
Más de dos años de colas en todos los pueblos. Colas para conseguir algo de comida. Colas para tratar de dar con las medicinas que se necesitan en la casa.
Después de un plantón de varias horas apenas puede alguien llevarse un paquete de algo, de cualquier cosa. Y en las farmacias la gente sale con las manos vacÃas.
Las raciones de comida se han reducido y los adultos dejan de comer para que puedan hacerlo los niños y los ancianos. Hipertensos, asmáticos y diabéticos andan a su suerte. Abandonaron sus tratamientos debido al desabastecimiento de fármacos.
El gobierno continúa con las mismas polÃticas que llevaron al desmantelamiento del aparato productivo y a la escasez, con el agravante de negarse a aceptar ayuda humanitaria. Organismos internacionales y otros paÃses resueltos a ayudar con alimentos y medicinas pero Maduro se niega porque afirma que estamos produciendo y que hasta tenemos capacidad para exportar.
La situación se ha agravado. Siguen largas colas en todas partes. Ni los bachaqueros consiguen productos para su reventa. La impotencia crece y el saqueo se convierte en noticia cotidiana.
Saqueos en panaderÃas y mercados en La Urbina. Saqueos por varios dÃas seguidos en diferentes barriadas y sectores de Petare. Saqueos en Catia. No hay organismo público que ponga orden y menos que ofrezca soluciones. El paÃs está al garete.
En San Juan de los Morros el pueblo grita ¡tenemos hambre! Y saquea aquà y allá.
En Cumaná el pasado martes se presentó el caos total. RÃos de viejos, muchachos y mujeres salÃan de La Llanada, de Brasil, de El Peñón y Las Palomas. Tomaron el centro de la ciudad. Saquearon panaderÃas, supermercados, ópticas, tiendas de ropa, depósitos de PDVAL, licorerÃas, camiones y todo cuanto estuviera a su alcance.
Bandas de motociclistas armados disparaban con frenesÃ. Intentaron meterse a casas y edificios. Los saqueadores eran trasladados en autobuses. Un operativo bien montado. Las tanquetas disparaban bombas a las casas.
Hambre y vandalismo. Desesperación y malandraje. Hay que preguntarse a quién conviene este desastre.
Centenares de negocios no abrirán más sus puertas en Petare, ni en San Juan de los Morros ni en Cumaná. El paÃs en ruinas y sin gobierno.



