Víctor Salmerón, autor en Runrun

Víctor Salmerón

Venezuela: el desplome del microcrédito acrecienta la exclusión
El país permanece al margen del auge de las Fintech en Latinoamérica y necesita reformas que impulsen la inclusión financiera

@vsalmeron

Cuando necesitó un repuesto para reparar el taxi que le mantiene a flote, Ricardo Montilla recurrió “al bolso”: se juntó con nueve amigos y cada uno depositó 20 dólares a la semana durante diez semanas. Cada semana, por sorteo, se decidió cuál de ellos disponía de los 200 dólares en el bolso. Solo es posible ganar una vez.

 “Gané en la segunda semana, así conseguí el dinero. Este sistema se usa mucho en el barrio, para ayudarnos, porque no hay crédito” dice Ricardo Montilla quien vive en Las Minitas, una zona de bajos ingresos al este de Caracas.

La hiperinflación pulverizó los préstamos que los bancos especializados en microfinanzas otorgan a dueños de pequeñas bodegas, transportistas o vendedores de vestido y calzado en los barrios de bajos ingresos.

El caso de Bangente, un banco dedicado a la base de la pirámide, es emblemático: en 2014 el monto promedio de sus créditos equivalía a 224 dólares. Al cierre de 2017, tras el hundimiento de la moneda, el promedio equivalía a 5,6 dólares y la cartera de clientes se esfumó junto a la mayor parte del patrimonio.

En noviembre de 2014, antes de que comenzara la recesión y el ascenso de la inflación, los préstamos de la banca especializada en microfinanzas equivalían, al dólar libre de la época, a 83 millones.

Al cierre de noviembre de 2021 el total de préstamos de los bancos especializados en microfinanzas que continúan activos, Bancrecer y Mi Banco, apenas equivale a 3,9 millones de dólares.

Morir de sed

Durante años las normas obligaron a la banca tradicional a otorgar microcréditos, pero mayoritariamente los bancos evitaron los sectores de bajos ingresos y cumplieron mediante préstamos a empresas medianas o profesionales independientes como abogados y odontólogos.

 Actualmente el crédito es ínfimo para todos los estratos. Para ayudar a la estabilidad del tipo de cambio, el gobierno quiere que haya pocos bolívares que puedan utilizarse para la compra de dólares y obliga a los bancos a congelar más de dos tercios del dinero que gestionan.

 La banca tradicional incluye en sus balances “créditos a microempresarios”, mayoritariamente fuera de la base de la pirámide, que en total al cierre de noviembre de este año solo representan 8,4 millones de dólares, una cifra enana.

 Aparte del “bolso” la opción en las zonas populares son prestamistas informales que exigen tasas mensuales de 20% en dólares o sobrevivir con un emprendimiento que reporta muy poco, que en realidad, es la única opción ante la falta de un empleo formal.

 Irene Contreras, quien tiene una pequeña bodega que funciona en su propia casa, en la que vende galletas, refrescos, jugos y harina precocida explica que “cada semana me ingresan alrededor de 150 dólares, pero prácticamente todo se va en reponer mercancía, la ganancia es mínima”.

 “Si tuviera crédito podría aumentar la mercancía, vender más”, agrega.

Lejos de Latinoamérica

Mientras en Venezuela el financiamiento a las pequeñas empresas y personas de bajos ingresos se seca, en el resto de Latinoamérica el crédito se expande de la mano de las Fintech, empresas que utilizan nuevas tecnologías para incursionar en el mercado bancario y aumentar la inclusión financiera.

Históricamente el microcrédito avanzó lentamente por lo costoso que resulta medir el riesgo. Un ejército de analistas tenía que visitar, asesorar y recopilar datos de empresas y personas con poca o ninguna documentación. 

Ahora, las Fintech utilizan big data para analizar grandes volúmenes de datos provenientes de distintas fuentes y machine learning para desarrollar patrones y automatizar la aprobación de créditos. El dinero proviene de fondos de inversionistas locales y extranjeros como Softbank o Kaszek.

Fintech como Zinobe en Colombia, Ualá en Argentina o SuperSim en Brasil son ejemplos de estos nuevos actores financieros. Entre el segundo y el tercer trimestre de 2021 la inversión en las Fintech latinoamericanas, que no solo incluye microfinanzas, sumó 8.600 millones de dólares de acuerdo con CB Insights. 

Zinobe otorga créditos al consumo y a pequeñas empresas. Los préstamos al consumo son de cien dólares, a plazos de dos meses y tasas que están por debajo de lo que en Colombia se denomina la tasa de usura, que funciona como un techo para los intereses a cobrar.

 “Estamos conectados a una cantidad de base de datos y nuestro modelo en 18 segundos hace el análisis de crédito. Si es aprobado, en dos horas el dinero está en la cuenta del cliente”, dice Nelson Ortiz director de finanzas de Zinobe.

 Este sistema complementa la información del buró de crédito que registra la historia crediticia de las personas y las empresas. “El 60% de las personas a las que les prestamos nunca han tenido un crédito en su vida o tienen un score negativo en el buró de crédito”, dice Nelson Ortiz.

 Explica que “con la cédula de la persona y acceso a datos de la seguridad social, nuestros sistemas calculan variables implícitas como el salario. Otra fuente es la localización. Con el machine learning se puede calcular la probabilidad de que alguien que viva en determinada zona de Bogotá no pague el crédito”.

 “También contamos con una herramienta de Digital Footprint que nos indica si el equipo desde el que se conecta la persona es caro o no. Nuestra cartera de crédito suma unos 20 millones de dólares y la tasa de morosidad de nuestro crédito al consumo está entre 5% y 6% cuando el promedio en Colombia es entre 7% y 8%”.

Cómo renacer

Juan Uslar, expresidente de Bangente, considera que asumiendo que Venezuela alcance la estabilidad en variables clave como la inflación y el crecimiento, es posible plantearse una serie de reformas para impulsar la inclusión financiera.

 “Es perfectamente posible una política pública que extienda rentablemente los medios de pago, de ahorro, crédito y seguros a millones de personas. Un aspecto clave es permitir el acceso a nuevos jugadores, por ejemplo, empresas tecnológicas y probablemente de telecomunicaciones poseedoras de grandes bases de datos”, dice Juan Uslar.

 “Se trata de crear ambientes propicios al desarrollo de ecosistemas financieros que le abran las puertas a la innovación para que las pequeñas empresas puedan desarrollarse y competir sanamente”, agrega.

 “Un entorno regulatorio que permita que nuevos esquemas y modelos comerciales de negocios financieros puedan ser probados antes de ser regulados. Esto es lo que se denomina actualmente como cajas de arena de regulación (regulatory sandboxes) donde se puede “jugar” con las alternativas hasta llegar a modelos sostenibles”, explica Juan Uslar.

 “Contar con un buró de crédito, normar el acceso a la data, desarrollar la capacidad financiera de los clientes, acercar los servicios financieros a la gente en los lugares donde vive, extender la cobertura de los seguros, estas son cosas fundamentales de una política de inclusión financiera”, señala.

 Finanzas de cromañón

Por ahora nada indica que Venezuela camina hacia la modernidad. Consciente de la falta de financiamiento, el gobierno de Nicolás Maduro comenzó a hacer un “registro de emprendedores” y el 15 de enero hizo un llamado a los bancos para que aumenten el crédito.

 “Vamos a una expansión del crédito, financiamiento y de apoyo a los emprendimientos del país, Llamo a la banca pública, privada a poner el ojo sobre el emprendimiento”, dijo Maduro. 

 No están planteadas reformas profundas, a lo sumo, tratar de revivir el esquema sepultado por la hiperinflación y la recesión.

El drástico ajuste con el que Maduro reduce la inflación
El gobierno aplica una severa contracción del gasto que impacta a trabajadores y pensionados. A un alto costo el país se encamina a salir de la hiperinflación. El intento por preservar al bolívar choca con el avance de la dolarización

@VSalmeron

Durante cuatro años los venezolanos han permanecido en el túnel de la hiperinflación, sufriendo un meteórico ascenso de los precios. Pero en los últimos once meses hubo un cambio de intensidad, los precios suben a un ritmo más lento, bajo el riguroso ajuste que aplica la administración de Nicolás Maduro.

 Desde septiembre la inflación mensual se desaceleró a un dígito y si bien el resultado anual seguirá siendo muy elevado -se estima en alrededor de 800%-culminará muy por debajo del 2.959% de 2020.

 Para el próximo año la mayoría de las consultoras y entidades financieras esperan que continúe la tendencia al declive. Ecoanalítica, por ejemplo, proyecta un alza de 246% que sería la inflación más baja desde 2015.

 Uno de los criterios más aceptados por la academia para diagnosticar el comienzo y el final de la hiperinflación es el elaborado por Phillip Cagan en 1956, según el cual un país sufre hiperinflación cuando la inflación alcanza 50% en un mes y culmina cuando en doce meses no ha habido otro mes de 50%. 

  Bajo este criterio, en el primer trimestre del próximo año el gobierno podrá anunciar formalmente el fin de la hiperinflación. Un método más moderno, como el de los economistas Carmen Reinhard y Kenneth Rogoff, considera que hay hiperinflación cuando la inflación experimenta una tasa anual de 500%. 

 Todo indica que según esta métrica la hiperinflación también culminará en 2022.

 Secar la economía

 El gobierno, bajo la asesoría del exministro de finanzas de Ecuador Patricio Rivera, aplica un ajuste que disminuye la cantidad de dinero en la economía mediante una severa contracción del gasto público y la asfixia del crédito bancario.

 Además, la estrategia se ha centrado en estabilizar la cotización del dólar con la venta de divisas provenientes de la mejoría en las exportaciones petroleras. Al mismo tiempo, parte del gasto del gobierno se ejecuta directamente en dólares.

 “Con la llegada del asesor ecuatoriano el Banco Central disminuyó la creación de dinero para cubrir gasto del gobierno y la disciplina se mantuvo incluso durante la campaña electoral para las elecciones de gobernadores en noviembre de este año”, dice un técnico del Banco Central.

El costo social

La austeridad, si bien ha permitido desacelerar la inflación, tiene un impacto enorme en la masa de venezolanos que dependen directamente del Estado. El recorte de gasto lo padecen cinco millones de ancianos con pensiones que equivalen a un dólar y medio al mes.

Para aliviar el impacto el gobierno reparte cajas de comida a las personas de bajos ingresos, pero principalmente se trata de carbohidratos y granos.

 Gladys Requena tiene 77 años y es jubilada. Explica que “ahora raras veces como carne, pollo o pescado. Mi dieta es a base de arepas, arroz y granos como caraotas o garbanzos”.

  El gobierno asigna bonos mensuales a las familias de menos recursos, pero en medio de la austeridad se trata de montos insignificantes que no alivian la pobreza: el bono para un hogar promedio de cuatro integrantes equivale a 1,3 dólares.

 Los trabajadores del sector público son otra muestra del impacto del recorte en el gasto. El salario promedio es de apenas doce dólares mensuales, de acuerdo a la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2021 realizada por la Universidad Católica Andrés Bello.

 Como estrategia de sobrevivencia una cantidad relevante de trabajadores se dedicó al empleo por cuenta propia en actividades que van desde vender comida o puestos de buhonería y, en los casos más afortunados, técnicos y profesionales que ejerce su profesión de manera privada.

 La sociólogo María Gabriela Ponce, quien forma parte del equipo que realiza la Encovi, explica que “solo 59% de los trabajadores que tenía el sector público antes de la pandemia continúan en este sector, la mayoría se fue al trabajo por cuenta propia y eso está muy ligado a las bajas remuneraciones”.

 El economista Demetrio Marotta, quien trabaja en la elaboración de la Encovi, explica que el número de trabajadores en el sector público ha disminuido en aproximadamente dos millones de personas y de representar 34% del total de ocupados en 2014 bajó a 20% en 2021.

Sin crédito

Junto al recorte de gasto el gobierno tiene como estrategia estabilizar la cotización del dólar porque tiene impacto en una economía que lo emplea como medio de pago, así como para calcular precios y costos de reposición.

  Para estabilizar el dólar el gobierno reduce los bolívares en la economía. La estrategia se resume en que, sin bolívares, no es posible comprar dólares y esto ayuda a enfriar el mercado cambiario.

 Para reducir los bolívares en circulación el Banco Central obliga a los bancos a inmovilizar 85% de los depósitos y prácticamente no hay crédito para las empresas y los hogares.

 La consecuencia es que la falta de financiamiento limita la recuperación de una economía que acumula ocho años en recesión.

  La estrategia para estabilizar al dólar también incluye el aumento de la oferta de divisas mediante la venta de dólares en efectivo a través de los bancos. Además, empresas públicas como Pdvsa comenzaron a pagar a sus proveedores con dólares, a fin de disminuir la demanda en el mercado cambiario.

 Gracias a esta política el tipo de cambio se ha mantenido con mínimas variaciones en el último trimestre. La mayoría de las proyecciones de bancos y consultoras pronosticaron que el dólar cerraría este año con un precio de 15 bolívares, pero actualmente se ubica en 4,6 bolívares y todo indica que podría cerrar en 5 bolívares.

Pasó el autobús

El despiadado ajuste del gobierno se centra en disminuir la cantidad de bolívares, pero una porción muy importante de la economía venezolana se mueve en dólares porque en medio de la hiperinflación la moneda estadounidense comenzó a utilizarse para fijar precios y pagar en la mayoría de las transacciones.

 Según Ecoanalítica, dos tercios de las transacciones en centros urbanos se hacen en dólares, los depósitos en dólares en la banca representan la mitad del total y la liquidez en dólares en efectivo es seis veces más alta que la liquidez en bolívares.

 El economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Daniel Cadenas, considera que el gobierno aplica una ajuste a destiempo. “Es posible que crean que estabilizando el tipo de cambio y controlando la inflación en bolívares pueden recuperar el bolívar, pero una vez la dolarización se instala es muy difícil de revertir”.

 “Se cree que las políticas económicas son buenas independientemente de cuándo las apliques y el autobús para este tipo de medidas pasó en 2017”, agrega.

 Desde su punto de vista “vamos a una economía en bolívares cada vez más pequeña, aunque una gran cantidad de personas dependan de ella. La tasa de inflación que reporta el Banco Central cada día dice menos a los agentes económicos”.

 La dinámica de precios en dólares tiene sus particularidades. La consultora Dinámica Venezuela precisa que el costo en dólares de la canasta de bienes y servicios que utiliza el Banco Central para calcular la inflación aumentó 90% entre septiembre de 2020 y septiembre de este año.

 Economistas coinciden en que la causa principal de la pérdida de capacidad de compra de los billetes verdinegros en Venezuela es que mientras los precios escalan rápidamente por la inflación, la cotización del dólar sube a menor velocidad.

El freno

Banqueros consulados explican que un paso que ayudaría a impulsar el crecimiento de la economía es permitir los créditos en dólares y la movilidad de los depósitos: actualmente no hay interconexión entre los bancos y no es posible transferir dólares de un banco a otro.

 No obstante, por ahora, esta posibilidad luce lejana. La semana pasada la vicepresidenta Delcy Rodríguez afirmó que “los mismos que promovieron y articulan el bloqueo genocida (…) han defendido y promovido que Venezuela se dolarice en su sistema financiero. Sería el peor error histórico que acometiera nuestra República”.

 

La economía tocó fondo: ¿Cuáles son las perspectivas para 2022?
Venezuela se encuentra lejos de un ciclo de expansión, pero tras una inmersión profunda y prolongada al fin hay un cambio en la tendencia

En los últimos ocho años los venezolanos han padecido la mayor catástrofe en la historia contemporánea de América Latina. La economía se redujo a la cuarta parte, la inflación desintegró a la moneda y la pobreza se multiplicó; pero al fin hay un giro en la tendencia: la mayoría de las proyecciones apuntan a crecimiento en 2022.

 El informe de Latin Focus indica que, en promedio, las proyecciones de veinte consultoras y entidades financieras esperan que el próximo año la economía crezca 3,8%. Ecoanalítica, por ejemplo, calcula un alza de 6,9%, Síntesis Financiera 5%, Credit Suisse 4,5% y Dinámica Venezuela 2,6%.

 Tras una inmersión profunda y prolongada crecer a estas tasas es ínfimo, similar a quien se precipita desde el piso cien a la planta baja y luego sube al piso uno; pero tocar fondo marca un punto de inflexión. 

 “Pasamos de una economía que cae a una que se estabiliza en el foso y en las condiciones en que está Venezuela, económicas, políticas y sociales, esto es un punto para celebrar”, dice Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica.

El pragmatismo

Con las manos vacías tras la debacle de la producción petrolera, sin financiamiento y bajo el impacto de las sanciones de Estados Unidos, la administración de Nicolás Maduro se alejó del Socialismo del Siglo XXI y cedió espacios al sector privado.

 Si bien las leyes para asfixiar al mercado siguen vigentes, en la práctica las empresas tienen libertad para fijar precios, no hay barreras a las importaciones y el dólar circula libremente al punto que desplazó al bolívar y se emplea en la mayoría de las transacciones comerciales.

 El uso del dólar, que ya representa la mitad de los depósitos en la banca, alentó un cambio de expectativas respecto al alza de los precios y ayudó a desacelerar la inflación. Al mismo tiempo, oxigenó el ingreso de una capa de la población.

 El consumo comenzó a recibir el impulso de las remesas, el comercio a nivel de minoristas despertó y exportaciones de productos como ron, cacao y camarones iniciaron el ascenso.

 La economía subterránea también forma parte de la nueva Venezuela. El dinero proveniente de contrabando de oro y gasolina, narcotráfico y extorsión es difícil de cuantificar, pero es la única explicación para las ventas de algunos sectores.

 “Muchas empresas no entienden cómo tienen niveles de consumo con los salarios que existen actualmente. Un factor a considerar es la economía negra, en Ecoanalítica calculamos que solo en 2020 por esta vía fluyeron ocho mil millones de dólares”, dice Asdrúbal Oliveros. 

El ajuste de Patricio

El gobierno, asesorado por el exministro de finanzas de Ecuador, Patricio Rivera, implementó un severo ajuste para frenar la inflación que incluyó recorte del gasto público –sobre todo en salarios, pensiones e infraestructura-, reducción al mínimo del crédito bancario y oferta de dólares para estabilizar el tipo de cambio.

 Gracias a la ayuda de aliados como Rusia, Irán y China la administración de Nicolás Maduro logró disminuir el impacto de las sanciones de Estados Unidos, a la vez que elevó la producción de petróleo y aumentó el ingreso por distintas vías como exportaciones de chatarra, ventas de oro y el minado de criptomonedas.

En este entorno, la caída de la economía y el alza de los precios perdieron velocidad en 2021, dejando al país a las puertas de un punto de inflexión. 

 Tras hundimientos del PIB a tasas de 20%, este año Ecoanalítica espera un declive de 0,5%. La inflación, que en 2020 escaló 2.959%, se desaceleró y firmas como Macroconsultores esperan que cierre este año en torno a 800%. 

 Para 2022, si bien seguirá siendo elevada, las proyecciones contemplan una nueva desaceleración: Ecoanalítica espera un resultado anual de 246%, Moodys Analytics 253% y Fitch Solutions 369%.

 Los ganadores

Las familias destinan más de dos tercios del ingreso a la compra de alimentos básicos, medicamentos y productos de cuidado personal; por lo tanto, estos tres sectores son los que en mayor medida pueden aprovechar la bocanada de oxígeno del próximo año.

 Empresas de tecnología, como las que ofrecen internet satelital en un país donde la principal empresa de telecomunicaciones colapsó en manos del Estado, también cuentan con el viento a favor.

 Los profesionales y técnicos que trabajan por cuenta propia se han beneficiado de la dolarización y elevan sus ingresos, convirtiéndose en un nicho que, junto a quienes reciben remesas, impulsan el consumo.

 “Actualmente, estoy cobrando cuarenta dólares a cada paciente que atiendo, hace dos años el equivalente era de diez dólares”, dice el fisioterapeuta Carlos Guzmán.

 El comercio, alentado por las importaciones y mayor consumo en algunas capas de la población, también figura entre las áreas que pueden mejorar su desempeño en 2022.

 Asdrúbal Oliveros considera que los tres sectores con mejores perspectivas son “salud, alimentos y el comercio minorista. Luego, cuidado personal, tecnología y servicios profesionales”.

El nuevo orden

Tras el colapso del socialismo del siglo XXI emerge una sociedad despiadada y contrastante. Quienes suben al tren de la nueva economía disfrutan de las tiendas repletas de productos importados y restaurantes de lujo mientras que la mayoría mira desde la orilla del empobrecimiento.

 El recorte en el gasto del Estado es de tal magnitud que cinco millones de ancianos reciben una pensión simbólica equivalente a dos dólares mensuales, los hospitales públicos carecen de insumos, las universidades colapsan y la falta de inversión en las empresas estatales deriva en constantes fallas de electricidad, agua e internet.

 La Encuesta de Condiciones de Vida 2021 (Encovi), elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, determinó que 65% de los hogares sufren pobreza multidimensional y padecen una o más de estas privaciones: viviendas inadecuadas, inasistencia escolar, hacinamiento crítico, subempleo e ingresos insuficientes.

 Los profesores de las universidades públicas son el emblema de la clase media proletaria. De acuerdo al Observatorio de Universidades, el salario para el máximo escalafón equivale a once dólares mensuales. Siete de cada diez realizan labores extra para sobrevivir y el resto no genera otros ingresos.

 “He pasado doce horas frente a una pantalla porque tengo que producir ingresos para vivir, se trabaja sábado y domingo a una edad en que el desgaste es mayor. Trabajo mucho más que cuando tenía veinte años y gano mucho menos”, dice Jackeline Ritcher, profesora de posgrado en la Universidad Central de Venezuela.

 “El grupo de profesores que no genera ingresos extra nos habla del hambre. Tenemos profesores que viven de la solidaridad de los que nos estamos autoexplotando. En la Universidad Central hay un sistema donde se les está dando bolsas de comida”, agrega Jackeline Ritcher.

 Bajo el impacto de la caída de la demanda, competencia de productos importados, poco acceso al financiamiento y fallas de servicios básicos como electricidad y combustible, la industria trabaja a 23% de su capacidad.

 Al cierre del tercer trimestre, la remuneración promedio en la industria era de las más bajas en América Latina y equivalía a 125 dólares mensuales para los obreros, 253 dólares para profesionales o técnicos y 523 dólares para los gerentes.

 En el nuevo orden la desigualdad se agiganta.  De acuerdo a la Encovi solo 2,27% de los hogares reportó gastos en electrodomésticos, 3,13% en artefactos electrónicos y 7,94% en recreación.

Un largo camino

Analistas coinciden en que Venezuela necesita reformas profundas. La producción de petróleo es la cuarta parte de lo que era antes de la llegada del chavismo al poder; el país está en default y no tiene crédito, la inversión extranjera es ínfima y el gobierno de Maduro es tachado de ilegítimo por una larga lista de países.

La Academia de Ciencias Económicas advierte que “los ingresos externos que recibe Venezuela actualmente son insuficientes para una recuperación sostenida de su economía. En un plazo inmediato, pesan las sanciones internacionales, el aislamiento de los mercados financieros y la destrucción de la capacidad productiva de la industria petrolera”.

 En 2022, si las proyecciones se cumplen, el país crecerá a una intensidad imperceptible para la mayoría: a una tasa de 5% anual tomará más de veinte años regresar al PIB en dólares de 2013, el año previo a la crisis.

 

BCV toma nuevas medidas para contener el dólar
El Banco Central comenzó a regular el precio al que los bancos pueden vender los dólares en efectivo en su poder. Analistas consideran que la medida puede ampliar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo

 

En medio de un tipo de cambio bajo presión, el Banco Central de Venezuela se alejó del libre mercado y comenzó a regular el precio al que los bancos pueden vender sus dólares en efectivo.

Cada semana el Banco Central reparte a los bancos dólares en efectivo al precio que considera conveniente, esta semana a 4,54 bolívares por dólar. La regulación indica que hasta tanto los bancos no vendan todos estos dólares a 4,54 bolívares, no pueden vender dólares en efectivo en sus mesas de cambio a un precio superior.

 “La regulación es solamente para la venta de dólares en efectivo. El Banco Central me adjudicó dólares en efectivo a 4,54 bolívares. La regulación dice que hasta que no venda todos los dólares que recibí no puedo vender por la mesa a un precio mayor. Las transacciones electrónicas no están afectadas”, dice un tesorero.

 Los dólares en efectivo que el Banco Central distribuye a través de los bancos tienen un peso relevante en la oferta de billetes verdinegros. Actualmente está colocando entre 70 y 90 millones de dólares semanales: a principios de año solo distribuía diez millones.

 Como los bancos no pueden vender dólares en la mesa de cambio a un precio superior al fijado por el Banco Central -hasta tanto no se desprendan de los dólares que les fueron adjudicados- es probable que esto afecte el precio al que compran dólares en efectivo a sus clientes.

 “Si pones una restricción al precio al que puedes vender, afectas el precio al que estás dispuesto a comprar”, dice un banquero.

 Tesoreros consideran que lo que busca el Banco Central es lograr que el tipo de cambio oficial, que todos los días surge del promedio ponderado de las transacciones en las mesas de cambio de los bancos (conocido como SMC), no tenga volatilidad.

 La estrategia del Banco Central consiste en que, como las empresas y los comercios utilizan al dólar como parámetro para calcular costos, la estabilidad del tipo de cambio ayuda a desacelerar la inflación.

 Junto a la regulación el Banco Central ha hecho saber a los bancos que deben cooperar en mantener la estabilidad del tipo de cambio.

 La semana pasada, los bancos recibieron un mensaje directo donde se les indicó que “lo programado y la oferta de divisas están en función de preservar la estabilidad cambiaria y procurar la reducción de la inflación. Siendo así, seguir actuado bajo premisas erróneas que buscan alentar variaciones alcistas por supuesta expectativa de subida abrupta del gasto fiscal, es una guía falsa”.

El paralelo

Mientras el precio del dólar oficial puede verse afectado por la regulación, el precio del dólar en el mercado paralelo se mueve libremente y aumenta sin dificultad a medida que el Gobierno eleva el gasto e inyecta bolívares en la economía.

 Analistas no descartan que pueda ampliarse la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, algo que aumentaría las distorsiones en el mercado cambiario.

 Síntesis Financiera explica en su informe El Tesorero que “la regulación del precio de la divisa en efectivo en ausencia de una moderación de la expansión monetaria, puede llevar a la ampliación de la brecha entre el tipo de cambio paralelo y el promedio SMC reportado diariamente por el Banco Central”.

 “Si el Banco Central continúa vendiendo las divisas de intervención por debajo del precio del mercado paralelo, esa brecha se ampliará aún más”, dice El Tesorero. 

 La semana pasada, el precio del dólar en el mercado paralelo aumentó 10%, mientras que el tipo de cambio oficial se elevó 1,4%.

La ampliación

El Banco Central busca aumentar el efecto en el mercado de los dólares en efectivo que inyecta cada semana. Para lograrlo, ordenó a los bancos extender la oferta de estos dólares a la mayoría de sus clientes mediante un sistema que deberá estar listo en treinta días.

 Los bancos tendrán que “informar a sus clientes a través de cualquier medio de comunicación y de las plataformas digitales (páginas web, redes sociales, banca electrónica, entre otras)” el procedimiento para comprar los dólares y las agencias donde podrán hacerlo.

 “El Banco Central busca frenar el alza del dólar en efectivo en todos los segmentos del mercado formal, al expandir el radio de influencia del precio que fija en la intervención. Si logra su cometido podría alcanzar y sostener su tasa de cambio objetivo con menores niveles de intervención”, explica El Tesorero.

Reservas en declive

Para intervenir en el mercado cambiario el Banco Central necesita un tanque de dólares que le permita colocar cada semana un monto relevante de billetes verdinegros, pero las reservas internacionales están a la baja.

 Al cierre del 19 de noviembre, el Banco Central reporta que las reservas internacionales se ubican en 10.982 millones de dólares, pero esta cifra incluye 5.100 millones de Derechos Especiales de Giro del Fondo Monetario que no están disponibles porque el FMI aún no ha decidido sobre la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro.

 Además, incluye 1.500 millones de dólares en barras de oro que están en litigio con el Banco de Inglaterra y posición en oro que sí está disponible pero no es líquida y no podría ser utilizada de inmediato para intervenir en el mercado cambiario.

 José Guerra, exgerente del Banco Central y diputado de la Asamblea Nacional elegida en 2015, calcula que actualmente la porción líquida de las reservas internacionales es de 1.700 millones de dólares.

 Este año el monto de las reservas, al obviar los Derechos Especiales de Giro del FMI, ha caído en 485 millones de dólares.

 “Ello ha ocurrido en el contexto de una significativa recuperación de los precios del petróleo y un aumento de las exportaciones de hidrocarburos. Las reservas que entran al Banco Central por exportaciones petroleras salen en forma de ventas de divisas a un mercado cambiario insaciable”, dice José Guerra.

 “Con un nivel de reserva liquidas en el entorno de 1.700 millones de dólares, la estabilidad del tipo de cambio que procura mantener el Banco Central no está garantizada”, advierte.

 

Un dólar menos volátil: el nuevo problema de la banca venezolana
La calma del mercado cambiario impacta los ingresos por los créditos indexados. El Gobierno contempla abrir la compuerta del financiamiento en dólares. La agenda prevé la aprobación de aumentos de patrimonio que incentiven las fusiones entre bancos

Víctor Salmerón

Desde agosto la administración de Nicolás Maduro ha tenido éxito en contener el ascenso del dólar y el mercado cambiario transita por una sorpresiva calma que ayuda a desacelerar la inflación. Pero en la banca venezolana no hay nada que celebrar.

Desde 2019, los créditos están vinculados al dólar y los ingresos que obtienen los bancos cuando prestan, por el capital y los intereses, aumentan en la medida en que la cotización del dólar sube en el mercado oficial.

Por lo tanto, un dólar más estable implica menos ingresos para unos bancos enanos tras el colapso de la economía y en las últimas 16 semanas el dólar solo aumentó 11%, un salto mínimo comparado con 150% en el mismo lapso del año pasado.

Los balances de la banca reflejan el impacto. Datos de la firma Global Scope indican que, al comparar con julio, el ingreso proveniente de los créditos fue 9% menos en agosto, 36% menos en septiembre y 29% menos en octubre. La tendencia apunta a que el declive continuará en lo que resta de año.

La menor volatilidad del dólar también impacta los indicadores de solvencia. Los bancos necesitan un colchón de recursos propios para respaldar las operaciones y en la medida en que sus dólares se mantienen estáticos no aumenta su valor en bolívares y se deteriora el índice de patrimonio

Sin liquidez

El gabinete económico tiene como meta estratégica estabilizar al dólar. Fuentes del Banco Central explican que la orden impartida es lograr que el precio sea lo más estable posible porque el dólar es la referencia que utilizan empresas y comercios para calcular costos.

Para alcanzar la meta, el Banco Central debilitó la demanda de divisas recortando los bolívares disponibles para comprar dólares. Para lograrlo, aparte de aumentar la oferta de dólares, asfixió el crédito obligando a los bancos a inmovilizar como reservas 85% del dinero que gestionan.

La obligación de inmovilizar una porción tan alta del dinero (encaje en la jerga bancaria) deja a los bancos con poca liquidez y continuamente incumplen la exigencia. Cuando esto ocurre, el Banco Central castiga la infracción y cobra una tasa de interés anual de 126% por el monto que debió inmovilizarse.

“Los pocos créditos en el portafolio reportan muy poco porque están indexados y el dólar no se mueve. Aparte, me cobran una penalización irracional cuando no cumplo con el encaje que me deja sin liquidez” dice el presidente de un banco mediano.

La falta de liquidez en un sector de la banca encendió las alarmas y el 25 de octubre el Banco Central disminuyó la presión permitiendo que los bancos descuenten del encaje los intereses que han pagado al ser sancionados, pero dejó en claro que el alivio es temporal.

Gracias al cobro de comisiones por servicios, como operaciones en puntos de venta o transferencias, los bancos obtienen ganancias y en el tercer trimestre reportan beneficios equivalentes a 20,7 millones de dólares.

El Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello indica en su último informe que se transformó el rol de la banca: “de intermediarios financieros se han convertido en instituciones que esencialmente cumplen una función transaccional”.

Depósitos dolarizados

Al principio, en medio de la hiperinflación que estalló a finales de 2017, los venezolanos utilizaron el dólar para fijar precios. Luego, para pagar en comercios y posteriormente la banca comenzó a recibir depósitos en dólares.

Al cierre de septiembre los depósitos en dólares colocados en cuentas de libre convertibilidad suman 500 millones, que representan la mitad de todas las captaciones de la banca.
Pocos jugadores controlan la mayoría de los depósitos de billetes verdinegros: BNC, Mercantil, Bancamiga, Banco de Venezuela, Banplus y Bancaribe acumulan 87% de las captaciones en divisas.

En enero de este año, los bancos dieron un paso extra en la dolarización y comenzaron a prestar en dólares. Pero las autoridades frenaron el proceso prohibiendo los créditos en moneda extranjera sin previa autorización de la Superintendencia de Bancos y el Banco Central de Venezuela.

“La realidad es que a nadie le aprueban los créditos en dólares y solo algunas empresas que califican para recibir préstamos a través de las sucursales que los bancos venezolanos tienen en el exterior están recibiendo financiamiento”, dice un tesorero.

Sacudón en el sistema

Fuentes del Ministerio de Finanzas aseguran que el próximo año el Gobierno contempla abrir la compuerta del crédito en dólares y permitir mayor movilidad de los depósitos a fin de impulsar la recuperación de la economía y llegar a las elecciones presidenciales de 2024 en mejor posición.

Actualmente, las cuentas en dólares permiten realizar trasferencias entre clientes de un mismo banco, pero no es posible hacerlo entre bancos distintos. El Banco Central tiene muy adelantada una plataforma multimoneda que permitiría la interconexión del sistema financiero para transacciones en moneda extranjera.

Banqueros consultados afirman que, cuando el Gobierno se decida a dar el paso, en menos de dos semanas podría comenzar a operar la interconexión para transferencias en dólares y si es el caso, en euros.

Un paso previo antes de permitir los créditos en dólares será introducir cambios en las normas a fin de, por ejemplo, crear un fondo de garantía que asegure los depósitos de los clientes hasta cierto monto. Además, hay que precisar las exigencias de patrimonio.

En el gobierno se discute la necesidad de reducir el número de entidades financieras, que resulta excesivo para el nuevo tamaño de la economía e incentivar un proceso de fusiones que de origen a menos bancos y mayor solidez.

Sobre la mesa está la opción de exigir aportes al patrimonio que posiblemente obligarán a algunos bancos a fusionarse para poder adaptarse.

Un tema clave es que, hasta ahora, las normas para el cumplimiento de los índices de patrimonio han sido bastante laxas. Por ejemplo, los bonos del gobierno y Pdvsa que están en default no se toman en cuenta para el cálculo del indicador de solvencia.

Los riesgos

Si bien los créditos en dólares pueden ayudar a sacar a la economía de la recesión con capital de trabajo y estímulo al consumo de los hogares, es un paso que mueve a la banca hacia una zona de nuevos riesgos.

Luis Zambrano Sequín, director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello, explica que una opción, cada vez más probable en Venezuela, es que los bancos se endeuden en el exterior y reciban depósitos en moneda extranjera para otorgar créditos en dólares en el país.

En este caso, el riesgo está en que una devaluación o deterioro en las condiciones de la economía impactaría la capacidad de las empresas y las personas para pagar sus créditos, sobre todo si se endeudan en dólares y tienen el grueso de sus ingresos en bolívares.

“El deudor puede tener un problema de descalce de monedas: deudas en dólares, pero ingresos en bolívares. Al final este riesgo lo asume la banca”, dice Luis Zambrano Sequín.

Un detalle importante es que, a medida que una economía se dolariza, el crédito en dólares tiende a superar el monto de los depósitos en dólares por el financiamiento bancario.

Por ejemplo, una empresa cobra 100 dólares y los deposita en el banco A y el banco A utiliza estos dólares para aprobar un crédito de 90 dólares a una ferretería. La ferretería recibe los 90 dólares y los deposita en el banco B, que a su vez, utiliza 70 dólares de los 90 para prestárselos a otro cliente. Y así sucesivamente.

“En la medida en que el grado de dolarización se profundiza como parece ser la evolución esperada de Venezuela en el mediano plazo, el crédito en moneda extranjera tenderá a exceder al volumen de depósitos, consecuencia del multiplicador bancario que caracteriza a la intermediación financiera”, dice Zambrano Sequín.
“Si por alguna razón, por ejemplo una crisis de confianza, los clientes deciden retirar sus depósitos en divisas, los bancos deben generar la liquidez requerida para atender estas demandas”, añade.

Agrega que es fundamental tener en cuenta que “los bancos tienen un incentivo para aumentar los beneficios y expanden el crédito más allá de lo que sería razonable en el contexto de un manejo adecuado de los riesgos macroeconómicos”.

“Dependes de la estructura regulatoria, una supervisión muy fina y la gestión interna de los bancos que no suelen medir bien los riesgos macroeconómicos. Por eso, economías dolarizadas mal gerenciadas pueden terminar fácilmente en un crisis bancaria”, explica.

 

Venezuela: ¿Qué está pasando con los precios en dólares?

Dinámica precisa que el costo en dólares de la canasta de bienes y servicios que utiliza el Banco Central para calcular la inflación aumentó 90% entre septiembre de 2020 y septiembre de este año

@Vsalmeron

Carlos López recuerda que cuando la empresa de embutidos para la que trabaja comenzó a pagarle un bono en dólares sintió una mejora importante en sus ingresos. Hoy, un año después, el bono alcanza para menos: “necesito más dólares para comprar lo mismo en el supermercado o pagar la internet, nunca pensé que pasaría esto”.

La consultora Dinámica Venezuela precisa que el costo en dólares de la canasta de bienes y servicios que utiliza el Banco Central para calcular la inflación aumentó 90% entre septiembre de 2020 y septiembre de este año.

En promedio, lo que Carlos López compraba hace doce meses con cien dólares hoy cuesta 190 dólares y las perspectivas apuntan a que seguirá aumentando el costo de la vida en dólares, al menos en el corto plazo.

 En buena medida el dólar desplazó al bolívar, la moribunda moneda nacional, y se emplea para pagar en la mayoría de las transacciones, calcular los precios y ahorrar. Si bien actúa como ancla en medio de la hiperinflación que estalló en noviembre de 2017, el dólar no es inmune a los desequilibrios de la economía venezolana.

Economistas coinciden en que la causa principal de la pérdida de capacidad de compra de los billetes verdinegros en Venezuela es que mientras los precios escalan rápidamente por la inflación, la cotización del dólar sube a menor velocidad.

 Por ejemplo, si un kilo de arroz hoy cuesta dos bolívares y el dólar se cotiza a dos bolívares se necesita un dólar para comprarlo. Pero si al cabo de diez meses el kilo de arroz aumenta hasta ocho bolívares y el dólar solo aumenta hasta cuatro bolívares, entonces se requieren dos dólares para comprarlo.

 Esto fenómeno, para muchos impensable en un país donde la moneda estadounidense es vista como un escudo infalible contra todos los males de la economía, es lo que coloquialmente los venezolanos llaman “inflación en dólares”.

 El Banco Central reporta que la inflación acumuló un salto de 1.946% en los últimos doce meses mientras que el precio del dólar en el mercado paralelo aumentó 974%.

Tan lejos de USA

Los precios en los comercios y las empresas venezolanas escalan en un contexto de trabas para producir por las fallas de energía eléctrica, escasez de combustible, problemas para adquirir insumos y caída de la demanda por el empobrecimiento de la población.

Empresarios consultados resumen que la circulación del dólar no significa que mágicamente Venezuela se iguala con Estados Unidos y adquiere la misma productividad, el entorno de confianza, su estructura de costos y su tasa de inflación. 

 Eduardo Fortuny, director de Dinámica, agrega otros elementos. “El Gobierno tiene una política de eliminación de subsidios que afecta los precios formados localmente, esto lo vemos, por ejemplo, en el ajuste de las tarifas de internet o el aumento de la gasolina”.

 “Otro factor es que hay un componente de inflación importada porque las interrupciones en las cadenas de suministro, la crisis mundial de los contenedores, están generando un aumento de precios en el mercado internacional”, dice Eduardo Fortuny.

Impacto desigual

Al analizar el aumento del costo de la vida en dólares por segmentos queda claro que el ascenso no es uniforme. Dinámica indica que entre septiembre de 2020 y septiembre de 2021 el costo de los servicios al hogar, exceptuando teléfono, acumulan un alza de 347% mientras que los alquileres de vivienda solo aumentan 11%.

“En el caso de los servicios al hogar impacta la eliminación de subsidios y en el de alquiler de viviendas el alza es mucho menor por la baja demanda”, explica Eduardo Fortuny.

 Los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentan 57%, equipamiento para el hogar 242%, vestido y calzado 176%, transporte 166%, restaurantes y hoteles 90%.

“Algo que debemos tener en cuenta es que el impacto de la eliminación de subsidios es puntual y en el caso de equipamiento del hogar incide la inflación importada”, dice Fortuny.

Dólar contenido

La administración de Nicolás Maduro tiene como meta estratégica la contención del dólar. Fuentes del Banco Central explican que la orden impartida es lograr que el precio sea lo más estable posible.

Para alcanzar la meta el Banco Central debilitó la demanda de divisas recortando los bolívares disponibles para comprar dólares. Para lograrlo, asfixió el crédito obligando a los bancos a congelar como reservas más de las dos terceras partes del dinero que gestionan.

 Además, el Gobierno implementó un severo recorte del gasto público que profundizó el recorte de bolívares disponibles para comprar dólares y al mismo tiempo el Banco Central aumentó la oferta de divisas.

 José Guerra, exgerente del Banco Central y diputado en la Asamblea Nacional elegida en 2015, agrega que “hay una proporción relevante de las transacciones que se hacen en dólares, los dólares ya están circulando y no hay que comprarlos, esto genera menos presión sobre el tipo de cambio”.

 A su vez, tras ocho años consecutivos de recesión, la economía es liliputiense y el mercado cambiario muy pequeño. “Con una intervención minúscula, ofertando pocos dólares, el Banco Central ayuda a estabilizar al dólar”, dice José Guerra.

 La Consultora Síntesis Financiera precisa en su informe El Tesorero que, en lo que va de año, el precio del dólar en el mercado paralelo ha subido 305% mientras que en el mismo lapso de 2020 subió 747%.

En campaña

Ante la interrogante de si el Gobierno será capaz de mantener la estrategia para contener el precio del dólar, José Guerra responde que “es muy difícil decirlo, pero si el Gobierno trata de aumentar el gasto en bolívares va a haber mayor presión sobre el tipo de cambio”.

 Noviembre y diciembre son los meses de mayor gasto público porque el Gobierno paga bonos, aguinaldos y además juega la política: el próximo 21 de noviembre hay elecciones de gobernadores y alcaldes.

 Síntesis Financiera señala que “los imponderables políticos podrían llevar a un aumento más intenso del gasto, si el Gobierno opta por decretar aumentos más fuertes en el salario mínimo o bonos de la Patria dada la proximidad de las elecciones”.

 “Ya estamos de lleno en la fase de mayor gasto público del año. Aumentará la presión sobre el precio del dólar y el Banco Central estará a cargo de contrarrestar el impacto del mayor gasto a través de la intervención cambiaria”, añade la firma.

 De acuerdo con Síntesis Financiera, el Banco Central ha aumentado la oferta semanal de dólares a un monto cercano a 45 millones. De mantener este ritmo en noviembre duplicará la oferta de octubre.

 La semana pasada el dólar cerró en 4,4 bolívares y tesoreros consultados calculan que el tipo de cambio de equilibrio, es decir, el precio del dólar que iría acorde con la inflación, es de 9,5 bolívares.

 Operadores cambiarios pronostican que, tomando en cuenta distintos escenarios para el gasto público y la oferta de divisas, el dólar cerrará el año entre 5 y 10 bolívares, con mayor propensión a ubicarse entre 7 y 8 bolívares.

Remesas: el salvavidas nutricional en Venezuela
Las transferencias de dinero desde el exterior, para muchos hogares, son la diferencia entre una dieta precaria o alimentarse mejor. Una encuesta del Cemla indica que las remesas de mayor monto provienen de Estados Unidos y Chile

Por:  @vsalmeron

Es 20 de agosto y Josefina Martínez recibió en la mañana el dinero que su hijo le envía desde Chile, donde trabaja como obrero de la construcción.

“Todos los meses me manda 120 dólares, gracias a eso, compro huevos, carne, leche, tengo 74 años y mi pensión es de apenas dos dólares”, dice Josefina Martínez, quien vive en Alta Vista, un sector de bajos ingresos en Caracas, junto a su otra hija y un nieto.

En una economía hundida en la hiperinflación, recesión y subempleo, las remesas se han convertido en el salvavidas nutricional, en la diferencia entre Josefina y un grupo de sus vecinos que prácticamente solo consumen carbohidratos, como arroz y pasta.

Un estudio de la División de Protección Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Efecto de las remesas sobre la seguridad alimentaria en los hogares venezolanos, precisa el impacto de las transferencias de dinero desde el exterior.

El trabajo, publicado en junio de este año, afirma que cada integrante de los hogares que reciben remesas consume en promedio 2.152 calorías diarias y supera el requerimiento calórico promedio en Latinoamérica, que se ubica en 2.075 calorías diarias.

En contraste, cada integrante de los hogares que no reciben remesas consume en promedio 1.822 calorías diarias y tienen una dieta menos diversificada.

Tras siete años consecutivos en recesión y una hiperinflación que evaporó la capacidad de compra de la moneda, cinco millones de ancianos reciben pensiones de menos de dos dólares mensuales y los salarios son los más bajos de América Latina.

Para ayudar a las familias más golpeadas, la administración de Nicolás Maduro reparte cajas de comida a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) que principalmente tienen arroz, harina y pasta.

“Cuando puedo, ayudo a una vecina que está muy mal y solo come arroz, arepas y granos, le doy unos huevos y algo de leche”, dice Josefina Martínez.

El 18 de agosto, Nicolás Maduro reconoció la precariedad y ordenó: “Ministro de alimentación, Leal Tellería, me le garantiza a las seis millones de familias que alimentamos con el CLAP mejorar la calidad y la cantidad de productos de manera permanente”.

Diablitos (Underwood), café, leche, me le va agregando productos, lo dejo en sus manos ministro, en sus hombros lo pongo, usted me lo garantiza, con su vida, con su trabajo”, agregó Maduro sin precisar cómo y en cuánto tiempo mejorará la calidad de la alimentación.

Montos y países

De acuerdo con la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela, han salido del país 5,6 millones de venezolanos y una porción de ellos envían remesas a sus familiares.

El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla) encuestó a 2.231 migrantes venezolanos, en distintos países, vía electrónica entre enero y febrero de este año para obtener información sobre las transferencias de dinero.

El estudio indica que 85% de los encuestados envían remesas. De estos, 66% lo hacen con una periodicidad mensual y 13,6% quincenal. La remesa mensual promedio es de 153 dólares y la quincenal de 109 dólares.

Por países, las remesas mensuales de mayor monto provienen de Estados Unidos (212 dólares), Chile (154 dólares) y España (145 dólares). En tanto que las remesas mensuales más bajas son las de Colombia (106 dólares) y Perú (95 dólares).

remesas enviadas a Venezuela

El trabajo indagó sobre el uso del dinero por parte de quienes reciben las transferencias y explica que, en el 93,7% de las respuestas de los migrantes que envían remesas, “se hizo referencia al gasto de manutención como destino de ese ingreso, seguido por los gastos de salud que fueron mencionados en el 89,4% de las respuestas”.

Un aspecto relevante es que las remesas son la fuente principal de ingresos para 32,4% de quienes las reciben y son importantes para 48,4%, es decir, son un elemento clave para 80,8 % de los hogares receptores.

El triángulo

Lo común es que las personas que emigran envíen los dólares o euros de las remesas a través del sistema financiero o de empresas especializadas en transferencias de dinero.

Quienes reciben las remesas venden los dólares a los bancos y, a su vez, estos bancos utilizan las divisas para satisfacer la demanda, por ejemplo, de empresas que necesitan comprar dólares para importar; de esta manera, la oferta de divisas crece.

Puede suceder que el banco central compre parte de los dólares que ingresan por las remesas para cancelar deuda externa o fortalecer las reservas internacionales, algo que también resulta beneficioso para la economía.

En Venezuela, la mayoría de los dólares o euros de las remesas no ingresan al país. El método más utilizado son triangulaciones, como la que emplea el hijo de Josefina Martínez: le vende sus dólares a quien fue su jefe en Venezuela y se los transfiere a una cuenta bancaria en Estados Unidos. Una vez recibe los dólares, su exjefe le transfiere bolívares a la cuenta que Josefina tiene en un banco venezolano.

El estudio del Cemla indica que los depósitos en cuentas corriente, que implican triangulaciones, es el método más utilizado por los migrantes venezolanos con un 36%, seguido “de las transferencias (Zelle) con 15,9% y a través de familiares y amigos con 15%; mientras que el porcentaje de las empresas de remesas fue de solo 10,7%”.

Esta circunstancia limita la posibilidad de medir con certeza el monto de las remesas, pero existen proyecciones. El Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello señala que “para 2021 se están estimando por entrada de remesas 2.300 millones de dólares”.

Nueva Ola

José Manuel Puente, profesor del IESA, considera que el éxodo de venezolanos va a aumentar.

“Venezuela ya sufrió el éxodo más grande en la historia de América Latina. Si sigue la tendencia y es muy posible que sea así, cuando se supere la pandemia, el éxodo podría llegar a siete millones de personas y superar al de Siria”.

 “Venezuela tiene los migrantes mejor formados del mundo, en promedio, la salida fue de gente joven con formación técnica y académica; entonces el país se ha envejecido y ha perdido población con formación”, dice José Manuel Puente.

La encuesta elaborada por el Cemla indica que la escolaridad media de los migrantes encuestados es de 15,8 años; equivalente al nivel universitario.

“La mayoría de las proyecciones nos hablan de un octavo año de recesión y alta inflación o hiperinflación en 2021, en este contexto, no hay muchas posibilidades de que mejoren los salarios y eso va a seguir estimulando el éxodo”, dice José Manuel Puente.

De acuerdo con Conindustria, el gremio que agrupa a las principales empresas del sector privado, al cierre del primer trimestre de este año, en promedio, el salario de los obreros era de 78 dólares, de 172 dólares para profesionales y de 414 dólares en el caso de los gerentes.

El salario mínimo en Ecuador es de 400 dólares y en Lima el ingreso mensual promedio al cierre de julio de este año es de 386 dólares.

“A medida que la economía mundial se recupere de la pandemia, lo más probable es que aumente el monto de las remesas a Venezuela y podríamos estar hablando de 3 mil o 4 mil millones de dólares al año”, dice José Manuel Puente.

Agrega que “lo importante es poder aprovechar este flujo de dinero para la reconstrucción del país y pensar, como en su momento lo hizo Uruguay, en un plan para recuperar parte del capital humano que se fue al exterior. Por supuesto, esto requiere una economía estable y un país sin crisis política”.

 

 

Carlos Fernández: “El país tiene que regresar a la modernidad”
 Carlos Fernández asume la presidencia de Fedecámaras en medio de una crisis que pulverizó la economía y el bienestar. Los problemas son muchos, pero el principal es la pérdida de ingreso de los trabajadores, un descalabro para el que confiesa que los empresarios no tienen solución. Recalca que sin instituciones no habrá inversión privada

Fotos: Abrahan Moncada

A una semana de empuñar las riendas de Fedecámaras, el principal gremio empresarial del país, Carlos Fernández se toma un tiempo para analizar la coyuntura. La relación con el gobierno, el colapso del salario, la ausencia de crédito, las sanciones, son temas que afloran, pero recalca la necesidad de consensos y de asumir el fin del modelo de desarrollo sustentado en la renta petrolera.

¿Cómo visualiza el camino que tiene que recorrer Venezuela en los próximos años?

El regreso a la modernidad que principalmente significa fortaleza institucional, empoderamiento ciudadano, prosperidad, inclusión, economías donde el trabajo está en función del hombre y donde el ser humano tiene acceso a los beneficios de la modernidad y la formalidad. Tecnologías de punta, pleno respeto de los derechos humanos.

Habla del regreso a la modernidad.

Éramos una sociedad inclusiva, en los años sesenta teníamos una enorme movilidad social, un profesional podría comprarse una casa a los tres años de trabajo, los servicios públicos funcionaban bastante bien. La modernidad es un estado que tuvimos, que perdimos, una vocación y una actitud. Entre todos tenemos que convencer al país de que hay un futuro mejor a lo que existe actualmente.

En su discurso al asumir la presidencia de Fedecámaras dijo que la destrucción que vive el país es responsabilidad de todos, pero no en partes iguales, afirmó que hay unos que tienen más responsabilidad que otros. ¿Quiénes son los que tienen más responsabilidad?

Por supuesto al final la responsabilidad mayor cae en los gobiernos, pero el tema venezolano no puede ser que la culpa es del presidente, todos tenemos una cuota y tenemos que asumirlo, si no lo asumimos no vamos a salir de las dinámicas que nos trajeron donde estamos. Hemos dicho que tenemos que ir a una economía productiva e inclusiva. ¿A dónde vamos ahorita? ¿Cuál es el modelo que tiene el país? A mí eso me mortifica.

El gobierno tiene uno, el socialismo del Siglo XXI.

¿Pero por qué todo lo que tiene el gobierno es lo que tiene que ser? ¿Por qué siempre tiene que ser lo que dicen allá?

Porque tienen el control.

Pero la movilización social, la presión ciudadana y la articulación también hace que la gente cambie de opinión, o modere. La respuesta no puede ser lo que el gobierno quiere: ¿Puede? ¿La tiene tan fácil? ¿Es tan sencillo llegar allá? ¿Si el país no lo acompaña qué sucede? Yo sé que quieren muchas cosas, está el Plan de la Patria, eso está muy bien, pero eso es lo que quiere una parte del país. Tiene que ser una cosa que acompañemos la gran mayoría. 

Me parece interesante que cuestione el modelo y diga que necesita cambios porque hay una parte del país que piensa que Fedecámaras ha hecho un acercamiento con el gobierno y ya no tiene planteamientos críticos.

Lo que no quiero es que el modelo sea impuesto. A mí ese modelo no me gusta para nada, pero de lo que trato de convencerte es que porque ellos quieran no es que va a ser así, la sociedad es mucho más grande.  No vas a obligar a la sociedad a que te acompañe, la tienes que enamorar de la idea.

Actualmente tenemos un modelo rentista que ya no tiene renta, pero el gobierno no termina de aceptar que colapsó.

Voy más allá, creo que el gobierno y buena parte del país cuando leen los números entienden que el modelo rentista en buena parte se acabó, pero sigue aquí (se toca el corazón) y aquí (se toca la sien). Inclusive en el sector nuestro. Nos toca convencer a los nuestros y decirle no existe, tienes que ver cómo sales adelante porque el que te ayudaba no tiene cómo ayudarte. Vamos a suponer que siga queriendo, ¿pero de dónde?

 ¿El gobierno no puede imponer un modelo si no es consensuado con la mayoría del país?

El país debe aprovechar el acercamiento, las conversaciones, el acompañamiento internacional de Noruega para que después de resuelto el tema institucional se quede la instancia que se creó para abordar otros temas como el modelo de desarrollo económico.

Para el gobierno en buena parte la crisis es producto de las sanciones. ¿No es así?

Creo que también es así, el país está sancionado esa es una realidad que tenemos que manejar, lo que pasa es que muchas veces cuando afrontamos la realidad lo hacemos con el enfoque de buscar culpables y tenemos que superar ese tema. Prefiero solucionar los problemas y después ver quiénes son los culpables.

¿Qué propuesta tienen para el tema de las sanciones?

El gobierno debe estudiar las causas, determinar si las cosas son mejorables, si estuviera en el gobierno trataría de ver cuáles son las razones y las causas, sentarme a negociar.

La causa de las sanciones es clara: esos países consideran que la reelección del presidente fue mediante una elección no legítima.

Pero ellos consideran que sí es legítima, entonces hay que hacer una discusión. Creo que es un tema diplomático.

¿Fedecámaras considera que las sanciones deben ser levantadas?

Considera que es un tema que tiene que resolverse y estamos dispuestos a participar en esquemas de conversaciones.

Abrahan Moncada

La vicepresidenta Delcy Rodríguez invitó a los empresarios a invertir bajo la Ley Antibloqueo. También está por aprobarse la Ley de Zonas Económicas Especiales y un plan de sustitución de importaciones. ¿Habrá una respuesta positiva?

Si hay éxito en el proceso de negociaciones, acuerdos y vuelta a la institucionalidad. Se necesita la reinstitucionalización del país para generar confianza. Si la prosperidad económica fuera un asunto de leyes todos los países fueran prósperos.

 Todo apunta a que el gobierno tendrá que desprenderse de empresas públicas que ya no puede sostener y que los grupos que podrían beneficiarse de esta transferencia de activos son los más cercanos al poder. ¿El capitalismo de oligarcas no es un peligro real?

Creo que ese es un peligro, pero hay otra forma de abordarlo. Tiene que ser un proceso transparente, donde se le de participación a todo el que reúna las condiciones mínimas y en el caso de las empresas intervenidas, expropiadas, respetar el derecho de los antiguos propietarios.  El Estado debe entender que se reservó para sí muchos sectores de la economía que pueden ser atendidos por la iniciativa privada.

Según Conindustria el salario promedio en la industria privada es de 78 dólares para un obrero, 172 el de los profesionales y 414 en el caso de los gerentes. ¿Hay una propuesta para recuperar la relación trabajo-salario?

La insuficiencia de ingreso del trabajador es el principal problema económico y nosotros no tenemos la solución.  Tiene que ver con la hiperinflación, con el achicamiento de la economía, con la pérdida de ingresos externos y con la formación de precios, es un tema sumamente complejo. Con modificaciones legales, institucionales, acuerdos internacionales, podrías comenzar a generar dinámicas para que el ingreso se vaya recuperando.

El ingreso es ínfimo pero los precios son internacionales.

Buena parte de la industria está trabajando al 20% de la capacidad instalada y hay estructuras mínimas por mantener.  Por ejemplo, antes los costos los soportaba una producción de cien mil bolígrafos y hoy solo produces 100 bolígrafos. Entonces al final cuando haces traspaso de costos terminas teniendo precios elevados. Se pierde la economía de escala y la productividad.

Hay un problema de reducción del mercado y un sector privado que difícilmente podrá exportar en el corto o mediano plazo en términos relevantes. ¿Esas plantas industriales que están utilizando 20% de su capacidad instalada tendrán que achicarse y vender sus máquinas?

Tienen que hacer todo eso y mucho más, el país tiene más activos de los que necesita y de los que va a utilizar en el corto plazo, pero no es fácil venderlos. No nos va a quedar otra que en la medida en que se recupere la demanda ir abriendo mercados internacionales. Un aspecto importante es que actualmente no hay acuerdos comerciales, el único que existe es Mercosur y está suspendido.

Ha dicho que la Ley del Trabajo es una rémora. ¿Por qué?

La Ley del trabajo nació en una realidad distinta, en 2012 estábamos en la mayor efervescencia del consumo, era otro país. Tiene un enfoque donde se busca proteger a quien tiene trabajo, pero no está pensada para estimular la creación de empleo.

El gobierno ha optado por asfixiar el crédito para contener el ascenso del dólar. ¿Qué opina de una economía tan pequeña que las empresa funcionan con su propio dinero?

La economía está pequeña porque no hay crédito. El gobierno tomó el camino de restringir la oferta monetaria para bajar la presión sobre el dólar y quizás lo ha logrado, pero a un costo que ha sido importante para el dinamismo de la economía.

La visión del gobierno es que el crédito se va a la compra de dólares y se acentúa la devaluación del bolívar.

Hay que entender que la estructura económica de Venezuela tiene un alto componente de productos importados, se compran dólares por el proceso productivo. Entonces, quizás por creer que la gente estaba especulando terminaste de ahogar el aparato productivo.

Delcy Rodríguez dijo: “Quien controle la moneda controla un país. Estados Unidos lo tiene muy claro, la Reserva Federal lo tiene muy claro” e hizo un llamado a los empresarios a no dejarse controlar. ¿Es posible revertir la dolarización de facto?

Es una pregunta complicada. Creo que es difícil y en todo caso llevaría mucho tiempo, pero no lo descarto de plano, siempre hay un sentimiento sobre la moneda nacional. Es algo que llevaría mucho tiempo, porque el dinero es fiducia, confianza.

¿Si se hace por la fuerza?

Peor, aquí estaba prohibido el dólar hasta hace nada, pero la dolarización ya existía. La necesidad se impuso.