El movimiento en Colinas de Valle Arriba, en el municipio Baruta, suele ser estrictamente diplomático y residencial. Sin embargo, muy cerca de la Embajada de Estados Unidos, el paisaje urbano ahora alberga una realidad distinta.
Desde el 7 de junio, un grupo de familiares de presos políticos se estableció en los alrededores de una parada de transporte público. Sin un espacio formal para pernoctar y expuestos a las fuertes lluvias de los últimos días, las familias han convertido este punto en un espacio de resistencia y espera.
“Acá tenemos todas las fotos de todos los presos políticos. Faltan muchísimas fotos. Con los palos de agua que han caído, como podrán ver, se han dañado”, contó a Runrun.es Mayra Morales, hermana de Ricardo Fonseca, detenido desde el año 2020 al ser vinculado a la denominada Operación Gedeón.

Mayra no es de Caracas y desde enero está en la capital participando en todas las vigilias que se han hecho en las diferentes cárceles donde hay presos políticos. Su hermano está en el Fuerte Guaicaipuro, lugar donde se encuentran “los Gedeones”, quienes durante meses estuvieron en aislamiento y sus familiares los encontraron “desnutridos” y con problemas de salud cuando finalmente pudieron verlos, tras los hechos del 3 de enero.
Un campamento que surgió de la desesperación
Mayra Morales explica que la desesperación se apoderó de los familiares después de que Delcy y Jorge Rodríguez anunciaron en mayo que vendrían cientos de excarcelaciones, promesa que no se materializó.
“En vista de que eso nunca pasó, nosotros como familiares nos vimos en la desesperación de hacer esto, porque estamos aquí es por la desesperación de que nuestros familiares no han salido”, explica Mayra.

Aquel domingo 7 de junio, un grupo de familiares, que ven a Mayra como la persona que coordina el campamento –una especie de líder– decidió apostarse en los alrededores de la embajada norteamericana. Esto ocurrió días después que el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmara que El Helicoide había sido cerrado, tras lo cual, decenas de presos políticos que estaban allí fueron trasladados hacia otros centros de reclusión.
El objetivo de instalar este campamento en las cercanías de la instalación diplomática estadounidense también es ser escuchados por el encargado de Negocios, John Barret.
Sobreviviendo gracias a la solidaridad de la comunidad
Los familiares de presos políticos armaron ese campamento sin tener nada. Con el pasar de los días, como explica Mayra Morales, fueron las personas que residen en los alrededores del campamento quienes empezaron a donarles insumos. También, han colaborado algunas personas que están fuera del país.
Así fue que empezaron a recibir carpas, colchonetas, toldos, ropa, artículos de higiene personal, alimentos y agua. Todo esto para que puedan mantenerse allí. Los familiares dependen únicamente de la solidaridad de otras personas.
Pero el campamento tiene una dinámica organizada. Mayra Morales hizo un recorrido en el cual mostró cómo se dividen las carpas y para qué funciona cada una. La más grande la llaman “la carpa de la libertad”. Allí almacenan los colchones, bolsos y otros artículos.

En otra de las carpas almacenan la comida. En ella guardan galletas, pan y agua. “Todos los días la arreglamos. Los vecinos vienen en la mañana”, explica la coordinadora de los campamentos, quien también mostró un mueble de madera en el que tienen café y frutas para los familiares.


El resto de las carpas funciona como sitio de descanso. Allí es donde duermen, incluso en las noches donde la lluvia no perdona, como ha ocurrido más recientemente. Algunas de las carpas tienen banderas de Estados Unidos impresas en papel y están cubiertas con toldos para que no se mojen cuando llueve.

El desafío de otras necesidades básicas
Para poder ir al baño, los familiares caminan unas tres cuadras en subida hacia el Centro Comercial Valle Arriba. Durante la semana está abierto hasta las 10:00 de la noche. Ellos se turnan en grupos para ir al baño. Para asearse, algunas personas de la comunidad les han abierto las puertas de sus hogares y los vecinos también los ayudan lavando la ropa.

Una de las familiares que pernocta en el lugar es Katty Zambrano, madre de Gabriel Guerra, quien fue detenido en 2022 junto al periodista Ramón Centeno cuando hacían un trabajo periodístico que nunca llegó a publicarse. Recibió una condena de seis años y 10 meses de cárcel y está recluido en Yare III.
Katty lleva consigo un cartel con el nombre de su hijo y dos fotos. Una corresponde a cómo se veía antes de ir a prisión; la otra, una recreación con inteligencia artificial que muestra cómo bajó de peso estando encarcelado. “Somos de Oriente, de Sabana de Uchire, y estamos aquí por la libertad de mi hijo y de todos los presos políticos, militares y civiles, inocentes”, relató a Runrun.es.

El testimonio de Katty confirma que desde la Embajada norteamericana no han recibido apoyo. “En un momento se acercaron para decir que no se podía alzar la voz, no se podían hacer cantos y que no se podían hacer gritos”, relata. Tampoco han recibido ningún apoyo de la Alcaldía del Municipio Baruta. Los familiares comentan que, algunas veces, funcionarios en patrullas policiales pasan a preguntar cómo va todo en el campamento.
“Ya después de las 10 de la noche comienza a caer la neblina y el frío es inminente, o sea, un frío tremendo y bueno, nos resguardamos unos a los otros en las carpas y nos cubrimos”, añade Katty Zambrano.
La expectativa de Katty es que los familiares sean escuchados por John Barret, o que por lo menos envíe un comisionado. “Tenemos, todos, las esperanzas de que él nos va a atender y que esto se va a solucionar”.
Siguen llegando casos
En este campamento hay familiares de detenidos por causas como Pdvsa-Cripto, las operaciones “Mano de Hierro”, “Gedeón”, “Relámpago del Catatumbo” y trabajadores de Pdvsa que siguen encarcelados tras ser víctimas de persecución. Pero siguen conociendo casos nuevos.
En el día 11 de instalarse el campamento, llegó desde San Cristóbal, estado Táchira, la señora Lourdes Castellanos Rubio, madre de Wladimir Horacio Molina Castellanos, detenido desde el 29 de septiembre de 2024 en un casino que frecuentaba ocasionalmente.
La señora Lourdes, sentada en un banquito, contó que a su hijo, quien se dedicaba a vender pescado y aguacate, lo detuvieron porque “un soldado de la patria se encargó de nombrar a varios”. Wladimir fue policía, pero se retiró hace muchos años. También, ocho meses después detuvieron a su esposa Yazmín Fajardo. Actualmente, Molina Castellanos está recluido en Yare II y el apartamento donde vivía quedó como herencia de su difunto padre para él y sus dos hermanos.

“Yo llegué esta mañana. Me eché 24 horas porque el autobús se echó a perder y nos trasladamos a otra unidad. Después de esa unidad nos cambiamos a otra. O sea, fue engorrosa la venida”, relata la señora Lourdes, quien llegó sola al campamento a sus 68 años. Trabaja como estilista y su viaje lo hizo con la única esperanza de también lograr que su hijo sea liberado.
Todavía hay cientos de personas detenidas por motivos políticos en el país, y sus historias se niegan a quedar en el olvido. La creación de estos espacios improvisados es el reflejo de una desesperación que se transformó en constancia. Mientras las solicitudes de audiencia duermen en los escritorios diplomáticos de la Embajada norteamericana, en la calle, bajo la lluvia, las familias siguen ordenando las fotos de sus hijos y esperando una respuesta que les devuelva la paz.
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