Las distinciones a Enrique Márquez

Las corrientes moderadas de la oposición venezolana lucen alentadas con las distinciones hechas a Enrique Márquez desde Washington. En el discurso del Estado de la Unión, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, -un experto en agudizar contradicciones- ha vuelto a sorprender: invitó a un expreso político; un dirigente socialdemócrata que incluso ha operado institucionalmente -siempre sin extraviarse en su propósito- en las entrañas del régimen. Un político que se quiere diferenciar de María Corina Machado y que ha reiterado sus palabras agradecidas al polémico ex presidente de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.  

Regresando de Washington, saliendo de la cárcel, amparado en el marco de la Ley de Amnistía, Márquez supo identificar su oportunidad: ha roto el hielo de una opinión pública maniatada por el miedo con un lenguaje a ratos aguerrido y casi siempre razonado. 

“Insistieron en suprimir las libertades políticas y económicas del país cuando todo el mundo les estaba pidiendo rectificaciones. Por aferrarse al poder, Maduro ha creado caos, miseria, atraso y migración”, dijo Márquez en una rueda de prensa apenas volvió a Caracas de su viaje a Washington.

Sus palabras han expresado los contenidos más críticos al régimen chavista que se hayan escuchado en más de 18 meses. El tono ha sido pugnaz, incluso indignado.  El excandidato presidencial también fustigó el tratamiento a los familiares de los presos políticos; denunció las terribles condiciones de prisión vigentes en Venezuela; tuvo palabras duras para el fiscal general; y le dio la bienvenida al papel que puedan jugar los Estados Unidos en la crisis local, justificando con ello, de forma implícita, el procedimiento militar que produjo el arresto de Nicolás Maduro.  

Por otro lado, al menos en apariencia, al invitar a Enrique Márquez, Trump ofrece otra señal contradictoria respecto a su verdadera percepción e intenciones sobre el liderazgo de María Corina Machado. Trump se refirió a Márquez como “un hombre valiente que fue arrestado injustamente por el régimen de Maduro” . La cortesía  ha caído muy mal en Vente Venezuela y ha precipitado la decisión de Machado de asumir el riesgo de regresar a Venezuela e incorporarse a la lucha política interna. 

“Voy a regresar en pocas semanas a Venezuela. Llegaremos para abrazarnos, para trabajar juntos, para garantizar una transición a la democracia ordenada y sostenible e indetenible“, dijo Machado en una aparición a través de redes sociales.

El nuevo momento político

Puede que las relaciones entre Trump y Machado no sean tan malas como se piensa. Ambos líderes, después de todo, ocupan un espacio político parecido en el actual barajo del panorama internacional.  El presidente de los Estados Unidos cultiva con la líder venezolana una relación algo paradójica, con un sesgo impredecible, en el cual se bascula entre los elogios y el mutismo.

Márquez no esconde su interés en abrirse campo como una opción a partir de la cual se pueda diseñar una transición. Aseguró que las elecciones de julio de 2024 “cumplieron con su papel” y que el país deberá encaminarse hacia nuevos comicios presidenciales. “A estas alturas todo el mundo acepta que aquí tiene que haber nuevas elecciones”, afirmó.

Su papel, anotado en el “todo suma”, podría tener una enorme utilidad como la tuvo en toda la crisis postelectoral de las presidenciales de 2024.  Sale de la cárcel y ha escogido el mismo terreno: fomentar consensos y fortalecer una dinámica progresiva, incremental, en la cual se pugne desde dentro del régimen para abrirle paso a una apertura política destinada a regresarle contenido a la letra de la Constitución.

Un camino en el cual, según asume, muy probablemente sea necesario hacer concesiones. Procurando que las actuales decisiones que el chavismo toma para descomprimir y sobrevivir, se terminen reconfigurando en una hoja de ruta.  “La única manera de avanzar hacia la democracia es retando esa situación de presión policial y política del régimen”, ha declarado hace muy poco. 

 “Aquí tenemos que ir a un proceso de renovación total de los poderes públicos, que desde dentro se abran los caminos de la restitución del estado de derecho. Recobrar la libertad de expresión plena, un debate político que nos conduzca a una democracia a través de una elección transparente“, expresó.

Márquez intenta cobrar peso como una persona que aproxima algunos extremos y haga viable algunas decisiones compartidas, si es que ese camino con el régimen de verdad termina tomando cuerpo. A partir de su oferta, el chavismo puede conseguir espacios para maniobrar mientras gana tiempo.

Queda claro que cualquier arreglo en Venezuela que termine desembocando en unas elecciones presidenciales o generales -el desiderátum del proceso echado a andar el 3 de enero- le concederían a María Corina Machado una amplísima victoria. Un lauro que, si las circunstancias políticas lo permiten, podrían abrirle campo para emprender la reconstrucción de la Venezuela post chavista en sus términos. Por eso Machado se ha cuidado de mostrar su trabajo programático y su programa de gobierno en medio de los dilemas militares y las presiones diplomáticas. Por eso ha decidido, ahora, regresar a Venezuela.

Conscientes de esta realidad, los voceros más moderados del régimen chavista se encargan de hacerle saber a periodistas y activistas civiles que no habría acuerdo político alguno para echar a andar una transición que incluya a María Corina Machado. El régimen se repliega y resiste, e intentará ofrecer concesiones. Para eso se maniobrará lo suficiente para mantener enfrentadas a las dos tendencias de la oposición, procurando ofrecer alguna posibilidad para transitar un acuerdo.  

Machado no va a pactar ningún acuerdo progresivo: se dispone a echar abajo los cimientos de la denominada quinta república para levantar un nuevo acuerdo republicano. Para lograr eso necesita una fuerza que aún no termina de construir. El 3 de enero vino un destello, pero ahora es necesario remar. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Al menos en apariencia, al invitar a Enrique Márquez, Trump ofrece otra señal contradictoria respecto a su verdadera percepción e intenciones sobre el liderazgo de María Corina Machado
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Las corrientes moderadas de la oposición venezolana lucen alentadas con las distinciones hechas a Enrique Márquez desde Washington. En el discurso del Estado de la Unión, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, -un experto en agudizar contradicciones- ha vuelto a sorprender: invitó a un expreso político; un dirigente socialdemócrata que incluso ha operado institucionalmente -siempre sin extraviarse en su propósito- en las entrañas del régimen. Un político que se quiere diferenciar de María Corina Machado y que ha reiterado sus palabras agradecidas al polémico ex presidente de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.  

Regresando de Washington, saliendo de la cárcel, amparado en el marco de la Ley de Amnistía, Márquez supo identificar su oportunidad: ha roto el hielo de una opinión pública maniatada por el miedo con un lenguaje a ratos aguerrido y casi siempre razonado. 

“Insistieron en suprimir las libertades políticas y económicas del país cuando todo el mundo les estaba pidiendo rectificaciones. Por aferrarse al poder, Maduro ha creado caos, miseria, atraso y migración”, dijo Márquez en una rueda de prensa apenas volvió a Caracas de su viaje a Washington.

Sus palabras han expresado los contenidos más críticos al régimen chavista que se hayan escuchado en más de 18 meses. El tono ha sido pugnaz, incluso indignado.  El excandidato presidencial también fustigó el tratamiento a los familiares de los presos políticos; denunció las terribles condiciones de prisión vigentes en Venezuela; tuvo palabras duras para el fiscal general; y le dio la bienvenida al papel que puedan jugar los Estados Unidos en la crisis local, justificando con ello, de forma implícita, el procedimiento militar que produjo el arresto de Nicolás Maduro.  

Por otro lado, al menos en apariencia, al invitar a Enrique Márquez, Trump ofrece otra señal contradictoria respecto a su verdadera percepción e intenciones sobre el liderazgo de María Corina Machado. Trump se refirió a Márquez como “un hombre valiente que fue arrestado injustamente por el régimen de Maduro” . La cortesía  ha caído muy mal en Vente Venezuela y ha precipitado la decisión de Machado de asumir el riesgo de regresar a Venezuela e incorporarse a la lucha política interna. 

“Voy a regresar en pocas semanas a Venezuela. Llegaremos para abrazarnos, para trabajar juntos, para garantizar una transición a la democracia ordenada y sostenible e indetenible“, dijo Machado en una aparición a través de redes sociales.

El nuevo momento político

Puede que las relaciones entre Trump y Machado no sean tan malas como se piensa. Ambos líderes, después de todo, ocupan un espacio político parecido en el actual barajo del panorama internacional.  El presidente de los Estados Unidos cultiva con la líder venezolana una relación algo paradójica, con un sesgo impredecible, en el cual se bascula entre los elogios y el mutismo.

Márquez no esconde su interés en abrirse campo como una opción a partir de la cual se pueda diseñar una transición. Aseguró que las elecciones de julio de 2024 “cumplieron con su papel” y que el país deberá encaminarse hacia nuevos comicios presidenciales. “A estas alturas todo el mundo acepta que aquí tiene que haber nuevas elecciones”, afirmó.

Su papel, anotado en el “todo suma”, podría tener una enorme utilidad como la tuvo en toda la crisis postelectoral de las presidenciales de 2024.  Sale de la cárcel y ha escogido el mismo terreno: fomentar consensos y fortalecer una dinámica progresiva, incremental, en la cual se pugne desde dentro del régimen para abrirle paso a una apertura política destinada a regresarle contenido a la letra de la Constitución.

Un camino en el cual, según asume, muy probablemente sea necesario hacer concesiones. Procurando que las actuales decisiones que el chavismo toma para descomprimir y sobrevivir, se terminen reconfigurando en una hoja de ruta.  “La única manera de avanzar hacia la democracia es retando esa situación de presión policial y política del régimen”, ha declarado hace muy poco. 

 “Aquí tenemos que ir a un proceso de renovación total de los poderes públicos, que desde dentro se abran los caminos de la restitución del estado de derecho. Recobrar la libertad de expresión plena, un debate político que nos conduzca a una democracia a través de una elección transparente“, expresó.

Márquez intenta cobrar peso como una persona que aproxima algunos extremos y haga viable algunas decisiones compartidas, si es que ese camino con el régimen de verdad termina tomando cuerpo. A partir de su oferta, el chavismo puede conseguir espacios para maniobrar mientras gana tiempo.

Queda claro que cualquier arreglo en Venezuela que termine desembocando en unas elecciones presidenciales o generales -el desiderátum del proceso echado a andar el 3 de enero- le concederían a María Corina Machado una amplísima victoria. Un lauro que, si las circunstancias políticas lo permiten, podrían abrirle campo para emprender la reconstrucción de la Venezuela post chavista en sus términos. Por eso Machado se ha cuidado de mostrar su trabajo programático y su programa de gobierno en medio de los dilemas militares y las presiones diplomáticas. Por eso ha decidido, ahora, regresar a Venezuela.

Conscientes de esta realidad, los voceros más moderados del régimen chavista se encargan de hacerle saber a periodistas y activistas civiles que no habría acuerdo político alguno para echar a andar una transición que incluya a María Corina Machado. El régimen se repliega y resiste, e intentará ofrecer concesiones. Para eso se maniobrará lo suficiente para mantener enfrentadas a las dos tendencias de la oposición, procurando ofrecer alguna posibilidad para transitar un acuerdo.  

Machado no va a pactar ningún acuerdo progresivo: se dispone a echar abajo los cimientos de la denominada quinta república para levantar un nuevo acuerdo republicano. Para lograr eso necesita una fuerza que aún no termina de construir. El 3 de enero vino un destello, pero ahora es necesario remar. 

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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