El hambre obliga a rehacer la maleta - Runrun
Yeannaly Fermín Nov 05, 2020 | Actualizado hace 2 meses
El hambre obliga a rehacer la maleta
Los últimos datos de la Encovi 2019-2020 demuestran que 96% de la población venezolana es pobre y que 79,3% no tiene cómo cubrir la canasta alimentaria
Cifras de Migración Colombia estiman que por cada venezolano que retornó a su país volverán dos

 

@yeannalyfermin

 

Jenny Bastidas salió de Venezuela con rumbo a Perú en agosto de 2018. La crisis económica la obligó a hacer una maleta, dejar su país, su madre y sus dos hijos. El objetivo era claro: trabajar muy duro para mandar dinero y que su familia pudiera alimentarse de la mejor manera posible. Sin embargo, conseguir empleo para Jenny no fue tan sencillo, no contaba con una profesión que le permitiera tener un buen ingreso.

En cuatro meses, Jenny ya había pasado por cuatro empleos (personal de limpieza, niñera, vendedora de café y repartidora de volantes) donde la explotaban y no le pagaban lo justo. Estuvo a punto de devolverse a Venezuela, pero por suerte, el dueño de un supermercado en Lima le dio trabajo como cajera y poco a poco su situación fue mejorando. Contaba con un sueldo que le permitía pagar el arriendo, los servicios, sus gastos personales y enviarle dinero a su madre. Jenny no descansaba y para tener más ingresos, en sus días libres vendía arepas, café y golosinas en las plazas. 

Jenny forma parte de los 4 millones de venezolanos que huyeron de Venezuela en busca de mejores condiciones de vida. Para el mes de noviembre de 2019, la cifra de venezolanos en Perú era de 865 mil, siendo Perú el segundo país país de acogida de migrantes venezolanos después de Colombia.

El 10 de febrero de 2020 el jefe de Jenny le dio permiso para que descansara 20 días, ella no lo pensó dos veces y de una fue a comprar pasaje para Venezuela. Los tres días de viaje se hicieron eternos, pero la ilusión y la emoción de reencontrarse con los suyos no la dejaban pensar en otra cosa que no fuera su país y su gente. Salió de Lima con una gran maleta cargada con detalles y dulces típicos para todos sus familiares. Cuando llegó al barrio El Nazareno, ubicado en la parroquia Petare,en el estado Miranda, sintió una gran alegría porque desde lejos ya podía ver que en la esquina de su casa la estaban esperando Mayra, Jesús y Eduardo. Sintió que la vida le volvió al cuerpo cuando los abrazó y que no quería irse nunca más. Confiesa que fue uno de los días más felices de su vida.

Jenny debía estar en Perú el 10 de marzo para reintegrarse a su trabajo en el supermercado. Sin embargo, Jesús, su hijo mayor, el 7 de marzo presentó un dolor abdominal muy fuerte que derivó en una apendicitis que debía ser intervenida de emergencia. Previo acuerdo con su jefe, decidió posponer su viaje para cuidar de su hijo. Diez días fueron suficientes para que Jesús se recuperara, pero el dinero que la joven tenía para retornar a Perú, por los gastos de la operación y la hiperinflación que se vive en el país los pulverizaron.

El desespero se apoderó de Jenny, ya no contaban con suficiente comida y para poder comprar el pasaje a Lima tuvo que pedir dinero prestado. El 13 de marzo la noticia del cierre de las fronteras la sorprendió, no pudo volver a Perú, desde entonces, su situación económica ha empeorado con el pasar de los días. Jenny afirma que la situación es mucho peor que a principios de 2017 cuando tuvo que salir corriendo de Venezuela para que su familia pudiera comer. 

Asegura que en cuanto reabran las fronteras se irá nuevamente a Perú a buscar trabajo. Afirma que en Venezuela no puede hacer nada porque la inflación y los bajos sueldos no ayudan a poner la comida en la mesa. 

Hambre y desempleo obligan a salir

Raúl Quijada se devolvió a Venezuela en julio de 2019. Luego de pasar seis meses en Ecuador, decidió volver e intentarlo de nuevo. Su paso por tierras ecuatorianas no fue muy agradable, sufrió mucha discriminación y xenofobia y no logró encontrar un empleo que le permitiera mantenerse y enviarle dinero a sus tres hijos. 

Cuando Raúl regresó al país, se sintió muy optimista pese a saber la situación económica que reina en Venezuela desde hace varios años. A los pocos días consiguió empleo como vigilante en un local nocturno en un centro comercial. Sus ingresos le permitían comer y satisfacer algunas necesidades, afirma que en medio de todo se sentía tranquilo. 

Según cifras de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), realizada por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), 96,3% de los hogares viven en pobreza de ingresos y la tendencia de deterioro de la alimentación continúa, con solo 3% de ellos escapando de la inseguridad alimentaria. Una realidad que afecta más a mujeres que a hombres.

La investigación de Encovi determinó que 79,3% de la gente no tiene cómo cubrir la canasta alimentaria y que al menos uno de cada cuatro hogares presenta inseguridad alimentaria severa y unos 639.000 niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica.

El estudio también señaló que en Venezuela existe una disminución de los trabajadores asalariados, los cuales pasaron de 62% a 46% del total de ocupación en 2014 y 2019, respectivamente. A su vez, revela un crecimiento de los trabajadores por cuenta propia al pasar de 31% a 45% del total del mercado laboral.

Ocho meses después todo cambió para Raúl de manera radical. “Nuevamente la desesperación por no tener comida me invadió y esta vez ni siquiera puedo irme a otro lugar porque no hay paso, todo está cerrado, todo está paralizado. Estoy sobreviviendo gracias a mi hermano que me envía dinero cuando puede y también a que sé reparar todo tipo de electrodomésticos”, dijo Quijada. 

Raúl Quijada asegura que cuando la pandemia termine se irá a Chile o a Argentina a probar suerte de nuevo en otras tierras.

Pandemia y hambre

La Encuesta del Hambre, un estudio realizado por el partido político Primero Justicia, con una muestra de 950 personas del municipio Libertador en Caracas demostró que 74% de los hogares manifestaron una caída en el consumo de alimentos.

73,9% de los hogares encuestados afirmó que el consumo de carne de res y pollo, disminuyó entre enero y octubre de 2020, mientras que 82,3% indicó que el ingreso le resulta insuficiente para adquirir los alimentos fundamentales a ser consumido por su grupo familiar.

Cáritas Venezuela, en su más reciente monitoreo correspondiente a los meses de abril-julio de 2020, alertó que las medidas de control para limitar la propagación de la COVID-19 en el país tuvieron un “impacto considerable” en el incremento de la desnutrición infantil. 

Según el informe la desnutrición aguda global (GAM) aumentó 73% en niños y niñas menores de cinco años en seis meses de pandemia.

El estudio arrojó que 59% de los niños evaluados por Cáritas Venezuela tenían algún grado de retraso en su crecimiento o estaban en riesgo de tenerlo y que 29% tenía un retraso del crecimiento moderado y severo.

Según cifras del informe, 57% ha incurrido en alguna forma de privación alimentaria y 27% de los hogares ha tenido que recurrir a la mendicidad, 42% a rebuscarse alimentos en la calle para poder comer y 35% ha consumido alimentos que preferiría no haber comido.

La universidad ya no es un aliciente 

Carolina Sandoval, una joven de 19 años que cursaba segundo semestre de comunicación social en la Universidad Central de Venezuela, está esperando a que reabran la frontera para irse a Bogotá. Allá la esperan su hermana mayor y su cuñado, quienes emigraron en 2018 en busca de nuevas oportunidades. 

Está dispuesta a dejar sus estudios y la vida que tiene en Caracas para trabajar, ayudar a sus padres y continuar -cuando pueda- con su carrera de periodismo. 

De acuerdo a los datos reflejados en la Encovi 2019-2020, 57% de los migrantes venezolanos eran jóvenes entre 15 y 29 años y uno de cada tres migrantes venezolanos alcanza la enseñanza universitaria. En total, 29% de migrantes mujeres partieron con su título bajo el brazo, mientras que los hombres llegan a 19%.

Según la Encovi, antes de la pandemia por covid-19, el retorno era una opción considerada apenas por 4% de los migrantes criollos.

Datos de Migración Colombia afirman que desde el cierre de las fronteras por la pandemia del coronavirus, más de 113.000 venezolanos, retornaron a su país natal por la grave situación económica que estaban pasando. 

Sin embargo, el organismo estimó el pasado 18 de septiembre que por cada venezolano que retornó volverán dos, lo que implica que si salieron 113.000 ciudadanos venezolanos durante la cuarentena, ahora regresarán más de 200 mil. 

“Hay suficientes razones para tener estimaciones de que esta población que ha salido hacia Venezuela, volverá en una proporción del 80 %”, dijo Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia. 

El sociólogo, profesor universitario y coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana, Tomás Páez Bravo afirmó que aunque la frontera está cerrada por la pandemia del coronavirus, a través de las trochas siguen pasando los venezolanos porque la situación es grave. 

“En Venezuela no hay agua, no hay electricidad, no hay alimentos, no hay trabajo y en consecuencia la gente decide otra vez experimentar algún tipo de beneficio trabajando afuera para enviárselo a sus familiares que quedaron dentro”, dijo. 

El coordinador del Observatorio de la Diáspora aseguró que mientras se mantengan las actuales condiciones y no haya producción de ningún tipo y no se incremente la producción petrolera y la inversión privada, “la gente va a seguir buscando fórmulas para sobrevivir en otros países”.