El contador avanza hacia las seis de la tarde. Faltan pocos minutos. Algunas personas sostienen velas; otras llevan fotografías de familiares que no volvieron. Hay quienes llegan solos y quienes lo hacen en pequeños grupos. No necesariamente se conocen desde antes -comentan- pero ahora, están unidos por una vivencia similar que los emparentó: la de la pérdida. Es 2 de octubre y han pasado 100 días desde los terremotos que sacudieron La Guaira.

Cerca al Farmatodo de Caraballeda, un establecimiento que permaneció en pie pero que todavía no atiende al público, comienzan a reunirse familiares, voluntarios y vecinos. Visten de blanco. El calor ronda los 30 grados. La humedad se mezcla con el polvo que todavía permanece en el ambiente después de tres meses de escombros, demoliciones y trabajos. En ese mismo espacio, varios edificios terminaron colapsados por la sacudida de la tierra. A unos metros, los restos de los bloques de la OPPE26 recuerdan por qué están allí.
Algunos llegan precisamente a dar un último adiós, porque no han podido hacerlo.

Una noche para los que faltan
“Haz de Luz” fue una actividad convocada por varias organizaciones, entre ellas, Venezuela te Ayuda y la Fundación El After de Rawayana como una jornada de oración y memoria para las víctimas de los terremotos y sus familias. Hubo dos puntos de encuentro: Caraballeda y Playa Grande, los más sectores golpeados por el desastre sociambiental.
Para Julia Mariano, de Venezuela te Ayuda, la actividad nació de una necesidad que permanece cien días después: acompañar a quienes se fueron sin una despedida y a quienes tuvieron que quedarse con las consecuencias de la tragedia.
“Somos parte de uno de los organizadores de esta actividad, una vigilia en homenaje a quienes se fueron sin una adiós, pero también, a todos los que se quedaron y a quienes han estado apoyando desde el día uno”, explicó.
La iniciativa, contó Mariano, surgió de una voluntaria independiente y fue sumando organizaciones y equipos que ya trabajaban en las comunidades afectadas.
Venezuela te Ayuda ha mantenido durante estos meses distintos proyectos en la zona: un plan de fumigación, de la mano de EPA, distribución de alimentos, actividades para niños y adolescentes y un próximop plan para asistencia de mascotas. La organización mantiene actualmente una cocina activa que entrega 150 comidas diarias de lunes a sábado, después de haber llegado a distribuir hasta 600 en una jornada.
En la tarde-noche del evento, antes de las seis, la Coral La Nota Perfecta Cristo Rey ensaya el cántico “Haz de luz”. Las voces se mezclan con el movimiento de quienes van encendiendo las velas.
Un contador marca el paso de los minutos.

Los sacerdotes invitados hablan a los presentes. No hay prisa. En el lugar, cada familia parece llevar su propio tiempo.
A las 6:04 p.m., la hora exacta en que dos terremotos cambiaron repentinamente la vida de miles de familias el 24 de junio, todo se detiene.
El minuto de silencio se cumple con solemnidad y respeto. El dolor que no se ha ido, emerge. El silencio no es vacío: están allí los nombres, las fotografías, tanto de quienes partieron como de quienes todabvía son buscados.
El padre Juan Ramón de Andrés intervino para resaltar qué fue lo único que el sismo no logró agrietar.
“La reconstrucción de La Guaira no es solo de ladrillos y cementos. Lo creemos cuando nos apoyamos, nos acompañamos, nos abrazamos y dejamos que el miedo no nos gane. Nuestro fe es el cimiento que no se agrieta, pues aunque el dolor es real, nuestra esperanza no se acaba”, expresa.
La luz sobre los escombros
Uno de los momentos centrales en este punto de la jornada de oración y acompañamiento ocurrió cuando dos columnas de luz se proyectaro desde el lugar donde alguna vez estuvieron los bloques de la OPPE26. Hasta hace pocos días, continuaban allí las labores de recuperación de cuerpos.
La escena cambia.
Las voces de la coral acompañan el encendido. Hay personas que lloran. Otras se abrazan. Algunas miran hacia arriba; otras no consiguen apartar la vista de los restos que tienen delante.
Durante unos minutos, la luz parece ocupar el espacio que dejaron los edificios. Pero cuando terminan los actos programados surgen rituales espontáneos. íntimos. Aflora la esencia del propósito del evento.
Familias enteras comienzan a acercarse a los escombros. Madres, padres, hijos y otros familiares se arrodillan alrededor de las losas de concreto y las piedras que todavía permanecen en el lugar. Algunos dejan allí sus velas. Otros simplemente se quedan allí, suspendidos quizás en algún recuerdo.


Algunas mascotas acompañan a sus dueños y olfatean la tierra, como si quisieran abrazar lo que allí estuvo antes.

No hay micrófonos ni discursos en ese momento. La prensa se mantiene a distancia. Solo se respeta el espacio de quienes necesitaban ese momento para atravesar una fase del ciclo del duelo.
Cada familia tiene su propia manera de estar frente a la ausencia. Y el resto de los espectadores cumple la función para que le fueron convocados: acompañar.
Cien días sin una despedida
La convocatoria de “Haz de Luz” partió de una realidad que permanece después del terremoto: familias que no tuvieron un velorio, un entierro o siquiera un lugar donde llevar una flor. Y otras que todavía esperan información.
Encender una luz, plantearon los organizadores, no significa cerrar una historia ni despedir a quienes continúan siendo buscados. Es una manera de mantenerlos presentes mientras sus familias siguen esperando.
Y es que cien días después, esa espera todavía no tiene una cifra oficial completa. El último balance del Gobierno sobre las muertes causadas por los sismos corresponde al 24 de agosto y situaba la cifra en 6509 fallecidos. Incluso durante este fin de semana continuaban las labores de rescate de cuerpos en las residencias Caribe, próximas a la OPPE26. Ante la ausencia de un balance oficial actualizado sobre las personas desaparecidas, organizaciones independientes han intentado reconstruir parte de esa historia.
En un informe presentado el 1 de octubre, la Agencia PANA de Cecodap documentó el impacto del desastre entre niños, niñas y adolescentes. El registro señala que 483 niños, niñas y adolescentes murieron en los sismos y que al menos 144 continúan desaparecidos. De estos últimos casos, al menos 40 tienen también a sus padres o representantes desaparecidos y en ocho casos ambos padres fallecieron.
La investigación también documentó que al menos 37 niños, niñas y adolescentes reportados inicialmente como desaparecidos fueron localizados con vida. Otros 201 fueron encontrados sin vida; 129 de ellos murieron junto a sus padres o representantes.
El desplazamiento es otra de las huellas que deja el terremoto. Según los datos recopilados por la Agencia PANA, al menos 1.811 niños, niñas y adolescentes se trasladaron a otros estados del país, acompañados por integrantes de su familia directa o extendida.
Son números. Pero detrás de cada uno hay una casa que quedó vacía, una habitación que nadie volvió a ocupar, una familia que tuvo que aprender a preguntar por alguien que todavía no aparece.
Que el apoyo no se apague
La noche avanza y la multitud comienza a dispersarse. Quedan las velas parpadeantes, los restos de concreto y el haz de luz. Y quedan las familias, para quienes la catástrofe no terminó cuando el suelo dejó de temblar ni cuando las maquinarias silencien sus motores.
La vida continúa, marcada por preguntas sin respuesta bajo las piedras y necesidades urgentes en La Guaira. Julia Mariano reitera el llamado a la solidaridad ciudadana para ampliar la red de apoyo. Juntos, para poder beneficiar más personas.
“Creemos mucho en que si nos unimos, llegamos mucho más lejos. Todas las organizaciones, voluntarios independientes, pueden apoyarnos de cualquier manera, con comida seca, proteínas, con aportes monetarips, quien quien decide hacerlol. Somos una organización establecida en EE.UU. y hacemos una rendición de cuentas muy exhaustiva y transparente. Cada vez que organizamos una actividad convocamos por redes sociales qué tipo de ayuda necesitamos: una merienda, un juguete. Los que se quieren unir pueden escribir a @venezuelateayudaIG, y venezuelateayuda.com es la página web. Nosotros nacimos con la iniciativa de Venezuela te Busca y luego migramos a Venezuela te Ayuda. Recibmos también donaciones de tiempo, recursos y conocimientos para nuestras jornadas. Cualquier ayuda es bien recibida y necesaria”, enfatiza.
El tiempo se lleva los escombros, la atención en la tragedia, los objetos. Los eventos conmemorativos se van espaciando. Pero la ausencia, en cambio, permanece. Y quienes requieren apoyo y presencia, también.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.






