El petróleo lubrica la geopolítica - Runrun
Víctor Salmerón Mar 31, 2022 | Actualizado hace 3 meses
El petróleo lubrica la geopolítica
Estados Unidos toca la puerta de autocracias en busca de petróleo para aumentar el aislamiento de la Rusia de Putin. La postura de Arabia Saudita, hasta ahora alejada de la administración Biden es clave. Analistas proyectan un barril sobre los 200 dólares

@VSalmeron

 

La invasión de Rusia a Ucrania acabó con la amnesia sobre el rol estelar del petróleo como fuente de energía e inició un giro en la geopolítica. El impacto es evidente: Estados Unidos se acerca a gobiernos autocráticos, se acelera la negociación con Irán sobre armas atómicas y la OPEP recupera poder.

Estados Unidos y Europa castigaron a Rusia con severidad. Sus bancos están desconectados del sistema financiero global, la mitad de sus reservas internacionales permanecen congeladas, las multinacionales le suspendieron la venta de tecnología y la inversión extranjera desapareció, pero el corazón del Kremlin es el petróleo.

Rusia es el principal exportador de petróleo del mundo y bombea siete millones de barriles diarios que principalmente consumen países como Alemania, Polonia y Francia. Estados Unidos dejó de comprar petróleo a Rusia pero los barriles rusos solo representaban 3% de su consumo total mientras que en Europa son fundamentales.

Para golpear con mayor fuerza al gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, es fundamental que aumente la oferta de petróleo y Washington, en un movimiento similar al de los tiempos de la guerra fría cuando para aislar al comunismo tejió relaciones con dictaduras, se enfoca menos en los principios y privilegia la búsqueda de barriles.

Aparte de esta razón de fondo, en lo inmediato, hay un agujero en el mercado petrolero que dispara el precio del combustible e impacta el presupuesto de los estadounidenses: tras las sanciones a Rusia bancos suspendieron el financiamiento a la compra de barriles rusos y compañías petroleras dejaron de adquirirlos.

UBS afirma en su último reporte que dos millones de barriles diarios que Rusia colocaba en el mercado no están fluyendo y la interrupción es una de las causas que catapulta el precio del Brent, el barril marcador, por encima de los cien dólares.

Deutsche Bank estima que entre los países que podrían elevar la oferta de petróleo figuran Venezuela, capaz de duplicar su producción actual de 788 mil barriles diarios entre uno y dos años; Arabia Saudita, que podría elevar su producción en dos millones de barriles diarios en un mes; Emiratos Árabes Unidos con un millón de barriles en un mes e Irán con otro millón de barriles diarios entre tres y nueve meses.

Nueva agenda

Estados Unidos, junto a una larga lista de países, consideró ilegítima la reelección de Nicolás Maduro en 2018 y aplicó sanciones a Venezuela que incluyen el bloqueo a la compra de petróleo, pero el 5 de marzo una delegación de representantes de la administración de Joe Biden visitó Caracas.

La delegación, en la que estuvo Juan González, asesor para las Américas en el Consejo de Seguridad Nacional de Joe Biden, se reunió en el Palacio de Miraflores con Nicolás Maduro.

“Se le reconoció como presidente con esa reunión aunque los norteamericanos no lo digan abiertamente”, dice un ejecutivo de Pdvsa, la empresa petrolera venezolana.
Aparte de la liberación de estadounidenses presos en Venezuela, se negoció la posibilidad de aliviar las sanciones mediante licencias para que empresas como Chevron puedan extraer petróleo venezolano.

“Hemos acordado trabajar en una agenda hacia delante, temas de interés” dijo Nicolás Maduro tras el encuentro.

Analistas consideran que el cerco a Rusia y la guerra en Ucrania van a debilitar el soporte que el gobierno de Maduro recibe de Putin, como el uso del sistema financiero ruso para evadir sanciones de Estados Unidos.

Además, Rusia aumentó sus ventas de petróleo a China, el mercado donde Venezuela coloca 90% del poco petróleo que exporta y los barriles rusos, vendidos con un enorme descuento, pueden ser una competencia feroz.

En este entorno, Maduro tiene el incentivo de hacer concesiones en derechos humanos para obtener un alivio de las sanciones y vender petróleo a Estados Unidos en el mediano plazo, algo que lo reforzaría en el poder. Por su parte, en la nueva guerra fría, Washington se aseguraría de que Venezuela, progresivamente, inyecte más petróleo al mercado.

Ajedrez árabe

El deshielo de Washington dirige su mayor atención a Arabia Saudita, el petroestado que es capaz de elevar la producción en poco tiempo. Atrás queda el tiempo en que Biden desclasificó un informe de inteligencia que concluye que Mohamed Bin Salmán, el heredero al trono de Riad, es responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

«Queremos más oferta de petróleo en el mundo«, dijo Daleep Singh, vice consejero de Seguridad Nacional de Biden para la economía internacional en el programa New Day de CNN el 9 de marzo, señalando explícitamente que Arabia Saudita es una fuente clave.

Pero, por ahora, pesan más otras acciones de la administración de Joe Biden, en especial, haberle quitarle el apoyo a la guerra de los sauditas contra los rebeldes Huthi respaldados por Irán en Yemen.

Antony Blinken, secretario de Estado, esgrimió razones humanitarias al levantarle la designación de terroristas a los rebeldes Houthi en febrero de 2021. Los Houthi devolvieron el favor lanzando misiles contra instalaciones petroleras de Arabia Saudita y ciudades de Emiratos Árabes Unidos, otro actor clave en el tablero petrolero.

Mientras tanto, Arabia Saudita ha establecido nexos con Rusia en cuanto a compra de armas y como socio de la OPEP para establecer acuerdos que limitan la producción de petróleo y refuerzan el precio del barril.

A pesar de los esfuerzos de Washington Arabia Saudita se ha mantenido firme en que la producción de petróleo de la OPEP y sus socios aumentará a un ritmo de 400 mil barriles diarios por mes, hasta recuperar lentamente el nivel previo al recorte de diez millones de barriles diarios de 2020, cuando la pandemia del Covid deprimió la demanda.

El 29 de marzo el ministro de energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salmán, señaló que cuando la OPEP se reúne para discutir los niveles de producción “todo el mundo deja su política en la puerta”.

Bernard Haykel, director del Instituto de Estudios del Medio Oriente de la Universidad de Princeton, escribe en un análisis que “cuando los sauditas aumenten la producción, será porque les convenga. No se arriesgarán a distanciarse de Rusia poniéndose del lado de Estados Unidos, pero tampoco pondrán en juego su propio futuro económico”.

“Los líderes sauditas internalizaron las lecciones de la década de 1970, cuando los altos precios del petróleo llevaron a una reducción de su demanda. Lo último que quieren es motivar a Estados Unidos y sus aliados a acelerar la adopción de energías renovables. La única pregunta es cuál será el precio que los motivará a actuar”, añade Haykel.
Irán en el tablero

En 2015 el Plan de Acción Integral Conjunto alivió sanciones a Irán a cambio de restricciones estrictas a su programa nuclear para evitar que arme una bomba atómica. Pero el acuerdo, firmado entre Irán con Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia se deshizo cuando Donald Trump se retiró en 2018.

Estados Unidos busca firmar un nuevo acuerdo que permitiría que el petróleo iraní retorne al mercado a cambio de que Irán desista de sus aspiraciones atómicas, pero por ahora no ha logrado superar los obstáculos a pesar de los esfuerzos diplomáticos.

Robert Malley, enviado especial de Estados Unidos para Irán, explicó el pasado 27 de marzo que Washington está interesado en cerrar el acuerdo con Irán “lo antes posible” pero un escollo es la petición de los iraníes de que de que Washington deje de clasificar a la Guardia Revolucionaria Islámica, su fuerza militar, como una organización terrorista.

Este paso, de darse, encendería las alarmas de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel. “No hemos decidido eliminar de la lista a la Guardia Revolucionaria Islámica. Creemos que nos interesa volver a un acuerdo y creemos que también a Irán, más fielmente podremos implementarlo”, añadió Malley.

Petróleo en las nubes

Mientras Estados Unidos busca aumentar la oferta de petróleo, por ahora sin mayor éxito, analistas consideran que es posible un barril sobre los 200 dólares. Desde esta óptica, el valor actual para el marcador Brent de 114 dólares es solo un punto de partida.

Doug King, director ejecutivo de RCMA Capital, dijo la semana pasada en un evento organizado por Financial Times que el precio del barril podría alcanzar 225 dólares este año porque todavía no se ha sentido todo el impacto de las sanciones a Rusia y el mercado se dirige hacia una reducción importante de la oferta.

“Tuvimos el shock del suministro de gas en 2021. Vamos a tener el shock del suministro de petróleo en 2022”, dijo Doug King.

Pierre Andurand, quien dirige uno de los más importantes fondos de cobertura, afirmó que el petróleo ruso, tras la invasión a Ucrania, va a dejar de fluir hacia Europa y cree probable que el barril alcance los 250 dólares.

Alok Sinha, director global de petróleo y gas de Standard Chartered, explicó que no cree que los inconvenientes en la oferta de petróleo “sea un problema temporal, es un problema a largo plazo” y por tanto es necesario encontrar fuentes alternativas.

Gracias a la extracción de crudo de esquisto Estados Unidos se convirtió en un importante productor de petróleo, pero cuellos de botella como escasez de arena y la prudencia de las empresas antes de iniciar un ciclo de expansión, indican que la respuesta no será inmediata.

Daniel House, ejecutivo de Socar, la división comercial con sede en Houston de la compañía petrolera nacional de Azerbaiyán, advirtió que es poco probable que los productores de petróleo de esquisto vengan al rescate.

“Incluso si quisieran acelerar, es un proceso de doce meses”, afirmó Daniel House, mientras que Doug King indicó que el petróleo tendría que aumentar significativamente en el mercado de futuros antes de que la industria del esquisto eleve la producción y provea los retornos que esperan los inversionistas.

Las reservas

En un intento por contener el precio del petróleo y enfriar el alza del precio del combustible, una variable que comenzó a golpear su popularidad, Joe Biden ordenó liberar un millón de barriles diarios de petróleo de las reservas de Estados Unidos.

 La liberación de las reservas comenzará en mayo, durará seis meses y es la mayor en la historia de Estados Unidos. La Casa Blanca caracterizó la medida como un puente hasta que aumente la producción de las empresas nacionales, pero analistas esperan un impacto limitado en el mercado.

 Bob McNally, analista en Rapidan Energy Group, dijo que los precios del petróleo continuarán al alza mientras permanezca el riesgo del suministro ruso y Dan Pickering, de Pickering Energy Partners, resaltó que la liberación de las reservas no va a solucionar el desbalance entre la oferta y la demanda.

Divorciarse de Rusia

Tras la invasión a Ucrania Europa considera estratégico dejar de depender del petróleo y el gas de Rusia. El canciller alemán, Olaf Scholz, sintetizó que “no es solo una cuestión ambiental o económica. Es, también, un asunto decisivo para nuestra seguridad”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, fue más clara y afirmó que “no podemos confiar en un proveedor que nos amenaza» y agregó que “tenemos que actuar ahora para mitigar el impacto del aumento de los precios de la energía, diversificar nuestro suministro de gas para el próximo invierno y acelerar la transición a la energía limpia».

El plan que diseña la Comisión Europea contempla que los países de la Unión suspendan por completo las importaciones de energía rusa en 2027 gracias a nuevas fuentes de gas y petróleo pero también mediante una apuesta decidida por la energía eólica, solar, el hidrógeno procedente de fuentes no contaminantes y nuevos reactores atómicos.

Si este plan avanza, los petroestados como Venezuela, hoy beneficiados por la disparada en el precio del barril y la urgencia de Estados Unidos y Europa por disminuir la dependencia en la Rusia de Putin, podrían despertar en cinco o seis años en un mundo que aceleró el tránsito hacia las energías renovables y cada día los necesitará menos.