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Los hijos de Mileidy Contreras han esperado cuatro años por la libertad de su madre

Hace unos días se dio a conocer el caso de Mileidy Contreras en redes sociales. En una vigilia realizada en la PNB de la Zona 7 estaban dos de sus hijos, quienes contaron lo difícil que ha sido para ellos estar lejos de su madre durante cuatro años.

“No tener a tu mamá en el hogar es como un hogar sin alma, porque obviamente tu mamá te cocina, se para a las seis de la mañana todos los días a hacerte la comida, todo eso, está pendiente de ti, te cuida, te corrige los errores que haces, y eso fue un poco difícil porque tampoco ha aprendido tampoco a vivir mucho sin ella”, contó Frenyer Mijares, el hijo menor de Contreras Camejo, en un video que publicó el periodista Seir Contreras.

El adolescente de 15 años relató que el día que detuvieron a su madre llegó la policía, tocó la puerta de la casa “y entró sin ningún tipo de autorización”.

La vida de Mileidy Johana Contreras Camejo, de 41 años, cambió drásticamente la noche del 16 de febrero de 2022. Lo que inició como una supuesta “entrevista legal” en su casa en Nueva Cúa, estado Miranda, se ha transformado en un proceso judicial de cuatro años que su madre, Mariela Camejo, describe como un juicio sin pruebas y lleno de irregularidades.

Según el relato de su madre, Mileidy —quien se ganaba la vida como manicurista y lashista— estaba en su hogar junto a su hijo menor, que entonces tenía 11 años. Funcionarios policiales ingresaron a la vivienda a las 8:00 de la noche asegurando que debía acompañarlos para declarar. “Le dijeron que se vistiera y que como era tarde, a eso de las 8 de la noche, ellos mismos la traían de vuelta a la casa”, contó la señora Camejo.

El peso de la justicia y la salud mental

Aunque inicialmente fue acusada de “terrorismo y asociación para delinquir”, según declaró su madre a Runrun.es, el cargo de terrorismo fue retirado; se mantuvo el de asociación para delinquir y se agregó el de “encubrimiento”. Pese a que la última audiencia se celebró el pasado 27 de enero, la familia denuncia un retraso procesal crítico.

“Va muy retrasado. Cuatro años viendo un juicio sin pruebas en su contra”, afirma la señora Camejo con indignación.

El encierro ha hecho mella en la salud de Mileidy. Además de padecer asma, su madre advierte de un cuadro severo de depresión y ansiedad: “Se le olvidan las cosas y por todo se asusta. Hasta lo más mínimo le da nervios, llora constantemente por las noches. Está muy afectada”.

Según su madre, Mileidy pasó por varios centros de reclusión: primero la llevaron a la sede de la Policía Nacional Bolivariana de Maripérez, luego a la PNB de La Quebradita, más adelante a La Yaguara y actualmente está en el Centro de Resguardo Femenino de El Valle. Para el 12 de enero, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve) denunció que al menos 90 mujeres seguían detenidas por motivos políticos en este centro.

Una abuela al frente de la crisis

A sus 65 años, Mariela Camejo no solo carga con la angustia legal de su hija, sino con la responsabilidad de un hogar desmembrado. Mileidy es madre de tres hijos (una joven de 23 y dos varones de 18 y 15 años), y la señora Camejo se encarga actualmente de cuidar a los dos jóvenes y de otro nieto. “A veces mis hijas me han ayudado también, porque no ha sido fácil quedarme con ellos tanto tiempo. Ya van a ser cuatro años que ella está metida ahí”, señaló.

Las limitaciones económicas son extremas para la señora Camejo. Solo puede ir a visitar a su hija cada 15 días, pues dice que “a duras penas” resuelve la comida para los niños en casa, lo que dificulta el traslado de insumos y alimentos para su hija en prisión.

Otro de los hijos de Mileidy, de 18 años de edad, también relató en el video publicado por el periodista Seir Contreras que ha sido muy difícil estar sin su mamá desde los 15 años. “Me hace falta mucho mi mamá, la quiero al lado mío, me la quitaron cuando tenía 15 años”. El joven dice que por el momento su mamá está bien y cuenta lo que ella les dice cuando pueden visitarla: “Que nos ama mucho, que nos extraña, y nosotros también, pues, y eso nos ha dado mucho”.

La angustia frente a la lentitud oficial

El caso de Mileidy se enmarca en un contexto de alta tensión para las familias de los presos políticos en Venezuela. Durante el mes de enero, las afueras de centros de reclusión como Zona 7, El Helicoide y El Rodeo I se han llenado de velas, oraciones y pancartas.

Cientos de familiares han pernoctado frente a las cárceles tras los anuncios oficiales de liberaciones masivas. “De aquí no nos vamos hasta que sean libres”, es la consigna que resuena en las noches de vigilia, donde han participado madres, padres, abuelos e hijos de los detenidos.

Aunque voceros gubernamentales han mencionado cifras de más de 600 liberaciones, el Foro Penal ha verificado, hasta el 29 de enero, un total de 302 excarcelaciones, casi la mitad de la versión gubernamental. Esta brecha entre los anuncios y las verificaciones independientes mantiene a familias como la de Mileidy Contreras en una angustia constante, al ver que los procesos avanzan con extrema lentitud.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

El encierro ha hecho mella en la salud de Mileidy Contreras. Además de padecer asma, su madre advierte de un cuadro severo de depresión y ansiedad
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Hace unos días se dio a conocer el caso de Mileidy Contreras en redes sociales. En una vigilia realizada en la PNB de la Zona 7 estaban dos de sus hijos, quienes contaron lo difícil que ha sido para ellos estar lejos de su madre durante cuatro años.

“No tener a tu mamá en el hogar es como un hogar sin alma, porque obviamente tu mamá te cocina, se para a las seis de la mañana todos los días a hacerte la comida, todo eso, está pendiente de ti, te cuida, te corrige los errores que haces, y eso fue un poco difícil porque tampoco ha aprendido tampoco a vivir mucho sin ella”, contó Frenyer Mijares, el hijo menor de Contreras Camejo, en un video que publicó el periodista Seir Contreras.

El adolescente de 15 años relató que el día que detuvieron a su madre llegó la policía, tocó la puerta de la casa “y entró sin ningún tipo de autorización”.

La vida de Mileidy Johana Contreras Camejo, de 41 años, cambió drásticamente la noche del 16 de febrero de 2022. Lo que inició como una supuesta “entrevista legal” en su casa en Nueva Cúa, estado Miranda, se ha transformado en un proceso judicial de cuatro años que su madre, Mariela Camejo, describe como un juicio sin pruebas y lleno de irregularidades.

Según el relato de su madre, Mileidy —quien se ganaba la vida como manicurista y lashista— estaba en su hogar junto a su hijo menor, que entonces tenía 11 años. Funcionarios policiales ingresaron a la vivienda a las 8:00 de la noche asegurando que debía acompañarlos para declarar. “Le dijeron que se vistiera y que como era tarde, a eso de las 8 de la noche, ellos mismos la traían de vuelta a la casa”, contó la señora Camejo.

El peso de la justicia y la salud mental

Aunque inicialmente fue acusada de “terrorismo y asociación para delinquir”, según declaró su madre a Runrun.es, el cargo de terrorismo fue retirado; se mantuvo el de asociación para delinquir y se agregó el de “encubrimiento”. Pese a que la última audiencia se celebró el pasado 27 de enero, la familia denuncia un retraso procesal crítico.

“Va muy retrasado. Cuatro años viendo un juicio sin pruebas en su contra”, afirma la señora Camejo con indignación.

El encierro ha hecho mella en la salud de Mileidy. Además de padecer asma, su madre advierte de un cuadro severo de depresión y ansiedad: “Se le olvidan las cosas y por todo se asusta. Hasta lo más mínimo le da nervios, llora constantemente por las noches. Está muy afectada”.

Según su madre, Mileidy pasó por varios centros de reclusión: primero la llevaron a la sede de la Policía Nacional Bolivariana de Maripérez, luego a la PNB de La Quebradita, más adelante a La Yaguara y actualmente está en el Centro de Resguardo Femenino de El Valle. Para el 12 de enero, el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve) denunció que al menos 90 mujeres seguían detenidas por motivos políticos en este centro.

Una abuela al frente de la crisis

A sus 65 años, Mariela Camejo no solo carga con la angustia legal de su hija, sino con la responsabilidad de un hogar desmembrado. Mileidy es madre de tres hijos (una joven de 23 y dos varones de 18 y 15 años), y la señora Camejo se encarga actualmente de cuidar a los dos jóvenes y de otro nieto. “A veces mis hijas me han ayudado también, porque no ha sido fácil quedarme con ellos tanto tiempo. Ya van a ser cuatro años que ella está metida ahí”, señaló.

Las limitaciones económicas son extremas para la señora Camejo. Solo puede ir a visitar a su hija cada 15 días, pues dice que “a duras penas” resuelve la comida para los niños en casa, lo que dificulta el traslado de insumos y alimentos para su hija en prisión.

Otro de los hijos de Mileidy, de 18 años de edad, también relató en el video publicado por el periodista Seir Contreras que ha sido muy difícil estar sin su mamá desde los 15 años. “Me hace falta mucho mi mamá, la quiero al lado mío, me la quitaron cuando tenía 15 años”. El joven dice que por el momento su mamá está bien y cuenta lo que ella les dice cuando pueden visitarla: “Que nos ama mucho, que nos extraña, y nosotros también, pues, y eso nos ha dado mucho”.

La angustia frente a la lentitud oficial

El caso de Mileidy se enmarca en un contexto de alta tensión para las familias de los presos políticos en Venezuela. Durante el mes de enero, las afueras de centros de reclusión como Zona 7, El Helicoide y El Rodeo I se han llenado de velas, oraciones y pancartas.

Cientos de familiares han pernoctado frente a las cárceles tras los anuncios oficiales de liberaciones masivas. “De aquí no nos vamos hasta que sean libres”, es la consigna que resuena en las noches de vigilia, donde han participado madres, padres, abuelos e hijos de los detenidos.

Aunque voceros gubernamentales han mencionado cifras de más de 600 liberaciones, el Foro Penal ha verificado, hasta el 29 de enero, un total de 302 excarcelaciones, casi la mitad de la versión gubernamental. Esta brecha entre los anuncios y las verificaciones independientes mantiene a familias como la de Mileidy Contreras en una angustia constante, al ver que los procesos avanzan con extrema lentitud.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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