Víctor Salmerón, autor en Runrun

Víctor Salmerón

¿Qué implica el plan del gobierno para aumentar el crédito en la banca?
El aumento de los préstamos indexados tendrá un efecto limitado como fuente de financiamiento e impactará al  mercado cambiario, la banca y las empresas

Víctor Salmerón / @vsalmeron

En medio de una severa escasez de financiamiento que limita el incipiente crecimiento de la economía, el gobierno aplica un plan para impulsar el crédito a las empresas que impactará a la cotización del dólar, presionará a los bancos y tendrá resultados modestos.

La estrategia consiste en incrementar desde 10% hasta 30% la porción de los depósitos en dólares que los bancos pueden usar para prestar, pero con una serie de condiciones que tendrán consecuencias.

Como la administración de Nicolás Maduro quiere forzar el uso del bolívar, la debilitada moneda nacional que nadie atesora, los bancos venderán los dólares en el mercado cambiario oficial y prestarán los bolívares que reciban.

Los créditos serán indexados: el banco presta bolívares pero fija la deuda en dólares. Por ejemplo, registra en sus libros un crédito a tres meses de plazo por diez dólares y entrega al cliente 207 bolívares porque el tipo de cambio oficial es de 20,7 bolívares por dólar.

Si en tres meses el tipo de cambio oficial aumentó, como podría suceder, hasta 30,7 bolívares, el cliente tendrá que pagarle al banco diez dólares pero al nuevo tipo de cambio, es decir, tendrá que cancelar 307 bolívares.

Esto pone en marcha distintos efectos. Síntesis Financiera calcula que si los bancos se deciden a prestar todo lo que pueden venderían 300 millones de dólares en sus mesas de cambio, durante los próximos tres o cuatro meses y aumentaría la oferta de divisas en el mercado oficial.

La mayor oferta de dólares ayudaría a contener la cotización del dólar en el mercado oficial pero hay que tomar en cuenta que el monto no es muy relevante. Los 300 millones de dólares que podrían vender las entidades financieras equivalen a lo que vende el Banco Central en cinco semanas.

También, es probable que crezca la demanda de dólares. Tesoreros explican que como el monto a pagar por el crédito se incrementa en la medida en que aumenta la cotización del dólar, la manera de disminuir el riesgo es comprar dólares.

“El crédito es indexado, yo tengo que pagar más bolívares si el tipo de cambio aumenta, entonces la forma que tengo de disminuir el riesgo de un salto en la cotización del dólar es comprar dólares con los bolívares del crédito y trabajar con las divisas”, dice el tesorero de una empresa de alimentos.

Este potencial aumento de la demanda le restaría impacto al incremento de la oferta de dólares, por lo que operadores cambiarios son cautos al momento de calibrar el efecto que podría haber en el tipo de cambio durante las próximas semanas.

El desbalance

En la acera de los bancos hay un tema crucial con los créditos indexados: venden dólares de sus clientes, prestan bolívares a las empresas y las empresas le pagan el préstamo con bolívares. ¿Cómo reponen los dólares de sus clientes?

Los bancos no pueden comprar dólares en el mercado oficial por lo que se les podría generar un desbalance en el que habría pocos dólares para respaldar los depósitos en divisas de los clientes.

“Como está planteado el tema hay que ser cuidadoso con el monto a prestar, estar seguro de que se va a seguir captando dólares para evitar un descalce importante”, dice el presidente de un banco.

La idea es que el banco reponga los dólares que vendió para prestar con nuevos depósitos de dólares, pero se trata de una situación poco estable porque siempre habrá una porción de los depósitos que no estará cubierta.

El año pasado los bancos estaban autorizados a utilizar 80 millones de dólares para créditos indexados y solo utilizaron 30 millones porque la mayoría de las entidades financieras consideró que había un riesgo elevado en el proceso.

Los bonos

El gobierno contempla otra modalidad para aumentar el crédito bancario que consiste en que las empresas le vendan bonos en dólares a los bancos, pero al igual que con los créditos indexados hay una serie de detalles a tomar en cuenta.

Lo primero es que es necesaria una reforma legal porque los bancos, salvo que lo hagan a través de los fideicomisos, no están autorizados a comprar bonos de empresas. Solo pueden adquirir los bonos que están emitidos o avalados por el Estado.

El tema aun está en discusión pero se estudia la posibilidad de que, con parte de los depósitos en dólares que podrán utilizarse para créditos, los bancos compren los bonos de las empresas una vez se arregle el tema legal.

Banqueros explican que aún no está claro si el gobierno permitirá que los bancos compren bonos en dólares utilizando directamente los dólares o si los obligará a vender las divisas y a utilizar bolívares como en el caso de los créditos indexados.

“Hay una gran indefinición, no se sabe si se trataría de bonos en dólares que el banco va a poder comprar con dólares directamente y que al vencimiento del bono la empresa pagará también con dólares. Este sería el esquema adecuado pero no está definido”, dice un banquero.

La sequía

Aparte de los créditos indexados, el financiamiento está muy restringido. Para la administración de Nicolás Maduro es crucial tratar de estabilizar el tipo de cambio y para evitar que haya más bolívares para comprar dólares obliga a los bancos a dejar bajo llave 73 de cada 100 bolívares que tienen en depósitos.

La consecuencia es que pocas empresas tienen financiamiento y la mayoría tienen que trabajar con el dinero propio para comprar materia prima o maquinaria, algo que limita la producción y el crecimiento.

De acuerdo con datos de Global Scope, al cierre de diciembre, el total de créditos en la banca equivalía a 737 millones de dólares, una cifra enana si se toma en cuenta que de acuerdo con Conindustria, el gremio que agrupa a la manufactura privada, el sector necesita financiamiento por el orden de cinco mil millones de dólares que serían utilizados como capital de trabajo.

Las familias también sienten la restricción a través del mínimo financiamiento al consumo. Las tarjetas de crédito, en su mayoría, tienen poca utilidad porque no cubren la compra de un par de zapatos, un mercado y mucho menos algún electrodoméstico.

“Mi MasterCard es prácticamente inservible. En este momento tengo un límite que al tipo de cambio oficial equivale a catorce dólares. Evidentemente tengo que arreglármelas sin la herramienta del crédito para cubrir mis gastos”, dice el abogado Enrique Castillo.

El desequilibrio

Banqueros y empresarios consultados consideran que la mejor opción es permitir que los bancos presten directamente en dólares y abrirle la puerta a una mayor dolarización de la economía: los venezolanos ahorran en dólares, usan el dólar para fijar los precios y en una parte relevante de sus transacciones.

Además, una porción importante de los depósitos de la banca está en dólares pero el gobierno ha frenado el proceso impidiendo los préstamos en dólares y las transferencias en divisas a través de la banca.

El plan del gobierno es forzar a un mayor uso del bolívar, pero tras ocho años con inflación de tres dígitos o más, tan pronto ingresan bolívares a la economía, las empresas y los particulares buscan deshacerse de ellos comprando dólares o cualquier cosa.

A pesar de la asfixia del crédito, la falta de confianza en la moneda y la constante emisión de dinero para cubrir el déficit en las cuentas públicas se traduce en una demanda de dólares que supera la oferta.

A comienzos de 2022 los venezolanos podían comprar un dólar con 4,5 bolívares. Hoy necesitan 20,7 bolívares si van al mercado oficial o 22,5 bolívares si acuden al mercado paralelo.

El gobierno mantendrá su estrategia. El pasado cinco de diciembre la vicepresidenta y ministra de Finanzas, Delcy Rodríguez, sostuvo un encuentro con empresarios y afirmó: “Nuestra política monetaria está dirigida a consolidar y fortalecer al bolívar”.

 

La nueva Venezuela: una economía enana centrada en el comercio

La nueva Venezuela: una economía enana centrada en el comercio
Los datos oficiales sobre importaciones y exportaciones desnudan la fragilidad y las limitaciones del incipiente crecimiento que comenzó en 2022

 

Víctor Salmerón/ @vsalmeron

 

Un exultante Nicolás Maduro afirmó en la Asamblea Nacional que en 2022 la economía de Venezuela tuvo el mayor crecimiento de América Latina y el Caribe. Lo escuchó un país que dejó atrás la época de la escasez y el declive generalizado pero donde la mayoría vive una sofocante realidad de empleo precario, salario exiguo y expectativas limitadas.

Las cifras que mostró Nicolás Maduro, aparte de señalar el fin del período de caída, desnudan el crecimiento incipiente de una economía enana, centrada en el comercio a base de importaciones con poca participación de sectores clave para la diversificación y el empleo como la industria y la construcción.

El crecimiento de la economía en 2022 aún no tiene cifras precisas pero los gráficos del gobierno afirman que “será de aproximadamente 15%”, sin duda una buena noticia pero que por sus características está muy lejos de ser el umbral de una era de prosperidad.

El Banco Central oculta los datos pero consultoras consideran que durante la gran recesión de 2014-2021 la economía venezolana se redujo en torno a 70%, como si un hombre de cien kilos comenzara a pesar treinta kilos. El crecimiento de 15% significa que este hombre enflaquecido aumentó su peso hasta 34,5 kilos: sigue muy lejos de parecerse a lo que fue.

La importación

Maduro afirmó que el crecimiento vino acompañado de un “impacto de diversificación de la economía» que no habíamos tenido en años.  Pero las importaciones indican que predomina la compra de productos para el comercio, una actividad de baja productividad mientras que la industria adquiere poca materia prima para procesar y usa una pequeña parte de su capacidad.

El desarrollo de la industria manufacturera es un vehículo para que los países evolucionen desde actividades simples con mínimo valor agregado hacia la elaboración de productos más complejos que reportan mayores ingresos e incrementan la capacidad para exportar.

Además, en la medida en que las empresas manufactureras aumentan la producción, absorben a trabajadores que están en sectores menos productivos.

Los datos oficiales indican que las importaciones del sector privado suman nueve mil millones de dólares en 2022, un tercio del monto de 2013, el año previo al inicio de la gran recesión y 70% corresponde a la compra de productos para el comercio. 

La adquisición de materia prima, que en 2013 representó 58% del total, en 2022 solo tiene un peso de 20,8% y la mitad corresponde a la compra de cereales como maíz y trigo. La compra de maquinaria y equipos solo representa 9% de las importaciones del año pasado.

El entorno

Luigi Pisella, presidente de Conindustria, el gremio que agrupa a la manufactura privada, explica que la competencia de los productos importados y factores como la elevada carga de impuestos y poco uso de la capacidad instalada impactan al sector, pero vislumbra mejoras en el corto y mediano plazo.

“Estamos utilizando 38% de la capacidad instalada, esto nos resta competitividad, nos hace más costosos porque los gastos fijos se distribuyen en poca producción. Colombia y Brasil, por ejemplo trabajan a 80-82% de su capacidad instalada”, dice Luigi Pisella.

Añade a la lista un tipo de cambio sobrevaluado y la exoneración de impuestos que favorecen la importación, aunque destaca que ha habido avances. “Está disminuyendo la sobrevaluación de la moneda y la exoneración de impuestos disminuyó desde 7.000 productos a 1.500. Además ya no están exonerados al 100% sino que pagan 90% por la nacionalización e IVA”.

“El otro factor que poco a poco se va a ir corrigiendo es el tema de los tributos, hoy los tributos son tan altos que son trasladados al consumidor y eso encarece nuestros productos. Pero la tendencia es que vaya disminuyendo la importación y se sustituya por producción nacional”, dice Luigi Pisella. 

Un factor clave es que para que esto ocurra tiene que haber una mejora en los servicios públicos. “Vas a necesitar más electricidad, más gasolina, más agua”, indica Pisella.

Las exportaciones

En un entorno de baja producción industrial, las exportaciones no asociadas al petróleo si bien crecen desde el foso de 2021 siguen siendo precarias y se concentran en rubros de poco valor agregado como ron, cacao y camarones.

Maduro admitió que se trata de un aumento de poco impacto. “En 2021, el primer año del renacimiento, comenzamos con exportaciones no tradicionales de 522 millones de dólares y este año hemos llegado a 1.314 millones. Cifras modestas en la dirección correcta”.

En 1998, el año previo al que el chavismo llegara al poder, las exportaciones no petroleras del país reportaron 5.500 millones de dólares y 3.150 millones en 2013, el año previo al estallido de la crisis.

La producción petrolera, bajo el impacto de años de pésima administración, corrupción rampante y las sanciones de Estados Unidos que considera fraudulentas las elecciones presidenciales de 2018, se mantiene estancada en 686 mil barriles diarios, un nivel ínfimo respecto a los 3,2 millones de barriles diarios que producía el país en 1998.

El empleo

Eleazar Ramírez tiene 35 años y explica que hasta 2018 trabajó en una empresa que elaboraba tubos de plástico. «Pero me quedé sin empleo, así que ahora trabajo en una cadena de tiendas de electrodomésticos como vendedor. Quisiera volver a tener un empleo como el que tuve, ganaba más y me sentía mejor, pero hay que sobrevivir”, comenta.

La gran recesión provocó un cambio sustancial en el empleo. La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) indica que en julio de 2022 la industria manufacturera solo empleaba a 1,5% de los venezolanos que trabajan y la construcción 3,5%. El empleo se concentra en comercio, transporte, la administración pública y actividades por cuenta propia.

En septiembre la medición del Observatorio Venezolano de Finanzas señaló que la remuneración promedio de los gerentes que laboran en el sector del comercio y los servicios de la Gran Caracas se ubicó en 278 dólares, 176 dólares los profesionales y 116 dólares los obreros.

Economistas coinciden en que un factor determinante del salario es la productividad, el valor en dinero que los trabajadores producen en una hora de trabajo y la evidencia apunta a que el empleo se concentra en actividades poco productivas con un techo bajo para las remuneraciones.

El consumo

Con las manos vacías tras el colapso de la economía socialista, Nicolás Maduro eliminó en la práctica el control de cambio y el control de precios a la vez que permitió la libre circulación del dólar. Este viraje acabó con la escasez, desaceleró la inflación y permitió el repunte del consumo que beneficia al comercio.

Las empresas y los comercios, con más ingresos por la dolarización, aumentaron la remuneración a los trabajadores que si bien sigue siendo baja, llegó a estar en un sótano más profundo y las remesas también han ayudado al crecimiento del consumo, sobre todo de alimentos básicos y productos de cuidado personal.

Pero la inflación sigue siendo muy elevada y se aceleró notablemente en el segundo semestre de 2022. No hay cifras oficiales pero el Observatorio Venezolano de Finanzas indica que en diciembre la inflación fue de 37,2% y cerró el año en 305%, una magnitud que impacta la expansión del consumo.

Las reformas

Tras ocho años de caída al fin hubo un cambio en la tendencia; pero sin reformas que consoliden el crecimiento y permitan avanzar a altas tasas por largo tiempo Venezuela corre el riesgo de permanecer con una economía enana incapaz de generar prosperidad para la mayoría.

Analistas indican que es necesario un acuerdo político que permita aliviar las sanciones, obtener financiamiento internacional, renegociar la deuda externa y fortalecer las instituciones para impulsar la inversión.

Un aspecto a tomar en cuenta es que la banca venezolana está descapitalizada y es incapaz de financiar una expansión de la economía, por lo que es muy probable que sea necesario un proceso de fusiones y aportes de capital para mejorar su capacidad.

Ecoanalítica precisa que aun haciendo las cosas bien y creciendo a altas tasas, se necesitará tiempo para regresar a un país que se parezca al que existía antes del colapso.

Si Venezuela creciera a un promedio anual de 9,5%, la tasa de mayor expansión de su historia alcanzada en el período 1920-1949, le tomaría trece años regresar a la economía que tuvo en 1998 y 18 años a la de 2013.

 

Venezuela: ¿En camino a otra hiperinflación?
El aumento de los precios se aceleró de manera notable y se encienden las alarmas. Queda en evidencia la precariedad del plan de gobierno para controlar la inflación

En diciembre de 2021 Venezuela logró salir de la hiperinflación que estalló a finales de 2017 y la administración de Nicolás Maduro comenzó a hablar de “recuperación económica”, pero crece el temor a un nuevo ciclo de aumento descontrolado de los precios.

Según la definición clásica, creada por el economista Philip Cagan en 1956, un país se hunde en la hiperinflación cuando los precios aumentan 50% en un mes y sale cuando transcurren doce meses en los que aumentan menos de 50%.

El Banco Central oculta las cifras desde octubre, pero mediciones de consultoras y organismos como el Observatorio Venezolano de Finanzas indican que los precios están aumentando a tasas que bien pueden ser el preámbulo de otra hiperinflación.

El Observatorio Venezolano de Finanzas precisa que en diciembre la inflación fue la más elevada en veinte meses y se ubicó en 37,2%. Macroconsultores no mide la inflación general, pero sigue de cerca el precio de una canasta de alimentos básicos y los resultados son preocupantes.

La medición semanal de la canasta, compuesta de harina de maíz, harina de trigo, pasta, aceite, leche en polvo, arroz, atún enlatado, azúcar y granos indica que, en promedio, el precio aumentó 44,8% en diciembre.

Los venezolanos conocen los estragos que causa un aumento meteórico de los precios. En la hiperinflación pasada, la capacidad de compra del salario se hundió, la pobreza se multiplicó, la emigración alcanzó niveles inéditos y tan solo en 2018 los precios aumentaron 130 mil por ciento.

Si bien una hiperinflación suele ser un evento caótico en esta oportunidad, de concretarse, podría ser menos virulenta porque no hay precios represados como en el pasado y el mercado, aunque con muchas imperfecciones, está operando. 

Las causas que explican la aceleración de la inflación se resumen en déficit en las cuentas del gobierno, falta de confianza en la moneda y depreciación del bolívar.

Gobierno en rojo

Tras no ahorrar durante el boom de altos precios del petróleo, expropiar empresas que hoy generan pérdidas, pésima administración de Pdvsa, sufrir el impacto de las sanciones de Estados Unidos, una caída brutal en la producción de petróleo y la recaudación de impuestos, los ingresos del gobierno cayeron estrepitosamente.

Para cubrir parte del gasto, la administración de Nicolás Maduro recurre al Banco Central, que crea dinero para financiar a Pdvsa, la empresa petrolera del Estado. 

El economista Hermes Pérez, profesor de la Universidad Metropolitana y exfuncionario del Banco Central, explica que al cierre de 2022 el financiamiento a Pdvsa supera 19 veces al resto del dinero base creado por el Banco Central.

Una vez este dinero ingresa a la economía a través de las distintas tuberías del gobierno genera presión inflacionaria porque se traduce en más bolívares detrás de pocos productos o una demanda de dólares que propicia la depreciación de la moneda.

“El financiamiento con emisión de dinero del Banco Central comenzó a repuntar desde mayo del año pasado y es mayor, en proporción a la base monetaria, al que existía cuando comenzó la hiperinflación en 2017, esto es preocupante”, dice Hermes Pérez.

Los problemas de caja del gobierno se agudizaron en el segundo semestre del año pasado por la caída en los precios del petróleo y la mayor competencia de los barriles rusos en el mercado asiático.

El gobierno se financia con dinero que emite el Banco Central a pesar de que dejó de pagar la deuda por los bonos en dólares emitidos por el Estado.  En 2022, por capital e intereses, debió desembolsar 9 mil millones de dólares y en total la deuda pendiente, que en algún momento tendrá que ser reestructurada, suma 85 mil millones de dólares.

Repudio a la moneda

El dinero requiere confianza en el gobierno y las instituciones que lo respaldan y en Venezuela la fe en la moneda está rota. Tras la constante pérdida de capacidad de compra del bolívar, las empresas y las familias buscan deshacerse de él lo antes posible comprando dólares o cualquier cosa.

En la economía conviven el bolívar y el dólar pero mientras el bolívar circula y cambia de manos rápidamente, el dólar se emplea para ahorrar, fijar los precios y en una parte relevante de las transacciones.

Esto se traduce en que tan pronto el gobierno realiza pagos en bolívares rápidamente este dinero se dirige a la compra de dólares o en demanda de bienes y servicios. La presión no es mayor porque la administración de Nicolás Maduro aplica un salvaje recorte de gasto en las pensiones y el salario de los trabajadores públicos.

Además, para evitar que los bancos presten bolívares que puedan emplearse para comprar dólares, obliga a las entidades financieras a mantener bajo llave 73% del dinero que gestionan.

Caída del bolívar

A comienzos de 2022 los venezolanos podían comprar un dólar con 4,5 bolívares. Hoy necesitan 18,8 bolívares si van al mercado oficial o 20,6 bolívares si acuden al mercado paralelo. Este hundimiento del bolívar es el resultado de una demanda de dólares que supera por mucho a la oferta.

En los últimos doce meses el Banco Central vendió alrededor de 4 mil millones de dólares para abastecer al mercado oficial pero este monto fue insuficiente para estabilizar el tipo de cambio. En Venezuela, donde las empresas y los comercios calculan costos y precios en dólares, la pérdida de valor del bolívar respecto al dólar tiene impacto inmediato.

José Guerra, exgerente del Banco Central, director del Observatorio Venezolano de Finanzas y diputado en la Asamblea Nacional elegida en 2015, afirma que la devaluación se transfiere inmediatamente a los precios «porque los precios están fijados en dólares, rápidamente se comienza a pedir más bolívares por los productos y servicios”.

Añade que en un entorno donde se tiene la percepción de que el gobierno y el Banco Central son incapaces de evitar la constante depreciación del bolívar los precios reciben un impulso extra por las expectativas negativas: la inflación del pasado impacta en la inflación del futuro.

“No es solo a cuánto está el dólar hoy, también influyen las expectativas de cómo va a estar el dólar mañana. Las empresas y los comercios tienen que reponer sus inventarios”, dice José Guerra.

El tanque de dólares que tiene el Banco Central para vender en el mercado se encuentra en mínimos históricos. Las reservas suman cinco mil millones de dólares de los cuales más de tres cuartas partes son barras de oro.

El plan inexistente

En un trabajo publicado por el Fondo Monetario Internacional, The Modern Hyperinflation Cycle: Some New Empirical Regularities, el economista José Luis Saboín analiza los distintos episodios de hiperinflación en el mundo con una base de datos de hasta 62 variables para 196 países y detecta rasgos comunes en la medicina para abandonar por completo la enfermedad.

Básicamente, los ciclos hiperinflacionarios terminan cuando “las cuentas fiscales se aproximan al equilibrio y el crecimiento del dinero base disminuye sustancialmente, aumenta de forma importante la capacidad exportadora e importadora, disminuye la carga de la deuda externa y se detiene el nivel estrepitoso de la devaluación de la moneda” concluye José Luis Saboín.

Agrega a la lista factores estructurales como que las libertades económicas «aumentan» y hay una «mayor estabilidad en el gobierno”.

Venezuela está lejos de un plan que reúna estas características, por ahora. El gobierno de Nicolás Maduro ha aplicado un precario ajuste que está colapsando y consiste en recorte de gastos, sobre todo en salarios y pensiones; restricción del crédito bancario y venta de dólares para tratar de estabilizar el tipo de cambio.

Aun si el país no ingresa al túnel formal de la hiperinflación todo indica que seguirá padeciendo incrementos de precios que impiden la estabilidad, golpean la capacidad de compra de los consumidores y limitan el crecimiento de la economía.

En 2021, de acuerdo con los datos del Banco Central, la inflación fue de 686% y en 2022, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Finanzas, 305%, con una notable aceleración en los últimos cuatro meses con variaciones de dos dígitos.

Hermes Pérez advierte que “la definición de Philip Cagan es un número arbitrario. Lo cierto es que con una inflación mensual de 30% se está ante incrementos muy elevados que pueden ser exponenciales. Esto es muy preocupante”.

 

Advierten que Venezuela podría entrar de nuevo en hiperinflación en 2023

¿Qué hay detrás del nuevo desplome del bolívar?
Causas puntuales y estructurales explican la acelerada devaluación de la moneda a partir de noviembre

 

Por: @vsalmeron

En las últimas cinco semanas el bolívar se hundió respecto al dólar y el descenso catapultó los precios y le restó poder de compra al salario de los trabajadores. En este nuevo episodio de inestabilidad problemas coyunturales se suman a las causas de fondo.

El Banco Central tiene inconvenientes para mantener el monto de la oferta de dólares. El resultado es una mayor escasez de divisas y las empresas esperan entre tres y cuatro semanas para recibir los dólares que compran a través de los bancos.

“Le asignamos los dólares al cliente pero se los entregamos cuando el Banco Central nos los envía. El cliente paga el dólar al tipo de cambio del día en que se los asignamos”, dice el vicepresidente de una entidad financiera.

La menor oferta de divisas agravó la inestabilidad en el mercado oficial, que opera a través de la banca y se abastece de las divisas en efectivo que les envía el Banco Central. En este entorno la cotización del dólar aumentó 48 % desde 8,5 bolívares hasta 12,6 bolívares entre el 28 de noviembre y el siete de diciembre.

Los dólares que el Banco Central envía a las entidades financieras provienen de las ventas de petróleo que el gobierno hace a través de intermediarios para eludir las sanciones de Estados Unidos. Los barriles, que en su mayoría son enviados a Asia, son pagados en efectivo que luego se traslada a las bóvedas del Banco Central y de allí a los bancos.

Pero hubo disrupciones en la cadena. Fuentes del Banco Central aseguran que por causa de las sanciones surgieron problemas para que los dólares en efectivo que el gobierno recibe por las ventas de petróleo lleguen a tiempo al país.

Las ventas de petróleo que eluden las sanciones de Estados Unidos, que al igual que una larga lista de países considera fraudulentas las elecciones en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente en 2018, involucran empresas fantasmas, criptomonedas, grandes descuentos y documentos falsos para ocultar el origen de los barriles.

Las interrupciones en el flujo de dólares derivaron en el retraso en la entrega de las divisas pero desde la semana pasada el Banco Central comenzó a agilizar la distribución y empresarios se muestran optimistas en que el rezago siga reduciéndose en diciembre.

Usualmente los bancos cubrían los rezagos del Banco Central en la distribución de dólares entregándole a sus clientes divisas de su propiedad pero una vez el rezago comenzó a alargarse trancaron el grifo.

Durante las semanas en que se gestó el rezago el Banco Central solo envió alrededor de veinte millones de dólares a las entidades financieras cuando lo usual en este trimestre es más de sesenta. No obstante, la semana pasada comenzó a distribuir un monto mayor e inyectó alrededor de 120 millones.

La consultora Síntesis Financiera indica en su informe Briefing Financiero que, según sus sondeos, el Banco Central «ha continuado poniéndose al día en la distribución de las divisas asignadas y el rezago se ha reducido a aproximadamente un 20 % de las divisas asignadas y no distribuidas en el mes de noviembre”.

El rezago desnuda el bajo monto del tanque de dólares en efectivo que tiene el Banco Central. Las reservas se ubican en el mínimo histórico de cinco mil millones de dólares de los cuales más de tres cuartas partes son barras de oro.

Las estadísticas del Banco Central muestran reservas por el orden de diez mil millones de dólares porque incluye unos Derechos Especiales de Giro en el Fondo Monetario Internacional que no puede utilizar porque el Fondo no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro como legítimo.

El paralelo

Ante la merma de la oferta de dólares en el mercado oficial creció la demanda en el opaco e imperfecto mercado paralelo donde no intervienen el Banco Central y las entidades financieras.

La consecuencia es un aumento acelerado en la cotización del dólar en este mercado. Entre el 30 de noviembre y el 7 de diciembre el precio de la moneda estadounidense acumuló un salto de 70 % desde 9 bolívares por dólar hasta 15,3 bolívares por dólar.

La demanda de dólares se nutrió de un mayor gasto del gobierno que inyectó bolívares a través del pago de bonos a los trabajadores del sector público y deudas que canceló a contratistas.

Síntesis Financiera afirma que el dólar aumentó en el mercado paralelo por “menores ventas y rezagos en la entrega de las divisas por el Banco Central, demanda insatisfecha en el mercado cambiario oficial y un aumento de casi 50 % del gasto público”.

También, impacta que una porción importante de las transacciones en el mercado paralelo involucra a plataformas de compra y venta de criptomonedas y este ecosistema vive una crisis tras la quiebra de FTX, una plataforma emblemática para el mundo cripto.

Caída libre

A los problemas coyunturales se agrega un desequilibrio de fondo: los venezolanos no quieren bolívares y tan pronto las empresas, los comercios y las familias tienen algún excedente, compran dólares.

Tras años de aumentos de precios a un ritmo meteórico y una constante devaluación el bolívar es una moneda zombi. Los venezolanos no ahorran en bolívares y usan al dólar para fijar precios y en una porción importante de las transacciones.

El dinero necesita confianza en el gobierno y las instituciones que lo respaldan. En un entorno donde la fe está rota cualquier aumento de los bolívares en circulación se traduce rápidamente en una demanda de dólares que el Banco Central no puede atender.

Entre el 16 y el 23 de diciembre el gobierno pagará otra porción de aguinaldos y bonos de la Patria a empleados y pensionados. La experiencia indica que rápidamente los bolívares culminan en la caja de comercios y empresas que en horas los cambian a dólares.

Si bien es previsible que el Banco Central tenga ahorrado algún monto de dólares para estos días en que crecerá la presión, Briefing Financiero indica que “no vemos al Banco Central con suficiente margen de maniobra para estabilizar el tipo de cambio en esta coyuntura de alta demanda de divisas”.

La inflación

Los comercios y las empresas utilizan al dólar para calcular los costos de reposición, por lo tanto, rápidamente la inestabilidad cambiaria se filtra a los precios de alimentos, electrodomésticos y de la economía en general. De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Finanzas, la inflación experimentó un salto de 21,9 % en noviembre.

El desequilibrio crece. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo, que solía estar en menos de 10 %, cerró en 21 % el siete de diciembre. Esto aumenta la demanda de dólares en el mercado oficial, porque son vistos como muy baratos y además crea expectativas de una mayor devaluación que acelera el aumento de los precios.

Las autoridades obligan al comercio formal a fijar sus precios de acuerdo al tipo de cambio oficial pero la mayoría de los proveedores le vende la mercancía al tipo de cambio paralelo. La consecuencia es que los comercios, para cubrir la brecha, aumentan los precios en dólares y la inercia de la inflación gana fuerza.

La vicepresidenta

Para impedir que haya una mayor cantidad de bolívares que pueda utilizarse para comprar dólares, el gobierno obliga a la banca a inmovilizar tres cuartas partes del dinero que gestionan mediante lo que técnicamente se conoce como el encaje.

Además, mantiene cortas las riendas del gasto. Los salarios de los trabajadores del Estado y las pensiones de los ancianos se ubican en niveles ínfimos. Otro aspecto de la política oficial es un impuesto a los pagos en dólares y trabas para transferir divisas a través de la banca a fin de obligar a un mayor uso del bolívar.

El impacto del elevado encaje bancario es una economía donde las empresas y las familias tienen muy poco financiamiento, algo que debilita la producción y el consumo.

La vicepresidenta y ministra de Finanzas, Delcy Rodríguez, sostuvo un encuentro con empresarios el pasado cinco de diciembre donde abordó temas relevantes para la política económica.

“Hay un encaje para evitar la especulación financiera en el costo de la divisa y eso puede tener un impacto en la producción pero que está sujeto a una revisión permanente. ¿Cómo dar impulso a una política de crédito que no se desvíe hacia la especulación monetaria?” dijo Delcy Rodríguez.

Agregó que el presidente «ha sostenido encuentros con representantes de la banca en esta dirección y, sin duda, muy pronto habrá señales y anuncios en ese sentido”.

Afirmó que en 2023 seguirá habiendo “concordancia entre los ingresos y el gasto público” y sostuvo que la política monetaria del gobierno «está dirigida a consolidar y fortalecer al bolívar».

Tambié, reconoció que dicha tarea «no es fácil en una economía bloqueada»: «Lo confieso como ministra de economía y finanzas porque nuestros flujos externos están muy vulnerados y muy asfixiados”.

“Pero las políticas desarrolladas en el ámbito tributario y en el ámbito monetario están dirigidas al fortalecimiento del bolívar y hacia allá deberíamos dirigir todos nuestros esfuerzos. Está demostrado que para el sector privado tiene mayor beneficio la consolidación de nuestra moneda nacional”, añadió Delcy Rodríguez. 

Consultoras anticipan que el próximo año continuará la devaluación de la moneda. Dinámica tiene un escenario base donde el tipo de cambio oficial alcanza 33,5 bolívares y el paralelo 34,5. Su escenario optimista contempla que el tipo de cambio oficial alcance en el año los 28,3 bolívares y el paralelo 29,1 bolívares.

Síntesis Financiera contempla que el tipo de cambio paralelo culmine el año en 38,5 bolívares por dólar considerando un efecto positivo en el flujo de divisas tras la nueva licencia concedida a Chevron para que incremente la producción

Venezuela se convierte en el país más desigual de América
La desigualdad se traduce en un obstáculo para el crecimiento en un país que tras la caída de la renta petrolera necesita más que nunca de una población capaz de aumentar la productividad

Tras la debacle de la economía, la quiebra del Estado y la incipiente recuperación focalizada en pocas áreas de la producción toma cuerpo una sociedad de mayor contraste con una brecha sideral entre el ingreso de la mayoría y los más adinerados.

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, con datos a julio de este año, afirma que bajo el parámetro del índice de Gini Venezuela es el país más desigual de América y muestra un marcado retroceso en la distribución del ingreso.

El índice Gini es un indicador de desigualdad que es igual a cero cuando una sociedad es completamente igualitaria y todos obtienen el mismo ingreso, o igual a uno cuando la desigualdad es absoluta y una sola persona recibe todo el ingreso de la economía.

El termómetro del Gini registra un aumento desde 0,40 en 2014, cuando comenzó la recesión que duró 32 trimestres consecutivos y redujo a la economía a su cuarta parte, hasta 0,60 este año: “Venezuela está en el continente más desigual del Mundo y en 2022 es el país más desigual de América”, dice la Encovi.

Datos del Banco Mundial indican que esta desigualdad es comparable con la de Namibia en 2015, cuando el índice de Gini se ubicó en 0,59 y supera el 0,54 de Colombia en 2020 que, junto a Brasil, es de los países menos equitativos del continente.

Para tener una idea menos abstracta basta observar que, en promedio, cada integrante del diez por ciento más rico de la población de Venezuela cuenta con un ingreso mensual de 553 dólares y el diez por ciento más pobre de solo 7,9 dólares: una diferencia de setenta veces.

El índice de Gini no mide el patrimonio de las familias como el dinero depositado en los bancos, acciones de empresas o terrenos. Este dato es relevante porque el patrimonio genera ingresos y aumenta la brecha entre las familias de los distintos estratos.

Cae la pobreza

Tras el colapso del Socialismo del Siglo XXI el gobierno de Nicolás Maduro liberó los precios, permitió la libre circulación del dólar, destrabó las importaciones y abrió espacios a la empresa privada. El viraje acabó con la escasez, desaceleró la inflación y la economía inició un frágil crecimiento focalizado en nichos como la producción de alimentos básicos y artículos de cuidado personal.

Al mismo tiempo, mejoró la producción de petróleo, las exportaciones de ron, cacao y camarones mostraron signos de vida y las importaciones nutrieron las tiendas dirigidas a la capa de mayor ingreso.

Quienes pueden subirse al tren de la nueva economía respiran. La Encovi señala que gracias al aumento del ingreso y al descenso del desempleo por primera vez en siete años la pobreza disminuyó.

Para medir la pobreza extrema la Encovi determina cuántas familias no obtienen el ingreso suficiente para comprar una canasta de alimentos básicos. Luego, añade a los alimentos básicos servicios esenciales como luz eléctrica y transporte para determinar las que se encuentran en pobreza no extrema.

Bajo este criterio, la pobreza extrema disminuyó desde 68% de la población en 2021 hasta 53,3% en 2022 y la pobreza no extrema desde 90,9% hasta 81,5%.

Las consecuencias

La pobreza sigue siendo enorme en Venezuela pero, por primera vez en siete años, se reduce a la vez que aumenta la desigualdad: ¿Importa que exista una sociedad donde pocos ganan mucho y muchos ganan poco?

Luis Pedro España, sociólogo y parte del equipo que elabora la Encovi, explica que la desigualdad importa “cuando se convierte en un obstáculo para el crecimiento de la economía y afecta la posibilidad de que siga reduciéndose la pobreza, porque hay una fracción muy grande de la población que no tiene capacidades productivas”.

“Hay países donde la desigualdad es relativamente alta, como Estados Unidos, pero es una sociedad donde evidentemente la desigualdad de los deciles más bajos no compromete la productividad del país”, dice Luis Pedro España.

Los economistas coinciden en que una condición esencial para que un país eleve el nivel de vida a o largo del tiempo depende de su capacidad para aumentar la producción por trabajador. Estudios de la OCDE indican que una mayor brecha en la distribución del ingreso hace que las familias poco favorecidas inviertan menos en educación y formación.

“Esto probablemente perjudique el crecimiento al reducir el número de trabajadores calificados —y mucho más productivos— disponibles para su contratación en la economía”, dice la OCDE en el libro Desigualdad de ingresos: la brecha entre ricos y pobres.

Luis Pedro España destaca que la productividad de un país «depende de las personas no de los marcianos»: «Cuando teníamos renta petrolera abundante era posible sobre remunerar a los sectores más pobres y desiguales que no tenían capacidad productiva, pero ese ya no es el caso”.

Agrega que la Venezuela que va camino acelerado hacia el posrentismo y hacia la sociedad pospetrolera «es un país que va a depender de su capacidad productiva y si tienes una desigualdad que impide a muchos ser productores entonces difícilmente vas a poder seguir creciendo”.

Ronald Balza, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, señala que hay que comprender bien qué significa la actual reducción de la pobreza: “Parte de la población, con un cambio mínimo en las condiciones, podía superar el umbral, pero dejar de ser pobre no es lo mismo que ser rico. Es poder comprar la canasta alimentaria”.

“Tenemos que preguntarnos de dónde viene la desigualdad y si esa desigualdad implica mantener a parte de la población en pobreza”, dice Ronald Balza.

El economista Branko Milanovic, una de las voces más acreditadas en temas de desigualdad, escribe en su blog que la gente que es relativamente pobre (que es lo que quiere decir la desigualdad) «no es capaz, aunque no sea pobre en términos absolutos, de proporcionar a sus hijos una fracción de beneficios, desde educación y herencia a capital social, que los ricos sí consiguen darles a sus hijos”.

Agrega que esto significa que la desigualdad tiende a persistir a lo largo de las generaciones : «Y,por lo tanto, que las oportunidades son enormemente diferentes entre los que están en la cima de la pirámide y los que están abajo”.

También, vincula la desigualdad con la política y afirma que en todo sistema político, incluso en una democracia, «los ricos tienden a tener más poder».

«El peligro es que este poder se utilice para promover políticas que consoliden aún más el poder económico de los ricos. Cuanto mayor es la desigualdad, más probable es que nos alejemos de la democracia y nos acerquemos a la plutocracia”, explica.

Lo que viene

Tras el impacto inicial en la economía de la eliminación de los controles, la mayoría de las consultoras y entidades financieras espera que el crecimiento se desacelere si no hay reformas estructurales que permitan al país contar con un gobierno reconocido en el exterior, acceso al financiamiento internacional e inversiones masivas.

Luis Pedro España señala que, a su vez, el crecimiento perderá efectividad para reducir la pobreza. “La reducción de la pobreza va a ser mucho menos de la alcanzada este año al toparse con el gran obstáculo que supone que gran parte de la población, me atrevería a decir más de 40%, no tiene capacidades productivas”.

“La pobreza tiende a crecer mucho cuando hay recesión económica, y cuando el crecimiento económico aumenta, tiende a ser muy inelástica a la baja”, dice Luis Pedro España.

Para lograr que una mayor franja de la población pueda insertarse de mejor manera en la economía y aprovechar el crecimiento se necesita un Estado que diseñe políticas efectivas, pero la Venezuela que pasó de producir 3 millones de barriles diarios de petróleo a solo 700 mil el petroestado, al igual que el resto de la sociedad, se empobreció.

Entre 2005-2013 los ingresos del gobierno central fluctuaron entre 19,3% y 29,7% del PIB y actualmente, de acuerdo con Ecoanalítica, equivalen a 9% del PIB, algo que se traduce en el deterioro de la calidad en los servicios de salud y educación públicas que son vitales para reducir la desigualdad.

Las transferencias gubernamentales, afirma la OCDE, son esenciales para garantizar que las familias con bajos ingresos no se queden demasiado atrás

Durante los últimos cien años, la economía venezolana giró en torno a la distribución que hacía el Estado de la riqueza petrolera. Hoy la renta es mínima y sin cambios profundos se solidificará una sociedad de extremos: muy pocos arriba y muchos descolgados por debajo.

La economía pierde empuje: ¿Cuáles son las perspectivas para 2023?
Bajos salarios, poco crédito y un sector petrolero estancado le restarán combustible a la recuperación. Si el país creciera a un promedio anual de 9,5% le tomaría 18 años regresar a la economía que existía cuando Maduro llegó al poder

@VSalmeron

Después de un declive que redujo el tamaño de la economía a la cuarta parte Venezuela tocó fondo e inició una incipiente recuperación que oxigenó al salario, el consumo, el empleo y revitalizó a algunos sectores, pero el proceso comenzó a debilitarse en el segundo semestre de este año y las proyecciones apuntan a una clara desaceleración en 2023.

Ecoanalítica espera que el crecimiento se desacelere desde 9% este año hasta 3,9% en 2023, Síntesis Financiera desde 8,4% hasta 3,6%, Bank Trust citado en el reporte de Focus Economics, desde 8,7% hasta 5,9% y Moody’s Analytics desde 10,1% hasta 6,8%.

Con las manos vacías tras el colapso del socialismo y el impacto de las sanciones de Estados Unidos y Europa, que consideran fraudulentas las elecciones con las que Nicolás Maduro se reeligió en 2018, el gobierno dejó de aplicar controles, permitió la circulación del dólar y liberó las importaciones. El viraje detuvo el colapso y la economía respiró.

El efecto de la apertura comenzó a diluirse. Daniel Cadenas, profesor de la Universidad Central de Venezuela, menciona tres causas principales: estancamiento de la producción petrolera, salarios muy bajos que pierden capacidad de compra por la inflación y una severa falta de crédito.

Tras años de corrupción rampante, desinversión y el impacto de las sanciones la producción petrolera se desplomó a medio millón de barriles diarios. Gracias al uso de capacidad ociosa y la ayuda de Irán hubo un aumento y el gobierno anunció que alcanzaría el millón de barriles diarios, pero no logró superar el techo de 700 mil barriles.

Con la dolarización de facto las empresas y los comercios comenzaron a recibir ingresos en divisas y se detuvo el colapso de las remuneraciones, pero siguen en un nivel muy bajo que no permite un alza sostenida del consumo que se concentra en alimentos, medicinas y productos de cuidado personal.

En septiembre, la medición del Observatorio Venezolano de Finanzas señaló que la remuneración promedio de los gerentes que laboran en el sector del comercio y los servicios de la Gran Caracas se ubicó en 278 dólares, 176 dólares los profesionales y 116 dólares los obreros.

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) que elaboró la Universidad Católica Andrés Bello con datos a julio de este año señala que la remuneración promedio es de apenas 113 dólares en el sector público, 149 dólares en el privado y 142 para los trabajadores por cuenta propia.

Economistas coinciden en que un factor determinante del salario es la productividad, el valor en dinero de lo que los trabajadores producen en una hora de trabajo y la evidencia apunta a que en Venezuela ha habido una enorme pérdida de productividad.

Además, las familias y las empresas tienen muy poco acceso al crédito que necesitan para consumir más o apuntalar la producción. A fin de que exista menos dinero disponible para comprar dólares y así disminuir la presión en el mercado cambiario el gobierno solo permite que los bancos presten la cuarta parte de los depósitos que gestionan.

Sigue golpeando

Gracias al uso del dólar para fijar precios y realizar buena parte de las transacciones hubo un cambio de expectativas que ayudó a frenar la inflación. Al mismo tiempo, el gobierno recortó salvajemente el gasto público y disminuyó la emisión de dinero. Además, el Banco Central vende divisas todas las semanas para contener la cotización del dólar. Pero los precios siguen aumentando a tasas elevadas.

De acuerdo con las cifras del Banco Central, en los primeros nueve meses de este año, la inflación acumula un salto de 119%. Ecoanalítica proyecta que cerrará este año en 147%, Dinámica estima 135% y Síntesis Financiera 170%.

En dólares los precios escalan a alta velocidad. Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que “en promedio, en lo que va de año, los precios en dólares han subido 44% y en rubros como restaurantes y hoteles 80%. Esto es un factor que explica la desaceleración del consumo porque los salarios no aumentan en la misma proporción”.

¿Por qué los precios escalan a esta velocidad? Asdrúbal Oliveros señala una mezcla de factores. “Las importaciones son muy importantes en la economía venezolana y hay una mayor inflación en el exterior e incrementos en el costo de fletes. También inciden ineficiencias propias que impactan la producción como fallas en servicios públicos, electricidad, agua”.

Añade a la lista costos que se trasladan a los productos como el mantenimiento de una gran capacidad ociosa en las empresas, plantas que siguen trabajando a poca capacidad. Mercados poco competitivos con pocos jugadores, estructuras monopólicas y factores como diferentes tasas de cambio que también elevan los precios.

El dique

Un elemento relevante es el repudio a la moneda. Tan pronto las empresas, los comercios y las familias tienen algún excedente de bolívares compran dólares y obligan al Banco Central a vender divisas para evitar que el dólar se dispare e impulse la inflación.

El Banco Central tiene pocas divisas. Sus reservas líquidas están en mínimos históricos y la presión de los trabajadores exigiendo mejoras del salario presagia que la administración de Nicolás Maduro tendrá que aumentar el gasto el próximo año y habrá más bolívares que se trasladarán a la compra de dólares.

Tamara Herrera, directora de Síntesis Financiera, considera que el dique va a perder efectividad.

“En 2023 crecerá la presión para que aumente el gasto público. De manera que se requerirán más divisas para esterilizar los nuevos bolívares. Ese oferta adicional de divisas está mermando y, por ende, habrá que aceptar un mayor debilitamiento del bolívar”, dice Tamara Herrera.

Actualmente, la cotización del dólar se ubica en 11 bolívares en el mercado paralelo y en 9,5 bolívares en el mercado oficial. Síntesis Financiera estima que en el mercado paralelo el tipo de cambio cerraría el próximo año en torno a 78 bolívares por dólar y la inflación se aceleraría hasta 337%.

Pero la política también juega. Si las negociaciones en curso permiten una flexibilización de las sanciones de Estados Unidos y Chevron obtiene una licencia que le permite aumentar la producción de petróleo en Venezuela, Síntesis Financiera estima que el tipo de cambio en el mercado paralelo cerraría en torno a 38 bolívares por dólar, la inflación en 202% y la economía se desaceleraría menos y crecería 6,7%.

Limitaciones de fondo

A la inestabilidad de las principales variables se añaden problemas estructurales que atentan contra la posibilidad de que Venezuela crezca por largo tiempo a altas tasas, algo esencial para recuperar parte del terreno perdido durante la crisis.

Existen fallas que limitan el crecimiento potencial. El Estado colapsó y no provee servicios esenciales como seguridad, salud y educación. A esto se agrega una pérdida cuantiosa de capital humano, millones de venezolanos preparados que abandonaron al país y una infraestructura deteriorada.

Un aspecto a tomar en cuenta es que la banca venezolana está descapitalizada y es incapaz de financiar una expansión de la economía, por lo que es muy probable que sea necesario un proceso de fusiones y aportes de capital para mejorar su capacidad.

Luis Vicente León, director de Datanalisis, considera que hay dos variables esenciales para rescatar la economía. “La primera es el modelo primitivo incapaz de generar desarrollo. La idea de que el Estado tiene que controlar los sectores estratégicos, agua, petróleo, gas. Gran parte de los problemas se pueden resolver con un incremento de la participación privada en estas áreas”.

“La segunda variable es la posibilidad de generar una flexibilización de las sanciones, petroleras y financieras. Es muy distinta una Venezuela que se reinserta en el mercado internacional en medio de una crisis energética brutal”, dice Luis Vicente León.

Tras la invasión a Ucrania, Estados Unidos y Europa buscan aislar a Rusia y para ello es fundamental que aumente la oferta de petróleo a nivel global, algo que incrementa el valor estratégico de Venezuela por sus enormes reservas de petróleo y gas.

En este entorno avanzan negociaciones que podrían derivar en una flexibilización de las sanciones a fin de que Venezuela aumente su producción en el mediano y largo plazo.

Pero aun resolviendo parte de las limitaciones de fondo los efectos no serán inmediatos. “Nuestras cadenas productivas están destruidas, el efecto multiplicador del petróleo no es ni la sombra de lo que era pero hacia el futuro podrás recuperar posiciones y generar inversión en los sectores de infraestructura que son vitales”, dice Luis Vicente León.

Ecoanalítica precisa que, aun haciendo las cosas bien y creciendo a altas tasas, se necesitará mucho tiempo para regresar a un país que se parezca al que existía antes del colapso.

Si Venezuela creciera a un promedio anual de 9,5%, la tasa de mayor expansión de su historia alcanzada en el período 1920-1949, le tomaría trece años regresar a la economía que tuvo en 1998, el año previo al ascenso de Hugo Chávez al poder y 18 años a la de 2013, el año previo al deslave bajo la presidencia de Nicolás Maduro.

Si creciera a un promedio anual de 3,2%, la tasa alcanzada durante el período que se conoce como la “Venezuela saudita” por el impacto que tuvo el boom petrolero del lapso 1973-1982, le tomaría 35 años regresar a la economía de 1998 y 48 años a la de 2013.

 

Venezuela: se debilita el avance de la economía

Venezuela: se debilita el avance de la economía
Se agota el impulso que generó la eliminación de los controles y la dolarización. El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello indica que hay una ralentización del crecimiento. El país necesita reformas profundas

 

Por: @VSalmerón

 

Tras caer durante treinta trimestres consecutivos y reducirse a menos de la cuarta parte, la economía de Venezuela tocó fondo y comenzó a dar muestras de vida en el segundo semestre de 2021, pero la recuperación pierde fuerza y luce incapaz de sacar del foso a los salarios e impulsar al empleo de calidad.

El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), una de las más importantes del país, destaca en su último informe “la ralentización del crecimiento, especialmente, a partir del segundo trimestre de este año”.

El Instituto redujo su proyección de crecimiento para 2022 desde 8,6% hasta 7,2% y en 2023 espera que se acentúe la desaceleración hasta 4,4%, una tasa que sería una expansión muy modesta en un país que se empobreció a un ritmo salvaje.

Para eliminar el espejismo de los porcentajes es útil un ejemplo. La crisis redujo la economía venezolana en 80%, como si una persona de 100 kilos adelgazara hasta 20 kilos y si este año creciera lo que proyecta el Instituto de la UCAB solo aumentaría hasta 21,4 kilos. Es decir, el país necesita crecer a tasas muy elevadas por largo tiempo.

Pocos barriles

Luis Zambrano Sequín, miembro de la Academia de Ciencias Económicas e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, afirma que la pérdida de fuerza de la economía obedece, entre otros factores, a que la producción petrolera no aumentó como se esperaba.

El gobierno se planteó la meta de producir, en promedio, un millón de barriles diarios y en los primeros nueve meses del año el promedio es de solo 725 mil barriles, de acuerdo con la información oficial entregada a la OPEP.

“Nosotros esperábamos que estuviera por debajo de la meta del gobierno, concretamente en 900 mil barriles diarios pero ha sido mucho menor. Un ritmo de crecimiento de la producción petrolera más bajo ya es un factor importante de desaceleración”, dice Luis Zambrano Sequín.

Si bien el precio del petróleo aumentó e incrementó el ingreso del gobierno, el volumen de la producción es clave porque arrastra a la larga lista de empresas que proveen materiales y servicios a la industria petrolera.

“El alza de la producción petrolera beneficia más al crecimiento de la economía. El impacto del incremento del precio barril depende de cómo el gobierno utiliza la renta y cómo se reparte el ingreso con las operadoras. Entonces la fuga de los efectos es mayor”, dice Luis Zambrano Sequín.

Tras años de pésima gerencia, corrupción rampante, endeudamiento alocado y las sanciones de Estados Unidos, la empresa petrolera del Estado, Pdvsa, perdió la capacidad de explotar las enormes reservas de Venezuela y el país está muy lejos de regresar a los tiempos previos al chavismo, cuando producía 3,1 millones de barriles diarios.

El beneficio por el aumento en el precio del barril es limitado porque para evadir las sanciones el gobierno vende el petróleo en Asia a precios inferiores a los del mercado. Además, compite con el crudo Ural de Rusia que es de mayor calidad.

Se agotó 

Con las manos vacías tras el colapso de la economía socialista, Nicolás Maduro eliminó en la práctica el control de cambio y el control de precios a la vez que permitió la libre circulación del dólar. Este viraje acabó con la escasez y desaceleró la inflación.

Rápidamente, la dolarización oxigenó el ingreso de una capa de la población, el consumo recibió el impulso de las remesas, el comercio despertó y revivió la exportación de ron, cacao y camarones.

Así comenzó un despertar de la economía focalizado en nichos como producción de alimentos básicos, venta de productos de cuidado personal y servicios como internet satelital o nuevos restaurantes para la pequeña capa con alto poder adquisitivo. 

“En 2021, hubo un cambio de expectativas porque el gobierno dejó de aplicar un conjunto de normas y regulaciones. Al mismo tiempo permitió y fomentó el proceso de dolarización. Además, como las sanciones obstaculizan la salida de capital privado parte de estos capitales se canalizaron hacia la economía interna”, dice Luis Zambrano Sequín.

“Se creó una burbuja de crecimiento asociada a esos cambios, pero son efectos que tienen un impacto puntual. Una vez que la economía los asimila no generan por sí solos un crecimiento sostenido”, añade.

Tablero político

Otro factor a considerar es que la oposición se debilitó y desapareció la amenaza de un cambio político. En este entorno, la administración de Nicolás Maduro aplica un implacable recorte del gasto público que favorece la desaceleración de la inflación y la estabilidad del dólar, pero le resta combustible al crecimiento.

“En la medida en que el objetivo de la política fiscal, la cambiaria y la monetaria se concentran más en el tema de la estabilidad vas a tener menos impulsos para promover el crecimiento de la actividad económica”, resume Luis Zambrano Sequín.

A estos elementos se agregan factores como empresas con atraso tecnológico, fallas de energía eléctrica, infraestructura deteriorada y el impacto que puede tener el deshielo comercial con Colombia, una economía en mejores condiciones para exportar y competir con los productos venezolanos.

“Una apertura sin condiciones va a afectar mucho a sectores como la industria y la agroindustria que tendrían que competir con la importación de productos colombianos. Algunos sectores podrían verse favorecidos, el comercial, el trasporte, pero son cosas que no compensan en términos de crecimiento”, dice Luis Zambrano Sequín.

Salarios deprimidos

Carlos Fernández trabaja en el departamento de mercadeo de una empresa de productos plásticos y su salario es de 200 dólares al mes: “Me río cuando se habla de un renacer. Mi salario apenas me permite sobrevivir. Tengo 26 años y me es imposible pensar en comprar una vivienda o un automóvil. Solo queda emigrar”.

La precariedad del salario evidencia la debilidad de las mejoras. Un estudio de Macroconsultores que tomó en cuenta a cámaras empresariales de diversas actividades determinó que en junio el salario mínimo promedio de los obreros se ubicó en 118 dólares. 

En septiembre la medición del Observatorio Venezolano de Finanzas señaló que el salario promedio de los gerentes que laboran en el sector del comercio y los servicios de la Gran Caracas se ubicó en 278 dólares, 176 dólares los profesionales y 116 dólares los obreros.

Economistas coinciden en que un factor determinante del salario es la productividad, el valor en dinero de lo que los trabajadores producen en una hora de trabajo y la evidencia apunta a que en Venezuela ha habido una enorme pérdida de productividad.

 “No puede haber una recuperación sólida del salario porque si no tienes crecimiento y sobre todo una elevación de la productividad, los salarios no van a mejorar. El salario tiene que estar alineado con el incremento de ingreso de las actividades productivas”, explica Luis Zambrano Sequín.

La inflación sigue allí

Gracias al uso del dólar para fijar precios y realizar buena parte de las transacciones hubo un cambio de expectativas que ayudó a frenar el alza de los precios. A esto se añade una política del gobierno dirigida a regular la cantidad de bolívares a fin de que exista menos dinero para comprar dólares y ayudar a la estabilidad del tipo de cambio.

El ajuste sacó al país del túnel de la hiperinflación pero los precios siguen aumentando a tasas muy elevadas. El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB proyecta que este año cerrará en 125% y la consultora Síntesis Financiera en 147%.

El gobierno realiza la mayor parte de sus operaciones en bolívares y la inflación sigue siendo elevada en un contexto donde no hay confianza en la moneda. Las empresas y las personas buscan deshacerse cuanto antes de los bolívares comprando cosas o adquiriendo dólares y la devaluación de la moneda, si ben ha perdido intensidad, sigue de manera constante.

“La expectativa es que no hay la capacidad y la fuerza para evitar que el tipo de cambio siga depreciándose y no hay confianza en el bolívar. Entonces tenemos una inercia inflacionaria de una magnitud tal que todo el mundo espera que la inflación sea de 10% mensual”, dice Luis Zambrano Sequín.

Reformas profundas

¿Qué necesita Venezuela para crecer de manera sólida durante largo tiempo? Luis Zambrano Sequín explica que “lo que dinamiza realmente a una economía son inversiones que puedan garantizar crecimiento a largo plazo, no se trata de dinero para colocar en alguna actividad a un plazo muy corto esperando un altísimo retorno”.

“El país necesita cambios estructurales, restablecer la infraestructura y equipamiento básico, invertir en capital humano. El tema reputacional en política económica es muy importante, la calidad de las instituciones”, añade. 

No obstante el mandatario Nicolás Maduro se muestra vencedor. El pasado 26 de octubre afirmó que 2022 ha sido “el año del despegue de la fuerzas productivas, año del inicio de una nueva era de crecimiento”.

En abril Barclays precisó que a un ritmo de crecimiento de 10% anual, una tasa gigantesca para cualquier país, a Venezuela le tomaría 17 años retornar a una economía del tamaño de 2013, el año en que Nicolás Maduro se instaló en el Palacio de Miraflores.

Se resquebraja el plan antiinflación de Maduro

La nueva geopolítica del petróleo aceita la relación Maduro-Biden
La guerra en Ucrania reconfigura el mercado energético global y las reservas petroleras de Venezuela ganan valor estratégico. Washington contempla otorgar una licencia a Chevron para que aumente sus operaciones en el país

Por: @vsalmeron

El pasado 14 de septiembre Nicolás Maduro reveló que sostiene encuentros públicos y privados con representantes de empresas energéticas de Europa y Estados Unidos, a quienes ha dejado en claro que “Venezuela está preparada para cumplir su papel y abastecer el mercado con el petróleo y el gas que necesita la economía mundial, de manera estable, de manera segura”.

Tras el desplome de la producción petrolera venezolana, en lo inmediato, estas palabras carecen de sentido pero en un contexto donde la guerra en Ucrania reintrodujo a la seguridad energética en la lista de prioridades y con la oferta de crudo restringida, las reservas petroleras de Venezuela juegan un rol importante en el mediano y largo plazo.

Europa tiene como objetivo estratégico reducir su dependencia de las importaciones de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) de Rusia. Al mismo tiempo son evidentes las desavenencias entre Estados Unidos y Arabia Saudita, un país clave en el suministro global de petróleo.

El cinco de octubre, Arabia Saudita se unió a la OPEP, Rusia y otros productores de petróleo para recortar la producción. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, tomó la decisión a pesar de que Washington intentó persuadirlo de que no se sumara al recorte y optara por elevar el bombeo de crudo.

Roger Diwan, analista en S&P Global Commodity Insight, afirmó en un reporte que el recorte de producción, que busca mantener un precio elevado del barril y beneficia a las arcas del Kremlin en medio de la invasión a Ucrania, es una “militarización del petróleo”.

Ned Price, portavoz del Departamento de Estado, señaló que el presidente de Estados Unidos Joe Biden “revisará nuestra relación bilateral con los saudíes. La revisará con el Congreso y con países de alrededor del mundo, y tomará medidas que redunden en nuestros intereses”.

Riad expresó su “rechazo total” a las acusaciones de Estados Unidos y aseguró que la decisión de la OPEP se basó “puramente en consideraciones económicas».

El distanciamiento no es nuevo. Durante la campaña electoral de 2020 Joe Biden prometió convertir a Arabia Saudita en un “paria” después de que la CIA concluyera que el príncipe heredero había aprobado el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, que escribía para The Washington Post.

Luego, la Casa Blanca retrasó el envío de armas generando inquietud sobre su rol como proveedor de seguridad y retiró el apoyo a la guerra de los sauditas contra los rebeldes Huthi respaldados por Irán en Yemen.

En este entorno, Arabia Saudita se ha acercado a Rusia y luce dispuesta a actuar en sus propios intereses comerciales y diplomáticos, evidenciando la pérdida de influencia de Washington en el Medio Oriente. Se gesta un nuevo orden en el mercado energético global.

Venezuela en el mapa

Juan Szabo, exvicepresidente de Exploración y Producción de Pdvsa y asesor de energía, explica que tras la invasión de Rusia a Ucrania han surgido dos grandes polos: en un lado Rusia y los países que están comprándole más petróleo, China e India. En el otro extremo, Estados Unidos y Europa.

Agrega que después del Medio Oriente “las zonas con grandes reservas son el crudo pesado de Canadá, el Chale oil y Venezuela. No hay otro país en el mundo que tenga tantas reservas y produzca tan poco. El potencial de aumento de la producción en Venezuela es muy superior que en cualquier otra zona”.

“El potencial de Arabia Saudita, si lo creemos del todo, es elevar la producción desde 10,6 millones de barriles diarios a 12 millones de barriles diarios. En Venezuela, el potencial es desde 600 mil barriles diarios hasta 3,5 millones de barriles diarios”, dice Juan Szabo.

En su opinión, esta realidad determina que “sea un gobierno republicano o demócrata, la percepción en Estados Unidos es que a largo plazo hay que entenderse con Venezuela, un país al que siempre consideró como parte de la seguridad energética del hemisferio”.

“Cuando analizas las cifras de Guyana, Colombia o Brasil, por ejemplo, te das cuenta de que esos no son números para basar tu estrategia de seguridad energética de largo plazo. Venezuela sí tiene el potencial”, agrega Juan Szabo.

Comenzar con Chevron

Tras acordar una liberación de presos en la que el gobierno de Venezuela excarceló a siete estadounidenses y la administración de Joe Biden liberó a dos sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Nicolás Maduro, fuentes aseguran que Washington contempla otorgar una licencia para permitir que la compañía petrolera estadounidense Chevron incremente sus operaciones en Venezuela.

Estados Unidos, al igual que una larga lista de países, considera ilegítimas las elecciones de 2018 en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente. En 2019, Donald Trump bloqueó el comercio de petróleo con Venezuela y sancionó a compañías extranjeras que transportan petróleo desde Venezuela a otros mercados.

La licencia a Chevron, sostienen fuentes cercanas a las negociaciones, está supeditada a que Nicolás Maduro se comprometa a reanudar el diálogo con representantes de la oposición venezolana en procura de un acuerdo sobre las condiciones electorales para las elecciones presidenciales de 2024.

La negociación

Chevron tiene una participación minoritaria en cuatro empresas en las que está asociada con Pdvsa, la compañía de petróleo del estado venezolano: Petropiar, Petroboscán, Petroindependencia y Petroindependiente. En el pasado Chevron financió parte de las operaciones de estas empresas y Pdvsa tiene una deuda por pagarle.

Fuentes explican que Chevron tiene una negociación adelantada con la administración de Nicolás Maduro para asumir el control operativo de las actividades, extraer petróleo y venderlo al exterior. Parte de los barriles servirían para que Chevron vaya cobrando la deuda pendiente.

De acuerdo con la Ley Orgánica de Hidrocarburos vigente en Venezuela, Chevron no podría asumir la mayoría accionaria en las empresas en que está asociada con Pdvsa y tampoco estaría en condiciones de exportar petróleo. Además, las operaciones de exploración y producción tendrían que estar bajo el control decisivo de Pdvsa.

No obstante, abogados explican que Maduro tiene un amplio rango de actuación. Por ejemplo, la Asamblea Nacional elegida en diciembre de 2020 podría modificar la Ley Orgánica de Hidrocarburos. Otra opción es recurrir a la Ley Antibloqueo, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente en octubre de 2020, que permite “inaplicar” leyes.

Si bien Estados Unidos y Europa desconocieron a la Asamblea Nacional y a la Asamblea Nacional Constituyente, por considerar que fueron elegidas en elecciones no creíbles, fuentes enteradas de la negociación sostienen que “los directivos de Chevron no son constitucionalistas, son una empresa protegiendo sus intereses y han hecho lobby para obtener la licencia y operar en Venezuela”.

Campos y barriles

Chevron opera en Venezuela desde 1920 y en 1946 descubrió el campo Boscán en el estado Zulia. Para explotarlo, está asociada con Pdvsa en una empresa mixta en la que actualmente controla 39,2% de las acciones.

“Boscán es un campo fabuloso de crudo muy pesado que Chevron sabe manejarlo mejor que nadie porque lo descubrió. Esencialmente, es un crudo que se utiliza para el asfalto. De otorgarse la licencia el mercado natural sería la refinería de Pascagoula de Chevron”, explica Juan Szabo.

Agrega que la administración de Joe Biden aprobó en noviembre de 2021 un plan de infraestructura que contempla inversión en vías terrestres, por lo tanto, “va a haber demanda de asfalto y eso permitiría producción continua en Boscán”.

En Petropiar, la empresa que explota un campo en la Faja del Orinoco, Chevron controla 30% de las acciones. La compañía genera un crudo sintético conocido como Hamaca. Para ser exportado los crudos de la Faja deben ser procesados en los “mejoradores”, unas unidades similares a una refinería de menor complejidad y Petropiar tiene un mejorador.

“Chevron ha mantenido bastante bien estas instalaciones y va a poner el mejorador a capacidad y a aumentar la producción del campo que no ha sido la esperada porque produce cantidades importantes de agua”, dice Juan Szabo.

En Petroindependecia, otra empresa que opera en la Faja del Orinoco y en la que Chevron está asociada con Pdvsa, la multinacional estadounidense controla 34% de las acciones. Juan Szabo señala que “es un bloque en la mejor parte de la Faja y tiene un potencial muy grade que no ha sido desarrollado porque es un crudo que no está asociado a un mejorador”.

“Si Chevron obtiene la licencia se va a dedicar a desarrollarlo y no descartaría que llegue a un acuerdo para procesar el crudo en el mejorador de Petromonagas. Entiendo que ha habido movimientos en este mejorador y pienso que es en espera de que Chevron produzca más en Petroindependencia”, dice Juan Szabo.

Petroindependiente, otra empresa que opera en el Lago de Maracaibo en la que Chevron está asociada con Pdvsa y controla 25,2% de las acciones es un bloque de poca relevancia que tendría bajo impacto en la producción.

Actualmente, bajo las limitaciones que imponen las sanciones y la incapacidad de Pdvsa, los campos en los que opera Chevron producen alrededor de 110 mil barriles diarios. Juan Szabo estima que de otorgarse la licencia a la empresa estadounidense y activando taladros, esta cifra aumentaría hasta 240 mil barriles diarios en abril de 2024.

Luis Pacheco, non-resident fellow en el Instituto Baker de la Universidad de Rice, señala que “suponemos que Chevron ha mantenido sus instalaciones en buen estado, entonces puede recuperar relativamente rápido la producción en Boscán y Petropiar. Esto nos dice que en los próximos ocho meses puede haber 100 mil barriles más de producción adicional a lo que hoy se reporta y en dos años 200 mil barriles más”.

En su opinión, hay elementos clave sobre cómo operaría, de concretarse, la licencia a Chevron: “La pregunta es si será una licencia para su producción, para la producción de Pdvsa en esas empresas mixtas o para producción adicional de Pdvsa, eso no lo sabemos”.

Otro elemento a considerar es cuánto ingresaría a la caja de Pdvsa, tomando en cuenta que Chevron tendría que hacer las inversiones necesarias en los campos y ya hay una deuda pendiente que habría que pagar con una porción de los barriles a exportar.

Tras años de pésima gerencia, corrupción rampante y el impacto de las sanciones de Estados Unidos, las cifras oficiales reportadas a la OPEP indican que la producción petrolera de Venezuela, que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder alcanzó los 3,1 millones de barriles diarios, se estancó entre 600 mil y 700 mil barriles diarios.

Un aspecto a tomar en cuenta es que, de otorgarse la licencia a Chevron, muy probablemente el gobierno de Estados Unidos tendrá que otorgar licencias similares a otras empresas petroleras que operan en el país como Repsol y ENI.

Reuters: Chevron se prepara para comercializar petróleo venezolano si EEUU relaja sanciones