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Informe Otálvora | Tema Venezuela en espera de señales de Biden, por Edgar C. Otálvora

Joe Biden reunido el 12FEB15 con opositores venezolanos encabezados por Lilian Tintori. Foto Twitter Juan S. Gonzalez @Cartajuanero

 

@ecotalvora

La crisis venezolana no es un tema prioritario en la agenda de arranque del gobierno de Joe Biden, como tampoco lo fue para los anteriores mandatarios de EE. UU.

Los primeros movimientos de Biden hacia Latinoamérica, incluyendo una conversación con el mandatario mexicano del 19DIC20, adelantan el interés de Biden en atender el tema migratorio. Por cierto, el comunicado del equipo de Biden sobre su conversación con López Obrador deja ver que la nueva administración estadounidense seguirá intentando frenar la llegada de migrantes latinoamericanos.

Según el comunicado, Biden y AMLO hablaron de “lidiar con las causas fundamentales de la migración en El Salvador, Guatemala, Honduras y el sur de México”. Y “discutieron la colaboración en un nuevo enfoque de la migración regional que ofrece alternativas a emprender el peligroso viaje a los EE. UU”.

Biden ofreció “un nuevo enfoque ordenado y humano de la migración que respete las normas internacionales sobre el trato de las solicitudes de asilo”. Hasta la fecha solo AMLO ha recibido una llamada telefónica desde la oficina del presidente electo.

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Diversas fuentes aseguran que no existe una posición definitiva sobre el enfoque que el gobierno Biden asumirá ante la crisis venezolana, tema concatenado con las líneas de acción hacia Rusia, Irán, China y Cuba.

El venezolano Pedro Mario Burelli Briceño, quien reside en Washington y sigue con minuciosidad la política de EE. UU. hacia Venezuela, en un artículo del 19DIC20 solicitado por la revista bogotana Semana, expuso sus predicciones sobre las medidas de Biden hacia Venezuela: “se mantendrán las sanciones individuales, las sectoriales serán revisadas”; “no se detendrá la actuación de un poder judicial semiautónomo”; “continuará la presión de decenas de aliados democráticos”; se implementarán “sanciones inteligentes”; habrá “más acción multilateral” con “mejor engranaje con Europa”; “la reactivación del Grupo de Lima” y “negociaciones para lograr la entrada masiva de ayuda humanitaria”.

Pero el tema epicentral del modelo que la nueva Casa Blanca implemente hacia Venezuela pasa por la posición que adopte ante el statu quo creado con la existencia de un gobierno provisional encabezado por Juan Guaidó que se sustenta en el desconocimiento de los resultados de las votaciones parlamentarias efectuadas por el régimen el 06DIC20.

El gobierno Trump ha dejado saber que mantiene su reconocimiento a la Asamblea Nacional electa el 06DIC15 y a Guaidó como el presidente de esa Asamblea y en consecuencia como presidente encargado de Venezuela. A ese statu quo se le denomina en Venezuela como “continuidad constitucional”. En esa posición coinciden Colombia, Canadá, Reino Unido, Brasil y el departamento de Estado de Trump, pero en la Unión Europea y dentro de la propia alianza opositora venezolana ese esquema está siendo puesto en duda.

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La Unión Europea no reconoce a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela debido a que por lo menos cuatro gobiernos del total de veintisiete miembros no lo aceptan. Pero hasta ahora la UE reconoce a Guaidó como el presidente legítimo de la Asamblea Nacional. La UE no reconoció el proceso de votaciones del 06DIC20 y por lo tanto no reconocerá la legitimidad de los diputados que el 05ENE21 comenzarán funciones legislativas bajo el amparo del gobierno Maduro.

Se espera que a más tardar el 06ENE21 el Alto Representante Josep Borrell emita un comunicado dejando constancia del desconocimiento a la legislatura que instalará el chavismo. Pero como manifestara Borrell en rueda de prensa del 07DIC20, los cancilleres de la UE no han llegado a una conclusión sobre la posición que asumirán ante lo que parece un vacío legal de poder por cuanto la Unión Europea no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro y tampoco dará valor a su poder legislativo.

De hecho, en la reunión de ministro de Exteriores de la UE y Latinoamérica convocada por Alemania y celebrada el 14-15DIC20 no fue invitado ninguno de los dos gobiernos de Venezuela.

Aparte de las consideraciones de política exterior, la falta de una decisión sobre Venezuela por parte de la UE refleja el compás de espera abierto en múltiples temas internacionales, en espera de los cambios de señas que podrían comenzar a llegar desde Washington a partir del 20ENE21.

La próxima reunión del Consejo de Asuntos Exteriores de la UE está convocada para el 25ENE21, la agenda aún no ha sido confeccionada pero en esa ocasión podría concretarse la posición europea ante la nueva situación en Venezuela. Mantener el reconocimiento a Guaidó como cabeza de la Asamblea Nacional, el reconocimiento a regañadientes del gobierno Maduro, mantener un estado de indefinición que permita la permanencia en Caracas de las embajadas europeas y de la oficina de la UE.

Las opciones siguen barajándose entre los ministerios de Exteriores europeos mientras desde Caracas las distintas facciones en que se ha dividido la oposición, así como aliados y operadores internacionales del chavismo, intentan influir en la postura europea.

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Según un operador de Juan Guaidó localizado en EE. UU. quien no forma parte de su cuerpo “diplomático”, consultado para este Informe, aseguró que ya habrían sostenido contactos con miembros del equipo de transición de Biden, aunque no precisó el nivel de esos contactos y las conclusiones del mismo. El embajador de Guaidó ante la OEA, Gustavo Tarre Briceño, no atendió las consultas para este Informe sobre el mismo tema.

Fuentes venezolanas situadas en Washington vinculadas con Henrique Capriles Radonski aseguran que el excandidato presidencial, quien ahora reta el liderazgo de Guaidó, mantuvo contactos directos con el equipo de Biden antes de las elecciones del 03NOV20. En esos contactos Capriles habría expuesto su tesis sobre la finalización del mandato de la Asamblea Nacional electa en diciembre del 2015 y la necesidad de que EE. UU. cese en su apoyo a Guaidó y respalde un nuevo esquema.

En general, todo indica que se ha estado generando un flujo de mensajes desde los varios grupos opositores y desde el gobierno Maduro hacia posibles interlocutores en el entorno de Biden. Un consultor político venezolano que asesora campañas en diversos países de la región y que opera desde Washington, aseguró a este Informe que son más los mensajes que salen desde Caracas que las respuestas que llegan desde el equipo Biden.

Además pareciera que el equipo más cercano a Biden está actuando con particular discreción evitando o limitando contactos directos con voceros extranjeros, tratando de evitar una situación equiparable a la sostenida por el equipo de Donald Trump con respecto a Rusia en las elecciones y la transición del año 2016.

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El frente opositor que dio piso al gobierno provisional de Juan Guaidó se encuentra en trámites de disolución o, en todo caso, en procura de un difícil modus vivendi entre liderazgos que no se muestran dispuestos a congeniar una táctica compartida y mucho menos una estrategia común. No es un secreto que Henrique Capriles Radonski y Julio Borges (este último aún funge desde el exilio como canciller de Guaidó) están abiertamente enfrentados a Leopoldo López y a Guaidó.

Capriles Radonski y Borges preparan su aparato partidista para participar en elecciones regionales que convocará el régimen.

López y Guaidó se mueven dentro de un esquema promovido también por el Departamento de Estado de Trump que busca un gobierno de transición con participación del chavismo sin Maduro. No existe un plan opositor común que pueda ser presentado al nuevo gobierno de EE. UU. y, por el contrario, cada grupo está procurando ganar la voluntad de los asesores de Biden.

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Los aliados internacionales del régimen chavista y sectores empresariales domésticos, propugnan una fórmula que ha sido expuesta por el expresidente español José Luís Rodríguez Zapatero, el expresidente colombiano Ernesto Samper Pizano y por el empresario venezolano Alberto Vollmer de Marcellus.

Samper resumió en un tuit del 23DIC20 la versión que maneja la izquierda global para “encontrar una salida pacífica a la crisis de Venezuela”, la cual supone que la Unión Europea “se baja de la entelequia de Guaidó” y “Biden flexibiliza el bloqueo económico”, mientras tocaría a Maduro aceptar “una refrendación democrática de un acuerdo” y la oposición deberá “coincidir en algo”. No queda muy claro a que se refiere Samper con el término de una “refrendación democrática”.

Zapatero, en entrevista con el canal Antena 3 reiteró lo que había afirmado el 06DIC20 desde Caracas. Rodríguez Zapatero califica como “un experimento” el apoyo de la Unión Europea a Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional venezolana. Y propone que la UE cambie de posición, desconozca a la Asamblea Nacional, retire el reconocimiento a Guaidó y ponga final a las sanciones al régimen chavista.

Supone Zapatero que el gobierno de Biden debe reconsiderar la política de EE. UU. hacia Venezuela e incluso hizo una afirmación sin mucho fundamento, exigiendo que EE. UU. “devuelva” a Venezuela fondos por “30.000 millones de euros”. “El diálogo es el único camino” en Venezuela insiste Zapatero, quien opera internacionalmente como un asociado del gobierno Maduro.

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Alberto Vollmer de Marcellus, heredero de un largo encadenamiento de apellidos de las familias ricas venezolanas de varios siglos, se ha mantenido por dos décadas como un cooperador del régimen chavista. Preside una empresa productora de licores en cuyo directorio figuran empresarios de vieja estirpe. Sus empresas han crecido durante la dictadura y se califica como un “optimista”.

En una entrevista con BBC difundida el 22DIC20, en la cual se muestra como vocero de sectores empresariales, se desmarca del tema político: “con respecto a lo político, es un tema de los políticos”, dijo. “El conflicto político en el que se encuentra el país va a requerir llegar a un acuerdo para tener una solución viable (…) “y ese acuerdo  debe ser impulsar la economía y lograr que Venezuela se reinserte en la comunidad internacional”.

Vollmer critica a la oposición venezolana que ha rodeado a Guaidó, afirmando que “había una tesis: una parte del país decía que para que hubiera cambio económico debía haber un cambio de los actores. Llevamos dos años y medio bajo el manto de esa estrategia y no ha funcionado”.

Igualmente Vollmer pone en duda la efectividad de las sanciones internacionales contra el régimen: “ha habido una política de presión internacional a través de sanciones que ha limitado ingresos a Venezuela y esa reducción bárbara de ingresos, tanto por los errores del gobierno venezolano, por supuesto, pero además complementados por las sanciones. Y eso no obligó a un cambio político. Parece mentira pero ha obligado a un cambio económico obligado”.

La evaluación y propuesta de Vollmer es que “grupos de ambos lados pensaron que podían lograr su objetivo sin sentarse a negociar y yo creo que poco a poco se ha ido dando cuenta de que la única forma de tener un futuro sostenible en el tiempo es a través de un acuerdo”.

El editor venezolano Rafael Poleo, cronista y actor del proceso político venezolano de los últimos sesenta años, al referirse a la posición Vollmer recordó los nexos de varias generaciones de esa familia caraqueña con el Vaticano.

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Artículo publicado inicialmente en Diario Las Américas

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