Víctor Salmerón, autor en Runrun

Víctor Salmerón

¿Qué está pasando con el petróleo y cómo impacta a Venezuela?
En un entorno de incertidumbre y volatilidad, el precio del barril se ha debilitado. El gobierno tiene poco margen de maniobra para mantener la oferta de divisas y estabilizar al dólar

 

En los últimos tres meses, el precio del petróleo acumula un declive de 25% en un mercado donde la preocupación por una menor demanda pesa más que los temores a la contracción de la oferta. El debilitamiento del barril aumenta la incertidumbre en la frágil economía venezolana, que tiene en el petróleo su principal fuente de dólares.

El precio del Brent, el barril marcador en el mercado internacional, se ubicó el 15 de septiembre en 92 dólares, un nivel más terrenal en comparación con los 124 dólares del 8 de junio, en un entorno signado por las señales que apuntan a una menor demanda en China, Estados Unidos y Europa.

La economía de China, uno de los países que más consume petróleo en el mundo, pierde impulso por los confinamientos para enfrentar el rebrote del COVID-19 y la crisis del mercado inmobiliario que deprime la producción en las empresas ligadas a la construcción. 

En Estados Unidos, otro consumidor clave en el negocio petrolero, la aceleración de la inflación obligó a la Reserva Federal a incrementar las tasas de interés, una medida que impacta el consumo y el crecimiento de la economía.

“Las tasas de interés más altas, el crecimiento más lento y las condiciones del mercado laboral más débiles reducirán la inflación, pero también supondrán cierto dolor para los hogares y las empresas”, admitió el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, el pasado 26 de agosto.

En Europa, la guerra también se libra en el mercado energético. Rusia condiciona el suministro de gas al levantamiento de las sanciones que Occidente impuso al Kremlin tras la invasión a Ucrania. El resultado es la disparada del costo del gas, esencial para producir electricidad y mantener a la economía en buen estado.

En julio, la producción industrial en los 19 países que utilizan al euro como moneda se redujo 2,3% respecto a junio en una clara señal de que la recesión toma cuerpo. Capital Economics afirma que el alza de los precios del gas golpeará con más fuerza que el aumento del petróleo en las crisis de 1974 y 1979 y “ambas fueron seguidas de recesiones”.

El soporte del barril

A la par de las preocupaciones por el debilitamiento de la demanda se mueven factores que dan soporte al barril, e incluso, podrían impulsar un rebote en el mediano plazo. Un elemento a tomar en cuenta es que, ante el aumento de los precios del gas y la electricidad, está creciendo el uso del petróleo en la generación de energía.

“Los precios del gas natural y de la electricidad se han disparado hasta alcanzar nuevos récords, incentivando el cambio de gas a petróleo en algunos países” dice la Agencia Internacional de Energía, que espera que por esta razón aumente la demanda de petróleo en 700 mil barriles diarios durante los próximos seis meses.

En China, los confinamientos han desencadenado escasez de alimentos y medicinas, por lo que analistas no descartan que el gobierno abandone su política centrada en alcanzar “cero COVID” y permita una mayor movilidad que se traduciría en más consumo de petróleo.

Al mismo tiempo, se desvanece la posibilidad de un pronto acuerdo entre Estados Unidos e Irán en el que Teherán limitaría su programa nuclear a cambio de un alivio importante en las sanciones económicas que le permitiría aumentar su oferta de petróleo.

“No estamos tan cerca de un acuerdo como antes”, dijo la semana pasada el coordinador de Comunicaciones Estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, en conversación con periodistas. 

Estados Unidos ha utilizado parte de sus reservas estratégicas de petróleo para aumentar la oferta, pero esta estrategia culminará en octubre. Además, el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) anunció que colocará un tope de precio al petróleo ruso que aumentará la distorsiones en el mercado.

El plan es colocar un tope al precio al que los países compran el petróleo ruso para disminuir los ingresos del Kremlin y así ayudar a Ucrania sin reducir la cantidad de barriles en el mercado. Pero el presidente de Rusia, Vladimir Putin, adelantó que no suministrará petróleo a los países que decidan acatar esta iniciativa del G7.

Otro elemento importante es que la OPEP ha dejado en claro que está dispuesta a defender el precio del barril, al anunciar un recorte de 100 mil barriles diarios que entrará en vigencia el primero de octubre.

El ministro de energía de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, explicó que la OPEP cuenta con el “compromiso, la flexibilidad y los medios” para hacer frente a un mercado que catalogó en “estado de esquizofrenia”.

Los escenarios

Los analistas no ocultan las dificultades para proyectar qué ocurrirá en el mediano plazo. En un reporte reciente, BofA Securities señala que los precios del petróleo podrían aumentar o bajar en un rango de hasta veinte dólares en los próximos meses. “Hay demasiada incertidumbre en torno a los fundamentos”, explica.

UBS considera que los precios aumentarán en lo que resta de año y proyecta que el barril Brent se cotizará en torno a los 110 dólares impulsado por el fin del uso de las reservas de Estados Unidos y los esfuerzos para disminuir las ventas de Rusia.

Por su parte, Eurasia Group considera “poco probable que los precios petroleros se recuperen con fuerza de su banda actual de 90-100 dólares el barril, a menos que se produzca una importante interrupción inesperada del suministro”.

En julio, Citigroup estimó en 40% la probabilidad de una recesión en la economía global, es decir, dos trimestres consecutivos de descenso en el PIB mundial. En ese caso, sus proyecciones contemplan que el petróleo caiga hasta los 65 dólares el barril.

Piso de cristal

Para la administración de Nicolás Maduro es crucial que el valor del petróleo no continúe debilitándose. Las exportaciones petroleras son la principal fuente de los dólares que cada semana el Banco Central vende para tratar de mantener estable el tipo de cambio y por esta vía contener la inflación que en los últimos doce meses acumula un salto de 114%.

Tras seis años de aumentos de precios de tres dígitos, la confianza en la moneda se ha perdido y para las empresas y la mayoría de los venezolanos “no hay dólar caro”. En este entorno la demanda de dólares irá en aumento a medida que el gobierno incremente los pagos en bolívares en el cuarto trimestre.

Un aspecto clave es que la producción de petróleo se estancó en niveles ínfimos, entre 600 mil y 700 mil barriles diarios. Además, para evadir las sanciones de Estados Unidos, el gobierno exporta petróleo a través de intermediarios que exigen un descuento que operadores estiman entre 30 y 40 dólares por debajo del precio del Brent.

A la lista de inconvenientes se añade que una parte de los barriles exportados no genera caja porque se envían a China e Irán para pagar deudas y a Cuba por el tratado que Venezuela mantiene con la Isla.

Síntesis Financiera indica en su informe El Tesorero que las exportaciones petroleras promediaron 600 mil barriles diarios en los primeros ocho meses del año y “aproximadamente el 46% de ese volumen no ha generado caja: 10% ha ido a Cuba, 24% a pagar a Irán por el suministro de diluentes y 7% al pago de deuda con China”.

El tanque de dólares que tiene el Banco Central para intervenir en el mercado cambiario tiene niveles históricamente bajos. Apenas cuenta con cinco mil millones de dólares de los cuales solo 800 millones son en efectivo y el resto corresponde a barras de oro. 

Las estadísticas del Banco Central muestran reservas por el orden de diez mil millones de dólares porque incluye unos Derechos Especiales de Giro en el Fondo Monetario Internacional que no puede utilizar ya que este organismo no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro como legítimo.

Se resquebraja el plan antiinflación de Maduro
La abrupta devaluación del bolívar desnuda la falta de confianza en la moneda y las fallas del severo paquete de ajuste que restringe el crédito, contiene el gasto público e intenta anclar el tipo de cambio

Por: @Vsalmeron

 

La tormenta cambiaria de la semana pasada dejó en claro que la crisis está viva.  El bolívar se hundió y en solo cinco días la cotización del dólar aumentó 27% en el mercado oficial. Rápidamente, la inestabilidad se filtró a los precios y catapultó el costo de una amplia gama de productos y servicios.

La Cesta Petare, un termómetro del precio de los alimentos básicos como huevos, harina de maíz, queso blanco, carne, aceite, azúcar, arroz y café aumentó 36% en la semana, evidenciando las grietas en el plan que aplica la administración de Nicolás Maduro para derrotar la inflación.

El episodio desnudó la falta de confianza en la moneda. Presionado por las protestas, el gobierno eliminó la rebaja en el monto de los bonos que debe pagar a profesores universitarios y maestros. También, canceló otras deudas. El resultado fue una inyección de bolívares que nadie quiso en sus cuentas y se desplazó a la compra de dólares.

El Banco Central actuó de manera errática. Primero quiso absorber bolívares ofreciéndole títulos a las empresas. Luego llamó a los bancos a dos subastas de dólares y, finalmente, asignó dólares directamente a la banca. A pesar de que en total vendió 250 millones de dólares, el doble de lo usual en una semana, el bolívar se devaluó a un ritmo vertiginoso.

El precio del dólar en el mercado paralelo, un indicador de los dólares que los venezolanos quieren comprar y no obtienen en el mercado oficial, escaló 27,4% y contribuyó al incremento de los precios porque es la tasa que los comercios y las empresas emplean para calcular costos de reposición.

La receta

Leonardo Vera, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, considera que “el plan del gobierno para abatir la inflación está colapsando. Un plan que nunca se anunció pero que existe en la práctica y consta de tres pilares: encaje bancario excesivo, represión salarial y venta de dólares para tratar de anclar el tipo de cambio”.

El encaje, la proporción del dinero que los bancos no pueden prestar, se mantiene en 73% para evitar que haya préstamos que puedan utilizarse para comprar dólares, mientras que la represión salarial es una muestra de la salvaje contención del gasto público para disminuir el desajuste en las cuentas del gobierno.

Leonardo Vera precisa que entre mayo de 2021 y marzo de 2022 no hubo aumento de salarios en la administración pública y el salario mínimo, que determina el monto de las pensiones, cayó a menos de dos dólares. 

El tercer pilar es un mercado cambiario “mal diseñado» que funciona mientras el Banco Central periódicamente esté ofertando dólares: «La idea fue inyectarle dólares a ese mercado para anclar el tipo de cambio”.

Grietas en el muro

La estrategia contra la inflación comienza a resquebrajarse. La protesta de los trabajadores públicos obligó a relajar la contención del gasto, el anclaje del tipo de cambio sufre episodios de crisis y el encaje dejó a la economía sin crédito y frena el crecimiento.

“Aplicaste estas tres medidas con altos costos y, al final, esto desembocó en una devaluación del bolívar y en un rebrote inflacionario. Fracasaste, corriste con todos los costos y no eliminaste el problema”, afirma Leonardo Vera.

“Seguimos siendo un país con inflación alta y síntomas de hiperinflación. El que la gente cuando tiene saldos en sus cuentas inmediatamente quiera deshacerse del bolívar es uno de los síntomas clásicos de la hiperinflación, la moneda no recuperó su propiedad de reserva de valor”, agrega.

De acuerdo con las cifras del Banco Central, entre julio de 2021 y julio de este año, la inflación acumuló una variación de 137% y el último reporte de Macroconsultores señala que “luce difícil que el 2022 cierre con una variación de precios por debajo del 100%”.

La consultora Dinámica sostiene en un informe del 25 de agosto que “el equilibrio fiscal alcanzado por la vía de reducir el gasto público a cifras absurdas, las cuales no permiten cumplir las funciones mínimas del Estado, parece haber marcado un punto de inflexión”. 

Los trabajadores públicos reciben salarios ridículamente bajos al punto que un profesor titular a dedicación exclusiva, el máximo escalafón en las universidades del Estado, tiene un salario equivalente a 67 dólares. 

La pretensión del gobierno de pagar el bono vacacional a los maestros y profesores universitarios de manera fraccionada desencadenó protestas que lo hicieron retroceder y lo obligaron a suavizar el control del gasto.

Dinámica señala que “ya el mercado sabe que Maduro está dispuesto a ceder ante la presión adecuada, los otros dolientes van a repetir la receta y esa lista es muy larga”.

Ancla fracturada

El tipo de cambio es un elemento relevante. El Banco Central lo mantuvo con mínimas variaciones, prácticamente fijo. Así, el dólar se convirtió en un artículo muy barato que ayudó a contener los precios a través de las importaciones y envió una señal de estabilidad que trató de cambiar expectativas.

Esta medida tuvo impactos en el sector privado porque para las empresas es muy difícil competir con los precios de los productos importados en medio de las fallas de servicios básicos, reducción del mercado por el empobrecimiento de la población y poco acceso al crédito. Además, las pocas exportaciones distintas al petróleo pierden competitividad.

El 30 de agosto, tras el salto de la semana pasada, el tipo de cambio cerró en 7,8 bolívares por dólar en el mercado oficial y en 8,4 bolívares en el mercado paralelo. Consultoras como Ecoanalítica estiman que el tipo de cambio de equilibrio es de 20 bolívares por dólar, es decir, el dólar sigue estando muy barato.

Leonardo Vera indica que “no se logró estabilizar el mercado cambiario, no puedes estabilizar el tipo de cambio a una tasa tan baja, sobrevaluada. Este es un anclaje del tipo de cambio que tiene beneficios parciales pero que no termina abatiendo la inflación. Entonces, vas perdiendo competitividad”.

Para mantener la oferta de dólares en el mercado cambiario y evitar que continúe la devaluación del bolívar, el Banco Central necesita dólares y no hay buenas noticias. Sus reservas líquidas son apenas de 800 millones de dólares, el resto son barras de oro por 4.320 millones de dólares.

Pero lo más preocupante es que la producción de petróleo, la principal fuente de dólares, se mantiene estancada entre 600 mil y 700 mil barriles diarios mientras que el precio del barril está en descenso y Venezuela, para exportar al margen de las sanciones de Estados Unidos, vende con descuento.

Otro elemento clave es que alrededor de 40% del petróleo que exporta Venezuela no genera caja porque son barriles que se utilizan para pagar la compra de crudos a Irán y deuda con China.

La dolarización

Leonardo Vera señala que el país necesita un plan efectivo contra la inflación que, entre otras cosas, requiere asistencia financiera internacional, estabilizar el mercado cambiario, resolver la crisis fiscal y realizar reformas institucionales.

Ante la ausencia de un programa efectivo contra la inflación los venezolanos utilizan al dólar como reserva de valor, para fijar precios y en buena parte de sus transacciones. 

El pasado 10 de diciembre Delcy Rodríguez, vicepresidenta del gobierno y ministra de Finanzas, afirmó en la Asamblea Nacional que 2022 será “el año de recuperación del bolívar”, pero la economía marcha en otra dirección.

“La crisis cambiaria es una muestra fehaciente de que la economía venezolana no se va a desdolarizar de la noche a la mañana como cree el Gobierno”, dice Leonardo Vera.

“Lo que nos está diciendo esta economía es que, en ausencia de un buen programa antinflacionario, de reconstruir la credibilidad en las instituciones y de buscar asistencia financiera internacional -porque esto pasa por resolver el tema político-,  entonces la salida sería dolarizar”, resume Leonardo Vera.

BCV sube la tasa de sus bonos para tratar de frenar al dólar

BCV sube la tasa de sus bonos para tratar de frenar al dólar
A la par de que ofrece títulos el Banco Central reduce su oferta de divisas y aumenta la temperatura en el mercado cambiario

El directorio del Banco Central de Venezuela (BCV) intenta frenar la escalada del dólar a fin de evitar un mayor impacto sobre los precios y la capacidad de compra del salario.

La estrategia que puso en marcha busca que las empresas, los comercios y las personas utilicen los bolívares que les sobra para comprar bonos en vez de dólares.

Desde marzo de este año el Banco Central oferta bonos, llamados Títulos de Cobertura, que mantienen su valor en dólares y además reportan intereses. Esta semana, para hacerlos más atractivos, el BCV aumentó de manera considerable la tasa de interés.

Hasta la semana pasada, la tasa anual que ganaba el comprador de un bono variaba entre un mínimo de 8% y un máximo de 10%. Ahora, la escala es de un mínimo de 16% y un máximo de 18%. Los plazos van desde 7 días hasta 92 días. El monto mínimo para invertir es de 50 mil bolívares.

Las entidades financieras, en caso de que tengan excedentes de bolívares, también pueden comprar estos bonos pero sin cobertura respecto a la devaluación y a una tasa de interés más baja.

En las últimas tres semanas, gracias a una mayor demanda, la cotización del dólar en el mercado oficial aumentó 10% y el 23 de agosto cerró en 6,28 bolívares. En el mismo lapso el dólar se elevó 22% en el mercado paralelo hasta los 7,32 bolívares.

El salto del dólar se produjo después de que el gobierno inyectó bolívares a la economía cancelando bonos a los trabajadores públicos y deudas a contratistas. Rápidamente, este dinero terminó en la caja de comercios y empresas que, ante la poca confianza en la moneda, se refugiaron en el dólar.

La cotización del dólar es seguida por las empresas, importadores y comercios para fijar sus precios; por lo tanto, para el Banco Central es clave que se mantenga estable a fin de que la inflación, que en los primeros siete meses del año acumula un salto de 48,4%, no continúe mermando la capacidad de compra del salario.

¿Sin balas?

Hasta ahora, la principal arma que ha empleado el BCV para tratar de mantener al dólar bajo control es la venta de dólares en efectivo a través de las entidades financieras, a un ritmo que fluctúa entre 100 y 200 millones a la semana.

Pero esta semana sorprendió al mercado ofreciendo un monto inusualmente bajo de entre trece y quince millones. El resultado es una gran incertidumbre en las entidades financieras.

“La semana pasada el gobierno inyectó bolívares en cantidades importantes, entonces se esperaba una oferta de dólares mayor o en los montos acostumbrados pero ha sido muy baja. No sabemos si el Banco Central ya no tiene suficientes dólares para ofertar y se quedó sin balas”, dice el presidente de una entidad financiera.

La consultora Síntesis Financiera señala en su informe El Tesorero que “es prematuro juzgar si esta nueva estrategia del BCV es temporal o tendrá un alcance mayor. A nuestro juicio, indica que probablemente estamos ante una nueva fase de la política de intervención cambiaria, en la cual veremos montos semanales más bajos de ventas de divisas que los que se han visto en lo que va de este año”.

Agrega El Tesorero que “es difícil pensar que el ritmo de depreciación del bolívar pueda mitigarse con ventas semanales de divisas del orden de los trece o quince millones de dólares. Además, la caída drástica de la oferta semanal de divisas llevará a un ajuste de expectativas y acelerará el ritmo de depreciación del bolívar”.

Banqueros consideran que los bonos que oferta el Banco Central no serán suficientes para contener al dólar si la oferta de divisas no aumenta y explican que un elemento a considerar es la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.

“Los bonos te protegen de la devaluación según el tipo de cambio oficial, entonces, tiene que haber una brecha mínima con el tipo de cambio paralelo para que sean atractivos. Es cierto que reportan intereses pero está el riesgo de qué puede ocurrir con el dólar en el mercado paralelo”, dice el vicepresidente de un banco mediano.

La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo comenzó a ampliarse y el 23 de agosto se ubicó en 16%. No obstante está por verse si para las empresas puede resultar atractivo colocar dinero en los bonos del Banco Central a plazos cortos como el de siete días.

Si el BCV no restablece su oferta de divisas, es previsible que la demanda de dólares aumente en el mercado paralelo y que la brecha con el tipo de cambio oficial siga ampliándose.

Las reservas

El tanque de dólares que tiene el Banco Central para intervenir en el mercado cambiario tiene niveles históricamente bajos. Apenas cuenta con cinco mil millones de dólares de los cuales solo 800 millones son en efectivo y el resto corresponde a barras de oro. 

Las estadísticas del BCV muestran reservas por el orden de diez mil millones de dólares porque incluye unos Derechos Especiales de Giro en el Fondo Monetario Internacional que no puede utilizar ya que este organismo no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro como legítimo.

José Guerra, exgerente del Banco Central y director del Observatorio Venezolano de Finanzas afirma que “el Banco Central no tiene reservas para sostener la tasa de cambio y los venezolanos perdieron la confianza en la moneda”.

El petróleo

Tras desplomarse a un promedio de 569 mil barriles diarios en 2020, la producción petrolera de Venezuela creció hasta un promedio de 733 mil barriles diarios en los primeros siete meses de 2022, pero el alza se estancó y todo indica que sin inversiones se mantendrá en niveles muy bajos para las necesidades del país.

El petróleo provee la gran mayoría de los dólares que alimentan las reservas internacionales. Un elemento clave es que una parte importante del petróleo que exporta Venezuela no genera caja porque son barriles que se entregan para pagar la compra de productos a otros países como Irán.

El petróleo que se vende se coloca en China a través de intermediarios que exigen un descuento importante por violar las sanciones de Estados Unidos. Fuentes señalan que Venezuela está colocando la mayor parte de los barriles que exporta a treinta o cuarenta dólares por debajo del precio del Brent.

La invasión de Rusia a Ucrania disparó el precio del Brent hasta 128 dólares el barril, pero las señales de recesión en Europa y Estados Unidos, junto a la desaceleración de la economía de China, lo han hecho retroceder hasta cien dólares.

Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania intentan revivir el acuerdo nuclear con Irán de 2015, dijo la Casa Blanca, lo que podría permitir que el petróleo iraní bajo sanciones regrese a los mercados globales.

Un mayor descenso de los precios del petróleo impactaría con más fuerza el ingreso de dólares de Venezuela; no obstante, Arabia Saudita anunció que está dispuesta a impulsar un recorte de la producción en la OPEP y sus aliados para darle un piso al barril.

Maduro relaja el control del gasto para aplacar la protesta laboral

Maduro relaja el control del gasto para aplacar la protesta laboral
Por primera vez desde que comenzó a aplicar el ajuste para desacelerar la inflación, el gobierno cede a la presión de los trabajadores. Tamara Herrera indica que un aumento del gasto público mayor al programado obligaría a elevar la oferta de divisas

 

@vsalmeron

 

Bajo la asesoría de Patricio Rivera, exministro de finanzas de Ecuador, Nicolás Maduro aplica un severo ajuste para desacelerar la inflación. Hasta ahora el conjunto de medidas había avanzado sin concesiones, pero la protesta de maestros y profesores universitarios lo ha obligado a dar una muestra de flexibilidad en una pieza clave: la contención del gasto.

El plan consiste en restarle combustible a la inflación mediante el control de la liquidez y la estabilidad del dólar. Esto implica disciplina en el gasto del gobierno con mínimo aumento del salario e incluso reducción de beneficios a los trabajadores del Estado. Además, aumento de los impuestos, disminución del crédito y oferta de dólares para satisfacer la demanda de billetes verdinegros.

En marzo, tras diez meses de salarios congelados y alta inflación, Maduro aprobó un aumento a los trabajadores del Estado pero al mismo tiempo la Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre), un órgano bajo su control, modificó la estructura de los tabuladores y las fórmulas de cálculo de beneficios, como primas por antigüedad y formación.

El resultado es que los trabajadores, en especial los de educación y salud, denuncian que hubo una desmejora en sus ingresos que viola la contratación colectiva. A esto se añadió que el gobierno pretendió pagar el bono vacacional de manera fraccionada postergando la mayor parte del pago hasta el próximo año.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social precisa que en el primer semestre de 2022 hubo 3.892 protestas en el país de las cuales 1.642, el 42%, se produjo por el reclamo de derechos laborales, en especial, “un salario digno y suficiente”.

La intensidad de las protestas de los maestros y profesores universitarios obligó al gobierno a dar marcha atrás y anunció que pagará el bono vacacional por completo, pero los gremios todavía demandan la derogación “del instructivo Onapre” y mejora sustancial del salario.

El salario básico de un profesor titular a dedicación exclusiva, el máximo escalafón en las universidades públicas, equivale a tan solo 87 dólares mensuales y el de un profesor instructor a tiempo completo 45 dólares mensuales.

A cuentagotas

Tamara Herrera, directora de la consultora Síntesis Financiera, explica que las proyecciones apuntan a que este año la inflación culminará en torno a 95% una cifra que si bien sigue siendo muy elevada es una desaceleración importante respecto a 686% en 2021 y entre las causas figura un gasto suministrado gota a gota.

“El comportamiento nos dice que hay un control y monitoreo estrecho del gasto, una programación financiera entre el gobierno y el Banco Central. Esto no quiere decir que el gasto no esté creciendo, quiere decir que está controlado”, dice Tamara Herrera.

Precisa que aun tomando en cuenta la reducción a través de la modificación de los tabuladores, primas y derechos adquiridos por los trabajadores, el gasto ha aumentado desde un desembolso mensual en el primer trimestre de 2.200 millones de bolívares hasta 3.500 millones en el segundo trimestre y en julio alcanzó 4.500 millones.

“Creemos que seguirá aumentando poco a poco y al tomar en cuenta la desaceleración de la inflación entonces habrá un aumento en términos reales que debiera tener algún pequeño poder impulsor de la economía”, agrega.

No obstante Tamara Herrera señala un aspecto clave: “El gasto aumentó porque habría sido intolerable que no lo hiciera, pero está subiendo mucho menos de lo que se requiere para satisfacer salarios dignos en la administración pública”.

Vasos comunicantes

El control del gasto público es esencial en la estrategia del gobierno para desacelerar la inflación porque junto al alza de los impuestos y la contracción del crédito reduce la cantidad de bolívares que podría utilizarse para comprar dólares. Esto ayuda a que la cotización del dólar tenga poca volatilidad y actúe como un ancla para los precios.

Tamara Herrera destaca que “no pueden elevar el gasto público sin reforzar algunas de las otras tres patas antiinflacionarias y la presión tributaria ya es excesiva y atenta contra la recuperación incipiente de la economía, mientras que el crédito ya está bastante contraído por el alto requerimiento de encaje a la banca”.

Añade que para equilibrar el efecto de un aumento del gasto más allá de lo programado habría que aumentar la oferta de dólares en el mercado cambiario. “Tendría que acentuarse la esterilización de bolívares a través de la venta de divisas por parte del Banco Central de Venezuela y no parece que haya una holgura demasiado amplia para hacerlo”, sostiene.

Ingresos petroleros

Tras desplomarse a un promedio de 569 mil barriles diarios en 2020, la producción petrolera de Venezuela creció hasta un promedio de 733 mil barriles diarios en los primeros siete meses de 2022. Además, hubo un aumento importante en los precios del barril.

En el primer semestre de este año el precio del crudo Brent, que sirve de marcador en Europa, se cotizó a un promedio de 106 dólares el barril, lo que se traduce en un incremento de 40% respecto al promedio de 2021.

A simple vista el gobierno tendría un alza importante de recursos para elevar el gasto, pero al tomar en cuenta que una parte importante del petróleo que exporta Venezuela no genera caja y que hay un descuento relevante en el precio para colocar los barriles al margen de las sanciones de Estados Unidos, queda claro que el efecto en el ingreso es limitado.

Tamara Herrera explica que las proyecciones apuntan a que este año el valor del petróleo exportado se ubicará en 13.500 millones de dólares, pero de este monto solo ingresará entre 40% y 50% ya que una parte considerable de los barriles no genera caja.

Por ejemplo, una porción del petróleo exportado se entrega como pago por los condensados y crudos que el país está recibiendo de manos de Irán.

Reloj electoral

La política está presente en el manejo de la economía. En 2024 habrá elecciones presidenciales y por tanto es previsible que el gobierno contemple una mayor dosis de gasto público a partir del segundo semestre de 2023 para tratar de generar una percepción de mejoría en la situación de los trabajadores públicos.

“Uno supone que entre las metas económicas está muy presente que hay un evento electoral de primer orden en 2024. Entonces, se va a querer dosificar y administrar bien el flujo de divisas y dosificar el gasto en bolívares, que debería aumentar de manera más intensa a partir del segundo semestre de 2023”, dice Tamara Herrera.

Para evitar saltos en la cotización del dólar que aceleren la inflación, la mayor inyección de bolívares tendría que acompañarse de mayor oferta de divisas. “Necesitas mantener y aumentar la intervención en el mercado cambiario que este año estimamos que llegará a 3.300 millones de dólares”, indica Tamara Herrera.

Una pieza del rompecabezas es que el futuro de los precios del petróleo comienza a nublarse por los temores a un debilitamiento de la demanda por una eventual recesión en Estados Unidos y Europa. Además, hay señales de desaceleración en China.

“El consenso apunta a que los precios del petróleo van a estar más bajos el año que viene y no vemos que podamos prever un crecimiento importante de la producción”, advierte Tamara Herrera.

Venezuela: el declive del crédito socava la rentabilidad de la banca
Leonardo Buniak advierte que mientras la ganancia siga deprimida el sistema financiero va a perder viabilidad y capacidad para ser un factor de relanzamiento de la economía

 

@vsalmeron

 

La banca venezolana demostró habilidad para flotar sobre la recesión que redujo a la cuarta parte el tamaño de la economía y la hiperinflación que destruyó la confianza en la moneda, pero la contracción del crédito comienza a minar la rentabilidad.

Para drenar liquidez y evitar que haya préstamos que alimenten la demanda de dólares desde 2019 el Banco Central obliga a los bancos a inmovilizar la mayoría del dinero que gestionan, actualmente, el 73% de los depósitos.

El resultado es una economía primitiva con escaso financiamiento donde las empresas reciben pocos préstamos para soportar la producción y millones de venezolanos tienen tarjetas de crédito inservibles, con las que no pueden comprar una hamburguesa.

El portafolio de préstamos equivale a tan solo 500 millones de dólares al cierre de junio, una cifra enana respecto a los 31 mil millones de dólares de 2012, cuando no había explotado la crisis y la banca usaba la mayoría de los depósitos para prestar.

Para el sistema financiero hay una cadena de impactos. El escaso volumen de los créditos se traduce en menos ganancias y poco dinero para reforzar el capital. Por tanto, la rentabilidad y la solvencia se debilitan.

Leonardo Buniak, analista de riesgo bancario y director de la firma Buniak & Company, explica que “el capital crece por el aporte del accionista o por la reinversión de utilidades. Si las utilidades se debilitan la solvencia del banco también comienza a debilitarse”.

Pendiente negativa

Un elemento esencial para evaluar el desempeño del sistema financiero es el activo, es decir, el dinero que el banco presta para obtener ingresos, mediante créditos e inversiones como la compra de bonos. Pero este dinero no es del banco, es de los depositantes y para captarlo paga intereses.

Leonardo Buniak recurre a un indicador clave para examinar la rentabilidad, el margen financiero bruto. Este indicador relaciona los ingresos obtenidos, mediante los préstamos e inversiones, con el pago de intereses que hace el banco para captar dinero.

Básicamente se calcula restándole al ingreso por créditos e inversiones el pago de intereses a los depositantes y el resultado se expresa como porcentaje del activo.

“El negocio de la banca es dar préstamos y realizar inversiones por eso el margen financiero bruto es el principal indicador de ganancia y en el caso de la banca privada se redujo desde 13,58% en marzo de 2021 hasta 0,31% en marzo de este año. En junio milagrosamente subió a 2,24%” dice Leonardo Buniak.

“La caída vertiginosa en la ganancia del negocio de intermediación es algo indescriptible y sin precedentes en la historia de Venezuela. Y eso nos habla de lo comprometida que está la banca respecto a la rentabilidad”, dice Leonardo Buniak.

En el caso de la banca pública el margen financiero se redujo desde 2,31% en marzo de 2021 hasta 0,55% en junio de este año.

La solvencia

Leonardo Buniak destaca que “la banca todavía está bien capitalizada” pero deja en claro que los indicadores de solvencia han comenzado a deteriorarse porque el descenso de las ganancias implica que hay menos recursos para reforzar el capital.

Los indicadores de solvencia reflejan en qué medida los recursos propios del banco, provenientes de los aportes de los accionistas y los beneficios reinvertidos, respaldan las operaciones. Es la capacidad para absorber pérdidas.

El indicador mínimo de patrimonio o solvencia que exige la Superintendencia de Bancos en Venezuela es de 9%, es decir, por cada cien bolívares en activos debe haber nueve de recursos propios.

“Si vemos la banca privada al cierre de marzo de 2021 la solvencia se ubicó en 37% y en junio de este año en 20,08%. Este es el promedio del sector pero hay bancos pegados del 9% que es el mínimo exigido, de allí las exigencias de aportes de capital”, dice Buniak.

Para contener el deterioro de la solvencia la Superintendencia de Bancos emitió una resolución que obliga a los accionistas a inyectar dinero en efectivo para incrementar el capital antes de septiembre de este año.

Sin músculo

Lo previsible es que los banqueros aumenten el capital lo mínimo necesario en un entorno donde la inmovilización de los depósitos restringe el crédito y la rentabilidad desciende.

La hiperinflación condujo a una dolarización de facto y hoy la mitad de los depósitos son dólares pero el gobierno, en un intento por detener la dolarización, prohíbe los préstamos en moneda extranjera.

La única concesión fue permitir en febrero de este año el uso de 10% de los depósitos en dólares para otorgar préstamos en bolívares relacionados al tipo de cambio oficial. La medida dio algo de oxígeno pero no acabó con la asfixia del crédito.

Leonardo Buniak advierte que “hay una macrotendencia muy grave. Mientras la rentabilidad siga deprimida la banca va a perder viabilidad, sostenibilidad y capacidad para ser un factor de relanzamiento de la economía. Esta rentabilidad no te permite crecer”.

 

*Puede leer también: ¿Cómo el gobierno está reduciendo el uso del dólar en Venezuela?

 

Un aspecto positivo es que el sistema financiero está sólido en cuanto a las reservas disponibles para atender un posible deterioro en la calidad de los créditos.

“Las provisiones al cierre de junio son de 390% eso quiere decir que por cada bolívar de cartera mala, con problemas de morosidad, la banca tiene cuatro bolívares en provisiones para contingencias” explica Leonardo Buniak.

“La banca todavía sigue estando bien capitalizada y provisionada pero está inmersa en una macrotendencia peligrosa que le resta sostenibilidad al sector hacia adelante”, agrega.

El reacomodo

Para adaptarse al entorno los bancos han iniciado la digitalización de procesos, el recorte de personal y el cierre de agencias a fin de disminuir los gastos y enfocarse en el cobro de comisiones por servicios como fuente de ingresos.

Si bien la digitalización es la tendencia en la banca regional en Venezuela cuenta con el aliciente de un entorno que obliga a recortar gastos a gran velocidad.

“Es una tendencia irreversible el cierre de agencias y el despido de personas por la caída de la rentabilidad. Para sobrevivir la banca se enfoca en las comisiones por servicios. Pasó de una banca de intermediación a una banca de servicios transaccionales y para eso no requieres una gran red de agencias”, explica Buniak.

Las cifras son elocuentes. Entre junio de 2018 y junio de este año la banca cerró 768 agencias y redujo el número de trabajadores en 25 mil 330. Esto implica que la red de oficinas se achicó 22% y la nómina 44%.

BOD el inicio

El pasado 17 de junio la Superintendencia de Bancos aprobó la operación en la que el Banco Nacional de Crédito (BNC) adquirió activos y pasivos del Banco Occidental de Descuento (BOD), una entidad que según las autoridades estaba inmersa en “riesgos significativos de solvencia y liquidez”.

El 6 de julio la Superintendencia emitió una resolución donde otorga un plazo de dos años para la liquidación del BOD y sus empresas vinculadas. Esta operación bien podría ser el primer paso de un proceso en el que se reduzca la lista de 23 bancos privados que operan en Venezuela.

“La banca avanza hacia procesos de fusión y es probable que terminemos con once o doce bancos. Ya vimos el primer ejemplo con BOD y BNC” afirma Leonardo Buniak.

Un aspecto clave es que las fusiones tienen un alto grado de intervención política porque necesitan la autorización previa del Directorio del Órgano Superior del Sistema Financiero Nacional integrado por cinco funcionarios nombrados por el presidente de la República: el ministro de finanzas, el presidente del Banco Central y tres directores.

Banqueros sostienen que este grado de intervención del gobierno es una traba para que se concreten fusiones que están en una fase preliminar.                                                               crédito

Se detuvo el alza del salario: ¿la economía se aproxima al techo?
El incipiente crecimiento basado en el consumo emite señales de agotamiento. El país necesita inversiones

 

@vsalmeron

 

Tras una empobrecedora caída, el salario de buena parte de los venezolanos tocó piso en 2021 e inició un ascenso que les permitió consumir un poco más y sentir un cambio de tendencia; pero el optimismo comienza a debilitarse.

“Todo se está frenando. Mi sueldo, que no es ninguna maravilla, es mejor que el año pasado pero todos los precios suben”, dice Marielbis González quien trabaja como vendedora en una cadena de electrodomésticos.

El incremento de los salarios vino de la mano de la dolarización de facto. Cuando las empresas y los comercios pudieron facturar en dólares, el ingreso se estabilizó y las remuneraciones comenzaron a mejorar en una economía donde el gobierno dejó de aplicar controles y dio libertad para importar.

El oxígeno se concentró en las principales ciudades del país y se sintió con más ímpetu en el comercio y los servicios. En Caracas renacieron tiendas y se inauguraron restaurantes. A la mejora del salario se sumó que las familias con remesas y ahorros en divisas inyectaron combustible al consumo.

En Caracas las remuneraciones en el comercio y los servicios, donde trabajan seis de cada diez personas con empleo en la capital, iniciaron el ascenso desde el foso de 50 dólares y mejoraron de manera constante entre enero de 2021 y marzo de este año, pero hay signos inquietantes.

Datos indican que las remuneraciones, que incluyen bonos y salarios, han dejado de crecer mientras que los precios, si bien no aumentan al ritmo frenético de la hiperinflación, siguen incrementándose a tasas elevadas: según el Observatorio Venezolano de Finanzas acumulan un salto de 53,8% en el año.

Empresarios explican que el ajuste de los precios es inevitable en un entorno donde los productos importados se encarecen por los problemas en las cadenas de suministro y hay poca productividad por las fallas de electricidad, la escasez de combustible y un mercado que se achicó violentamente.

El frenazo

Las cifras del Observatorio Venezolano de Finanzas precisan que la remuneración promedio de los trabajadores en el comercio y los servicios del Área Metropolitana de Caracas, que no aumenta desde marzo, se ubicó en 118 dólares en junio y compra 5,7% menos que en diciembre.

Los últimos datos de Conindustria, el gremio que agrupa a la manufactura privada, también emiten señales preocupantes: en marzo, la remuneración promedio de los obreros fue de 130 dólares versus 138 en diciembre.

El ingreso es pobre en todo el ámbito laboral. En el comercio, los gerentes tienen una remuneración promedio de 261 dólares y 339 dólares los profesionales y técnicos de la industria privada. 

“Uno sigue estando mejor que en los tiempos en que hubo una especie de bomba atómica y nos empobrecimos pero tiene que mejorar mucho más, es lo que uno espera”, dice Carlos Castillo quien trabaja como técnico en una empresa que produce envases plásticos.

En el sector público hubo mejoras pero las remuneraciones siguen siendo muy bajas, inferiores a ochenta dólares en la gran mayoría de los ministerios, universidades y hospitales. Además, el gobierno rebajó beneficios como las primas por antigüedad motivando protestas de distintos gremios.

Mala señal

Leonardo Vera, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, explica que “hemos visto una recuperación de la actividad económica sin mucha fuerza, pero estamos produciendo un poco más y eso es una buena noticia. Esta recuperación está basada esencialmente en el comportamiento de los salarios y por tanto en el consumo”.

“Que estas estadísticas muestren estancamiento del salario es preocupante. Si la palanca de la recuperación ha sido el consumo privado, gracias a la dolarización de los salarios, inicialmente esto nos indica que la recuperación tiene pies muy cortos. Si esto se consolida como una verdad estadística muy probablemente no vamos a tener mucho combustible para seguir creciendo en el futuro”, agrega Leonardo Vera.

“Además preocupa porque eso es lo que estamos viendo en el sector petrolero. Este año hubo una recuperación de la producción respecto a 2021 pero pareciera que se llegó a un techo. No ha habido más incrementos significativos y la producción se mantiene entre 700 mil y 800 mil barriles diarios”, dice Leonardo Vera.

“Ojalá no estemos en lo cierto, pero es posible que en el sector no petrolero ocurra el mismo estancamiento si no hay un motor más fuerte que el consumo privado, uno que pueda generar crecimiento a tasas significativas y sostenidas”, advierte Vera.

Las proyecciones

El Banco Central oculta las estadísticas del PIB desde el primer trimestre de 2019. Las proyecciones de consultoras y entidades financieras coinciden en que la recesión 2014-2021 redujo el tamaño de la economía en alrededor de 80% y este año se espera un crecimiento en torno a 10%.

Para eliminar el espejismo de los porcentajes es útil un ejemplo: el impacto de la crisis es similar a una persona de 100 kilos que rebaja hasta 20 kilos. Si aumentara 10%, como se espera este año, comenzaría a pesar 22 kilos. Lo relevante es el incipiente cambio de tendencia.

Ante la falta de estadísticas oficiales el Observatorio Venezolano de Finanzas tiene un modelo para estimar la marcha de la economía que determinó que en el primer semestre de este año hubo un crecimiento de 12% respecto al mismo lapso de 2021, un resultado que rima con las proyecciones de 10% para el año.

Los perdedores

Daniel Cadenas, economista y consultor, considera que si la economía está creciendo como sostienen las estimaciones y la capacidad de compra del salario se está reduciendo, entonces hay una dinámica donde los trabajadores comienzan a estar al margen de los beneficios.

“El PIB, de acuerdo al ingreso, es igual a la suma de los salarios, los alquileres, los intereses y los dividendos. Entonces, si el PIB crece y los salarios reales caen, es decir, tienen menos poder de compra, estamos ante un ciclo perverso donde el salario es la variable de holgura”, dice Daniel Cadenas.

“Los alquileres de los locales comerciales, los intereses que se pagan por el financiamiento y la utilidad de las empresas están aumentando a una tasa superior a la inflación. Lo que no crece en esa magnitud es el salario porque es la variable de ajuste para que los otros factores se mantengan rentables”, explica Daniel Cadenas.

Lo que falta

Para fortalecer el incipiente proceso de recuperación es necesario agregar una serie de ingredientes a la dolarización de facto y el fin de los controles.

Leonardo Vera indica que “Venezuela necesita inversiones. La inversión es una de esas grandes palancas que permiten vislumbrar crecimiento sostenido, pero esas inversiones muy probablemente no van a llegar en el corto plazo”.

Explica que hay un conjunto de empresas con una gran capacidad ociosa que antes de invertir necesitan un mayor uso de su capacidad instalada y las que sienten que deben hacer inversiones tropiezan con obstáculos.

Señala que una limitación es la falta de financiamiento. Los bancos están obligados a congelar a manera de reserva más de dos tercios del dinero que gestionan y a esto se añaden fallas en los servicios públicos.

“No puedes invertir sin redes de servicios públicos adecuadas. La energía eléctrica, el transporte, la gasolina son elementos vinculados a la actividad productiva”, dice Leonardo Vera. 

Agrega que otro ámbito a resolver es el poco incentivo que tienen los pequeños emprendedores para formalizar su actividad.

“El emprendimiento que ha surgido es precario, poco formalizado y sin incentivos para optar a la formalización. La formalización es la vía para tener acceso al crédito, a otros mercados y crecer económicamente” dice Leonardo Vera.

El aislamiento es otro aspecto a considerar. “Esto es algo que va más allá de las sanciones, también tiene que ver con haber renunciado a convenios y acuerdos a los que pertenecíamos, a la pérdida de relaciones con gobiernos, con nuestros mercados naturales”, explica.

“Las empresas grandes y medianas están desvinculadas del resto del mundo. Esa vinculación es la forma para transformarse tecnológicamente, de obtener financiamiento internacional, cartas de crédito, obtener insumos a tiempo, participar en el comercio internacional”, dice Leonardo Vera.

El gobierno existe

Daniel Cadenas afirma que la pretensión de que el comercio y los servicios se conviertan en el epicentro de un crecimiento económico vigoroso que lleve a una mejora importante de los salarios es fantasía.

“Los países que han crecido durante mucho tiempo a grandes tasas lo han hecho sobre la base de la manufactura, no sobre el comercio. También han tenido una institucionalidad fuerte promercado y en Venezuela es muy endeble. Las leyes que controlan la economía están vigentes, solo que no se aplican”, indica.

Finaliza con un aspecto medular. “No vamos a crecer hasta que no trabajemos estos temas y algo que últimamente se quiere obviar: es necesario contar con un gobierno legítimo, reconocido, que no esté sancionado por la comunidad internacional”, destaca Daniel Cadenas.

*Puede leer también: Venezuela: ¿qué implica un deshielo comercial con Colombia?

Venezuela: ¿qué implica un deshielo comercial con Colombia?
Con un mercado empobrecido y empresas poco competitivas Venezuela se dispone a normalizar las relaciones con el que fue su principal socio en la Comunidad Andina, el bloque que dejó a un lado para adherirse al Mercosur

 

@vsalmeron

 

La lista de cambios que Gustavo Petro quiere concretar tras su llegada al poder incluye normalizar las relaciones entre Colombia y Venezuela, tanto en el terreno diplomático como comercial. Este giro, en agenda para el corto plazo, genera oportunidades y amenazas para unas empresas venezolanas disminuidas tras el deslave de la economía socialista.

“Me he comunicado con el gobierno venezolano para abrir las fronteras” dijo Gustavo Petro tras la victoria que lo convirtió en el primer presidente izquierdista de Colombia. Previamente, durante la campaña electoral, afirmó que “lo óptimo sería normalizar del todo nuestras interacciones bilaterales”.

La toma de posesión será el próximo 7 de agosto pero como presidente electo, Petro ya se ha comunicado con el mandatario venezolano Nicolás Maduro. Además, hay gestos simbólicos: el pasado 4 de julio empresarios venezolanos y colombianos sostuvieron un encuentro en Táchira, uno de los cuatro estados venezolanos que limitan con Colombia.

El encuentro se centró en la necesidad de reabrir la frontera entre Táchira y el departamento colombiano Norte de Santander, cerrado al paso de vehículos desde 2015 por Nicolás Maduro bajo el argumento de la lucha contra el “contrabando de extracción”: el trasvase de productos, que entonces tenían precios subsidiados, de Venezuela a Colombia.

Tras las conversaciones entre Maduro y Petro todo apunta a una pronta apertura de la frontera que permitirá el paso de vehículos entre Táchira y Cúcuta, la capital del Norte de Santander, ciudad central en el comercio binacional.

El acuerdo Aladi

Bajo los acuerdos de la Comunidad Andina, Venezuela y Colombia construyeron un mercado común con reglas claras sobre aranceles, competencia desleal, propiedad intelectual, salvaguardias, aduanas e instituciones para operar.

En 2006 Colombia y Perú firmaron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. En respuesta Venezuela anunció su retiro de la Comunidad Andina y se adhirió al Mercosur. El expresidente Hugo Chávez dijo que era un paso necesario para evitar que productos estadounidenses “triangulados” a través de Colombia ingresaran a Venezuela.

En 2011 Venezuela quedó formalmente excluida de la Comunidad Andina al concluir el plazo de cinco años para su retiro. Desde entonces entre Colombia y Venezuela solo existe un tratado de alcance parcial firmado bajo el paraguas de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi).

Este acuerdo otorga ventajas arancelarias a los productos en los que hubo comercio entre 2006-2010 dejando de lado aspectos clave como propiedad intelectual, inversión extranjera, comercio de servicios, trabajo y compras gubernamentales, entre otros temas. 

Empresarios venezolanos explican que un aspecto a revisar es si hay productos que Venezuela podría exportar a Colombia y no gozan de preferencia arancelaria en el acuerdo Aladi, porque esto los pondría a competir con bienes de terceros países que sí gozan de este beneficio en el mercado colombiano.

La reconstrucción

Luis Alberto Russián, presidente de la Cámara de Integración Económica Venezolana Colombiana (Cavecol) explica que “es necesario ampliar el acuerdo de la Aladi para que sea más integral”.

“Estamos ante la posibilidad de reconstruir una relación comercial. Avanzar y tener un acuerdo de promoción de inversiones recíprocas, evitar la doble tributación, revisar las normas de calidad, los permisos sanitarios”, dice Luis Alberto Russián.

“Hay que establecer una ruta con una agenda de trabajo. Esto implica sumar a los empresarios venezolanos y sus gremios, Conindustria, Fedeindustria, Consecomercio. Tiene que haber articulación, alianzas. Esto tiene que ver con competitividad, innovación, gerencia”, Agrega Luis Alberto Russián.

En el encuentro entre empresarios venezolanos y colombianos en el Táchira se acordó “recomponer las cadenas de valor binacional” y se mencionó la aspiración de que Venezuela regrese a la Comunidad Andina.

La balanza

El escenario actual es muy distinto a 2008 cuando el comercio batió récord. Ese año una Venezuela boyante compró a Colombia mercancías por 6.071 millones de dólares, principalmente alimentos, cuero y textiles. A su vez, le vendió bienes por 1.198 millones de dólares, en buena parte acero, hierro, aluminio y petroquímica.

Tras la decisión de Venezuela de privilegiar las compras al Mercosur y el cierre de la frontera, el comercio se redujo violentamente. Las estadísticas de Colombia indican que en 2021 solo exportó a Venezuela bienes por 331 millones de dólares e importó productos por 69 millones de dólares.

En 2008 las ventas a Venezuela significaron 16,2% del ingreso de Colombia por exportaciones y en 2021 apenas 0,7% después de un proceso en que sus empresas buscaron nuevos mercados como China, India y Turquía.

Las estadísticas reflejan lo que queda del comercio formal pero de manera ilegal, evadiendo los controles fronterizos, sin pagar impuestos y sin registro sanitario se mantiene el flujo de mercancías, como leche en polvo, café y gaseosas.

En declaraciones al diario El Espectador de Colombia Germán Umaña, presidente ejecutivo de la Cámara Colombo Venezolana, afirmó que “por el cierre de la frontera entre Norte de Santander y Táchira tenemos un comercio binacional cercano a los 1.200-1.300 millones de dólares de puro contrabando, lavado de activos y prácticas indebidas”.

El rebote

Una vez se abra la frontera lo previsible es que el comercio formal crezca en poco tiempo. Jesús Palacios, economista senior de la consultora Ecoanalítica, considera que las exportaciones e importaciones venezolanas “podrían triplicarse en el corto o mediano plazo, pero las cifras seguirán muy por debajo de lo alcanzado en 2008”.

Entre los productos que Venezuela podría comenzar a exportar desde el ala privada de la economía figuran rubros como ron, cacao, camarones y químicos orgánicos. Jesús Palacios agrega que las empresas venezolanas también podrían beneficiarse con nuevos proveedores en Colombia de insumos que necesitan para producir.

“Empresas que tienen proveedores en Turquía, China o México en un entorno donde se han encarecido los fletes por los problemas en las cadenas de suministro tienen la oportunidad de diversificar el riesgo en áreas como insumos agrícolas” explica.

En silla de ruedas

La principal limitación para que el comercio alcance el esplendor del pasado es que Venezuela no es lo que fue. El país que nadaba en petrodólares desapareció y sus industrias de petróleo, siderurgia y acero, que complementaban a las empresas colombianas, producen muy poco tras años de pésima gerencia y corrupción rampante.

No hay cifras oficiales desde 2019 pero las proyecciones de bancos y consultoras coinciden en que tras ocho años en recesión la economía venezolana se redujo 80% y el ingreso se desplomó al punto que en la industria privada el salario promedio de los profesionales equivale a 330 dólares mensuales.

Tras la debacle las proyecciones coinciden en que este año la economía tocará fondo y crecerá a una tasa cercana a 10% gracias al alza de los precios del petróleo, las remesas y el impulso del comercio que se beneficia de la libre circulación del dólar y libertad para importar, pero el mercado del pasado ya no existe.

Jesús Palacios y Asdrúbal Oliveros, ambos economistas de Ecoanalítica, escriben en un análisis reciente que tras ser la cuarta economía de Latinoamérica hoy Venezuela “debe compararse a Honduras, Bolivia, Paraguay o El Salvador en términos de tamaño total”.

“Mientras que, en términos de productividad, de contribución al PIB por persona, se encuentra en magnitudes similares a Nicaragua, por debajo de Honduras y Bolivia, lo que la ubica en la retaguardia regional según ambos indicadores”, agregan.

Poco competitivos

Las empresas venezolanas son poco competitivas y se exponen a que productos colombianos les arrebaten una porción del mercado que conservan. La lista de problemas incluye una moneda sobrevaluada que encarece las exportaciones y estimula las importaciones.

Además enfrentan fallas de servicios públicos que aumentan los costos porque obligan a gastar en plantas eléctricas, tanques de agua, internet satelital e incluso autobuses para transportar al personal.

“Nuestras empresas están rezagadas respecto a las colombianas en inversión en bienes de capital, en tecnología y en capacitación de la población; estos son elementos que afectan nuestra capacidad de exportación”, dice Jesús Palacios.

Una amenaza latente es que el gobierno de Nicolás Maduro, a fin de abaratar el precio de los alimentos, ha optado por permitir importaciones sin pagos de impuestos como el IVA; es probable que este esquema se aplique con productos colombianos.

“Es una amenaza, sin duda. Esas importaciones ejercen presión a la baja sobre el precio de los productores locales porque si sus precios están muy por arriba en las condiciones actuales en las que el venezolano tiene un bajo ingreso pueden quedar fuera del mercado”, explica Jesús Palacios.

El 13 de julio Nicolás Maduro habló a los empresarios y afirmó que “hay que construir la vocación exportadora. Una empresa que esté bastante estable debe dedicar el 20%, el 30% de su producción a las cadenas de exportación, a abrir los caminos de exportación”. 

Por ahora, salvo en los discursos, no hay condiciones para un salto importante de las exportaciones venezolanas.

 

*Puede leer también: ¿Cómo el gobierno está reduciendo el uso del dólar en Venezuela?

¿Cómo el gobierno está reduciendo el uso del dólar en Venezuela?
Gracias a una mezcla de medidas en el campo tributario, actuación del Banco Central en el mercado cambiario, freno a la dolarización en la banca y mayor gasto público, el bolívar recupera terreno en los pagos al comercio

Por: @VSalmeron

El pasado 31 de mayo el mandatario Nicolás Maduro afirmó que el bolívar, la debilitada moneda que los venezolanos sustituyeron por el dólar al pagar en la mayoría de sus transacciones, calcular precios y ahorrar, comenzó a recuperar parte del terreno perdido.

“El bolívar se ha venido fortaleciendo con poder y fuerza monetaria real, ya no es por los petrodólares. Es la fuerza del mercado, la fuerza de la actividad económica, la fuerza de un Estado sólido”, dijo Maduro.

La consultora Ecoanalítica coincide con Maduro en que los venezolanos están usando menos el dólar al pagar en comercios. Ecoanalítica precisa que en Caracas, la capital del país, los pagos en moneda extranjera disminuyeron desde 59,8% de las transacciones en octubre hasta 48,4% en marzo y en la semana del 30 de mayo al 4 de junio, hasta 39,9%.

El repliegue del dólar obedece a una mezcla de medidas que incluye un impuesto a los pagos en moneda extranjera, actuación del Banco Central para frenar la devaluación del bolívar, restricciones para el uso del dólar a través de las entidades financieras y mayor gasto público en bolívares.

El impuesto de 3% a los pagos en dólares, vigente desde el 28 de marzo, ayudó a reducir el uso del dólar pero produjo un aumento puntual en los precios. Conindustria, el gremio que agrupa a la industria privada, calcula el efecto entre 12% y 18% en el precio final de los productos elaborados en el país.

“El impuesto a las transacciones en divisas está empujando a los venezolanos a utilizar el bolívar”, celebró Nicolás Maduro el 31 de mayo.

Contener al dólar

La disminución en el ritmo de devaluación del bolívar también ayudó a achicar el uso del dólar. Durante los primeros cuatro meses del año la cotización del dólar prácticamente estuvo estable y solo en mayo y junio comenzó a elevarse pero a tasas menores que en el pasado.

La consultora Síntesis Financiera indica que en el primer semestre de este año la cotización del dólar aumentó 20,4% versus 205% en el mismo lapso de 2021. Este resultado no es gratuito: el Banco Central ha tenido que vender dólares en cantidades importantes para aumentar la oferta de divisas.

Síntesis Financiera calcula que en el primer semestre el Banco Central le inyectó al mercado cambiario 1.300 millones de dólares y estima que en el segundo semestre necesitará otros dos mil millones de dólares.

La principal fuente de divisas son las exportaciones de petróleo que han contado con el viento a favor del alza en el precio del barril, pero Síntesis Financiera indica que “al menos la mitad de las exportaciones actualmente corresponden a canjes por insumos petroleros o deuda y por lo tanto, no genera caja”.

La consecuencia es que el monto de dólares que el Banco Central tendrá que inyectarle al mercado cambiario este año, para evitar que el dólar se salga de control, equivaldrá a entre 37% y 46% de los ingresos por exportaciones petroleras, de acuerdo con las proyecciones de Síntesis Financiera.

En manos del barril

El precio del petróleo ha comenzado a declinar en medio de los temores a que Europa y Estados Unidos caigan en una recesión que disminuya la demanda de crudo. En las últimas cuatro semanas la cotización del barril Brent descendió desde 124 dólares hasta 105.

Este declive genera dudas sobre si la administración de Nicolas Maduro contará con suficientes dólares para seguir abasteciendo al mercado cambiario y evitar una devaluación importante en los próximos meses.

Las reservas internacionales, el tanque de dólares ahorrados que tiene el Banco Central para intervenir en el mercado cambiario, se ubica en niveles ínfimos de 5.300 millones de dólares de los cuales la gran mayoría son barras de oro; por lo tanto, el ingreso por las ventas de petróleo es clave.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que “si analizamos el tema respecto al próximo trimestre, el gobierno tiene los dólares para intervenir en el mercado cambiario pero el problema es que esa política es costosa y depende de que tengas el flujo de ingresos”.

“La clave es ver cómo se comporta el precio del petróleo. En la medida en que haya un descenso importante esa va a ser una señal de alerta de que habrá presión en devaluación y presión en inflación para Venezuela”, dice Asdrúbal Oliveros.

Banca trancada

La estrategia para reducir el uso del dólar en la economía también incluye restricciones en el terreno financiero. A pesar de que la mitad de los depósitos en la banca ya están en divisas el gobierno impide el crédito en dólares y solo permite que utilicen diez por ciento de las captaciones en divisas bajo la modalidad de préstamos indexados.

Los créditos indexados son en bolívares, pero relacionados al tipo de cambio. Por ejemplo, si una empresa recibe un crédito de 5,6 bolívares, que hoy equivalen a un dólar, a tres meses de plazo y al vencimiento el precio del dólar aumentó hasta diez bolívares, la empresa tendrá que pagar diez bolívares al banco.

Además, las autoridades no han permitido las transferencias en dólares entre distintos bancos y suspendió las transferencias en divisas entre clientes de una misma entidad financiera.

Asdrúbal Oliveros indica que “desde marzo el gobierno eliminó las transferencias intrabancarias en divisas. Esto era un vehículo que utilizaban las empresas para para pagos en dólares a los trabajadores y proveedores. Tras esta medida las empresas han aumentado los pagos en bolívares”.

En su opinión el freno a la dolarización en la banca tiene consecuencias. “Una buena salida para lograr un ancla más efectiva y menos costosa de los precios es la dolarización financiera. Que la mayor cantidad de dólares que están fuera del sistema bancario entren al sistema fortalecería patrimonialmente a los bancos y permitiría aumentar el crédito”.

“Por razones más ideológicas que otra cosa el gobierno no ha querido hacerlo y ha optado por frenar la dolarización en la banca”, dice Asdrúbal Oliveros

Un aspecto relevante es que el crédito en bolívares es ínfimo y la economía venezolana carece de financiamiento.

A fin de que no haya la posibilidad de que los bancos otorguen créditos en bolívares que puedan ser utilizados para comprar dólares y especular con el tipo de cambio, el Banco Central obliga a las entidades financieras a congelar a manera de reservas 73% de los depósitos.

De acuerdo con datos de Conindustria, más de dos tercios de las empresas financia la compra de materia prima, el pago de nómina y servicios con recursos propios, algo que limita el crecimiento de la producción.

Más gasto

Aunque siguen siendo muy bajos, el gobierno elevó el monto de los salarios en la administración pública y de las pensiones, algo que también alentó un mayor uso del bolívar.
Síntesis Financiera precisa que el gasto público sumó 18,6 millardos de bolívares en el primer semestre de este año, una cifra que se traduce en un aumento de 77% respecto al semestre anterior.

Asdrúbal Oliveros añade otros factores propios de la capital que explican la reducción en el uso de dólares en las transacciones. “Caracas es una ciudad donde la crisis de los servicios públicos es menor, los medios de pagos electrónicos fluyen con más facilidad”.

Sigo siendo el rey

Si bien el bolívar da muestras de vida y los venezolanos aumentan su uso al momento de pagar en los comercios el dólar penetró con fuerza en la economía y es la moneda que utilizan las empresas para calcular costos y fijar precios.

A este se añade que desde los años 90 las familias que tienen excedentes de recursos ahorran en dólares y colocan su dinero en bancos del exterior.

“La dolarización no es solo transaccional. Desde el punto de vista de anclaje de expectativas, cobertura, ahorro obviamente el dólar sigue dominando. Más de 90% de los precios están fijados en dólares, las estructuras de costo de las empresas están fijados en dólares, los excedentes se convierten a dólares”, dice Asdrúbal Oliveros.