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En el Monumental de Maturín los derechos de los aficionados perdieron por goleada

vinotinto
Ricardo Machado
Hace 8 meses
Más allá del valor del punto obtenido tras la paridad entre la Vinotinto y la Tricolor, las condiciones de seguridad y atención al aficionado mancharon la pelota en lo que ha sido uno de los mejores comienzos de ciclo mundialista para Venezuela

 

Mucho se ha hablado desde el punto de vista deportivo del empate sin goles entre la Vinotinto y la selección de fútbol de Ecuador, la noche del pasado jueves 16 de noviembre en la quinta fecha de las Eliminatorias Sudamericanas para la Copa Mundial de Fútbol 2026. Pero más allá del resultado, varias alarmas se encendieron alrededor de lo que fue una tarde-noche llena de irregularidades.

El partido que se disputó en la que hasta ahora ha sido la casa de la Vinotinto en condición de local, el Monumental de Maturín, se desarrolló con normalidad dentro de la cancha mientras que en los accesos, áreas exteriores, gradas y tribunas del recinto se presentaron altercados que pusieron en riesgo la jornada deportiva para los más de 52.000 asistentes oficiales al estadio de fútbol más grande de Venezuela.

En un comunicado conjunto, la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) y la Gobernación del estado Monagas reconocieron que se llegaron a “desbordar las previsiones y las capacidades de la organización en algunos momentos” y que tomarán las medidas necesarias para en próximos compromisos garantizar el orden y la seguridad.

El hecho es que, pese a que los comandados por el seleccionador argentino, Fernando “Bocha” Batista, mantienen el invicto en el estado Monagas con la arquería inmaculada, los fanáticos se llevaron una goleada antológica.

0-1. Llegar a Maturín para ver a la Vinotinto

La distancia entre Caracas y Maturín es de 486 kilómetros. En vehículo propio, el tiempo de viaje es de más de seis horas y se hace necesario abastecerse de gasolina, un problema que, al menos el jueves, no se presentó en Monagas. Las gasolineras que surten con cobro en dólares funcionaron con normalidad pese a que fuera de las fechas FIFA se evidencian largas colas para obtener combustible en la entidad oriental.

 
 
 
 
 
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Pero para quienes no tienen esta posibilidad, las opciones fueron autobuses o vía aérea. Los traslados terrestres al estilo “full day” para acompañar a la Vinotinto oscilaban entre los 35 y los 110 dólares por persona, precio que variaba según las comodidades de cada paquete: con comidas incluidas, entradas al partido en distintas zonas (que iban desde los 10 hasta los $60), mercancía de la Vinotinto, entre otras.

Por vía aérea los precios de los boletos desde Caracas hacia Monagas tenían tarifas de ida alrededor de los $55 y de regreso a unos $50, según la aerolínea y la clase de servicio. En total, para disfrutar de un partido de la Vinotinto si no se vive en Maturín, se necesitan al menos $70 por persona para cubrir el transporte, comidas y entrada a gradas.

0-2. El acceso al estadio

Independientemente de cómo se llegará a Maturín, para el ingreso al Monumental se debe hacer una caminata que, si bien fue explicada por la FVF su portal web y en redes sociales, para quienes no conocen la locación es una sorpresa enterarse de que abarca una distancia de más de un kilómetro, desde el último punto de acceso vehicular hasta la entrada del estadio. En ese trayecto inicial, no había presencia policial ni de ningún tipo de personal de seguridad o protocolo que diera asistencia a los fanáticos para encontrar el punto de acceso correspondiente a su boleto.

Al avanzar, lo que se conseguía era un laberinto de cercas armadas con tuberías que, cual ganado, guiaban a los fanáticos -entre los que abundaban mujeres y niños- al “matadero” en el que se convertirían las puertas del estadio.

Con ruido que provenía del interior del estadio, propio de la salida al campo de los futbolistas, los fanáticos que aún no ingresaban al Monumental comenzaron a correr y saltar las bardas, ocasionando estampidas. Ante esto muchos, en busca de resguardar la integridad propia y de acompañantes, prefirieron retirarse y se perdieron la oportunidad de ver a la Selección, a pesar de la inversión realizada en la boletería y el viaje. 

0-3. Capacidad máxima de asistencia peligrosamente superada

El pitazo inicial estaba pautado para las 6:00 p.m. Pero llegar unas horas antes no era garantía de entrar, aun con boleto en mano. Antes de las 5:00 p.m., muchos accesos fueron cerrados y custodiados por la Guardia Nacional Bolivariana, bajo la excusa de que la zona estaba a su máxima capacidad.

 

Cuando la situación comenzó a salirse de control tras los airados reclamos de los fanáticos que buscaban hacer valer su derecho de ingresar al estadio luego de haber comprado su entrada, la GNB decidió retirarse para resguardar las puertas desde el interior, a lo que la multitud respondió forzándolas. La situación causó trifulcas con los efectivos de seguridad del Estado, quienes no pudieron detener las hordas.

 

El factor común que se repitió en cada una de las localidades del estadio fue que había más personas que asientos disponibles. La solución de muchos fue, pese al suelo mojado por la lluvia previa al partido, sentarse en las escalinatas internas de tribunas y gradas. Otros permanecieron de pie en los  pasillos y barandas custodiados por efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, mientras que el resto de espacios comunes, como túneles de acceso y zonas de servicios, colapsaron.

Una de las versiones de usuarios en redes sociales es que, al igual que en el partido anterior contra Chile, se ofreció entrada libre, por lo que muchos asistieron con la esperanza de entrar sin pagar, dejando por fuera a quienes sí habían adquirido su boleto por canales regulares.

 

 

0-4. Salir del estadio

Con la finalización del encuentro se repitió la anarquía que se presentó para entrar al Monumental, pero con un nuevo factor de riesgo: la poca iluminación. Ahora, había que sortear las tuberías que las estampidas anteriores habían tirado al suelo con una visual limitada, caminando al paso de la multitud que iba de salida entre empujones y gritos.

En este contexto era muy fácil que los grupos de aficionados que llegaron juntos se separaran y reencontrarse se convertiría en una tarea difícil, tan difícil como marcar a Jefferson Soteldo cuando la señal telefónica es inexistente y el único punto de referencia cercano para las más de 52.000 personas es un Farmatodo.

En ese intento de reagruparse y emprender el camino a casa, se desbordaron las vialidades aledañas. Los alrededores del estadio se convirtieron en un mar vinotinto que rodeaba vehículos hasta dos horas después de finalizado el partido. 

0-5. Aeropuerto colapsado

La ciudad con el recinto deportivo más grande del país no tiene un aeropuerto que pueda cubrir las necesidades de fanáticos, equipos de prensa, visitantes, proveedores y de los mismos jugadores y cuerpo técnico.

Usuarios de X manifestaron su molestia por los retrasos en los vuelos de salida desde Aeropuerto Internacional José Tadeo Monagas, incluso un día después del partido.

1-5. El sentir Vinotinto fue el de la honra 

Pese a los riesgos e irregularidades que se presentaron, hay aspectos positivos a destacar. La exhibición de gallardía de la Vinotinto frente a un rival mundialista y llamado a estar en el top tres de selecciones suramericanas, fue correspondida con la unión de barras y aficionados de distintos equipos de la Liga FUTVE, como el Caracas FC, Portuguesa FC, Estudiantes de Mérida y el local, Monagas Sport Club.

 
 
 
 
 
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A ellos se sumaron los fanáticos que pudieron entrar al estadio tras viajar horas desde distintas ciudades del país, haciendo un esfuerzo económico para alentar a la selección nacional y que se quedaron hasta el final del partido para aplaudir su salida del campo, demostrando que la fe sigue intacta previo al viaje a Lima para enfrentarse a Perú el próximo martes, 21 de noviembre, en la última fecha mundialista de 2023. 

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