La política es analógica, no digital, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
La política es analógica, no digital, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

La Revolución Industrial creó grandes conglomerados urbanos. El mundo deja de tener su eje principal en la producción rural y se concentra en las ciudades. Las condiciones de vida de los trabajadores y de las grandes masas que se desplazan del campo a las ciudades plantean la cuestión social que está descrita admirablemente en las novelas de Dickens y Víctor Hugo.

Hasta ese entonces, lo más parecido a los partidos políticos eran los clubes de discusión de donde nacieron las ideas de la Ilustración. Se trataba de élites cultas que escribían y difundían su pensamiento, como quien siembra “al voleo” la semilla en el campo.

La nueva realidad social generada por las grandes concentraciones de personas y trabajadores en los centros urbanos, que no estaban preparados para recibir esta trashumancia humana, son el caldo de cultivo para la aparición de las primeras agrupaciones gremiales poderosamente influenciadas por las ideas de pensadores anarquistas, socialistas y comunistas.

No obstante, a diferencia de las ideas que informaron a la Ilustración y que estuvieron en el origen de la Revolución Francesa, estas no están dirigidas a minorías cultas de la naciente burguesía como aquellas, sino a grandes contingentes de personas que apenas sabían leer y escribir.

Apareció así la idea leninista de construir “una correa de transmisión” y un “Estado mayor” de esas ideas para llegarle a las grandes mayorías y nacieron entonces los partidos de masas.

Desde entonces, no importa la doctrina que los haya inspirado, TODOS los partidos que se construyen desde aquella época hasta hoy, lo hacen bajo el modelo leninista del CENTRALISMO DEMOCRÁTICO, cuyas tres reglas principales son: 1. La minoría se somete a lo que decida la mayoría, 2. Los organismos inferiores se someten a los organismos superiores y 3. Son los congresos, convenciones o asambleas periódicas, los que designan las autoridades y la política a seguir.

Ahora bien, dado el desarrollo precario de los medios de comunicación de la época y la no menos precaria ilustración de los miembros de las organizaciones, se convierte en una necesidad vital para el crecimiento de estos partidos que los organismos de base funcionen regularmente. Así, la célula, el comité de base, el núcleo de afiliados y militantes cobran una importancia fundamental. Los partidos se vertebran piramidalmente. Y controlar el “aparato partidista” se convierte en la máxima aspiración de quienes desean a servirse de la organización para sus fines.

Dicho esto, y en el entendido de que también en Venezuela todos los partidos siguieron el esquema leninista de la organización política, creemos necesario señalar que, a pesar de los vicios que estos partidos engendraron, amén de su carencia de visión para renovarse, en el origen de los partidos políticos hay dos cosas que deben ser rescatadas. No en balde, la sabiduría popular nos aconseja que no es prudente “botar al muchacho cuando botamos el agua sucia de la bañera”.

 Organización

Una, es la noción misma de la necesidad de la organización. En efecto, es imposible acometer con éxito ninguna empresa humana sin una organización que dirija su desarrollo y que evalúe la marcha de las políticas que se han diseñado y que se dote de un “estado mayor” que la dirija. La iglesia católica, con sus dos mil años de existencia, es un buen ejemplo de esto. Jesús no se limitó a enseñar y dar testimonio de su doctrina. Más bien le dijo a Pedro “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi iglesia”. Dicho en otras palabras, no solo les dijo “id y predicad la buena nueva”, sino que les prescribió que esa buena nueva debía contar con una organización, cuyo primer líder fue Pedro, para que la mantuviera en el tiempo.

La organización es el espacio en el que se juntan la teoría y la práctica y donde se diseña y evalúa la política. Esto, hasta ahora, no tiene sustituto. Un grupo de WhatsApp es un excelente instrumento quizás para auxiliar en la comunicación de las ideas a la célula o al comité de base, pero nunca podrá sustituir a la organización como tal.

 Contacto personal

La segunda cosa que la organización política tradicional dejó sentada, y es lo que más se ha abandonado hoy en día, es el principio que establece que solo hay política eficaz si es presencial e interpersonal.

Antes de la aparición de las redes sociales, los partidos cometieron el error de sustituir este maravilloso principio por la propaganda y la cuña en los medios de comunicación. Ahora, lo han sustituido por los mensajes en las redes sociales.

Esto ha llevado a la perversión de hacer verdaderos “políticos fakes”: aquellos que abandonan el contacto personal con sus bases y sus potenciales representados y los sustituyen por selfis. Así como por textos en los que dan la impresión de estar cerca de la gente cuando en realidad solo se fotografían con ella y luego desaparecen. 

El contacto personal es insustituible en la política. Las decisiones políticas de las mayorías no son –desgraciadamente- racionales, sino emocionales. Y la emoción difícilmente se mueve sin el contacto personal de quien queremos emocionar

Dicen algunos investigadores que la oxitocina, que es la hormona segregada por el cerebro cuando hay satisfacción sensorial, sensual o sexual, genera pequeñas descargas eléctricas en el corazón que son las que activan el enamoramiento. Hay experimentos que revelan que, cuando se administra esa hormona a las personas, aumenta en ellas la predisposición a enamorarse. Sin embargo, lo que la hormona no puede hacer es conseguir novio o novia a quien se la inoculan.

Eso mismo pasa en la política: puedes tener una buena política, una buena oferta electoral, pero si no buscas mover el corazón de la gente no podrás hacer mucho. Y ese corazón se mueve con mayor seguridad e intensidad cuando logras un vínculo personal, cuando la gente siente que le interesas y estás preocupado por sus problemas.

Es muy difícil generar ese enamoramiento que se convierta en adhesión en Twitter, Instagram o Facebook. La política no es definitivamente una página web de citas.

La otra confusión que la “política digital” trae aparejada es la tendencia a confundir el mundo real con el mundo virtual de las redes sociales. Los dirigentes políticos que han perdido el calor humano del contacto con la gente llegan a pensar que el universo es la pequeña burbuja que los algoritmos que la gobiernan le muestran en sus pantallas.

Olvidan que esos algoritmos nos unen cada vez más a gente parecida a nosotros. Los amigos y los seguidores son gente con pensamientos y gustos afines. Internet conoce nuestros hábitos, lo que vemos, lo que compramos y a dónde vamos. Dicho de otra manera, esa red de redes maravillosa para la comunicación tiene la limitación de que normalmente nos “acerca” a los iguales y no a los que piensan y actúan de manera diferente y eso es un gran hándicap que concede un dirigente político.

Aquella imagen “analógica” de Churchill yendo al metro a preguntar directamente a la gente si Inglaterra, martirizada por los bombardeos nazis, aislada y sin apoyos en el mundo, debía o no rendirse, es una buena imagen de cómo un dirigente político debe encarar su relación con la gente de carne y hueso. De esa constatación directa nació su memorable discurso, al que la historia ha titulado “NO NOS RENDIREMOS NUNCA”.

Este 2020 demanda muchas rectificaciones políticas de las fuerzas democráticas en Venezuela. Debemos revisar críticamente nuestro discurso, nuestra política unitaria, nuestra estrategia para aligerar la inevitable salida de Maduro. Pero también, y con mayor razón, abrir un debate sobre la imperiosa necesidad de regresar a la perdida costumbre de construir las organizaciones con gente de carne y hueso y así volver a conquistar los corazones de las grandes mayorías del país.

 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Nota actualizada el 2 de septiembre de 2020.