Orlando Viera Blanco, autor en Runrun

Orlando Viera-Blanco

Zapatero, vuelva a casa, por Orlando Viera-Blanco*
Que prevalezcan los mandamientos del príncipe, como la utilidad del engaño en la política y la guerra, la crueldad y el terror, solo resulta aplicable por aquellos que conciben el poder como dominación medieval. Y, al pueblo, como animales…

 

@ovierablanco

Que Zapatero esté en Venezuela es parte de esa “brisa bolivariana” que pretende llegar de Bogotá a la Patagonia. Nada sucede por casualidad. Lo que nos duele a quienes creemos en la democracia, la diplomacia y la justicia, es que todos estos movimientos, muy previsibles, ocurran a la vista de un mundo moderno, de vanguardia y liberal, que no reacciona con la proporcionalidad que demanda vivir en pleno siglo XXI… era de tecnología, comunicación y DD. HH. Ojalá no terminemos como la rebelión en la granja, gobernados por el cerdo Napoleón…

Orwell vs. Maquiavelo

La animalización de la política es de ralea medieval. Desde los tiempos de los Borgia o los Medici, el hombre de, por y para el poder exhibió una delgada franja entre lo racional y lo feroz. Algunos de los consejos más reprochables de El príncipe de Maquiavelo, son incumplir la palabra dada cuando sea necesario o la aceptación del uso de la crueldad para ser temido antes de ser amado. Premisas muy facundas en hombres como Alejandro VI y su hijo Cesar Borgia, a quienes algunos historiadores reconocen haber unificado y recuperado la autoridad de la Iglesia católica. Pero a qué costo…

Del renacimiento a la modernidad, del pensamiento feudal y leonino progresivamente sustituido por la ilustración racional de la revolución francesa, al pensamiento liberal de vanguardia, alumbra el Estado de derecho, la justicia, el imperativo moral y las libertades fundamentales. Que prevalezcan los mandamientos del príncipe, como la utilidad del engaño en la política y la guerra, la crueldad y el terror, solo resulta aplicable por aquellos que conciben el poder como dominación medieval. Y, al pueblo, como animales.

George Orwell en su libro La rebelión en la granja usa la prosa sinuosa y sarcástica para describir el totalitarismo como expresión de supremacía de “los cerdos sobre la manada y los seres humanos”. Cuando Howard Jones -dueño de la granja- es despojado de su propiedad por Snowball y Napoleón, dos lechones que tomaron el control y el mando, nace un nuevo “modelo de poder”, bajo siete mandamientos: I. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo; II. Todo lo que camina sobre cuatro patas, nade, o tenga alas, es amigo; III. Ningún animal usará ropa; IV. Ningún animal dormirá en una cama; V. Ningún animal beberá alcohol; VI. Ningún animal matará a otro animal; y VII. todos los animales son iguales… como en el planeta de los simios.

Es la animalización de la razón, la deshumanización del ser, la igualación de lo primitivo, lo barbárico; la institucionalización de la anomia, de la nada, de la inconsciencia, de lo amoral.

El puerco Napoleón no tardó en enviar a su semejante, Snowball, a los perros, incumpliendo la palabra empeñada. Lo desterró de la granja y terminó haciendo del resto de sus congéneres versiones que comenzaron a caminar en sus dos patas traseras y vestir los retazos de Howard Jones. Al final de la novela, la dictadura de Napoleón y súbditos se consagra de modo absoluto.

Cuando los animales preguntan al burro Benjamín (el único que sabía leer), sobre cuál es el único mandamiento que queda vigente, aquél respondió: “Es el VII, convenientemente modificado: Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros…”.

Sigo con el príncipe

Los príncipes deben tener una doble naturaleza, escribe el florentino Maquiavelo; es decir, saber actuar como hombre y como bestia, lo que en términos formales equivale a la proposición de saber actuar con las leyes y con la fuerza. Y muy importante, en territorios anexados. Cito: “(…) que colabore con los vecinos menos poderosos, debilite a los poderosos y procure que no entre en el país ningún príncipe tan poderoso como él” ¿Les luce familiar?

En el estudio de los ideales de Maquiavelo se ha encontrado el contraste que hace entre sus dos obras principales: I. Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio y II. El Príncipe. En el primero habla del alcance y unificación del poder. La autoridad hegemónica diríamos hoy, sobre la base de la liquidación de la cultura originaria y local vs. la imposición de la legionaria. En El Príncipe, Maquiavelo nos habla de la conservación del poder en sus 4 formas: por virtud, fortuna, perfidia o por la fuerza. A esas “cualidades’ agrega la astucia, porque “un príncipe debe saber comportarse tanto como un león como una zorra…” que es el engaño y la falsedad.

Pero el florentino hace una salvedad. Vio tanta maldad y crueldad en César Borgia y su padre, que el mismo Maquiavelo sentenció -al decir del historiador español Roberto García Jurado- “los profundos errores que llevaron al hijo de Alejandro VI a su caída y perdición”. Los territorios logrados con la fortuna y las armas de otros no prosperan, decíamos. Solo se conservan aquellos adquiridos con virtud y armas propias… ¿Les suena la campana?

La virtud liberal es la razón. El arma, el respeto a la dignidad humana, que es la igualdad de los hombres frente a la ley. Ni leones, ni zorras. Tampoco cerdos iguales que otros. Ellos no saben de constituciones ni de justicia. No saben leer.

Las bestias lidian con garantías. Sobrevive el más apto. El ser humano tiene derecho a la vida y quien lidera es el más noble, el más inteligente, el más virtuoso. No el cruel. No Napoleón. Por eso cayeron los Borgia, los príncipes más poderosos de la iglesia medieval.

Téngalo en cuenta Zapatero. No somos cerdos, ni usted es Napoleón. Vuelva a casa…

 * Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

¡Venezuela es agua viva!, por Orlando Viera-Blanco*
A través del tiempo y en cualquier época, ni los regímenes más audaces o maquiavélicos dieron permanencia al príncipe. Tarde o temprano el malvado fue derrotado y depuesto

 

@ovierablanco

En las últimas semanas, como embajador de Venezuela en Canadá, nos hemos volcado a una agenda de reuniones bilaterales con homólogos de países del este y norte de Europa, que han renovado su apoyo a la recuperación de la democracia en Venezuela y su reconocimiento a la lucha liderada por el presidente (e) Juan Guaidó. Quiero destacar algunos de estos encuentros porque son un semillero de esperanza, sembrados en tierra fértil de cultura inmensamente libertaria.

Al mal tiempo buena cara

Sabemos que atravesamos una grave crisis humanitaria agudizada por la COVID-19. Aunque lo humanitario no niega lo político, el poder no termina siendo una variable que haga depender lo humanitario. El poder es un desafío de un sector de la polis, mientras el valor humanitario (independiente) incumbe a todos. El respaldo de la comunidad internacional se amplifica y es unánime cuando se trata de preservar la vida, la integridad, la salud y la dignidad del ser humano. 

En nuestra experiencia diplomática, la lucha por la restauración democrática encuentra aliados y adversarios; un cóctel de circunstancias y conveniencias de poder que impiden el consenso. Pero en el terreno humanitario, el planeta está consciente de que deben prevalecer las aquiescencias y concesiones.

Venezuela exhibe -dolorosa y vergonzosamente- estadísticas degradantes en lo económico, social y político. Por añadidura, muy mal en los índices de alimentación, miseria extrema y salud. Diez millones de venezolanos están en situación de desnutrición; 3 de cada 5 niños padecerán en el futuro patologías a causa de la anemia; madres subalimentadas traen al mundo críos con hidrocefalia y la mortalidad infantil crece como las pandemias, agravadas por debilidades del sistema inmunitario.

Se dispara la huida. Casi 6 millones de venezolanos escapan del hambre, la peste y la anomia. El impacto en la subregión es notorio. Colombia ha gastado más de 500 millones de dólares en procesos de interiorización y auxilio a refugiados venezolanos. Brasil ha acogido a más de 350.000 compatriotas. Chile otros 600.000 y Ecuador 470.000. El contador en marcha.

Nuestros refugiados apenas han recibido un promedio de 200 US$, mientras un refugiado sirio ha recibido un promedio de 3000 US$. El mundo no ha dado con una solución política a nuestra crisis, pero lo que es impostergable es dar más sustento a las naciones receptoras de nuestros connacionales y a los programas humanitarios en Venezuela.  Cada embajador de Guaidó gestiona, cada día, la ayuda humanitaria. Canadá es un sólido ejemplo. Al mal tiempo buena cara…

Del norte y este de Europa

Hemos sostenido reuniones con países como Eslovenia, Hungría, Ucrania, naciones que pertenecieron al telón de acero y obtuvieron su independencia en la década de los 90. El común denominador de estas jóvenes democracias es apoyar una solución pacífica en Venezuela. Ucrania -que vivió la revolución Naranja (2004) y la revolución de la dignidad (2014)- reconoce la necesidad de aliviar las cargas de sufrimiento de los venezolanos.

Eslovenia (vieja Yugoslavia gobernada por Tito) sabe que la lucha es desigual, y nos alienta. Hungría ha generado un programa de repatriación a húngaros-venezolanos. Si algunas naciones saben de desolación, caos y éxodo, son ellas…

También nos reunimos con Dinamarca, Noruega e Irlanda. Los daneses -portadores de una de las democracias más viejas de Europa (170 años) y décimo segundo país más rico del planeta- se anotan en los países que desean impulsar una negociación política, a la par de los noruegos. Naciones muy bien posicionadas en mediaciones históricas (la paz nórdica) en África, Europa del este y Medio Oriente.

Irlanda -una sólida democracia parlamentaria- está al corriente y respalda buenos oficios para asistir a Venezuela en alimentos y vacunación.

Pero la gente nos pregunta: muy bien embajador, y los venezolanos que estamos atrapados en la pandemia, la hambruna y la represión, ¿cómo nos benefician esos apoyos diplomáticos?

Tres palabras: presión y voluntad política. A partir de ahí, se construyen acuerdos y los caminos de la ayuda humanitaria. Se implementan programas migratorios, de refugio, alimentarios, salud pública y suministro, intensificando las redes de trabajo. Ese torrente de agua viva no para…

Venezuela florecerá…

Lo humanitario demanda redención y tregua. Hacer pausa para lograr la entrada de vacunas al país. La comunidad internacional, mayoritariamente institucional, humanista, comprometida con los DD. HH. y la paz, eleva banderas blancas. Lo político no es una variable dependiente, menos un obstáculo para la vida. 

A través del tiempo y en cualquier época, ni los regímenes más audaces o maquiavélicos dieron permanencia al príncipe. Tarde o temprano el malvado fue derrotado y depuesto. Después de cada sequía, de cada fuerte verano, amanece en otoño: ¡fresco, colorido, limpio!

El escritor y activista Philip Yancey nos recuerda que “la generosidad no es vanidosa, es piadosa”. Y me gusta cuando dice que “la Biblia no hace ninguna promesa color rosa acerca de vivir en una primavera eterna. Lo que hace es señalar la fe que nos ayuda a prepararnos para las estaciones de sequía. Vendrán duros inviernos, seguidos por veranos ardientes. No obstante, si las raíces de la fe adquieren la suficiente profundidad para llegar hasta donde se halla el Agua Viva, podremos sobrevivir a los tiempos de sequía y florecer…”

Venezuela es agua viva… ¡florecerá!   

 * Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Aprendiendo a morir aprendí a vivir, por Orlando Viera-Blanco*

El escritor y cineasta Albert Espinosa. Foto tomada del portal diariodeavisos.elespanol.com 

No somos cojos, somos cojonudos, sentenció Albert al terminar su parlamento, de pie, sobre su pierna ortopédica. ¿Por qué sobreviví? ¡Porque estuve dispuesto a morir!

 

@ovierablanco

En entrevista que hicimos al escritor Leonardo Padrón -a propósito de su nueva obra Tiempos feroces– me llamó la atención un par de sentencias: Venezuela es un laberinto y un mar de resentimientos que llegaron con un deslave llamado Chávez. ¿Cómo salir de esa maraña? ¿Cómo aliviar esos reflujos históricos?

Asociado a nuestra entrevista, veo el micro Aprendamos juntos del BBVA y El País, titulado: “Hay que ser valientes en la vida y en el amor”. Es la historia del escritor Albert Espinosa, que inicia diciendo: “… He perdido una pierna, me quitaron un pulmón y un trozo de hígado, por un cáncer contra el cual luché por más de 10 años, ¡y fui feliz!” Veamos…

El mundo amarillo

Albert Espinosa es un español de 46 años que decidió ralentizar. Quiso luchar por vivir contando su historia lentamente, abiertamente. Experiencias duras transformadas en dosis de felicidad. Llegó de doce años a un hospital en el cual le pronosticaron cáncer y 3 % de chance de vida, tope 30 días. Aceptaron un protocolo “con el que autorizas quitarte medio cuerpo, pero funcionó”. A partir de ahí se unió a otros chavales con pulsera roja, donde comenzaron “los diez años más felices de mi vida con los amarillos: enfermeras, médicos, camilleros”.

Perfectos desconocidos que se convirtieron en sus mejores aliados. Habla de su madre hospitalaria -una enfermera de 92 años- quien, al saber que le quitarían su pierna, le recomendó hacer una fiesta de despedida. Albert convino e invitó (al inusual festejo) a un arquero a quien había goleado, una niña con quien su pierna coqueteó debajo de la mesa y sus compañeros de habitación. Así se despidió de su pierna izquierda…

Habla de un mundo al alcance de todos y que tiene el color del Sol: el mundo amarillo. Un sitio cálido “donde los besos pueden durar diez minutos, donde los desconocidos pueden ser tus mejores aliados, donde el miedo pierde su significado, donde la muerte no es eso que les pasa solo a los demás y la vida es lo más valioso. Este libro (El mundo amarillo) habla de todo esto. De todo lo que sentimos y no decimos, del miedo a que nos quiten lo que tenemos, de reconocernos enteramente y apreciar quiénes somos cada segundo del día (Eloy Azorín).

Ese mundo amarillo -radiante y fascinante- donde cualquier calamidad se convierte en un hermoso desafío, escampa y amanece, luminosamente…

Cuenta Albert que de siete chicos que tenían cáncer, 5 murieron. Habían hecho un pacto donde los sobrevivientes asumirán la vida de los idos. Y de qué manera lo ha hecho… Historias vividas por una década en la habitación 307 de un hospital. El médico que le colocó la prótesis -no dice- se llama Cristo. Entonces Albert sentencia con humor: “Dios me quitó la pierna y ¡Cristo me la devolvió! (…) y como fue la pierna izquierda, pues la buena noticia es que siempre amanezco con el pie derecho”.

El cirujano que le amputó la pierna lo alienta: “Albert, ama tu caos…”. Inspirado en ese lema, escribió un libro titulado El mundo azul, ama tu caos. Ahí nos lanza otro contundente pensamiento. “El odio nace cuando no puedes manipular a alguien, y por no poder hacerlo, le odias”.  Queda claro. Antes de tratar de culpar a otros de tu destino, acepta tu caos, ámalo y haz de él un sueño, un motivo, una causa de vida. Convertirás la frustración en oportunidades, la tristeza en alegría y el presente, el karma, en porvenir, en futuro de vida y sonrisas, que por no tener que manipular a nadie, no odiarás.

El mundo amarillo es una lección de resiliencia comprendiendo el dolor en su máxima escala. Como el expresado en el libro, El ruiseñor y la rosa de Oscar Wilde, inspirado en la pérdida de su hijo en manos de la corona victoriana por retaliación. El ruiseñor que murió por amor, bañando de sangre una rosa blanca para hacerla roja, y aun así, fue despreciada… Solo aprendiendo a morir -sentencia Espinosa- se aprende a vivir. Es aceptar nuestra humanidad en su más elevada llaneza, que es hacer lo que más quieras hacer. No obligar a nadie, menos juzgarlo o despreciarlo, porque hay que aprender amar desde lo más sencillo: aceptando nuestra circunstancia, nuestra realidad, nuestra identidad, nuestro destino. Bueno o malo, pero maravillosamente nuestro…

La vida de Guisantes

Guillermo fue un niño a quien Albert conoció en el Hospital. Pelón -a causa del cáncer- se hizo llamar Guisantes. Decía (Guillermo) que en el hospital fue feliz porque escapó de casa, donde era maltratado. “El cáncer me salvó”. Murió a los 15 años. Pero, en esa sombra, Albert vio la luz, el albor que disipó sus miedos, sanó su espíritu y le permitió andar a pesar de haber perdido la pierna y el aire. 

Es ralentizar. Es construir fortalezas a partir de las debilidades. Albert ha vivido, ha escrito, porque se hizo la concesión de amar, de bañar a otros con su sangre que es pasión de vivir. Albert proyecta salidas a tus laberintos y da paz a tus resentimientos. Deja de odiar, culpar(te), cuestionar, dominar para obrar, dar, amar y dejar(se) dominar… para hacer lo que más deseas hacer.

Qué bien encaja el verso García Lorca en su poema Cuerpo presente: “Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas, levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida, que desata sus miembros sin empapar la sangre perdida…” No hay tormenta capaz de hacerte naufragar…

No somos cojos, somos cojonudos, sentenció Albert al terminar su parlamento, de pie, sobre su pierna ortopédica. ¿Por qué sobreviví? ¡Porque estuve dispuesto a morir!

Y aprendemos a vivir, a ser felices, en amarillo, libremente… 

 * Embajador de Venezuela en Canadá

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Cuando era niño, por Orlando Viera-Blanco
Tuve una infancia de duchas enlodadas. Llegaba cada tarde a casa y mi “primer deber” era aprovechar lo que quedaba de luz para pasear en bicicleta e ir a la montaña

 

@ovierablanco

Boris Cyrulnik profesor de Psicología de la Universidad de Toulouse, especialista en la teoría del apego -la más reconocida en psicología sobre la capacidad de socialización de los niños- nos ofrece una búsqueda del reconocimiento y la autoestima a través del aseguramiento, que es aprender y aprehender desde la infancia. Vivencias -éxitos o fracasos- que nos permiten una línea de expresión e identidad por haber sido el remedio para el sufrimiento y el trauma. Esa herramienta es la resiliencia, que se nutre de ralentizar. ¿Qué es ralentizar? Es contar tu historia, lentamente, suavemente. Buena o mala, pero expresarla…

A partir de ahí liberas dudas y dolor. Recuerdas la alegría por superar los sufrimientos. Y eres feliz. Quiero contar la mía…

Una infancia de tierra, aire y mucha calle…

Cyrulnik nos enseña que la educación de los países nórdicos ha acogido la ralentización. Desde muy pequeños a los niños se les guía compartir, ser creativos, participativos a través del deporte, las artes, el oficio al aire libre. Comparten aulas con espacios para cocinar, dibujar, practicar deportes, cantar, tocar un instrumento. De esta forma comunican mejor compartiendo su experiencia creativa, desarrollando sus habilidades o reconociendo las que no tienen o no les gusta, mientras generan empatía. Frente al revés, no escatiman pedir ayuda. Y aprendiendo lentamente cada proceso (ralentizar) aseguran noblemente su conocimiento.  

De niño tuve una infancia de duchas enlodadas. Llegaba cada tarde a casa regreso de la escuela y mi «primer deber» era aprovechar lo que quedaba de luz para pasear en bicicleta e ir a la montaña. Éramos cinco críos inseparables. Arturo, Pascual, Jorge, Armando y Paul. Apenas con 8 años aprendimos a degustar la arena y las piedras de las nuevas edificaciones de la cuadra.

Cuánta audacia asistida de inocencia. Nos lanzamos hasta de un segundo piso al montículo de arcosa para la mezcla de cemento, y ver quien se sepultaba más. Jugábamos a “los equilibristas” cabalgando delgados muros medianeros. Mamá nunca se enteró y nunca se explicó de dónde salía tanta tierra. Hoy sería un cuento de ficción… De esa audacia aprendimos que temer y prevenir, es bueno…

Un templo llamado béisbol

Pasar el día en casa era imposible. Los espacios no eran generosos y ver TV era un lujo reservado a las telenovelas de mamá o los noticieros más juegos de pelota de papá. Un Caracas-Magallanes en blanco y negro por TV ¡era mágico! Cuando fui por primera vez al Universitario, me impresionaron tres cosas: la velocidad del lanzamiento del pitcher, la inmensidad de la pizarra y Lezama. Otra mágica realidad…

Un terreno baldío muy empedrado -cerca de casa- era nuestro campo de béisbol, y también nuestro campo de los sueños. Tanto aprendíamos a lanzar, batear o atajar como recibir pelotazos del bote pronto de la pelota de spalding (en honor a Albert Spalding, creador de la dura esférica de cuero de caballo y único olor y costuras rojas), descocida de tanto morro (…). Luego, visitar el quiosco de José en la esquina, era un ritual.  Íbamos por sobres de barajitas de cartón [peloteros] o de Kool-Aid (que nos fiaba), terminando en una farmacia por curitas o un tarro de mercurio cromo. Nos defendíamos de la sed, el ocio o las heridas a solas ¡pero en equipo! Pololo, nuestra mascota-cacri (peludo a rabiar) ¡era nuestro guardaespaldas! 

A las duchas

Al llegar a casa después de una tarde muy sudada y mugrienta, el grito de guerra de mamá: «¿Dónde estabas metido que no te he visto hacer la tarea? Prepárate para comer porque a las siete comienza La Usurpadora”. Un poco antes de la telenovela llegaba papá de su consulta… Después de pelear con el portugués de la panadería, Joao (copeyano, calderista y magallanero, siendo papá adeco, romulero y caraquista), llegaba a casa con sus canillas de pan recién horneadas más un maletín de muestras médicas (que obsequiaba a sus pacientes, Joao incluido). La vida transcurría en vivo, pausadamente. Nada de Instagram, nada de Facebook. Ni Nintendo, ni Netflix. Nada fugaz…

Aprendimos a obedecer, a ir y a volver, con desprendimiento. Nunca supe la clave de aquella sana obediencia. Me enteré cuando papá se fue de esta vida. Su imagen llegando a casa bien trajeado, de corbata o bata blanca, con sus manos llenas de ilusión, trabajo, autoridad y tutela, me viene siempre a la cabeza. Y no se marcha, felizmente ¿Cómo no obedecer?

Entre sol, mar y fogatas, de sufrir a ser feliz, había un paso. Boris Cirulnik (por cierto único sobreviviente de su familia en el Holocausto) afirma que lo que alimenta la resiliencia es nuestra capacidad de olvidar lo malo y recordar lo bueno. Cambiar rencores por apegos, que es nostalgia, que es alegría de ir para volver… a esos recuerdos.

Inventaba historias…

Cuando era niño me gustaba correr, saltar o navegar. Un clásico ir de Camurí a Naiguatá empopado en una pequeña veleta en un mar picado y salvaje… Subir el Ávila desde Macuto al “teleférico amarillo”, era perderse entre cascadas, cocadas, uveros de playa, zapote y topo topo.  Al decir de aquella maravillosa canción de Delia (que casi gana el festival OTI 79) “(…) cuando era niño ¡me gustaba corretear con todos mis sueños por la arena de la mar; inventaba historias de una estrella que se hundió dentro de las olas de mis cuentos de ilusión”.

Jamás dejemos de ser niños porque es la historia de todas las alegrías por la que superamos todos los sufrimientos. Así vamos, suavemente, lentamente, ralentizando, atesorando apegos que es arraigo, que es pertenencia, que son cuentos de ilusión, que es resiliencia, ¡que nos hará libres!

Y volveremos…

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La otra historia..., por Orlando Viera-Blanco

Diógenes Escalante en 1945. Foto: Archivo Fotografía Urbana / Felipe Toro. En BBC Mundo

Lanza Suniaga su apología. Historia accidentada o agitada donde a cada alumbramiento evolutivo le precede otro “gallo” de la historia, con charreteras en las alas

 

@ovierablanco

Francisco Suniaga [1954] escritor, abogado e internacionalista, nativo de La Asunción, cuya cepa margariteña y caribe demuestra en el afán costumbrista de sus libros, al decir de Truman Capote, de ficción de no-ficción… Así lo exhibe en sus obra La otra isla [2005] y El pasajero de Truman [2009], donde nos presenta una Venezuela surrealista, entre magia, tragedia y suspenso; de personajes y hábitos que describen el país portátil [Adriano González León dixit], el que ha sido o el que no ha debido ser…

Leer a Suniaga me invita a una inmensa búsqueda. El uso inteligente de un callejón de nuestra historia como carnada. La insania súbita de Diógenes Escalante en El pasajero de Truman abre un bosque de reflexiones sobre el 28 de octubre de 1945. “Un ‘golpe de papel’ fue lo que ocurrió en 1945 con la reforma de la Constitución [1947], en un momento de la historia en el que el triunfo de los aliados le abría las puertas a la democracia en el mundo, bajo las promesas de la Carta del Atlántico y de las cuatro libertades del presidente Roosevelt”

Pasajeros somos todos…

Existen actores de las más diversas épocas que no llegaron a la silla presidencial. Hombres como Manuel Piar, Ezequiel Zamora, José Manuel “El Mocho” Hernández, Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios o Arturo Uslar Pietri. ¿Cuál hubiese sido nuestra historia? ¿Acaso distinta de la Venezuela a caballo de Manuel Caballero? No abogo ni censuro, pero sin duda otros episodios, otros desenlaces ¿sin pelea de gallos?

Sin el discurso de mar de fondo de Caldera, el chiripero o el famoso sobreseimiento, ¿la historia de hoy no sería otra…?

Diógenes Escalante, protagonista de El pasajero de Truman, fue tres veces candidato a la presidencia. En 1931, cuando la dictadura de Gómez registraba decadencia; en 1941 para sustituir a López  Contreras, pero se impuso Medina; y en 1945, visitado por Rómulo Betancourt y Raúl Leoni en Washington [donde era embajador y se hizo amigo de noches de jazz, buena comida y vino de Harry Truman, luego presidente de US], para ofrecerle la candidatura a la presidencia -post Medina-, lo cual aceptó.

Escalante prometió a Betancourt y Leoni una reforma constitucional donde se consagrará el voto universal, directo y secreto.

Propuesto como el hombre consenso entre militares y civiles, el destino le arrebata nuevamente la posibilidad de ser presidente. Una arteriosclerosis o esquizofrenia crónica que se evidencia en aquel delirio “de pillaje de sus camisas en el hotel Ávila” lo obliga a abandonar el cotejo.

El ministro de Medina, Ángel Biaggini, emerge como sustituto de Escalante, candidato a la presidencia del PDN, el partido de Medina y Uslar. Acción Democrática prefiere acoger la tesis transicional de candidato único elegido por los partidos políticos, propuesta por Betancourt, Leoni, Jesús Paz Galarraga, Gonzalo Barrios y Leonardo Ruiz Pineda. Se impone la junta cívico-militar del 45.

Vale la pena acotar que Germán Carrera Damas considera como “el 1.er año de la democracia venezolana” al periodo que va desde el 18 de octubre hasta finales de 1946.  El historiador sostiene que “la fundación de la Primera República liberal democrática representó el primer intento sistemático (revolución de 1945) de perfeccionar en la hoy Venezuela la abolición declarativa de la monarquía”. Pero el elemento militar subyace…

La Junta Revolucionaria de Gobierno quedó constituida por Rómulo Betancourt como presidente; el capitán Mario Vargas, el mayor Carlos Delgado Chalbaud, Luis Beltrán Prieto, Gonzalo Barrios y Edmundo Fernández. El mayor Pérez Jiménez declinó y con posterioridad sería elevado a la posición de jefe del Estado Mayor de las FFAA, donde prefirió dedicarse a la superación de los problemas denunciados por la UPM [Unión Patriótica Militar], que dio origen a la conspiración.

El apellido Escalante quedó en la historia como “la locura” que frenó una transición a una democracia estrictamente civilista. Escalante regresó a US en The Holy Cow [La Vaca Sagrada], un avión habilitado por Truman. Lanza Suniaga su apología. Historia accidentada o agitada donde a cada alumbramiento evolutivo le precede otro “gallo” de la historia con charreteras en las alas…

Una historia de civilidad convulsa

Vale recordar el discurso de Rómulo Betancourt en 17 de octubre de 1945 en el Nuevo Circo de Caracas:

“Nosotros somos un partido político que no está constituido por literatos diletantes ni por mosqueteros románticos. Somos un partido que se ha organizado para que este pueblo que está aquí congregado, para que el pueblo venezolano vaya al poder y nosotros con este pueblo a gobernar […] nos interesa para implantar y realizar un programa de salvación nacional”.

Subrayamos la convocatoria de participación popular que merecía el país en 1945 y se consagra en la constitución de 1947. Por primera vez en la historia republicana, la sociedad se logró organizar y participar de las decisiones y dirigir su rumbo como país. Pero con las herraduras debajo de las banderas democráticas…

Escalante natural de Queniquea, estado Táchira, acostumbrado a lidiar entre botas, civiles, andinos, capitalinos, partidos amarillos, blancos, rojos o verdes… no pudo ser el hombre que quizás bajaría a Venezuela del caballo. Sin duda, de haber sido presidente, la historia hubiese sido otra, ¿si acaso menos convulsa?

Luego de su imposibilidad mental, a Escalante se le pierde la pista en la mayoría de los libros de historia. Se sabe que falleció en Miami el 13 de noviembre de 1964.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Que coman pasteles..., por Orlando Viera-Blanco*

Cuando una sociedad permuta los linderos de la piedad por la futilidad, no es solo el régimen [que lo propicia] quien está en problemas. Lo estamos también los indiferentes, los impasibles

 

@ovierablanco

Cuenta la historia que María Antonieta, consorte del rey Luis XVI de Francia, en medio de su opulencia y extravagancia, preguntó a una doncella de palacio: ¿por qué tantos harapientos en las calles de París? ¡Porque están buscando pan para comer y mueren de hambre su majestad! respondió la damisela. Pues, qu’ils mangent de la brioche, (que coman pasteles) respondió la reina. 

Aunque se dice que María Antonieta jamás lo expresó, así lo reseña Jean Jaques Rousseau en su tratado Las confesiones de 1782. En todo caso una respuesta de los ilustradores a la frivolidad de Versalles en una época de inmensos contrastes entre una vida arrojada entre jardines y nobleza vs. la trata inmisericorde de los siervos. Venezuela, a 231 años de la Revolución francesa, atraviesa su propia versión de versallinos vs. miserables. 

Una mácula llamada apariencia

Venezuela ha entrado en una espiral de aparente normalización. Una mota muy delicada, por banal e ilusoria. Sin dejar de reconocer el derecho a vivir una vida normal y alegre, propia de la naturaleza humana, más por haberla sudado con honestidad y después de mucha inestabilidad. Otros se exhiben buchones y embriagados de lujos, descaradamente faustos, por emanar tal holgura de una expoliación sin precedentes a los tesoros de la nación.

Una clase celestina se emborracha de una dolarización desatada y provocada por un régimen que pulverizó nuestro bolívar como signo monetario. Sin productividad y con una inflación incontenible e inmanejable, la decisión fue jugar a una economía golondrina, insubstancial, lisonjera, que ha disparado una vida encapsulada de mil y una noches, de Humboldt, Ferraris y “VIP Club”. Un microcosmos ciclópeo y cleptócrata que lanza una bofetada a una Venezuela mayoritariamente mísera (95 %), donde al menos 10 millones de venezolanos están por debajo de los umbrales proteicos según informes de la OMS.

Entretanto un Estado ausente de un plan de vacunación serio -que al ritmo que va tardaría 50 años en vacunar a la población- deja correr una política de laissez faire, laissez passer; un sálvese quien pueda en tierra sodomizada, donde unos se contagian de COVID-19 en sus rumbas enchufadas, mientras otros se infectan en los vagones de un metro atiborrado. Dos venezuelas, donde una muere de mengua y otra embriagada de una falsa revolución. Pues qu’ils mangent de la brioche [que coman pasteles]. Una maca de frivolidad y apariencia donde al desposeído ni lo ignoro….

Esa Venezuela de fachada, bodegones y escoltas en coches blindados es la que le hace la corte al rey. Una dinámica muy perversa, fatua, ficticia, que abruma sobre una economía soterrada, corsaria y corrupta. Un circuito de dinero sucio que se mezcla con remesas legítimas y tapaderas, donde el valor del emprendimiento, el trabajo productivo y competitivo es despreciado.

La otra Venezuela muere o se marcha a solas. Cuidado con desprendernos del dolor compartido. Unos pocos privilegiados con dinero fácil generan un hábitat florentino, aterciopelado, de noches estrelladas y de góndolas venecianas, que nada sabe ni les importa la Venezuela triste, adolorida y desolada, que pare niños con hidrocefalia de vientres rotos y secos. Rescato de este grupo de corsarios, a venezolanos honestos que repatrian sus ahorros bien habidos y que tiene derecho a tener una vida normal. Pero lamentablemente, cuidémonos de la banalización del mal, que es lo más cercano a la ignorancia deliberada, es decir, “eso de morir o emigrar, no es mi problema”. 

Una Venezuela que se marcha, que bebe de cloacas y come desechos, no puede ser ignorada.

Una Venezuela humillada que ve a sus hijos reclutados por el Coqui, que sufre a sus niños desertando de sus escuelas, a pies descalzos y barriga vacía mientras ve a otros comer, beber, cantar y bailar felizmente, es una Venezuela que sigue acumulando profundos resentimientos. Cuidado con poner de lado nuestra vocación de contrición y propósito de enmienda, que es exhibir y practicar clemencia. Esa Venezuela de desigualdades y diferencias insalvables como nunca vistas en el pasado, no puede coexistir, pero tampoco levantarse.

La explosión no será social. Será criminal 

La anomia es un fenómeno muy fuerte y peligroso. La carencia de valores éticos piadosos en una sociedad conduce a una crueldad sin distinción. Las memorias de la humanidad dan cuenta de las luchas del hombre por su estómago, pero también por su dignidad. Las masas de pronto estallan más por humilladas que por hambreadas. El asunto es que el hombre en ayuno busca saciarse, mientras que el humillado busca venganza. Piense por un segundo qué siente un venezolano despojado de alimento, pero también de afecto, cuando ve a otro que ni le mira ni le siente. De la anomia a la hoz hay un pie. Montado en ese “reflujo histórico” es que Karl Marx -prusiano acomodado y bien estudiado en la Universidad de Bonn y en la de Humboldt de Berlín-escribió el Manifiesto del Partido Comunista [en coautoría con Engels] y su Capital

Cuando una sociedad permuta los linderos de la piedad por la futilidad, no es solo el régimen [que lo propicia] quien está en problemas. Lo estamos también los indiferentes, los impasibles. Una generación súbita, espontánea, que solo se ve a sí misma… ¡Como María Antonieta en el Salón de los Espejos! El que tiene ojos…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La paz es tarea de todos, por Orlando Viera-Blanco*
Somos embajadores de la esperanza, de la libertad, de los DDHH; pero, fundamentalmente, también somos embajadores del gentilicio y la dignidad de nuestro pueblo

 

@ovierablanco

La actividad diplomática desarrollada por nuestros embajadores designados en Europa es muy importante y trascendental con miras al reforzamiento de nuestras alianzas, defensa de los DD. HH. y búsqueda a soluciones pacíficas a nuestra crisis.

Foros como la Unión Europea, el Parlamento Europeo, Parlamentos Nacionales; CPI (Corte Penal Internacional); cancillerías, Naciones Unidas; Misiones Independientes de DD. HH., Salud y Alimentos de NNUU; Altos Comisionados de DD. HH. y de Refugiados (ACNUDH y ACNUR); Consejo de DD. HH.; cuerpos diplomáticos acreditados y ONG pro-defensa de los DD. HH., nuestra soberanía e identidad, son algunos de los espacios en los cuales nuestros representantes diplomáticos gestionan infatigablemente.

Desde la Península a la antigua Grecia y Australia

La labor de nuestro embajador designado en España, Antonio Ecarri, es estelar. Lidiar con más de 400.000 venezolanos en la península pasa por manejar asuntos de permanencia, estabilidad migratoria, asilo, certificaciones, validación de licencias, derecho de identidad (extensión de vigencia de pasaportes), más ir de puntillas en lo político y diplomático. Ecarri, un político carabobeño experimentado y de vieja escuela adeca, ha sabido equilibrar fuerzas y alianzas en un continente que no exhibe posiciones unánimes con nuestra causa restauradora.

Representantes como Mary Aponte en Bélgica, Carmen Aldinguide en Andorra, Isaac Salama en Países Bajos e Isadora Zubillaga en Francia, han librado importantes desafíos en el terreno de la justicia penal internacional, realizando un trabajo muy profesional con comisiones en materia de DD. HH., refugiados, rescate institucional y ayuda humanitaria. En ellos ha recaído el peso compartido con el cuerpo diplomático europeo, atendiendo a la diáspora más el Parlamento Europeo, la CPI o la UE.

Que el presidente de Francia, Emmanuel Macron reciba a Juan Guaidó y predique por nuestra libertad y la paz de Venezuela, viene acompañado de una intensa labor diplomática. 

Nuestra representante Estefanía Meléndez en Bulgaria y otras naciones concurrentes, Enrique Alvarado en Hungría y Mario Massone en Rumanía, también han ejecutado una representación muy digna y notoria en materia de inteligencia, acercamiento cultural, actividades con nuestra diáspora, defensa de DD. HH., divulgación y alertas (información verificable) sobre la realidad humanitaria, migratoria y geopolítica en Venezuela. En esa línea destacamos la actuación diplomática de William Dávila en Austria y otros países concurrentes; Felipe Sotbi en Malta y Eduardo Massieu en Grecia, quienes, de manera honesta, sustentable y seria, mantienen una representación cercana con las autoridades de gobierno de esas naciones.

Otto Gebauer en Alemania, Enrique Terhorst, en Dinamarca y José Cots en Portugal han cumplido una extraordinaria agenda diplomática en los países in officium. La primera ministra de Alemania, Ángela Merkel, ha reconocido la lucha del presidente Juan Guaidó por el rescate de la democracia en Venezuela. Alemania apuesta al retorno de nuestra gente y sabe lo que significa una migración incontenible. Portugal y Dinamarca exhiben en Europa una narrativa solidaria con la paz y la justicia internacional, que pasa por poner fin a la crisis política, social y humanitaria en Venezuela al menor costo humano y político. Terhorst, Gebauer y Cost se hacen eco.

Otro ejemplo de apoyo internacional fue el recibido recientemente por el parlamento y PM de Suecia, donde gestiona nuestro representante León Poblete. Por su parte, el representante diplomático en Marruecos, José Ignacio “Chato” Guedez, ha acercado eficientemente el resto del continente africano a nuestra causa. Alejandro Martínez como representante en Australia y Angelina Jaffe designada ante Luxemburgo, igualmente han aportado sus esfuerzos en áreas de justicia penal internacional y organización del trabajo.

Desde la península pasando por la antigua Grecia hasta el continente austral, Venezuela cuenta con una voz democrática, humanitaria y libertaria. Que mantiene viva la lucha por el regreso a la normalidad de un país muy sufrido y devastado, que concede una sonrisa, buena cara y un abrazo aun ante la adversidad. A fin de cuenta, “la paz comienza con una sonrisa” decía la Madre Teresa de Calcuta. 

No imploramos reconocimiento. Solo paz, respeto y libertad

Los embajadores designados por la AN y por el presidente Juan Guaidó hemos cumplido una misión diplomática más allá de lo convencional. Somos embajadores de la esperanza, de la libertad, de los DD. HH., pero fundamental, somos embajadores del gentilicio y la dignidad de nuestro pueblo.

El mundo debe reconocernos como una nación pacífica, cuya última confrontación civil fue la II Batalla de La Victoria de Matos y Mendoza contra Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1903. Un siglo de paz después, el país fue asaltado por un rey de bastos que no representa nuestra esencia cultural. Esto le decimos a América, Europa y al resto del mundo. Los embajadores designados por el presidente interino Juan Guaidó somos constructores de puentes, no de muros; de paz, no de guerras. Ayúdennos en consecuencia, a hacer la paz en nuestro pueblo, acabando con las injusticias, la opresión y los desequilibrios de nuestra tierra.

Juan Pablo II sentenció que la paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea de todos; a lo que Juan Luis Vives agregó: “la primera condición para la paz es la voluntad para lograrla”. Obremos voluntariamente…

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Un árbol llamado libertad, por Orlando Viera-Blanco*
Un ejemplo que ha dado al mundo un cuerpo diplomático con muchas carencias pero pleno de sentimiento, se ha convertido en un pilar de inspiración y compromiso de los cuerpos diplomáticos de nuestros aliados

 

@ovierablanco

Recientemente entrevisté en nuestro programa dominical Enfoque Global, a nuestra embajadora designada en Brasil, María Teresa Belandria. Fue buena la ocasión para conocer su experiencia diplomática en un país que es un continente, y sus inmensos esfuerzos (al igual que el resto del cuerpo diplomático) para cumplir responsabilidades consulares, diplomáticas y humanitarias. Experiencias muy especiales que evidencian elevadísimos sentimientos y virtudes.

Atravesando un continente

Lo primero que destaca la embajadora Belandria es su gratitud con las autoridades y el pueblo de Brasil. “Brasil es una nación muy generosa y amable, acostumbrada a recibir migrantes de todas partes del mundo. Son gente cariñosa, decente y abierta, por lo que afortunadamente en Brasil no registramos casos de xenofobia”.

En los estados de Roraima y Amazonas -fronterizo con Venezuela- existen campos de refugio que albergan hasta a 50.000 venezolanos. Viajar desde Brasilia -la capital- supone más de tres horas de vuelo. Sin recursos para cubrir gastos y logística, el cuerpo diplomático del presidente Guaidó atiende encuentros donde está nuestra diáspora. La recompensa es extraordinaria. Tanto damos acompañamiento a nuestra gente como nos devuelven sus abrazos entre lágrimas y sonrisas. Una diplomacia no convencional -de un país expatriado- cuya tarea es ver a los ojos a nuestros necesitados y llevarles esperanza y protección.

En Brasil hay unos 350.000 venezolanos acogidos de forma cálida y ordenada por el coloso del Sur. El Plan ACOGIDA ha dado a nuestros migrantes identidad, que le da derecho a trabajar, asistencia médica, educación e incluso beneficios por paro forzoso, como lo fue el caso de la COVID-19. La misión diplomática en Brasilia ha tramitado más de 5.000 requerimientos consulares; ha reforzado el impulso de la ayuda humanitaria, atendido a nuestros refugiados, coordinado suministros de alimentos y medicinas e incluso participado en programas de donación de plasma por la COVID-19.

Me gusta compartir estas experiencias… Sin sede, despacho, ni presupuesto el empeño diplomático no decae. Y, por el contrario, brota el compromiso y la solidaridad por nuestra gente, ¡haciendo, de un abedul, montañas!

Embajadores de la luz

La labor del embajador Carlos Scul en Perú es realmente heroica y valiente. Lidiar con episodios de xenofobia, discriminación y penurias de nuestros migrantes, después de largas caminatas, exige mucha tolerancia, comprensión y firmeza. Desde Lima a Cusco, Arequipa o Trujillo, nuestros viajeros y refugiados libran difíciles batallas; cruzando la cordillera andina, la selva amazonas y peligros inesperados, camino además hacia Colombia, Panamá, Ecuador, Chile, Paraguay, Uruguay o Argentina. Si lo logran el reto será la adaptación a otras culturas, y sobrevivir. Esta es la realidad que encara nuestra representación diplomática en Latinoamérica. Una situación difícil donde el mejor gesto contra el desplazamiento es la unidad y la conmiseración tanto de las autoridades de la subregión como la fraternidad de su pueblo. Pero también de los venezolanos.

Esa también ha sido la labor titánica de Elisa Trotta en Argentina, Guarequena Gutiérrez y Carlos Millán en Chile, Fabiola Zabarce en Panamá, María Farías en Costa Rica, María Teresa Romero en Guatemala, Héctor Quintero en Ecuador, Claudio Sandoval en Honduras, David Olson en Paraguay, Reinaldo Díaz en México, ‪Tomás Guanipa en Colombia; Eusebio Carlino Linares en República Dominicana, Rafael Domínguez en el Caribe, Carlos Millán en Chile, Carlos Vecchio en US, Gustavo Tarre Briceño ante la OEA, Miguel Pizarro en NNUU.

Una fiel demostración de la Venezuela preparada, honesta, comprometida, decente, de buen corazón que, contando con un voluntariado, un teléfono, un ordenador, un escudo y una bandera, hemos podido darle representación, socorro y orientación -que es dignidad- a nuestra gente en el mundo. Capítulo aparte, igualmente meritorio, merecen nuestros representantes en Europa. A ellos me referiré en una nueva entrega.

Compartir estas honrosas y nobles experiencias no pretende más que elevar nuestra autoestima grupal y nuestra resiliencia, rescatando el prístino sentido de nuestro plasma cultural.

Venezuela representada en el cuerpo diplomático designado por el presidente [e] Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, es la que palpita libertad, paz, justicia y democracia.

Y además, confianza y amistad. No en un plano idílico sino sudado con sangre, honor y lágrimas, por la Venezuela que viene y anhelamos.

Marcel Proust decía que la esperanza es tratar de mantener un trozo de cielo azul encima de la cabeza. Nuestro querido Jacobo Borges una vez me dijo que la esperanza es el sueño de los que se mantienen bien despiertos. Esa esperanza nos ayuda ver más allá del mal momento, de las tormentas, siendo que el que vive con ella [esperanza], muere de sentimiento. Ese es nuestro bastión: visualizar la Venezuela posible, próspera, sana y justa, después de la tempestad… 

El ejemplo que ha dado al mundo un cuerpo diplomático con muchas carencias pero pleno de sentimiento, se ha convertido en un pilar de inspiración y compromiso de los cuerpos diplomáticos de nuestros aliados. En esa misión también reposa el pulmón que hará florecer un árbol llamado libertad.

* Embajador de Venezuela en Canadá

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es