problema de la alianza de intereses que le llevó al poder. Cuando se plantee el tema del reparto de la torta, tendrá que tomar decisiones sobre lo que le toca a Santos y a Gaviria, pero también a Piedad Córdoba y a Timochenko. Chávez dejó en el camino a Miquilena, el gran artífice de sus acuerdos con sectores tradicionales en la economía y la política. Una buena pista sobre sus intenciones es ver quiénes son los primeros compañeros de ruta que abandona.

Sea lo que Petro vaya a hacer, tiene que hacerlo rápido y aprovechar su miniluna de miel. Los primeros golpes serán de efecto. Una casualidad pintoresca (ojalá que solo sea casualidad) es que su primera declaración ha sido advertir que se venderán los aviones del gobierno. Imposible no recordar la inauguración del gobierno con la foto del cheque de la venta de los aviones de las colitas de PDVSA. Ya todos sabemos lo que pasó después.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¿Y si falla la linterna de Diógenes?, por Julio Castillo Sagarzazu
Es bueno buscar a la persona justa como Diógenes con la linterna. Pero si la linterna falla o no aparece a quien buscamos, no nos podemos quedar en la oscuridad dando palos de ciego

 

@juliocasagar

Dicen que Diógenes recorría los caminos de Grecia con una linterna en la mano, buscando al hombre justo. Era un loable propósito. Que se sepa, Diógenes era un hombre bueno, con buenas intenciones, sin mayores cálculos y alejado del halago y las tentaciones del poder. Se cuenta, incluso, que una vez estuvo frente a él el propio Alejandro Magno, quien le dijo: “Pídeme lo que quieras”, a lo que Diógenes respondió: “Te pediría que te apartaras un poco, porque me tapas la luz del sol”.

Es altamente probable que, así de bien intencionados, son los que plantean que hay que desechar el método de las primarias para escoger un eventual candidato de la oposición (o de una parte de ella) para unas, igualmente eventuales, elecciones presidenciales.

Es obvio e indiscutible que les asiste la razón cuando dicen que un candidato para tal desafío debería nacer de un amplio consenso y luego de dar la pelea por acuerdos programáticos y de futura gestión para el país. Resulta más que evidente que el candidato y eventual presidente de una Venezuela a reconstruir, debería ser el fruto de un amplísimo consenso nacional. Eso es lo que el sentido común (que es, por cierto, el menos común de los sentidos) aconsejaría. De hecho, esa fue la manera como se fabricaron candidaturas como las de Alwyn, la de Suárez e incluso, la de Wolfgang Larrazábal.

¿Y si no funciona?

Pero, ahora bien, ¿qué deberíamos hacer si la linterna con la que Diógenes busca a esa persona justa no funciona? ¿Cuál es la razón por la que debemos abandonar lo que ya es una adquisición de las fuerzas opositoras, y casi una suerte de “doctrina” de acuerdo con la cual, para escoger candidatos unitarios, se intenta: 1º. El consenso; 2º: las encuestas; 3º: las primarias?

No pareciera de buen juicio, lo repetimos, lanzar anatemas desde ahora contra alguno de los mecanismos. Recordemos que cualquiera que sea el que usemos, el régimen tratará de que salga “con plomo en el ala”. Si al final no tenemos la inteligencia de hacer lo que se hizo en Barinas y tenemos que recurrir a las primarias, tampoco es ninguna desgracia. Quizás con las primarias no podamos decir lo que Churchill decía de la democracia: que “era el peor sistema de gobierno, excepción hecha de todos los demás”. Pero no cabe duda de que es un mecanismo al que se puede perfectamente recurrir en el caso de que no resulten “todos los demás”.

En notas anteriores hemos hecho énfasis en que lo verdaderamente prioritario es hacer coincidir la realidad geopolítica mundial con la necesidad de realizar elecciones libres y democráticas en el país. No es aún seguro (ni siquiera porque se reanuden las negociaciones de México) que el régimen vaya a hacer elecciones obligatoriamente. Siempre estará abierta la opción Nicaragua; o la más elegante y light de inhabilitar candidato tras candidato, como en Barinas. Para eso sí se debería diseñar una estrategia común.

Que sea prioritario lo dicho anteriormente, en manera alguna imposibilita que discutamos sobre la cantidad de temas que suelen plantearse públicamente: programas, plataformas y, por supuesto, mecanismos para escoger candidaturas.

Lo inteligente, en este caso, así como algunos señalan que no debe excluirse a nadie, que tampoco se excluyan, a priori mecanismos.

Al final del día, la democracia ha sido siempre un tema de mayoría y no de unanimidades (que son siempre sospechosas). Esta es una realidad que no puede dejarse de lado, en nombre de ninguna posesión de verdades.

Los intereses, las ambiciones, la escogencia del mejor terreno, son comprensibles. Y son, también, datos de la realidad. Como igualmente hemos dicho en otras ocasiones, ninguna propuesta es inocente y todos están en el derecho de “halar la brasa para su sardina”, de alabar su queso y escoger el mejor terreno. Nadie está obligado a pelear enchiquerado.

Pero este debate no puede ser infinito, no pueda estar sujeto a “que las naves lleguen de Asia”. El liderazgo democrático, tiene que hacer política con el calendario en la mano. Las agendas tienen que ver con poner compromisos y actividades en cada día del mes y de la semana. También tiene que ver con dar prioridad a iniciativas y tener sucedáneos cuando las cosas toman senderos distintos a los previstos.

Es bueno buscar a la persona justa como Diógenes con la linterna. Pero si la linterna falla o no aparece a quien buscamos, no nos podemos quedar en la oscuridad dando palos de ciego.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La unidad de nuestros tormentos, por Julio Castillo Sagarzazu
Con la palabra unidad es difícil lidiar. Es una de esas con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te tiran a la lona

 

@juliocasagar

Me permito parodiar el título de un famoso artículo de José Ignacio Cabrujas en uno de esos tan inolvidables como seguramente interesantes debates internos del MAS. EL MAS DE MIS TORMENTOS, escribía Cabrujas para señalar su estado de espíritu sobre lo que se desarrollaba al interno del partido que él, como muchos intelectuales venezolanos de la época, abrazó con tanta esperanza.

Comenzaremos por decir que con la palabra unidad es difícil lidiar. Es una de esas con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te tiran a la lona. Pertenece a la familia de las expresiones agradables como amor, paz, entendimiento, normalización, acuerdo y tantas otras que evocan pensamientos positivos y amables en la mente. De manera que no “lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, sino que nos dejaremos llevar, citándola, por esa connotación agradable que tiene entre los venezolanos. Particularmente cuando se piensa en que las fuerzas democráticas deben estar unidas para la recuperación de la democracia y la libertad en el país.

Dicho esto, regresamos a lo que afirmáramos en la nota de la semana pasada sobre el tema de la manera como la oposición democrática venezolana debería enfrentar la posibilidad de unas eventuales elecciones en el país, pautadas para el año 2024.

En primer lugar, reiteramos que estamos lejos de que “el mandado esté hecho”. Unas eventuales elecciones no dependerán solamente de lo que ocurra en el país, sino que será, esencialmente, una decisión en clave geopolítica internacional. Venezuela puede desaparecer momentáneamente de los titulares, pero no del radar de los grandes intereses mundiales. Las razones son obvias y huelgan las explicaciones. Baste con decir que no somos Bolivia, o Nicaragua, o Haití.

De manera que bien valdría asumir como tarea la presión interna y externa, como la primera prioridad, para que, en el momento adecuado, logremos que la mayoría de los intereses de dentro y de fuera converjan en esas elecciones. Algunos irán de buen grado, otros amarrados y otros con el pañuelo en la nariz. Así suelen resolverse estos temas.

Como sabemos que hay que mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hay que prestar atención a la manera como las fuerzas democráticas logran el mayor consenso posible para afrontar este reto. Por eso hablar de los métodos para escoger candidatos, para lograr acuerdos y programas comunes, no es para nada extemporáneo, ni fútil, ni innoble.

Aquí hay que señalar varias cosas:

No habrá unidad absoluta

Efectivamente, no todo bicho con uña que se defina como opositor estará en la misma trinchera. ¿Por qué? Pues porque el oficialismo logrará que, con los más variados discursos, unos de buena fe y otros de pésima, fabriquen su propia opción. De manera que los viudos y las viudas de la unidad total pueden empezar a llorar de una vez.

Métodos interesados

Lo segundo es que no hay argumento inocente en lo relacionado con los métodos. En efecto, así como antes de un partido los capitanes escogen la cancha donde se sienten más cómodos y la sortean con una moneda al aire, así mismo los candidatos, los partidos, el régimen, la sociedad civil con aspiraciones tratarán de escoger su método. Al respecto, podríamos decir que pareciera que estarían alineándose con la idea antiprimarias quienes, obviamente, se vean con menos opción para ganarlas. Nada que reprochar. Están en su derecho. Por vía de contrario, aquellos que se sienten con más fuerza, con más “aparato”, más recursos, pues apostarán por la consulta. Tampoco nada que reprochar.

Tenemos que acostumbrarnos a oír argumentos “impecables” de todos lados. El papel aguanta todo. Y más cuando se trata de campañas electorales.

¿Y que pensamos que hará el régimen?

Pues, el régimen tiene muchas opciones. Para sus operadores este tema es capital. Están seguros de que su única apuesta es que mientras más grande sea la fragmentación opositora, más chance tienen de ganar con su 20 %. En eso se les va la vida y pondrán toda la plata y el empeño que les haga falta. No será la primera vez.

Ya están actuando en esa vía. Lograron un debate del que saldrá, con plomo en el ala, el método que se escoja. A medida que se avance, veremos más vestiduras rasgadas en los argumentos y más crispación. Las expresiones irán in crescendo hasta que infecte el debilitado sistema inmune del opositor promedio, para que este se “asquee” de tanta diatriba interna y resuelva quedarse en su casa y preparar, el domingo de marras, una parrillita con cerveza importada de los bodegones.

Ya veremos cómo algunos jacobinos, partidarios hoy de la participación en unas primarias abiertas, universales, directas y secretas, se “retirarán indignados” de la “farsa opositora” para presentar sus propias opciones. Quisiéramos equivocarnos, pero no creemos que ninguno de ellos, conocidos agentes del régimen, se queden en el redil opositor “legitimando” un proceso que saben que no van a ganar. Estarán un ratico y después que hayan cumplido su misión francotiradora, se retirarán. Y no precisamente a la francesa, sino haciendo todo el ruido que sean capaces de hacer. Dicho en latín un poco vulgar: yo los dejaría entrar, para que les sea más difícil salir.

A estas alturas, querido lector, usted estará pensando, y con razón, que todo está perdido; que no hay nada que hacer. Pues no es así: el 80 % del país quiere un cambio. Y la política es también el arte de organizar la voluntad.

Los aires en el mundo están soplando, aunque aun levemente, en favor de una solución política en Venezuela. Si sabemos sortear (lo hemos hecho en otras ocasiones) todas las borrascas y los obstáculos, podremos tener una alternativa competidora. No será única, quizás no será la que todos tenemos como sueño; no será el retrato hablado de nuestro líder perfecto. Pero la tarea es desarrollar el instinto de nuestro ciudadano para que sepa separar la paja del grano y comprenda cuál es la opción más conveniente al país.

Termino parodiando a Cabrujas de nuevo: ¡Sí podemos! ¡Somos MAS!

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