La libre expresión busca recuperar su espacio en Venezuela

Las más de dos mil detenciones arbitrarias y los 23 fallecidos que dejaron las protestas antigubernamentales producto de las cuestionadas elecciones presidenciales del 28 de julio -marcadas por unos resultados contradictorios entre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la oposición- instauraron en Venezuela un clima de miedo, represión, censura, autocensura, exilio y desconfianza que transformó la vida de todos los ciudadanos.

Durante casi dos años la libertad de expresión dejó de existir. El miedo a expresarse disipó las protestas, las detenciones arbitrarias de adolescentes, mujeres y adultos mayores obligaron a la gente a callar, a borrar mensajes antes de salir de casa, a silenciar las redes sociales y evitar hablar de temas políticos “sensibles”. La mayoría de los periodistas dejaron de firmar sus notas y se ampararon bajo firmas generales del medio. El acceso a las fuentes periodísticas se hizo cada vez más cuesta arriba (de hecho, para la elaboración de este trabajo tres expertos en psicología declinaron participar)… Pero hay señales de que ese estado de parálisis que, aunque aún está activo, pudiera comenzar a disiparse. 

Tras conocerse la noticia de la captura de Nicolás Maduro y el posterior anuncio de las negociaciones para una transición pacífica tutelada por el Gobierno de Donald Trump, el clima político empezó a mostrar señales de cambio. Con la orden de  liberación de todos los presos políticos para cientos de familias, callar ya no era una opción y exigir libertad era la prioridad.

El miedo como pilar de control 

El miedo es descrito como la angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Judith Herman, psicóloga estadounidense y una de las grandes expertas en trauma psicológico señaló que el miedo sostenido en contextos de violencia política no solo afecta a los individuos sino también a la vida social en general. La experta afirmó que cuando la fuente de amenaza proviene del Estado, la sociedad desarrolla patrones de silencio incluso cuando la amenaza disminuye.

Ignacio Martín-Baró (1942-1989), psicólogo social y pionero en el estudio del trauma político en América Latina, en uno de sus estudios, sostuvo que el miedo por el trauma colectivo no solo dejaba heridas emocionales sino que “reconfigura la vida pública alrededor del silencio y la obediencia”.

Sobre el miedo en contexto de represión, el sociólogo y defensor de los derechos humanos, Rafael Uzcátegui, afirmó que el miedo en Venezuela ha sido el pilar central para el control político.

Explicó que en el país no fue implementado como una reacción espontánea a la represión, sino como una “herramienta deliberada del gobierno por métodos que fueron calificados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como terrorismo de Estado”.

Uzcátegui recalcó que la función de instaurar el miedo en la sociedad venezolana fue la de inhibir la participación, fragmentar los vínculos sociales y convertir el ejercicio de derechos -opinar, protestar, organizarse- en actividades percibidas como “riesgosas”. 

Aseguró que en los meses post contexto electoral el miedo dejó de ser un episodio excepcional y se volvió “una condición estructural de la vida pública, moldeando conductas, silencios y autocensuras”.

El politólogo Jesús Castellanos explicó que el miedo en Venezuela “ha ido escalando” en todo los tipos de violaciones a los derechos humanos perpetradas desde el Estado, primero a manos de Chávez y luego de Maduro.

Resaltó que el miedo instalado en Venezuela se produjo a partir de  “castigos ejemplarizantes” y la llamada “operación tun tun”, un mecanismo clave para que el miedo se internalizara, incluso sin presencia directa de fuerzas represivas.

Lo que cambió el clima político

Rafael Uzcátegui explicó que el miedo estructural, ese temor colectivo, persistente y generalizado por la propia estructura social, económica o política para ejercer control, necesita un proceso “lento y progresivo” de desarticulación, “no desaparece de la noche a la mañana”.

Sin embargo, Uzcátegui aclaró que la captura de Nicolás Maduro “rompió una sensación de intocabilidad del poder que había sido cuidadosamente construida durante años”.

El director de la ONG Laboratorio de Paz aseveró que la detención del exgobernante amplió el umbral de lo que se puede decir y lo que no. “Muchas personas no dejaron de tener miedo, pero empezaron a sentir que el silencio ya no garantiza protección absoluta”, dijo.

La bola de nieve 

Después del 3 de enero algo cambió en Venezuela y Rafael Uzcátegui lo describió como el efecto “bola de nieve”. Pequeños gestos, pero muy elocuentes, que han impulsado nuevamente a las personas a opinar en espacios públicos, en redes sociales y en reuniones familiares. Aunque no se trate de movilizaciones masivas, el sociólogo afirma que la reaparición de la palabra, del intercambio y del reconocimiento mutuo después de años de repliegue “es muy importante”.

La experta en comunicación política Carmen Beatriz Fernández coincide con Uzcátegui en que “sí hay señales” incipientes de que la sociedad venezolana está perdiendo el miedo. 

Las madres y familiares de los más de mil presos detenidos por motivos políticos fueron las primeras en manifestar su descontento y sin temor a ser detenidas, se apostaron a las afueras de los recintos penitenciarios de todo el país para exigir la liberación de sus familiares. 

“Todo lo que está ocurriendo post 3 de enero nos habla de una sociedad que está todavía en una fase de miedo, pero que empieza a levantar ese velo. Son las señales de un país que tiene hambre de democracia, de un país que no se rinde”, dijo Fernández. 

Desde el pasado 10 de enero decenas de mujeres se mantienen en vigilia permanente en El Helicoide, Rodeo I, Yare y Tocuyito, hasta lograr la liberación de sus familiares. Esto ante un anuncio de excarcelaciones que no ha se ha concretado del todo, pues según cifras del último balance del Foro Penal, aún están privados de libertad 711 personas, de las cuales una es adolescente y 65 son extranjeros. 

Recientemente Evelis Cano, madre de un preso político, se encadenó frente a Zona 7 en Boleíta para exigir la liberación de su hijo, Jack Tantak.

Los estudiantes universitarios también salieron al paso y el 23 de enero, fecha emblemática para la democracia venezolana, con pancartas gigantes y consignas, exigieron la libertad de todos los presos políticos y una transición real. 

Otro gesto simbólico de los estudiantes universitarios fue que el presidente de la FCU-UCV, Miguel Suárez, confrontó a Delcy Rodriguez durante un recorrido por la Universidad Central de Venezuela.

Las recientes declaraciones que han realizado algunos de presos políticos excarcelados también son una muestra de que el miedo se está rompiendo. 

Evans también ha utilizado sus redes sociales para pedir la libertad de quienes aún permanecen detenidos, como es el caso del abogado Perkins Rocha.

El recibimiento de los detenidos por sus familiares y la divulgación de los videos en redes sociales se han convertido en movilizaciones populares en Venezuela. Tal es el caso del estudiante de periodismo Juan Francisco Álvarez, cuando retornó a su pueblo, y del beisbolista falconiano Josset David Perozo Pimentel.

El dirigente político Biagio Pilieri también fue recibido en su natal Chivacoa por decenas de amigos y familiares.

Las redes sociales siguen inundadas de denuncias de madres, hermanas y demás familiares que exigen la liberación de sus seres queridos abiertamente. Meses atrás, muchas de ellas habían optado por el silencio ante el temor a represalias.

La mamá de Gabriel Sánchez Piña (19), con Autismo (TEA), denuncia que su hijo está detenido en Zona 7 junto a su hermano Levy Sánchez y exige que sean liberados. 

Fanny Lozada, madre de Alinis Araujo, señalada por el caso de los drones, exige la libertad de su hija.

El liderazgo opositor también se quitó el polvo y decidió salir de la clandestinidad para exigir la liberación de los presos políticos y el fin de la persecución. Delsa Solorzano, Andrés Velázquez y Alfredo Ramos, alzaron sus voces y se hicieron presente. 

Recientemente, el canal televisivo Venevisión, después de 10 años de censura, en su emisión meridiana informó sobre la reunión que sostuvo la líder de oposición, María Corina Machado, con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. 

Horas después, el ministro de Interior Justicia y Paz, Diosdado Cabello, en su programa Con el Mazo Dando, amenazó al canal: “Sin estridencia mediática su figura se diluye, sin titulares simplemente desaparece, escúchame Venevisión”.

Otros que han dado un paso al frente son dirigentes políticos que han salido de la clandestinidad, tras meses de resguardo para evitar ser arrasados por la ola de persecución. El primero fue Alfredo Ramos, quien celebró en primer lugar el inicio del comienzo de las excarcelaciones y exigió el cese a la persecución y el hostigamiento a la disidencia. Ramos ya está liderando asambleas en distintos puntos con dirigentes populares, sociales y políticos.

Posteriormente, fue Andrés Velásquez, quien hizo un llamado público a retomar la movilización de calle para presionar por una transición democrática. Le siguió la presidenta de Encuentro Ciudadano, Delsa Solórzano, quien se había ausentado de la vida política durante 17 meses tras fungir como representante de la oposición ante el Consejo Nacional Electoral en los comicios presidenciales de 2024. En su  primera rueda de prensa, afirmó que Venezuela vive una “nueva etapa” y exigió la libertad plena de los presos políticos.

Un cambio en proceso

Para el venezolano el cambio o el procesamiento psicológico de que se está reduciendo el peligro “está en desarrollo” debido a que las estructuras de poder que dirigen la censura y represión se mantienen sin ninguna modificación. 

Rafael Uzcátegui rescató que todo el cambio en el clima político también depende en gran parte del acompañamiento que la gente siente que realiza Estados Unidos con todo el proceso en marcha. 

Una muestra de que el miedo aún sigue latente se vio reflejado cuando comenzaron las excarcelaciones de presos políticos. Muchos sintieron temor de informar su nombre u ofrecer detalles de su caso por temor de ser nuevamente encarcelados. Sin embargo, a medida que el miedo se rompe, las muestras de solidaridad se multiplican. 

Asimismo, todavía hay precaución en publicar en las redes sociales, o en estados de WhatsApp, menciones explícitas a lo ocurrido el 3 de enero, o de hacer comentarios de estos hechos en grupos en la misma aplicación.

“Un día me atreví a publicar un estado relacionado con ese tema y, enseguida, me escribieron no menos de diez personas para decirme que estaba ‘loca’, que borrara eso, que uno no sabía quién podía entregarlo”, comentó *Reina, una caraqueña residente en el oeste de la ciudad. 

*Anahís vive en Coche, y además de pasar dos días sin luz luego de los bombardeos, cuando salió a la calle para encontrar un punto de carga de la batería de su teléfono, y tras  lograr su cometido, tres efectivos de la Policía Nacional Bolivariana le pidieron revisarlo. “Se metieron sobre todo a las fotos, revisaron los estados, buscaron videos. Yo estaba muy nerviosa, porque es la primera vez que me pasaba, ni siquiera tras las elecciones -de julio- me pasó y eso que por esta zona siempre lo hacían, pero a las mujeres por lo general no nos revisaban”, comenta. 

*Gabriel es estudiante de la Universidad Central de Venezuela y la recomendación de su madre cada día antes de salir es que haga una limpieza generalizada de su teléfono, sobre todo por las cadenas que suelen compartirse en los grupos de estudio: “El miedo se le desató después de saber que a un estudiante de la universidad unos policías le revisaron el teléfono y se lo destruyeron”, comenta. 

Mientras el miedo se rompe gradualmente, la solidaridad se pone de manifiesto. Estudiantes de la Ucab reúnen alimentos para los familiares de los presos políticos que llevan más de 20 días apostados en la cárcel El Rodeo I, esperando a que liberen a sus familiares. Mientras que en la Universidad Central de Venezuela, este 31 de enero también habrá una jornada solidaria con el mismo propósito. 

El 26 de enero, en redes sociales como X, varios usuarios recordaron la visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela, quien en una fecha como esa pero de 1986 se convirtió en el primer sumo pontífice en pisar suelo venezolano. Y lo hicieron destacando una de sus frases sobre política más relevantes:  “Por más poderoso que sea un dictador, solo es un hombre ¡No tengáis miedo!”

En una entrevista al diario El Mundo de España Rosa Cucunuba, líder estudiantil de la UCV de 22 años quien ha adquirido un rol protagónico en la petición de libertad para presos políticos y otras exigencias al gobierno, manifestó que, a pesar del miedo, llegó el momento de volver a expresarse y que no puede haber una transición que no contemple el rescate de las libertades. 

Nadie está exento de miedo, todos tenemos miedo por estos abusos sistemáticos de las personas que siguen estando en el poder. Hemos sufrido persecución… Pero me da más miedo seguir viviendo este abuso sistemático. Y ahora ha llegado la oportunidad de alzar la voz, tomar la iniciativa, hablar y que la gente deje el miedo a un lado. Tengo confianza de que de forma cívica y pacífica, la sociedad civil se sume a la causa para lograr la liberación de todos los presos políticos. No puede haber un debate sobre la mesa de transición sin la libertad previa de todos ellos”, expresó.

Desde el 3 de enero, las señales, aunque pequeñas, están ahí, motivando y aupando a millones de venezolanos a expresarse, a exigir, a alzar la voz, aunque el miedo y la estructura represiva no haya terminado. Se necesita un cambio profundo que le devuelva a todos los ciudadanos la confianza de expresarse libremente y que el avance no se perciba como frágil.

Después del 3 de enero algo cambió en Venezuela y Rafael Uzcátegui lo describió como el efecto "bola de nieve". Pequeños gestos, pero muy elocuentes, que han impulsado nuevamente a las personas a opinar en espacios públicos, en redes sociales y en reuniones familiares
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Las más de dos mil detenciones arbitrarias y los 23 fallecidos que dejaron las protestas antigubernamentales producto de las cuestionadas elecciones presidenciales del 28 de julio -marcadas por unos resultados contradictorios entre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la oposición- instauraron en Venezuela un clima de miedo, represión, censura, autocensura, exilio y desconfianza que transformó la vida de todos los ciudadanos.

Durante casi dos años la libertad de expresión dejó de existir. El miedo a expresarse disipó las protestas, las detenciones arbitrarias de adolescentes, mujeres y adultos mayores obligaron a la gente a callar, a borrar mensajes antes de salir de casa, a silenciar las redes sociales y evitar hablar de temas políticos “sensibles”. La mayoría de los periodistas dejaron de firmar sus notas y se ampararon bajo firmas generales del medio. El acceso a las fuentes periodísticas se hizo cada vez más cuesta arriba (de hecho, para la elaboración de este trabajo tres expertos en psicología declinaron participar)… Pero hay señales de que ese estado de parálisis que, aunque aún está activo, pudiera comenzar a disiparse. 

Tras conocerse la noticia de la captura de Nicolás Maduro y el posterior anuncio de las negociaciones para una transición pacífica tutelada por el Gobierno de Donald Trump, el clima político empezó a mostrar señales de cambio. Con la orden de  liberación de todos los presos políticos para cientos de familias, callar ya no era una opción y exigir libertad era la prioridad.

El miedo como pilar de control 

El miedo es descrito como la angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Judith Herman, psicóloga estadounidense y una de las grandes expertas en trauma psicológico señaló que el miedo sostenido en contextos de violencia política no solo afecta a los individuos sino también a la vida social en general. La experta afirmó que cuando la fuente de amenaza proviene del Estado, la sociedad desarrolla patrones de silencio incluso cuando la amenaza disminuye.

Ignacio Martín-Baró (1942-1989), psicólogo social y pionero en el estudio del trauma político en América Latina, en uno de sus estudios, sostuvo que el miedo por el trauma colectivo no solo dejaba heridas emocionales sino que “reconfigura la vida pública alrededor del silencio y la obediencia”.

Sobre el miedo en contexto de represión, el sociólogo y defensor de los derechos humanos, Rafael Uzcátegui, afirmó que el miedo en Venezuela ha sido el pilar central para el control político.

Explicó que en el país no fue implementado como una reacción espontánea a la represión, sino como una “herramienta deliberada del gobierno por métodos que fueron calificados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como terrorismo de Estado”.

Uzcátegui recalcó que la función de instaurar el miedo en la sociedad venezolana fue la de inhibir la participación, fragmentar los vínculos sociales y convertir el ejercicio de derechos -opinar, protestar, organizarse- en actividades percibidas como “riesgosas”. 

Aseguró que en los meses post contexto electoral el miedo dejó de ser un episodio excepcional y se volvió “una condición estructural de la vida pública, moldeando conductas, silencios y autocensuras”.

El politólogo Jesús Castellanos explicó que el miedo en Venezuela “ha ido escalando” en todo los tipos de violaciones a los derechos humanos perpetradas desde el Estado, primero a manos de Chávez y luego de Maduro.

Resaltó que el miedo instalado en Venezuela se produjo a partir de  “castigos ejemplarizantes” y la llamada “operación tun tun”, un mecanismo clave para que el miedo se internalizara, incluso sin presencia directa de fuerzas represivas.

Lo que cambió el clima político

Rafael Uzcátegui explicó que el miedo estructural, ese temor colectivo, persistente y generalizado por la propia estructura social, económica o política para ejercer control, necesita un proceso “lento y progresivo” de desarticulación, “no desaparece de la noche a la mañana”.

Sin embargo, Uzcátegui aclaró que la captura de Nicolás Maduro “rompió una sensación de intocabilidad del poder que había sido cuidadosamente construida durante años”.

El director de la ONG Laboratorio de Paz aseveró que la detención del exgobernante amplió el umbral de lo que se puede decir y lo que no. “Muchas personas no dejaron de tener miedo, pero empezaron a sentir que el silencio ya no garantiza protección absoluta”, dijo.

La bola de nieve 

Después del 3 de enero algo cambió en Venezuela y Rafael Uzcátegui lo describió como el efecto “bola de nieve”. Pequeños gestos, pero muy elocuentes, que han impulsado nuevamente a las personas a opinar en espacios públicos, en redes sociales y en reuniones familiares. Aunque no se trate de movilizaciones masivas, el sociólogo afirma que la reaparición de la palabra, del intercambio y del reconocimiento mutuo después de años de repliegue “es muy importante”.

La experta en comunicación política Carmen Beatriz Fernández coincide con Uzcátegui en que “sí hay señales” incipientes de que la sociedad venezolana está perdiendo el miedo. 

Las madres y familiares de los más de mil presos detenidos por motivos políticos fueron las primeras en manifestar su descontento y sin temor a ser detenidas, se apostaron a las afueras de los recintos penitenciarios de todo el país para exigir la liberación de sus familiares. 

“Todo lo que está ocurriendo post 3 de enero nos habla de una sociedad que está todavía en una fase de miedo, pero que empieza a levantar ese velo. Son las señales de un país que tiene hambre de democracia, de un país que no se rinde”, dijo Fernández. 

Desde el pasado 10 de enero decenas de mujeres se mantienen en vigilia permanente en El Helicoide, Rodeo I, Yare y Tocuyito, hasta lograr la liberación de sus familiares. Esto ante un anuncio de excarcelaciones que no ha se ha concretado del todo, pues según cifras del último balance del Foro Penal, aún están privados de libertad 711 personas, de las cuales una es adolescente y 65 son extranjeros. 

Recientemente Evelis Cano, madre de un preso político, se encadenó frente a Zona 7 en Boleíta para exigir la liberación de su hijo, Jack Tantak.

Los estudiantes universitarios también salieron al paso y el 23 de enero, fecha emblemática para la democracia venezolana, con pancartas gigantes y consignas, exigieron la libertad de todos los presos políticos y una transición real. 

Otro gesto simbólico de los estudiantes universitarios fue que el presidente de la FCU-UCV, Miguel Suárez, confrontó a Delcy Rodriguez durante un recorrido por la Universidad Central de Venezuela.

Las recientes declaraciones que han realizado algunos de presos políticos excarcelados también son una muestra de que el miedo se está rompiendo. 

Evans también ha utilizado sus redes sociales para pedir la libertad de quienes aún permanecen detenidos, como es el caso del abogado Perkins Rocha.

El recibimiento de los detenidos por sus familiares y la divulgación de los videos en redes sociales se han convertido en movilizaciones populares en Venezuela. Tal es el caso del estudiante de periodismo Juan Francisco Álvarez, cuando retornó a su pueblo, y del beisbolista falconiano Josset David Perozo Pimentel.

El dirigente político Biagio Pilieri también fue recibido en su natal Chivacoa por decenas de amigos y familiares.

Las redes sociales siguen inundadas de denuncias de madres, hermanas y demás familiares que exigen la liberación de sus seres queridos abiertamente. Meses atrás, muchas de ellas habían optado por el silencio ante el temor a represalias.

La mamá de Gabriel Sánchez Piña (19), con Autismo (TEA), denuncia que su hijo está detenido en Zona 7 junto a su hermano Levy Sánchez y exige que sean liberados. 

Fanny Lozada, madre de Alinis Araujo, señalada por el caso de los drones, exige la libertad de su hija.

El liderazgo opositor también se quitó el polvo y decidió salir de la clandestinidad para exigir la liberación de los presos políticos y el fin de la persecución. Delsa Solorzano, Andrés Velázquez y Alfredo Ramos, alzaron sus voces y se hicieron presente. 

Recientemente, el canal televisivo Venevisión, después de 10 años de censura, en su emisión meridiana informó sobre la reunión que sostuvo la líder de oposición, María Corina Machado, con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. 

Horas después, el ministro de Interior Justicia y Paz, Diosdado Cabello, en su programa Con el Mazo Dando, amenazó al canal: “Sin estridencia mediática su figura se diluye, sin titulares simplemente desaparece, escúchame Venevisión”.

Otros que han dado un paso al frente son dirigentes políticos que han salido de la clandestinidad, tras meses de resguardo para evitar ser arrasados por la ola de persecución. El primero fue Alfredo Ramos, quien celebró en primer lugar el inicio del comienzo de las excarcelaciones y exigió el cese a la persecución y el hostigamiento a la disidencia. Ramos ya está liderando asambleas en distintos puntos con dirigentes populares, sociales y políticos.

Posteriormente, fue Andrés Velásquez, quien hizo un llamado público a retomar la movilización de calle para presionar por una transición democrática. Le siguió la presidenta de Encuentro Ciudadano, Delsa Solórzano, quien se había ausentado de la vida política durante 17 meses tras fungir como representante de la oposición ante el Consejo Nacional Electoral en los comicios presidenciales de 2024. En su  primera rueda de prensa, afirmó que Venezuela vive una “nueva etapa” y exigió la libertad plena de los presos políticos.

Un cambio en proceso

Para el venezolano el cambio o el procesamiento psicológico de que se está reduciendo el peligro “está en desarrollo” debido a que las estructuras de poder que dirigen la censura y represión se mantienen sin ninguna modificación. 

Rafael Uzcátegui rescató que todo el cambio en el clima político también depende en gran parte del acompañamiento que la gente siente que realiza Estados Unidos con todo el proceso en marcha. 

Una muestra de que el miedo aún sigue latente se vio reflejado cuando comenzaron las excarcelaciones de presos políticos. Muchos sintieron temor de informar su nombre u ofrecer detalles de su caso por temor de ser nuevamente encarcelados. Sin embargo, a medida que el miedo se rompe, las muestras de solidaridad se multiplican. 

Asimismo, todavía hay precaución en publicar en las redes sociales, o en estados de WhatsApp, menciones explícitas a lo ocurrido el 3 de enero, o de hacer comentarios de estos hechos en grupos en la misma aplicación.

“Un día me atreví a publicar un estado relacionado con ese tema y, enseguida, me escribieron no menos de diez personas para decirme que estaba ‘loca’, que borrara eso, que uno no sabía quién podía entregarlo”, comentó *Reina, una caraqueña residente en el oeste de la ciudad. 

*Anahís vive en Coche, y además de pasar dos días sin luz luego de los bombardeos, cuando salió a la calle para encontrar un punto de carga de la batería de su teléfono, y tras  lograr su cometido, tres efectivos de la Policía Nacional Bolivariana le pidieron revisarlo. “Se metieron sobre todo a las fotos, revisaron los estados, buscaron videos. Yo estaba muy nerviosa, porque es la primera vez que me pasaba, ni siquiera tras las elecciones -de julio- me pasó y eso que por esta zona siempre lo hacían, pero a las mujeres por lo general no nos revisaban”, comenta. 

*Gabriel es estudiante de la Universidad Central de Venezuela y la recomendación de su madre cada día antes de salir es que haga una limpieza generalizada de su teléfono, sobre todo por las cadenas que suelen compartirse en los grupos de estudio: “El miedo se le desató después de saber que a un estudiante de la universidad unos policías le revisaron el teléfono y se lo destruyeron”, comenta. 

Mientras el miedo se rompe gradualmente, la solidaridad se pone de manifiesto. Estudiantes de la Ucab reúnen alimentos para los familiares de los presos políticos que llevan más de 20 días apostados en la cárcel El Rodeo I, esperando a que liberen a sus familiares. Mientras que en la Universidad Central de Venezuela, este 31 de enero también habrá una jornada solidaria con el mismo propósito. 

El 26 de enero, en redes sociales como X, varios usuarios recordaron la visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela, quien en una fecha como esa pero de 1986 se convirtió en el primer sumo pontífice en pisar suelo venezolano. Y lo hicieron destacando una de sus frases sobre política más relevantes:  “Por más poderoso que sea un dictador, solo es un hombre ¡No tengáis miedo!”

En una entrevista al diario El Mundo de España Rosa Cucunuba, líder estudiantil de la UCV de 22 años quien ha adquirido un rol protagónico en la petición de libertad para presos políticos y otras exigencias al gobierno, manifestó que, a pesar del miedo, llegó el momento de volver a expresarse y que no puede haber una transición que no contemple el rescate de las libertades. 

Nadie está exento de miedo, todos tenemos miedo por estos abusos sistemáticos de las personas que siguen estando en el poder. Hemos sufrido persecución… Pero me da más miedo seguir viviendo este abuso sistemático. Y ahora ha llegado la oportunidad de alzar la voz, tomar la iniciativa, hablar y que la gente deje el miedo a un lado. Tengo confianza de que de forma cívica y pacífica, la sociedad civil se sume a la causa para lograr la liberación de todos los presos políticos. No puede haber un debate sobre la mesa de transición sin la libertad previa de todos ellos”, expresó.

Desde el 3 de enero, las señales, aunque pequeñas, están ahí, motivando y aupando a millones de venezolanos a expresarse, a exigir, a alzar la voz, aunque el miedo y la estructura represiva no haya terminado. Se necesita un cambio profundo que le devuelva a todos los ciudadanos la confianza de expresarse libremente y que el avance no se perciba como frágil.

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