El pasado martes 8 de septiembre se cumplieron ocho meses desde que el presidente de la Asamblea Nacional controlada por el chavismo, Jorge Rodríguez, anunciara que iba a liberar a un “número importante” de presos políticos como “gesto unilateral del gobierno para buscar la paz, la convivencia pacífica y la unión”.
Apenas cinco días después del 3 de enero, cuando fuerzas militares estadounidenses detuvieron y extrajeron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores de Venezuela, el jefe del Parlamento de mayoría chavista anunció, flanqueado por militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), que presos políticos iban a dejar las prisiones.
“El gobierno bolivariano, junto a las instituciones del Estado, ha decidido la puesta en libertad de un número importante de personas venezolanas y extranjeras, y estos procesos de excarcelación están ocurriendo desde este mismo momento. Considérese este gesto del gobierno bolivariano, de amplia intención de búsqueda de la paz, como el aporte que todos debemos hacer para lograr que nuestra República continúe su vida pacífica y en búsqueda de la prosperidad”, dijo el hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Organizaciones como el Comité para la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (Clippve) denuncian que aún permanecen tras las rejas alrededor de 400 personas y que ya son cerca de 250 días que familiares mantienen vigilias frente a los centros de reclusión a la espera de abrazar a los suyos.
Para el 1 de septiembre de este año, el Foro Penal Venezolano registraba 328 presos políticos, la mayoría (94) recluidos en la cárcel del Rodeo I en el estado Miranda.
“Los familiares de los presos políticos fueron engañados y revictimizados, pedimos la libertad plena e inmediata de todos, rechazamos las medidas cautelares con las que salen la mayoría”, dijo la portavoz del Clippve, Andreína Baduel, cuyo hermano Josnars se encuentra detenido desde 2020 y actualmente está en el Rodeo I.
Ignell Marín, hermana del teniente coronel Igbert Marín Chaparro, recuerda que el pasado 8 de enero recibió decenas de mensajes y llamadas para saber si a su familiar lo habían dejado en libertad.
“Me escribió un gentío desesperado para saber si Igbert estaba libre, es una mezcla profunda de sentimientos porque luego nos dimos cuenta de que fue un anuncio falso, pero uno no puede desesperanzarse, siempre hay que creer y más en un momento que es tan histórico”, dijo Marín.
Desgaste en todo sentido
Andreína Baduel sostuvo que estos meses de espera ante la expectativa de la liberación de sus familiares han generado un desgaste físico, emocional, mental y también económico.
Desde el 8 de enero, decenas de familiares permanecen apostados en carpas, aguardando por ver a los suyos abandonar las prisiones.
Sorteando lluvia, calor e inflación, afectos de los presos políticos han resistido los embates de la indiferencia oficial con la ilusión de recibir en sus casas a quienes hoy están tras las rejas por disentir del actual gobierno.
“El régimen ha demostrado que no tiene voluntad política. Si de verdad queremos hablar de reconciliación y de paz, no podemos hacerlo mientras existan presos políticos”, señaló Baduel.
Marín dijo que mientras Venezuela es testigo de la décimo octava mesa de diálogo desde que el chavismo está en el poder, su hermano ya cumplió 8 años y 6 meses en prisión.
Acusado de instigación a la rebelión contra Maduro, Marín Chaparro fue condenado a siete años de prisión, pena que cumplió en septiembre del año pasado, pero su familia denunció que ahora lo están imputando por supuesto terrorismo y quieren condenarlo a otros 30 años de cárcel.
“Hablan de reconciliación nacional, de reconstrucción y diálogo, mientras uno ve pasar el tiempo, he visto muchas mesas de negociaciones con mi hermano preso. No me gusta elevar tanto las expectativas porque me ha tocado aprender a proteger la esperanza para que el desengaño y el dolor no termine de romperme por dentro”, dijo Ignell Marín.
Baduel aseveró que no puede haber reconciliación mientras haya presos políticos y violaciones a los derechos humanos.
“A inicios de septiembre sacaron a presos políticos de El Rodeo I sin avisar a familiares y abogados, y los llevaron a otros penales, no estamos pidiendo traslados sino que los liberen definitivamente de estos centros de tortura”, comentó Baduel.
Marín calificó como una burla el vía crucis que han atravesado los familiares de los aún detenidos.
“Cuando tienes esa luz de que probablemente puedan darle la libertad a todos y no terminan de actuar, es frustrante. Y sería muy egoísta hablar solo del caso de Igbert, porque todos estamos sufriendo”, agregó Ignell Marín.
Marín confesó que siente pesar al ver a sus padres envejecer mientras su hermano continúa encerrado.
“Es una espera interminable, mi mamá me dice: ‘Mi amor, yo no sé si la vida me permitirá poder abrazar a tu hermano en libertad’. A mí eso me parte el alma”.
La hermana del militar indicó que no puede hablar de Igbert y apartar de su mente a cientos de presos políticos que todavía esperan abrazar a sus familiares.
“Para nosotros es una emoción inmensa cuando vemos que las familias se pueden reencontrar, porque uno conoce exactamente y de primera mano el sufrimiento que hay detrás de todo esto. Para mí ha sido muy duro, porque cuando detienen a un ser querido te detienen a ti también. Uno termina preso”, expresó.
Militares, los menos beneficiados
La hermana del teniente coronel recalcó que para nadie es un secreto que los militares han sido los menos beneficiados desde que Jorge Rodríguez prometió liberar a un número significativo de personas y su hermana Delcy ofreció una Ley de Amnistía, que sólo significó la excarcelación de unos cuantos.
“Si nos detenemos a ver las estadísticas, la cifra de militares detenidos no ha disminuido. Ha estado prácticamente estática”, recordó.
De acuerdo con Foro Penal, de los 328 presos políticos, 145 son militares.
“Antes del 28 de julio de 2024, más del 50% de los presos políticos eran militares, ahora la relación es parecida. La saña contra los militares sigue intacta”, amplió la pariente del preso político, quien también denunció que después de dos años y seis meses de detención , el tribunal finalmente aceptó la juramentación de los abogados defensores: “¿Y qué me decía el secretario del tribunal? ‘Es que estamos esperando instrucciones’. Entonces, te das cuenta de que todo obedece a una orden, no hay autonomía de poderes, esto no tiene nada que ver con lo jurídico, todo pasa por lo político”.
Una gran familia
Andreína Baduel destacó que una de las cosas positivas que ha sacado de esta experiencia amarga es la unión que existe entre los familiares de los presos políticos.
“En medio de tanto dolor, nos hemos convertido en una gran familia, si algo nos ha sostenido es la fe”, reconoció.
Marín, por su parte, reafirmó que seguirán luchando y alzando la voz hasta conseguir justicia.
“Pero también tejiendo memoria, porque esto tiene que quedar como un precedente para que las próximas generaciones no permitan que algo así vuelva a suceder. No me cansaré de decir que la democracia en Venezuela permanece en pausa. Una frase que utilizo con mucha frecuencia es que me gusta tener los pies en la tierra y la fe en el cielo”, concluyó.
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