Laureano Márquez, autor en Runrun

Laureano Márquez P.

La derrota, por Laureano Márquez P.
Reconoce la «derrota» de todos aquellos valores y principios que alguna vez se proclamaron defender y por los cuales se ofreció luchar

 

@laureanomar

Yo quizá no sepa mucho de elecciones, pero de psiquiatría tampoco. Sin embargo, no hace falta ser Sigmund Freud para darse cuenta de que los llamados lapsus linguae son jugarretas del inconsciente. Los errores de la lengua no son inocentes, ocultan reales intenciones, auténticas convicciones, verdades profundas interiormente asumidas que, a la hora de ser expresadas en palabras, la lengua termina articulando lo que el cerebro quiere ocultar, como si no obedeciera freno ni la pararan falsas riendas.

Analicemos una frase cualquiera. Por ejemplo: «¡es imposible que nos arrebaten la derrota!», dicha en el contexto de un cierre de campaña electoral, cuando se quiso decir, supone uno: «es imposible que nos arrebaten la victoria», porque la lógica indica que nadie puede pretender arrebatar una derrota, siendo esta algo malo, particularmente para quien está compitiendo en unas elecciones. No obstante, si quien comete este lapsus linguae es consciente de que pertenece a una agrupación política que cuenta con la animadversión de la mayoría de la población, es probable que su lengua haya soltado, de manera inconsciente, una convicción interiormente asumida que –resulta obvio– el hablante no quería expresar.

Claro que se puede analizar la frase más allá del contexto electoral. Si quien la pronuncia –pongamos por hipotético caso– es parte de un régimen político que lleva veinte años destruyendo a una nación en el terreno económico, político, cultural y social; que ha devaluado la moneda de ese país hasta volverla inservible, obligando a la gente a transarse en moneda extranjera; que ha acabado con la educación, con la independencia de la cultura, con la libertad de prensa; que ha perseguido, hostigado, ejecutado y torturado a quienes se le oponen y que ha obligado al 20 % de la población a abandonar el país, entonces la frase cobra otro sentido, uno filosófico de mayor trascendencia aun, que reconoce la «derrota» de todos aquellos valores y principios que alguna vez se proclamaron defender y por los cuales se ofreció luchar.

Y es que, en efecto, nadie puede arrebatarnos las derrotas del alma, porque estas, como el alma misma, son eternas.

Para finalizar, dos refranes castizos asociados al tema del lapsus linguae: «lengua, lengua, de quien la tiene es mengua» y el otro que aparecía ya recogido en el Libro del buen amor: «quien mucho habla, mucho yerra», aunque en el caso que nos ocupa podríamos agregar: «y algunas veces acierta».

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Libre como el viento, por Laureano Márquez P.
Vio toda su vida en un instante, incluso la que no fue: la esposa que no tuvo, los hijos que no nacieron. Y entonces Peter voló, libre como el viento

 

@laureanomar

(A 32 años de la caída del Muro de Berlín)

No está muerto, Peter está tendido en el suelo junto a la gruesa barrera de concreto que lo separa de la libertad. Bastaría un último esfuerzo, escalar la pared como habían planeado, arrastrarse bajo la alambrada y ya. Pero no termina de entender qué sucede con sus piernas. No responden, como si se hubiesen largado corriendo, dejándolo allí abandonado. Está herido, escuchó el tiro, pero no se dio cuenta de que le habían dado hasta que se desplomó y palpó la humedad espesa de la sangre entre sus piernas. Su compañero, Helmut Kulbeik, sí logró saltar el muro y desde el otro lado le anima desesperado «¡Salta, Peter!, por Dios, ¡salta ya!». Es inútil. Intenta levantarse, pero su cuerpo no responde.

Un soldado de la guardia fronteriza le ha disparado sin odio, le ha disparado porque tenía que hacerlo, porque es la orden proteger a los ciudadanos del fascismo que amenaza desde occidente, porque estamos todos llamados a construir el socialismo que propiciará la verdadera libertad y nadie puede ausentarse de esta tarea. Eso, al menos, le han dicho sus superiores. En el fondo, él tampoco tuvo opción. Aunque sus compañeros de la guardia nocturna lo palmean en la espalda, como si hubiese hecho algo heroico, él está temblando de miedo. Nunca le había disparado a alguien, es apenas un chico, quizá un par de años menor que él. Quiere ir a levantarlo, solo está herido, todavía puede librarse de ser un asesino, pero sus camaradas lo hacen desistir. Hay que dejarlo ahí para que todos lo vean, para que sirva de escarmiento a los que se les ocurra pensar que pueden hacer lo mismo. Es la primera que vez que alguien intenta saltar el muro desde que, hace hoy exactamente un año, se inició su construcción, dividiendo a Berlín en dos ciudades que separaron a parientes, amigos y vecinos.

Peter es un obrero de la construcción, tiene casi 20 años. Aunque su familia vivía en el lado occidental de Berlín, su trabajo está en el lado este, de modo que cuando la valla comenzó a levantarse se vio obligado a establecerse allí si no quería perder su trabajo. Jamás imaginó que esa pared, que de un día a otro comenzaron a edificar sin avisar a nadie, lo separaría para siempre de sus seres queridos, de sus amigos y, en definitiva, de la libertad.

Video: El muro de Berlín – Nino Bravo «Libre» | LaLiX

Justo un par de meses atrás, después de casi un año sin poder visitar el otro lado, Peter y su amigo Helmut, urdieron la idea saltar el muro. Sería tarea fácil si lo planificaban bien. Estudiaron el mejor lugar para saltar y hacerlo lo más cerca posible del punto de control fronterizo norteamericano. Eran jóvenes y fuertes, no sería complicado para ellos brincar. Decidieron que lo harían el 14 de agosto de 1962. La tarde de ese día, después de concluir sus jornadas de trabajo, se escondieron en un taller de carpintería desde cuyas ventanas podían observar el movimiento de los guardias de la RDA y desde allí mismo escapar en el momento de mayor distracción.

Helmut Kulbeik era el cerebro del plan, a él no le movía el deseo de visitar a su familia, como a Peter. Helmut sí que quería huir del comunismo, no soportaba las crecientes restricciones que tenía que padecer, más sabiendo que podía acabar con todo ello solo con un salto. El resto de su vida Helmut lamentaría ese día, así como haber envenenado la cabeza de Peter con tan temeraria idea. El recuerdo de la tragedia que acabó produciendo su mala idea le arruinaría a Helmut la existencia, llevándolo al final al abandono, al alcoholismo y a preguntarse cada día por qué no fue el destinatario de ese disparo.

Pero más allá de las motivaciones, el hecho es que Peter se desangra a la vista de un grupo de ciudadanos berlineses que ha comenzado a congregarse a ambos lados del muro y contempla horrorizado la escena.

Algunos quieren acudir en su auxilio, pero saltar equivaldría a suicidarse, por algo llamaban a aquel espacio baldío entre los dos muros paralelos «el corredor de la muerte». Helmut se asoma, le tiende su mano. Si solo pudiera sujetarlo, pero recibe la voz de alerta del guardia que lo apunta desde ese otro lado, que hasta hace cinco minutos era el suyo, así que desiste y se deja caer. Peter grita de dolor y pide ayuda. Todos lo oyen, también los soldados americanos del Checkpoint Charlie, pero estos solo intervienen para tratar de contener al creciente grupo de personas que se va reuniendo y que vocifera su rabia junto a la pared, tan cerca y a la vez tan lejos de Peter. Los americanos contienen a los que intentan saltar al otro lado. Ellos no pueden intervenir, por más que la gente insista, la «tierra de nadie» se encuentra en el lado este de Berlín. Es imposible.

Luego de casi media hora tendido en el suelo, Peter deja de gritar, ya no tiene fuerzas, se siente mareado, aturdido por pensamientos que se suceden uno tras otro. ¿Por qué todo había cambiado tan drásticamente el último año? Esta era la ciudad en la que había nacido, no entendía por qué ahora era un crimen transitar por ella. Pensó en el dolor que causaría a su madre y su hermana, ojalá pudieran perdonarlo. Se sintió mareado y ya no le quedó duda de que nadie vendría en su auxilio, se iba a morir allí, ante la mirada de todos, ¡qué vergüenza! Su respiración se hizo más fuerte y ya no escuchaba los gritos de la gente, todo se mezclaba en su cabeza de manera desordenada. De pronto le sobrevino la extraña sensación de que todo aquello no estaba sucediendo, de que quizá se trataba de un sueño del que despertaría dentro poco. Se vio a sí mismo saltando el muro, elevándose cada vez más. Vio a Helmut, a la multitud que lo rodeaba, al soldado que le disparó. Y siguió subiendo, como si flotara en un mar de destellos luminosos, hasta que pudo ver las calles aledañas al muro, la casa de su familia, la ciudad entera, su ciudad. Vio toda su vida en un instante, incluso la que no fue: la esposa que no tuvo, los hijos que no nacieron. Y entonces Peter voló, libre como el viento.

Casi una hora más tarde, los soldados de la RDA recibieron la orden de acercarse, mientras desde ambos lados se oía el grito de «¡Asesinos, asesinos!». Peter Fechter había muerto a causa de la hemorragia producida por el disparo. Fue la primera víctima de las 79 que se contabilizaron durante el tiempo que se mantuvo en pie esa barrera que como una cicatriz de guerra marcaba el rostro de la ciudad. Algunas fotografías de la época lo muestran tendido junto a la pared mientras agonizaba y luego, ya muerto, sostenido en los brazos de uno de los guardias fronterizos.

Después de casi tres décadas de existencia, el muro de Berlín fue derribado. Un monumento recuerda hoy el lugar en el que fue asesinado Peter Fechter. Debajo de su nombre, una breve frase resume su suplicio: «…él solo quería libertad».

Monumento a Peter Fechter, él solo quería libertad...
Monumento a Peter Fechter, él solo quería libertad…

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La dron en la FANB, por Laureano Márquez P.
La dron podría vigilar, por ejemplo, empresas estratégicas, como las de la electricidad, para evitar, con su vigilancia, nuevos sabotajes del imperio

 

@laureanomar

Con esto del extremo cuidado que hay que tener en el uso del lenguaje de género para no herir a nadie, no me queda del todo claro si debe decirse «el dron» o «la dron», para referirnos al aparato tipo helicóptero chiquito manejado a control remoto. En todo caso, como es mejor en estos asuntos pecar por exceso que por defecto, para que ningune se ofende, preferiré hablar de la dron.

Hecha esta aclaratoria, leo la noticia de que la Fuerza Armada Bolivariana (FANB) será la primera en Sudamérica en tener la dron con armamento. Claro que la noticia no deja de extrañar, porque uno pensaba que desde hace ya bastante tiempo se contaba con elles. En los próximos días, según la información, Venezuela mostrará públicamente la dron. Con lo cual ya no será este un derecho exclusivo de potencias como los Estados Unidos el mostrarlos y exhibirlos públicamente. Según cuenta la reseña, para potenciar el poder disuasivo, se ha venido desarrollando un proyecto que se basa en la dron Arpía, que será presentado en la Expo Tecnología Aeronáutica (ETA2021).

El uso que se dará a esta avanzada tecnología militar no ha sido revelado. Supone uno que se usará para combatir a las bandas criminales que están no menos armadas que las militares.

Seguramente en la Cota 905 también tienen la dron. Así que esta será una batalla al estilo de la Guerra de las Galaxias. Bien dice el dicho que “la dron que enfrenta a la dron, tiene 100 horas de autonomía”.

Quizá otro uso que se le podría dar a la dron podría ser el rescate de tanta gente retenida en las cárceles del país del norte. Aprovechando cuando algunos de ellos esté de paseo en el patio quizá la dron podría llegar disparando a diestra y siniestra al estilo del Juego del calamar y remolcar a la víctima de la justicia hacia un lugar menos hostil. Seguramente, en estos casos se requerirá un comando de la drones por el peso de la persona a rescatar y con autonomía de vuelo para soltarlo al menos en Cuba.

La dron podría vigilar, por ejemplo, empresas estratégicas, como las de la electricidad, para evitar, con su vigilancia, nuevos sabotajes del imperio. En todo caso, con esta notable mejora en la capacidad de ataque de Venezuela, quizá, de una vez por todas, se pueda atacar el hambre, la crisis educativa y la falta de asistencia sanitaria, algunas de las más urgentes batallas que nos quedan por librar.

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¿Truco o trato?, por Laureano Márquez P.
Personalmente soy de los que no les tienen miedo a los muertos, sino a los vivos y en Venezuela tenemos algunos vivos demasiado vivos que, cual zombis indestructibles, nos llenan de terror cada día

 

@laureanomar

El próximo primero de noviembre se celebra, como todos los años desde el 835, el Día de Todos los Santos. Esta festividad, originariamente establecida para honrar a todos los mártires en un mismo día, rememora no solo a los santos oficialmente así declarados, sino también a los que, no siendo tales y habiendo llevado una vida de santidad, se encuentran en el cielo, es decir, todas nuestras abuelas.

Esta fiesta se mezcla –casi que se superpone– con otra de carácter religioso: el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), que recuerda a todos los que han muerto, pero como aún no han llegado al cielo, necesitan de una ayudita nuestra para alcanzarlo. Son los que se encuentran en esos lugares intermedios como el Purgatorio (del latín purgare, que significa limpiar) entre el infierno y el cielo. Allí están los abuelos, tíos, etc.

Aunque la cercanía de las fechas hace que muchas veces se confundan, se trata de dos celebraciones diferentes. A los santos se les pide y por los fieles difuntos se pide. En México, con un lenguaje más claro y directo, lo que conmemoran el 2 de noviembre es sencillamente el Día de los Muertos. En esta fecha –como saben los que vieron la película Coco– se le permite a los muertos visitar a sus familiares vivos y festejar con ellos la vida de que gozaron juntos.

Vídeo: Luis Ángel Gómez Jaramillo – El Latido de mi Corazón (De “Coco”/Con letra) | Canal en Youtube de DisneyMusicLAVEVO

Para ello se hacen altares, se llevan las comidas favoritas de sus difuntos, se engalanan sus fotografías y se colocan flores. En definitiva, se asume la muerte no como una tragedia sino como parte de la vida. En la medida en que los antepasados se hacen presentes en la memoria, siguen estando con nosotros en los recuerdos compartidos, en las alegrías y tristezas vividas, en las enseñanzas y en el ejemplo de bondad que nos legaron. La vida es, pues, una carrera de relevos en la cual cada uno de los corredores trata de pasar el testigo a la generación siguiente, para que corra mejor y llegue más lejos.

Sin embargo, el Halloween que proviene de la tradición anglosajona, celebra esta fecha de una manera diferente: lo que evocan en estos días es a monstruos y fantasmas, a seres despiadados que vienen, no a cuidarnos o a compartir con nosotros, como en México, sino a cadáveres sangrientos y fantasmas terroríficos que abandonan sus tumbas para perturbar nuestra existencia. También la tradición es de vieja data y se remonta a los celtas. Sin duda, como todas las tradiciones del norte, se le ha dado una dimensión comercial que la ha hecho popular en el mundo entero.

Sin afán de promover un enfrentamiento de culturas funerarias que podría dejar muchos cadáveres en el camino, me resulta preferible la visión de los muertos como seres amables cuya presencia y recuerdo nos ayudan a seguir adelante en la maravillosa aventura de la vida.

Personalmente soy de los que no les tienen miedo a los muertos, sino a los vivos y en Venezuela tenemos algunos vivos demasiado vivos que, cual zombis indestructibles, nos llenan de terror cada día nos apagan la luz, cortan el agua y hacen toda clase de maldades.

Y lo malo es que cuando te preguntan ¿«truco o trato»? (¿trick or treat?), respondas lo que respondas, siempre optarán por el truco.

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Zapatero y la mina de oro, por Laureano Márquez P.
Nunca imaginé que con Zapatero se estaba hablando en sentido literal, de una mina mina, de pepitas de oro, pues, con mercurio y destrucción medioambiental

 

@laureanomar

Tengo tiempo escuchando el comentario de que Zapatero tiene una mina de oro en Venezuela. Siempre pensé que la afirmación se hacía en sentido metafórico, es decir, que la situación venezolana y la consiguiente viajadera al país de Bolívar constituía una mina de oro para el susodicho porque sacaba de ello provecho colateral, pero nunca imaginé que se estaba hablando en sentido literal, de una mina mina, de pepitas de oro, pues, con mercurio y destrucción medioambiental. Esta información se desprende (o despluma) de las acusaciones del Pollo (no Brito, sino el otro) y también de unas declaraciones de esa señora que nunca ha tenido Piedad con nosotros.

Particularmente creo que no se debe desprestigiar a nadie, por muy mal que esa persona le caiga a uno, máxime si la persona tiene una extraordinaria capacidad para desprestigiarse a sí misma. Así que hasta no verle la pepita en la mano, no doy por cierta la información. Me parece que los que tenemos alguna responsabilidad comunicacional, debemos manejar las informaciones con cuidado. Sin embargo (todo tiene un sin embargo), como en el humor la creatividad vuela, es inevitable imaginar toda la “explotación” que la minería del humorismo podría hacer de una noticia así.

Sería un contrasentido que un régimen que le exige una disculpa al rey Felipe VI por la conquista de América, el genocidio de la población aborigen y la expoliación del oro, regalase a un expresidente español –justamente– una mina en la que se roba el oro, se destruye el medio ambiente y se asesina a la población aborigen por la que, por lo visto, se siente mucho menos respeto del que les tenía Isabel la Católica cuando le escribió al almirante Colón reprehendiéndole: “¿quién le ha dicho a usted, señor Colón que mis vasallos son sus esclavos?”. Quizá la leyenda de El Dorado a estas alturas algunos todavía están en capacidad de creérsela.

Uno podría imaginarse al personaje  en el sótano de su casa en Madrid (caracterizado por el excelente humorista español José Mota) con una bata de cuero en una fragua fundiendo lingotes justo en el momento en que le llama su compañero Pedro Sánchez para sostener un diálogo como el que sigue:

–Hola, ¿Está José Luis Rodríguez Zapatero? Que se ponga… José Luis, que parece que el Pollo ha hablado.

–Joder, tío, en España cada vez se ven cosas más raras.

–¡El Pollo de Venezuela!, quiero decir.

–Imposible, yo he viajado muchas veces y allí pollo, no hay.

–Por Dios, que no existe, José Luis, el tío este, Carvajal. Ha dicho que tienes una mina de oro allí en América. ¿Qué tienes que decir?

–Oro reluce, plata no es, el que se lo crea muy bobo es. Mira Pedro, esto tenemos que hablarlo, pero hoy no, ¿eh?, ¡Mañana! Es que hoy estoy fundido…

–Solo quiero que me digas la verdad.

–Yacimiento…

–¿Cómo?

–Digo que ya, si miento, él dice la verdad, pero no miento. Todo esto es una aleación de la oposición venezolana. Encima, Mercurio está retrógrado, así que no es un buen momento. Te tengo que colgar, ya sabes que el tiempo es oro. Adiós, hasta luego, Lucas.

Al cierre de esta emisión, hemos conocido que al Pollo se lo llevan también extraditado para los Estados Unidos, al parecer a toda prisa. No sabemos si esto tiene algo que ver con la supuesta mina. Sin embargo, lo que sí es cierto es que cada vez que abre la boca, alguien del oficialismo de allá se hunde. Quiera Dios que no le toque compartir celda con el otro extraditado y que todo esto termine en riña colectiva en los patios de la prisión.

En todo caso, volviendo a lo de la mina: si es cierto o no, seguramente con tanta gente de braga anaranjada tan bien informada y dispuesta a hablar, se terminará sabiendo. Porque al final, la verdad, como el oro, brilla.

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Sippenhaft criollo, por Laureano Márquez P.
El sippenhaft nazi también se practica hoy en Venezuela, tal como lo denuncia el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU

 

@laureanomar

El término viene del alemán (bueno sippenhaft, porque el criollo es criollo). Aparece mencionado en el reciente informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Se trata de un concepto jurídico usado en la Alemania nazi según el cual la responsabilidad por los llamados «delitos contra el Estado» se extendía a los familiares del acusado, quienes eran imputados y juzgados también y, en algunas oportunidades, hasta condenados a muerte.

La brillante idea se le ocurrió a Heinrich Himmler, lugarteniente de Hitler, constructor y supervisor de los campos de exterminio, entre otras aberraciones confiadas a su cargo. Al parecer, interesado desde muy temprana edad en el ocultismo y el misticismo, intentó desde este ámbito desarrollar un discurso en apoyo a la idea de la superioridad racial aria. Inspirado en los caballeros teutones de la Alemania medieval, Himmler desarrolló toda una filosofía y hasta una teología, organizando una «Iglesia de la orden teutónica» con la que pretendía sustituir a la Iglesia católica. Entre las cosas que rescató de ese supuesto esplendor ancestral, estaba la idea de que, ante un grave delito, la costumbre teutona era condenar a todo el clan familiar del acusado apelando al principio de la «corrupción de la sangre».

Este principio se aplicó en la Unión Soviética de Stalin, en la China de Mao, en la Cuba de Castro (entre otras tiranías) y se aplica en la Venezuela de hoy. En el informe de la comisión se relatan varios casos, tanto de prisión a familiares como amenazas de asesinar a parientes si el acusado no procede y declara inculpándose, conforme a los requerimientos del organismo del Estado que lo retiene, casi siempre de manera ilegal. En la mayor parte de los casos que en el informe de la comisión se detallan, las amenazas con ocasionar daño a los familiares están presentes. También el acoso cuando estos intentan ejercer los derechos que la constitución y las leyes otorgan para la protección de los procesados.

Hay un documental en Netflix sobre la formación de las tiranías (Cómo se convirtieron en tiranos), Venezuela reúne todos los requisitos que en él se detallan desde hace un par de décadas. Personajes siniestros que no se detienen ante ninguna norma jurídica o moral someten a una nación entera a su ambición ilimitada de poder.

Video: Cómo se convirtieron en tiranos Trailer Netflix | Isaac

Se trata de una forma de dominación que deja tras de sí una estela de destrucción y muerte que acaba empeorando todos los males en contra de los cuales supuestamente insurgieron sus protagonistas. Sin duda, la Venezuela anterior al régimen chavista tenía muchas dificultades, distorsiones y vicios, pero en las últimas dos décadas todos ellos han alcanzado dimensiones que en los años anteriores a 1998 nunca alcanzamos a imaginar ni siquiera en el escenario más apocalíptico.

Para mantenerse en el poder, el mejor recurso con el que cuentan las tiranías es el miedo. Hay que asustar a la población para que no se atreva a rebelarse. Para ello no solo hay que perseguir a quien intente hacerlo, sino disuadirlo amenazando a sus familiares: padres, pareja, hijos y parientes cercanos, para que entienda que sus acciones pueden dañar incluso a sus seres queridos, sin importar si son o no partícipes de ellas. Es el sippenhaft nazi, que también se practica hoy en Venezuela tal como lo denuncia el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

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Microdiccionario de la extradición, por Laureano Márquez P.
Dado que la extradición ha pasado a ser el primer tema de interés nacional, tanto que algunos proponen que solo se dialogue entre extraditables, ofrecemos este microdiccionario que puede ser de utilidad en México

 

@laureanomar

Alegato: el gato de Alex en Cabo Verde. Se discute si debe ser extraditado con él a los Estados Unidos o si, por el contrario, debe permanecer libre en el archipiélago y formar parte de una mesa de maullidos.

Bienes: todos aquellos fondos o recursos con los que cuentan los corruptos para prolongar su defensa sine die. De hecho, cuando los jueces del imperio inquieren al supuesto presunto implicado preguntándole: «¿Bienes?», estos siempre responden: «no, no voy».

Clandestino: el destino del quien tienen que vivir en permanente fuga para evadir la justicia.

Cacareo: confrontación de testigos cuando la denuncia es contra el pollo.

Derecho de asilo: el derecho que tiene todo extraditable, una vez alcanzada la ancianidad posponiendo la extradición, de tener acceso a una residencia de mayores.

Enajenación: cuando los extraditables, fingiendo demencia, ponen sus bienes a nombres de terceros, tan hampones como ellos, los llamados «testaperros».

Fallo: cada vez que un juez decide favorablemente una extradición y esta no llega a realizarse.

Honoerario: dinero proveniente del robo al erario público con en que los corruptos pagan a sus abogados.

Impunidad diplomática: cuando te designan para un cargo diplomático luego de que te han apresado.

Justicia: perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo (véase soborno).

Laguna del Derecho: laguna en la cual los extraditables navegan en sus lujosos yates.

Minoridad penal: término jurídico usado para designar el «trapito» al que aluden ciertas reinas de belleza. De momento nadie ha sido extraditado por ello.

Ordenamiento: conjunto de leyes de que al final se convierten en mentira porque nunca llegan a cumplirse.

Robolución: cambio violento de gobierno de uno que roba algo a otro que se lo roba todo.

Sapeo: lío que puede formarse cuando el extraditado comience a implicar a todos aquellos que tienen deudas pendientes con la justicia.

Soborno: «al cohecho, pecho». Frase favorita de los extraditables.

Tránsfuga: manera de escapar a la justicia pasándose al bando contrario, fingiendo detestar ahora todo lo que una vez se apoyó

Vitalvicio: dícese aquello en lo que puede acabar convirtiéndose un juicio para la extradición.

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El fin del mundo, por Laureano Márquez P.

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia». (Roy Batter, Blade Runner).

 

@laureanomar

Un documental sobre el fin del mundo nos hacía meditar sobre la futilidad de todo lo que a veces nos parece trascendente y la importancia de aquellas pequeñas cosas que diría Serrat. Todo cuanto nos agobia (Maduro incluido) y también cuanto nos da felicidad y esperanza (Serrat incluido), algún día será polvo cósmico flotando en el infinito. Todo el dinero del multimillonario de Cabo Verde y también los que han padecido hambre y pobreza a causa de sus negociados. Todos estaremos mezclados en la nada eterna. También la momia de Lenin y las moscas.

El fin del mundo ha estado siempre presente en nuestra cosmovisión del universo. La intuición de que todo esto algún día habrá de terminar nos acompaña desde que nos volvimos sapiens en las orillas del río Zambeze hace 200 000 años. Cuando uno lo piensa en profundidad, lo que resulta asombroso no es que volvamos a la nada; lo sorprendente, maravilloso e increíble que es que hayamos sido algo, que estemos aquí, en un planeta en el que se dieron todas las condiciones para la vida (hasta donde hemos podido rastrear no hay otro) y encima vida inteligente (aunque a veces tengamos dudas), capaz de pensar, de elaborar teorías, de rezar. A veces nos invade la sensación de que todo esto es un sueño. ¿Quién lo estará soñando? «Dios mueve al jugador y este la pieza», nos dirá Borges en este tablero eterno que jugamos de «negras noches y de blancos días».

Cuando miras las cosas sub specie aeternitatis, es decir, desde la óptica de la eternidad, que diría Spinoza, es inevitable pensar en la brevedad de todo, comenzando con nuestras propias vidas. Tiempo es lo único que tenemos y lo perdemos con demasiada frecuencia. Nos cuesta entender su efímera condicionen. San Agustín decía “Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé”. Eso que no podemos explicar nos desgasta y con facilidad caemos en cuenta de ello al contemplar una vieja fotografía nuestra.

Debemos tratar de que esa invisible partícula de polvo, «ese olvido que seremos» sea una partícula impregnada de amor y felicidad.

Es verdad que todo lo que hemos sido, somos y seremos es infinitamente pequeño frente a la dimensión del universo. Pero, por otra parte, también es inmenso. Decía Kant: «Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral en mi corazón». Dicho en otras palabras, somos también infinitos hacia el interior. Tenemos sensaciones, sentimientos y una ley moral que nos hace verdaderamente libres y humanos. Debemos brillar entonces, como una estrella fugaz.

En fin, cuando uno medita en todas estas cosas, irremediablemente surge Dios. En lo personal, tantas casualidades me resultan increíbles. Mantengo la fe en la trascendencia de nuestro espíritu, así que con Horacio digo «Non omnis moriar multaque pars mei vitabit Libitinam»: no moriré yo del todo y gran parte de mi escapará a Libitina (la muerte).

El fin del mundo será, sin duda, lo más democrático que nos sucederá. La única angustia que en verdad sobre este tema tan trascendente me surge, aturdiéndome, es que el final del mundo llegue y Maduro siga.

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