Laureano Márquez, autor en Runrun

Laureano Márquez P.

Presidente Duque: supremamente agradecido, por Laureano Márquez P.

Miles de venezolanos en su éxodo hacia Colombia. Foto en Infobae

@laureanomar

El presidente Duque ha usado en estos días una palabra que, de tanto no ser oída, podía presumirse extinta: “fraternidad” (viene del latín fraternitas y significa “cualidad propia de hermanos”). Iván Duque se ha convertido en defensor de los emigrantes venezolanos y en vocero de sus derechos en el exterior, lo cual no siempre es fuente de popularidad y seguramente tampoco de votos. En otro país hermano como el Perú, por ejemplo, un candidato ofrece, entre sus promesas de campaña, la expulsión de todos los venezolanos (se entiende que si así lo hace es porque dicha oferta genera dividendos políticos).

Cuánto le ha costado al género humano la comprensión de la fraternidad. La cualidad propia de los hermanos no está -obviamente- exenta de conflictos, desavenencias y fricciones. Lo que la hace especial es que, por encima de todos los desencuentros, los hermanos se ayudan, se sostienen y se cuidan mutuamente, hallan una manera amorosa de superar las dificultades. No quiere decir esto que alcanzar la fraternidad universal -al igual que la familiar- sea cosa sencilla. Numerosas brechas, como las financieras, las culturales, las religiosas, etc. son algunos de los inconvenientes.

Muchos compatriotas han encontrado en su proceso migratorio rechazo y xenofobia. Curiosamente, este rechazo se produce con mayor intensidad entre las naciones de mayor cercanía cultural e histórica, en nuestro propio continente. Culpar al otro, al extranjero, del origen de los propios males, es una propensión que ha acompañado siempre a la humanidad. Si a los países ricos les cuesta recibir a la gente que huye de los países pobres, imagínense a los pobres recibiendo a otros pobres. Ahí está el caso de Trinidad, que no tiene reparo moral alguno en enviar directamente a la gente a la muerte, antes que tenderles una mano.

Quizá lo primero que hay que comprender es que cuando las personas huyen de un lugar, corriendo graves riesgos y enfrentando terribles penurias, no lo hacen por vocación al turismo de aventura, huyen de algo que le parece aun más horrendo que caminar desde Venezuela hasta Chile o lanzarse al mar en un peñero.

La gente huye, fundamentalmente, de regímenes que confiscan su libertad, cercenan sus posibilidades de vida o arruinan sus condiciones materiales de existencia. En el caso de Venezuela las tres cosas juntas.

Cuando un país atraviesa por dificultades tan grandes como las que padece el nuestro, es inevitable que los problemas se trasladen a los países vecinos. El presidente Duque ha encontrado el camino más inteligente, humano y digno para sobrellevarlos: la fraternidad. Por tal razón, presidente, le estamos supremamente agradecidos y quiera Dios que nunca tengamos que devolverle el favor a Colombia por similares circunstancias.

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La rebelión de los monos, por Laureano Márquez P.

Imagen: fotograma de El planeta de los simios: la guerra.

@laureanomar

La noticia de la fuga de los monos ha conmocionado al país, no era para monos, digo, para menos; desde el primer momento corrieron por las redes los rumores, saltando de Twitter a Instagram y de allí a Facebook. La noticia trae cola: eso de que los monos abandonaron las jaulas por hambre, no se lo cree, a estas alturas, casi nadie. Como todo el mundo sabe, ellos cuentan con varios bodegones muy bien surtidos en las cercanías y un mono siempre resuelve.

La verdad es que los simios concibieron un plan de fuga, sin duda alentados por agentes de la CIA, que los ha venido entrenando durante todos estos años, con la colaboración de la oposición fascista y golpista, para conspirar en contra del régimen venezolano -financiados, obviamente, por Juan Guaidó, quien, curiosamente, fue visto por allí dos días antes con una bolsa de maní en concha (con cáscara para la versión argentina)-. Suerte que no lo vio la carcelera. La salida de Trump del poder aceleró, sin duda, el plan.

Por los documentos que se encontraron, incluidas extensas monografías camufladas en conchas de cambur, se pudo conocer que la intención  inicial de los monos era tomar la sede de la Cuarta división, por ser la más cercana al Jardín Zoológico de Las Delicias, de Maracay, lugar donde venían residiendo los monos y que era también -¡qué casualidad!- la residencia favorita del general Juan Vicente Gómez; tan favorita, que decidió morir allí el 17 de diciembre de 1935, rodeado de todos los animales. Dicen que antes de morir mandó a callar a Dolores Amelia que lloraba inconsolable diciéndole: “¡Chita!”. De modo que, si alguien albergaba alguna duda del carácter golpista del plan, este último dato la despeja.

Una vez tomado el parque de la Cuarta división, el siguiente paso del plan golpista era llegar hasta el Museo aeronáutico, abordar los monoplanos y aviones de guerra que allí se encuentran exhibidos, encenderlos (los monos son capaces de cualquier cosa) y enfilar hacia la capital de la república.

Otro comando de monos se dirigiría -ya uniformados- al cuartel Páez, donde la tropa los tomaría por generales e inmediatamente se someterían a sus órdenes. De allí, los monos tenían proyectado salir en camiones del ejército rumbo a Caracas, claro que sin comunicar a los soldados la finalidad misión, sino solo informando de que se trataba de una inocente maniobra de golpe de Estado.

Cuando las ramas del poder público reaccionaron, los monos ya estaban a punto de colgarse de ellas. Sin embargo, el plan quedó develado, porque el zoológico está infestado de babas de los organismos de “inteligencia del Estado” (con perdón) que lograron hacer que los pájaros cantaran delatando la operación. Comunicada la noticia por radio al comandante mono por una guacharaca leal a los golpistas, aquél decidió abortar la misión y dio la orden, que ya es de todos conocida:

Mono uno a comando de monos, cambio.

¿Cambio de monos? ¿Cambio de comando?, ¿cambio de régimen? o cambio de cambio, cambio.

¡Cambio de cambio!, cambio.

Ah ok, copiado el cambio del sentido de cambio, cambio.

Ustedes monearon muy bien por allá, pero abortamos misión. Repito, abortamos misión, compañeros monos: ¡monojh! Cambio y fuera…

Esta es la historia, lo que vino después es del dominio público: primates correteando por las zonas cercanas tratando de expropiar en casas del vecindario botellas del anís homónimo con el fin de agarrar una mona y así sobrellevar la depresión sufrida por tan estrepitoso fracaso. Hasta el momento, los cuerpos de seguridad del Estado -que tienen el monopolio de la violencia- no han podido capturar a los rebeldes que deambulan a sus anchas de rama en rama y se niegan a entregarse, haciendo alarde, más bien, de su comportamiento eximio.

Algunos agentes, para engañarlos, han tratado de ofrecerles plátanos maduros. La respuesta de los monos ha sido contundente y monolítica, pero preferimos no publicarla.

Estaremos atentos a cualquier nueva acción del comando Leibniz, nombre con el que se autodenomina la monada rebelde.

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La mirada de Humboldt, por Laureano Márquez P.

Retrato de Alexander von Humboldt, por Joseph Karl Stieler, 1843. En Wikipedia.org

@laureanomar

Como el Humboldt se ha vuelto a poner de moda en nuestro misterioso y contradictorio país, resucitando bajo la forma de un casino donde unos juegan fortunas mientras otros casi no pueden vivir, repasemos la mirada que este explorador, científico, geógrafo, naturalista, astrónomo, humanista -y creo que hasta espiritista y electricista- prusiano lanzó sobre nosotros.

En 1799 decidió que le parecía un buen plan hacer con Bonpland un viaje por América, él y su carnal zarparon desde La Coruña, pararon en Canarias y siguieron rumbo a Cumaná. Al llegar a Venezuela recorren parte del oriente y luego viajan a La Guaira para subir a Caracas. Ya en la capital, exploran el cerro el Ávila, el pico de Naiguatá y toda la zona donde algún día estará su hotel.

Les acompaña el joven Andrés Bello, muy entusiasta, pero que no pudo con el esfuerzo y como buen gramático llegó a Sabas Nieves con la lengua afuera.

Los naturalistas hacen luego todo el recorrido de lo que algún día sería la autopista regional del centro hasta Puerto Cabello. Téngase en cuenta que por todos los caminos iban recogiendo hojas y piedritas, es decir que el equipaje se hacía cada vez más pesado. Dan luego una vuelta por los llanos, navegan el Orinoco (2500 km en 74 días). Van hasta Ciudad Bolívar, en ese entonces llamada Angostura (por el amargo, o al revés) y terminan nuevamente en Cumaná. Claro que hay que tener  en cuenta que recorrer Venezuela en el año 1800 no era algo tan complicado como lo sería hoy.

Nota Humboldt, en su viaje por nuestra tierra, entre otras cosas, lo siguiente: que nuestra población indígena no es tan numerosa como en otras regiones de América y que no había ciudades antes de la llegada de los conquistadores, como en México o Perú; que nuestra población rondaba las 900.000 almas y Caracas -que la pareció una ciudad muy europea- unas 40.000; que la gente por acá no tenía muchas ganas de independencia, que preferían cambios lentos y progresivos.

También se cuenta que pudo presenciar por estos lares un eclipse de sol, un terremoto, un extraño caso de lactancia masculina. En su periplo visitó el samán de Güere, pero sin hacer juramento alguno. En Calabozo conoció a un inventor llamado Carlos del Pozo, que había diseñado aparatos para producir electricidad.

Bueno hasta aquí esta pequeña reseña de Humboldt. Señores: hagan sus apuestas en la ruleta revolucionaria… ¡No va más!

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#UnFondoPorVenezuela, por Laureano Márquez P.

Migrantes venezolanos huyen de una Venezuela devastada por la corrupción del régimen chavista. La campaña #UnFondoPorVenezuela busca recuperar lo robado para reconstruir el país. Foto onu acnur (intervenida por N. Silva / Runrunes). 

@laureanomar

Aquellos que llegaron al poder con la promesa de librarnos de las “cúpulas podridas”, se chorearon -para decirlo a la manera criolla- cerca de 300.000 millones de dólares. Escrito con todos sus ceros sería (espero escribirlo bien) 300.000.000.000,00 de $.

¿Que de dónde saco esta cifra? Buena pregunta. Son las estimaciones de Héctor Navarro y Jorge Giordani, ambos exministros de Chávez. Sin embargo, otro exministro, Rafael Ramírez, habla de un defalco de 210.000.000.000,00 de $. (sin incluir -naturalmente- los 11.000.000.000,00 de $ que la Comisión de contraloría de la Asamblea Nacional le atribuyen a él). Es decir, que por este lado serían 221 millones de dólares. Suma y sigue.

Más allá de las propias estimaciones que ofrecen las autoridades anteriores del régimen, se ha investigado el tema en Venezuela con el Corruptómetro, una herramienta interactiva de datos verificados desarrollada por Transparencia Venezuela, la plataforma Connectas y la Alianza Rebelde Investiga (ARI) formada por Runrun.es, ElPitazo.net y TalCualDigital.com. (corruptometro.org).

El corruptómetro, como trabaja con hechos absolutamente comprobables, ofrece cifras mucho más conservadoras que los propios chavistas: entre 1999 y 2020 se identifican 236 casos, pero solo se conocen las cifras de lo choreado en 114 de ellos. Estamos hablando de 52.098.420.753,00 dólares (no hay información de céntimos).

Para brindar una mejor comprensión de esta cantidad, aunque con la inflación reinante ya uno maneja con facilidad cantidades de hasta veinte ceros, mejor descomponemos la cifra en el máximo común múltiplo educativo: con esa cantidad se podrían construir 194.000 escuelas de educación básica. Sacando la raíz cuadrada sanitaria: se habrían podido construir 593 hospitales tipo 4. Por último, elevando la cifra a la potencia eléctrica: 21 represas hidroeléctricas como la de Caruachi.

Dicho esto, surge la pregunta que hace ya tanto tiempo hizo el Dr. Luis Herrera Campins: “¿dónde están los reales?”. En distintos lugares, pero, buena parte de ellos, se encuentran en los Estados Unidos.

Surge entonces una nueva interrogante: ¿por qué una gente robolucionaria, que detesta al imperialismo que representan los norteamericanos, guarda allí los fondos producto de su rapiña?

La respuesta tiene varias facetas:

i) los que hunden la economía de un país, destruyendo sus reglas y violando el ordenamiento jurídico que le sirve de base, buscan para sus fondos sustraídos exactamente lo contrario: una economía segura, estable y con garantías de que sus bienes no sean expropiados por el capricho de un tirano;

ii) los que acaban con la seguridad personal de un país, demoliendo su sanidad pública y su sistema educativo, guardan los capitales birlados en un país en el que su familia pueda gozar de la seguridad personal, la salud y la educación que ellos han arrebatado a sus conciudadanos (por ello no llevan su dinero a Cuba, Irán o Turquía)

y iii) los constructores de dictaduras prefieren vivir con sus dineros robados en sociedades libres y democráticas, donde puedan disfrutar, a la hora de las chiquitas, de respeto a sus derechos humanos, de cárceles seguras, si fuera el caso y de posibilidades de negociar con las autoridades.

Una última pregunta que ya los lectores se estarán haciendo: ¿es posible recuperar la totalidad o parte de esos fondos? La respuesta es sí.

Afortunadamente, el hecho de que esta gente haya escogido un país serio con leyes y estado de derecho para esconder su botín, favorece de alguna manera a la colectividad venezolana. Para conseguirlo, es menester la presión ciudadana a objeto de que los dineros incautados por los EE. UU. a los corruptos venezolanos vayan a algún fondo protegido de acreedores para su rescate cuando retornemos a la democracia; y que haya una lista pública de dichos bienes para el escrutinio colectivo.

En las próximas semanas se estará haciendo una campaña #UnFondoPorVenezuela (inrav.org) para invitar a los venezolanos residentes en los Estados Unidos a contactar a los representantes legislativos de sus lugares de residencia y hacerles la petición para la creación del citado fondo, así que oído al tambor.

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Las gotas milagrosas, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

La propuesta de las gotas milagrosas no ha pasado desapercibida en estos momentos en que arrecia la tercera ola de la covid-19. Para decirlo en términos de pandemia: se ha vuelto viral. Nuevamente aparecemos en titulares como objeto de mofa por la falta de seriedad. Nosotros, que sí somos gente seria, no caeremos en lo mismo, por el contrario, haremos una revisión rigurosa de esta nueva panacea que acaba de promover el gran jefe brujo.

Partamos del ofrecimiento curativo que se hace con estas gotas de nombre impronunciable: se anuncia que “neutraliza el Covid-19 en un 100 %”, no se habla de ningún margen de error como el que suele acompañar a los estudios de los laboratorios.

Se entiende, aquí el margen de error fue cometido en diciembre de 1998. “Diez goticas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace, es un poderoso antiviral, muy poderoso que neutraliza el coronavirus”, se nos vuelve a decir. Bueno aquí entra otro elemento: la condición milagrosa del producto. Los milagros son aquellos eventos o hechos que se atribuyen a la acción divina.  También se habla de milagro en un sentido más general como “todo suceso que despierta admiración”. Lo curioso es que no haya despertado la admiración de la Organización Mundial de la Salud, atenta a todo lo que está relacionado con la pandemia.

Un auténtico milagro sería por ejemplo que en el país con las mayores reservas petroleras del planeta hubiese combustible. Pero sigamos con la medicina.

El medicamento en cuestión se llama “Carvativir”, es un derivado del tomillo (Thymus, de la familia Lamiaceae). La planta tiene propiedades culinarias y medicinales. Los antiguos egipcios la utilizaban en la momificación, detalle que no es muy alentador. En la antigua Grecia y durante la Edad Media, fue considerada planta medicinal. Ciertamente, se dice que el tomillo tiene más propiedades y beneficios que un funcionario del alto gobierno, entre otras, contra el estreñimiento, mal que ciertamente los susodichos no padecen, porque la ponen con extraordinaria facilidad y frecuencia. Tiene también calcio y fósforo, este último, muy útil en los actuales momentos para acompañar el plan leña adentro que se promueve para combatir la ausencia de gas doméstico.

En las reseñas internacionales se dice que no es el primer anuncio de una solución para la covid-19 que realiza el régimen venezolano y se señala otra, de noviembre pasado, un descubrimiento que supuestamente desde el IVIC anunciaba “Drácula” (sic) (también es que se la sirven en bandeja a los comentaristas globales de estupideces).       No se trata aquí de desconocer las propiedades curativas de ciertas plantas: la manzanilla, el aloe vera, el eucalipto, el jengibre y, sin duda, también el tomillo. Son plantas medicinales y buenas, cuya utilidad ha sido probada por nuestros ancestros, pero de allí a afirmar que puede neutralizar a un virus tan mortífero como el de la covid-19 y ofrecerlas como gotas milagrosas es demasiado grave, sobre todo por venir de quien viene, aunque -curiosamente- también carece de toda importancia por la misma razón.

Lo que sí resulta lamentable es que se asocie a las gotitas el nombre de una persona tan seria y rigurosa como el beato Dr. José Gregorio Hernández, que era un auténtico hombre de ciencia, además de una persona buena, piadosa y honesta. Es una pena que él no tenga como defenderse, o quizá sí y nos brinde este año el tan anhelado milagro.

En todo caso, lo cierto es que gota a gota, esta gente agota.

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La cuña blindada, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

Entre las millones de cosas que le llegan a uno al teléfono para ayudarnos a no perder tanto tiempo leyendo libros, me enviaron la famosa cuña de la camioneta blindada. Lo tomé como una parodia de la corrupción y el mal gusto. Parecía una crítica mal lograda a la “enchufocracia” reinante. “Se podía haber dicho más”, pensé. Sin embargo, inocente uno, resulta que se trata de una cuña completamente en serio. El sabio Mevlana decía: “sé visto como eres o sé como eres visto”.

Aquí parece que a mucha gente ya no le importa ser vista como es, en todo el esplendor de esa terrible tragedia que ha traído el “socialismo” a Venezuela: la corrupción, la riqueza fácil y la ostentación grotesca de todo ello.

“Mi patrón, me la dio mi papá” (se refiere a la camioneta), comienza con una toma aérea de aproximación al lugar de blindaje al que supone uno, un hijito de papá, que lleva su camioneta a blindar.

Me vino a la memoria una oportunidad en que fuimos a trabajar, Claudio Nazoa y quien suscribe, a Lechería en un hotel importante que tiene una marina. Desde la baranda de un yate con no menos 15 camarotes, un hijo de un enchufado nos reclamó nuestras críticas a una “revolución” que defiende al pueblo y preguntó -además- si nosotros estábamos pagados por Carlos Andrés Pérez. La escena era tan surrealista que parecía una broma. Resultaba increíble que desde ese gigantesco y lujoso cuasi Titanic, alguien estuviese defendiendo al pueblo. Pero resultó que la pregunta era en serio, formulada desde un yate por causa del cual, seguramente, muchas personas eran mucho más pobres.

“Marico, sobrepasé el nivel, estoy en otro level” sigue la cuña. En Venezuela no es difícil sobrepasar el nivel si tienes la conexión adecuada. El nuevorriquismo, que pasa del subsuelo al nivel multimillonario, necesita exhibir su riqueza. “Papito en alta siembra, billete pa’ tirar pa’ arriba”. Seguramente esa “alta siembra” no es en el campo venezolano, quebrado por otras siembras a las que les conviene su destrucción.

“Papi me dijo: ‘hijo blíndala’ por algo será, tiene demasiado billete”. Luego va al lado del copiloto y abre la puerta y se baja una hermosa dama. “Me traje a una”, no completa la frase, no es menester. La dama pregunta luego que aparte de la camioneta, qué más va a blindar y él responde: “tú sabes, bebé, el juguetico”, señalando sus partes íntimas, suyas de él. “Soy un banco andante y quiero algo donde pueda meter efectivo”. Entonces le muestran una caja fuerte que va en la maleta de la camioneta.

La cuña en general es reveladora de este hombre nuevo, mal educado, sin escrúpulos, machista y criminal que ha producido esta tragedia política que agobia a nuestro país.

Frente a esta muestra descarada de lo peor de este tiempo, tenemos que enaltecer y refugiarnos en nuestro lado luminoso. No olvidar nunca que Venezuela es una tierra de gente talentosa, honesta, trabajadora y buena, con mentes cultivadas, poetas y escritores de renombre, músicos eminentes, maestros abnegados, médicos comprometidos, en fin, demasiada gente que mantiene nuestra esperanza blindada.

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El Año del Buey, por Laureano Márquez P.

@laureanomar

No está de más que, en este año que comienza, le prestemos algo de atención al horóscopo chino. Realmente el “año del buey” no ha comenzado aún, lo hará el próximo 12 de febrero. Los chinos se rigen por el calendario lunar; para recibir al año nuevo suelen hacer concurridas celebraciones en la que brillan fuegos artificiales y desfile de dragones. Es para ellos tiempo de reuniones familiares en las que cantan esta pegajosa canción:

我不会忘记那年,因为他留给我好买东西,我给自己留了一只山羊,一头黑驴,一头白马和一个好婆婆。

Para la fecha suelen reunirse en familia, con lo cual se produce la mayor migración humana del planeta. Seguramente, este año, a causa de la pandemia, será distinto. De todas maneras, a diferencia de occidente, las autoridades chinas toman medidas muy severas para la protección de la vida de sus ciudadanos -aunque se les vaya la vida en ello (a los ciudadanos, claro)- y todo el mundo obedece, como en los tiempos de Puyi.

Pero volvamos al horóscopo. Lo primero que hay que señalar es que, si usted es nacido bajo el mismo signo del año que comienza, será un año de mala suerte.

En Venezuela llevamos 21 años de mala suerte, pero no tiene nada que ver con el horóscopo chino, bueno al menos no del todo.

La mala suerte se contrarresta colocándose un listón rojo durante los doce meses. Aunque volviendo al caso nuestro, la mala suerte la produjo casualmente el listón rojo (muchos creen que no es listón, sino lo contrario).

Los nacidos en este año, sin embargo, serán inteligentes, bondadosos, gente de ambiciones e ideales, con gran apego a la familia y al trabajo.

Realmente se trata del “año del buey de metal”, como decir el toro que Gómez mandó a colocar frente a su casa en Las Delicias de Maracay (aunque al de Maracay le sobra algo que al buey le falta). El componente metal es importante, porque es lo que energiza a este año, tengamos en cuenta que los bueyes son animales de trabajo, dos bueyes en una yunta tienen un poder de tracción raras veces superado, aunque se han visto casos. Los bueyes son honestos y sinceros: nadie ha visto nunca a un buey robando o mintiendo.

No se trata, además, de cualquier metal: es el “año del buey de oro”. Esto barrunta prosperidad, particularmente para China, que es la dueña del horóscopo, porque en el resto de la humanidad se anuncian dificultades económicas y caídas en el PIB, en el IPC, en el BID, en el BTV y hasta en el PIN, quizá el único incremento que se vislumbra es el de TELEGRAM. Del TWITTER, mejor no hablar no vaya a ser que nos lo bloqueen. De todos modos, no deja de ser curioso que el país que fue epicentro de la pandemia, sea el que mejor se recupera. No vamos a elaborar ninguna teoría al respecto, afirmación esta última que ya es tendenciosa.

Por otro lado, este será el año de la vacuna, denominación que viene de la vaca, que vendría a ser la esposa del buey, si este no hubiese tomado la decisión irrevocable de mantenerse soltero. El tema suscitará polémicas y controversias (el de la vacuna, digo, no el de la soltería del buey, aunque también y cuidado si no más). Parece que este año estará marcado por la pandemia y la posibilidad de generar eso que llaman “inmunidad de rebaño”. Ojalá que logremos la inmunidad y no terminemos convertidos en un rebaño a merced de los amos del planeta.

En lo que toca a nuestra patria, las cosas serán muy parecidas al año anterior, solo que un poquito peor, como ya es tradición en las últimas dos décadas. Es decir, en la práctica, para nosotros no entrará el año del buey de oro, sino que tocará seguir con la rata.

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A propósito de Güiria, por Laureano Márquez P.

Humanidad… “quizá nuestro prójimo proyecto tendría que ser llegar amarte”. Foto obra de Oswaldo Guayasamín, perteneciente a la serie La edad de la ira.

@laureanomar

Termina un año. Termina la segunda década del siglo XXI. Quizá los que nos precedieron, los soñadores de utopías, imaginaron que para este tiempo la humanidad habría encontrado camino de justicia, equilibrio y libertad. Los venezolanos concluimos este año con la dura noticia de lo acontecido a nuestros paisanos en Güiria. No solo en las cárceles venezolanas se tortura, la vida en nuestra tierra se ha vuelto una tortura en sí misma de la que la gente huye poniendo en riesgo su vida. Mientras el régimen venezolano persista, la gente preferirá el peligro de una eventual muerte, a la espera de la que le viene segura.

Pienso en Güiria, la nuestra y tantas otras “güirias” en distintos lugares del planeta. Avanzado el siglo, la humanidad sigue huyendo de sí misma, como era en el principio.

El fin de año nos convoca a pensar el tiempo, nuestro tiempo, el tiempo todo del que formamos parte. Somos entre todos los animales que tuvieron la suerte de existir en este planeta, los únicos capaces de pensar y comunicar nuestros pensamientos. Detrás de estas líneas, que usted sin dificultad lee e interpreta, querido lector, hay miles de años de trayectoria: las pinturas rupestres, petroglifos, lenguas indoeuropeas, migraciones, la escritura cuneiforme, fenicios, griegos, romanos, navegantes, religiones. Para el perro amable que mueve la cola a nuestro lado y que muestra una inteligencia que nos asombra, no existe el mundo, ni Dios como idea, ni la muerte como línea final de la existencia, ni el sistema solar, ni la luna y aunque también le afecten las cosas del universo, no hay ningún concepto en él.

Nuestro entendimiento ha constituido una cosmovisión del mundo, que a partir de principios que nos resultan hoy lejanos, ha ido edificando ideas complejas como justicia, libertad, derecho, democracia. Ideas para desplazarnos, comunicarnos, almacenar nuestros conocimientos, difundirlos, ideas para curar nuestras enfermedades, para alimentarnos mejor, para vivir más. Sin embargo, concluye el 2020 y el hombre sigue huyendo del hombre, que es su principal amenaza. Si uno se detiene a pensar y evoca el viejo intelectualismo ético de los antiguos griegos, no logra comprender por qué a estas alturas no hemos alcanzado la sabiduría para construir sistemas económicos equilibrados, regímenes políticos democráticos y honestos, ciudadanos formados para vivir la libertad y el bien.

Vuelvo a Güiria, me pongo en la piel de mis paisanos, pienso en el desespero que les movió a tomar el riesgo de la muerte para partir, además, a un país cuyo régimen nos aborrece y remata a nuestra gente.

Voy más allá: el mediterráneo, las costas de África, la frontera norte de México, Siria, Etiopía y tantos otros lugares en los cuales, como un preso que huye de una torturante prisión, la gente prefiere tomar el riesgo de morir en el escape antes de continuar con una existencia inviable. El hombre huye del hombre. Huye de regímenes políticos tiránicos y corruptos y de la pobreza agobiante. Es oxímoron: la pobreza produce regímenes tiránicos que producen más pobreza que produce más tiranía. De esto huye la gente, de esto nace un negocio. El ser humano, como ha hecho toda la vida, busca un lugar donde vivir mejor, donde alimentarse y existir en paz. En África apareció el hombre que luego migró a Europa. El hombre hace lo que ha hecho durante miles de años

¿Cómo revertir esta desigualdad? ¿Cómo lograr una humanidad más equilibrada política y económicamente?

Mientras la tiranía y su correlato económico que es la pobreza, sigan perpetuándose, el ser humano tratará de escapar, cueste lo que cueste.

Parece que nuestro desarrollo tecnológico como especie no va a la par de nuestro desarrollo espiritual: los teléfonos celulares llegan a todos los rincones del planeta, pero no las ideas de justicia y libertad. Todos bailamos al ritmo de Jerusalema, una canción que viene de África, sin saber que su letra -como quien traza un rumbo- dice: “Jerusalén es mi casa, sálvame y camina conmigo, no me dejes aquí”. Quizá la humanidad tenga que aprender a bailar una mejor coreografía de justicia y libertad, comenzar a salvarnos unos a otros y caminar juntos a esa evocadora Jerusalén espiritual cuyo nombre significa “ciudad de la paz”, aunque la terrena no la haya conocido nunca. Probablemente tengamos que abocarnos a la astronomía interior, quizá nuestro prójimo proyecto tendría que ser llegar amarte

Que Dios nos acompañe este 2021.

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