Sanadores también requieren atención psicológica 

Como parte de las actividades de atención psicológica que promueve la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), se realizó el encuentro virtual “El sanador herido ante la catástrofe: El impacto de la sombra y el trauma secundario en el terapeuta”, que contó con una nutrida asistencia de profesionales del gremio y de otras áreas de la salud. La ponencia principal estuvo a cargo del psicólogo David Sucre, quien analizó las repercusiones psicológicas del terremoto del 24 de junio.

El especialista advirtió que el escenario de una emergencia conmueve no solo a los sobrevivientes, sino también a los terapeutas encargados de brindar los primeros auxilios psicológicos.

Explicó el impacto de los fenómenos naturales bajo la mirada de la “psicogeografía y la terrapsicología”. Detalló que la psicogeografía es un área de la psicología que estudia cómo los ambientes generan efectos y afectos en el comportamiento humano. La terrapsicología, por su parte, tiene que ver con la relación del ser humano con la naturaleza.

Con base en estas explicaciones, Sucre señaló que en la realidad de las crisis postraumáticas actuales, tanto las personas afectadas como los profesionales de la salud mental comparten las mismas amenazas, el mismo cielo y el mismo ambiente que trajo la tragedia. 

Este shock compartido puede quebrar el tradicional método clínico de neutralidad y distancia que se enseña en las universidades, al situar a todos los involucrados en una situación de vulnerabilidad mutua que podría resultar imposible de ignorar en este contexto de crisis.

La invulnerabilidad profesional

La gran demanda de contención emocional que ha recibido la FPV en las últimas semanas ha empujado a muchos psicólogos a asumir una carga excesiva. Sucre enfatizó que, ante la urgencia social y la vocación de ayuda, suele activarse de manera instantánea en el gremio el “complejo del salvador”. 

Así, esa postura de supuesta “invulnerabilidad”, aunque puede ser inicialmente útil para dar respuesta a la situación a corto plazo, también puede resultar perjudicial a mediano plazo, ya que desconecta a los psicólogos de su propia realidad humana y los conduce paulatinamente hacia un gran agotamiento mental.

“Nos exigimos estar listos, enteros y dispuestos las 24 horas del día con un cansancio que parece que no termina, pero que sí impacta en la psique y que bloquea nuestra genuina capacidad operativa y empática con nuestros consultantes”, advirtió Sucre.

Frente a esta situación, el especialista recalcó que los manuales y protocolos de primeros auxilios psicológicos son reglas necesarias, pero corren el riesgo de volverse obtusas si el profesional opera de forma automatizada, rígida o fragmentada. Los pacientes pueden percibir la distancia, por lo que la técnica jamás debe dejar de lado el factor humano.

Para poder procesar el impacto emocional del desastre sin abandonarse a sí mismo, indicó Sucre, se vuelve indispensable traer a colación el arquetipo del “sanador herido”, el cual es la encarnación en el mito clásico del centauro Quirón, quien cura gracias a su dolorosa familiaridad con el sufrimiento. 

El golpe del sismo

La sobrecarga clínica se manifiesta de forma directa a través de síntomas físicos que los expertos no deben de pasar por alto, tales como el insomnio crónico, los estados de hipervigilancia por temor a réplicas, la sensación de incertidumbre prolongada y la opresión en el pecho. 

Al absorber diariamente testimonios devastadores, el personal de salud mental puede experimentar un desgaste silencioso que debilita su propia psique y puede hacer que se filtren situaciones personales del especialista durante las consultas.

“Si la vasija del psicólogo se rompe, se agrieta por su propio material no procesado, la intervención fracasa. Se produce una intoxicación; por lo tanto, es fundamental que en situaciones de desgaste hagamos eco y escuchemos la contratransferencia para poder diferenciar qué es mi angustia, qué es mío”, recalcó David Sucre.

Cuando el psicólogo reconoce de forma honesta su propia historia personal, puede utilizar su herida para conectar con el dolor del paciente sin verse arrastrado por él. De este modo, la intervención de emergencia se aleja de una mera aplicación técnica para convertirse en un espacio empático.

El autocuidado

La propuesta central del encuentro apuntó a la construcción de una ética del autocuidado que pase por encima de las prácticas superficiales de desconexión. Sucre propuso construir espacios grupales de contención emocional, supervisión clínica y terapia individual liderados por la Federación de Psicólogos de Venezuela.

Esta ayuda buscaría romper el aislamiento común de las prácticas de los psicólogos y permitir que la vulnerabilidad individual se integre en un soporte mutuo que alivie el peso de esta labor. 

“Nadie puede dar de comer desde un plato vacío. Nadie puede ofrecer suelo firme si se niega sus propias grietas internas”, sentenció Sucre.

El foro concluyó con un llamado a los psicólogos del país a desmontar las máscaras profesionales para aceptar el miedo, cansancio y la duda en medio de esta situación. La psicología de emergencia en Venezuela podría ser llevada de mejor forma con sus intervenciones y así transformar la ayuda en una reconstrucción que sea duradera basada.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Psicólogos advierten sobre el peligro del "complejo de salvador" y la urgencia de construir espacios de autocuidado para resguardar la salud mental de los propios terapeutas
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Como parte de las actividades de atención psicológica que promueve la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), se realizó el encuentro virtual “El sanador herido ante la catástrofe: El impacto de la sombra y el trauma secundario en el terapeuta”, que contó con una nutrida asistencia de profesionales del gremio y de otras áreas de la salud. La ponencia principal estuvo a cargo del psicólogo David Sucre, quien analizó las repercusiones psicológicas del terremoto del 24 de junio.

El especialista advirtió que el escenario de una emergencia conmueve no solo a los sobrevivientes, sino también a los terapeutas encargados de brindar los primeros auxilios psicológicos.

Explicó el impacto de los fenómenos naturales bajo la mirada de la “psicogeografía y la terrapsicología”. Detalló que la psicogeografía es un área de la psicología que estudia cómo los ambientes generan efectos y afectos en el comportamiento humano. La terrapsicología, por su parte, tiene que ver con la relación del ser humano con la naturaleza.

Con base en estas explicaciones, Sucre señaló que en la realidad de las crisis postraumáticas actuales, tanto las personas afectadas como los profesionales de la salud mental comparten las mismas amenazas, el mismo cielo y el mismo ambiente que trajo la tragedia. 

Este shock compartido puede quebrar el tradicional método clínico de neutralidad y distancia que se enseña en las universidades, al situar a todos los involucrados en una situación de vulnerabilidad mutua que podría resultar imposible de ignorar en este contexto de crisis.

La invulnerabilidad profesional

La gran demanda de contención emocional que ha recibido la FPV en las últimas semanas ha empujado a muchos psicólogos a asumir una carga excesiva. Sucre enfatizó que, ante la urgencia social y la vocación de ayuda, suele activarse de manera instantánea en el gremio el “complejo del salvador”. 

Así, esa postura de supuesta “invulnerabilidad”, aunque puede ser inicialmente útil para dar respuesta a la situación a corto plazo, también puede resultar perjudicial a mediano plazo, ya que desconecta a los psicólogos de su propia realidad humana y los conduce paulatinamente hacia un gran agotamiento mental.

“Nos exigimos estar listos, enteros y dispuestos las 24 horas del día con un cansancio que parece que no termina, pero que sí impacta en la psique y que bloquea nuestra genuina capacidad operativa y empática con nuestros consultantes”, advirtió Sucre.

Frente a esta situación, el especialista recalcó que los manuales y protocolos de primeros auxilios psicológicos son reglas necesarias, pero corren el riesgo de volverse obtusas si el profesional opera de forma automatizada, rígida o fragmentada. Los pacientes pueden percibir la distancia, por lo que la técnica jamás debe dejar de lado el factor humano.

Para poder procesar el impacto emocional del desastre sin abandonarse a sí mismo, indicó Sucre, se vuelve indispensable traer a colación el arquetipo del “sanador herido”, el cual es la encarnación en el mito clásico del centauro Quirón, quien cura gracias a su dolorosa familiaridad con el sufrimiento. 

El golpe del sismo

La sobrecarga clínica se manifiesta de forma directa a través de síntomas físicos que los expertos no deben de pasar por alto, tales como el insomnio crónico, los estados de hipervigilancia por temor a réplicas, la sensación de incertidumbre prolongada y la opresión en el pecho. 

Al absorber diariamente testimonios devastadores, el personal de salud mental puede experimentar un desgaste silencioso que debilita su propia psique y puede hacer que se filtren situaciones personales del especialista durante las consultas.

“Si la vasija del psicólogo se rompe, se agrieta por su propio material no procesado, la intervención fracasa. Se produce una intoxicación; por lo tanto, es fundamental que en situaciones de desgaste hagamos eco y escuchemos la contratransferencia para poder diferenciar qué es mi angustia, qué es mío”, recalcó David Sucre.

Cuando el psicólogo reconoce de forma honesta su propia historia personal, puede utilizar su herida para conectar con el dolor del paciente sin verse arrastrado por él. De este modo, la intervención de emergencia se aleja de una mera aplicación técnica para convertirse en un espacio empático.

El autocuidado

La propuesta central del encuentro apuntó a la construcción de una ética del autocuidado que pase por encima de las prácticas superficiales de desconexión. Sucre propuso construir espacios grupales de contención emocional, supervisión clínica y terapia individual liderados por la Federación de Psicólogos de Venezuela.

Esta ayuda buscaría romper el aislamiento común de las prácticas de los psicólogos y permitir que la vulnerabilidad individual se integre en un soporte mutuo que alivie el peso de esta labor. 

“Nadie puede dar de comer desde un plato vacío. Nadie puede ofrecer suelo firme si se niega sus propias grietas internas”, sentenció Sucre.

El foro concluyó con un llamado a los psicólogos del país a desmontar las máscaras profesionales para aceptar el miedo, cansancio y la duda en medio de esta situación. La psicología de emergencia en Venezuela podría ser llevada de mejor forma con sus intervenciones y así transformar la ayuda en una reconstrucción que sea duradera basada.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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