Legitimidad y berrinches

Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal

@AAAD25

Nada me saca de la cabeza que uno de los mayores aciertos de la oposición en estos 25 años de hegemonía chavista fue la realización de la primaria de octubre. Pase lo que pase con la política venezolana en los próximos meses, la comisión responsable de esas elecciones internas ya hizo su tarea y creo que la patria se lo agradecerá a perpetuidad. Fue un gusto ver a sus miembros recibir el Premio Valores Democráticos que otorga el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.

¿Por qué ensalzo así la primaria? Porque pienso que fue la primera vez en mucho tiempo en que la dirigencia opositora logró poner a la elite chavista en una serie de dilemas de difícil resolución.

Pienso que es por eso que hasta ahora han permitido la candidatura de Edmundo González Urrutia, aunque a todas luces María Corina Machado, ganadora de la primaria, le está traspasando su caudal de potenciales votos para hacerlo un más que probable ganador.

Pero además la primaria produjo otra consecuencia deseable. A saber, elevar a un dirigente opositor hasta una posición de respaldo masivo y liderazgo popular que no se veía desde los mejores días de Juan Guaidó a principios de 2019. Nos guste o no (yo personalmente preferiría que no fuera así, pero no estamos como para exigir el cumplimiento de todos los deseos propios), al venezolano históricamente le han entusiasmado más los liderazgos individuales que los colegiados, por lo que la falta de un dirigente popular sin duda ha estado relacionada con la desmovilización política de las masas en los últimos años. Pese a la censura y autocensura en medios tradicionales, creo que todo venezolano activo en Twitter (les recuerdo que mi rechazo al torpe cambio de nombre de esa red social) ha podido ver el entusiasmo con el que la fundadora del partido Vente Venezuela es recibida por la población dondequiera que vaya, en su gira nacional para promover el sufragio por González Urrutia.

No todo el mundo está contento al respecto, lo cual es comprensible. Nadie está obligado a simpatizar con Machado y todo político está sometido al juicio colectivo, incluyendo las opiniones críticas. Yo mismo he cuestionado los que considero que han sido pifias y actitudes negativas de ella en el pasado, incluyendo cierto sectarismo, una sobreestimación de lo que aliados extranjeros de la oposición venezolana están dispuestos a hacer por nosotros y un coqueteo con expresiones internacionales de extrema derecha ultraconservadora.

Pero algunos gestos de descontento hieden a resentimiento personal más que a diferencias ideológicas y estratégicas. Sobre todo, entre apaciguadores y oposición prêt-à-porter que por razones obvias jamás han tenido una opinión favorable de Machado pero que ahora no están dispuestos a aceptar que los giros de la política venezolana, incluyendo por supuesto los que la involucran a ella, no se ajustan a sus expectativas y prejuicios. Los mismos señores que desde un principio le hicieron la guerra a la iniciativa de escoger en primarias al candidato opositor, asegurando que sería inviable. Los mismos que pontificaron que Machado llamaría a la abstención tan pronto como se confirmara la inhabilitación caprichosa en su contra y que jamás apoyaría a un candidato que no fuera ella. En ambos casos se equivocaron, lo cual no impide que sigan declamando con pretensión de sabiduría política y moral democrática.

Lo que ahora les enfurece es que Machado siga teniendo protagonismo. Que ella recorra Venezuela mientras González Urrutia permanece en Caracas, dando entrevistas y reuniéndose con partidos políticos y entes de la sociedad civil que le manifiestan apoyo. Que las estrategias de campaña las decidan personas del entorno de Machado. Sostienen que la oposición se está suicidando con este dualismo, puesto que debería ser González Urrutia quien se promocione a sí mismo a lo largo y ancho de Venezuela, pues es su rostro el que está en el tarjetón electoral. Como si esta fuera una elección ordinaria (bueno, para estos señores lo es parcial o totalmente, ya que tienen una tendencia a desconocer la gravedad de la situación política venezolana para así justificar una oposición acartonada) y González Urrutia fuera un político profesional en una campaña ordinaria. Hablamos de un caballero que con mucho temple ha asumido este papel, pero del que es un hecho que hasta hace nada casi ningún ciudadano sabía quién era. Pues bien, los genios aquellos dicen que la única entre los políticos venezolanos con amplio respaldo popular en estos momentos debería apartarse y dejar de ser la mayor promotora del voto por un candidato de emergencia.

Algunos hasta tienen el tupé de insistir con el discursito de lucha de clases, alegando que Machado “solo mueve a gente del Country Club”. Como si no hubiera un montón de fotografías y videos evidenciando la cálida bienvenida que recibe en pequeños pueblos empobrecidos infernal y cruelmente por el statu quo, como Guanarito o Motatán. Como si aquellas zonas acomodadas del este de Caracas con la que la asocian exclusivamente no alojaran desde hace tiempo a miembros de la elite gobernante y empresarios cercanos a la misma.

Esta gente, que por años estuvo vendiendo la tesis falaz de que pese a la falta de democracia solo hace falta que la oposición gane el voto mayoritario para acceder el poder, ahora de pronto empieza a tener reservas al respecto. Ven como tontos ingenuos a los que se emocionan con el llamado de Machado a votar y advierten que eso no será suficiente. Qué casualidad que apenas ahora lo noten. Porque antes, cuando alguien como el autor de este artículo señalaba que hacía falta un plan para defender el voto en caso de desconocimiento por la elite gobernante (posición que mantengo), le desechaban la inquietud y le gritaban “¡Abstencionista!”

Los autoproclamados paladines incondicionales del voto no han terminado de aceptar el voto de octubre. No entienden que la gente escogió algo más que una candidatura. Escogió un liderazgo. Y no me vengan con la manida necedad de que por Machado solo votó en las primarias un porcentaje pequeño de todos los electores venezolanos. Fueron más votos que los que obtuvo Henrique Capriles en la primaria de 2012. Quien quiera ver cuántos votos terminó sumando Capriles en las elecciones definitivas, solo tiene que buscar en internet. Hablando de Capriles, ¿no hizo él en su momento lo mismo que Machado hizo ahora? Ganó una primaria y asumió una posición de liderazgo opositor. No incuestionable. No permanente. Pero la asumió al fin, porque le correspondía hacerlo. No recuerdo que los que hoy arman un berrinche lo hayan hecho entonces.

Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal. Tiene primacía entre los distintos dirigentes opositores, lo cual no es ningún capricho. Es una primacía legitimada por la primaria de octubre, proceso que se adhirió a reglas democráticas. Por ello, la legitimidad de la preeminencia de Machado es del tipo legal-racional definido por Max Weber. Eso no significa que ella puede hacer lo que quiera y el resto de la oposición debe acatar sus deseos como órdenes. Pero sí convalida el papel que está desempeñando ahora. Si la oposición vuelve a fracasar el 28 de julio y esta oportunidad se desaprovecha, pues habrá que reconsiderar el liderazgo de Machado. Pero no porque sus actuales detractores así lo dispongan, sino porque, espontáneamente y sin que nadie se los diga, las masas volverán a sentirse decepcionadas. Mientras eso no ocurra, Machado no tiene por qué dejar de hacer lo que está haciendo. Que llore el que quiera llorar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal

@AAAD25

Nada me saca de la cabeza que uno de los mayores aciertos de la oposición en estos 25 años de hegemonía chavista fue la realización de la primaria de octubre. Pase lo que pase con la política venezolana en los próximos meses, la comisión responsable de esas elecciones internas ya hizo su tarea y creo que la patria se lo agradecerá a perpetuidad. Fue un gusto ver a sus miembros recibir el Premio Valores Democráticos que otorga el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.

¿Por qué ensalzo así la primaria? Porque pienso que fue la primera vez en mucho tiempo en que la dirigencia opositora logró poner a la elite chavista en una serie de dilemas de difícil resolución.

Pienso que es por eso que hasta ahora han permitido la candidatura de Edmundo González Urrutia, aunque a todas luces María Corina Machado, ganadora de la primaria, le está traspasando su caudal de potenciales votos para hacerlo un más que probable ganador.

Pero además la primaria produjo otra consecuencia deseable. A saber, elevar a un dirigente opositor hasta una posición de respaldo masivo y liderazgo popular que no se veía desde los mejores días de Juan Guaidó a principios de 2019. Nos guste o no (yo personalmente preferiría que no fuera así, pero no estamos como para exigir el cumplimiento de todos los deseos propios), al venezolano históricamente le han entusiasmado más los liderazgos individuales que los colegiados, por lo que la falta de un dirigente popular sin duda ha estado relacionada con la desmovilización política de las masas en los últimos años. Pese a la censura y autocensura en medios tradicionales, creo que todo venezolano activo en Twitter (les recuerdo que mi rechazo al torpe cambio de nombre de esa red social) ha podido ver el entusiasmo con el que la fundadora del partido Vente Venezuela es recibida por la población dondequiera que vaya, en su gira nacional para promover el sufragio por González Urrutia.

No todo el mundo está contento al respecto, lo cual es comprensible. Nadie está obligado a simpatizar con Machado y todo político está sometido al juicio colectivo, incluyendo las opiniones críticas. Yo mismo he cuestionado los que considero que han sido pifias y actitudes negativas de ella en el pasado, incluyendo cierto sectarismo, una sobreestimación de lo que aliados extranjeros de la oposición venezolana están dispuestos a hacer por nosotros y un coqueteo con expresiones internacionales de extrema derecha ultraconservadora.

Pero algunos gestos de descontento hieden a resentimiento personal más que a diferencias ideológicas y estratégicas. Sobre todo, entre apaciguadores y oposición prêt-à-porter que por razones obvias jamás han tenido una opinión favorable de Machado pero que ahora no están dispuestos a aceptar que los giros de la política venezolana, incluyendo por supuesto los que la involucran a ella, no se ajustan a sus expectativas y prejuicios. Los mismos señores que desde un principio le hicieron la guerra a la iniciativa de escoger en primarias al candidato opositor, asegurando que sería inviable. Los mismos que pontificaron que Machado llamaría a la abstención tan pronto como se confirmara la inhabilitación caprichosa en su contra y que jamás apoyaría a un candidato que no fuera ella. En ambos casos se equivocaron, lo cual no impide que sigan declamando con pretensión de sabiduría política y moral democrática.

Lo que ahora les enfurece es que Machado siga teniendo protagonismo. Que ella recorra Venezuela mientras González Urrutia permanece en Caracas, dando entrevistas y reuniéndose con partidos políticos y entes de la sociedad civil que le manifiestan apoyo. Que las estrategias de campaña las decidan personas del entorno de Machado. Sostienen que la oposición se está suicidando con este dualismo, puesto que debería ser González Urrutia quien se promocione a sí mismo a lo largo y ancho de Venezuela, pues es su rostro el que está en el tarjetón electoral. Como si esta fuera una elección ordinaria (bueno, para estos señores lo es parcial o totalmente, ya que tienen una tendencia a desconocer la gravedad de la situación política venezolana para así justificar una oposición acartonada) y González Urrutia fuera un político profesional en una campaña ordinaria. Hablamos de un caballero que con mucho temple ha asumido este papel, pero del que es un hecho que hasta hace nada casi ningún ciudadano sabía quién era. Pues bien, los genios aquellos dicen que la única entre los políticos venezolanos con amplio respaldo popular en estos momentos debería apartarse y dejar de ser la mayor promotora del voto por un candidato de emergencia.

Algunos hasta tienen el tupé de insistir con el discursito de lucha de clases, alegando que Machado “solo mueve a gente del Country Club”. Como si no hubiera un montón de fotografías y videos evidenciando la cálida bienvenida que recibe en pequeños pueblos empobrecidos infernal y cruelmente por el statu quo, como Guanarito o Motatán. Como si aquellas zonas acomodadas del este de Caracas con la que la asocian exclusivamente no alojaran desde hace tiempo a miembros de la elite gobernante y empresarios cercanos a la misma.

Esta gente, que por años estuvo vendiendo la tesis falaz de que pese a la falta de democracia solo hace falta que la oposición gane el voto mayoritario para acceder el poder, ahora de pronto empieza a tener reservas al respecto. Ven como tontos ingenuos a los que se emocionan con el llamado de Machado a votar y advierten que eso no será suficiente. Qué casualidad que apenas ahora lo noten. Porque antes, cuando alguien como el autor de este artículo señalaba que hacía falta un plan para defender el voto en caso de desconocimiento por la elite gobernante (posición que mantengo), le desechaban la inquietud y le gritaban “¡Abstencionista!”

Los autoproclamados paladines incondicionales del voto no han terminado de aceptar el voto de octubre. No entienden que la gente escogió algo más que una candidatura. Escogió un liderazgo. Y no me vengan con la manida necedad de que por Machado solo votó en las primarias un porcentaje pequeño de todos los electores venezolanos. Fueron más votos que los que obtuvo Henrique Capriles en la primaria de 2012. Quien quiera ver cuántos votos terminó sumando Capriles en las elecciones definitivas, solo tiene que buscar en internet. Hablando de Capriles, ¿no hizo él en su momento lo mismo que Machado hizo ahora? Ganó una primaria y asumió una posición de liderazgo opositor. No incuestionable. No permanente. Pero la asumió al fin, porque le correspondía hacerlo. No recuerdo que los que hoy arman un berrinche lo hayan hecho entonces.

Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal. Tiene primacía entre los distintos dirigentes opositores, lo cual no es ningún capricho. Es una primacía legitimada por la primaria de octubre, proceso que se adhirió a reglas democráticas. Por ello, la legitimidad de la preeminencia de Machado es del tipo legal-racional definido por Max Weber. Eso no significa que ella puede hacer lo que quiera y el resto de la oposición debe acatar sus deseos como órdenes. Pero sí convalida el papel que está desempeñando ahora. Si la oposición vuelve a fracasar el 28 de julio y esta oportunidad se desaprovecha, pues habrá que reconsiderar el liderazgo de Machado. Pero no porque sus actuales detractores así lo dispongan, sino porque, espontáneamente y sin que nadie se los diga, las masas volverán a sentirse decepcionadas. Mientras eso no ocurra, Machado no tiene por qué dejar de hacer lo que está haciendo. Que llore el que quiera llorar.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal

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Nada me saca de la cabeza que uno de los mayores aciertos de la oposición en estos 25 años de hegemonía chavista fue la realización de la primaria de octubre. Pase lo que pase con la política venezolana en los próximos meses, la comisión responsable de esas elecciones internas ya hizo su tarea y creo que la patria se lo agradecerá a perpetuidad. Fue un gusto ver a sus miembros recibir el Premio Valores Democráticos que otorga el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.

¿Por qué ensalzo así la primaria? Porque pienso que fue la primera vez en mucho tiempo en que la dirigencia opositora logró poner a la elite chavista en una serie de dilemas de difícil resolución.

Pienso que es por eso que hasta ahora han permitido la candidatura de Edmundo González Urrutia, aunque a todas luces María Corina Machado, ganadora de la primaria, le está traspasando su caudal de potenciales votos para hacerlo un más que probable ganador.

Pero además la primaria produjo otra consecuencia deseable. A saber, elevar a un dirigente opositor hasta una posición de respaldo masivo y liderazgo popular que no se veía desde los mejores días de Juan Guaidó a principios de 2019. Nos guste o no (yo personalmente preferiría que no fuera así, pero no estamos como para exigir el cumplimiento de todos los deseos propios), al venezolano históricamente le han entusiasmado más los liderazgos individuales que los colegiados, por lo que la falta de un dirigente popular sin duda ha estado relacionada con la desmovilización política de las masas en los últimos años. Pese a la censura y autocensura en medios tradicionales, creo que todo venezolano activo en Twitter (les recuerdo que mi rechazo al torpe cambio de nombre de esa red social) ha podido ver el entusiasmo con el que la fundadora del partido Vente Venezuela es recibida por la población dondequiera que vaya, en su gira nacional para promover el sufragio por González Urrutia.

No todo el mundo está contento al respecto, lo cual es comprensible. Nadie está obligado a simpatizar con Machado y todo político está sometido al juicio colectivo, incluyendo las opiniones críticas. Yo mismo he cuestionado los que considero que han sido pifias y actitudes negativas de ella en el pasado, incluyendo cierto sectarismo, una sobreestimación de lo que aliados extranjeros de la oposición venezolana están dispuestos a hacer por nosotros y un coqueteo con expresiones internacionales de extrema derecha ultraconservadora.

Pero algunos gestos de descontento hieden a resentimiento personal más que a diferencias ideológicas y estratégicas. Sobre todo, entre apaciguadores y oposición prêt-à-porter que por razones obvias jamás han tenido una opinión favorable de Machado pero que ahora no están dispuestos a aceptar que los giros de la política venezolana, incluyendo por supuesto los que la involucran a ella, no se ajustan a sus expectativas y prejuicios. Los mismos señores que desde un principio le hicieron la guerra a la iniciativa de escoger en primarias al candidato opositor, asegurando que sería inviable. Los mismos que pontificaron que Machado llamaría a la abstención tan pronto como se confirmara la inhabilitación caprichosa en su contra y que jamás apoyaría a un candidato que no fuera ella. En ambos casos se equivocaron, lo cual no impide que sigan declamando con pretensión de sabiduría política y moral democrática.

Lo que ahora les enfurece es que Machado siga teniendo protagonismo. Que ella recorra Venezuela mientras González Urrutia permanece en Caracas, dando entrevistas y reuniéndose con partidos políticos y entes de la sociedad civil que le manifiestan apoyo. Que las estrategias de campaña las decidan personas del entorno de Machado. Sostienen que la oposición se está suicidando con este dualismo, puesto que debería ser González Urrutia quien se promocione a sí mismo a lo largo y ancho de Venezuela, pues es su rostro el que está en el tarjetón electoral. Como si esta fuera una elección ordinaria (bueno, para estos señores lo es parcial o totalmente, ya que tienen una tendencia a desconocer la gravedad de la situación política venezolana para así justificar una oposición acartonada) y González Urrutia fuera un político profesional en una campaña ordinaria. Hablamos de un caballero que con mucho temple ha asumido este papel, pero del que es un hecho que hasta hace nada casi ningún ciudadano sabía quién era. Pues bien, los genios aquellos dicen que la única entre los políticos venezolanos con amplio respaldo popular en estos momentos debería apartarse y dejar de ser la mayor promotora del voto por un candidato de emergencia.

Algunos hasta tienen el tupé de insistir con el discursito de lucha de clases, alegando que Machado “solo mueve a gente del Country Club”. Como si no hubiera un montón de fotografías y videos evidenciando la cálida bienvenida que recibe en pequeños pueblos empobrecidos infernal y cruelmente por el statu quo, como Guanarito o Motatán. Como si aquellas zonas acomodadas del este de Caracas con la que la asocian exclusivamente no alojaran desde hace tiempo a miembros de la elite gobernante y empresarios cercanos a la misma.

Esta gente, que por años estuvo vendiendo la tesis falaz de que pese a la falta de democracia solo hace falta que la oposición gane el voto mayoritario para acceder el poder, ahora de pronto empieza a tener reservas al respecto. Ven como tontos ingenuos a los que se emocionan con el llamado de Machado a votar y advierten que eso no será suficiente. Qué casualidad que apenas ahora lo noten. Porque antes, cuando alguien como el autor de este artículo señalaba que hacía falta un plan para defender el voto en caso de desconocimiento por la elite gobernante (posición que mantengo), le desechaban la inquietud y le gritaban “¡Abstencionista!”

Los autoproclamados paladines incondicionales del voto no han terminado de aceptar el voto de octubre. No entienden que la gente escogió algo más que una candidatura. Escogió un liderazgo. Y no me vengan con la manida necedad de que por Machado solo votó en las primarias un porcentaje pequeño de todos los electores venezolanos. Fueron más votos que los que obtuvo Henrique Capriles en la primaria de 2012. Quien quiera ver cuántos votos terminó sumando Capriles en las elecciones definitivas, solo tiene que buscar en internet. Hablando de Capriles, ¿no hizo él en su momento lo mismo que Machado hizo ahora? Ganó una primaria y asumió una posición de liderazgo opositor. No incuestionable. No permanente. Pero la asumió al fin, porque le correspondía hacerlo. No recuerdo que los que hoy arman un berrinche lo hayan hecho entonces.

Es hora de que todo interesado en un cambio político venezolano entienda que Machado no es una dirigente cualquiera, ni debe actuar como tal. Tiene primacía entre los distintos dirigentes opositores, lo cual no es ningún capricho. Es una primacía legitimada por la primaria de octubre, proceso que se adhirió a reglas democráticas. Por ello, la legitimidad de la preeminencia de Machado es del tipo legal-racional definido por Max Weber. Eso no significa que ella puede hacer lo que quiera y el resto de la oposición debe acatar sus deseos como órdenes. Pero sí convalida el papel que está desempeñando ahora. Si la oposición vuelve a fracasar el 28 de julio y esta oportunidad se desaprovecha, pues habrá que reconsiderar el liderazgo de Machado. Pero no porque sus actuales detractores así lo dispongan, sino porque, espontáneamente y sin que nadie se los diga, las masas volverán a sentirse decepcionadas. Mientras eso no ocurra, Machado no tiene por qué dejar de hacer lo que está haciendo. Que llore el que quiera llorar.

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