Yakary Prado, autor en Runrun

Yakary Prado

Julio Castro: Entre 8% y 11% de los venezolanos han contraído COVID-19
En un foro virtual organizado por Prodavinci, el médico infectólogo advirtió que volver a la “normalidad” que vivíamos antes de la pandemia no será posible al menos en los próximos nueve meses
Consideró que el reto de los gobiernos es buscar alternativas para que la sociedad funcione y para que la tasa de transmisión sea manejable

Yakary Prado/@mrsyaky 

En un foro virtual de Prodavinci celebrado este 15 de septiembre, el médico infectólogo Julio Castro estimó que entre 8% a 11% de los venezolanos pueden haberse enfermado con COVID-19, un porcentaje aún distante del 60% requerido para lograr la denominada “inmunidad de rebaño” que pudiera poner fin a la epidemia.

En la videoconferencia “Dónde está Venezuela a seis meses de la pandemia” de Prodavinci, Castro recordó que la otra vía para lograr ponerle fin a la propagación del coronavirus es la vacunación de la población. Para la fecha, 9 vacunas contra la COVID-19 están siendo estudiadas en Fase III en distintos países del mundo. Algunos países aspiran iniciar la vacunación a finales de 2020.

“Si tuviera que decir cuánta gente en Venezuela tiene anticuerpos antiCOVID-19, que sería el equivalente a cuántos se han infectado, probablemente tenemos una brecha entre 8% a 11%. El camino para llegar a 60% es larguísimo, es lo que nos falta antes de que llegue la inmunidad de rebaño por esa vía, o por la vacuna”, amplió.

Castro precisó que en Venezuela se han registrado cuatro semanas con cierta “estabilidad” en el número de casos, pero aclaró que ello no significa que los contagios estén disminuyendo, sino que ha sido sobrepasada la capacidad de detección. También, comentó sobre la “obsesión” respecto a la llegada del pico por COVID-19. 

“El pico llega cuando llega, si no ha llegado en el mundo, mucho menos a Venezuela. Siempre he dicho desde el primer momento que esto es para largo, y pongo el ejemplo de cuando viajaba a Maracaibo y le preguntaba a papá cuánto faltaba y apenas íbamos por Tazón. Esto es como un viaje a Estambul. Creo que nos queda buena parte de la mitad del año que viene, quizá no en todos los países con la misma intensidad, pero dado lo precario de lo que aún conocemos, esto va para largo (…) No veo en el escenario próximo el tema de llegar al pico, porque el pico lo construyes con políticas públicas, el virus no se muda. Si no tienes medidas que impacten la transmisibilidad, los casos van a seguir subiendo”, explicó.

Los enigmas asociados al COVID-19

A seis meses del inicio de la pandemia, según recalcó el experto, aún hay muchas interrogantes sobre los efectos a mediano y largo plazo del nuevo coronavirus en el cuerpo humano. Al principio, la COVID-19 era tratada como una enfermedad que afectaba exclusivamente al sistema respiratorio, pero con el paso de los meses, el panorama ha variado. 

Castro indicó que en la OMS hay mucha preocupación por las consecuencias que causará la infección en órganos como el corazón y los pulmones de quienes se infectaron con el virus.  Puso como ejemplo su vivencia personal con el COVID-19.

“La gran interrogante actual es cómo se comportará el virus en órganos vitales y muy importantes como el corazón y los pulmones, no lo sabemos. El corazón y pulmón funcionan muy cerca del otro. Si tú subes una escalera, como necesitas más oxígeno, tu corazón bombea más rápido para compensar la necesidad de oxígeno. Muchos pacientes con COVID-19 tienen saturación como si estuvieran en el Pico Bolívar y el corazón no compensa en frecuencia cardíaca cómo debería. Me pasó a mí, en momentos estoy en frecuencia cardíaca baja y en otros con frecuencia alta sin ninguna explicación, en algo debe afectar el virus a los nervios del corazón, así como afecta la nariz, olfato y gusto. En el caso de la pérdida de olfato y gusto, se ha demostrado que es porque afecta a los nervios y se piensa que esto es una neuropatía. Ahora empezamos a ver otras manifestaciones de la enfermedad que antes no advertíamos”, detalló el doctor en la videoconferencia de Prodavinci. 

Otro de los temas que aún está inconcluso, a seis meses de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia por COVID-19, es la propensión a desarrollar una forma leve, moderada o grave de la enfermedad. La experiencia refleja que las personas mayores de 65 años, con afecciones cardíacas, obesidad, sistema inmunitario debilitado, enfermedad renal crónica, enfermedad pulmonar de base o diabetes mellitus tipo 2 tienen mayor riesgo de enfermarse gravemente. Pero esto no ha eximido a personas jóvenes y sanas de complicarse con el virus y hasta morir. 

“La verdad, no tenemos una buena forma de saber quién irá a una enfermedad severa y quién hará una leve, ese elemento diferenciador no está claro para la ciencia todavía. Al final, obedece a razones que no sabemos. Al entrar a terapia intensiva, la mortalidad está entre 30% a 50%”, refirió Castro. 

Recordó el experto que una sola medida no es necesaria para controlar la epidemia, sino un conjunto de ellas: medidas preventivas (uso de tapabocas, lavado de manos, distanciamiento físico) sanitarias (aumentar capacidad de detección con pruebas PCR), restricción de circulación en diferentes etapas y evitar reuniones. 

También, instó a mantener la calma, pues la vida, tal y como la conocíamos antes de la pandemia, posiblemente no volverá antes de los próximos nueve meses. 

“La epidemia va aumentando y si no tienes algo que la vaya controlando, o la haga bajar, los números seguirán creciendo (…) Mientras tengamos virus y gente susceptible, habrá medidas de restricción más o menos severas, pero no podemos pensar que los niños volverán al colegio de forma normal, que podremos ir al trabajo de manera normal, o ver un juego Caracas-Magallanes como lo hacíamos antes. Esa vida, en los próximos ocho o nueve meses, no va a ser posible. Y eso tenemos que entenderlo, porque requiere de formas de control de movimiento de ciudadanos y del contacto. Entonces, hay que buscar alternativas que permitan que la gente no se muera de hambre y que haya una forma de activación económica y de menor impacto en la salud mental.  Hay que buscar puntos intermedios que permitan que la sociedad funcione y que la tasa de transmisión sea manejable para los sistemas de salud”, concluyó. 

Científicos advierten que casos diarios de COVID-19 podrían llegar a 14.000 en los próximos tres meses
La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales advierte que, en un escenario de 7.000 casos diarios, las muertes por día podrían ubicarse entre 140 a 210 decesos
Instan a las autoridades a aumentar el número de pruebas PCR y a descentralizar su realización para monitorear y controlar la dispersión del virus

@mrs_yaky

En un segundo informe sobre el estado actual de la epidemia de COVID-19 en Venezuela, que fue publicado este 9 de septiembre, la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman) advirtió que el número de nuevos casos de la enfermedad pandémica seguirá su trayectoria ascendente en el país hasta finales de 2020 y que podría llegar a ubicarse hasta en 14.000 casos diarios, si no se toman medidas para reducir la tasa de contagio actual.

En los próximos tres meses de una epidemia “en fase expansiva” y con “potencial de crecimiento exponencial alto” se pueden presentar dos escenarios en Venezuela, según estas proyecciones de la Academia: uno de “reducción leve”, en el que los casos diarios se eleven de 7.000 a 14.000 y otro de “reducción sustancial”, en el que el número de infecciones descienda cada día levemente hasta ubicarse en 4.000 diarias.

Basados en las tasas de fatalidad reportadas en Colombia (3%), Brasil (3%) y Panamá (2%) advierten que, en un escenario de 7.000 personas infectadas por día, se pueden registrar entre 140 y 200 decesos diarios.

Los científicos -que habían proyectado en el mes de mayo la posibilidad de escenarios con 1.000-4.000 casos diarios entre finales de junio y comienzos de septiembre- calculan que, para la semana final de agosto, 7.000 personas se estarían infectando cada día con el nuevo coronavirus. Este número difiere drásticamente de los reportes oficiales de la administración madurista. La cifra récord de contagios reportada oficialmente fue de 1.281 casos el pasado 13 de agosto.

Según el modelo de Aficman, los nuevos casos diarios de COVID-19 que se están registrando en el país podrían sextuplicar a los que se informan oficialmente. 

El estudio de la academia (que puede ver completo en este enlace) utiliza el número de casos reportados oficialmente y su corrección matemática (pues, consideran que las cifras informadas no indican la realidad local de la epidemia) y un modelo epidemiológico que incorpora el flujo regular de personas que retornan al país.

Los expertos utilizaron el porcentaje de positividad (esto es, el porcentaje de personas que dieron positivo al coronavirus entre todas aquellas que se hicieron la prueba) para tener una cifra más cercana a la realidad de las infecciones diarias por coronavirus en el país.

Clamor por más pruebas PCR

La Academia reconoce un esfuerzo en ampliar el diagnóstico de los infectados con el coronavirus a través de las pruebas PCR (la cifra de test realizados pasó de 179 pruebas durante marzo-abril a 1.017 pruebas en junio y 1.309 pruebas en julio) pero indican que aún es insuficiente. En la actualidad, según indican, los reportes oficiales de nuevos casos informados a diario reflejan el estado de la epidemia de 8 a 18 días antes del anuncio.

Recomiendan, por tanto, que se amplíe “sustancialmente” la capacidad de realización de las pruebas PCR para el diagnóstico del coronavirus  y que sean descentralizadas, para que se puedan llegar a realizar entre 8.000 a 10.000 test PCR diarios. Es importante también, según destacan, que los resultados de las pruebas estén disponibles en no menos de tres días, para ubicar tempranamente los focos de contagios. 

Los científicos indican que, ante la ausencia de vacunas contra el COVID-19, los modelos matemáticos son herramientas efectivas para proyectar el tamaño de la epidemia, las demandas hospitalarias y el diseño de estrategias de flexibilización. 

Por esta razón, claman a las autoridades encargadas de las políticas públicas de salud en el país que el reporte sea “visualizado y considerado”, de cara a la adopción de nuevas medidas de flexibilización o antes de diseñar estrategias como el retorno a clases presencial o semipresencial.

“En Venezuela, la epidemia de COVID-19 aún se encuentra en su fase expansiva con un potencial de crecimiento exponencial alto y sin evidencia alguna de un cambio en la trayectoria ascendente de la epidemia. No existen las condiciones mínimas sugeridas por la Organización Mundial de la Salud para una flexibilización total”, advierte Acfiman. 

Como comentario final, expresan que continuarán monitoreando el curso de la epidemia y que la intención de estas proyecciones es contribuir a minimizar el impacto en la población venezolana.

Mielitis transversa: la enfermedad que llevó a pausar el ensayo clínico de la vacuna contra el COVID-19
El evento grave tras la vacunación con el candidato de AstraZeneca y la universidad de Oxford ocurrió en una mujer de Reino Unido que debió ser hospitalizada
Un comité científico independiente estudia la reacción adversa grave y determinará cuándo pueden reanudarse los ensayos

@mrs_yaky

Una enfermedad “inexplicable” en uno de los voluntarios fue suficiente para que el gigante farmaceútico AstraZeneca anunciara el pasado 8 de septiembre que había pausado los ensayos globales de su vacuna contra la COVID-19, la primera que la Organización Mundial de la Salud reportó en Fase III o de investigación clínica avanzada. 

La vacuna AZD1222, que prueba la compañía, fue desarrollada en conjunto con la Universidad de Oxford de Gran Bretaña y está siendo probada en fase III tanto en Reino Unido como en Europa, África, Estados Unidos y América Latina.

Astrazeneca informó inicialmente sobre el incidente sin ofrecer mayores detalles.

“Como parte de los ensayos globales controlados y aleatorios en curso de la vacuna del coronavirus de Oxford, nuestro proceso de revisión estándar provocó una pausa en la vacunación para permitir la revisión de los datos de seguridad”, se lee en el comunicado de prensa que publicaron en su sitio web.

Con el paso de las horas, se fue dilucidando cuál fue el evento clínico que causó la suspensión temporal del estudio de la vacuna de Oxford-AstraZeneca en Fase III. Como se recordará, este prototipo fue elaborado combinando un segmento del virus del resfriado (adenovirus) de los chimpancés, al que se le insertaron segmentos del nuevo coronavirus (una versión debilitada del virus). La vacuna  prepara al sistema inmunológico para atacar el virus SARS-CoV-2 si luego infecta el cuerpo.

¿Qué tipo de enfermedad desarrolló el participante afectado luego de ser vacunado?

La empresa no detalló inicialmente qué tipo de reacción adversa presentó el participante y solo lo tildó como una “enfermedad inexplicable”. Tampoco reveló mayores datos sobre la persona afectada. 

Los efectos adversos a las vacunas comúnmente son fiebre, dolor, inflamación o enrojecimiento de la zona vacunada, malestar general, dolores musculares o fatiga. 

Pero en una conferencia de prensa privada con inversores celebrada este 9 de septiembre, Pascal Soriot, director ejecutivo de AstraZeneca, develó el secreto y  reveló que fue una mujer de Reino Unido la que, tras ser vacunada, experimentó síntomas neurológicos consistentes con un trastorno inflamatorio espinal llamado mielitis transversa.

StatNews, sitio web especializado en salud y medicina, agregó que la mujer estuvo hospitalizada en condición estable y que podía ser dada de alta próximamente. También, informó que el  ensayo clínico de la vacuna de Oxford ya se había detenido en julio, luego de que uno de los participantes reportara síntomas neurológicos. Posteriormente, se habría comprobado que el afectado fue diagnosticado con esclerosis múltiple, una enfermedad no relacionada con las vacunas. 

Según lo describe la Clínica Mayo en su sitio web, la mielitis transversa es un trastorno neurológico que consiste en la inflamación de ambos lados de una sección de la médula espinal. Esta alteración daña el material aislante que cubre las fibras de las células nerviosas del organismo (mielina). La enfermedad hace que se interrumpan los mensajes que los nervios de la médula espinal envían a todo el cuerpo, lo que produce dolor, debilidad muscular, parálisis, problemas sensoriales o disfunción de la vejiga y el intestino. Se presenta de forma repentina y progresa en cuestión de horas o días.

La mielitis transversa puede ser causada por infecciones y trastornos del sistema inmunitario (que atacan los tejidos del cuerpo) pero también puede ser originada por otras enfermedades como la esclerosis múltiple. De igual forma, se han reportado algunos casos tras vacunaciones o uso de medicamentos.

La revista de Neurología, que difunde conocimiento generado en lengua española sobre la materia,  reportó recientemente un caso de mielitis transversa en una paciente que había recibido la primera dosis de la vacuna contra la hepatitis B. La joven, de 15 años de edad, presentó adormecimientos y parálisis en la parte derecha de su cuerpo una semana después de recibir la vacuna. Fue tratada con corticoesteroides y a los seis meses estaba asintomática.  

Las vacunas contra la rubéola, paperas, rabia y gripe estacional han sido asociadas antes a trastornos neurológicos como el Síndrome de Guillain Barré, la encefalomielitis diseminada aguda (ADEM) y la mielitis transversa, según se lee en este caso clínico presentado por dos médicos argentinos en el año 2011.

Los médicos describieron el caso de una mujer de 37 años quien, cuatro días después de ser vacunada contra la AH1N1 (enfermedad pandémica del año 2009), desarrolló mielitis transversa.  La señora mejoró al mes del diagnóstico y no requirió del uso de esteroides. 

Por su parte, en un artículo ubicado en PubMed, sistema de búsqueda de la Biblioteca Nacional de Medicina y del Centro de Información Biotecnológica de EEUU, se refiere que, tras la revisión de trabajos publicados en revistas en inglés entre 1970 y 2009, solo se hallaron 37 casos notificados de mielitis transversa asociada con diferentes vacunas, como aquellas contra el virus de la hepatitis B, sarampión-paperas-rubéola, difteria-tétanos-tos ferina, entre otras. 

Como se nota, la incidencia de este evento secundario de importancia es bastante baja.

¿Cuánto durará la suspensión del ensayo?

En su comunicado de prensa, AstraZeneca avisó que se activó un proceso de revisión estándar que llevó a la “pausa voluntaria de la vacunación en todos los ensayos” para permitir que un comité independiente revise los datos de seguridad.

El director ejecutivo de la compañía biofarmaceútica con sede en Cambridge, Pascal Soriot, calificó la suspensión como una “pausa temporal” y advirtió que el comité independiente que revisa el evento irregular recomendará cuándo podrían reiniciarse los ensayos.

Fuentes vinculadas al ensayo revelaron a Financial Times que las pruebas clínicas podrían reanudarse la próxima semana.

¿Evento inédito o común en el desarrollo de una vacuna?

El laboratorio asegura que esta acción de suspensión de las pruebas clínicas forma parte de la rutina y debe suceder siempre que haya una “enfermedad potencialmente inexplicable en uno de los ensayos”. La pausa forma parte del protocolo de seguridad que permite investigar a fondo el evento aislado reportado y, a su vez, mantener la integridad de los ensayos.

“En los ensayos clínicos grandes, las enfermedades sucederán por casualidad y deben revisarse de forma independiente. AstraZeneca está trabajando para acelerar la revisión del evento único para minimizar cualquier impacto potencial en el cronograma del ensayo. Estamos comprometidos con la seguridad de nuestros participantes y con los más altos estándares de conducta en nuestros ensayos”, explican en el comunicado hecho público.

Paul Offit,  experto en enfermedades infecciosas del comité asesor de vacunas de la FDA, consideró en una entrevista que AstraZeneca debe determinar si el efecto secundario fue realmente una reacción a la vacuna o si pudo estar relacionado más bien con el historial médico del participante.

“Si esta vacuna causó un problema poco común, pero grave, debe observarlo de cerca y realmente determinarlo antes de seguir adelante, porque si sigue adelante y fue una asociación causal, y luego ocurren otros casos similares a ese, entonces habrá hecho un daño. Así que creo que es prudente por parte de esta empresa hacer lo que están haciendo: detenerse, examinar este caso mucho más de cerca y tratar de responder la pregunta: ¿se debió a la vacuna?”, comentó a una estación local. 

Alejandro Macías, médico infectólogo y considerado el “zar” de la influenza en México por el trabajo durante la pandemia de AHN1 en 2009, comentó en su Twitter que el evento reportado no debería desesperar.

“No olvidemos que si una vacuna de covid-19 se detiene, puede ser temporal y hay otras muchas en estudio, así que no hay que desesperar. Lo más probable es que lleguemos a tener una vacuna de todos modos”, expresó.

 

Ilin Gilberto de la Torre, internista ecuatoriano que ha llevado una interesante labor de divulgación sobre el COVID-19 en las redes sociales, resalta que en las pruebas a escala masiva -como son las de Fase III- es posible que se produzcan eventos aislados con reacciones secundarias de importancia.

“Esto suele suceder en cualquier ensayo a gran escala en el que hay decenas de miles de personas que participan, algunas de ellas pueden enfermarse y siempre hay que intentar averiguar: ¿es por la vacuna, o iban a contraer esa enfermedad de todos modos?“, acota.

En la misma línea opinó, Miguel Marcos, médico internista y profesor titular de la Universidad de Salamanca, quien llamó a la calma a sus 28.000 seguidores en Twitter. Considera que es una buena noticia saber que los controles para el desarrollo de esta vacuna, la más esperada en el mundo, están funcionando. 

“Tranquilidad con las vacunas del #COVID19, sobre todo por DOS motivos: Primero, que la investigación con la vacuna de AstraZeneca-Oxford se interrumpa solo demuestra que los mecanismos de control funcionan y que tendremos una vacuna segura (cuando esté)”, opinó. 

La más esperada

La vacuna de Oxford y AstraZeneca es la candidata más esperada entre las casi 200 vacunas contra COVID-19 que están siendo desarrolladas en el mundo. Está siendo probada en Europa, África, América y Asia y es la que se espera tenga una distribución masiva más rápida al momento de ser autorizada.

Esta potencial vacuna también tiene una ventaja competitiva frente a las otras candidatas: Su costo se proyecta bastante accesible, con un valor que oscila entre 3 y 4 dólares cada dosis, debido al enfoque non profit (sin ganancias) bajo el cual trabajaron Oxford y AstraZeneca hasta que se terminen las aprobaciones regulatorias y finalice la pandemia.

Es también la que crea mayor expectativa en América Latina, ya que el pasado mes de agosto, Argentina y México, así como la fundación mexicana Slim, llegaron a un acuerdo con AstraZeneca y la Universidad de Oxford para fabricar la vacuna en ambas naciones y distribuirla después al resto de los países del hemisferio.

El revés en sus ensayos en Fase III se produce al tiempo que científicos internacionales han venido advirtiendo sobre la carrera desenfrenada en algunos países para aprobar y aplicar una vacuna contra COVID-19.

En particular, las críticas se habían enfilado contra Rusia, que  registró su vacuna “Sputnik V” sin iniciar ensayos en Fase III y sin hacer públicos los resultados de sus pruebas en Fase I y II. Luego del escrutinio y la presión científica mundial, fueron liberados estos datos y comenzaron con las pruebas clínicas ampliadas.

 Ambos episodios resaltan la dificultad de hacer llegar una vacuna eficaz al público tan rápidamente como se ansía. Mientras tanto, COVID-19 sigue cobrando vidas a diario en todo el mundo y ya son 898.000 personas las que han fallecido por la enfermedad pandémica. Diversas naciones están experimentando rebrotes y retomando controles de movilidad. El panorama es poco alentador para los meses finales de 2020. 

5 claves para entender los casos de pacientes reinfectados con COVID-19 en el mundo
Reportes en Hong Kong, Europa y Estados Unidos han detectado la reinfección en algunos pacientes
Aún es prematuro para determinar si una segunda infección sería más grave o leve. Por lo pronto, las medidas preventivas conocidas (distanciamiento físico, uso de mascarillas y lavado de manos) no se pueden descuidar

@mrs_yaky

El primer caso confirmado de reinfección por COVID-19, anunciado el pasado 24 de agosto, abrió el debate en el seno  de la comunidad científica mundial respecto a un tema sobre el que ya había algunas presunciones. 

Investigadores de la Universidad de Hong Kong revelaron que un joven de 33 años, quien tuvo una primera infección por COVID-19 en abril de 2020, presentó una segunda infección en el mes de agosto, 4 meses y medio después de la primera. El caso fue expuesto en un manuscrito aceptado por Clinical Infectious Disease y aún no ha sido revisado por pares. 

La segunda infección fue detectada en un control aeroportuario, en el que el paciente dio positivo en la prueba de hisopado nasal. Posteriormente, se corroboró que el aislado del virus que causó la infección actual en el paciente difiere en 24 nucleótidos al virus identificado en su organismo en abril. Según estos datos, el joven cursó la segunda infección de forma asintomática.

Durante la pandemia habían surgido informes anecdóticos previos de pacientes que se habían recuperado de una infección y “volvían a enfermarse” de COVID-19 meses después. Pero en ninguno de ellos había evidencia genética de que cada ciclo de enfermedad hubiese sido causado por dos aislados distintos del nuevo coronavirus, por lo que no se tenía claro si se trataba de verdaderas reinfecciones, como hasta ahora. 

A la par de este anuncio, se notificaron dos casos de reinfección por COVID-19 en Europa, una en los Países Bajos y otra en Bélgica. La primera fue detectada en los Países Bajos en un anciano con el sistema inmune debilitado. El segundo caso fue el de una mujer que dio positivo a  COVID-19 luego de tres meses del primer contagio.

Este 28 de agosto, se notificó otro caso de reinfección, el primero en Estados Unidos. Un hombre de 25 años que dio positivo al virus en abril y desarrolló una enfermedad leve y quien se habría enfermado de nuevo a finales de mayo. El paciente desarrolló en la segunda ocasión un cuadro de COVID-19 más grave, con un nivel de oxígeno en sangre muy bajo que ameritó su hospitalización.

Investigadores de la Universidad de Nevada, la Escuela de Medicina de Reno y el Laboratorio de Salud Pública del Estado de Nevada afirman haber comprobado, mediante pruebas sofisticadas, que el virus asociado con cada instancia de la infección era genéticamente diferente. Es el primer caso de reinfección por COVID-19 confirmado en ese país, que contabiliza más de 6.000.000 millones de contagios para la fecha. 

¿Evento preocupante o esperable?

¿La reinfección por COVID-19 debería preocupar, o es un comportamiento esperable del virus pandémico? ¿Nuestros organismos estarían mejor preparados para afrontar una segunda infección con otro aislado del virus, o estaríamos ante un mayor riesgo de complicación?

El científico venezolano Felix Tapia explica que los recientes hallazgos deben ser valorados en su justa dimensión.

 “Parece como una información negativa porque una persona se puede infectar una segunda vez. Eso hablaría mal de la inmunidad protectora. Sin embargo, este primer paciente con COVID-19 que se reinfectó lo hizo con dos subtipos de coronavirus, de distintos orígenes geográficos. La primera infección, diagnosticada por PCR positivo al SARS-CoV-2, generó una covid-19 con síntomas moderados, que se curó al tener un PCR negativo. El laboratorio mostró anticuerpos contra el virus. Cuatro meses después, la persona se realiza la PCR y sale positivo, pero asintomático. La conclusión es que los anticuerpos no fueron lo suficientemente efectivos para proteger a la persona por un largo tiempo, pero sí evitaron que la segunda infección fuese más severa”, explicó. 

El paciente de Hong-Kong que se reinfectó tuvo síntomas en su primer contagio (confirmado por prueba PCR el 26 de marzo): fiebre, tos, dolor de garganta y de cabeza durante tres días. La segunda vez, la más reciente, nunca mostró ningún indicio de estar enfermo, una señal de que su sistema inmunológico se activó para protegerlo de las complicaciones de la enfermedad, porque permaneció asintomático, pero no lo suficiente para prevenir la reinfección.

El biológo celular e inmunólogo venezolano también aclara, a la luz de otros reportes previos y posiblemente posteriores de casos de reinfección, que se tiene que demostrar que lo observado sea verdaderamente producto de una reinfección con dos aislados distintos del virus y no secuelas de una infección prolongada de un mismo tipo de virus.

Por su parte, la jefa de la unidad de enfermedades emergentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Maria Van Kerkhove, aseveró que aunque es posible la reinfección, no está sucediendo en gran medida, al menos hasta ahora. 

“Es algo que sabíamos que podría ser posible basándonos en nuestra experiencia con otros coronavirus humanos, aseguró Van Kerkhove a periodistas. La experta indicó que sobre este nuevo coronavirus aún la comunidad científica está aprendiendo. 

 “Esperamos que las personas infectadas desarrollen una respuesta de anticuerpos, una respuesta inmune que dure algún tiempo”, comentó, al tiempo que recalcó que si bien está latente esa posibilidad de reinfectarse, cada individuo tiene herramientas para evitar padecer la enfermedad y contagiar a otras personas: Lavado de manos, uso de mascarillas y seguir las pautas de distanciamiento físico. 

En declaraciones a la revista ScienceNews, Paul Bieniasz, virólogo de la Universidad Rockefeller en la ciudad de Nueva York y del Instituto Médico Howard Hughes, recalcó que las personas a menudo se vuelven a infectar con los coronavirus que ocasionan el resfriado común (cuatro, en total). El meollo del asunto en este caso, según recalca, es determinar la frecuencia con la que esto ocurre y en qué medida.

¿Una persona reinfectada puede volver a contagiar a otras personas?

Por lo pronto, es algo que se desconoce y se debe estudiar a fondo. Kartik Chandran, virólogo de la Facultad de Medicina Albert Einstein de la ciudad de Nueva York, declaró a  ScienceNews que si algunas personas desarrollan una fuerte respuesta inmune en su segunda infección es posible que no se enfermen gravemente, pero aún pueden eliminar el virus e infectar a otras personas. 

No obstante, recalca que también es posible que la respuesta inmunitaria a una nueva infección reduzca la cantidad de virus infeccioso que una persona es capaz de transmitir a otra.

El profesor de Virología en el Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Columbia, Vincent Racaniello, escribió en su blog Virology sus comentarios sobre el caso revelado en Hong Kong y sobre la probabilidad de que un reinfectado contagie a otras personas.

“Para ser justos, es probable que haya otras reinfecciones y, a medida que pase el tiempo y disminuyan los niveles de anticuerpos, habrá más. ¿Deberíamos preocuparnos? Mientras las reinfecciones con el SARS-CoV-2 no causen enfermedades, no me preocupa. ¿Podría este paciente transmitir virus? Claramente estaba esparciendo virus por segunda vez; si fue suficiente para transmitir no se conoce, ya que los valores de PCR Ct no se dan en el manuscrito. Pero si las reinfecciones permanecen asintomáticas, no importa si estas infecciones se transmiten. Digamos que en los próximos meses, a medida que los anticuerpos contra el SARS-CoV-2 disminuyan en la población, se producirán más y más reinfecciones. Si ninguno o pocos de ellos son sintomáticos, ¿por qué nos preocupamos por ellos? Si el SARS-CoV-2 continúa circulando y causa poca enfermedad, tendría poco impacto”, consideró.

Opinó que la reinfección con SARS-CoV-2 en ausencia de síntomas recuerda a los cuatro coronavirus estacionales. “Estos virus circulan ampliamente e infectan a casi todo el mundo. Los niveles de anticuerpos parecen disminuir después de cada infección. Se producen reinfecciones, pero generalmente son leves”.

Lo más prudente por los momentos es no descartar ninguna posibilidad y esperar evaluaciones más profundas para determinar una posición científica común y comprobar si los casos de reinfección serán la norma o solamente excepciones. 

Recaída y “excreción prolongada” vs reinfección

La virólogo venezolana Flor Pujol aclara que hay que diferenciar los casos de reinfección de aquellos de “excreción prolongada” que pueden presentarse en pacientes con algún compromiso de su sistema inmune y que se han descrito para otros tipos de virus. 

“En algunas enfermedades agudas y en individuos inmunocomprometidos puede haber excreción prolongada. Como por ejemplo, en el caso del virus de la hepatitis E, en pacientes VIH positivo hay algunos casos de excreción prolongada”, comentó.

Destaca que un ejemplo clásico de un virus que persiste es el del VIH, causante de la enfermedad del SIDA. Pero existen  “infecciones agudas autolimitantes” causadas por virus como hepatitis A, E y por los otros tipos de coronavirus que no persisten en el organismo.

“Virus como el herpes quedan latentes, la hepatitis B y C pueden persistir, pero con los coronavirus no hay evidencias de que persistan. Aún estamos aprendiendo”, añadió.

Los casos de reinfección en Hong Kong, Europa y Nevada al parecer fueron por aislados distintos del nuevo coronavirus y no casos de excreción prolongada. 

El director adjunto del departamento de Emergencias de la OPS, Sylvain Aldighieri, también pidió diferenciar entre “recaídas” por un virus y reinfección.

“Tenemos que hacer la diferencia entre dos situaciones diferentes. Una recaída de la infección en el mismo paciente es una reactivación del virus, pero es el mismo virus, genéticamente es el mismo virus. Una segunda situación es una reinfección, con un tipo de virus diferente”, detalló el pasado 25 de agosto durante una sesión informativa sobre la evolución de la situación de COVID-19 en las Américas.

Añadió que los casos de reinfección acentúan la importancia de no descuidar la vigilancia genómica del virus pandémico circulante.

“Es un punto clave para informar y acompañar la introducción de la vacuna y de las vacunas en este momento”, señaló.

¿La reinfección pone en riesgo la efectividad de las vacunas que se adelantan?

Todo lo contrario, según Tapia. “Si la protección inmune ante el virus es tan corta, la inmunidad colectiva o de rebaño solo se podrá lograr a través de vacunas“, destaca. 

La vocera de enfermedades emergentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Maria Van Kerkhove, recalcó en reciente rueda de prensa que la posibilidad de una reinfección “no cambia” los avances hacia una vacuna efectiva contra el coronavirus y que tampoco significa que “no funcionará”.

El epidemiólogo europeo y experto en enfermedades infecciosas, Isaac Bogoch, declaró a EuroNews que incluso si una vacuna no brinda una protección del 100% contra la infección, podrá salvar la vida de muchas personas vulnerables, siempre que mitigue un poco la severidad de la enfermedad. 

“Cualquier tipo de inmunidad colectiva es mejor que cero”, dijo, en el mismo espíritu de la anterior declaración, Walter A. Orenstein, profesor de medicina, epidemiología, salud global y pediatría en la Universidad de Emory y exdirector del Programa Nacional de Inmunización de EEUU.

Aumentar el número de personas inmunes en la población, aunque sea por un tiempo limitado, seguirá provocando rupturas en la cadena de transmisión del coronavirus y reducirá las posibilidades de que más personas se enfermen, explicó el experto en un artículo escrito por Shin Jie Young, estudiante del posgrado de Neurobiología en Malasia.

Los autores del estudio en el que se confirmó la reinfección por COVID-19 en el paciente de Hong-Kong exponen en sus conclusiones que el SARS-CoV-2 puede continuar circulando entre las poblaciones humanas a pesar de la inmunidad colectiva por infección natural o vacunación. Recomiendan que  estudios adicionales de pacientes con reinfección arrojen luces sobre correlatos protectores importantes para el diseño de vacunas.

La doctora Pujol, jefa del laboratorio de Virología Molecular del Instituto de Investigaciones Científicas de Venezuela (IVIC), comenta que la detección de casos aislados de reinfección no pone en peligro la efectividad de las vacunas.

“Demoramos 8 meses en demostrar reinfección, había algunos indicios, pero nunca tajantes. Es un caso en un millón, por ahora casos aislados, no parece ser la norma. Tenemos que seguir cuidándonos y eso no va a comprometer la vacuna. Cuando mucho, se deberá hacer un refuerzo anual, tenemos que esperar un poco, aún no tenemos las respuestas claras“, destacó.

¿Qué sabemos hasta ahora sobre la inmunidad frente al el SARS-CoV-2 ?

La inmunidad se puede adquirir de forma natural (mediante la recuperación de la enfermedad) o artificialmente (mediante vacunas).

Independientemente de los hallazgos actuales, se sabe que ninguna vacuna es completamente protectora contra una infección en todos los seres humanos. La inmunidad natural contra el virus tampoco puede serlo en la misma medida y de la misma manera en todas las personas, ya que, aunque somos biológicamente iguales, “inmunológicamente hay diferencias”, precisa Ram Vishwakarma, ex director del Instituto Indio de Medicina Integrativa de Jammu (IIIM) en este texto disponible para consulta. 

Sobre la respuesta inmune, la doctora Pujol, recordó que cada persona tiene una predisposición congénita, y según nuestro estado nutricional y de salud, vamos a responder inmunitariamente de forma más eficiente o no.

La inmunidad “estándar” después de contraer uno de los coronavirus que causan el resfriado comun es de un año, pero puede durar un poco menos (6 meses) o hasta dos años, explicó a HealthLine la jefa de la división de enfermedades infecciosas pediátricas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford en California, Yvonne Maldonado.

Como la cantidad de glóbulos blancos y anticuerpos varía mucho en las personas que han cursado la enfermedad, la inmunidad también variaría de una persona a otra.  Maldonado explica que las personas más enfermas tienden a desarrollar una mayor respuesta inmune y que dura más tiempo, en contraposición con aquellas que sufren una infección más leve, cuya inmunidad se desvanece más rápido.

A casi 9 meses de reportado el primer caso causado por el SARS-CoV-2 en el mundo, el tema de la inmunidad sigue en estudio. Se ha determinado que algunas personas pueden dar positivo en la prueba del material genético del virus meses después de su recuperación, pero no diseminan partículas de virus capaces de infectar células, explicaba en mayo de 2020 una investigación de los Centros Coreanos para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Otros estudios que miden los anticuerpos sugieren que los niveles de estos disminuyen con el tiempo en el organismo de los infectados. Un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine comprobó una “desintegración rápida” de los anticuerpos (en apenas 90 días) en pacientes recuperados de COVID-19 leve.

“Nuestros hallazgos plantean la preocupación de que la inmunidad humoral contra el SARS-CoV-2 puede no ser duradera en personas con enfermedad leve, que componen la mayoría de las personas con Covid-19. Es difícil extrapolar más allá de nuestro período de observación de aproximadamente 90 días, porque es probable que la descomposición se desacelere. Aún así, los resultados piden precaución con respecto a los ‘pasaportes de inmunidad’ basados ​​en anticuerpos, la inmunidad colectiva y quizás la durabilidad de la vacuna, especialmente a la luz de la inmunidad de corta duración contra los coronavirus humanos comunes”, advirtieron en sus conclusiones. 

Un trabajo preliminar hecho público en julio de 2020 concluyó que los anticuerpos que pueden evitar que el virus ingrese a las células permanecen en la sangre durante al menos tres meses. Para el estudio se analizaron los datos de 19.860 personas examinadas en el Sistema de Salud Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. 

“Nuestros datos sugieren que más del 90% de los seroconvertidores producen respuestas de anticuerpos neutralizantes detectables y que estos títulos son estables al menos durante el futuro cercano”, se lee en el prepint publicado en el repositorio medRxiv.

Akiko Iwasaki, profesora del Departamento de Inmunobiología y profesora en el Departamento de Biología Molecular, Celular y del Desarrollo de la Universidad de Yale, considero que la aparición de casos de reinfección por coronavirus destaca la necesidad de un examen más detenido sobre el tema.

 “A medida que se notifiquen más y más casos de reinfección, deberíamos tener una mejor idea de qué tan bien protege el sistema inmunológico contra la enfermedad después de una infección”, comentó en su cuenta en Twitter este 28 de agosto.

El virólogo Vincent Racaniello expone un comentario en su blog Virology que podría ser un buen cierre para el tema: “A medida que la población humana se acerca al 90% de la infección por SARS-CoV-2, es probable que veamos un patrón de inmunidad menguante y reinfección en ausencia de síntomas. Como dije antes, SARS-CoV-2 se convertirá en el quinto coronavirus del resfriado común”, augura.

Científicos piden transparencia y respeto en ensayos de vacuna rusa en Venezuela
Proponen que un Comité Científico Nacional juzgue la evidencia disponible sobre la vacuna antes de proceder a la prueba y que un comité de ética valide si la propuesta cumple con los criterios internacionales
Los expertos piden “transparencia” en el proceso y recuerdan que la participación en los ensayos debería ser “voluntaria y documentada con el debido consentimiento informado”

@mrs_yaky

En un comunicado emitido este 24 de agosto, científicos venezolanos fijaron posición tras el anuncio que hiciera el pasado viernes el régimen de Nicolás Maduro sobre las pruebas de la vacuna rusa contra el COVID-19 en 500 voluntarios de nuestro país. 

La  Academia Nacional de Medicina, en conjunto con la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y la Alianza Venezolana por la Salud, se refirieron al acuerdo al que habría llegado la administración madurista con la Federación Rusa de participar en la Fase Ill del proyecto de la vacuna  “Sputnik V” contra la infección por el virus SARS-CoV-2,  virus causante de la COVID-19. Venezuela aportaría 500 voluntarios para esa fase en la búsqueda de la aplicación masiva de la vacuna.

 Los científicos destacaron algunas consideraciones de carácter científico y técnico que deben cumplirse en estos ensayos a desarrollarse en Venezuela, tras recalcar que el desarrollo de una vacuna segura y efectiva contra la enfermedad, que ha causado la muerte unas 809.000 personas hasta el 24 de agosto, es la “mejor esperanza” para controlar la pandemia.

No obstante, advierten que vacunas que han erradicado enfermedades como la viruela y la poliomielitis fueron desarrolladas siguiendo “requerimientos científicos y éticos estrictos” y  garantizando el respeto de los derechos de los individuos, por lo que recalcan que es importante que esto también se cumpla en este caso. 

“Aunque apoyamos la iniciativa de participar en el esfuerzo global para el desarrollo de dichas vacunas, es necesario que las mismas se conduzcan de acuerdo con los más altos niveles científicos y éticos“, recalcan en el documento.

Destacaron también que, aunque al momento hay más de 30 candidatos vacunales en pruebas clínicas (en humanos), ninguno ha demostrado ser “seguro y capaz de proteger humanos contra la infección o enfermedad”. 

En este punto en específico, se refieren a lo que debe tomarse en cuenta para aportar voluntarios para el ensayo final de vacuna rusa, que ha sido fuertemente cuestionada por haber sido registrada en su país aunque los resultados en los ensayos en Fase I y Fase II no han sido abiertamente compartidos.

Si Venezuela considera participar en pruebas en Fase III, debe asegurarse de que el candidato vacunal ha sido debidamente evaluado en pruebas preclínicas y de Fase 1 y 2 en el país de origen de la vacuna. Los resultados deben haber sido publicados en revistas científicas arbitradas o al menos presentados en detalle a un Comité Científico Nacional integrado por expertos en virología, epidemiología, inmunología, vacunología y ciencias afines. Ese comité deberá juzgar la evidencia y decidir si existe suficiente justificación científica para proceder. El mismo Comité Científico debe analizar en detalle el protocolo propuesto, para constatar que el mismo es lo suficientemente robusto para proveer resultados confiables”, advierten.

Los científicos también opinan que la propuesta de investigación debe ser estudiada por un Comité de Ética independiente y calificado, que dictamine que los ensayos “cumplen con los principios éticos internacionales de autonomía, beneficencia, no-maleficencia y justicia”.

Además, debe quedar también claro que el candidato vacunal a evaluarno es una vacuna de eficacia comprobada, sino un producto experimental” que puede tener efectos secundarios no conocidos. La participación de las personas en el estudio también debería ser “voluntaria y documentada con el debido consentimiento informado”.

“El Comité de Ética debe juzgar si los proponentes de la prueba han hecho los esfuerzos necesarios para maximizar los posibles beneficios y minimizar los posibles efectos colaterales, tanto para el individuo como para la sociedad. Asimismo, para satisfacer el principio de justicia deben explicitarse los mecanismos de cómo una futura vacuna sería accesible a la población”, agregan. 

Por último, hacen un llamado importante a que lo urgente no deje de lado el rigor científico necesario. 

“La urgencia para contribuir a la evaluación de una vacuna que pueda contribuir al control de la pandemia en nuestro país, no debe vulnerar los principios científicos y éticos internacionalmente aceptados y debe hacerse con la mayor transparencia y con el apoyo de la población venezolana y de su comunidad médica y científica”, opinan.

Vacuna rusa bajo la lupa

La vacuna rusa  -de tipo vectorial y realizada con vectores de adenovirus humanos –causantes del resfriado común- que fueron atenuados o debilitados para que no se repliquen en el organismo de la persona sana- ha sido cuestionada por la comunidad científica internacional debido a la opacidad que ha predominado durante su desarrollo. 

En la última actualización del 20 de agosto sobre el panorama de las vacunas candidatas contra el COVID-19 (disponible en este enlace), la Organización Mundial de la Salud registra el prospecto ruso entre las 30 candidatas a vacunas que están en fase de evaluación clínica (prueba en humanos). Pero la OMS solo tiene reportes de los ensayos en Fase I de la vacuna rusa. Se necesitan al menos tres fases para aprobar una vacuna con todos los rigores científicos necesarios. La tercera es especialmente importante, porque es el estudio más amplio, en el que es probada en miles de personas en distintas regiones para comprobar que efectivamente previene la enfermedad.

En un editorial publicado este 24 de agosto por la prestigiosa revista  British Medical Journal destacan que la principal preocupación sobre la vacuna rusa es que aún no ha pasado por un ensayo clínico de Fase III

“Un ensayo de este tipo, que generalmente involucra a más de 10 000 voluntarios y compara la vacuna con el placebo, buscaría demostrar la eficacia y seguridad de la vacuna. Sin los datos de la Fase III, no sabemos si la vacuna rusa puede proteger a las personas del SARS-CoV-2. Las afirmaciones de eficacia se basan actualmente en datos no publicados”, explican.

Advirtieron también en el texto cuáles son los riesgos de que la vacuna que ensaya Rusia no resulte segura o efectiva.

“Cualquier efecto negativo de la vacuna rusa podría extenderse mucho más allá de las personas que la reciben físicamente. Una vacuna ineficaz, o incluso peligrosa, tiene el potencial de disminuir sustancialmente la confianza y la aceptación de otras vacunas que se aprueben posteriormente. Una encuesta europea de más de 7500 participantes encontró que el 19% de las personas no estaban seguras de recibir la vacuna contra el SARS-CoV-2, y el 7% dijo que rechazaría la vacunación por completo. 7 Un programa de vacunación de bajo rendimiento en Rusia podría aumentar la duda a nivel internacional”, indican. 

Tras una lluvia de críticas en el mundo, el 20 de agosto pasado el Fondo de Inversión Directa de Rusia anunció en un comunicado que comenzarán un estudio clínico “multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, posregistro y previamente planeado sobre la eficacia, inmunogenicidad y seguridad de la vacuna Sputnik V”, que desarrollarán en  simultáneo con la vacunación de voluntarios de grupos de riesgo. Según detallan, más de 40.000 personas participarán en el estudio en más de 45 centros médicos.

Maduro propone a Venezuela para probar vacunas rusa y china contra COVID-19
El régimen también reveló que inició contactos para adquirir la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las más prometedoras en investigación. Pero el tema político podría interferir.
La vacuna rusa ha sido cuestionada porque fue registrada sin pasar por el crucial ensayo en Fase III. Tras la ola de críticas, anunciaron recientemente que iniciarán una prueba masiva en 40.000 personas.

En una jornada científica realizada este 21 de agosto, el régimen de Nicolás Maduro confirmó lo que había trascendido hace unos días a través de la agencia rusa TASS: Propuso a Venezuela para probar la controversial vacuna rusa “Sputnik V” , que fue registrada el pasado 11 de agosto en ese país a pesar de que no se habían completado los estudios en fase III, cruciales para la aprobación de cualquier fármaco. 

El ministro de Salud del régimen de Maduro, Carlos Alvarado, anunció que ofreció a Rusia 500 voluntarios venezolanos para los ensayos en fase III de la vacuna desarrollada por el Instituyo Gamaleya, una etapa en la que el candidato vacunal es probado masivamente para testear su eficacia. 

“En el caso de la federación rusa, hemos atendido e intercambiado con su Ministerio de Salud para hacer alianzas. Esta es una vacuna que se está desarrollando a partir de vectores de adenovirus modificados genéticamente para evitar su replicación. Son dos dosis con un intérvalo de 21 días. Hemos propuesto a la federación rusa participar en la fase III de este proyecto, es decir, Venezuela va a aportar 500 voluntarios para esa fase importantísima para la aplicación masiva de la vacuna”, reveló el titular de Salud de Maduro.

Añadió que también propusieron a Rusia la posibilidad de una “producción conjunta” de la vacuna y con “transferencia tecnológica”.

“Tenemos en Venezuela la planta de vacunas creada por el presidente Chávez que está en la CIudad Universitaria, con capacidad científica, tecnología y equipos suficientes para trabajar. Habrá que hacer una inversión seguramente, pero estamos en capacidad de comenzar a trabajar muy rápidamente con la vacuna rusa en Venezuela”, amplió.

Por otra parte, añadió que también han conversado con la empresa pública china Sinovac para incluir a Venezuela en los estudios en fase III del prospecto que desarrollan como vacuna. En la actualidad, esta vacuna -que consiste también en dos dosis y que utiliza una versión inactivada del nuevo coronavirus- está siendo probada en Brasil, Indonesia y también será testeada en Chile. 

“Propusimos y ellos están de acuerdo en realizar estudios clínicos en fase III en Venezuela con esta vacuna china que es hecha con virus inactivados y se colocan dos dosis, con intervalos de 14 días”, abundó. 

El régimen de Maduro también reveló que estuvieron en videoconferencia con las cancillerías de Argentina y México, países que producirán la vacuna de la universidad de Oxford y AstraZeneca (actualmente en Fase III). En dichas reuniones mostraron su interés en adquirir este candidato vacunal, aunque advirtieron que la negociación podría verse dificultada por el tema político. 

“Con algunas dudas, porque este laboratorio fue uno de los que se fue del país por miedo al bloqueo. Fue de los primeros que se fue y es el que estará distribuyendo las vacunas, hay unas conversaciones todavía pendientes, pero ya hay conversaciones avanzadas”, agregó Alvarado. 

Por su parte, la vicepresidenta del régimen madurista, Delcy Rodríguez, informó que se encuentran realizando las “coordinaciones pertinentes” con distintos países y compañías farmacéuticas que desarrollan la vacuna para el Covid-19. 

“Hemos formalizado ante Cuba, China y Rusia la voluntad de Venezuela de participar en las investigaciones, en plataformas para la producción de vacunas en nuestro país. Venezuela tiene una extraordinaria plataforma industrial para vacunas y medicamentos y la hemos ofrecido a China, Rusia y estamos hablando con Cuba para avanzar (…) Estamos engranados en todos los procesos que aseguren la participación de Venezuela y la provisión de las vacunas una vez que estas aparezcan“, amplió Rodríguez. 

Estas tres vacunas contra el COVID-19 serían las primeras que podrían llegar al país en los próximos meses, de un universo de más de 30 vacunas en fase clínica y 139 en investigaciones preclínicas que registra la Organización Mundial de la Salud en su último reporte del 20 de agosto.

¿Por qué la vacuna rusa es vista con recelo?

Tras el anuncio el pasado 11 de agosto del registro de la vacuna rusa Sputnik V, la comunidad científica reaccionó con cautela

La vacuna rusa contra el COVID-19 es de tipo vectorial. Los componentes de vacunas ensayados (dos)  fueron realizados con vectores de adenovirus humanos –causantes del resfriado común- que fueron atenuados o debilitados para que no se repliquen en el organismo de la persona sana. Contienen el gen de una proteína del nuevo coronavirus (SARS-CoV-). La intención es estimular la respuesta inmune del individuo sano y la vacuna sería aplicada en dos dosis, la segunda sería administrada tres semanas después de la primera.

En la última actualización del 20 de agosto sobre el panorama de las vacunas candidatas contra el COVID-19 (disponible en este enlace), la Organización Mundial de la Salud registra el prospecto ruso entre las 30 candidatas a vacunas que están en fase de evaluación clínica (prueba en humanos).

Pero la OMS solo tiene reportes de los ensayos en Fase I de la vacuna rusa. Se necesitan al menos tres fases para aprobar una vacuna con todos los rigores científicos necesarios. La tercera es especialmente importante, porque es la “prueba de fuego” de la vacuna, el estudio más amplio en el que es probada en miles de personas en distintas regiones para comprobar que efectivamente previene la enfermedad.

Los resultados de los ensayos en Fase I y II de las seis vacunas que la OMS registra en Fase III y producidas en EEUU, Reino Unido, Alemania y China han sido abiertamente compartidos. Por lo pronto, la seguridad, eficacia e inmunogenicidad de la vacuna rusa sigue siendo una incógnita pues, más allá de los comentarios de voceros del gobierno ruso y de científicos del Instituto Gamaleya, no han sido liberados los resultados escrutables sobre las pruebas en fase I y II .

Tras una lluvia de críticas en el mundo, solo hasta el 20 de agosto pasado el Fondo de Inversión Directa de Rusia anunció en un comunicado que la próxima semana comenzarán un estudio clínico “multicéntrico, aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, posregistro y previamente planeado sobre la eficacia, inmunogenicidad y seguridad de la vacuna Sputnik V”, que desarrollarán en  simultáneo con la vacunación de voluntarios de grupos de riesgo. Según detallan, más de 40.000 personas participarán en el estudio en más de 45 centros médicos.

Aún así, este ensayo todavía no está registrado en Clinicaltrials.gov, una base de datos de ensayos clínicos realizados en todo el mundo en la que sí se registraron los dos primeros ensayos clínicos con Sputnik V. 

Los fabricantes de Sputnik V dicen que la vacuna indujo una “fuerte respuesta inmunitaria celular y de anticuerpos” en los voluntarios de los ensayos en Fase I y II que afirman haber completado, pero cuyos datos no han compartido para revisión por pares.

“Ningún participante en el ensayo clínico actual ha contraído el coronavirus después de la administración de la vacuna”, afirman en el sitio oficial de Sputnik 5.

¿Cómo van las vacunas de Oxford y la china de Sinovac?

La vacuna que desarrolla la Universidad de Oxford en combinación con AstraZeneca fue elaborada combinando un segmento del virus del resfriado (adenovirus) de los chimpancés, al que se le insertaron segmentos del nuevo coronavirus. Es una de las más prometedoras en desarrollo y todo el proceso de su realización y prueba ha podido ser verificado por científicos de todo el mundo. 

Este prospecto de vacuna fue de las primeras en ingresar en la fase III y está siendo fabricada desde principios de junio en India, Suiza, Noruega y Reino Unido. AstraZeneca informó recientemente que espera distribuir cientos de millones de dosis este año, y unas 2.000 millones para 2021. 

En los ensayos en Fase I y Fase II, la vacuna logró estimular los dos tipos de inmunidad descritas: Anticuerpos a los 28 días de aplicada y “células de memoria” a los 14 días. Un mes después de la vacunación, 91% de los participantes desarrollaron una actividad neutralizante contra el virus SARS-CoV-2. El 100% de los participantes que recibieron una segunda dosis alcanzaron esta protección.

Actualmente, esta vacuna está en Fase III o masiva de testeo en unos 10.000 voluntarios en Reino Unido, Brasil, Sudáfrica y próximamente en los Estados Unidos. Su costo se proyecta bastante accesible, con un valor que oscila entre 3 y 4 dólares cada dosis, debido al enfoque non profit (sin ganancias) bajo el cual trabajaron Oxford y AstraZeneca hasta que se terminen las aprobaciones regulatorias y finalice la pandemia.

Por su parte, la vacuna china CoronaVac de Sinovac utiliza una versión inactivada del nuevo coronavirus. La compañía empleó la misma tecnología para elaborar vacunas aprobadas para la hepatitis A y B; la gripe porcina y gripe aviar.

CoronoVac fue aplicada en 743 voluntarios, mayores de 18 años: 600 en la Fase II y 143 en la Fase I, ambos controladas con placebo, en la provincia china de Jiangsu. Los estudios concluyeron que más de 90% de los vacunados desarrollaron anticuerpos neutralizantes a los catorce días tras la recepción de la segunda dosis de vacuna. La Organización Mundial de la Salud registra esta vacuna como la segunda en entrar a Fase III de pruebas y registra los reportes de sus ensayos en Fase I y II en enlaces disponibles para consulta desde su sitio web.

5 claves sobre la vacuna china contra COVID-19 que recibió patente
La vacuna de la biofarmacéutica CanSino ya había recibido una aprobación de emergencia en junio para su uso en el ejército de China, aunque no ha completado ensayos en Fase III
Expertos han aclarado que la concesión de patente no garantiza que la vacuna finalmente resulte exitosa

 

@MrsYaky

 

El pasado 16 de agosto, China anunció que había aprobado la primera patente de una candidata a vacuna contra el COVID-19, a pesar de que este prospecto no ha completado los ensayos en Fase III. 

La Administración Nacional de Propiedad Intelectual de China (CNIPA, por sus siglas en inglés) fue el ente que dio el visto bueno a la patente de la vacuna desarrollada por la biofarmacéutica china CanSino Biologics y el Instituto de Biotecnología de Pekín.  El equipo de trabajo de esta candidata llamada Ad5-nCOV está dirigido por la epidemióloga y general del ejército chino, Chen Wei.

La patente habría sido otorgada el 11 de agosto, aproximadamente la misma fecha en la que Rusia registró su vacuna contra el coronavirus, Sputnik V, sin completar tampoco sus investigaciones clínicas de eficacia a gran escala. 

A continuación resumimos en  5 aspectos este prospecto de vacuna que podría recibir en poco tiempo aprobación para ser producida y comercializada. 

Está basada en un virus del resfriado común

La vacuna, de una sola dosis y de aplicación intramuscular, emplea un virus debilitado del resfriado común, conocido como adenovirus tipo 5 (Ad5), que transporta fragmentos del material genético del coronavirus al cuerpo, específicamente de la proteína S, para generar una respuesta inmune en el organismo. 

Es el mismo método con el que fue desarrollada la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, que ya está en fase III.

El desarrollo de esta candidata china a vacuna ha corrido por cuenta de la biofarmacéutica china CanSino Biologics y del Instituto de Biotecnología de Pekín. 

Este prospecto de vacuna fue el primero en pasar a la fase de ensayos humanos. 

Resultados en Fase I y Fase II ameritaban más investigación

A diferencia de los resultados de los ensayos en fase I y fase II de la vacuna rusa, que no han sido liberados para revisión por pares, quienes desarrollan esta vacuna china sí han divulgado los resultados de sus avances en publicaciones científicas de renombre. 

En un reporte de los resultados en Fase I, que fue publicado en la prestigiosa revista británica The Lancet, los científicos aseguraron que la vacuna fue “tolerable e inmunogénica” en adultos sanos. 

La vacuna de CanSino fue aplicada en Fase I a 108 personas de la provincia de Wuhan (de la que emergió el coronavirus) que tenían entre 18 a 65 años. Las reacciones adversas más comunes al aplicarla fueron fiebre, fatiga, dolor de cabeza y dolor muscular.

“Las respuestas humorales específicas contra el SARS-CoV-2 alcanzaron su punto máximo el día 28 después de la vacunación, y se observaron respuestas rápidas y específicas de células T desde el día 14 después de una inyección de la vacuna”, describieron en su primer reporte los expertos. 

En Fase II, la vacuna fue probada en 508 participantes sanos, con edades entre los 18 a los 65 años. La vacuna obtuvo un buen perfil de seguridad en su aplicación, pero los mismos científicos advirtieron como limitantes de su estudio que la vacuna no fue probada en niños y que no incluyeron datos sobre la durabilidad de la inmunidad inducida por la vacuna, que no estaban disponibles en el momento de la segunda publicación, de fecha 20 de julio de 2020. Al respecto, los mismos investigadores advirtieron lo siguiente.

“Es posible que un subconjunto de pacientes infectados con SARS-CoV-2 no desarrolle anticuerpos duraderos contra el virus, y se informó que los anticuerpos S disminuyeron rápidamente para las personas infectadas con coronavirus estacionales y que se recuperaron del COVID-19, especialmente aquellas con síntomas leves o infección asintomática”, alertaron. 

El ensayo en fase III recién inicia

La Administración Nacional de Propiedad Intelectual de China otorgó la patente, luego de que CanSino demostrara que su candidato califica como una invención y que es “útil”.

Cabe destacar que el ensayo en fase III de la vacuna de CanSino no ha sido completado y apenas acaba de ser lanzado en Rusia de la mano de la compañía Petrovax. 

El registro estatal de Rusia para ensayos clínicos reportó que el pasado 14 de agosto comenzó en ese país un estudio de Fase III de la posible vacuna de CanSino, en el que participarán 625 personas de ocho institutos médicos, con la intención de  probar la seguridad y eficacia de Ad5-nCoV.

Los ensayos en Fase III tendrán lugar también en Arabia Saudí. El Ministerio de Salud de Arabia Saudita reveló que el ensayo incluirá aproximadamente a 5.000 sujetos. El estudio comparará a Ad5-nCOV con placebo.

La compañía se encuentra, a su vez, en negociaciones con otros países, como Brasil o Chile, para ampliar estos ensayos. 

Otras dos vacunas chinas (las de Sinovac y Sinopharm) están cumpliendo con las fases requeridas y avanzan en sus pruebas finales en Brasil y Emiratos Árabes Unidos, respectivamente. En su último reporte sobre el estatus de las vacunas, la Organización Mundial de la Salud reconoce a estas dos últimas candidatas chinas como prospectos en Fase III, por lo que no deja de ser llamativo el hecho de que se le haya concedido la patente a esta vacuna por encima de otras dos, en estado más avanzado de pruebas.

Pero Bryan Mercurio, profesor de Derecho en la Universidad China de Hong Kong y experto en Derecho Farmaceútico, declaró a Fortune.com que es normal que una vacuna reciba una patente en etapa temprana de los ensayos clínicos: “Lo que es raro es la velocidad a la que se realizan los ensayos clínicos”, agregó.

Aunque los procesos de concesión de patente y aprobación para comercializar son completamente independientes, por lo general van de la mano. Otro experto consultado por el mismo medio explica cuáles son las razones para conceder una patente a una vacuna en fase temprana.

“A casi todos los medicamentos se les conceden patentes antes de que comiencen los ensayos clínicos y la aprobación de comercialización”,  explicó  Li Yahong, experto en Derecho Farmacéutico y de Patentes de la Universidad de Hong Kong. Amplía que esto permite proteger la propiedad intelectual y también facilita a los fabricantes de vacunas obtener fondos para investigaciones costosas y ensayos adicionales. “Sin una patente, ningún capital sensato invertirá”, acotó.

No obstante, ambos expertos aclararon que la concesión de la patente no garantiza que la vacuna de Cansino finalmente resulte exitosa.

Se aprobó como “fármaco militar especial”

La vacuna Cansino Biologics recibió una autorización de emergencia para ser utilizada por oficiales militares chinos a fines de junio, una acción que fue condenada por la comunidad científica, al suponer la aceleración de los procedimientos recomendados para el desarrollo de una fórmula segura.

La empresa de biotecnología no aclaró que hubiese usado la vacuna en los militares chinas como parte de las fases de prueba. Por eso, se deduce que lo hizo de forma preventiva, a pesar de que, para esa ocasión, aún no había difundido los resultados completos de los ensayos de la Fase II, una etapa crucial en el desarrollo de la vacuna porque es la que mide que el fármaco efectivamente prevenga la enfermedad. 

El Ad5-nCoV está actualmente limitado solo para uso militar y su uso no puede expandirse a un rango de vacunación más amplio sin la aprobación del Departamento de Apoyo Logístico”, dijo CanSino en esa oportunidad.

La aprobación de emergencia que recibió la vacuna para el sector militar fue por un año.

La empresa que la desarrolló produjo una vacuna contra el ébola que quedó en reserva

CanSino Biologics, empresa biofarmaceútica fundada en el año 2009 desarrolló, junto a la Academia Militar de Ciencias china, una vacuna contra el peligroso virus del Ébola que obtuvo una licencia provisional en 2017. 

No obstante, la vacuna no alcanzó la fase III de ensayos clínicos al prácticamente concluir la epidemia del ébola. Por esta razón, permanece como “reserva nacional” de emergencia ante un nuevo evento de brote. 

En la actualidad, la compañía desarrolla otras 16 vacunas candidatas para 13 áreas de enfermedades infecciosas, que cubren meningitis, neumonía, tuberculosis, COVID-19 ,  enfermedad por el virus del Ébola, tosferina, difteria, tétanos, herpes zóster, entre otras, según reseñan en su sitio web.

 

Científicos reaccionan con cautela ante la vacuna rusa contra el COVID-19
Los resultados de ensayos clínicos en fase I y II aún no han sido liberados. Y la crucial fase III apenas comienza
La Asociación de Organizaciones de Ensayos Clínicos criticó al gobierno ruso y considera que las reglas para este tipo de estudios están “escritas en sangre” y no se pueden violar

 

@mrs_yaky

 

El gobierno ruso anunció este 11 de agosto que había registrado la primera vacuna contra el COVID-19, enfermedad pandémica que, a la fecha, le ha arrebatado 736.000 vidas al mundo. 

La vacuna fue bautizada como “Sputnik V” en homenaje al satélite soviético que marcó un hito en la Guerra Fría, y se le añadió  una “V” que para ellos representa la “victoria” en esta nueva carrera, ahora científica, pero siempre matizada por los intereses políticos del Kremlin. 

De hecho fue el propio Vladimir Putin, presidente ruso, el encargado de comunicar la noticia al mundo, durante una videoconferencia con miembros del gobierno que fue retransmitida por la televisión.

“Esta mañana, por primera vez en el mundo, se ha registrado una vacuna contra el nuevo coronavirus. Sé que es bastante eficaz, que otorga una inmunidad duradera”, aseguró Putin en la conferencia en la que le colgó a Rusia simbólicamente una medalla como la “primera nación” en registrar una vacuna contra el coronavirus. 

Putin incluso reveló que su propia hija fue inoculada con la vacuna y que solo tuvo como reacción secundaria “un poco de fiebre y nada más”.

El anuncio vino seguido del estreno del sitio oficial de la vacuna en el que se indica que más de 20 países han expresado su interés en adquirirla, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Indonesia, Filipinas, Brasil, México e India.  Al parecer, estas naciones ya han encargado 1.000 millones de dosis de la vacuna que comenzará a producirse en septiembre.

La vacuna rusa es de tipo vectorial. Los componentes de vacunas ensayados (dos)  fueron realizados con vectores de adenovirus humanos -causantes del resfriado común- que fueron atenuados o debilitados para que no se repliquen en el organismo de la persona sana. Contienen el gen de una proteína del nuevo coronavirus (SARS-CoV-). La intención es estimular la respuesta inmune del individuo sano y la vacuna sería aplicada en dos dosis, la segunda sería administrada tres semanas después de la primera. 

Previsión en la comunidad científica

En un texto publicado el 5 de agosto pasado, Runrunes anticipó que había escepticismo e inquietud en el mundo científico por el anuncio ruso de que en cuestión de días registraría la primera vacuna contra el coronavirus. Y esto porque el prototipo no ha cumplido aún con todos los pasos científicos para garantizar que sea seguro, que genere la inmunidad esperada y que sea eficaz. 

En su última actualización del 10 de agosto sobre el panorama de las vacunas candidatas contra el COVID-19 (disponible en este enlace), la Organización Mundial de la Salud registra el prospecto ruso entre las 28 candidatas a vacunas que están en fase de evaluación clínica (prueba en humanos). En Fase I, la potencial candidata a vacuna es probada de forma limitada en humanos (entre 20 a 100 personas). Se evalúa si es segura, sus efectos biológicos y secundarios y las dosis adecuadas.

Pero la OMS solo tiene reportes de los ensayos en Fase I de la vacuna rusa. Se necesitan al menos tres fases para aprobar una vacuna con todos los rigores científicos necesarios. La tercera es especialmente importante, porque es la “prueba de fuego” de la vacuna, el estudio más amplio en el que es probada en miles de personas en distintas regiones para comprobar que efectivamente previene la enfermedad.

Los resultados de los ensayos en fase I y II de las seis vacunas que la OMS registra en fase III y producidas en EEUU, Reino Unido, Alemania y China han sido abiertamente compartidos. Por lo pronto, la seguridad, eficacia e inmunogenicidad de la vacuna rusa sigue siendo una incógnita pues, más allá de los comentarios de voceros del gobierno ruso y de científicos del Instituto Gamaleya, no han sido liberados los resultados escrutables sobre las pruebas en fase I y II .

Tras conocer el sonado anuncio ruso del registro de la vacuna rusa, un vocero de la OMS afirmó el propio 11 de agosto que este fármaco deberá seguir los trámites de precalificación y revisión que marca el organismo para todas las candidatas. 

“Acelerar los progresos no debe significar poner en compromiso la seguridad“, señaló en rueda de prensa el portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic. El experto también añadió que están en contacto con las autoridades rusas y de otros países para analizar los progresos de las distintas investigaciones porque esperan que las vacunas “se muestren seguras y eficientes”.

En redes sociales, varios expertos comentaron que esperan más datos sobre la vacuna que Rusia registró y comenzará a producir. 

“Una vacuna sin fase 3, sin rigor ni revisión de pares, no sólo tiene una eficacia incierta, sino también incierta es su seguridad. Pondría en riesgo además la aceptabilidad de otras vacunas. En Ciencia y en Salud Pública no se valen atajos”, escribió en su cuenta en Twitter Julián Fernández Niño, doctor en Epidemiología y director nacional (E) de Epidemiología y Demografía del Ministerio de Salud y Protección Social en Colombia. 

El comentario fue secundado por el médico infectólogo venezolano Julio Castro, quien agregó: “Solo agregaría: no importa quién la produzca, la ciencia es igual en todas partes”.

Otro experto, pero en el área de Farmacia, el profesor e investigador español Gorka Orive advirtió sobre los riesgos de usar vacunas de forma masiva sin haber cumplido todas las fases.

“NUNCA me vacunaría con una vacuna (por la rusa) que no haya sido evaluada en fase III. Sin datos científicos no es posible saber si funciona. El riesgo: la seguridad de los vacunados y la desacreditación de las vacunas (que es lo último que necesitamos)”, opinó también en Twitter

Añadió que su crítica a la vacuna no es porque sea rusa: Es un tema de reglas científicas en el desarrollo de medicamentos. Hay una fases clínicas que aseguran eficacia y seguridad. Son indispensables. No se puede acabar una maratón corriendo 15 km”.

Un día antes del anuncio, la Asociación de Organizaciones de Ensayos Clínicos (OTCA, por sus siglas en inglés) con sede en Moscú y que representa a las principales compañías farmacéuticas del mundo en Rusia,  había instado al ministerio de salud ruso a posponer el registro de la vacuna hasta después de concluidos los ensayos de fase tres.

Esto porque, hasta principios de agosto, menos de 100 personas habían recibido oficialmente la vacuna contra la coronavirus (en los ensayos) y su uso generalizado podría ser peligroso, denunciaron en una carta enviada al ministro de Salud ruso, Mikhail Murashko.

“¿Por qué todas las corporaciones siguen las reglas, pero las rusas no? Las normativas para hacer ensayos clínicos están escritas con sangre. No se pueden violar”, manifestó vía telefónica a Bloomberg la directora ejecutiva de la organización, Svetlana Zavidova.

Agregó: “Esta es una caja de Pandora y no sabemos qué les ocurrirá a las personas que hayan recibido una vacuna no probada”.

El prestigioso virólogo venezolano, José Esparza, comentó que el proceso de desarrollo de vacunas como la de Estados Unidos ha sido transparente, no así el adelantado por Rusia:  “En Estados Unidos sabemos lo que se está haciendo, se publica, tenemos información sobre eficacia y seguridad, pero esa información no existe en China, menos en Rusia”, dijo en una entrevista el pasado 7 de agosto, aunque añadió que el jefe de Inmunología del laboratorio que desarrolla la vacuna rusa es su amigo y un “científico extraordinario”.

Explicó que la importancia de la fase III es porque en esta instancia se  cambia “el creer por el saber” y se obtiene la respuesta final sobre si la vacuna funciona o no. 

El alegato científico de Rusia

En el sitio web oficial de la vacuna rusa https://sputnikvaccine.com/ se asegura que, antes de su registro, la vacuna pasó por todas las etapas de los ensayos preclínicos de eficacia y seguridad. 

“Estos incluyeron experimentos con varios tipos de animales de laboratorio, incluidas 2 especies de primates”, aseguran. Precisan además que los ensayos clínicos de fase 1 y 2 de la vacuna se completaron el 1 de agosto de 2020. 

“Todos los voluntarios toleraron bien las pruebas, no se registraron efectos adversos graves o inesperados. La vacuna indujo la formación de una alta respuesta inmune celular y de anticuerpos. Ningún participante en el ensayo clínico actual ha contraído el coronavirus después de la administración de la vacuna. La alta eficacia de la vacuna se confirmó mediante pruebas de alta precisión para anticuerpos en el suero sanguíneo de voluntarios (incluido un análisis de anticuerpos que neutralizan el coronavirus), así como la capacidad de las células inmunes de los voluntarios para activarse en respuesta a la proteína S de la ‘espina” del coronavirus, lo que indica la formación de una reacción inmune, tanto de anticuerpos como celular, en respuesta a la vacunación”, se lee en un apartado del sitio web en el que detallan los ensayos clínicos adelantados hasta la fecha.

Los dos enlaces para libre revisión que comparten en el sitio oficial de la vacuna remiten a la plataforma ClinicalTrials, la mayor base de datos de ensayos clínicos administrada por la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

Los documentos fueron publicados el 18 de junio de 2020 y su última actualización fue el 7 de julio. Allí explicaban que los estudios eran abiertos, no aleatorizados, prospectivos y que se dividían en dos etapas: una en la que trabajarían con 18 voluntarios sanos y otra con 20. La intención era evaluar la “seguridad, tolerabilidad e inmunogenicidad” del fármaco.

La fecha estimada de finalización de los estudios era el 15 de agosto de 2020, por lo que los resultados concretos de estos ensayos clínicos no están disponibles todavía para revisión científica abierta. Y esto es lo que causa preocupación en científicos de todo el mundo.

Rusia asegura que su vacuna es única en el mundo puesto que, con el objetivo de asegurar una inmunidad duradera, los científicos desarrollaron la “idea novedosa” de usar dos tipos diferentes de vectores adenovirales (rAd26 y rAd5) para la primera y segunda dosis de la vacuna, reforzando así su efecto inmunizador.

“El uso de adenovirus humanos como vectores es seguro porque estos virus, que causan el resfriado común, no son nuevos y existen desde hace miles de años”, alegan en el portal oficial de SputnikV.

La tercera fase de las pruebas clínicas, según refieren, comenzará el 12 de agosto con más de 2.000 participantes en Rusia y varios países de Oriente Medio, incluidos los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, y de América Latina, como Brasil y México. Aún sin pasar por esta etapa tan importante, anunciaron con bombos y platillos que ya tenían lista su vacuna. 

Las seis vacunas que están en fase III de prueba y que son reconocidas por la OMS en esa instancia no serán registradas hasta que haya un resultado confiable sobre su eficacia en esta última etapa de investigación clínica. Rusia se colgó a sí misma una medalla en una carrera de largo aliento en la que aún resta kilometraje.